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Dardos

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 Por: Fabricio Lombardo / Ilustración Maxi Falcone

A Dardo Dorronzoro, herrero y poeta desaparecido en Luján, Buenos Aires.

 “¿Qué hacemos aquí?” es lo que tenemos que preguntarnos.

Samuel Beckett, Esperando a Godot

 

Creíamos, creemos

que el amanecer

se parece a nuestros pasos,

a nuestras manos

floreciendo un puente,

acariciando un niño,

una mujer en libertad

regando los atardeceres

de un sauce llorón.

 

Creíamos, creemos

que aún valen la pena

las berreadas

la indignación soplando una pregunta

los herreros poetas

que nos han despuntado

un grito en la sangre,

un aullido de existencia.

 

Creíamos, creemos

tan necesario como dibujar un cisne

o tiritar un cristo nuevo,

caminar aún

ir gateando hacia el futuro

hijastros del horror

continuamente volviendo.

 

Sonreímos muerte

es verdad

pero

a balde y gritos

venceremos

la tragedia que nos ha parido.

 

Libros, trincheras de la memoria

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La biblioclastía es utilizada desde siempre por los regímenes autoritarios. Para los genocidas un temor especial se esconde detrás de las palabras y la última dictadura argentina es un claro ejemplo de ello. Entrelazando historia y ficción, Patricia Morante nos cuenta acerca del sentido profundo de la destrucción de libros.

Por Patricia Morante.

Uno

Gutiérrez: —¿Dónde nació la peste?

Fénix: —En la ciudad fenicia de Biblos.

(…)

Gutiérrez: —Nombre cinco efectos que produce la peste.

Fénix: —Vicio, perversión, desenfreno, codicia y envenenamiento…

libros-1Así dialogan en la primera escena los protagonistas de la obra de teatro Biblioclastas de Jorge Gómez y María Victoria Ramos. Una ficción que, cargada de signos, alude a los años de la última dictadura militar argentina. La acción se centra en la quema de libros.

Para estos personajes que son empleados públicos —uno, calificador tramo B de la categoría técnica; otro, un simple asistente de incineración— la peste es la subversión, el marxismo, la escritura, el libro, el escritor «subversivo» o el de influencia marxista; y el origen del mal está en Biblos porque esta ciudad era la que se dedicaba al comercio del papiro, planta que crecía a orillas del Nilo en Egipto, con la que se elaboraban finas láminas que constituían un soporte para la escritura.

Cabe aclarar que la demanda de papiro fue en constante aumento en el Mediterráneo oriental, donde desde finales del segundo milenio antes de Cristo se desarrollaron formas complejas de escritura, en particular el alfabeto, una escritura fonética elaborada por los mismos fenicios alrededor del año 1100 a.C. Esta vinculación con el comercio del papiro llegó al punto de que esa fue la razón de que la ciudad, Gebal, fuera conocida como Biblos, que era el nombre que los griegos daban al papiro egipcio, y también el motivo para que Fénix y Gutiérrez la consideraran como origen de «la peste».

El episodio citado es la pantomima de una entrevista de trabajo que los personajes «practican» para lograr un ascenso. Podríamos decir que se toman lección mutuamente.

En la escena final de la misma obra, Fénix reflexiona desde lo más profundo, ya no como parte del requisito para pasar de categoría: «No hay libertad sin escritura. ¿Qué tiene que ver la libertad con la escritura? ¿Eh? Decime vos…».

Los represores-genocidas de la última dictadura argentina conocían de forma vasta la relación libertad-escritura y no ignoraban, por consiguiente, la «peligrosidad» que ello significaba.

Judith Gociol y Hernán Invernizzi, autores de Un golpe a los libros, lo explican diciendo que el objetivo principal durante el llamado «Proceso de Reorganización Nacional» fue la reconversión socioeconómica y que, para que ese proyecto tuviera éxito, la censura, la persecución y, consecuentemente, la destrucción del libro, cumplió un papel fundamental.

Invernizzi, en una entrevista para el Diario de la memoria, lo ejemplifica con una mesa de tres patas: «Una pata es el Terrorismo de Estado, otra es el de las políticas culturales, educativas y de comunicación y la otra pata es el proyecto económico que llevaron adelante Martínez de Hoz y Videla, fundamentalmente. Estas tres cosas están articuladas, una sin las otras no funciona». En otras palabras, para que se pudiera concretar el plan económico, a la desaparición del cuerpo de las personas debía corresponderse la estrategia de la desaparición de discursos, tradiciones, imágenes y símbolos. Es decir, queno bastaba con la muerte física del adversario, también había que desmoralizarlo. Una táctica frecuente consistía en suprimir los principales elementos de identidad cultural, que suelen ser los que más valor proporcionan para asumir la resistencia o la defensa.

libros-2A partir de una minuciosa investigación, Un golpe a los libros viene a desenmascarar con gran número de testimonios de personas, artículos periodísticos y documentos procedentes del mal llamado «archivo» Banade —ya que estaba compuesto por una cantidad caótica de informes, memorandos, borradores de inteligencia en muchos casos fragmentados, piezas que no pueden ser consideradas como «archivo»— lo que se creyó o se quiso creer durante mucho tiempo acerca de la destrucción de libros durante el mencionado período. Lo que apareció en el imaginario de la gente como una tarea azarosa fue, sin dudas, una actividad sistemática. En el desarrollo de las escenas de Biblioclastas queda muy claro con qué forma de organización se llevó adelante este plan. Un lugar concreto, es decir, en este caso, la oficina de depósito (con un horno incorporado); empleados escalafonados para hacer las tareas, entre los que se encontraban calificadores y simples asistentes que tenían prohibido leer antes de quemar, son solo algunos de los elementos que aparecen en el drama y que condicen con el modo en que se ejecutaron las acciones en la realidad; además de hacer referencia a quemas documentadas de libros como la del millón y medio del Centro Editor de América Latina en Sarandí, fundado por José Boris Spivacow, ocurrida el treinta de agosto de 1980 bajo las órdenes del juez federal de La Plata, Héctor De la Serna. Antes de ese hecho, y solo por citar alguno, existió también la «desaparición» de libros como fue el caso de Eudeba del veintisiete de febrero de 1977, cuando los camiones militares se llevaron alrededor de noventa mil volúmenes de los que no se volvió a saber nada más. El mismo año la policía de la provincia de Santa Fe quemó unos ochenta mil libros de la Biblioteca Constancio Vigil, la cual era parte de un amplio proyecto desarrollado en zonas populares de la ciudad de Rosario.

Y antes aún, a poco más de un mes de iniciado el Golpe, exactamente el veintinueve de abril de 1976, Luciano Benjamín Menéndez, jefe del III Cuerpo de Ejército con asiento en Córdoba, ordenó una quema colectiva de libros, entre los que se hallaban obras de Proust, García Márquez, Cortázar, Neruda, Vargas Llosa, Saint-Exupéry, Galeano. Menéndez dijo que lo hacía «a fin de que no quede ninguna parte de estos libros, folletos, revistas (…) para que con este material no se siga engañando a nuestros hijos (…) De la misma manera que destruimos por el fuego la documentación perniciosa que afecta al intelecto y nuestra manera de ser cristiana, serán destruidos los enemigos del alma argentina» (Diario La Opinión, 30 de abril de 1976).

Volviendo al modus operandi, la siguiente es una ficha de la Operación Claridad, gestada por el general Roberto Viola con el fin de decomisar libros marxistas, que cita el investigador venezolano Fernando Báez en su Historia universal de la destrucción de los libros/ Desde las tablillas sumerias a la guerra de Iraq:

  1. Título del texto y editorial.
  2. Materia y curso en el cual se lo utiliza.
  3. Establecimiento educativo en el que se lo detectó.
  4. Docente que lo impuso o aconsejó.
  5. De ser posible se agregará un ejemplar del texto. Caso contrario, fotocopias de algunas páginas en donde se evidencie el carácter subversivo.
  6. Cantidad aproximada de alumnos que lo emplean.
  7. Todo otro aspecto que se considere de interés.

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Indudablemente una preocupación clave en un plan dictatorial es siempre la cultura. Para controlarla deben llevarse adelante estrategias de alcance nacional que son una forma radical de represión política que produce un daño colectivo y, a la vez, en las subjetividades de los individuos coartando el acceso a los bienes a los que estos tienen un derecho inapelable.

La destrucción de libros opera siempre como un programa de intimidación y confusión. El primer efecto evidente que produce en la sociedad civil es el miedo. El segundo, el pesimismo.

libros-3Ahora, tanto desde la literatura testimonial como desde la ficcional (la última, en este caso, apoyada en la primera) tenemos certeza del significado y la dimensión de la palabra biblioclastía, a pesar de que dicha palabra todavía no aparece en el diccionario de la Real Academia Española ni en su Panhispánico de dudas («En respuesta a su consulta la palabra biblioclastía no está incluida en el DRAE, pero es un término bien formado y, por lo tanto, correcto. Saludos cordiales»). Si consideramos que el 60% de la destrucción de libros por intervención humana es un método muy antiguo (desde la censura, la quema, el descuido, la desidia por las bibliotecas y la venta ilegal) la omisión de este término resulta, por lo menos, inquietante. En España, por ejemplo, por iniciativa de la Falange se destruyeron miles de libros en la Universidad Central de Madrid en el año 1939.

Se trató de un acto denominado «auto de fe», como si fuera una de las acciones del Santo Oficio, comparando el juicio a los condenados que luego serían incinerados con una quema de libros escritos por los enemigos de España. Entre dichos autores enemigos estaban Sabino Arana, Lamartine, Freud, Marx, Rousseau, Voltaire, entre otros. En Biblioclastas aparecen también algunos de los libros «enemigos»: Las tumbas, El barrilete, El Duke, Ganarse la muerte, La torre de cubos, Balada del Álamo Carolina, El Pespir, Los traidores, Manuel Ugarte, La tía Julia…, Los cinco dedos, Los zapatos voladores, La comunidad organizada, La Patagonia rebelde, La vida entera. El personaje principal, en una escena tensa y grotesca, los «picanea» con el calentador del agua para el mate.

Quizá sea este —el del reconocimiento desde una institución que «regula» y oficializa el uso del vocabulario de un idioma y sus acepciones (no sus connotaciones, porque esa tarea la realiza la cultura popular)— un tema para ampliar en otra ocasión; como de igual modo, la referencia a casos no menos significativos de biblioclastía, tanto en Sudamérica como en otras partes del planeta.

Recordemos ahora que a partir del hallazgo, en el año 2000, de una gran cantidad de papeles en la bóveda del ex Banco Nacional de Desarrollo (Banade), quedaron al descubierto para los investigadores varias cuestiones más: que hay una tendencia en todo Estado a escribir sus acciones, aun las más vergonzosas; que no hay, por consiguiente, poder sin escritura; que hubo intención de destruir totalmente esos documentos, como el hecho de borrar las propias huellas tortuosas y, por lo tanto, que no hay poder sin destrucción de los propios papeles.

En el prólogo de Un golpe a los libros, Horacio González concluye que «No en vano la burocracia es uno de los más profundos movimientos del poder, y eso se evidencia aun en que vacila en dejar en el sigilo absoluto sus movimientos. Todo poder se sirve de ese vaivén entre lo que no puede dejar de escribir y lo que no puede dejar de aniquilar alrededor de la evidencia de que hay rastros por él mismo producidos…».También queda claro que no se pudieron aniquilar todas las pruebas que, posteriormente, sirvieron para reconstruir el modo de operar de los genocidas-biblioclastas.

Tres

Los objetivos de los que se vale el poder para la destrucción de la cultura en general, y de los libros, en particular, según Fernando Báez son: abolir la memoria, deshacer el origen, deshacer la pluralidad y deshacer la disidencia pues la destrucción de libro parece tener orígenes antiquísimos y el futuro garantizado.

libros-4«¡Que arda la memoria infame de la humanidad!» expresa con vehemencia el protagonista de Biblioclastas.

Y es que la relación memoria-pasado-persistencia confirma que la destrucción de la primera es indudablemente un ritual complejo de regeneración. De esto se valieron los aniquiladores de la memoria ya que quienes controlan el pasado controlan las opciones futuras. George Orwell lo había advertido en su novela 1984.

En Argentina, así como la persecución y desaparición de personas comenzó antes del golpe también la censura y la biblioclastía debió sincronizarse con este proceso. Un caso emblemático es el de las obras del historiador Osvaldo Bayer. Severino Di Giovanni, idealista de la violencia fue prohibido por el presidente Raúl Alberto Lastiri en 1973 y Los anarquistas expropiadoresy la película La Patagonia rebelde, por Isabel Perón en 1974. Los tres tomos de La Patagonia rebeldesí fueron quemados por la dictadura de Videla.

Bayer recuerda, además, en uno de sus escritos que el teniente coronel Gorleri quemó libros por «Dios, Patria y Hogar» durante la dictadura y, años más tarde, la democracia lo ascendió a general. «Los argentinos tenemos un general especializado en la quema de libros. Cobra sueldo de general, que corresponde a los sueldos de cinco bibliotecarios».

La biblioclastía no es, pues, un hecho que ha quedado en el pasado. «En cierto sentido, nuestro mercado editorial actual, concentrado y en manos de empresas extranjeras, es la concreción, en el ámbito de la cultura, del modo de economía gestado por la dictadura», plantean Invernizzi y Gociol. «La relación entre el público y la literatura nacional, por ejemplo, es una de las pérdidas aún no recuperadas. Hay pensamientos que ya no tienen posibilidad de edición en el mercado. Hasta hace algunos años, era en Buenos Aires o en México donde se definía cuáles escritores latinoamericanos serían editados. Ahora esas decisiones se toman en España, Italia y Alemania.»

En América Latina, el problema central es que la destrucción, la censura y la negligencia cultural trajeron, desde los márgenes de lo racional, el privilegio del fracaso y del olvido como postura.

Al ser la memoria la columna vertebral de la cultura y de la supervivencia, el fracaso pareciera determinar el éxito de los proyectos y el olvido, la paz de nuestras naciones. «Cualquier intento de revitalizar la memoria todavía produce la sensación de ser un retorno al pasado. Y si hay algo que teme el latinoamericano es el pasado porque es demasiado doloroso. Hoy por hoy, la cultura de América Latina supone dos mitos que la sostienen: un mito periférico de memorias desechables, como alternativa de construcción social —sustentada por los medios de comunicación que han legitimado la noción de presente continuo—, y un mito híbrido, que intenta preservar la identidad a partir de un imaginario colectivo fundacional», afirma Fernando Báez en un reportaje realizado en 2005 a propósito de la primera edición de Historia…y del arribo a la Feria del Libro de Buenos Aires para su presentación.

Insiste, además, en que los valores de pertenencia y la identidad de una sociedad se ven debilitados cuando no se fomenta el desarrollo de sus bibliotecas porque una de las principales actividades, la lectura, es un rasgo de ciudadanía activa y no de mera erudición.

