Haroldo Conti: Celebración de lo cotidiano

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“¿Qué es una persona sin sus ritos, sin esos actos simbólicos que representan el camino hacia su identidad?”  Patricia Morante, profesora de literatura y autora de El derecho a los pájaros, nos sumerge en la extrañeza de Haroldo Conti frente al quehacer cotidiano y sus elementos precisos.
Por Patricia Morante

¿Qué es una persona sin sus ritos cotidianos, sin esos actos simbólicos que representan el camino hacia su identidad, que trazan el plano íntimo de su geografía emocional, que nutren el tiempo Kairos (al decir de los griegos, el “momento supremo”), bien distinto del tiempo Cronos?
A menudo creemos que una vida plena debiera estar cargada de acontecimientos destacados, de situaciones que sobrepasan los límites de lo rutinario u ordinario, cuando en realidad es a la rutina a la que le debemos la vida. Casi nada sería posible sin la repetición de lo ordinario. Pero para comprender el valor de la rutina (del francés routine, de raíz latina “route”: ruta, camino trillado) y superar el miedo a lo invariable hay que percibir el diseño mágico y constantemente renovador de la vida.

– ¿Qué es un rito? -dijo el Principito.
– Es también algo demasiado olvidado –dijo el zorro. Es lo que hace que un día sea diferente de los otros días, una hora de las otras horas. (1)

Es tan sencillo como lo que responde el zorro y fundamental como considerar la vida cotidiana en el centro del acaecer histórico y no fuera de él. Aunque muchas veces exista un sistema que acosa con innumerables reglas que se deben cumplir obligándonos a disminuir nuestra capacidad de asombro y de renovación.
En el “ejercicio” de uno de mis ritos cotidianos de resistencia al ataque de burócratas y biblioclastas, es decir, el rito de la lectura (principalmente de libros), descubrí la celebración de otros ritos en los personajes de la narrativa de Haroldo Conti, personajes que no pierden su capacidad creativa.

Voy a darles a conocer solo algunos ejemplos con la intención de que ustedes visiten los relatos de este gran escritor y hagan sus propias revelaciones.

conti1Ritos de encuentro

Quiero decir que muchas de las cosas en las que se detenía Haroldo son pequeñas e insignificantes para la cultura dominante, pero no para lo que debe ser una cultura para la liberación nacional. Y ubico aquí también esa lectura de la cultura que Haroldo propone en zonas de MASCARÓ, esa salida de los textos consagrados para perderse en textos marginales, manuales de correspondencia del siglo XIX, viejas recetas de cocina, afiches y técnicas circenses, historias de faros y técnicas marítimas, crónicas de pueblos… en fin, todo aquello donde a veces se puede explorar nuestra identidad con mayor profundidad que en los textos consagrados por lo que se llama nuestra “cultura”(2)

En la cita, que pertenece a Aníbal Ford, jefe de redacción de la revista Crisis entre 1974 y 1976 y amigo del escritor, se sintetiza, efectivamente, la propuesta de lectura que hace Haroldo Conti de la cultura popular en su última obra.
Hay infinidad de ejemplos que justifican la afirmación de Ford a lo largo de las 284 páginas de la novela pero bastará citar algunos párrafos del principio, testimonios del rescate que el escritor hace de la cultura en el quehacer de un grupo de músicos, por ejemplo.
La novela empieza así: Cafuné sopla y sopla la flautilla de hueso. Es un chorrito de aire, un raspón de metal, un alma finita de viento que se enrosca en el aire. El día aquí es esta música que anda por todas partes, gota, bolita, tiempo desnudo, sin recortes. Cada tanto agita un sonajero de uñas para acompañar la música o espantarse las moscas. (3)
Cafuné es sólo uno de los protagonistas de esta historia, la cual se desarrolla al ritmo de la música que va gestando “La Trova de Arenales” .
La cuadrilla tiene fama de letrero. Se transporta. Hoy aquí, mañana allí. La leve vida del camino. (…) Hay un violín, un acordeón, un redoblante, una flauta dulce, una guitarra y el arpa. El guitarrero es un negro de motas blancas. Toca de sentado, con las piernas cruzadas. El violinista es un viejo legañoso, Miranda, con un sombrero aludo, grasiento, los ojos mellados, un saco blanco, un pañuelo negro, pantalones a rayas, alpargatas. (…) El violín está hecho con madera de embalar y suena a cascajos. (…) Comenzaron a tocar a la caída del sol que es cuando se anima el pueblo, cría bultos, echan a andar a las sombras (4)
Los músicos se reúnen todas las tardes en la barraca de Lucho que… había preparado comida de olla. Postas de corvina, almejas, camarones, algunas lonjas de tocino, rodajas de papas, cebolla, ají, laurel, unos puños de mostacholes, una cuchara de conserva y un golpe de vino. Cazuela de raspa. Media horma de pan casero y un jarro de vino para acompañamiento (5)

