Pequeños desvaríos

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La poética cotidiana vive en la casa de Mariano Massone. Cuándo él la encuentra, nace una poesía.

Domingo 07:58 am.

Todo en la casa duerme, el lenguaje
también insonoro se remilga
en silencio, ruidoso su ausentismo.

Atreyu duerme blanco y amarillo,
sobre sus sueños de teta materna
va imantando su sencillez de gato,
así consume el tiempo de domingo.

Marcos imagina hacer revoluciones
en planillas de Excel, mientras
los rumbos de vida de las personas
se convierten en números y estadísticas.

Marina, insomne, camina de un lado
a otro, asqueada de novedad, de su nuevo
rol de madre, tía del pequeño blanco
y amarillo que sueña tranquilo.

Suceden los momentos de escritura
y sólo las teclas del teclado arruinan
la atmósfera matinal de este feriado.
Algo queda, pequeños desvaríos.

Jueves 10: 31 am.

Entre mates y sopor de invierno
intento encontrar el momento
literario. Ese que se esconde
entre los pliegues de lo real.

Algo siniestro se aproxima:
Atreyu me muerde las manos,
Marina lo bufa jodida.

Pero la pelea nunca se termina
de formar del todo. Es como
un revuelo que empieza
y termina en sí misma.

Un círculo de miradas
y bufidos hasta que alguno
de los dos decide irse.

Me despierto en ese bardo,
en medio de esa guerrilla
de gatos que se conocen.

Intento encontrar el momento
literario del día. La televisión
dice “Raid delictivo en Palermo”.

Jueves 13:15 pm.

No entiendo cómo hay gente
que hace el pan casero
con un solo leudado.
Las cosas tienen su tiempo.

El pan debe levar dos veces,
ese es el truco para todo:
darle el espacio que se merecen
a las cosas de la vida.

Atreyu juega con una ratita
de juguete que posee
en la cola un cascabel.

Lo reto cuando muerde
los cables de la computadora.
Es muy chiquito para quedarse
electrocutado, por un mordisco.

Las vidas tienen sus momentos:
morder cables, jugar con ratitas;
y la paciencia de dejar leudar,
que todo se agrande mágicamente.

Viernes 12:47 pm.

Alexis vino a taller a la mañana.
Produjo un cuento donde la realidad
se deshilacha y él va juntando su ovillo.

La realidad se deshilacha, es una
realidad. Creer eso es ver cómo
la televisión auspicia las catástrofes
por venir, que sucederán.

Parece que va a suceder la tormenta
más grande de la historia:
un tornado de situaciones concretas
se abalanzarán sobre las calles.

Acá, adentro, leemos y pasamos
el rato, como quien no quiere
la cosa. Inventamos ocupaciones
para disfrazarnos de nosotros mismos.

Alexis se fue y hablamos de Penelope,
de crear otra realidad con los retazos
de realidad muertos. Quizás sea eso.

Sábado 17:29 pm.

Amaso mis ideas con
harina, levadura y sal.
Necesito tener las manos
ocupadas para tener pensamientos.

Voy penetrando, suavemente,
la levadura en la harina integral
y mis ideas van tomando forma
de masa amorfa que no responde.

¿Cómo encontrarle, en esta masa,
un sentido a todo esto que nos rodea?
¿De qué manera armar la consistencia
de las figuras con un sentido acabado?

Leudo veinte minutos y pienso.
Quizás sólo sea dejar estar y yo
estoy rompiéndome la cabeza como loco.

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Mariano Massone

Mariano Massone (1985) es licenciado y profesor en Letras (UBA). Participó de la revista de poesía “Plebella” y de la revista virtual sobre arte “No-Retornable”. Ha publicado dos libros de poesías: “Libro de sombras” (2010) y “El gaucho celeste” (2015). Entre el 2012 y el 2014 fue corresponsal por Argentina en la página web sobre derechos sexuales y reproductivos “Corresponsales Clave”.

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