Las bibliotecas son emboscadas contra la impunidad, el dogmatismo, la manipulación y la desinformación. «Los represores y fascistas temen las bibliotecas porque son trincheras de la memoria, y la memoria es la base de la lucha por la equidad y la democracia. Las elites sienten pánico ante las alternativas que suponen las bibliotecas como centros de formación popular. Hay que preservar los libros porque son “el eje de la sed de la memoria y el hambre de identidad que une a los pueblos”».

Sin el derecho a la alfabetización y a la información no hay un verdadero proceso democrático. Una biblioteca pública-popular es fundamental porque puede promover la participación comunitaria en debates para la transformación política y económica de una nación.

Y concluye el investigador venezolano: «Hay que insistir en que el patrimonio cultural impulsa un sentimiento de afirmación y pertenencia, puede afianzar o estimular la conciencia de identidad de los pueblos en su territorio, lo que permite resguardar acciones culturales propicias a la integración. Y como el patrimonio es, etimológicamente, “lo que recuerda al padre”, el ataque contra el patrimonio enfrenta a una sociedad con su orfandad más contundente».

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Fuentes:

El patrón del mal. Ficción y realidad de un país muy berraco

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En Argentina, la serie que reseña la vida de Pablo Escobar fue un éxito televisivo y acercó la historia del jefe narco a un público masivo. Omar Vera, periodista y militante colombiano, suma su análisis a una historia que acumula realidades, mitos y ocultamientos.

Por Nicolás Grande

Ilustración: Tavi Algaré

   Se vienen los minutos finales. Pablo Escobar llama telefónicamente a su hijo para dictar las condiciones que intenta imponer al Estado colombiano a cambio de su entrega. En ese momento, justo en ese momento, el cerco termina de cerrarse sobre un hombre vencido que sueña aún con recomponer su antiguo y poderoso aparato narcomilitar. Se escuchan ruidos, una explosión. Los uniformados del Bloque de Búsqueda vuelan la puerta de ingreso. Escobar mueve sus huesos, que cargan con una obesidad galopante, y busca los techos. Logra recorrer algunos metros, dispara, le disparan. Cae herido, vuelven los disparos cruzados. Pero la suerte está echada y su cuerpo recibe finalmente los dardos mortales. Según dicen los dueños de la ficción, muerto el perro, se acaba la rabia.

patron-1De esa manera termina la serie televisiva El Patrón del Mal, producida por Caracol Televisión entre 2009 y 2012. En Argentina, su reproducción en Canal 9 fue un verdadero éxito y transformó a muchos, incluido quien escribe estas líneas, en cuasi fanáticos de un producto que hasta hace poco tiempo también podía rastrearse a través de YouTube, hasta que de tanto insistir los abogados del caracol tumbaron los 113 capítulos para recordarles a todos que con el derecho de propiedad no se jode, al menos no por mucho tiempo.

Así las cosas, la personalidad de Pablo Escobar según la novela aparece atravesada por la dualidad. El mismo hombre preocupado por la educación y el bienestar de sus hijos, no carga con un gramo de culpa cuando le toca ordenar el asesinato masivo. El mismo hombre que dice tener ideas de izquierda, financia grupos paramilitares. El mismo hombre que reclama respeto por los derechos humanos para él y sus seres queridos, desprecia la vida de los otros con una frialdad que pretende volverlo inhumano. Una dualidad que reaparece cuando Pablo Escobar, en tanto jefe narco, sale de sí para relacionarse con los otros: buenos y malos, la gran fábula de las historias con finales felices para espíritus que necesitan de algunas seguridades.

¿Puede un drama colectivo explicarse únicamente desde un actor individual? Por ejemplo ¿alcanza Hitler para explicar el nazismo?, ¿los dramas colectivos son producto exclusivo de un puñado de espíritus malignos que concuerdan en un tiempo y lugar histórico determinado?, muerto el perro, ¿se acaba la rabia?

Preguntas que en el caso de El Patrón del Mal deben encuadrarse en un producto de comunicación que, como todos, responde a determinadas intencionalidades, introducidas en un formato con pretensiones de masividad que necesita del recorte para limar grandes complejidades, algo así como servir la comida y la digestión al mismo tiempo.

«Venimos de una narrativa de productos culturales relacionados con lo mismo. Un morbo terrible alrededor del fenómeno narco, pero un morbo poco crítico, es una narrativa de lugares comunes, de situaciones sangrientas, sexo, drogas y mucho dinero. Eso se fue insertando en el cine de una manera muy moralista, mostrando a los pobladores de los barrios populares de Medellín simplemente como gente descompuesta haciendo cualquier cosa por dinero, o dando una visión rosa de la vida del sicariato. Ya veníamos con veinte años de este tipo de narrativas, pero no había ingresado al mercado de la televisión. Cuando la televisión trabaja la historia, la recorta. Y estos productos buscan crear una narrativa que justifiquen cosas que están pasando ahora», reflexiona, a poco de arrancar la entrevista, el periodista y militante colombiano Omar Vera.

Desde su oficio, conoce de continuidades. Hace diez años nació El Turbión, un periódico web que surgió en el seno del Movimiento por la Defensa de los Derechos del Pueblo, con la intención de «trabajar con narrativas de internet para plantear una mirada diferente y crítica», inicialmente sobre temas relacionados con el gobierno de Álvaro Uribe y con la guerra en Irak.

Aquel proyecto, que se difundía a través de boletines digitales para un puñado de personas, hoy es recibido en los correos electrónicos de unos cien mil lectores, además del desarrollo de su página web. Continuidad de proyecto, pero también de males y resistencias que no murieron con la baja de Escobar: «Somos un medio de comunicación que trabaja la crisis de derechos humanos que se vive en Colombia y la cuestión de los movimientos sociales desde la óptica de mostrar que hay iniciativas de parte de la gente para cambiar lo que ocurre en el país. Cuando empezamos, nadie tomaba en serio a los medios alternativos, nos veían como un grupo de muchachitos jugando a ser periodistas. Con el paso de los años hemos logrado tener un rol más prevalente y hacernos sentir. El tema colombiano en cuanto a la seguridad de los periodistas es un problema complejo. Nosotros hemos recibido amenazas de paramilitares, hostigamientos de autoridades, agresiones directas fundamentalmente de la fuerza pública».

BYNLOS VERICUETOS

Pablo Escobar viaja por las rutas ecuatorianas en un pequeño automóvil. Lo acompaña su primo, amigo y socio, Gonzalo Gaviria (su nombre real era Gustavo Gaviria). Juntos hacen carne aquello del esfuerzo personal para progresar a lo grande y salir definitivamente de pobres. Le suman un componente ilegal porque intuyen que ese es uno de los principales elementos del éxito capitalista, aunque no se trate de una publicidad que los voceros del sistema estén dispuestos a difundir. Atrás había quedado el primer negocio importante que encararon juntos, vinculado al contrabando de mercaderías.

Los esforzados trabajadores van y vienen en busca de coca, materia prima para los laboratorios donde comenzarán a producir la cocaína de exportación. El negocio funciona a la perfección, crece con alguna coima por allá, algún asesinato por acá. Corren los finales de la década del setenta y las ganancias empiezan a contarse de a millones. La vida les sonríe. Aparecen socios y se va tejiendo una alianza narco y paraestatal que pasará a la historia bajo el nombre de El Cartel de Medellín. Algunas figuras públicas, pocas en apariencia, coquetean con el nuevo rico.

patron-2¿Cuál fue el contexto que acompañó el crecimiento de Escobar? ¿El de un empresariado ilícito y exitoso o el de una red con ramificaciones políticas a gran escala? La novela ofrece poco al respecto. Vera propone una contextualización: «Pablo Escobar era uno de los grandes males del país, pero empezó a ser un peligroso criminal en el momento en que un tipo venido del bajo mundo logró insertarse en las clases dominantes, al punto de ser senador de la república. Cuando dicen que Pablo Escobar sencillamente fue un tipo que se salió del control del Estado, están mintiendo, porque durante algún tiempo fue funcional a los intereses del Estado, pero cuando llegó a tener tal nivel de pugna con el sector tradicional de las clases dominantes, entraron en guerra y los perjudicados fuimos el resto de la sociedad colombiana».

Al menos desde hace varias décadas, la realidad sociopolítica de Colombia es un verdadero laberinto con caminos que se cruzan, se alejan, transitan en paralelo, se alinean para volver a distanciarse. Para un observador externo sin mapa, introducirse en ese laberinto puede resultar una travesía compleja pero sumamente interesante.

Vera amplía conceptos, complejiza y aclara. Insiste en la idea de que «Pablo Escobar no fue nunca un tipo aislado, sino que fue un empleado de quienes mandaban en el país». Su crecimiento meteórico le ofreció poder pero también la guerra, porque según Vera «ese crecimiento lo empujó a una pugna con los sectores dominantes».

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«Con la cocaína el nivel de poder de estos carteles fue enorme. Entró al país una cantidad de plata enorme, que controlaba un sector de las clases dominantes utilizando a este mundillo criminal que no eran grupos aislados. A su vez se aliaron con el Estado para acabar con las guerrillas y su base social, por eso además del crecimiento de los carteles, en aquella época crecieron los operativos de inteligencia con aniquilamientos selectivos de líderes sociales en todo el país. Eran grupos criminales que resultaban perfectos aliados para realizar lo que el Estado estaba un poco más limitado para hacer con uniformes. Todos esos factores hacen que crezca Pablo Escobar», comenta Vera.

Mientras en el norte del continente una enorme nariz aspiraba cantidades industriales de polvo blanco, distintas agencias estatales norteamericanas también jugaron un rol destacado en estos vericuetos. Al respecto, Vera explica que «hubo una intervención de agentes estatales de Estados Unidos que quisieron utilizar el negocio del narcotráfico como una forma de financiar la guerra contrainsurgente en Colombia».

Plata o plomo, en ese orden, era la fórmula de Escobar para ganar voluntades. La novela abunda en casos prácticos de ese accionar. Desfilan funcionarios y policías corruptos, empresarios inescrupulosos, personas capaces de todo por el billete verde. Aunque bastante generalizadas, las situaciones aparecen como casos aislados o levemente mancomunados. Para Vera, sin embargo, «el manejo del narcotráfico no era una cuestión accidental, que implicara descuidos del Estado para que se mandara una lancha llena de cocaína». En su explicación, aparecen estructuras completas involucradas con el fenómeno narco. Recuerda que en aquellos tiempos el luego presidente Álvaro Uribe fue director de la aeronáutica civil colombiana, encargada del control de todo el tráfico aéreo no militar en el país y que «se ha demostrado que él fue uno de los funcionarios que legalizó pistas clandestinas para que pudieran aterrizar vuelos internacionales en zonas donde efectivamente tenía el control Pablo Escobar».

Además, «se sabe claramente que hubo asociaciones entre la Policía, el Ejército y el grupo de Escobar en zonas como el Magdalena Medio (región estratégica en la comunicación del norte, centro y sur de Colombia) y para establecer los primeros experimentos de paramilitarismo moderno».

Vera hace referencia a relaciones aceitadas que significaron «una política de Estado que fortaleció al Cartel y que no buscó debilitarlo, solamente cuando el Cartel se volvió un riesgo para el poder, recién ahí lo combaten de frente con todo tipo de tácticas del terror que terminaron afectando principalmente a la población civil de ciudades como Medellín».

patron-3LA GUERRA

La hacienda Nápoles, esa gigantesca propiedad de Pablo Escobar que incluía entre sus excentricidades un zoológico privado, fue permanentemente visitada por grandes personalidades de ámbitos diversos. Enormes fiestas coronaban la dinámica de aquellos dominios.

Para mediados de la década de los ochenta, sin embargo, esa dinámica de tranquilidad comenzó a mutar. Luego de la fugaz experiencia de Escobar como parlamentario, el laberinto se fue enredando cada vez y terminó en una guerra abierta entre el Cartel de Medellín y el Estado. Las consecuencias de aquellos años sangrientos todavía perduran en la memoria de las personas de a pie como heridas que dejaron huellas profundas en la memoria colectiva. Aquella pesadilla recién culminará, al menos en su instancia más pública y criminal, con la muerte del jefe narco.

Vera recuerda que varios edificios públicos de Bogotá exponían en sus ventanas cruces demarcadas por gruesas cintas que intentaban prevenir la voladura de astillas de vidrios en caso de atentados. Comenta que su cuñada conserva todavía una cicatriz producida por un estallido.

En esta etapa, la serie sintetiza, capítulo tras capítulo, los distintos actos terroristas llevados a cabo por el Cartel de Medellín, una metodología que apuntaba tanto a la población civil como a víctimas selectivas entre las que se incluyó a candidatos presidenciales, con el asesinato de Carlos Galán como caso emblemático. De esa manera, Escobar y su gente lograron tal poder de negociación que la prohibición de extraditar colombianos a los Estados Unidos fue incorporada en la reforma constitucional de 1991 hasta llegar a una entrega pactada de los principales jefes narcos, incluido Escobar.

En su análisis de El Patrón del Mal, Vera vuelve a cuestionar el enfoque que la novela dispensa al rol del Estado en aquellos años de sangre. Explica que «se recurrió a la tortura, se recurrió a la desaparición forzada para conseguir información de manera masiva, se practicó la limpieza social, como en el barrio Manrique de Medellín, donde pasaban las camionetas de la Policía disparando contra grupos de muchachos que estaban parados en las esquinas, porque se suponía que cualquier joven era susceptible de caer en las redes de reclutamiento de Pablo Escobar».

El periodista redondea la idea al exponer que «la forma de resolverlo por parte del Estado fue aplicar el terror de Estado de manera masiva, y obviamente eso también se aplicó contra un montón de organizaciones que no tenían nada que ver con el Cartel. Esas cosas no aparecen en la novela, esas cosas se quieren secuestrar en el olvido».

Al ser consultado por las repercusiones de El patrón del mal en Colombia, Omar explica que «la serie realmente tuvo un impacto muy grande. Todo ese tema está en la memoria de la gente de una manera muy difusa. Es un país que tiene presente los símbolos, que tiene presente la cara de Escobar, que recuerda los bombazos, pero que se olvida de la otra parte, porque a algunos grandes medios de comunicación no les interesa hablar de esta historia.

Se trata de construir un lugar común de fácil acceso al cual la gente recurre sin que le genere demasiadas preguntas, esa es la función que cumplen estas series. Una narrativa útil al interés de quien manda en el país. Se tiene que olvidar que Pablo Escobar mató a decenas de sindicalistas y a varios estudiantes, que varios de los paramilitares que aparecieron en los años siguientes surgieron del sicariato de Pablo Escobar o eran asesinos a sueldo de los hermanos Ochoa (integrantes del Cartel de Medellín). Esas cosas no se tienen que decir, simplemente se tiene que hablar de un criminal que tuvo una gran estructura y fue derrotada por el Estado colombiano».