A medida que pasa el tiempo, transcurre la charla y El Lucho habla con el arpero ciego de la Tintura de Ajo (…) hace desaparecer las angustias y palpitaciones del corazón, cura las várices y hemorroides, corrige el estreñimiento y el catarro intestinal (…). Miranda toca. El arpero informa sobre la preparación de la tintura. (…) El Lucho promueve discusión sobre la cantidad de ajos. (…) Miranda toca… (6)

Ritos del trabajo

Conti rescata lo cotidiano, desde lo laborioso, desde su especial preocupación por un aspecto marginado de nuestra historia social: el de las tecnologías, las invenciones, en fin, el de la historia del trabajo. Pocas veces analizado en su obra se corresponde, sin embargo, con la importante problemática de la frustración de muchos inventores y de la Argentina industrial.
En el cuento “Ad Astra”, Argimón, el protagonista, luego de haber estado ausente de su casa por un accidente de vuelo, vuelve a la buhardilla en donde están todos sus cosas, aquellas con las que trabaja en el diseño de las alas. La escena comienza así: Argimón paseó una mirada cansada pero cariñosa sobre cada uno de los mudos objetos que habían esperado por él todo ese largo mes. La gran mesa de bordes gastados y roídos, la lámpara Miller con la pantalla de opalina que parecía flotar en la penumbra como un globo, los rollos de planos, la caja de compases, el banco de carpintero, la prensa, el barómetro de cubeta, el dirigible Giffard que había construído en escala reducida y que colgaba de un travesaño del techo, los múltiples y complicados armazones de alas que crujían al menor soplo de viento, el esqueleto de paloma montado con alambres, el brasero, el caballete, los libros, el higrómetro con el fraile en el antepecho de la ventana, la calandria, el zorzal y el benteveo embalsamados, la mecedora que había heredado de su madre y en la cual leía o pensaba y por último dormitaba cuando el ángel del sueño le daba alcance en la madrugada. Lo que sigue es el encuentro con un mirlo macho para culminar diciendo: Luego tomó una gran hoja de papel y la fijó en la pared, sobre el plano, extrajo un lápiz del cacharro de lápices y lapiceros que tenía sobre la mesa, ejecutó unos trazos en el aire, acarició la hoja y, después de meditar un instante, comenzó a trazar el afilado perfil de una enorme ala.(7)

