Morir en la nuestra

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Lampião, María Bonita y la leyenda cangaceira del bandolerismo rural en el nordeste de Brasil.

Por Marina Filippa

Si decimos Brasil en voz alta, se nos aparecen imágenes como la del el Cristo Redentor, el carnaval, las favelas, o el siete a uno de la semifinal contra Alemania.

Difícilmente imaginamos su historia tan particular o la diversidad de orígenes de las capas de población que lo componen. Y menos que menos se nos viene a la mente el anaranjado rojizo “como una brasa” del interior del árbol al que alude el nombre mismo del país. Los portugueses lo bautizaron Pau-brasil (madera de brasa), por su tinte colorado. Óptimo para los textiles de la época, este árbol de dura madera —que hoy forma parte de la lista de especies amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN)— permitió a la Corona portuguesa establecer un próspero monopolio durante mucho tiempo.

“Armados, a caballo o a pie, saqueaban las haciendas de los potentados o eran empleados por ellos para mantener vivas las eternas disputas o “pleitos de sangre”, tan frecuentes entre familias tradicionales.”

Imaginemos otra vez y tratemos de hacer coincidir el mapa de América del Sur y el del continente africano como en un rompecabezas. Ubiquemos el África subsahariana o Sahel hasta ver como se extiende hacia la izquierda convirtiéndose en el nordeste de Brasil. El Sertón —o Sertão— es un inmenso paisaje agreste de mesetas semiáridas y ocupa casi un tercio de la superficie total del país. Las cíclicas sequías y la explotación ejercida por los colonos portugueses primero, y por los terratenientes —o “coroneles”— después, hicieron de este Sahel sudamericano un lugar de condiciones socioeconómicas muy poco favorables para sus habitantes. Tal imaginario de desolación floreció, más adelante, en parte fundamental de las leyendas, mitos y la literatura brasileras.

Pero también en ese nordeste desamparado, hace un siglo, entre los intersticios de la población que quedó afuera de las grandes bonanzas provenientes del comercio del caucho o del oro, tuvo origen una movilización rebelde de proscritos nómadas dedicados principalmente al saqueo. Se daban maña para conseguir refugio en aquella geografía y se ganaban el día con el bandidaje. Si bien el fenómeno de bandoleros trashumantes fue común a varios sitios de América Latina, quizá el más legendario nació en esa zona de Brasil y fue conocido como los Cangaceiros.

lamipiao y maría bonita grupo byn

Eran personajes vanidosos, de sombreros en forma de medialuna atiborrados de monedas, con el pecho cruzado con tiras de municiones, asemejándose al cangazo del que empujan los bueyes. Armados, a caballo o a pie, saqueaban las haciendas de los potentados o eran empleados por ellos para mantener vivas las eternas disputas o “pleitos de sangre”, tan frencuentes entre familias tradicionales.

En una de estas vueltas fueron contratados para detener a la Columna Prestes, otro célebre grupo sublevado pero de un carácter claramente político. Al encontrarlos, descubrieron que el espíritu de aquella causa no se diferenciaba mucho del fuego rebelde que los movía a ellos mismos y abandonaron la cacería.

“En el último país del mundo en abolir la esclavitud -en el año 1888-, fue durante el gobierno de Getúlio Vargas que la modernidad por fin estalló en el gigante del sur.”

Sin hogar. Orgullosos. Sin ley más que la suya propia, andaban siempre huyendo. A veces de los campesinos, a veces de los fazendeiros, siempre de la policía. A veces héroes y a veces criminales. Se dice que alteraban sus zapatos colocando el taco adelante para despistar a sus captores. Aunque cuando era así, estos rastreaban el aroma del viento, ya que traía pistas de los perseguidos quienes tenían una gran debilidad por el perfume.

Virgulino Ferreira da Silva era “Lampião”, el líder, el capitán, el “rey de los Cangaceiros”, y no se puede hablar de él sin su compañera Maria Gomes de Oliveira. Él la llamaba cariñosamente La Santiña, pero la historia la conoce como María Bonita, y fue la primer mujer en formar parte de esta banda de forajidos.

