El juego de la palabra y la muerte

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El compromiso literario de Federico Baggini es un juego que conviene tomarse muy en serio. Bienvenidos a su obra, atrás quedan asientos.

Inercia

Comprender al que no puede escindirse,
al parche que intenta la agonía,
al que casi no alcanza a sobrar demasiado,
al mero hecho sin sentido,
a la complicidad del follaje,
a la vergüenza que hace falta,
a lo fingido entre las sombras,
a la pared descascarada de la indecencia,
al prototipo de cada tipo.

Salvaguardar la noción que se adelanta al detrimento,
las calles de piedra,
las piernas de tierra,
las arterias y las puñaladas,
lo demandado, los apremiantes,
el reverdecer de las crisálidas,
la retina de la rutina,
el aguacero de enjuagar lo desplazado,
esa repetición indefinida llamada cotidianeidad.

Trenzar la arboleda boca abajo,
el bocadillo de aire, la bocanada de nada,
la alimaña incansable y prorrogada,
al frágil deshabito,
el mareo de los lunares,
la preocupación desocupada,
el enjambre que se aboca al papeleo,
la sal del sol,
la salmuera, el salitre y el salitre.

Componer la providencia,
anteponer la desobediencia,
contraponer el arquetipo,
deponer la apnea de los rincones,
descomponer el anonimato,
disponer las antípodas,
reponer el desacato,
imponer el afuera,
interponer la proclama,

disponer lo que no alcanza,
posponer lo ingrato.

Asimismo,
Ensimismar el mediodía,
el agridulce beneplácito,
la bienaventurada bienvenida,
el cabizbajo buscavidas,
el boquiabierto caradura,
el espantapájaros que acariciapajaros,
el lanzallamas de hojalata,
el malhumor de la madreselva,
el hazmerreír de quienquiera,

Asimismo,
Malpensar el menospreciar,
el pasatiempo de un portarretrato,
el puntapié del quehacer,
el trabalenguas del cascarrabias,
el salvoconducto del santiamén,
el sinfín del sinsabor,
la telaraña de la sobremesa,
el traspié del vaivén,
un anteayer cualquiera.

Folcsonomía obligada

La poesía
no alimenta,
no abriga,
no construye casas,
no cava acequias,
no limpia las calles
ni paga impuestos:
no le debe nada a nadie.

La poesía
no se levanta de madrugada
no saca a pasear lo domestico
no desnutre a las niñas,
ni a los niños
no mezcla una de cal
con una de arena
ni duerme a la intemperie.

La poesía
no corta el pasto,
no recoge la basura
no lava la ropa
no lava los dientes
no duerme la siesta
no reprime con balas de goma
ni se queda cruzada de brazos.

La poesía
no rechina en los abuelos
no tiene hijos
tal vez algún que otro nieto
no levanta la mano
no se adelanta en las filas
no se cuela en los huesos
ni se pregunta por sus privilegios.

La poesía
no tira la cadena
no baldea la vereda
no se pregunta por la humedad
no se dobla el tobillo
no toma té con jengibre
no estornuda las pelusas
ni se resfría.

La poesía
no esquiva la mirada del ciego
no emula el silencio del mudo
no deambula la tonalidad de los sordos
no se esparce entre la piel
no se huele a si misma
ni se masturba en los rincones
o eso dice.

La poesía
no acepta
no acepta embargos
no acepta propinas
no acepta sobornos
no acepta intimaciones
no trata
ni se trata a si misma.

La poesía
no inventa el fuego
no es humana
no acomete
no escoge
no pertenece a las reverencias
no sube las rampas para discapacitados
ni se entromete en las manzanas.

La poesía
no da clases,
no siembra
ni cosecha,
no extrae el carbón,
no maneja los colectivos,
no prepara el equipaje
no abarata costos.

La poesía
no alfabetiza
no atiende los feriados
no se inunda
no saca sangre
no se sangra
no se desangra
ni entrega resultados.

La poesía
no asfalta ni se asfalta
no eyacula
no se pasea por los fueros
no coloca prótesis
no discierne entre los diabéticos
y los hipertensos
ni toma la presión.

La poesía
no ensambla
los trenes,
los aviones,
la música
los huesos
los tejidos
la ternura
los ruegos.

