¿Por qué el Che fue a Bolivia?

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El Che ha quedado en la historia como un “hombre de acción”. Sin embargo, a 47 años de su fusilamiento, su aporte al socialismo y a la teoría revolucionaria excede ampliamente ese mote. Daniel De Santis, dirigente del PRT-ERP y autor del reciente libro “¿Por qué el Che fue a Bolivia?”, escribe sobre el problema de la conciencia, la teorización y las condiciones por las cuales Guevara eligió ese país para ir a luchar.

José de San Martín y Ernesto Che Guevara

“Administrador, guerrero, diplomático, político, que hace brotar legiones y tesoros del suelo que pisa, coordina elementos contados, disciplina voluntades, él realiza prácticamente y por instinto, una utopía de cooperación económico-militar que la ciencia no había explicado aún, cual es la de desarrollar el máximum de potencia de una sociedad, para hacer dar a los hombres y a las cosas todo lo que podían dar de sí, a fin de llevar a cabo un propósito preconcebido, produciendo resultados eficientes, y esto, sin agotar las fuentes productivas, sin desperdicio de fuerzas, con la concurrencia de todos a su obra, de buena voluntad o con medida violenta, inoculándoles su convicción e identificándose con ellos. De este modo, conquistó moralmente a Cuyo, antes de reconquistar a Chile, organizando un pueblo de trabajadores y combatientes, como una república de hormigas, para hacerlo servir a su empresa por medio de una metódica acción cooperativa”. Así escribió sobre San Martín, Bartolomé Mitre, uno de los forjadores de la Argentina conservadora y liberal de derecha, pero que ante la necesidad de consolidar la identidad nacional no tuvo pruritos en usar fraseología revolucionaria.

A veces las ideas surgen de las circunstancias menos pensadas. Hace unos pocos años, en un programa de televisión en Buenos Aires, se otorgaba a través de la votación popular –previa información proporcionada a los televidentes por invitados especiales – el galardón del “gen argentino” en distintos temas. En política, en el siglo XIX, lo ganó José de San Martín y en el siglo XX, Ernesto Che Guevara. En la “finalísima” ganó el primero porque intelectuales de ocasión agitaron que el segundo no había luchado en Argentina.

Gran falacia del chovinismo criollo. Falacia, debido a que San Martín tampoco luchó en la Argentina porque ésta no existía, lo que había eran las Provincias Unidas del Río de La Plata, que apenas balbuceaban una identidad nacional y no estaban tan unidas porque prevalecía el regionalismo. De hecho, de allí salieron cuatro países entre los cuales Argentina es uno de ellos, otro es Bolivia, además de Paraguay y Uruguay. San Martín, que era un criollo o español americano, vino de guerrear en la “madre patria” a luchar por la independencia de la América española. Primera y segunda semejanza con el proyecto continental del Che, que había forjado fuera de la patria chica su proyecto de revolución continental latinoamericana.

Recién llegado de Europa, San Martín se dedicó a organizar un Regimiento de Granaderos a Caballo con sus oficiales; es decir, a formar la primera línea de cuadros del proyecto americano. El mismo propósito perseguía el Che al encargar a Jorge Ricardo Masetti, el Comandante Segundo, el desarrollo de una guerrilla en Salta que llamaron Ejército Guerrillero del Pueblo.

San Martín sólo dirigió un combate en el actual territorio Argentino: en San Lorenzo, en el que casi perdió la vida cuando fue boleado su caballo. Esto ocurrió porque en la carga de la caballería criolla José, que todavía no era Don, dando el ejemplo se puso al frente de sus soldados. Cuarta semejanza con el Che.