La serie llega a su fin. Pablo Escobar yace en un techo de tejas. En el espectador se produce ese silencio que sobreviene cuando se recorre la última página de una novela atrapante, de esas que merecen ser leídas más de una vez. Los efectivos que le dieron de baja celebran el logro, se sacan fotos, sonríen junto al cadáver. Llega la madre del muerto, estalla en llantos por un hijo al que una vez, cuando niño y luego de alguna travesura, le había recomendado obrar con inteligencia para que en casos como esos nadie pudiera descubrirlo y regañarlo.

La entrevista también enfila hacia el final. En Argentina, la madrugada comienza a abrirse paso y la charla vía Skype ya superó su primera hora. Vera expone interesantes explicaciones sobre el narcotráfico luego de Pablo Escobar y aquellos grandes carteles, la articulación con la política y el paramilitarismo. El tema excede largamente los límites de este artículo porque el papel es tirano. La historia posterior y los vericuetos del narcotráfico durante el gobierno de Álvaro Uribe, aunque resulten una tentación de continuidad, quedarán para una próxima vez, al menos ese es el compromiso.

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La vida es eso que pasa mientras Sabella está pensando como ganar un mundial

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El periodista y escritor Román Iucht nos ayuda a pensar el mundial de Brasil. Negocios, política, medios y ¿fútbol de izquierda o de derecha? Pura sanata, sentencia: “Justamente, el juego bonito, vistoso, y que algunos ideologizan ‘de izquierda’, es el que plantean los más poderosos”.

Por Javier Campos

Fotografía: Ariel Vicchiarino

Otra vez nos abren la puerta de Radio Continental, como aquella mañana en que fuimos en busca de Víctor Hugo Morales. Ahora esperamos por un desobediente, como lo describió no casualmente el relator uruguayo, en ocasión del encontronazo entre nuestro entrevistado Román Iucht y el extécnico del seleccionado nacional, Alfio Basile, allá por 2006. Lo que saltó a la fama con una frase lapidaria del tenor “vos sos contra”, como le dijo el Coco a Román, terminó —luego de aquel episodio— con el joven periodista echado de TyC Sports. Cambio de época o época de cambios, actualmente Iucht está presentando un libro sobre el DT de la Selección, Alejandro Sabella; su segundo trabajo editorial luego del que realizara sobre Marcelo Bielsa. ¿Correrá la misma suerte el actual DT que el rosarino? “Esperemos que no”, dice y cierra la pregunta aunque después volvamos a compararlos.

Frente a frente, Román Iucht mantiene esa tranquilidad que se le vio ante el vozarrón de Basile. Prefiere un silencio, o una pausa inesperada, a conceptos de ligereza argumentativa y lingüística. Sobre todo cuando le traemos menudas preguntas: ¿Qué es, qué significa socialmente, qué representa un Mundial?, le tiramos así, todo junto. Entonces no le queda más que cruzarse de piernas y llevar su mano al mentón. “No podría hablarte de la generalidad. Pero sí es cierto que si en algún tiempo el mundial fue un fenómeno deportivo, en estos tiempos se convirtió netamente en un fenómeno comercial y social. El que sabe se compenetra, el que no sabe quiere saber. Cualquier encuentro que se da va a estar inmerso en este hecho tan importante. Y es, hasta en un punto, lo más peligroso, porque parecería que no ocurre nada más que lo que pasa en el mes del mundial. La realidad es que el mundo sigue andando, la gente sigue con sus problemas y sus objetivos. Ahora, por otro lado, si vamos a lo que significa lo cultural, como tradición o usos y costumbres, por supuesto que no imagino que el mundial se viva igual acá que en Noruega”. No se perdona citar a un equipo que no juega en Brasil, corrige y sigue: “Bueno, Noruega no está en el Mundial, pero por caso… ¡Bosnia! Y hay países con tradición futbolera, por ejemplo Francia, que tampoco se vive como acá. No está ni bien ni mal, pero el meridiano futbolero no los atraviesa, no los impacta como acá. Eso es evidente. Y en el caso de los mundiales son los momentos donde la gente siente la pertenencia: dice ganamos, perdemos. Es una sensación muy potente”.

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—¿Pero por qué con el fútbol?

Si repasamos la historia, los mundiales en los últimos treinta años fueron creciendo al ritmo de los medios de comunicación. Nada en el mundo creció tanto como los medios masivos, nada. Y los mundiales lo amplifican desde un lugar muy evidente. Pienso que hay una sinergia; los mundiales crecieron por los medios o los medios por los mundiales. Hay una especie de connotación y retroalimentación entre las dos cosas. Ahora si lo miramos desde el producto, desde la industria bueno… está en el medio la FIFA y siempre aplica la frase de que el fútbol es ese caso que es demasiado deporte para ser solo negocio y demasiado negocio para ser solo deporte. Pero a la FIFA poco le importa en el fondo el juego en sí mismo, pero sí le interesa mostrar el producto que es el mundial, propio de una multinacional, la FIFA que vende una industria, que se llama fútbol. La FIFA como una de las treinta multinacionales más grandes del mundo, de las más poderosas. Cosa que te demuestra lo que gana con estos torneos.

—Hablaste de cómo atraviesa el fútbol a los argentinos. ¿Se puede encolumnar lo nacional detrás de una camiseta?

Sí, con todos los problemas que eso acarrea. Lo bueno y lo malo. Y pasa porque el argentino presume de saber hacer algunas cosas bien: bailar el tango, tener una buena cocina, hacer el mejor dulce de leche, inventar la birome y ¡jugar bien al fútbol! Así que son ejes detrás de los cuales se compenetra.

—¿Por qué decís que “presume” jugar bien al fútbol?

Porque si uno lo piensa, desde 1990 Argentina no llega a jugar los siete partidos, es decir, no llega a la final. Y se jugaron diecinueve mundiales, de esos fue campeón dos veces, uno con un mundial que organizó en 1978 y con connotaciones particulares, algo que no opaca el esfuerzo y la capacidad de los jugadores, pero existieron otras cosas. Fue subcampeón del mundo en el treinta, que era otro fútbol; después se coronó campeón en el ochenta y seis y segundo en el noventa, donde ahí sí jugó los siete partidos con algo que es causalidad y no casualidad: Maradona, el mejor del mundo. Entonces, la presunción del argentino que juega bien al fútbol, que tiene que ser campeón del mundo, o que tiene que jugar los siete partidos queda al desnudo al ver que es una excepción y no la regla. Y además que tuvo que ver con tener al mejor de todos los tiempos. Son exageraciones de lo bueno y de creer en muchos casos que somos más de lo que la realidad muestra que somos. Eso muchas veces se traduce a los modos de vida.

—En el repaso nombrás el Campeonato del ‘78 y el Sub del ‘90. Si te cambio mano a mano un mundial por otro, en resultados ¿aceptás?

No, pensar eso es deslegitimar lo que hicieron los jugadores. Ese mundial, habiéndolo charlado con protagonistas, tuvo cosas raras, situaciones irregulares. Pero uno tiene que reconocer todo lo que los jugadores hicieron para ganarlo. Que el partido con Perú haya sido dudoso, no saca lo que Kempes hizo para hacer goles, Luque y el resto. Si bien para llegar a Holanda tuvo que pasar Perú, no hay nada para reprochar contra los holandeses porque Rob Resenbriken la última pelota no dijo “la voy a tirar al palo para tapar las sospechas”, no. Fue un partido durísimo, se pegaron y se dieron como en una final. Entonces ese mundial es observable por cuestiones políticas y por lo que representaba el mundial como espaldarazo de esa dictadura y sus nefastos objetivos. Pero el Pato Fillol, Passarella… son jugadores que jugaban por la Selección y la gloria deportiva, mirá, remarco esto: la gloria deportiva. Porque ellos ganando el campeonato del mundo, económicamente no les cambio nada comparado con muchos equipos que vinieron después y no pasaron de cuartos de final, se salvaron para toda la cosecha. No es una crítica negativa a los actuales. Pero expresa mucho qué se jugaban antes.

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—En Brasil se dan muchas situaciones que evidencian problemas estructurales de desigualdad, pobreza y exclusión. ¿Cómo ves eso en relación con lo placentero y espectacular del fútbol?

Es que una cosa es lo que a mí me representa la FIFA, como te decía: una multinacional, que como ninguna otra podría presentarse como solución a la pobreza. La FIFA propone un gran negocio cuando organiza el mundial. Hay que prestar atención a la construcción de los estadios, con esos edificios de cincuenta pisos, para ponerle una comparación: ahí gana más que en otros sectores. Después sí, vende entradas, etcétera. Ahora no lo pondría desde lo que el espectáculo promueve porque, sí es una obscenidad que se paguen cien millones de euros por el pase de Gareth Bale, obvio. Porque también se puede decir “¿cuántos chicos en Ruanda podrían comer con el pase de Gareth Bale”? Bueno pero el mercado del fútbol genera eso. Otro ejemplo son los contratos de los jugadores: se dice, de tal jugador, firmó un contrato de tres millones de euros por año, bueno pero ¿qué es lo que produce ese jugador? Para el mercado mueve mucho, son artistas, tienen un caché alto en función de lo que generan.

—Sí, quizás usando tu terminología, lo obsceno es que ese gran espectáculo, con sus altísimos costos se direcciona principalmente a los sectores populares.

Eso lo veo como políticamente correcto: decir que el fútbol es para los pobres. Lo ves en la cancha, hay energúmenos, que reaccionan de la peor manera, desde los palcos más caros. La idea de que el fútbol es para los pobres y el entretenimiento de los pobres es un pensamiento que se debilita por su propio peso. Ojo, sí para jugarlo, veintidós pibes con una pelota, desde lo inclusivo, el fútbol sí es para las clases populares. Pero se ven involuciones en ese concepto, porque cuando yo era chico ese razonamiento era porque estaba lleno de potreros, canchas de barrios, pero no hay más nada de esto. Sí es cierto que un pibe pobre, humilde, seguramente juegue al fútbol y no a la Play. Pero hoy ese pibe aun siendo pobre tiene más cantidades de elementos que tiempo atrás otros pibes no tenían. Y por otro lado, si todavía hoy no los tiene, tampoco sobran los potreros para que el chico se forme futbolísticamente ahí. En algunos lugares del interior puede ser que la tendencia sea menor. Pero la realidad es que no los hay y en parte explica por qué tampoco salen tantos jugadores.

—A la vez hay una mezcla de la base social de los jugadores y un mercado por arriba, elitista. Un ejemplo actual es Tevez, antes Maradona.

Eso desde ya. Lo que tiene que ver con la media, el universo de los jugadores de fútbol está compuesto por un ejército de pibes de las clases bajas y medias-bajas. Y esto lo hace complejo para analizar y para ponderar el mundo de los jugadores a la hora de que estas nuevas estrellas se cruzan con plata, fama, mujeres… que no necesariamente es prestigio.

—¿Tevez es la expresión del hincha argentino medio?

Posiblemente, pero eso responde al juego de Tevez. Y hasta el propio Sabella en el libro que hice reconoce su calidad de jugador y nadie podría negarla. Ahora, que la gente lo pida para la Selección tiene dos bases fundamentales: una que jugó en uno de los clubes más populares del país y respondió en su ADN perfectamente a la impronta de Boca. Lo otro, que se une a lo anterior, es su estirpe de personaje vendedor del cual los medios hacen su festín. Porque en cuanto a marketing, Messi no está representado con ninguna camiseta de un club grande popular y mediático. Tevez tiene el cartel perfecto para instalarlo y lo digo sin prejuicio sino para exponer cómo los medios pueden vender, a partir de la etiqueta, a un: villero, bostero, pobre, desfachatado, y finalmente ganador…

—Si me alejo del marketing, de lo mediático, llegamos a Sabella. Alguien que se podría definir como un trabajador, un tipo sencillo, detallista, silencioso… Me hace acordar a Bielsa, aunque ojalá con otro resultado.

—Mirá… si nos tomamos por el resultado y asociamos a Bielsa por lo de 2002, no. No hay que compararlo en eso. En su forma de trabajar y su modo de vida sí celebro que sea parecido a Bielsa. Porque pienso que el tránsito, en todos los aspectos de la vida donde el fútbol es uno, es tan importante como la llegada y el resultado final, sin negar que estamos hablando de fútbol y en el Mundial le fue mal, punto. No podemos tapar el sol con la mano, ni el propio Bielsa lo haría: el fútbol es un deporte para ganar y él perdió. Pero es cierto que Sabella tiene muchas características de Bielsa, poco argentinas. Poco argentinas futboleras, para ser más preciso.

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—Si le va mal le van a caer igual que a Bielsa…

¡Peor! Sí, lamentablemente se le va a caer peor. Porque Bielsa, a su manera, generaba algo que era la confrontación con ideas y eso dejaba desnudos a muchos periodistas. Sobre todo a aquellos que iban un rato para conseguir el primer título. Pero después las conferencias seguían y quedábamos pocos cuando los temas no eran la coyuntura amarillista. Él preguntaba ¿y a usted qué le parece? Evaluaba al preguntador. Había que estar a la altura para poder debatir con Bielsa. Y Sabella, por más que tiene una capacidad inmensa, hasta evita esta confrontación; lo que para muchos es ser tibio, no tener personalidad. De hecho, si no lo lleva a Tevez es que tiene mucha personalidad, porque para él sería más fácil llevarlo, cumplir con lo que quiere muchísima gente. Sería más demagogo, más populista, más simpático. Pero al no llevarlo, no está tomando una posición cómoda. Así que si Argentina no tiene un buen mundial por lo primero que le van a pegar, es por no llevar a Tevez y por el arquero.

—¿Se puede imaginar una Argentina campeón del mundo?

Uno no puede ponerse en el lugar de imaginar lo que va a pasar: tenés que vivirlo. El mismo Sabella me dijo que le aparece en su mente ese momento, pero que se le va rápido. Y te digo que la vida es eso que pasa mientras Sabella está pensando cómo ganar un mundial. Pero, es obvio que si lo gana, esto sí lo sé, se le van a subir muchos al carro.

“Conductor de Tirando Paredes; escribo en Canchallena; Un Caño y Playboy”, reza el poco activo Twitter de Iucht, quien no se muestra del todo cómodo a la hora de sentenciar sus posiciones cuando el fútbol nos lleva a los medios, y los medios a la política. Aunque para eso tendrá su explicación: “Justamente en este país, mucha gente opina de muchos temas con absoluta liviandad, y yo trato de tener una opinión lo más responsable posible, por eso hablo de lo que sé y nada de lo que no sé”. Dos medidas importantes —y en cierta medida, unificadas— como lo son la “Ley de medios” y el “Fútbol Para Todos”, cruzan de lleno la profesión de quien pivotea entre Víctor Hugo Morales y Fernando Bravo. ¿Entonces? “Está buenísimo que el fútbol sea gratuito, es súper saludable. Y en cuanto a la Ley de Medios siempre estuve a favor, más allá de que hay que tener resguardo respecto de ciertas decisiones que tienen que ser observadas”, apunta Iucht y prepara el remate.

