Así se llama el canal de YouTube por el cual Jorge Altamira intenta comunicarse directamente con la sociedad a la que busca seducir. Nosotros quisimos preguntarle otras cosas, y el tipo no arrugó. Bienvenidos a uno de los personajes más reconocidos de la izquierda argentina.

Ilustración: Diego Parpaglione
Fotografía: Letra P

Es recurrente leer o escuchar decir que ciertos personajes de la vida pública de nuestro país no necesitan presentación. Bueno, este podría ser uno de esos casos, pero no lo es. Aunque muchos reconocen a quien nos referimos cuando hablamos de Jorge Altamira partimos de suponer que la gran mayoría desconoce sus ideas y mucho más su historia.

Jorge Altamira nace cuando el nombre José Saúl Wermus debe pasar a la clandestinidad debido a las persecuciones que toda la izquierda sufre durante la dictadura de Onganía hacia finales de la década del sesenta y de Levingston a principios de la década del setenta. La elección del seudónimo, que lo acompañará el resto de su vida y reemplazará su identidad original, surge de un evento puramente fortuito. Con tan solo veintidós años escribe artículos para la prensa de Praxis, organización fundada por Silvio Frondizi, y es este quien le recomienda no firmar con su nombre original. Ante el apuro de la entrega, lo primero que se le viene a la cabeza es el personaje de Minguito, interpretado por Juan Carlos Altavista, pero Altavista era demasiado obvio así es que decide cambiarlo por Altamira. Seudónimo que solo abandona entre los años 1975 y la década del noventa cuando cambia momentáneamente el contenido de sus artículos y los firma con nombre de mujer. En esos días Jorge Altamira ya es fácilmente identificable.

—En el último congreso del Partido Obrero hizo hincapié en el carácter público del mismo: ¿cuáles son las razones de esta decisión y cómo cree que esto aporta a la unidad general de la izquierda?

Los congresos del Partido Obrero son precedidos por tres meses de debates sobre la base de informes políticos y organizativos. En ese período se desarrollan actividades públicas para interesar a la mayor parte de la clase obrera y de la juventud en esas discusiones. Es un método de trabajo que conecta al partido con su base social y abre las puertas para el ingreso de nuevos luchadores. El acto de apertura pretendió llamar la atención de la ciudadanía hacia el Congreso y mostrar cómo procede el PO, en contraste con el aparatismo de las siglas que encarnan las alternativas tradicionales, que ya no sustentan una vida organizada de partido sino que rejuntan a arribistas financiados por corporaciones capitalistas y el presupuesto de los estados (nacional, provincial, municipal), o sea por los contratistas de obra pública. En la apertura hemos destacado el rol que adjudicamos al Frente de Izquierda como canal para desarrollar la autonomía política de la clase obrera.

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—La burocracia sindical ha funcionado de diferentes maneras a la hora de responder a los intereses de los gobiernos de turno y los sectores patronales: ¿cómo analiza el momento actual de este sector?

De un modo general, la burocracia de los sindicatos ha desarrollado un fuerte carácter patronal, con empresas propias. De otro lado sufre una fuerte división que va paralela al fracaso de los gobiernos a los que sirve. Por último, es acosada por una vanguardia de luchadores, cuya influencia no cesa de crecer. El desarrollo de la autonomía política de la clase obrera mina la base de poder de la burocracia sindical.

Jorge Altamira proviene de una familia particular, hijo de padres polacos vive su infancia junto a sus tres hermanos en uno de los conventillos del barrio porteño de Almagro. Dos de sus hermanos también son conocidos públicamente por sus seudónimos. Ismael Bermúdez, uno de los periodistas principales en materia económica del diario Clarín y Luis Favre, quien comienza su militancia con Altamira en Política Obrera y luego del exilio se convierte en un importante dirigente del PT de Brasil para concluir como uno de los principales asesores del actual presidente del Perú, Ollanta Humala.

Con tan solo quince años de edad, Altamira, milita activamente en la izquierda y no es hasta la formación de Política Obrera que se lo comienza a reconocer como un referente dentro del trotskismo, luego de su alejamiento de Praxis. Desde aquel momento toda su vida militante es pública y dedicada a la construcción del actual Partido Obrero, menuda tarea que no fue siquiera interrumpida durante los cuatro años que estuvo exiliado en Brasil entre 1978 y 1982.

