“La Barcelona es una parodia de lo que pasa con los medios del país”

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Ilustración: Gustavo De Tanti

Entrevista a Mariano Lucano, Revista Barcelona

Por Cocó Muro

Foto: Irina Dambrauskas

Uno dice “La Barcelona” y sabe que no estamos hablando de la ciudad española exponente del art nouveau y el modernismo catalán, ni de la cuna de Antoni Gaudí, ni siquiera del club que vio crecer -literalmente- a Lionel Messi. La Barcelona es esa revista cuya tapa se destaca de todas las que se exhiben en los kioscos de cualquier punto del país. Es que decir “tapas de Barcelona” tampoco le remite a un argentino a esos bocadillos exquisitos que se venden a 1 euro -y a otro euro la caña- en los bares de la capital de Catalunya.

La Barcelona es la revista que se anima a titular ‘Abuelas de Punta del Este‘ y poner imágenes de Susana Giménez y Mirtha Legrand, o declarar ‘Todos putos’ para hablar sobre el matrimonio igualitario, y anunciar con un ‘Nestornotdead’, encabezando la imagen del ex presidente posando a lo Jim Morrison, que ‘Murió un crispador, nace un rock star’.

lucano-1lucano-1“La revista cumplió 10 años el año pasado. Para ser más exactos, van a ser 12 en abril del año que viene, es una revista de segunda década”, explica Mariano Lucano uno de los engranajes de este motor que se alimenta de puro amor por el producto. “La Barcelona funciona como si te tomaras un ácido para ver la realidad y no se discute su lógica: habla de un mundo que no es este mundo, es parecido pero no es, en él no hay fisuras. No hay un ‘bueno, ahora hablamos en joda y ahora hablamos en serio’. Es un solo tono y con todos los clichés del periodismo”.

Lucano es el director de arte de la revista que ya tiene 316 ejemplares dando vueltas y el responsable de las contratapas que en los primeros números ya provocaron juicios: es que al Padre Grassi no le cayó nada bien que lo ilustraran con un niño en brazos, a modo de estampita de santo, con la leyenda ‘Gotmilk?’.

Lucano deja bien en claro que ellos no hacen una parodia de lo que pasa en el país, sino de lo que pasa con los medios del país. “Es una pararrealidad”, agrega. “El tema de la revista es la agenda de los medios, salvo uno o dos temas como Julio López, pero el resto, para que los toque Barcelona, tienen que estar tratados por algún medio”.

¿Por qué no hicieron tapa con la muerte de Cerati, por ejemplo?

Es que murió después de que cerramos el número.

¿Pero hay algún límite en ese sentido?

El límite es querer decir algo, no gastar por gastar a un tipo, que no haya nada gratuito, no hacer un chiste por ser gracioso, sino tirar un tiro por elevación. Nosotros hicimos periodismo de anticipación en algún punto. Había una nota en uno de los primeros números que decía ‘Cerati se queda dormido en un concierto propio’. Eso fue hace 11 años, más o menos.

Las notas en la Barcelona están escritas en pirámide invertida, es como el ABC de aprendiz de periodismo; y el ABC de la gráfica es que los colores son cyan, amarillo, magenta y negro: “Que la revista se imprima a dos colores por número es como jugar en el mismo nivel”.

En los últimos años cambiaron pocas cosas en su estética – el logo se mantiene, el formato también- pero se le agregaron unos recuadros (siguiendo la lógica de los medios actuales) y se agrandó un poco el cuerpo del texto. “Tenemos doce años más cada uno y ya nos costaba leerlo hasta a nosotros mismos”, comenta Lucano.

La Barcelona hoy compite creativamente con los medios electrónicos pero empezó antes que Twitter y, en algún punto, hoy se puede decir que un tuit tiene el formato de un titular de la Barcelona. Bah, no lo digo yo, lo dice Lucano, y la afirmación de por sí ya es bastante ‘tuiteable’ (si acaso existe esa condición).

El núcleo duro de la revista – Ingrid Beck, Eduardo Blanco, Fernando Sánchez, Pablo Marchetti, Daniel Riera, Mariana Pellegrini y el mismo Lucano- se conoció trabajando en La Maga durante los ‘90. La revista cerró en 1998 y luego algunos de ellos – Beck otra vez, Marchetti también, Javier Aguirre y de nuevo Lucano- volvieron a coincidir en otra revista que se llamó La García.

Durante el primer año de La García tenían un jefe, pero ya en el segundo, se constituyeron en una suerte de cooperativa y le vendían el producto cerrado a un editor, cosa que duró hasta diciembre de 2001 que fue cuando estalló todo: el mercado editorial, la opinión pública, en fin, el país.

“Mientras hacíamos La García caímos en la cuenta de que nos habíamos visto obligados a alquiar una oficina, armar una redacción y a funcionar como una empresa que estaba dando un producto cerrado a un tipo que ponía la teca”, cuenta Lucano. “El tipo nos pagaba un pedazo, poca guita, y nosotros lo repartíamos bastante igualitariamente de acuerdo a la responsabilidad de cada uno. Necesitábamos otro laburo más. Aunque todos hacíamos cosas afines al periodismo, con el trabajo en la revista no alcanzaba”.

En diciembre del 2001 se fue todo al carajo. Lucano y sus huestes ya tenían un número cero de Barcelona y se les había metido en la cabeza la idea de que tenía que ser tamaño sábana, a lo ‘diario de Yrigoyen’, como lo fue La Nación en sus primeras tiradas.