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—¿Por ejemplo?

En cuanto a la ley, digo, que fue apuntada directamente contra la concentración del grupo Clarín, hay que tener presente que está el riesgo de que un Gobierno arme su propio multimedio y se termine convirtiendo en un boomerang que termine contradiciendo lo que se proponía. Pero si me centro en el Fútbol Para Todos, sigo pensando que hay cosas que involucionaron: como lo estructural para las transmisiones y la falsa idea de que porque sale por Canal 7 lo ve todo el país; en muchos lugares de la Argentina tenés que tener cable para ver la Tevé Pública, o sea es una verdad a medias, por lo tanto una mentira. Entonces, pienso, si no está la organización para hacerse cargo del fútbol es porque el interés era solamente sacárselo a Clarín pero sin plan a futuro. Y eso está mal, no tener una estructura para sostenerlo está mal. Hay que sincerar que lo importante del producto Fútbol Para Todos es el número, la medición; cosa que se evidenció este año. De lo contrario no se pondría un partido especulando con el rating de Seis siete ocho. Entonces si lo que querés buscar es una función social, tenés que estar por encima de eso. No podés poner un partido en horario del programa de Lanata para sacarle rating o, repito, poner el partido para después pegarle un programa ideológico del Gobierno. A ver, estas cosas no me parecen mal a priori, sí lo que generan: me parece mal que un partido se juegue más tarde ya que en un punto es no pensar en la gente. Pero por ahora todos tienen suerte porque, para mí, hoy el fútbol se mantiene exclusivamente por la pasión más que por todo lo que mediáticamente lo rodea y mucho menos por el nivel del fútbol en sí, que es pésimo y se juega mal.

—Que se “juega mal” o se “juega bien” es una discusión histórica. Si es mejor “ganar como sea” o “ganar bien”, también. Ahora, ¿se puede tender un puente entre lo ideológico y lo futbolístico? Jugar como tipo de izquierda, jugar como un señor de derecha…

Eso es una gran mentira. Es la antítesis, porque el fútbol que supuestamente es de derecha es aquel en el cual se trabaja mucho, se analiza, se estudia al otro. Pero es falso que eso sea “la derecha”, ya que con estos métodos los que menos tenían, los que iban a jugar contra poderosos equipos, pudieron enfrentar y luchar contra los que más figuras tenían y que por supuesto eran millonarios. Justamente, el juego bonito, vistoso, y que algunos ideologizan “de izquierda”, es el que plantean los más poderosos, porque se puede jugar de forma más agradable a costa de comprar a los mejores. Por todo esto me parece ya una discusión perimida, fallecida, no existe como tal. Muy similar a “jugar bien o jugar mal”: es inconducente, no conozco a nadie que diga que quiera ganar jugando mal. El problema es que se plantea una única manera de ganar jugando bien que, al mismo tiempo, es la propuesta hegemónica de los que tienen mucho, entonces seguramente para otros equipos más humildes, jugar bien es otra cosa. El que tiene poco no puede jugar como si fuera un gigante. Y si aspira a jugar así va a perder. No, ese caramelo… paso. Porque si bien algunos utilizan la palabra porque parece políticamente correcta, en el fútbol todo es tan raro que trabajar es mala palabra. Si bien el fútbol no es una ciencia exacta, los directores técnicos tienen que ser intervencionistas y dar herramientas, cosa que se consigue con el laburo. No concuerdo con los técnicos facilitadores que solo aspiran a cómo se levantó el jugador ese día.

—A su vez, el discurso del fútbol lindo y de izquierda se pudo imponer de alguna forma: Ángel Cappa es una especie de revividor de esta tesis con un ejemplo de equipo modesto y juego vistoso.

No. Por supuesto respeto el discurso barroco de Cappa, me parece muy florido, muy seductor pero creo que quedó fuertemente establecido, a partir de su equipo de Huracán de 2009, qué piensa del fútbol: pasaron seis años y sigue quejándose de un fallo arbitral. Sería más honesto que dijera: “bla, bla, bla, pero yo quiero ganar”. Pasa que es más romántico decir “nosotros nos involucramos con la belleza del juego, respetamos el genoma histórico del fútbol argentino”. Y también el discurso reduccionista de decir que determinado jugador es bueno, entonces nació en Barracas. Johan Cruyff nació en Ámsterdam y era un crack; hay miles de ejemplos. Eso va con creer que inventamos el fútbol y no es así; sí es cierto que acá se jugaba de una manera pero afortunadamente se fue adaptando a los tiempos que corren. Era muy romántico que un jugador salga a la cancha con la panza llena, como el Charro Moreno, pero eso era en el cincuenta, todo cambió y nosotros tenemos que adaptarnos también.

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El fantasma del Maracaná

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Alcides Ghiggia es el único sobreviviente de la selección uruguaya del 50, el hombre que dejó mudo al maracaná cuando metió el 2-1 definitivo en la final contra Brasil. Federico Bassahún viajó a su encuentro en Uruguay y escribió este texto. A nosotros nos gustó tanto que le pedimos a Gonzalo Gerardín que lo ilustre.

Por: Federico Bassahún (Revista Don Julio)

Ilustración: Gonzalo Gerardín

Alcides Ghiggia está parado solo en el centro del escenario. Está encorvado, tiene las piernas quebradizas, el pelo seco peinado hacia atrás, los ojos cansados y la nariz y las orejas grandes. Un oleaje de arrugas le baña la frente. Está serio. Tiene 85 años y sostiene un micrófono. Delante de él hay gente sentada en sillas de plástico; detrás de él, una publicidad del whisky Dunbar. Eduardo Larbanois y Mario Carrero acaban de cantar Crónicas de la soledad, una canción que compusieron para homenajear a la selección de Uruguay campeona del mundo en 1950. Ghiggia, que los acompaña de gira contratado por Dunbar, le guiña a Beatriz, su esposa, que está en la primera fila. Ella le sonríe.

— Disculpe, Alcides, disculpe. Pero digamé, digamé, ¿con cuál fue? —le pregunta un adolescente que se acercó, sigiloso, hasta el escenario—. Digamé, ¿con qué pie le pegó?

— Con éste, m’hijo —le señala, sorprendido, Ghiggia—. Con el derecho.

— Disculpe, ¿pero se lo puedo besar?

— Eh… bueno, bueno…

— ¿Puedo, Alcides, puedo?

— Bueno, m’hijo, sí.

El adolescente le besa el pie derecho y vuelve, emocionado, a su silla.

— ¡Bueno, menos mal que me bañé hoy! — bromea Ghiggia.

La gente se para y lo ovaciona, él vuelve a sonreír. Carraspea: está por contar la misma historia que cuenta desde el 16 de julio de 1950.

***

maracana-1Es 16 de julio de 1950, y Brasil y Uruguay empatan 1-1 en el último partido del cuadrangular final del Mundial. Obdulio Varela tiene la pelota, y se la pasa a Ghiggia. Ghiggia se la pasa a Julio Pérez y corre. Es rápido, Ghiggia. Cuando niño, jugaba carreras con Dick, el perro de caza de su papá, Alfonso. Es un novato, además: debutó en la selección hace apenas dos meses, el 6 de mayo, cuando Uruguay presagió –para olvido de los historiadores– el Maracanazo y derrotó 4-3 a Brasil en San Pablo, por la Copa Río Branco. Ghiggia corre, y Pérez le devuelve la pelota. Ghiggia esquiva a Bigode. Omar Míguez, el nueve de Uruguay, que entra por el medio, le exige: “¡Alcides, pasamelá, dale!”. Ghiggia lo escucha. El arquero de Brasil, Barbosa, también. Es un déjà vu: 13 minutos antes, Ghiggia también entró con la pelota por la derecha y centró para Juan Schiaffino, que anotó el 1-1. Por eso, Barbosa se mueve para interceptar el centro. Pero –la historia que se repite como farsa– Ghiggia no tira el centro para Míguez, que sigue desencajado: “¡Pasamelá!”. No: Ghiggia patea, la pelota entra, y las 200 mil personas que hay en el Maracaná enmudecen.

Ghiggia festeja, lo abrazan sus compañeros, pero Míguez, según recordaría Ghiggia en el libro Maracaná, la historia secreta escrito por el periodista Atilio Garrido, lo increpa:

— ¿No me oíste? ¡Te la estaba pidiendo! ¿Por qué no me la pasaste?

— Omar, dejala ahí, que ahí está bien.

Esa tarde, Uruguay salió campeón del mundo y Brasil vistió por última vez una camiseta blanca.

“Sólo tres personas –dijo Ghiggia en 2006– silenciaron el Maracaná: Frank Sinatra, el Papa Juan Pablo II y yo.”

***

Era el destino.

¿Cómo explicar, si no, que dejara de jugar al básquetbol en Nacional porque su familia era hincha de Peñarol?

¿Cómo explicar, si no, que su papá –rígido, estricto– le permitiera dejar de estudiar mecánica electrotécnica en la UTU (Universidad Técnica del Uruguay) para jugar al fútbol en Sud América?

¿Cómo explicar, si no, que no pasara en 1947 una prueba en Atlanta y que debiera volver al Uruguay y allí firmar con Peñarol, y así, sólo así, poder jugar el Mundial de 1950, porque por entonces los futbolistas que jugaban extramuros no eran llamados a la selección?

¿Cómo explicar, si no, que volviera a rechazar a Nacional, que lo quería, ya no para jugar al básquetbol, sino para jugar al fútbol, porque su mamá, Gregoria, le advirtió: “Si vas a Nacional, no pisás más esta casa”?

¿Cómo explicar, si no, que Emérico Hirsch, el entrenador húngaro que dirigía a Peñarol en 1949, lo viera de casualidad en un entrenamiento y lo pusiera de titular al partido siguiente?

Era el destino.

Así lo cree Ghiggia.

***

maracana-2Ghiggia jugó sólo 12 partidos para Uruguay y marcó cuatro goles: los cuatro, en el Mundial de 1950.

En 1952, trompeó al árbitro Juan Carlos Armental durante un clásico entre Peñarol y Nacional, y la Asociación Uruguaya de Fútbol lo suspendió durante 15 meses. Entonces –el destino, de nuevo– lo contrató la Roma.

Era, ya, una celebridad. Vestía tapados de piel, tenía tres Alfa Romeo, asistía a las fiestas del jet-set, conocía a Gina Lollobrigida y Vittorio Gassman, se alojaba en hoteles cinco estrellas, salía con actrices y modelos y era acosado por los paparazzi.

Estaba en otro mundo, y telefoneaba una vez por semana a su papá y su mamá para contarles de sus aventuras. Alfonso lo ponía al día con los partidos de Peñarol.

Ghiggia jugó ocho años en la Roma. También jugó las Eliminatorias para el Mundial de 1958 para Italia, junto a Schiaffino, pero Italia no se clasificó. Jugó apenas cuatro partidos en la temporada 1961/62 para el Milan, y volvió al Uruguay. Jugaría en Danubio hasta los 42 años.

Ghiggia Joven1El gobierno del Uruguay lo premió como había premiado a los otros campeones de 1950 cuando se retiraron: con un empleo público. Hasta 1992, Ghiggia se encargaría de vigilar que los apostadores no hicieran trampas en el Casino de Montevideo.

***

Las Piedras es Montevideo en miniatura. Las casas son bajas y grises, las calles angostas y transitadas por los mismos ómnibus metropolitanos, ya que apenas veinte kilómetros separan a la capital del Uruguay de esta ciudad en la que viven setenta mil personas y en la que José Gervasio Artigas derrotó en 1811 a las tropas realistas. Pero a Las Piedras no la atraviesa la 18 de julio ni Bulevar Artigas, sino una vía de tren que une Montevideo con Rivera, en el límite con Brasil. El ferrocarril vertebraba hace cien años al Uruguay. Era obra de la colonización, ya no de la corona española, sino del imperio británico. El tren llegó a fines del siglo XIX al Uruguay, a la par del fútbol: por caso, Peñarol es una invención de los ferroviarios de la Central Uruguay Railway, que jugaban a la pelota durante sus recreos.

Hoy, la vía del tren en Las Piedras está destartalada y cubierta, por tramos, de pastizales y hongos.

Hay, sobre ella, una feria de ropa: pequeños puestitos siameses a lo largo de una cuadra. Beatriz atiende, junto a su mamá y su hermano, el segundo puestito.

Pero no se encuentra, informa su mamá: “Está en la casa, está con Alcides”.

***

— ¡Ah, Ghiggia! ¡El pueblo le debe mucho a usted! —lo saluda Reinaldo Gargano, canciller del Uruguay, durante una fiesta en la Embajada del Brasil en Montevideo, en 2008.

— No, el pueblo no me debe nada. Ustedes, los que gobiernan, me deben —le responde, la voz grave, Ghiggia.

***

maracana-3En 1992, Ghiggia enviudó de su segunda esposa, Clara. Estaba solo, porque ni su hijo ni su hija le atendían ya el teléfono. Tenía 66 años, era jubilado y estaba deprimido. Entonces decidió irse de la, para él, ruidosa Montevideo. Empacó sus medallas y su ropa, y viajó a Las Piedras. Alquiló una casita en el centro de la ciudad y salía todas las tardes a la plaza para mirar a las palomas.

Una de esas tardes, conoció a una mujer y se pusieron de novios. Ella vivía con sus seis hijos en las afueras de Las Piedras. Hasta allí iba todos los días Ghiggia. Iba siempre corriendo por la banquina de la ruta.

— Oiga, Alcides, disculpe, ¿le puedo hacer una pregunta? —lo paró Homero Caro, un instructor de manejo que no lo conocía pero sabía que Ghiggia vivía en Las Piedras, desde arriba de su auto.

— Sí, diga —le respondió Ghiggia, agitado, transpirado: volvía corriendo de la casa de la mujer.

— ¿Le puedo preguntar qué hace usted en Las Piedras?

— Miro palomas. Y salgo con una señorita, pero no la quiero ver más.

— Y dígame, ¿a usted no le interesaría trabajar?

— ¿Trabajar? Bueno, m’hijo, ya estoy jubilado yo… Pero… pero podría ser…

— Se lo pregunto porque trabajo de chofer. Doy clases de manejo. Y tengo otro auto… si le interesa.

— Y… los autos me interesan, m’hijo. Siempre me gustaron. Bueno, sí. ¿Cuándo arranco?

Ghiggia le pidió a Caro que pusiera fin a la relación con la mujer de los seis hijos por él. Al día siguiente, Caro le llevó de regalo un televisor color a la mujer y le dijo que lo dejaba sólo si no lo volvía a llamar a Ghiggia. La mujer aceptó. Más tarde, ese día, le presentaría a Ghiggia a su primera alumna. Ella tenía 23 años, era hincha de Nacional y su nombre era Beatriz.

***

El cielo está gris y hay humedad. La gente recorre la feria. Los perros ladran. Hace frío.