Designado Jefe del Ejército del Norte, comprendió la situación estratégica de la revolución en la América del Sur, que estaba completamente derrotada en casi todo su territorio, incluso en México. Durante el año 1815, de las ex colonias españolas sólo quedaban en manos patriotas algunas de las Provincias Unidas del Río de La Plata y Paraguay, y por otro lado, Napoleón había sido definitivamente derrotado a fines de marzo del año anterior, lo que había permitido la restauración de las monarquías en España y Europa. Además, la experiencia había demostrado que no era posible avanzar por el territorio alto peruano, por lo que concluyó que había que seguir la ruta del Pacífico para llegar al corazón del colonialismo en la América del Sur, Lima. Para organizar su Ejército, San Martín buscó un punto en la profunda retaguardia y lo encontró en El Plumerillo, en la Región de Cuyo. Los españoles, para llegar allí, debían cruzar el Atlántico desde el este, tomar Buenos Aires y atravesar la extensa región pampeana y las sierras de la pre cordillera. Por el Norte estaban los “Infernales” gauchos de Martín Miguel de Güemes con sus caballos y sus lanzas, y las Republiquetas de Manuel Ascensio Padilla, Juana Azurduy, Ignacio Warnes, Ildefonso Escolástico de las Muñecas y muchos más. Y por el Oeste, los imponentes Andes con sus cumbres más altas y sus picos nevados. Allí trabajó con empeño y sacrificio “organizando un pueblo de trabajadores y combatientes”.

Esta es la quinta semejanza con el Che, ya que Ernesto también buscó un punto en la profunda retaguardia para instalar su Estado Mayor y construir su ejército. Bolivia era el eslabón más débil en la cadena de dominación imperialista, y dentro de Bolivia fue a la región donde menos se hacía sentir el control del Estado boliviano: Ñacahuasu intentó ser El Plumerillo de Guevara.

Podríamos establecer otras semejanzas, como que ambos acometieron sus hazañas padeciendo asma, pero creemos que con las mencionadas alcanzan para decretar un empate.

elche-1Las condiciones en Bolivia

Entre esas condiciones, se consideraba que el PC de Bolivia era permeable a la colaboración con las guerrillas, por ser el más joven de América Latina, estar menos influido por la línea reformista de los PCs y por haber demostrado una actitud favorable al apoyo de la lucha insurreccional, incluido su Secretario General Mario Monje. De hecho, ya habían colaborado con las guerrillas en Argentina y Perú.

Otra condición estaba originada en el hecho de que el imperialismo norteamericano consideraba que en Bolivia ya se había desarrollado un proceso revolucionario pocos años antes (1952-1964), por lo que no se repetiría un hecho similar en esa misma etapa histórica. Esto había llevado a los yanquis a descuidar la preparación de un ejército contrainsurgente, y en ese sentido, era el más retrasado de América Latina. Pero no sólo en el terreno militar sino también había bajado la guardia en su política para contrarrestar la influencia de la Revolución Cubana para contener la insurgencia de los pueblo. La “Alianza para el Progreso” no contemplaba prácticamente ni un dólar para Bolivia. Muchos analistas que critican al Che parten de esta misma premisa considerada por los imperialistas, y que desde una visión revolucionaria aportaba en sentido contrario. Porque Bolivia (…) era el eslabón más débil en la cadena de dominación imperialista. (…) Allí estaban dadas casi todas las condiciones revolucionarias. Veámoslas: Crisis estructural y crónica de un capitalismo primario, crisis económica coyuntural, inestabilidad política, dictadura militar que había derrocado al gobierno de la revolución nacionalista, organización sindical de la clase obrera desde una perspectiva clasista, programa revolucionario inspirado en el de transición de Trotsky (Tesis de Pulacayo), aprobado por esa clase obrera, un proletariado minero que desde hacía décadas se había constituido en vanguardia de las luchas obreras, el que incluso estaba parcialmente armado desde la Revolución de 1952. Dos partidos marxistas leninistas: el PCB y el POR.

¿Qué condiciones faltaban en Bolivia? Dos de ellas, que justamente fueron las que se planteaba desarrollar Che: La constitución de un ejército revolucionario y la unidad obrero campesina.