El rito comienza cuando el protagonista pasea “una mirada cansada pero cariñosa” por los objetos. En esa enumeración, el narrador nos “pasea” también a nosotros, lectores, aunque algunos elementos no los hayamos visto nunca ni conozcamos del todo su función. El acto de acariciar la hoja, implica algo más que el simple hecho de limpiarla del polvo acumulado pero se basa en ese y no en otro gesto cotidiano. Acaricia la hoja en donde va a plasmar sus técnicas perfeccionadas para volar, para cumplir su sueño, ese que lo hacía sentir el verdadero Basilio Argimón. Acaricia la hoja en donde va a dibujar el nuevo modelo de alas, el que estuvo pensando mientras caía en picada ante la mirada azorada de un viejo. Agreguemos que, además, antes de ir a la buhardilla, Basilio Argimón se sirve un té y sube con la taza en una mano y unas revistas en la otra, detalle no menor si hablamos de cómo se prepara el personaje para seguir trabajando. Un rito que antecede y acompaña a otro rito.
En “Las 12 a Bragado” (escrito diez años después que “Ad Astra”, es decir, en 1974) el narrador, que se presenta como sobrino de Agustín posa su mirada (como Argimón, de manera contemplativa) sobre los objetos de la carpintería en la que trabaja su tío, en un rito que le hace pensar que el día vale nada más que por eso. Se detiene especialmente en una sierra de ingletes o de falsa escuadra, (como se detendrá en la cocina Carelli de tres hornallas y en la continua n°2 de la Papelera del Norte, el narrador de “Mi madre andaba en la luz”) sierra de la que hablará años más tarde, luego del secuestro y desaparición del escritor, su tía Haydeé Lombardi, diciendo que el tío Agustín le había regalado esa sierra a Haroldo y que éste siempre se interesaba por los objetos y “cosas de otros tiempos”.
Sintetizando este punto, vemos los objetos de trabajo y los inventos con un especial “protagonismo” en la narrativa del escritor; fundamentales, vitales en el ejercicio del rito cotidiano ligado a lo laborioso-creativo.

El rito de la memoria

También en “Las 12 a Bragado”, el tío Agustín es descrito en sus gestos con tanto detalle como Basilio Argimón en “Ad Astra”. El cuento comienza situándonos en la nostalgia del narrador: Bien, ahora mismo, desde este invierno que empapa el pavimento y las paredes y las ropas y el alma, si tenemos, lo que sea, esa finita tristeza que se enrosca por dentro como una madreselva y en días así, justo, asoma sus floridas puntas por las orejas y la nariz y los ojos, en días así, digo, cierro los ojos y veo ese largo camino polvoriento del verano que se extiende hasta el horizonte como un río seco bajo el sol.(8) El narrador se refiere, y lo aclara luego, al camino que va de Chacabuco a Bragado, las 12 leguas que corre su tío Agustín; cierra los ojos y aún sin cerrarlos “ve” al tío, trotar a las zancadas por el medio de Corrientes o trasponer de un salto Alem. El narrador se suspende y piensa, casi grita: ¡Ahí va mi tío, hijos de puta! ¡Miren qué lindo loco! (9)
A veces no piensa en su tío sino en un objeto: El día crece lentamente alrededor de ese objeto, lo rodea como la pulpa de un fruto y el día en todo caso vale nada más que por eso (10)
En la celebración de la memoria, en la evocación aparece el gesto de “cerrar los ojos”, quizás para prescindir de las imágenes “actuales” que intervienen en el momento mágico de la nostalgia. Este gesto aparecerá varias veces a lo largo del relato y muchas más en otros relatos.
Encuentro diario de un grupo de artistas que comparten música, comida, discusiones, literatura oral; la soledad y la fiebre de un inventor; la melancolía de un hombre por el lugar y los objetos de trabajo de su tío; son sólo algunas de las circunstancias en la narrativa de Haroldo Conti en la que se muestra la vida cotidiana como centro del acaecer histórico.
Lean a Haroldo Conti, rescaten y celebren gestos, ritos, arquetipos, símbolos y palabras de nuestra cultra.

Notas

1. El principito. Antoine de Saint Exupéry. Emecé. Buenos Aires, 1996, p. 71
2. Haroldo Conti. Una épica del río y la llanura. Néstor Restivo y Camilo Sánchez. Ediciones del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos. Buenos Aires, 2005, p. 98
3. Mascaró. El cazador americano. Haroldo Conti. Crisis. Buenos Aires, 1975, p. 11
4. Ídem, p. 12
5. Ídem, p. 17
6. Ídem, p. 19
7. Narradores argentinos de hoy. Selección de Eduardo Romano. Editorial Kapelusz. GOLU. Buenos Aires 1971. p. 73
8. Cuentos completos. Haroldo Conti. Emecé. Cruz del Sur. Buenos Aires, 2011. p.254
9. Ídem, p. 257
10. Ídem, p. 258