En el segundo puestito, la señora acomoda la ropa. “Mi hija no los va a poder ayudar porque se está yendo a Montevideo”, avisa. “¡No, mamá, ahí viene!”, señala el hermano, y aparece Beatriz. Es bajita, mulata, tiene los pómulos redondos, los labios gruesos. Está apurada. “Es que me tengo que ir a Montevideo, gurises”, se excusa. “Se tiene que ir a Montevideo”, apuntala, ya enojada, la mamá. “Bueno, vamos, los llevo a verlo. Esperemos que no esté durmiendo la siesta”, dice Beatriz.

Cuando Caro le presentó a Ghiggia, Beatriz no sabía quién era. “Un tal Chichia, ¿lo conocés?”, le preguntó a su mamá cuando volvió de la primera clase de manejo. Al mes, ya estaban saliendo, y Ghiggia, cuenta Caro, dejó de ir a dar clases. Prefería pasar las tardes en el puestito de la feria. Mientras Beatriz atendía, él sacudía la mugre con un plumero. “La gente no lo reconocía”, cuenta Beatriz, mientras abre la reja de la casa, que da a un pasillo largo, con macetas a los costados. Hasta que una tarde, mientras él blandía el plumero, una niña que iba con el abuelo se acercó, lo miró de arriba abajo y se puso a llorar.

— ¡Es él, es él! ¡Abuelo, es él!

— ¿Qué te hizo este hombre? —le preguntó a la niña el abuelo, que miraba a Ghiggia a los ojos.

— No le hice nada, señor. Nada —se atajó Ghiggia.

— ¡Abuelo, es él! ¡El de la tele! ¡El del Mundial!

— ¿Qué Mundial? Vamos, no llore así, m’hija. ¿De qué Mundial? —la consolaba el abuelo.

***

Otra tarde, otro abuelo se presentó en el segundo puestito de la feria. La noticia de que el campeón del mundo de 1950 vivía en Las Piedras había corrido ya.

— Disculpe, don Alcides, pero mi nieta cumple 15 años el sábado y pidió de regalo que usted, que es su ídolo, esté presente. Somos de Tacuarembó.

Ghiggia y Beatriz viajaron ese sábado a Tacuarembó, que está a 380 kilómetros al norte de Las Piedras. Cuando Aranza, la cumpleañera, entró al salón, sonriente y con su vestido blanco, vio que en la mesa principal, la de su familia, estaba Ghiggia: fue hacia él, con lágrimas que le corrían el maquillaje, y lo abrazó.

“Aranza –comenta Beatriz– todavía lo llama a Alcides. Y vino a visitarlo cuando fue el accidente.”

***

Ghiggia está enojado, resentido. Siente que la gente no lo valora, que el Estado es avaro por darle 15 mil pesos uruguayos (alrededor de 700 dólares) de jubilación más una pensión graciable, y que los periodistas sólo se acuerdan de él los 16 de julio. “Por eso –advierte Beatriz antes de entrar a la casa para preguntarle si quiere recibir visitas– él cobra las entrevistas. Además necesitamos el dinero para terminar la casa.”

La casa queda en la Ruta 67 y está construida por la mitad. Para terminarla, Ghiggia aceptó la propuesta del whisky Dunbar para salir de gira por el Uruguay con Larbanois y Carrero. Él debía entretener a la gente en el intermedio del recital. Además vendió un pie de oro que le habían regalado en Mónaco a cambio de 24.900 dólares que desembolsó el Banco República para subastarlo. También vendió la medalla de campeón del mundo, aunque siempre lo negó. “Si acá la tengo”, la mostraba, y decía la verdad a medias: la vendió, pero la compró un socio de Paco Casal, el dueño del fútbol uruguayo a través de la empresa televisiva Tenfield, que se la devolvió. Casal le da 400 dólares al mes, y hasta le regaló un Renault Clío. El Renault Clío del accidente.

maracana-4El 13 de junio de 2012, Ghiggia, que iba con Beatriz y su cuñada, conducía por la Ruta 5 cuando un camionero lo chocó. Ghiggia no llevaba puesto el cinturón de seguridad y salió despedido del auto. Sufrió traumatismo en la cabeza, traumatismo en el tórax, una deficiencia pulmonar, fractura de rótula, fractura de brazo, fractura de tobillo y una lesión grave en la cadera. Estuvo internado en coma farmacológico durante 37 días en Montevideo.

— Entren, entren, que Alcides está acostado pero despierto —invita Beatriz, sonriente.

***

El living es pequeño. Hay fotos y recortes de revistas encuadrados arriba de una repisa. Pero no está la camiseta que usó Ghiggia ante Brasil en el Mundial: cuando viajó a Roma, se la dejó a su papá, que la guardó, cual reliquia, en una caja. Cuando volvió al Uruguay, Ghiggia se la pidió, pero cuando él y Alfonso abrieron la caja, la camiseta ya no estaba: se había desintegrado.

La habitación está apenas iluminada. Hay un plasma colgado de la pared y un gato a los pies de la cama. En una mesita de luz, hay una foto de Ghiggia con la camiseta de Uruguay y otra de Beatriz cuando joven. En la otra mesita de luz hay una caja de zapatillas con remedios. Al costado, un andador: Ghiggia volvió a caminar, pero todavía le duele la pierna.

El último sobreviviente del Maracanazo está acostado, con la frazada hasta el cuello.

— Los chiquilines vienen a visitarte —le dice Beatriz, siempre sonriente.

— Siéntense, chiquilines —invita Ghiggia, que no deja de mirar la tele. Hay una película en Isat, pero apenas si se ve por la lluvia. A él no le importa: es una distracción para no dormirse y así poder mirar el partido de Uruguay e Irak, por la semifinal del Mundial Sub 20. Me siento en un silloncito que está a su lado. Allí se sienta a diario el médico que controla que esté bien y que tome los medicamentos (porque Ghiggia, a veces, no los quiere tomar).

— Vienen periodistas de todo el mundo a verlo, ¿no, Alcides? —cuenta Beatriz.

— Sí, de todo el mundo —asiente Ghiggia.

— ¿Cómo está del accidente?

— Mejor. Pero los días de humedad, como éste, me hacen doler la rodilla. Por eso no salgo a la calle cuando hay humedad.

Suena el teléfono.

— Ésa debe ser tu mamá —le dice Ghiggia a Beatriz, y atiende—: Hola, suegra, ¿cómo anda? Ah, sí, está acá… Bueno, le digo… Sí, va a ir a Montevideo… Sí, ya sale para allá… ¿Pero va a comprar ropa para el local o para ella? ¿Usted paga, no? —sonríe Ghiggia y le guiña a Beatriz, quMaracanazooooe también sonríe—. No me quería mi suegra —cuenta cuando cuelga el teléfono.

— Por la diferencia de edad era, por la diferencia de edad —acota Beatriz.

— ¿Y ahora?

— Ahora me quiere —vuelve a sonreír Ghiggia.

— ¿Y alguien no lo quiere?

— La gente se olvidó de Alcides —intercede Beatriz—. En el Interior del país, sí es muy querido. La gente lo reconoce y se vuelve loca con él. Pero en Montevideo, no. ¿Te acuerdas, Alcides, de aquel señor que te vio en el peaje en Paysandú y se bajó del auto para pagártelo?

— Sí que me acuerdo. O de ése que nos pagó el almuerzo en no sé dónde.

— ¿Y acá en Las Piedras? Sé que una cancha lleva su nombre y están por inaugurar una estatua suya.

— Naaaa, qué van a poner una estatua.

— La gente acá lo reconoce pero lo mira de lejos —detalla Beatriz—. La gente es mala, y habla, discrimina, por la diferencia de edad.

— La estatua, la estatua… —refunfuña Ghiggia.

— Bueno, la estatua está, pero no se parece en nada a Alcides.

— La mandó a hacer Homero Caro, pero cuando la vi no se parecía en nada a mí.

— En nada.

— ¡Me hicieron rubio! ¡Y yo nunca fui rubio!

— ¿Es cierto que viajó por todo el Uruguay de gira contratado por Dunbar?

— Por todo el país —responde Ghiggia.

— Por todo el país —responde Beatriz.

— Vi que tiene fotos y entrevistas recortadas en el living. ¿Tiene los relatos del gol a Brasil, también?

— Sí, los tengo, pero ella no me deja escucharlos. Hace años que no me los deja escuchar.

— Es que Alcides está grande y se me emociona mucho. Tengo miedo de que le pase algo.

— Tengo el relato de De Feo, Pelliciari, Soler… —cuenta Ghiggia, y los ojos se le llenan de lágrimas.

— Bueno, y nosotros nos conocimos en la escuela  de manejo, ¿no, Alcides? —interrumpe Beatriz para que Ghiggia vuelva al presente. Ya lo decía Obdulio Varela: “Recordar es malo”.

— Yo era su profesor —vuelve a sonreír, pícaro, Ghiggia.

— Es que a él siempre le gustaron los autos, la velocidad y… dejalo ahí…

— ¿Y las mujeres?

— Y las mujeres —refunfuña Beatriz y Ghiggia se ríe. Acota:

— Bueno, siempre me gustaron mucho las mujeres. Pero estoy con ella. Nos entendemos.

— Salvo en los clásicos, porque yo soy de Nacional, y no podemos ver los partidos juntos.

— Ella se va a la cocina y yo me quedo acá, en la cama.

— Sí, pero cuando Peñarol hace un gol, Alcides sube el volumen de la tele para que yo lo escuche desde la cocina.

— ¿Siente que no es reconocido como debería?

— Alcides siempre dice que nació en la época equivocada, que hoy sería mejor que Messi, ¿no, Alcides?

Ghiggia asiente.

El hermano de Beatriz está en el living. Recién llegó. Tiene que llevarla a Montevideo. Ghiggia pone VTV para ver Uruguay-Irak. Beatriz le avisa que va hasta Montevideo y vuelve. “Andá tranquila”, le responde Ghiggia, tapado hasta el cuello. Salimos. Beatriz y su hermano, también. Ella cierra la puerta con llave.

Liliana Vitale: «la energía del arte es revolucionaria»

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Liliana es una mujer excepcional, integrante de esa curiosa usina de arte y artistas que es la familia Vitale. En estos días celebra la salida de su nuevo disco Al día y cuenta cómo la música le salvó la vida en tiempos de dictadura.

Por Cocó Muro

Fotografía: Marilú Maygret y Patricia Ackerman

En lo de Vitale puede pasar que mamá Esther esté revolviendo un guiso en la cocina mientras habla por teléfono con la discográfica Sony y que hermano Lito reciba a un músico que llega para grabar con la misma calidez con la que le da la bienvenida a una periodista que busca a su hermana Liliana que está arriba, cebando mate en una terraza repleta de plantas frondosas.

La casa de los Vitale en San Telmo es, además de un centro de unión y reunión, una usina creadora de donde salieron algunas de las experiencias más ricas de la música popular argentina: hay un estudio de grabación, allí funciona el sello CICLO 3, hace poco inauguraron una suerte de editorial y arriba es donde Lili da clases de canto.

Impartir enseñanzas es una constante en la vida de los Vitale. Fue su papá, Donvi, quien les inculcó el valor de la pedagogía como acceso a la libertad. «Hay que tener conciencia de las condiciones y, a la vez, de los condicionamientos. Al saber cuáles son las limitaciones, empezás a sentirte más libre», dicen que decía.

liliana-1En lo de Vitale está todo atravesado y conectado: el arte, la familia, la música, el aprendizaje, la literatura. Cada cosa es parte del todo. Tal como sucedía en M.I.A. (Músicos Independientes Asociados), la primera experiencia de los Vitale funcionando en tándem, motorizada por mamá Esther Soto —cantante, antropóloga y autora del libro de poesías Adalay, las almas sin edad—  y papá Donvi Rubens Vitale —dirigente sindical, maestro de músicos y autor del libro Un linyera establecido—.  En M.I.A. todos hacían todo y lo interesante era su sistema organizativo: la mayor parte eran alumnos de Donvi (y alumnos de los alumnos), entroncados con los grupos de rock argentino. Pero no era un grupo de músicos armado sino que se integraban entre ellos formando dúos, tríos, cuartetos, lo que les viniera en gana, o según cómo lo sintieran.

Más de veinte personas pasaron por M.I.A., no solo músicos, también poetas, artistas plásticos, técnicos, productores. Además de los Vitale estaban Alberto Muñoz, Nono Belvis, Juan del Barrio, Daniel Curto, Verónica Condomí, Perla Tarello, Carlos Melero, Gustavo Mozzi, Mex Urtizberea, Kike Sanzol, Andrea Álvarez y Luis Samolsky, entre otros. La experiencia se llevó adelante a lo largo de cinco años y fue la primera propuesta independiente dentro del rock made in Argentina en tiempos de dictadura militar, era un refugio cultural. Editaron cuatro discos: Transparencias (1976), Mágicos Juegos del Tiempo (1977), Cornonstipicum (1978) y Conciertos (1979, un álbum triple en vivo) y todos salieron bajo el sello CICLO 3, la misma firma que usa Liliana hoy para sus discos.

M.I.A., en calidad de cooperativa artística independiente, desafió el ritmo de su época y sembró el germen de la autogestión en el ambiente de la música argentina. Hasta los Redondos guiaron su carrera inspirados por la iniciativa de los Vitale.

A mediados de los setenta, Liliana tenía dieciocho años y la experiencia con M.I.A. fue su educación musical, pero más que nada sentimental. Así fue como aprendió a hacer todo desde ese lugar experimental, autogestionado, independiente, abierto a la participación. En M.I.A. Liliana tocaba la batería porque Lito necesitaba un baterista y a ella todo le daba curiosidad. «Cuando éramos chicos nos decían que parecíamos Los Carpenters, además yo tengo una coloratura medio grave en la voz como Karen, pero nunca quisimos eso con Lito, ni ser los Pimpinela, ni los hermanos que cantan, nos parecía horrible. Nunca hicimos dúo porque él es muy músico instrumental, más de los sonidos, y yo tengo todo este rollo con las palabras y la poesía».

Este amor por la musicalidad de los textos, la llevó a incluir en Al día —su último disco/DVD— una suerte de spoken word que juega con textos de Julio Cortázar y de Miguel Abuelo. Algo muy parecido hizo en 2002 con el álbum La vida en los pliegues, basado en obras del poeta suizo Henri Michaux y grabado junto a Bam Bam Miranda en percusión, Lito en teclados y las ilustraciones del artista Jorge Cuello en el arte del disco. El material fue compuesto, ensayado y grabado en 1990 en «la casita de mis viejos», como le dice Liliana a la casona de San Telmo, pero por cuestiones de derechos de la obra de Michaux, salió a la venta recién doce años después.

«Hago una intervención rítmica sobre los textos y en vivo sale siempre distinto. Hay una estructura definida, pero hay un margen que tiene cierta soltura, como si las palabras fueran macerándose y haciendo su forma. Así me ha pasado con muchas cosas», explica sobre su último trabajo.

