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Un año sin Chávez

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El 5 de marzo de 2013 fallecía Hugo Chávez. Comenzaba entonces el luto masivo, pero también una etapa de incertidumbre y definiciones para Venezuela y toda la región. ¿Qué dejó el paso de “El Huracán” en el poder? Modesto Guerrero y Miguel Mazzeo escriben y responden acerca de este latinoamericano que cambió la política y la forma de hacer política en el mundo.

Chavez-ModestoPor Modesto Guerrero

  Modesto1 Si la política es la síntesis dinámica de la palabra y la acción en la vida social, Hugo Chávez fue, a su medida y en las condiciones culturales de su origen rural y su generación, una expresión particular de ella, pero llena de novedades. Fue el presidente en ejercicio que más se comunicó por medios radiales y televisivos, si lo medimos en horas de gobierno. Por casi doce años continuos usó la palabra como su arma más acerada en la vida nacional e internacional. Y lo más importante, le dio dimensiones desconocidas en la gramática política contemporánea.

Mucha gente en el mundo lo recordará desde el timbre estentóreo de una voz que parecía más grande que él, o desde los modos y los usos que le daba para la interacción polémica. Por mucho tiempo mucha gente guardará expresiones como estas: “Por aquí pasó el Diablo, ¡esto huele a azufre!” y “Te convertirás en polvo cósmico”, contra Bush. “Águila no caza moscas”, contra la diputada María Corina Machado, o la que lanzó al rostro del presidente mexicano Vicente Fox: “Yo soy como el espinito, que en la sabana florea, le doy aroma al que pasa y espino al que me menea…”. Incluso cuando no fueron suyas, la gente lo recuerda a él convertido en el sujeto provocador de la acción verbal, como aquel día en que el monarca español lo mandó a callar porque su palabra obstruía una mentira del presidente Zapatero. No se conoce en la historia oral de la política contemporánea o de la polémica pública a un personaje que haya dicho tantos improperios a tantos enemigos juntos y con tanta originalidad como Hugo Chávez. Y pocos durante el siglo XX hicieron del discurso público una pedagogía masiva.

Chávez fue un potenciador ideológico como pocos. En este punto superó todo lo conocido. Ni Fidel Castro en sus primeros tiempos de expansivos y majestuosos discursos; ni Winston Churchill durante la Segunda Guerra Mundial —cuando difundía mensajes casi todas las mañanas desde su refugio en Londres—; ni León Trotsky a quien los obreros y soldados de Petrogrado iban a escuchar cada tarde de 1917 en el Circo Moderno, como si fuera un reportero; ni el Roosevelt de Entreguerras con su popular programa de radio “Weekly Radio Address”, iniciador de esa tradición comunicadora entre el poder y la política a mediados de los años treinta. Ni Juan Domingo Perón y Eva Duarte, dos que hicieron uso masivo y cotidiano de la radio y el cine-noticiario. Incluso, comparado con figuras aberrantes como Leónidas Trujillo, el ególatra y genocida de República Dominicana, quien solía hablar a cada rato por la Radio Nacional de su país, sobre todo para celebrarse a sí mismo; o Benito Mussolini, el iniciador del fascismo, enorme propagandista conocedor del impacto social de la radio y el papel impreso, o Hitler, quien concebía a la palabra oral como “la tea que incendia a las masas”. Ninguno, salvando las graves diferencias entre ellos, acumuló tantas horas de radio y televisión como lo hizo Chávez en funciones de gobierno. Esa práctica renovadora de la palabra pública ha dado origen a varios textos de estudio académico en Argentina y España sobre la novedosa semiología de la oratoria chavista.