La poesía
no caliente el agua para el mate
no le sirve el café a los jefes
no cambia la garrafa cuando se acaba
no tira un poquito de lavandina por si acaso
no se toma vacaciones
no se pide días de estudio
ni sospecha de si misma.

La poesía
no se tuerce ante el desvió
ni se acuesta frente al sol
no sobrevalora el coeficiente
ni entra corriendo al mar
no se inclina ante los caos
no se subordina al roce,
ni se arrepiente del alma.

La poesía
dilapida
murmura
prorroga
llueve
se llueve
y moja
se moja.

La poesía
no se redime
no se resucita
no se reseca
no se condensa
no se espera
no entierra flores
solo se las ingenia para ser eterna.

A los oídos de quien suscriba

Heme quien teme.

Un antes distante.
Cuando la primera era.
Como la vida ida.
Entonces dura la mordedura.
Y me acoso impiadoso.

El revuelo del vuelo.
Cuando convence el que vence.
Como demanda el que anda.
Entonces el ir del porvenir.
Y los ecos secos.

Un antes errante.
Cuando el arte de la parte.
Como sigue el que consigue.
Entonces mira el que admira.
Y convenga el que venga.

El pedir sin impedir.
Cuando se fragua el agua.
Como el insolente valiente.
Entonces arde el cobarde.
Y el sagrado agrado.
El prestado estado.
Cuando se entierra la tierra.
Como se posa la mariposa.
Entonces acata el que ata.
Y el consuelo del suelo.

El que tira y se retira.
Cuando la vana caravana.
Como crecen las creces.
Entonces la condición de la intuición.
Y el desvestir del latir.

En pocas palabras: Buenos Aires

De mi Argentina, Buenos Aires es falsa: El Centro queda a un costado, Villa Real no existe y a Retiro sólo llegan. Villa Devoto esta plagada de herejes y en La Paternal abundan Madres. El Abasto no da a vasto y Constitución esta desconstituida, nadie la respeta. Caballito no permite animales, mientras que Flores rebosa de hedores nauseabundos. En Mataderos nacen; a Puerto Madero arriban peces de metal y La Boca se desboca en colores porque ya casi no quedan odontólogos. En Monte Castro no viven hombres, en Villa del Parque no hay plazas y en Colegiales rara vez se dictan clases. Nueva Pompeya es la epopeya más añeja, Floresta se deshoja cada primavera y Barrio Norte se recuesta a la derecha (tiene miedo de caerse). Así de falsa es nuestra Buenos Aires.

Malvinas, un ratito

Un ratito luego de crecer la edad del pavo,
de crecer en las piernas,
de crecer en las manos,
de crecer en los labios,
de crecer en la caricia,
de crecer en el sinsentido,
de crecer en la tierra o el asfalto,
de crecer en la voz,
de crecer en el verbo
Un ratito luego decreces…

Un ratito luego de crecer en el fuego,
de crecer en el frío,
de crecer en el grito,
de crecer en la llovizna,
de crecer en los estruendo,
de crecer en el recuerdo,
de crecer en la deriva,
de crecer en la lagrima,
de crecer en la muerte,
Un ratito luego de crecer por crecer…

Un ratito luego de crecer la apariencia,
de crecer la pantomima,
de crecer la ausencia,
de crecer la verdad,
de crecer la desesperanza,
de crecer el cuerpo, los cuerpos,
de crecer el olvido,
de crecer la tierra,
Un ratito luego de crecer la sangre…

Un ratito luego de crecer el tiempo,
Se suceden aquellos que no sabían soñar, y durmieron.
Que no sabían cavar, y enterraron.
Que no sabían hablar, y obedecieron.
Que no sabían caminar, y corrieron.
Que no sabían disparar, y mataron.
Que no pudieron amar, y murieron.
Se sucede aquello que llaman guerra del pueblo,
aquello en donde pelean los menos, los nuevos.
Un ratito luego de crecer, se suceden los despedazados, los desamparados, los muertos.

BIOGRAFIA

Federico Luis Baggini, argentino, nacido en 1987. Narrador y poeta.

En 2012 publicó su primer libro titulado “Acariciapajaros y otros cuentos”, editado de manera autogestiva y sin marca editorial, En 2016 presentó su segundo y tercer libro: “Repeticiones, reiteraciones” y “Agonías”, publicados también de forma independiente.

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