La banda que formó espontáneamente está compuesta por Facundo Guevara y Ana Ponce en percusión, Kike Ferrari en contrabajo, Eliana Liuni como vientista y Mariano Delgado en la guitarra. Ella toca el piano y canta, recita, oficia de curadora.  «En el disco hay tres cosas inéditas y hay nueve canciones que ya había grabado en otros discos y que son versiones actuales de esos temas. De lo nuevo está el texto de Cortázar y Buen día día de Miguel Abuelo que tiene que ver con la textura que la palabra va adquiriendo adentro de uno y también con la performance de decirlo en vivo. También hay un devenir armónico debajo del texto. Buen día día es un poema largo y Miguel lo hizo sobre dos acordes, tiene un viaje impresionante».

 ¿Lo conociste a Miguel Abuelo?

Sí.

En ese texto, las palabras son instrumentos.

Yo empecé a jugar con la armonía, entonces hay unos cambios musicales debajo. Para terminar el disco pusimos Jardín de Gente de Spinetta y eso salió azarosamente en una prueba de sonido cuando estábamos por arrancar la sesión de grabación y filmación. Estábamos probando sonido y yo empecé a tocarla en el piano, Facu agarró el cajón,  Kike el contrabajo y quedó una versión muy a la parrilla sin arreglos.

liliana-2¿Por qué elegiste ese tema?

Porque me enganchó desde la primera vez que escuché Los Socios del Desierto y porque siempre ando cantando canciones de Spinetta en distintos momentos de la vida y en ese momento era Jardín de Gente. La dejé así porque, aunque fue azarosamente, es como un epílogo, es un comentario político o social que nunca había explicitado en las cosas que hice. Siempre me interesó la política, desde muy jovencita: soy de la generación del setenta. En la escuela era la delegada, estaba acá y allá, iba a las reuniones… hasta que en el Golpe estaba simultáneamente en el grupo M.I.A. y, como mucha otra gente, dejé la militancia y todo fue la música, el rock, el quehacer artístico. Por un lado fue buenísimo porque me salvé la vida, pero por otro lado quedó una vocación política trunca, quedó como blindado, cortado y prácticamente no retomado. Cuando comienza la democracia, el alfonsinismo, hubo un despertar de la participación pero tampoco tenía la característica de la participación consciente que hoy podés ver en la sociedad. A favor o en contra, pero hay un haber abierto los ojos a un verdadero juego de poder que uno ignoraba. Yo fui criada con gobiernos militares en donde el bacalao se cortaba en lugares misteriosos y no sabías bien.

Hoy también hay otro acceso a la información y los jóvenes se animan a participar.

Claro que sí. A muchos jóvenes que militaban en mi época los liquidaron.

liliana-3El comentario político en Jardín de Gente ¿dónde lo encontrás?

Spinetta escribe esta canción en los noventa y critica la realidad en un momento en el que se vivía un individualismo y un liberalismo a full, de sálvese quien pueda y de cantidad de gente cayéndose de la lona tremendamente, una gran clase media y los estratos de poder más altos disfrutando mucho de comprar en Miami. Una cosa espantosa. Spinetta dice «estás ciego al creer que podés evitar este jardín de gente…»

Habla del collage también.

¡El collage de la depredación humana! La insensibilidad de ver gente durmiendo en la calle, comiendo de la basura, como si todo el mundo hubiera tenido una amnesia de que acá en la esquina vivía una familia. Yo ahora no veo gente durmiendo en la calle en San Telmo. Acá a la vuelta había unas setenta personas durmiendo en la esquina en 2001, 2002. La gente que protesta es desde ese lugar, el collage de la depredación humana no tiene tiempo: es el tipo que no ve con el corazón lo que está pasando a su alrededor, solo ve su propio interés y si aumentó el dólar. La canción de Spinetta es un grito desenfrenado de decir «alguien debió conservar y cuidar…». Hay que cuidar y proteger, con dinero no se compra el amor, y parece una perogrullada pero hay que recordarlo cada tanto, por eso me parece un comentario político.

Y desde un lugar poético.

Claro, sin ir directamente. Y bueno, es Spinetta.

¿Lo conociste a Spinetta?

Sí.

liliana-4La curiosidad inagotable de Liliana la lleva a estar constantemente cuestionándose y buscando. Su libertad creativa escapa a los cánones establecidos y lo suyo es una revolución permanente: desde la música, desde la palabra, desde la manera que tiene de hacer las cosas y contagiarla. Ahora está entusiasmada con su nuevo disco, que la tiene «requetefeliz y al día, como se llama el disco». Liliana cree en la empatía, en que el azar no es solo azar, que las cosas suceden por alguna razón a veces oculta. Es que ella está atenta a esas vibraciones que resultan en armonía, como pasa con la música.

«Tengo y tenía planes de hacer algún trabajo nuevo pero en ese ínterin, el azar de la vida me cruzó con estos músicos. Primero con Eliana y Ana, que tocamos bastante en trío y eso me reconfiguró el amor por la comunicación con los músicos y la música que sucede en ese intercambio», cuenta Lili. «En vez de pensar un disco y decir “quiero llamar a tal”, fui invitando a uno y a otro, y en ese azar empezaron a sonar nuevos algunos temas viejos y mientras tanto iba buscando textos como el de Cortázar o Buen día día. En un momento, gracias a mi hermano que es de una generosidad infinita y hermosa, pude llevar a cabo una filmación para un DVD, algo como para aggiornarme también porque hacía años que no sacaba un disco solista, desde Al amparo del cielo, en 2006. Para Al día, tenía toda la disposición de ver qué pasaba ahora y la pulsión de poner lo que apareció en el momento, las ganas de hacer backup. En el disco puse: «Las palabras de los poetas para ponerse al día».

liliana-5¿De ahí tomás el nombre del disco?

El disco, de entrada, se llamó Al día. Es como atrapar un presente. No estuvo muy planeado, fue hecho en el fragor de las cosas, ahí fue tomando forma. Esto fue medio como en vivo y tengo ganas de tocarlo mucho.

Es un nombre muy positivo.

Es vivir el presente, estar ahí. Además está lo diurno…

Estar «al día» es estar a la altura de las circunstancias también.

Claro, y por eso lo político, porque me importa. Aunque no tenga que ver con lo artístico, pero lo artístico sí se recorta de tiempo y espacio. Spinetta, veinticinco años atrás, pudo hacer un tema que hoy significa y pasado mañana también, pero en este presente no es menor cómo está —inclusive el Estado mismo— yendo a la vanguardia de cosas que la sociedad no ha terminado de deglutir, eso es lo que me parece alucinante. Generalmente, los Estados sobreponen una situación de opresión frente al pueblo —como en las dictaduras— o son recontra burgueses, caretas, y son las luchas populares las que corren el arco, las que generan los cambios profundos. Ahora, que un Estado además tome las banderas, y se adelante a los reclamos populares… Me encanta pertenecer a este tiempo. Se asienta un precedente de vinculación en Latinoamérica que, aunque venga otro signo político, ya existe lo del interés común, lo de defender las cosas que uno hace como concepto general, como amor por el lugar que te nutre. Eso sería nivelar para arriba, ojalá todos los signos políticos participaran de la contienda que sea, que ninguna vaya para atrás con cosas que ya fueron para adelante, después cada uno hará su estilo, su onda.

Hay varios casos en que el arte legitimó luchas sociales, es decir, tiene un rol importante dentro de los cambios profundos del inconsciente colectivo.

La energía del arte es revolucionaria de por sí porque te mueve el piso, te sensibiliza, mientras que las estructuras, en general, lo que tienden es a insensibilizarte, a mantenerte fijo e inmóvil.

Himno a la dopamina

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Advertencia: la siguiente nota puede hacerte mover la patita.

«Hey Jude» es un tema simple pero hermoso. Un clásico. Ningún terrorista psicológico sería tan cruel como para encenderlo innecesariamente, ya que su nivel de viralidad hace imposible saber cuándo va a detenerse y todavía queda toda una nota por leer. Pero, de todas formas, qué lindo tema es «Hey Jude». Ese pianito inicial, austero y eficaz, acompañando la voz del bajista con el bajo más feo de la historia; la batería resfriada de Ringo; y el corito que se va haciendo lugar desde temprano, presagio de ese infalible y tribunero final. En fin, un Himno de la Alegría sesentoso que ni el metalero más cumbiero puede arrancar con facilidad de su cabeza. Porque, desde la señora paqueta en el palco del Colón hasta la belieber más hormonal, todos somos presos vip de esa insoportable nube de sonidos ordenados a la que llamamos «música». Bueno, casi todos.

Podemos separar a la humanidad en dos grandes grupos: por un lado, aquellos que disfrutan en mayor o menor medida de la música y, por el otro, aquellos que carecen de ese ente abstracto, misterioso e imaginario al que llamamos «alma». Sabemos que alma, espíritu, Dios y el resto de la banda viven todos en el mismo barrio: el cerebro. La voraz atracción por la música —o su incomprensible indiferencia— está contenida justamente ahí, en ese flan de neuronas; y, por fuera, el casquito que lo protege y que sostiene nuestros micrófonos naturales.

Hacemos música desde hace una bocha. Y no estamos hablando del cri-cri nocturno o de despertar gente a las seis de la mañana desde una rama. Nosotros no hacemos música para aparearnos (cri-cri) o para defender un territorio. Hacemos música medio porque sí, desde hace por lo menos cuarenta mil años, según sabemos gracias a que un grupo de esos que hacen pozos y pincelean cositas encontró una flauta de hueso que data de ese tiempo.

Por qué somos una especie tan musical —en otras palabras, cuál es el valor adaptativo de la música— está más discutido que penal al borde del área. Algunos sostienen que, técnicamente, no sirve para nada, o al menos no sabemos para qué sirve. El propio Darwin, que además de mirar bichos miraba gente, se resignó a pensar que la música era de las cualidades más misteriosas e inexplicables del ser humano. Y es que entender cómo un estímulo así de abstracto como es la música es tan fundamental para nuestra especie es una tarea utópica imposible de abordar. O no.

dopa-1Robert Zatorre, quien nació y creció acá a la vuelta pero que por alguna razón se llama «Robert», es co-director del International Laboratory for Brain, Music and Sound Research (BRAMS, para los pibes) en Canadá. El doctor Zatorre siempre tuvo aptitudes musicales. De chico soñaba con ser organista, pero finalmente optó por el camino de la ciencia, demostrando una sorprendente afición por las vocaciones anticonceptivas. De todas formas, debe ser uno de los científicos más copados que existen. Básicamente, le pagan por meter gente dentro de un resonador magnético, hacerle escuchar música y medirle cositas. Suena fácil, pero tampoco es tan así.

La música es un estímulo mega complejo. Involucra el sentido de la audición, claro, pero también activa toda una batería de respuestas fisiológicas relacionadas con la memoria y las emociones. Por lo tanto, la tarea de Robert tiene dos aspectos bastante intrincados. Por un lado y como en cualquier experimento, diseñar protocolos en los que sea posible fijar todas las variables posibles, exceptuando aquella que uno quiere medir. Por el otro, poder interpretar los resultados y convencer a la comunidad científica de que esa manchita que él ve en una pantalla correlaciona con un patrón en una melodía o en el ritmo, por ejemplo. Así se va armando el rompecabezas de los procesos neurofisiológicos que ocurren cada vez que la rockeamos.

Robert la tiene tan clara en esto de tratar de entender qué nos pasa con la música que realmente no se explica cómo Quilmes todavía no lo convocó para que forme parte del gabinete que diseña los insufribles temas del verano. En una de sus publicaciones más notables, el equipo de Zatorre encontró que la diferencia entre el placer que generan la comida, las drogas, el dinero, la flaca de vestidito y la música es, básicamente, ninguna.

A lo largo de la evolución, nuestro cerebro fue adquiriendo upgrades de todo tipo, siendo lo último en tecnología cerebral las cortezas, o sea, las capas de neuronas más externas. A medida que vamos creciendo, nuestra corteza auditiva —situada a cada costado del cerebro— va tejiendo patrones de melodías y ritmos que terminan dando lugar de alguna manera a nuestros gustos musicales. Escuchar música es, básicamente, comparar lo que está sonando con esos moldes que fuimos forjando a lo largo de la vida. Pero hasta acá no se prendió ni un encendedor. El espadazo emocional aparece recién cuando esos sonidos coinciden con nuestra expectativa, y no está a cargo de las arpías y calculadoras cortezas cerebrales. Cuando ese «Naaaa, na na nana nanaaa, nana nanaaa, Hey Jude» da en la tecla, la corteza recluta a un viejo compañero de eras que se prende en todas las jodas.

Lo que Robert encontró es que, cuando se desatan momentos placenteros durante una experiencia musical, aumentan la actividad y los niveles de dopamina en nuestro sistema límbico, una región bastante primitiva, ubicada en el centro del cerebro. El sistema límbico corta el bacalao del placer —en realidad, estrictamente hablando, tiene más que ver con la motivación que con el placer— y es lo que evolutivamente nos impulsa a querer alimentarnos y aparearnos. Así sobrevivimos y perduramos como individuos y, por ende, como especie.

Y acá es donde empezamos a resolver el tetris que Darwin nos dejó picando. Parece ser que la música no es más que una intrusa cultural, un polizón copado que se cuela en esa ancestral ruta de la dopamina. Hacemos música para expresar emociones y sentimientos, sí, pero principalmente porque nos da placer, un placer ilegítimo que parasita una estructura evolutivamente esculpida por otras fuerzas.

Sean perdonados entonces aquellos los sin alma por no poder poblar sus cortezas con patrones musicales o por no poder advertir de ello a sus sistemas límbicos y, en consecuencia,  por no estar en este momento moviendo las patitas de todas sus neuronas, apestados de «Hey Jude».

Apuntes sobre las comunas bolivarianas

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Luego de ganar las elecciones de 2012 Chávez declaró que se abría un “nuevo horizonte político” y que el mismo estaba ligado a la construcción del “Estado Comunal”, una tarea enorme que encomendó a todo el pueblo venezolano y a Nicolás Maduro en particular. Pero ¿qué son y qué significan las Comunas Bolivarianas? ¿Cuáles son sus límites y potencialidades dentro del proceso revolucionario? Desde Venezuela Marcos Teruggi escribe sobre la fibra más íntima del socialismo del siglo XXI.

Por Marco Teruggi

Fotos: Milangela Galea

Una conclusión que he sacado al cabo de muchos años: entre los muchos errores que hemos cometido todos, el más importante error era creer que alguien sabía de socialismo, o que alguien sabía cómo se construye el socialismo.

Fidel Castro Ruiz, 11 de noviembre de 2005.

Han pasado quince años desde que se inició en Venezuela el proceso político conocido como revolución bolivariana. Quince años en los que un pueblo junto a un hombre, el comandante Hugo Chávez, volvieron a encauzar la historia en una dirección: el socialismo, el del siglo XXI, bolivariano, que es decir profundamente venezolano y nuestroamericano.