chavez11111Modesto2Hugo Chávez resultó uno de los más grandes propagandistas de la historia política contemporánea. Convenció a millones en poco tiempo de las bondades de tres palabras-concepto venidas a menos hace más de una década: revolución, antiimperialismo y socialismo. Su oratoria fue de nuevo tipo, sin la prosopopeya clásica de  inflexiones y figuras gestuales o retóricas majestuosas, a lo Jorge Eliécer Gaitán, Martin Luther King, Jóvito Villalba, José María Velasco Ibarra o Fidel Castro. En su caso dominó el tono pedagógico —“de profeta” en su sano sentido social— y como los oradores clásicos de Medina, El Cairo, Galilea, Atenas, Roma, o la París revolucionaria de 1789. Desde 1992 se convirtió en un transformador de conciencias masivas. La radio y la televisión fueron sus foros predilectos. Aunque en la tribuna callejera cambiara el modo, la gramática política era la misma. Logró en Venezuela lo que pocos han logrado en los últimos cien años: acercar el poder a la gente común de las clases trabajadoras. La palabra fue el vínculo, la acción, el soporte. Su palabra lo hizo creíble en amplias capas de la población. Dos palabras dichas al pasar, entre ciento sesenta pronunciadas un cuatro de febrero, fueron su estandarte moral y su programa. Desde 1999 logró paulatinamente romper las distancias congeladas que separaban al pueblo de la institución gubernamental y la figura presidencial. En ello actuaron varios recursos, sin duda, pero el principal, el más activo en su caso, fue la palabra, en formas directa e indirecta, pero siempre en su relación dialéctica con la acción pública. Expresiones sorprendentes como “nuestra propia prensa es la falla tectónica de la revolución”, o “no quiero terminar como uno más que lo intentó y no pudo”, o la proclama autorregulatoria “Entre un principio y cien amigos me quedo con el principio”, quedarán como inscripciones palafíticas, palabra programática, casi epitafios de algunos de sus sueños inconclusos.

Modesto3No fue una proclama pasajera aquella dicha tantas veces: “Estamos obligados a construir una nueva dinámica de comunicación popular contra la dictadura mediática de los poderosos”. Comprenderlo significó impulsar los medios comunitarios como nadie desde un lugar similar y recibir un premio internacional por eso. Cuando el creador teatral argentino, Eduardo Pavlovsky, lo definió en 2005 como “un hombre intempestivo” descubría en su palabra una caballería ideológica, un misil disparado desde la razón, un grito de los excluidos hecho Presidente. La palabra era el combustible. Su final fue la negación de su designio más vital. La palabra fue muriendo con la mengua de su fuego. Como una maldición, la paradoja se hizo presente. Ese albur, compañero de viaje en su paso por estedibujo byn chavez mundo, también lo asaltó a la hora de la muerte. Chávez fue víctima en sus últimos meses del mismo infortunio que terminó con la vida de Juan José Castelli, el brillante orador de la Revolución de Mayo en el Río de la Plata que, novelado por Andrés Ribera, dijo: “Mi boca no ríe. La podredumbre prohíbe, a mi boca, la risa”. A Hugo Chávez le prohibió la palabra, signo del ímpetu de sus mejores sueños, arma insobornable de sus batallas más preciadas. Quizá, por eso, será recordado en su palabra.

 

Chavez-Mazzeo

Miguel Mazzeo es Profesor de Historia Universitario y Doctor en Ciencias Sociales. Ha escrito varios artículos y libros relacionados con las luchas populares latinoamericanas, entre los cuales se destacan: ¿Qué (no) hacer?; El sueño de una cosa  (introducción al poder popular); Poder popular y nación. Notas sobre el Bicentenario de la Revolución de Mayo e Invitación al descubrimiento, José Carlos Mariátegui y el Socialismo de nuestra América.

¿Cuáles son los aspectos del proceso venezolano que trascienden la figura de Chávez como líder?

 La experiencia posterior a la muerte de Chávez arroja algo de luz sobre las características de su liderazgo. Ahora, sin él, se reconocen sus costados más originales y positivos. Y precisamente por eso más se lo añora. No es justo decir que Chávez se absolutizó a sí mismo como centro articulador, como equivalente simbólico general. Por el contrario, bien lejos del ethos del héroe dominador, el liderazgo de Chávez supo aportar al desarrollo de aquellas formas de organización del poder colectivo que resultan del intercambio “en la base”: el poder popular en su sentido más potente.