Difícilmente se encuentre en la historia de la izquierda argentina un dirigente con reconocimiento a nivel nacional como el de Altamira. Es cinco veces candidato a presidente y elegido como legislador de la Ciudad de Buenos Aires en el año 2000. Pero la mayor popularidad no la alcanza debido a la efectividad de la política de masas llevada adelante por el PO, sino por una risueña campaña iniciada durante una entrevista radial con Jorge Rial. “Un milagro para Altamira” fue furor en las redes sociales a principios de agosto de 2011 y, seguramente, una de las razones que permitió al PO superar el piso restrictivo en las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) y acceder a la elección nacional en la que obtiene el 2.31% de los votos, cuatro veces más que en la última elección en la que había participado (2003).

ALTAMIRA ALTA ByN 2—Usted ha dicho que la creciente adhesión al FIT se basa en la continua aparición de comisiones internas clasistas en cada vez más fábricas: ¿cuáles son los principales problemas con los que se encuentra un trabajador a la hora de enfrentar a la burocracia sindical?

La burocracia sindical delata a los activistas en las empresas y se combina con las patronales para lograr su despido. Asimismo cuenta con el apoyo de los estados en diversos niveles y los aparatos de seguridad y espionaje. También ejerce una acción intimidatoria de carácter general, cuando advierte que las luchas ocasionarán perjuicios a los trabajadores. Ejemplos como la huelga docente, en Salta, en la actualidad, muestran a los trabajadores desbordando en forma extraordinaria la capacidad de contención de esa burocracia.

—Más allá del carácter ascendente de los resultados electorales, el papel de la izquierda siempre ha sido reducido a la marginalidad: ¿cuáles son los pasos que debería dar la izquierda para convertirse en una opción real de poder?

Lo que se ha ido marginalizando es el espectro político tradicional, que funciona como máquinas electorales reciclables, que se manifiestan a través de los medios de comunicación; la izquierda revolucionaria ha ido ganando vigor.

 

—Pero en los últimos años también han emergido otras expresiones de la izquierda como opción electoral, como Marea Popular y Patria Grande: ¿cómo caracteriza a estos sectores?

Los sectores mencionados se empeñan en destacar que sus diferencias con el Frente de Izquierda son estratégicas. En efecto, abogan por el desarrollo de movimientos policlasistas internamente indiferenciados, en tanto que nosotros desarrollamos una lucha de clase de los explotados y ponemos a la clase obrera independiente como dirección histórica del conjunto de los trabajadores. Nuestra meta estratégica es un gobierno de la clase obrera, la de las organizaciones mencionadas es promover políticas públicas dentro del estado político actual. Durante la mayor parte de la década reciente han sido kirchneristas o filo kirchneristas.

altamira-2Altamira estuvo preso una sola vez en su vida, y no fue durante alguna de las dictaduras que le tocó vivir. El 31 de mayo de 1989 el presidente Alfonsín decreta el estado de sitio en todo el territorio nacional. La profunda crisis política y económica que azotaba al país produce saqueos aislados a comercios y supermercados desde los primeros días de mayo de ese año. Pero es durante el 29 y 30 de ese mes que este fenómeno alcanza magnitud nacional. Juan Carlos Pugliese es por entonces el ministro del interior y en reiteradas oportunidades responsabiliza públicamente al Partido Obrero por fomentar y organizar los saqueos. Luego del estado de sitio, Alfonsín ordena por decreto la detención de la dirección del PO. Altamira, por entonces candidato a presidente, está preso en la Casa Rosada durante una semana. Es liberado luego de una campaña de solidaridad internacional y la masiva movilización del dos de junio, fecha en la que todavía regía el estado de sitio.

—En otros momentos críticos el Gobierno ha sorprendido con medidas de corte progresista pero ahora ha decidido recostarse sobre su facción más conservadora, ¿a qué atribuye esta decisión?

Todos los gobiernos empiezan con arrebatos progresistas, en especial cuando asumen en el cuadro de grandes crisis que son acompañadas por fuertes luchas, pero una vez que se afirman en el poder acentúan su carácter capitalista. En la actualidad, el Gobierno K pide el socorro del capital internacional debido a que Argentina está de nuevo en quiebra. El nacionalismo de contenido burgués o capitalista ha vuelto a fracasar de forma estrepitosa.

—Parece estar sentenciado que la sucesión al kirchnerismo en 2015 será por derecha, sea el sucesor Scioli, Massa o Macri: ¿cuál será el rol de la izquierda en ese escenario?