Volvieron a proponer el desafío más grande, el de la transición, la salida del capitalismo. El proceso de “devolverle al cuerpo social los poderes usurpados”, como lo definió el pensador y militante Aldo Casas. Para eso probaron, armaron y desarmaron, buscando las mejores formas y contenidos, haciendo propia la máxima de Simón Rodríguez —maestro de Simón Bolívar—: “inventamos o erramos”. Y esos ensayos fueron hechos desde esa certeza: el poder debe regresar al pueblo, un pueblo necesariamente organizado.

En esa búsqueda, ese camino conducido centralmente por Hugo Chávez y apropiado por la mayoría, aparecieron las comunas (su ley orgánica se remonta al 2009, la de los consejos comunales; sus cimientos, al año 2006). Estas fueron concebidas desde el principio como un paso en un horizonte de más, un más que en el proceso venezolano tomó el nombre de Estado Comunal. El viejo y vital proyecto, el de “pulverizar el Estado burgués”, como dejó escrito Hugo Chávez en el plan de gobierno para el período 2013-2019.

Intentar acabar con lo existente, lo heredado (burocrático, excluyente, opresivo) significó en el proceso bolivariano —y lo sigue siendo de manera cada vez más urgente— poner en pie lo nuevo: una nueva institucionalidad conformada desde el pueblo, hecha por millones, enraizada en cada territorio. Ir sentando las bases de una nueva forma estatal, de la vida misma de las comunidades. Por eso las coordenadas principales de las comunas fueron desde sus inicios dos: autogobierno y autogestión.

comunas1Una posible fotografía actual

Existen en este momento 632 comunas registradas en el país, y más de 800 en construcción. No hay un estado (provincia) venezolana donde no exista una comuna en pie. Las cifras para esta fecha en el año anterior eran muy diferentes: menos de cuarenta comunas registradas —la primera lo había sido en agosto de 2012—, y un desconocimiento estatal y popular acerca de la cantidad real. Las comunas eran para muchos solamente un proyecto de Hugo Chávez con un correspondiente ministerio creado para tal fin: el Ministerio del Poder Popular para las Comunas y Protección Social, desde el año pasado renombrado como Comunas y Movimientos Sociales.

Fue a partir de mediados de 2013 que el proceso de expansión comunal tomó fuerza, instalándose como un actor dinámico y protagónico dentro de la revolución. Hasta ese momento si bien existían comunas, impulsadas por algunos movimientos populares, no había una decisión estatal de empujar el pleno desarrollo comunal, de permitir un crecimiento que en muchos casos ya contaba con los cimientos desarrollados.

Porque la organización popular estaba ahí, entre los miles de consejos comunales (casi cuarenta mil según el censo de octubre del 2013), estaban dadas las condiciones para un nuevo paso. Por eso la multiplicación no fue una sorpresa: el tiempo de la organización popular no era el del Estado, corría más rápido, diferente. Cuando el Ministerio —en su cambio de gestión a partir de mayo del 2013— simplificó los trámites para el registro comunal se encontró con comunas que llevaban hasta cinco años esperando su legalización, no así su legitimación.

Las comunas eran un pedido popular, un nuevo paso a dar en la maduración de un proceso organizativo de varios años. Representaban una necesidad sentida por muchos de responder al llamado hecho por Hugo Chávez en su discurso de gabinete del veinte de octubre del 2012, conocido como Golpe de Timón: comunas o nada. Porque ese había sido el último mensaje, la última orientación estratégica del comandante, el pedido desesperado, la conspiración para millones.

De esta manera en el transcurso de un año se fue conformando una nueva identidad política dentro del proceso revolucionario: la de los comuneros y comuneras, hombres y mujeres del chavismo de base, de avanzada, organizados anteriormente —y en la actualidad a veces de manera superpuesta, complementaria— por ejemplo en las Misiones Sociales y los Comités de Tierra Urbana. Las comunas comenzaron a desplegar las potencialidades latentes, a instalarse —no sin tensiones y límites— como los actores revolucionarios que fueron llamados a ser.

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comunas2Conformación de las comunas

Existen comunas en cuyo territorio habitan hasta cincuenta mil personas —como la Comuna Socialista Ataroa, en la ciudad de Barquisimeto, estado de Lara—, y otras donde se encuentran diez mil personas, abarcando una extensión de veinte mil hectáreas —como la Comuna agropecuaria Cajigal, situada en Cajigal, estado de Sucre—. Las realidades son heterogéneas pero atravesadas por los mismos desafíos: cómo poner en pie espacios de autogobierno y autogestión, espacios donde se ejerza la democracia participativa.

Los pasos en la conformación de las comunas son iguales: en el comienzo están los consejos comunales, espacios de organización barrial —en el ámbito urbano participan hasta doscientas familias, según indica la ley—, cuya máxima instancia de decisión es la Asamblea de Ciudadanos y Ciudadanas. Esta debe estar conformada por los voceros y voceras que integran los comités del consejo comunal en áreas como finanzas, deporte, contraloría social, ejecutivo, de juventud, cultura, etcétera y debe estar abierta a la comunidad. Esas voceras —en la mayoría de los casos, mujeres—deben a su vez haber sido elegidas por votación de la comunidad.

Las comunas nacen entonces de la agrupación de varios consejos comunales. Los números tampoco son rígidos. Existen comunas conformadas por treinta y dos consejos comunales —como la comuna Píritu Becerra, en Calabozo, estado de Guárico—, mientras otras reúnen a once, tal el caso de Renacer de Bolívar, situada en el barrio La Vega, en Caracas. Porque las comunas son fundamentalmente una iniciativa de las mismas comunidades, que son quienes deciden hasta dónde extender los límites geográficos, en función de su propia historia, sus realidades vividas y a proyectar.

Para conformarse como tal, las comunas —hasta ese entonces un grupo de consejos comunales— deben elaborar la Carta Fundacional: una suerte de Constitución de la propia comuna, una hoja de ruta donde se establecen las coordenadas, potencialidades, necesidades y los pasos a dar en el territorio. Esa Carta a su vez es sometida a elección en la comunidad, que debe aprobarla con un mínimo del 15%. A partir de allí se conforma o convalida la comuna legalmente. El paso siguiente es su inscripción en el Ministerio del Poder Popular para las Comunas y los Movimientos Sociales (a partir de ese momento deja de ser una comuna en construcción y forma parte de las registradas).

Comienza entonces la estructuración del cuerpo de la comuna. Sus principales órganos son el Parlamento Comunal —donde asisten uno o dos voceros por consejo comunal—, la Contraloría Social, el Ejecutivo, y el Banco Comunal. A su vez, existen los diferentes comités —de agua, vivienda y hábitat, cultura, educación, lo que la misma organización se proponga trabajar—, que también participan de las reuniones semanales o quincenales del Parlamento.

Esa estructura política y organizativa es la que se encuentra actualmente en las comunas bolivarianas (con algunos matices según las experiencias, como por ejemplo cuál es la centralidad del Parlamento Comunal con respecto a los consejos comunales, si es un ámbito de coordinación y ejecución, o más de elaboración y decisión). Sobre ella se desarrollan diferentes niveles de autogobierno, autogestión, así como de dependencia estatal y lógicas de demandas reivindicativas permanentes.

SONY DSCAlgunas relaciones con el Estado existente

El creciente protagonismo comunal generó diferentes reacciones. La derecha entabló una creciente campaña de demonización, en particular antes de las elecciones para intendentes y concejales del ocho de diciembre del 2013 —donde el chavismo ganó con amplia mayoría—: las comunas significarían el fin de las alcaldías. Por su parte ciertos sectores de la izquierda también cuestionaron el crecimiento comunal: detrás de los números no existiría un real proceso de empoderamiento popular, de conformación de una nueva institucionalidad con vocación o posibilidad revolucionaria: se trataría de un proceso tutelado, controlado por el Estado y diferentes actores del Gobierno Nacional.

comunas3Lo cierto es que las relaciones con el Estado (diferentes ministerios, gobernaciones, alcaldías) han sido muchas y a veces contrapuestas. Tal vez en este punto se hicieron más evidentes las tensiones y contradicciones de la transición, de un proceso político que se propuso crear una nueva institucionalidad a partir de una fuerte iniciativa gubernamental.

Y, en ese punto, Hugo Chávez insistió en cada oportunidad en la necesidad de fortalecer lo nuevo, el poder creciente no estatal. Así, citando a Mészáros al abrir el discurso del Golpe de Timón, afirmó: “El patrón de medición de los logros socialistas es: hasta qué grado las medidas y políticas adoptadas contribuyen activamente a la constitución y consolidación bien arraigada de un modo sustancialmente democrático, de control social y autogestión general”.

Pero si bien Chávez fue el conductor indiscutible del proceso y el impulsor de gran parte de las medidas revolucionarias, el nivel de aceptación real de esos lineamientos dentro del Gobierno y de la estructura estatal no siempre resultó ser el mismo. Para muchos chavistas la revolución había terminado en las Misiones Sociales, en la reparación —todavía incompleta— de la deuda histórica (vivienda, educación, salud, agua potable, etcétera), a través de un protagonismo estatal (aunque desde la conformación de las Misiones Sociales, la tensión entre transformar el Estado o generar una nueva institucionalidad ya estuvo presente).

Por eso la propuesta de las comunas, tal vez la más avanzada a la hora de construir un poder popular a escala nacional e integral (incluye por ejemplo la parte de defensa a través de las milicias populares), generó niveles tanto de aceptación e impulso, como de boicot. Las respuestas ante la propuesta fueron diferentes según las instituciones, según qué actores del chavismo estuvieran ocupando la dirección de esos espacios.

Porque el proyecto de la comuna efectivamente trajo el debate sobre el fin de las alcaldías, los municipios, tal como existen en la actualidad. Planteó la necesidad de conformar una nueva geometría del poder, la desaparición de la estructura estatal capitalista, la conformación del Estado Comunal, que debe ser inventado desde abajo. Y como todo poder naciente y en expansión, se encontró con poderes existentes que presentaron y continúan presentando resistencia. Esto, evidente en los municipios gobernados por la derecha, también sucedió en otros en manos del chavismo, del Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv): las comunas fueron vistas como una amenaza —más posible que real en un primer momento—, una pérdida de poder, de competencias, y fundamentalmente de recursos económicos.

Esta complejidad política se manifestó en los diferentes vínculos entre el Estado y las comunas desde su creación. Por un lado algunas fueron acompañadas, contaron con respaldo político, transferencia de recursos y, de a poco, de competencias. Allí se logró desarrollar el vínculo deseado, en el que la institucionalidad burguesa propició el avance comunal, su propia pérdida de poder. Esto dio lugar a casos como el del municipio Torres —en el estado de Lara—, donde desde la intendencia se propició desde el inicio la transferencia de recursos, el acompañamiento, buscando evitar el tutelaje y dando lugar al debate actual que allí se da: la conformación del municipio comunal.

Por otro lado existieron muchas experiencias que nacieron —y continúan desarrollándose— a pesar del Estado. Allí se enfrentaron al boicot, la invisibilización, la negación a transferir lo debido. Tal fue el caso por ejemplo de la Comuna Carlos Escarrá situada en el barrio El Limón, en el estado de Aragua. Allí enfrentaron al Psuv (hasta que decidieron disputarlo y lograr que los concejales sean comuneros), a la intendenta chavista acusada de corrupción (el tercer caso en el alcaldía) que se negó a transferir los recursos, permitir que los comuneros y comuneras tengan un espacio para proponer y debatir políticas públicas. En cuanto al Ministerio para las Comunas, la demora para el registro fue de varios años.

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Debates económicos y escenario político

Si bien muchas comunas nacieron a partir del propio acumulado organizativo y político del territorio (el deseo de hacerse comuna a partir del llamado de Hugo Chávez), también es cierto que casi la mitad se conformaron a partir del impulso de movimientos populares, en particular de la Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora. En esos casos se avanzó más rápidamente en procesos de trabajo conjunto entre las comunas, así como en planes nacionales de formación de comuneros y comuneras. De esos procesos nacieron las primeras ciudades socialistas en el ámbito rural —por ejemplo la Ciudad Campesina Socialista Simón Bolívar, en el estado de Apure, o la Ciudad Socialista Juan Pablo Peñaloza, situada en Táchira.

comunas4Las experiencias anticiparon algunos debates urgentes, en particular el de la economía comunal, y trajeron un desafío atado a una certeza: una comuna que no sea productiva, autosustentable, difícilmente pueda mantenerse en el tiempo. Esa conclusión nació de las mismas construcciones en los territorios comuneros, en los cuales —en especial en el ámbito rural— cobró cada vez más importancia la necesidad de poner en pie una economía propia, autogestionada, para romper con el lazo de dependencia económica con el Estado, y con los sectores privados (en particular los intermediarios y proveedores de materias primas).

Nuevamente se evidenció la tensión con las instituciones: para poner en pie circuitos económicos comunales se hizo imprescindible el financiamiento estatal. Sin eso, la posibilidad de adquirir maquinarias, centros de acopio, o medios de transporte, se hizo inviable. Por eso el pedido más generalizado hacia el Estado —además de la reparación de la deuda histórica— fue la posibilidad de adquirir financiamientos para poner pie en Empresas de Propiedad Social, tener el control comunal sobre todo un circuito productivo (materias primas, producción, distribución, venta y consumo).

Por otra parte la discusión sobre la economía comunal comenzó a cobrar fuerza en el escenario nacional. En un año marcado por la guerra económica impulsada por la derecha y el Gobierno norteamericano, quedaron en evidencia las limitaciones y vulnerabilidad del modelo productivo venezolano, la necesidad de transformarlo. Frente a la inflación, el acaparamiento y el contrabando, la economía no logró dar respuesta en términos productivos.

En ese contexto la perspectiva de la producción comunal emergió como posibilidad y necesidad estratégica. Si cada comuna pudiera garantizar la soberanía alimentaria sobre su territorio, y generar un excedente para los municipios adyacentes, los avances serían considerables (en términos numéricos se proyecta que para el 2019 existan tres mil comunas, esto es el 68% de la población viviendo en sistemas comunales). Así, combinado con una producción estatal de mayor capacidad y eficiencia, la base económica productiva podrá consolidarse e impactar en los niveles necesarios.

Pero la economía comunal trajo algo más que la posibilidad productiva: puso en el centro de la escena el debate sobre las relaciones y la organización del trabajo. En las comunas comenzaron a desarrollarse experiencias de producción y de tierras colectivas, de trabajo sin patrón, organizado de forma asamblearia, con ganancias distribuidas de igual manera. Eso a su vez estuvo enmarcado en una planificación comunal, y de a poco en conjunto con las comunas cercanas. Así nacieron desde 2014 diferentes sistemas de agregación territorial comunal (como los corredores comunales y ciudades comunales), generando un proceso de cruce e intercambio entre las propias comunas.