Mazzeo1La vitalidad de la revolución bolivariana radicó y radica en sus espacios antiespectaculares (y, por consiguiente, auténticos), donde lo social reabsorbe lo político y donde el pueblo irrumpe con fuerza inusitada en el espacio público-político, donde se van elaborando un ethos libertario y unas culturas libertarias, donde se construye el socialismo ya, aquí y ahora, y no en sus instancias específicamente institucionales. Desde mi punto de vista este es un aspecto que trasciende a la figura de Chávez. Ahora bien, Chávez, en el devenir del proceso que lideraba, fue adquiriendo plena conciencia de este aspecto que lo trascendía. He aquí otro rasgo original de su liderazgo.

¿Cuáles son los principales peligros de su ausencia?

Como criterio general, no hay que olvidar que los liderazgos comprometidos con el socialismo son muy importantes para los procesos revolucionarios, porque sirven para unificar y articular a las clases subalternas, porque traducen en un proyecto político las necesidades populares, entonces siempre es contraproducente cercenar esos liderazgos hasta reducirlos a una sola persona, por más excepcional que esta sea (y Chávez lo era). Los riesgos son muchos, entre otros: que las instancias institucionales “formales” se conviertan en eje del proceso. Estas instancias son las que más distorsiones han generado y generan en el proceso revolucionario bolivariano y dejan mucho que desear como “correas de transmisión” (con honrosas excepciones).

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¿A qué atribuís que en Latinoamérica los procesos progresistas sean tan personalistas?

La tradición nacional-popular concreta, real de nuestra América —y no estoy hablando del populismo— participa de una matriz dirigista que tiende a naturalizar la escisión entre dirigentes y dirigidos. Esta matriz, muchas veces, se expresa en una apología del caudillismo y el personalismo, sin percibir, más allá de cualquier apariencia, el fondo antipopular de este tipo de ejercicio que no hace otra cosa que idealizar a seres humanos consumiendo relaciones patriarcales.

Ahora bien, la convocatoria carismática-caudillista también aparece como un medio de autodeterminación eficaz y enraizada en la cultura política plebeya. La historia y el presente de nuestra América muestran las potencialidades emancipatorias de las convocatorias personalistas (Fidel y Chávez son un buen ejemplo) al tiempo que reflejan sus limitaciones.

Mazzeo2¿Qué relación tiene esto con los proyectos políticos de izquierda que, por su divisionismo histórico, no llegan a concretarse?

Debemos contemplar la posibilidad de que el personalismo en nuestra América favorezca los procesos de unidad popular y contrarreste la acción sectaria y divisionista de la izquierda tradicional, que garantice la amplitud ideológica necesaria para amalgamar un movimiento emancipatorio extenso y variopinto. Pero siempre debemos tener presente que los procesos de autodeterminación más sólidos son aquellos que aparecen como prolongación de la autonomía de las clases subalternas y que hacen posible la multiplicación de los liderazgos.

Sin embargo, ese movimiento variopinto del que hablás, no empezó por izquierda.

Tomado un concepto utilizado por René Zavaleta Mercado para analizar la experiencia del general Torres en Bolivia a comienzos de la década del setenta, podemos decir que, mas allá de todas las justificaciones historicistas (o históricas a secas) que podamos pergeñar, Chávez fue para la izquierda —por lo menos en parte— un “azar favorable pero no una construcción sistemática y coherente”. El gran desafío para la revolución bolivariana, para la izquierda y para el conjunto del pueblo pobre venezolano es convertir los efectos de ese azar favorable en construcción sistemática y coherente. Nosotros, desde Argentina, estamos obligados a la construcción sistemática y coherente.

¿Maduro significa un avance en pos de la construcción del socialismo?