Tres situaciones condicionantes

Una vez elegida Bolivia como teatro de operaciones había que establecer en qué región se instalaría el foco guerrillero. El necesario estudio respondió a una meditada preparación por el cual se establecieron tres posibles zonas. Pero las dificultades surgidas con Mario Monge, Secretario General del PCB, antes de la llegada del Che a Bolivia lo obligaron a éste a hacer una concesión respecto al lugar. Guevara había elegido el Alto Beni, al norte de La Paz, con más eje en la propia Bolivia y relativamente cerca de Perú en donde ya había grupos guerrilleros organizados, que se habían unificado. En cambio en la Argentina los desastres del EGP y las FARN habían sido muy serios. La guerrilla del Che se instaló en Santa Cruz como una parcial concesión a Monge. Decimos parcial porque estaba en los planes como una base de retaguardia y por su cercanía a la Argentina. Para marcar un déficit me inclino por el apresurado reclutamiento de militantes. En el caso de los que provenían del PC y la JCB cumplieron cabalmente en un alto porcentaje y, entre ellos, Inti y Coco Peredo se consolidaron como cuadros dirigentes. No fue así entre los reclutados por Moisés Guevara disidente del PC pro chino. Vale aclarar que Moisés y otros cuatro militantes de su grupo cumplieron a cabalidad con el compromiso y los riesgos de la lucha convirtiéndose en héroes de la revolución, pero entre los otros seis hubo desertores y detenidos que colaboraron con el Ejército boliviano. De hecho la existencia de la guerrilla fue denunciada por los dos desertores pertenecientes a este grupo el 11 de marzo de 1967.

La tercera, y de mayor implicancia fue la deserción de Mario Monge. El Che llegó el 4 de noviembre a La Paz, el 7 ya estaba en el campamento guerrillero en Ñacahuasu, departamento de Santa Cruz. El 31 de diciembre se reunió con el Secretario General del PC y este para provocar una ruptura le exigió que él debía ser el Jefe de la guerrilla. Como esperaba Monge, Guevara no aceptó y aquel le retiró el apoyo de su Partido.

Marx, el Che y la conciencia

El problema de la conciencia ha sido tratado por Marx, Lenin, Gramsci, y otros revolucionarios. A mí el tema me preocupa particularmente porque, en algunos sectores de la militancia de izquierda, se piensa que si un discurso es lógico (aunque la mayoría de las veces no lo es) alcanza para que sea aceptado, o se piensa que si es verdad para uno entonces es una verdad universal, y no es así. El tema de la conciencia es muy complejo y debe armarse a la militancia con esa comprensión. El Che lo trabajó como elemento central en el período de transición del capitalismo al socialismo, pero también es un tema que debe ser tenido en cuenta en la lucha política en contra del capitalismo. Porque, como dijo Marx, la ideología dominante en la sociedad es la ideología de la clase que tiene el poder material dominante. La idea es fácil de retener y repetir, pero es muy complejo observar cómo esta verdad aparece en los hechos y situaciones cotidianas, y cómo el militante las enfrenta. Aquí aparece la lucha política que ha sido denostada por los post modernos.

10563167_694032990674444_6812054267245936760_nEl Che y la militancia en la Argentina

El primer capítulo del Documento del IV Congreso del PRT realizado en febrero de 1968 es de una importancia central a la hora de pensar al Che. Allí Santucho realizaba un detallado análisis de la estrategia castrista (o guevarista, ya que el mismo documento aclaraba que no hacía distinción entre ambas). Consideraba aquella “sin la claridad teórica y la pureza de ‘método’ de los grandes marxistas revolucionarios del pasado” pero superadora ampliamente de todas las concepciones reformistas de aquel presente; el castrismo, según Santucho, desde hacía años venía “desarrollando una clara estrategia mundial y continental para la lucha revolucionaria”. Al no haberse dado grandes discusiones teóricas parecía que los aportes de la Revolución Cubana eran menores que los de otros revolucionarios, y esa creencia en muchos casos se mantiene hasta hoy. Pero Santucho hacía una valoración altamente positiva de la Revolución Cubana y la consideraba como la vanguardia de la revolución latinoamericana.