Si, como lo plantea la pregunta precedente, el Gobierno se hubiera hecho conservador, no se entiende que una sucesión de Scioli pudiera marcar un cambio de rumbo. Scioli ha sido socio de los K todo el tiempo y seguiría con su política de ajuste y entrega. Scioli o Massa o Carrió no son noticia mala o buena, sino la evidencia de que la clase obrera debe desarrollar su planteo y su organización política propia.

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—Una de las principales críticas que se le hace en general a la izquierda es el carácter puramente ideológico de sus propuestas, una cierta lejanía entre ellas y la realidad concreta: ¿a qué atribuye esta percepción?

La crítica al supuesto ideologismo de la izquierda es interesada, parte de quienes sostienen que cualquier planteo de superación del capitalismo es ideológico. Para ellos solamente es concreto aquello que no saca los pies del sistema social de explotación.

Criticado por muchos y por mucho, destapó champán con Chiche Gelblung y es abonado a los programas políticos del Grupo Clarín, dando por hecho que el enemigo de mi enemigo es mi amigo. No se cansa de descargar todo tipo de críticas a las políticas del Gobierno kirchnerista. Defenestrado por el oficialismo y chicaneado por la izquierda no partidaria, Altamira se constituye en una especie de personaje simpático, al que la mayoría le reconoce honestidad, pero que en última instancia no le da el beneficio de la duda. La izquierda al Congreso, el peronismo al poder, parecen rezar unas tras otras las elecciones desde hace algunos años. Desde su canal de YouTube donde responde todo tipo de preguntas, pregona incesantemente la inminencia del yugo capitalista en manos de la clase trabajadora organizada.

—En momentos de una sociedad híper mediatizada: ¿por qué un partido con la estructura del PO no cuenta aún con una radio y un canal de TV para transmitir su mensaje revolucionario?

Bueno, estamos desarrollando medios de comunicación a través de las redes sociales y tenemos numerosos programas de radio a lo largo del país. Es evidente que un partido obrero se ve obligado a manejar recursos escasos…

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—La inflación es un tema que el Gobierno ha abordado erráticamente pero no es un problema que sea generado directamente por él. ¿Por qué cree que no se señala directamente a los responsables de la inflación como por ejemplo las grandes empresas concentradas?

La concentración capitalista ha crecido en forma espectacular bajo el Gobierno actual, de modo que su ataque a los monopolios es pura hipocresía. Por ejemplo, nunca planteó que las cuentas de las grandes empresas fueran públicas. Por otro lado, la expresión más completa de concentración capitalista es el propio Estado, que maneja los recursos de poder en función capitalista. Los capitales individuales y los monopolios aprovechan en su beneficio el cuadro inflacionario que desarrolla el propio Estado; en Europa, en este momento, se hace eso mismo, pero con un cuadro deflacionario: no aumentan los precios, pero rebajan los salarios nominales. El pago de la deuda externa con emisión de moneda es inflacionario; los sobreprecios de obras públicas son inflacionarios; los subsidios sin control a los concesionarios son inflacionarios. Hay que golpear ahí e imponer la apertura de las cuentas de los monopolios para que los obreros verifiquen los costos, no los funcionarios amigos de Chevron y del Banco Mundial o el Club de París. La lucha popular debe apuntar a la cabeza, que es el poder político. La lucha es por el poder, por un gobierno de trabajadores.

altamira-5Desde hace algunos meses en casi todas sus intervenciones repite como mantra una sentencia entre apocalíptica y premonitoria. Parece que no solo estamos atravesando el fin del ciclo del modelo kirchnerista —si es que algo así existe como tal— sino que además es el fin del ciclo de todos los partidos políticos tal y como los conocemos. El fundamento de tal afirmación se basa en que los últimos treinta años ininterrumpidos de democracia han logrado demostrar el agotamiento del proyecto hegemónico de los partidos tradicionales. Quizás esta mirada nos ayude a entender por qué la izquierda partidaria no deja pasar oportunidad para acelerar ese proceso.

Nuevamente la estrategia planteada por Altamira es la misma que durante las últimas cinco décadas, aunque el contexto haya cambiado radicalmente la respuesta es la misma: la organización de la clase obrera tomando como eje fundamental el recupero de los sindicatos que ostenta la burocracia sindical. Lo discutió mano a mano con los foquistas en los sesenta, se lo dijo desde el exilio a la conducción del ERP y Montoneros en la década del setenta, lo confrontó durante la crisis de 2001 con el movimiento piquetero y lo sostiene por estos días frente a la “izquierda reformista que solo busca un capitalismo más humano”.

El interrogante que siempre ronda esta mirada, y que la historia se obstina en no responder, es si estamos o no preparados para el apocalipsis.

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