Sí. Estoy convencido de que es así. Me explayo: la democracia participativa y protagónica solo puede ser efectiva y auténtica cuando es ejercida “desde” las comunidades “hacia” las instituciones. No a la inversa. “Comuna o nada” es la consigna más potente gestada por la revolución bolivariana. Es la cifra de una utopía realista, de un sueño práctico. El proyecto del “Estado comunal” es el deseo y el legado póstumo más radiante de Chávez. Consigna y proyecto que abrevan en la propia historia de Venezuela. Considero que Maduro ha demostrado estar a la altura de ese deseo y ese legado.

¿En cuáles experiencias ves que se está tomando ese camino?

En las comunas, en los consejos comunales, en las salas de batalla social, en los círculos bolivarianos, en la milicia bolivariana, en las empresas bajo control obrero, en los medios comunitarios, en los distintos comités (de tierras rurales, de pobladores urbanos, contra la especulación, de agua, etcétera), entre otras organizaciones populares y otros movimientos sociales que refutan con su praxis cotidiana el prejuicio que presenta al socialismo como algo etéreo y arquitectónico; porque lo exhiben como experiencia vivida, humana, buena y accesible, con sus estructuras abiertas y accesibles, pero sin ocultar su carácter imperfecto. Se trata de estructuras embrionarias, de “contrasociedades”, de instancias con un innegable carácter “transicional”. Solo la extensión de esas experiencias, su consolidación, su crecimiento y su multiplicación, harán posible la profundización del proceso revolucionario. Esas experiencias son la auténtica vanguardia democrática y revolucionaria de nuestra América y el mundo. El carácter vanguardista de un gobierno se explica a partir de su relación con estas experiencias. Un gobierno que se erige en retaguardia de las mismas puede ser considerado, paradójicamente, un gobierno vanguardista.

Casciari: Un Bonsai para entender el mundo

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Hernán Casciari es escritor y le encanta patear tableros. Tiempo atrás “mandó a cagar” a las grandes editoriales y creó la propia para comunicarse con sus lectores “sin nadie en el medio”: la llamó Orsai, al igual que el blog que le había dado fama y la revista que dirigió durante los últimos tres años. Pero se volvió a hartar y ahora sólo piensa en su nuevo desafío: escribir para pibes, para que entiendan los grandes.
Fotografía: Agustina MaggioTto

Suena mi celular.

—Dice el gordo que vengan ahora —me dice el Chiri.

—¿Cómo “ahora”? —le contesto.

—¡Sí, ya! Les da la entrevista, todo bien, le dije que era para unos amigos.

—Pero, boludo, no sé ni dónde está el grabador ni la fotógrafa…

—¡Dale, vénganse igual!

—Ni preparé las preguntas…

—¡Dale, vengan así! Y dice que traigan faso, si tienen.

El Chiri es el mejor amigo de Casciari y a la vez su mano derecha en los proyectos editoriales. Lo conozco desde el 2000 más o menos. Por entonces él trabajaba en El Civismo —el diario local de Luján— y yo hacía una pequeña revista que él recibía en esa redacción. Todavía se acuerda. Creo que por aquellos años también cubrió la nota de algún piquete del que formé parte y, tiempo después, nos encontramos en un aula de la universidad estudiando Historia. Con el Chiri nos une, secretamente, una frustración especial: todavía ninguno de los dos pudo terminar la carrera.

—¡Bueno, dale, en un rato estoy ahí! —le digo mientras pienso que, de última, si no encuentro el grabador ni consigo quién haga las fotos, al  menos nos fumaremos uno con Casciari y conversaremos un poco de la vida, de literatura, de política, de lo que salga. Después de todo, conversar no es tan difícil y, según dicen, mucho menos con Casciari.

Apenas una hora después estamos ubicados en una casa antigua de la calle Ituzaingo, refugio del escritor cada vez que vuelve a Argentina (vive en Cataluña desde hace trece años). Javier me hace la segunda y se trae unas preguntas entre manos; Agustina llagará más tarde para tomar las fotografías. La noche es inmejorable; el Chiri está prendiendo el fuego para el asado, pero antes abre un Cynar y nos sirve unos vasos. Aclaro que nunca antes probé este aperitivo y Casciari larga un “aahhh, es poderoso, poderosísimo”. Obsequio las flores y ahí nomás “el Gordo” —como le dice el Chiri— acanala un liyo y lo mezcla con un poco de tabaco. Mientras nos cuenta que Bonsai (el nuevo proyecto que vio la luz hace apenas unos días) es una revista inclasificable, “no sabes de dónde agarrarla, porque en un punto está hecha para chicos pero también funciona para otra gente”. Hernán está contento y no lo oculta: “Bonsai es una cosa rarísima, pero bonita, una comedia familiar en la que los pendejos están presentes todo el tiempo”.