Por último, el gran motor implementado para impulsar y profundizar estos procesos productivos y de avance de la vida en comunidad, fue el trabajo voluntario. Esa práctica fue adoptada en muchos casos como un quehacer cotidiano, semanal, de cada fin de semana. Miles de casas por ejemplo fueron hechas por autoconstrucción. Eso puso en marcha, en las experiencias más avanzadas, un proceso de generación de excedentes producidos de manera colectiva, que luego fueron reinvertidos en los espacios de la comuna (nuevas Empresas de Propiedad Social, vialidad, salud, financiamiento a producciones colectivas, etcétera). Allí, tal vez más que en cualquier otro espacio, se pudo ver “el espíritu de la comuna”, su condición misma, según había indicado Hugo Chávez.

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comunas5A modo de cierre

Los avances que hoy viven las comunas no son homogéneos. Sin embargo aunque existan realidades dispares, las coordenadas que orientan su desarrollo son las mismas y han sido apropiadas por miles de hombres y mujeres que cada día piensan en gobierno comunal, autogestión, empoderamiento. Su crecimiento puso sobre la mesa su potencialidad política, económica, social y cultural. Indicó que por ahí, como señalaba Hugo Chávez, se debe profundizar la transición al socialismo, arraigada en los territorios, hecha por los comunes, por la inmensa mayoría del pueblo.

Porque el destino del proceso comunero es en gran parte el del socialismo del siglo XXI, su posibilidad de no transformarse en un nuevo socialismo de Estado, de hacerse sobre un poder popular que sea real Gobierno, y no apoyo para movilizaciones y retórica gastada. La capacidad para desarrollar sistemas económicos autogestionados, autosustentables, planificados intercomunalmente, será uno de los elementos principales que influirán en el desarrollo de las comunas. Pero también lo serán la correlación de fuerzas dentro del chavismo, los vínculos con el Estado, así como la orientación general dictada desde la dirección de la revolución, encabezada por el presidente Nicolás Maduro.

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Altamira responde

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Así se llama el canal de YouTube por el cual Jorge Altamira intenta comunicarse directamente con la sociedad a la que busca seducir. Nosotros quisimos preguntarle otras cosas, y el tipo no arrugó. Bienvenidos a uno de los personajes más reconocidos de la izquierda argentina.

Ilustración: Diego Parpaglione
Fotografía: Letra P

Es recurrente leer o escuchar decir que ciertos personajes de la vida pública de nuestro país no necesitan presentación. Bueno, este podría ser uno de esos casos, pero no lo es. Aunque muchos reconocen a quien nos referimos cuando hablamos de Jorge Altamira partimos de suponer que la gran mayoría desconoce sus ideas y mucho más su historia.

Jorge Altamira nace cuando el nombre José Saúl Wermus debe pasar a la clandestinidad debido a las persecuciones que toda la izquierda sufre durante la dictadura de Onganía hacia finales de la década del sesenta y de Levingston a principios de la década del setenta. La elección del seudónimo, que lo acompañará el resto de su vida y reemplazará su identidad original, surge de un evento puramente fortuito. Con tan solo veintidós años escribe artículos para la prensa de Praxis, organización fundada por Silvio Frondizi, y es este quien le recomienda no firmar con su nombre original. Ante el apuro de la entrega, lo primero que se le viene a la cabeza es el personaje de Minguito, interpretado por Juan Carlos Altavista, pero Altavista era demasiado obvio así es que decide cambiarlo por Altamira. Seudónimo que solo abandona entre los años 1975 y la década del noventa cuando cambia momentáneamente el contenido de sus artículos y los firma con nombre de mujer. En esos días Jorge Altamira ya es fácilmente identificable.

—En el último congreso del Partido Obrero hizo hincapié en el carácter público del mismo: ¿cuáles son las razones de esta decisión y cómo cree que esto aporta a la unidad general de la izquierda?

Los congresos del Partido Obrero son precedidos por tres meses de debates sobre la base de informes políticos y organizativos. En ese período se desarrollan actividades públicas para interesar a la mayor parte de la clase obrera y de la juventud en esas discusiones. Es un método de trabajo que conecta al partido con su base social y abre las puertas para el ingreso de nuevos luchadores. El acto de apertura pretendió llamar la atención de la ciudadanía hacia el Congreso y mostrar cómo procede el PO, en contraste con el aparatismo de las siglas que encarnan las alternativas tradicionales, que ya no sustentan una vida organizada de partido sino que rejuntan a arribistas financiados por corporaciones capitalistas y el presupuesto de los estados (nacional, provincial, municipal), o sea por los contratistas de obra pública. En la apertura hemos destacado el rol que adjudicamos al Frente de Izquierda como canal para desarrollar la autonomía política de la clase obrera.

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—La burocracia sindical ha funcionado de diferentes maneras a la hora de responder a los intereses de los gobiernos de turno y los sectores patronales: ¿cómo analiza el momento actual de este sector?

De un modo general, la burocracia de los sindicatos ha desarrollado un fuerte carácter patronal, con empresas propias. De otro lado sufre una fuerte división que va paralela al fracaso de los gobiernos a los que sirve. Por último, es acosada por una vanguardia de luchadores, cuya influencia no cesa de crecer. El desarrollo de la autonomía política de la clase obrera mina la base de poder de la burocracia sindical.

Jorge Altamira proviene de una familia particular, hijo de padres polacos vive su infancia junto a sus tres hermanos en uno de los conventillos del barrio porteño de Almagro. Dos de sus hermanos también son conocidos públicamente por sus seudónimos. Ismael Bermúdez, uno de los periodistas principales en materia económica del diario Clarín y Luis Favre, quien comienza su militancia con Altamira en Política Obrera y luego del exilio se convierte en un importante dirigente del PT de Brasil para concluir como uno de los principales asesores del actual presidente del Perú, Ollanta Humala.

Con tan solo quince años de edad, Altamira, milita activamente en la izquierda y no es hasta la formación de Política Obrera que se lo comienza a reconocer como un referente dentro del trotskismo, luego de su alejamiento de Praxis. Desde aquel momento toda su vida militante es pública y dedicada a la construcción del actual Partido Obrero, menuda tarea que no fue siquiera interrumpida durante los cuatro años que estuvo exiliado en Brasil entre 1978 y 1982.

Difícilmente se encuentre en la historia de la izquierda argentina un dirigente con reconocimiento a nivel nacional como el de Altamira. Es cinco veces candidato a presidente y elegido como legislador de la Ciudad de Buenos Aires en el año 2000. Pero la mayor popularidad no la alcanza debido a la efectividad de la política de masas llevada adelante por el PO, sino por una risueña campaña iniciada durante una entrevista radial con Jorge Rial. “Un milagro para Altamira” fue furor en las redes sociales a principios de agosto de 2011 y, seguramente, una de las razones que permitió al PO superar el piso restrictivo en las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) y acceder a la elección nacional en la que obtiene el 2.31% de los votos, cuatro veces más que en la última elección en la que había participado (2003).

ALTAMIRA ALTA ByN 2—Usted ha dicho que la creciente adhesión al FIT se basa en la continua aparición de comisiones internas clasistas en cada vez más fábricas: ¿cuáles son los principales problemas con los que se encuentra un trabajador a la hora de enfrentar a la burocracia sindical?

La burocracia sindical delata a los activistas en las empresas y se combina con las patronales para lograr su despido. Asimismo cuenta con el apoyo de los estados en diversos niveles y los aparatos de seguridad y espionaje. También ejerce una acción intimidatoria de carácter general, cuando advierte que las luchas ocasionarán perjuicios a los trabajadores. Ejemplos como la huelga docente, en Salta, en la actualidad, muestran a los trabajadores desbordando en forma extraordinaria la capacidad de contención de esa burocracia.

—Más allá del carácter ascendente de los resultados electorales, el papel de la izquierda siempre ha sido reducido a la marginalidad: ¿cuáles son los pasos que debería dar la izquierda para convertirse en una opción real de poder?

Lo que se ha ido marginalizando es el espectro político tradicional, que funciona como máquinas electorales reciclables, que se manifiestan a través de los medios de comunicación; la izquierda revolucionaria ha ido ganando vigor.

 

—Pero en los últimos años también han emergido otras expresiones de la izquierda como opción electoral, como Marea Popular y Patria Grande: ¿cómo caracteriza a estos sectores?

Los sectores mencionados se empeñan en destacar que sus diferencias con el Frente de Izquierda son estratégicas. En efecto, abogan por el desarrollo de movimientos policlasistas internamente indiferenciados, en tanto que nosotros desarrollamos una lucha de clase de los explotados y ponemos a la clase obrera independiente como dirección histórica del conjunto de los trabajadores. Nuestra meta estratégica es un gobierno de la clase obrera, la de las organizaciones mencionadas es promover políticas públicas dentro del estado político actual. Durante la mayor parte de la década reciente han sido kirchneristas o filo kirchneristas.

altamira-2Altamira estuvo preso una sola vez en su vida, y no fue durante alguna de las dictaduras que le tocó vivir. El 31 de mayo de 1989 el presidente Alfonsín decreta el estado de sitio en todo el territorio nacional. La profunda crisis política y económica que azotaba al país produce saqueos aislados a comercios y supermercados desde los primeros días de mayo de ese año. Pero es durante el 29 y 30 de ese mes que este fenómeno alcanza magnitud nacional. Juan Carlos Pugliese es por entonces el ministro del interior y en reiteradas oportunidades responsabiliza públicamente al Partido Obrero por fomentar y organizar los saqueos. Luego del estado de sitio, Alfonsín ordena por decreto la detención de la dirección del PO. Altamira, por entonces candidato a presidente, está preso en la Casa Rosada durante una semana. Es liberado luego de una campaña de solidaridad internacional y la masiva movilización del dos de junio, fecha en la que todavía regía el estado de sitio.

—En otros momentos críticos el Gobierno ha sorprendido con medidas de corte progresista pero ahora ha decidido recostarse sobre su facción más conservadora, ¿a qué atribuye esta decisión?

Todos los gobiernos empiezan con arrebatos progresistas, en especial cuando asumen en el cuadro de grandes crisis que son acompañadas por fuertes luchas, pero una vez que se afirman en el poder acentúan su carácter capitalista. En la actualidad, el Gobierno K pide el socorro del capital internacional debido a que Argentina está de nuevo en quiebra. El nacionalismo de contenido burgués o capitalista ha vuelto a fracasar de forma estrepitosa.

—Parece estar sentenciado que la sucesión al kirchnerismo en 2015 será por derecha, sea el sucesor Scioli, Massa o Macri: ¿cuál será el rol de la izquierda en ese escenario?

Si, como lo plantea la pregunta precedente, el Gobierno se hubiera hecho conservador, no se entiende que una sucesión de Scioli pudiera marcar un cambio de rumbo. Scioli ha sido socio de los K todo el tiempo y seguiría con su política de ajuste y entrega. Scioli o Massa o Carrió no son noticia mala o buena, sino la evidencia de que la clase obrera debe desarrollar su planteo y su organización política propia.

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—Una de las principales críticas que se le hace en general a la izquierda es el carácter puramente ideológico de sus propuestas, una cierta lejanía entre ellas y la realidad concreta: ¿a qué atribuye esta percepción?

La crítica al supuesto ideologismo de la izquierda es interesada, parte de quienes sostienen que cualquier planteo de superación del capitalismo es ideológico. Para ellos solamente es concreto aquello que no saca los pies del sistema social de explotación.

Criticado por muchos y por mucho, destapó champán con Chiche Gelblung y es abonado a los programas políticos del Grupo Clarín, dando por hecho que el enemigo de mi enemigo es mi amigo. No se cansa de descargar todo tipo de críticas a las políticas del Gobierno kirchnerista. Defenestrado por el oficialismo y chicaneado por la izquierda no partidaria, Altamira se constituye en una especie de personaje simpático, al que la mayoría le reconoce honestidad, pero que en última instancia no le da el beneficio de la duda. La izquierda al Congreso, el peronismo al poder, parecen rezar unas tras otras las elecciones desde hace algunos años. Desde su canal de YouTube donde responde todo tipo de preguntas, pregona incesantemente la inminencia del yugo capitalista en manos de la clase trabajadora organizada.

—En momentos de una sociedad híper mediatizada: ¿por qué un partido con la estructura del PO no cuenta aún con una radio y un canal de TV para transmitir su mensaje revolucionario?

Bueno, estamos desarrollando medios de comunicación a través de las redes sociales y tenemos numerosos programas de radio a lo largo del país. Es evidente que un partido obrero se ve obligado a manejar recursos escasos…

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—La inflación es un tema que el Gobierno ha abordado erráticamente pero no es un problema que sea generado directamente por él. ¿Por qué cree que no se señala directamente a los responsables de la inflación como por ejemplo las grandes empresas concentradas?

La concentración capitalista ha crecido en forma espectacular bajo el Gobierno actual, de modo que su ataque a los monopolios es pura hipocresía. Por ejemplo, nunca planteó que las cuentas de las grandes empresas fueran públicas. Por otro lado, la expresión más completa de concentración capitalista es el propio Estado, que maneja los recursos de poder en función capitalista. Los capitales individuales y los monopolios aprovechan en su beneficio el cuadro inflacionario que desarrolla el propio Estado; en Europa, en este momento, se hace eso mismo, pero con un cuadro deflacionario: no aumentan los precios, pero rebajan los salarios nominales. El pago de la deuda externa con emisión de moneda es inflacionario; los sobreprecios de obras públicas son inflacionarios; los subsidios sin control a los concesionarios son inflacionarios. Hay que golpear ahí e imponer la apertura de las cuentas de los monopolios para que los obreros verifiquen los costos, no los funcionarios amigos de Chevron y del Banco Mundial o el Club de París. La lucha popular debe apuntar a la cabeza, que es el poder político. La lucha es por el poder, por un gobierno de trabajadores.

altamira-5Desde hace algunos meses en casi todas sus intervenciones repite como mantra una sentencia entre apocalíptica y premonitoria. Parece que no solo estamos atravesando el fin del ciclo del modelo kirchnerista —si es que algo así existe como tal— sino que además es el fin del ciclo de todos los partidos políticos tal y como los conocemos. El fundamento de tal afirmación se basa en que los últimos treinta años ininterrumpidos de democracia han logrado demostrar el agotamiento del proyecto hegemónico de los partidos tradicionales. Quizás esta mirada nos ayude a entender por qué la izquierda partidaria no deja pasar oportunidad para acelerar ese proceso.

Nuevamente la estrategia planteada por Altamira es la misma que durante las últimas cinco décadas, aunque el contexto haya cambiado radicalmente la respuesta es la misma: la organización de la clase obrera tomando como eje fundamental el recupero de los sindicatos que ostenta la burocracia sindical. Lo discutió mano a mano con los foquistas en los sesenta, se lo dijo desde el exilio a la conducción del ERP y Montoneros en la década del setenta, lo confrontó durante la crisis de 2001 con el movimiento piquetero y lo sostiene por estos días frente a la “izquierda reformista que solo busca un capitalismo más humano”.

El interrogante que siempre ronda esta mirada, y que la historia se obstina en no responder, es si estamos o no preparados para el apocalipsis.