Esta visión hacía que los que en esos años militábamos en la línea guevarista leíamos y difundíamos sus ideas, poníamos en los carteles y volantes frases de sus escritos, sobre todo las que se referían a la lucha armada revolucionaria: Pasajes de la guerra revolucionaria; Guerra de guerrilla, un método; el Mensajes a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental; también de El socialismo y el hombre en Cuba y algunos otros. Para los guevaristas argentinos –y quizás de otros lugares también–, el Che era un gran combatiente revolucionario, un destacadísimo comandante de la revolución, un estratega militar, un héroe de la lucha revolucionaria, el ejemplo del hombre nuevo y otras virtudes. Pero, para nosotros, tanto el Che como, en general, los dirigentes de la Revolución Cubana eran compañeros que habían resuelto prácticamente las tareas de una revolución y que en el calor de esa lucha habían ido radicalizándose para terminar construyendo el socialismo en Cuba. Lo cual en parte es verdad, pero esa parte se imponía y ocultaba que los compañeros cubanos, y el Che en particular, desarrollaron la teoría socialista y revolucionaria.

elche-2En 1997, en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, funcionaba la “Cátedra Che Guevara” dirigida por algunos compañeros que venían del guevarismo, del peronismo y del cristianismo, y que tenía un sesgo populista. A través de uno de ellos me auto-invité y unos días después me avisaron que debía hablar del humanismo y la ética revolucionaria en el Che. Pensé que me proponían ese tema para que no pudiera desarrollar su concepción revolucionaria. Pero luego, me dije que debía prepararme para aprovechar esa tribuna. Tenía en mi poder el libro El socialismo y el hombre nuevo, una recopilación de escritos del Che –que no eran sobre la guerrilla sino sobre la construcción de la nueva sociedad– realizada por José Aricó, un militante que había jugado un papel importante en el reclutamiento de hombres para la guerrilla del Ejército Guerrillero del Pueblo (EGP), comandada por Masetti. Durante dos meses estudié intensamente este libro y descubrí un Che Guevara que no conocía, su otro 50%. No sin sonrojarme, luego de leerlo sentí que antes no sabía qué era en realidad el socialismo. Si a los militantes de aquel período nos pedían una apretada síntesis acerca de qué era el socialismo, poníamos el énfasis en la toma del poder por la clase obrera y el pueblo, la estatización de las empresas, la eliminación de la propiedad privada sobre los medios de producción y de cambio, y algunas medidas sociales. Nuestra visión tenía mucho que ver con lo que venía de la Unión Soviética, que difundían los partidos comunistas. Por esto me impactó mucho que en El Socialismo y el Hombre en Cuba Guevara no escribiera que luchábamos por la sociedad comunista, sino por “la sociedad del hombre comunista”, porque no se le perdía el individuo en el conjunto social como sí ocurre en el capitalismo. En nuestra defensa diremos que, a diferencia de los estalinistas, le dábamos mucha importancia al factor subjetivo, y en los hechos dábamos la lucha por la transformación de la conciencia.

Al leer con detenimiento El socialismo y el hombre en Cuba, me di cuenta de que profundizaba en conceptos a los que antes no le habíamos prestado atención porque teníamos el preconcepto del Che como un revolucionario práctico, entonces, ¿qué iba a decir de nuevo en la teoría? Lo leíamos como un texto de divulgación socialista, en cambio ahora aparecieron los conceptos de mercancía, ley del valor, trabajo enajenado y una serie de ideas que me llevaron a leer de nuevo a Marx y revisar qué significaba exactamente cada uno de esos conceptos para entender qué quería decir el Che cuando los mencionaba, y ahí me di cuenta de que es un artículo de alto nivel teórico que enriquecía las ideas de Marx con su práctica en la transición socialista cubana.