CASCIARI1¿Influyó tu rol paterno a la hora de proyectar Bonsai?

A mí me parece que todos jugamos un poco con eso porque tenemos hijos de las mismas edades, y entonces se da una comunicación directa con ellos. Mi hija me hace devoluciones de las páginas que cerramos y todo eso es muy divertido. Por eso lo estoy disfrutando un montón, porque me levanto a la mañana para escribir cuentos e historias que a la noche le leo a ella y conversamos y sé que está súper atenta a los dibujos de Poly y a cómo son los personajes. Poder hacer esto es buenísimo, me parece alucinante.

¿Va a tener una continuidad número a número, cómo es el hilo argumental?

Sí, porque se trata de una familia de tres nenas, un papá y un abuelo que tienen una imprenta en la que imprimen una revista. Un poco te vas enterando por internet cómo es la familia, quiénes son. Y el producto final que te encontrás es la revista que ellos hacen, una revista de barrio que reparten ahí mismo. Tiene cuentos, historietas, horóscopo, consultorio sentimental, una cosa muy rara.

¿Qué querés generar en este nuevo público?

Hace reír, cosas simples. Pero además estamos buscando que un papá y un chico puedan leer exactamente lo mismo, con la misma intensidad, disfrutando y comunicándose generacionalmente. Pero no “bajando al pibe” y hablándole como a un tontito. La idea es todo lo contrario, los grandes somos cada vez más estúpidos, los pibes son cada vez más simples y la tienen más clara, entonces te enseñan más.

La diferencia de este proyecto con la ya mítica revista Orsai es evidente; por una lado Bonsai se realiza a partir de un pequeño staff de gente muy afín a Casciari (Josefina Licitra, Poly Bernatene, María Monjardín, Eduardo Abel Méndez, Matías Tolsá y el infaltable Chiri) mientras que por Orsai pasaron una cantidad importante de colaboradores “externos”, de Abelardo Castillo hasta Marcos López y de Horacio Altuna hasta Juan Forn. Sin embargo, pareciera que hubiese otro cambio —más profundo— de Orsai a Bonsai, una modificación en Casciari con respecto a la literatura. “En el último año nos cansamos un poco de ‘la inteligencia’ —señala—  de escribir para los adultos, de tener que sorprender a los adultos”. Casciari no tiene ningún empacho en decir absolutamente nada, y en eso se basa —en buena medida— su escritura clara y contundente. Está podrido de este mundo cada vez más complejo y chicanero, por eso dice que “empezar a hablarle a los pibes es la necesidad, también, como persona grande, de simplificar el mundo para poder entenderlo”. La idea es, en sí misma, genial, y parece difícil que en la pluma de “el Gordo” pudiese dar otro resultado. “Mirá —dice— recién, mientras el Chiri hacía el fuego, hablábamos de política: es todo tan denso, tan cuadrado, tan absurdo… Entonces a veces explicarle a un chico cómo funciona el mundo te provoca que lo entiendas desde un lugar más original, con menos vicios de disfraces dialécticos, semánticos. Te lleva a dejar de ser terriblemente inteligente por un rato”.

¿Cómo ves la política actual, qué rol cumple?

Me da la sensación, cada vez más, de que el debate político actual es obsoleto. Estamos en un mundo en el que se está terminando de degradar una manera de pensar la política y muy de a poquito está surgiendo otra. Por un lado tenés a los de siempre buscando mantenerse en los espacios de poder y por el otro a un grupo de gente que sabe que en un futuro vas a apretar un botón y le vas a decir a tu diputado: “equis”, y esa equis va a significar lo que tenga que votar y defender.

