En Octubre se cumplen 85 años de la edición de Los siete locos y quisimos hablar de Arlt. Pablo Nardi, Lucas Carrizo y Federico Frau Barros escriben acerca de este escritor de los márgenes, excluido de las buenas costumbres y las listas de grandes escritores.

Los impacientes

Por Pablo Nardi

Roberto Arlt es un escritor que, tanto en su momento como ahora, hace ruido. Escribe de y desde los márgenes, siempre rompiendo con los moldes y la fineza que exigen las elites letradas. En la primera mitad del siglo XX, su manera de ver el mundo se refleja en sus tramas y formas de narrar. Estamos hablando de alguien que se movía en las calles más sórdidas de Buenos Aires, con gente de “poca cultura” y lejos de tener la comodidad económica y el tiempo que tenían otros escritores consagrados como Borges, las hermanas Ocampo o, como Arlt mismo dice, Flaubert.

Los personajes de Arlt son callejeros, deambulantes, pobres, infelices, mafiosos, estafadores. Siempre quieren llegar a un estado mejor, buscan el progreso pero no de la forma convencional, como el capitalismo sugiere (american dream), trabajando a lo largo de toda una vida, sino haciéndole trampas al sistema, buscando el lado lateral. Da la sensación de que los personajes de Arlt desconfían o están cansados de intentar hacer las cosas según se supone que hay que hacerlas. O que son impacientes y no quieren ni pueden esperar.

arlt-1Uno de los elementos frecuentes en la obra de Arlt es el cambio brusco, rápido, violento. El dinero no se hace ahorrando ni invirtiendo, sino consiguiéndolo en grandes cantidades. De ahí vienen la estafa, el robo, el negocio exitoso, la búsqueda de oro y todas las posibles mezclas que de ellas puedan nacer. Todas formas que tratan de evadir lo convencional y llegar más rápido a donde se quiere estar. En Los Siete Locos hay muchos ejemplos. Por un lado tenemos a Erdosain, un frustrado sexual que le roba a la empresa donde trabaja porque sabe que, de ser por el sueldo que recibe, no le alcanzaría para comer. Por el otro, al Astrólogo, un personaje que quiere armar una sociedad secreta que imponga un nuevo orden social y hacer feliz a las personas creando una nueva religión. Otro es el buscador de oro, un personaje que se dedica a buscar dicho metal en todo el país, corriendo atrás de rumores sobre gente que encontró pepitas de oro y fue rica el resto de su vida. Podemos pensar que Erdosain quiso formar parte de la sociedad secreta a modo de ilusión de cambio, una forma rápida –brusca- de salir de esa vida rutinaria y triste.

Mientras Borges estaba publicando sus reseñas que escondían cuestiones metafísicas y perfiles de escritores en la revista el Hogar, Arlt publicaba, en la misma revista, un cuento que se llama Un argentino entre gángsters (1937). Se trata de un ingeniero, Lacava, que es secuestrado por tres mafiosos que lo obligan a diseñar una ruleta que pueda dirigir la suerte según los intereses de la banca. Creo que ese cuento representa muy bien la obra de Arlt, y ahí queda bien clara la impaciencia, esa ansiedad por ganar dinero de forma rápida. Pero también queda claro el segundo elemento característico de la obra de Arlt: el invento.

No sólo la distribución de las riquezas es desigual, sino también la de los saberes. Mientras los letrados contaban con el capital intelectual de los libros y el saber abstracto, los sectores no tan favorecidos tenían una gran tendencia a interesarse por los saberes técnicos, materiales. En un contexto donde la ciudad se moderniza y aparece la electrificación e incorporación de nuevos objetos cotidianos, muchos quedan sorprendidos y buscan ahí la solución. De alguna manera, son “los saberes del pobre”, que cumplen una doble función. Por un lado, compensar la falta de escolaridad y, por otro, alimentar el mito del rápido ascenso social. Tanto Erdosain –¿quién puede olvidarse de la Rosa de cobre?- como el Astrólogo son inventores, se consideran genios que nunca fueron escuchados y todavía están a la espera del reconocimiento que merecen. Una posible lectura de Los siete Locos es que por eso deciden armar la sociedad secreta: una venganza contra quienes no confiaron en ellos y su poderosa máquina inventiva. Silvio Astier, del juguete rabioso, también se presenta como inventor. De hecho, el mismo Arlt lo era.

El cambio rápido y el invento –que existe, tal vez, como resultado de la búsqueda del cambio- son, entonces, dos elementos que aparecen visiblemente en la obra de Arlt y que responden, sin lugar a dudas, a lo que él veía desde el lugar que ocupaba en la sociedad. En definitiva, personajes que quieren todo ya, al instante, y no pueden esperar. ¿Tendrá este fenómeno alguna semejanza con la sociedad contemporánea? ¿Tendrá algo que ver con la vigencia que hoy tiene Arlt?

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