En cuanto a la visión de la estrategia de lucha considerábamos, al igual que el Che lo hace en su proclama Crear dos, tres… muchos Vietnam, esa es la consiga, que el imperialismo intervendría en aquellos países en los que la lucha alcanzara un sólido desarrollo, como lo hizo luego en Bolivia para combatir al propio Che. Entonces, como preveíamos esta intervención del imperialismo norteamericano, considerábamos más aplicables las experiencias y enseñanzas de la Revolución Vietnamita. Pero además, al ser derrotada la guerrilla encabezada por Guevara, se había potenciado muchísimo la crítica al foquismo. El PRT no aplicó la concepción del foco del Che (el trotskismo y el estalinismo, con sus matices, lo repiten como una muletilla pero no han realizado el menor estudio sobre el tema). Tan es así que después de 10 años de trabajo de masas en la región, cuando en 1974 la unidad guerrillera de Monte del ERP en Tucumán comenzó a ser perseguida por el Ejército, entre sus combatientes hubo discusiones en el propio campo de operaciones. Manuel Negrín, el más veterano guerrillero rural argentino, propuso enfilar hacia arriba de las montañas: y el Negrito Fernández, cuadro político del PRT y dirigente de los obreros azucareros, propuso mantener la guerrilla cercana y muy vinculada a la población rural. Se impuso esta segunda posición (de foquismo nada: ni antes, ni durante), que no era esencialmente errónea pero que indujo el error de fijarla al terreno violando uno de los requisitos que más encarecidamente recomendaba el Che, la movilidad constante. El otro error que cometimos, vinculado con el anterior, fue dividir a la Compañía de Monte en cuatro pelotones sin los mandos adecuados, lo que nos debilitó en todos lados, cuando de la experiencia cubana salía la concepción de la columna única, que sólo irradiaba otras nuevas cuando formara los mandos capaces de dirigirlas. Los errores de nuestra experiencia en la guerrilla rural fueron ocasionados por la exacerbada crítica al foco de la cual fuimos víctimas. Dicho provocativamente: la guerrilla del ERP en Tucumán debió ser un poco más foquista, y lo dice un militante que en esos años fue un dirigente obrero de masas.

alan-oxley-che-guevara-5-photographs-pigment-print-zoomEl Che en la actualidad

Consideramos que el Che es una referencia insoslayable para la militancia que quiere luchar por la liberación nacional y el socialismo. Pero además, el Che es una referencia para grandes sectores del pueblo, principalmente de la juventud pero no sólo de ella. Existe en forma difusa y desorganizada, pero muy extendida, una identidad política guevarista a la que nos proponemos aportar para que de ella emerja una fuerza social y política organizada. Para hacerlo es necesario estar desprovisto de prejuicios y pre conceptos. Por ejemplo, no renegamos por el hecho que la burguesía haya intentado convertir a Guevara en una mercancía, en un objeto de consumo, en una camiseta. Como hace tiempo decimos, le pasamos la factura a la burguesía y la estamos cobrando crecientemente porque debajo de esa camiseta, de esa chica o de ese chico, hay un corazón de ser humano, un corazón guevarista, al que apelamos cuando nos dirigimos a esa juventud.

En los obscuros años de hegemonía del neoliberalismo, con su grandeza, su entrega militante y sus aportes teóricos, Guevara fue la más potente luz que alumbraba nuestro firmamento. Hoy constituye la fuente principal para la recuperación del socialismo como ideal de futuro, la formación de militantes estudiosos y aguerridos, y poner en pie las organizaciones políticas y revolucionarias que libren las nuevas batallas por las mujeres y los hombres socialistas, como él quería.

Me gustaría agregar lo que consideramos la mayor virtud del Che Guevara en la lucha por el socialismo y la sociedad sin clases. Porque amparados por esa virtud, hemos encontrado la firmeza espiritual para enfrentar los sinsabores de defender a una revolución derrotada y afrontar las tareas de la construcción política revolucionaria en el contexto más adverso de los últimos 150 años. Aunque no es una elección fácil, no tenemos ninguna duda de que sin apartarse de la rigurosidad científica contribuyó a renovar y dotar de frescura y humanidad el ideario socialista por fuera y en confrontación con las ideas hegemónicas dentro del socialismo real. Y él lo pudo hacer porque se atrevió a pensar con su cabeza, y ponerle el cuerpo a sus ideas, por eso decimos que el Che fue, esencialmente, un hombre valiente porque se atrevió a pensar con libertad.

2 COMENTARIOS

  1. Para sacar conclusiones y aplicarlas a la realidad actual, les posteo un sitio que publica el libro titulado “Engels y el arte de hacer política”, Tambień se incluye “Notas sobre ‘Engels y el arte de hacer política’. Imperdible! Podés bajarlo en http://www.debates.teoriaypraxis.org/index.php/es/.
    El texto realiza un análisis sobre lo que hoy significa el Programa de Transición y el Programa de Máxima y de Mínima, que son los dos programas que disputaron la hegemonía del socialismo y del marxismo, desde hace más de cien años el primero y más de 75 el segundo.
    Buena Lectura!
    Ana

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