Antes de conocerlo, María Bonita estaba casada y vivía en un pueblo. Una vez, mientras hacía sus tareas, vio pasar a pie a Lampião con su banda; y parece ser que, apenas se miraron, los dos fueron presos de una fuerza de atracción muy superior a la que podían controlar. Entonces ella, sin más, abandonó todo, empacó y se unió a él. Y así anduvieron, inseparables hasta la muerte, que los encontró juntos ocho años después.

Persiguiendo huellas y aromas, llegan los rastreadores al escondrijo del jefe Lampiao; y tras ellos la tropa. Tanto se arriman los soldados, que escuchan a Lampiao discutiendo con su mujer. María Bonita lo maldice, mientras fuma un cigarro tras otro, sentada en una piedra a la entrada de la cueva, y él contesta tristezas desde adentro. Los soldados montan las ametralladoras y esperan la orden de disparar.

Cae una garúa, leve.

Eduardo Galeano

lampiao

El grupo bandolero trashumante más representativo, más poético y más pintoresco de la historia de Brasil fue detenido definitivamente el 28 de julio de 1938 en Sergipe. Tanto Cangaceiros como Columna Prestes habían sido declarados peligrosos grupos “causantes de desorden social” y ambos fueron ultimados. Ocurrió bajo el primer gobierno del controversial presidente Getúlio Vargas (1940-1945).

“En un mundo inflamado de ideologías, en unos años treinta de Estados corporativos con mezcla de derecha fascista de contenido social alto, los movimientos que osaran organizarse en contra de la autoridad central, como los comunistas de la Columna Prestes, fueron perseguidos y disueltos por una feroz fuerza policíaca. ”

Si los Estados nacionales se forman sobre una serie de ideas y culturas colectivas, Vargas fue uno de los hombres que más contribuyó a forjar la identidad de Brasil. En el último país del mundo en abolir la esclavitud -en el año 1888-, fue durante el gobierno de Getúlio Vargas que la modernidad por fin estalló en el gigante del sur. Tomó el nombre de Estado Novo y se hizo bien a la latinoamericana, modificando la Constitución y con reformas generales que le permitieron mantenerse en el poder, primero como gobierno provisorio, luego como gobierno constitucional, y al fin como presidente elegido por voto directo. Vargas inició las primeras políticas sociales y, tal como hizo el PRI en México, consintió a los intelectuales y a los artistas, mientras suprimía la presencia de otros partidos políticos. Algunas de las leyes de seguridad nacional que impulsó luego fundamentaron, sin querer, el estado de excepción que lleva a las dictaduras.

En un mundo inflamado de ideologías, en unos años treinta de Estados corporativos con mezcla de derecha fascista de contenido social alto, los movimientos que osaran organizarse en contra de la autoridad central, como los comunistas de la Columna Prestes, fueron perseguidos y disueltos por una feroz fuerza policíaca. Los rebeldes Cangaceiros también: Lampião, su mujer y su gente fueron fusilados y decapitados. Las cabezas, momificadas, estuvieron expuestas durante varios años en el Museo Nina Rodrigues en San Salvador de Bahía, para amedrentar a posibles simpatizantes. De los cuatro hijos que nacieron de la legendaria pareja, sobrevivió solamente Expedita. Nació en 1932 y quedó huérfana a los cinco. Hoy, su hija Vera Ferreira, nieta de Lampião y María Bonita, reivindica la memoria de sus abuelos en el sitio www.infonet.com.br/lampiao.

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Hubo algunos cangaceiros que, aparentemente, lograron escapar de los enfrentamientos breves y fulminantes con las tropas, y mantenerse en el anonimato hasta hace poco tiempo. “Los últimos cangaceiros” es el título del documental (Wolney Oliveira, 2011) que narra la historia de un matrimonio que decidió confesar, ya en la ancianidad, haber formado parte de la banda de Lampião.

En el folclore brasilero los Cangaceiros del Sertão son el símbolo de la lucha contra la injusticia. El testimonio vivo de una época ruda que contrasta con el imaginario de una nación próspera y fértil. El destino trágico de “los sin tierra”. El desarraigo que hay en el corazón de los pueblos excluidos de los órdenes históricos, en las bolsas de población sin oportunidades, con otros nombres y características, que también habitan hoy el suelo del Brasil.

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