“Durante todo ese año estuvimos sin laburo y buscando inversores. Todos nos decían que les causaba gracia, pero que no era momento de poner plata”, comenta. Y realmente 2001 fue un año para explotar, no sólo a nivel político, económico y social, sino también en materia de temas y noticias: cuatro presidentes en una semana, el helicóptero de De la Rúa sobrevolando Plaza de Mayo, saqueos, balaceras, barricadas en pleno microcentro. Un banquete con entrada, platos fríos, calientes, barra libre y postre.

“A fines de 2002 ya estábamos cansados de buscar inversores. Ingrid le mostró nuestro mono a un tío suyo que estaba trabajando en la China y dijo ‘ah, me interesa, les puedo prestar una guita’. Nos puso 5 lucas y arrancamos”.

lucano-2lucano2¿Ya tenían el nombre?

Sí, Barcelona.

¿Por qué Barcelona?

Porque en ese momento todos los que trabajaban de escribir o de diseñadores gráficos pensaban que Barcelona era la solución para todos los males de esta profesión.

Algo así como ‘la América’ para los europeos de fines del siglo XIX.

Claro, la meca de los librepensadores de ahora. La Barcelona se llama “Una solución europea para los problemas de los argentinos” y muchos de nuestros amigos estaban haciendo colas en las embajadas para tener la ciudadanía, algunos incluso se casaron para hacer eso.

¿Cómo es que tratamos de armar una empresa?, se pregunta Lucano y su respuesta es: “Teníamos un toco de guita y el negocio de la revista es que vos tenés que pagar el papel por adelantado, o sea podés patear la imprenta un mes, pero la recaudación la cobrás un mes después, así que para sacar una, tenés que tener la guita para sacar tres. Hicimos las cuentas y hablamos con un contador y un abogado. El contador, porque queríamos hacerlo legal, con distribución oficial y competir en serio con las reglas en serio como se debería en un sistema capitalista. Es decir, ponernos al lado de Clarín. Y el abogado, porque sabíamos que podíamos llegar a tener más juicios que los que tenía Clarín”.

La primera tapa con la que salió Barcelona decía ‘Ahora dicen que Yabrán es Piñón Fijo’ y funcionó, según Lucano, “milagrosamente bien”. En la segunda también les fue bien y con la tercera, ya tenían la plata para sacar una cuarta. Después de la número cinco, y cuando tenían una tirada de 10 mil ejemplares, Adolfo Castelo -factotum de la revista TXT-  les propuso hacer una Barcelona más chiquita, semanal, para distribuir junto con la suya. “Eso duró unos 15 números semanales, otro training”, recuerda Lucano. “La redacción hasta entonces funcionaba acá en mi casa y trabajábamos de noche, pero cuando entra un tipo a poner guita, esto ya empieza a tener una forma de laburo”.

Ni Ingrid ni Lucano lo conocían personalmente, pero fue gracias a un prolífico mailing que armaron y también a causa de la llegada que tuvieron en las radios que Castelo se puso en contacto con ellos. “Incluso CQC levantó una nota como real y nosotros hicimos una campaña de prensa con eso. Nos movimos mucho muchomucho para que fuera conocida y rebotó fácilmente, eso no nos costó, por suerte. Quizás en el medio periodístico nos tenían cariño y además nosotros decíamos lo que nadie se animaba a decir, lo que nadie podía publicar. Lo que pasa con Barcelona ahora no es lo mismo que en ese momento. En aquel entonces causaba sorpresa, ahora ya se sabe de qué la va y ese efecto medio que se perdió”.

Hoy la Barcelona sale cada quince días y en 12 años nunca se discontinuó. Para armar la edición, la ronda empieza por mail y la consigna entre los integrantes del staff es mandar, a cuatro días de cerrar, los títulos que a cada uno se le ocurran. Sí, solo cuatro días antes. Ahí arranca el cotejo: se chequea si hay muchos títulos con un tema, o nada con alguno, se nivela, jerarquiza, pegotea, se unifica. Es un trabajo colectivo, y lo mismo la decisión de tapa. “El último día nos sentamos todos todostodos y decidimos cuál es el tema”, aclara Lucano. “A la tapa se la piensa como algo aparte y lo mismo con la contratapa. Tiene que ser un tema que se banque por lo menos diez o quince días en vigencia”.

Mucho muchomucho / todos todostodos. La reafirmación pasa por lo colectivo y por el caudal de trabajo que implica. “Hacer la revista es una aventura linda”, comenta aquel que lo que más le gustó de España es El Greco. Un artista que pintaba a sus personajes con manos grandes y largas, con un lenguaje propio, comunicativas, generosas, de una creatividad sin límites.lucano3

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Cocó Muro
(Córdoba, 1986) Es Licenciada en Comunicación Social con Especialización en Periodismo Cultural. Trabaja en el Defensor del Pueblo de la Nación y fue editora de la revista Dadá Mini desde sus comienzos. Publicó crónicas, perfiles y reseñas en Anfibia, La Curandera, Ohlalá, Club de Fun, Waska, Revista Replicante (México). En 2015 publicó el libro de listas “Diez razones por las cuales usted debe tener este libro” (Ed. Llanto de Mudo). Reparte su tiempo entre las canciones y los experimentos en Photoshop.

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