 conti2Un escritor bonaerense

Haroldo Pedro Conti nació en los suburbios del pueblo de Chacabuco el 25 de mayo de 1925. A los 12 años ingresó al Colegio Don Bosco de Ramos Mejía y a los 14 al Seminario de los padres salesianos del cual se fue y reingresó dos veces. En 1944 pasó al Seminario Metropolitano Conciliar. Se formó en Filosofía y terminó sus estudios en la UBA en 1954.
Fue novelista, maestro rural, director teatral aficionado, guionista, profesor de latín, empresario de transportes, empleado de banco, piloto civil, nadador y navegante.
En 1955 se casó con Dora Campos y tuvieron dos hijos: Alejandra y Marcelo.
En 1956 publicó su primera obra, la pieza de teatro Examinado. Cuatro años más tarde recibIó un premio de la revista Life por su relato “La causa”. En 1962 ganó el premio Fabril con su primera novela, Sudeste, y se convirtió en una de las figuras de la llamada «generación de Contorno».
Publicó después las novelas Alrededor de la jaula (Premio Universidad de Veracruz, México, luego llevada al cine por Sergio Renán como Crecer de golpe) y En vida (Premio Barral, España, cuyo jurado lo integraban Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez) y los libros de cuentos Todos los veranos (Premio Municipal de Buenos Aires), Con otra gente y La balada del álamo carolina. Colaboró con la revista Crisis.

En 1975 publicó la novela Mascaró, que ganó el Premio Casa de las Américas (Cuba). Adoraba el Delta del Paraná, por eso pasaba mucho tiempo en la casa que allí tenía. Este paisaje tuvo gran influencia en novelas como Sudeste y Mascaró y en el cuento “Todos los veranos”. Asimismo, en otros relatos mencionó frecuentemente lugares del partido de Chacabuco, y a su vez, describió con mucha exactitud personajes reales reconocidos en la ciudad, como a Bimbo Marsiletti, y a su tío Agustín Conti a quien le dedicó “Las 12 a Bragado”, cuento que aún hoy tiene mucha repercusión en Chacabuco.

Militó en el Partido Revolucionario de los Trabajadores por lo que fue perseguido y secuestrado en la madrugada del 5 de mayo de 1976 por una brigada del Batallón 601 de Inteligencia del Ejército Argentino en su domicilio de la calle Fitz Roy, en presencia de su segunda esposa Martha Scavac y su pequeño hijo, Ernesto. Todo esto pasó a 100 metros de la Comisaría 29ª de la Policía Federal Argentina en la Ciudad de Buenos Aires. Su nombre figura entre los desaparecidos. En su honor, en esa fecha, cada año se conmemora el Día del Escritor Bonaerense. Su última novela, Mascaró había sido sometida a análisis y censurada por la asesoría literaria del Departamento de coordinación de antecedentes cuya “apreciación” dictaba: “… propicia la difusión de ideologías, doctrinas o sistemas políticos, económicos o sociales marxistas tendientes a derogar los principios sustentados por nuestra Constitución Nacional…”

El informe completo de la SIDE para el Legajo N° 2516 L se puede leer en: http://conti.derhuman.jus.gov.ar/areas/institucional/mascaro-censurado.shtml

En la actualidad, su casa del Delta, situada a orillas del arroyo Gambado, es un museo.

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Patricia Morante

Patricia Morante nació en Morón, provincia de Buenos Aires el 3 de octubre de 1966.
Es Bachiller con Orientación Pedagógica, Profesora de Lengua y Literatura, Licenciada en Pedagogía Social.
Actualmente trabaja en escuela de nivel secundario con adolescentes y con adultos en el Bachillerato Popular Carlos Fuentealba.
Es narradora y poeta. Publicó de manera independiente y artesanal: Rojos pájaros al aire, en 2011 y Derecho a los pájaros, en 2012.

Más datos en “ADN inquieto” del blog:
http://patri-kemamell.blogspot.com.ar/p/acerca-de-mi.html

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