CASCIARI2—Che, me meto un segundo —interrumpe Chiri— ¿qué pasó con ese partido político que me dijiste que se estaba formando en España?

—En España no, en Italia —dice Casciari.

—No sé, ese en el que te habían invitado a participar.

—¡Ah, no! vos decís “Partidos en Red”.

—Contales, que les va a interesar.

—Partidos en Red es lo que viene, y evoluciona con la lentitud necesaria. Lo único que puede hacer por ahora son plebiscitos no vinculantes. Es un partido multinacional que convoca a personas vinculadas a la cultura, la ciencia, pero que puedan demostrar quiénes son, que no tengan manchas en un buscador de Google. Me invitaron a participar y están generando debates para hacer un cambio político, revolucionario, pero en el tiempo. Que es eso: la posibilidad de que algún día los electores puedan tener habilitado el voto directo en muchas cuestiones. Para mí la política pasa por ese lado.

¿Te identificás con lo revolucionario?

No, me identifico con la idea de que la fórmula de democracia actual no tiene en cuenta a la tecnología, y la que viene sí.

Bien, pero para una mayor democratización. En ese sentido digo “revolucionario”.

No, no es revolucionario, es mucho más parecido a lo que se entiende por democracia, porque hoy tenés un diputado que subió con trescientos mil votos prometiendo una cosa y cuando asumió hizo otra. ¡Esto ocurre todo el tiempo! ¡Ocurre hoy! Ahora, sí estos trescientos mil electores tuvieran que llenar todas las semanas un formulario por internet “en contra de esto” o “a favor de aquello”, el diputado lo único que tendría que hacer es defender lo que dio ese guarismo, si no lo hiciera sería destituido. Lo que se está discutiendo hoy —en los términos y con la polarización que se está haciendo—  me parece que representa el final de un sistema y no puedo estar a favor de ninguno.

—¿Reconocés grises en esa disputa polarizada, acá en Argentina?

Sí, por supuesto, estoy mucho más con el modelo oficialista que con el opositor. Radicalmente, por las razones que se te ocurran. Por casi todas. Esto es un poco lo que yo soñaba cuando era chico, no la forma en que se está haciendo, sino los argumentos, las razones fundamentales; lo que está ocurriendo es lo que tiene que hacerse. Más allá de eso no me gusta la forma en que lo comunican ni muchas otras de este sistema, pero si hay que defenderlo, entre una cosa y la otra, lo voy a defender siempre.

¿Te seguís reivindicando “de izquierda”?

Sí, de lo que se entiende por izquierda desde el punto de que a mí no me interesa que los mercados se liberen, quiero que los estados accionen, que participen permanentemente en todas las decisiones, y eso tiene que ver incluso con mi forma de ver la política a futuro. Pero lo que no pueden existir son más grietas de comunicación, teniendo tecnología no podemos tolerar las grietas comunicacionales.

¿Qué te parece la Ley de Medios?

—Esa es una forma, por ejemplo. Es absolutamente necesario que empiecen a darse pasos así, aunque sean perfectibles. Es necesario que la tendencia de la comunicación se incline para ese lado.

CASCIARI3Hace un tiempo tuvieron inconvenientes con el Gobierno, debido a la importación de revistas y vos escribiste unos textos sobre eso.

Hubo dos bardos que se hicieron textos: “liberen Orsai” y “liberen los libros”. Los dos fueron mensajes para el Gobierno y en los dos casos respondió y se solucionaron. La intención de Moreno fue siempre muy clara: no permitir que imprimas en China por cincuenta centavos como hacen Santillana y los grandes multimedios, para favorecer la industria nacional. Eso es alucinante.

CASCIARI 2da foto copiaPero ahí cayeron ustedes.

Claro, en ese sistema bestial de cortar con todo, caen editoriales chicas como nosotros. Entonces yo les avisé que estaban cometiendo un error y a los dos días me llamó Moreno por teléfono y me dijo que estaba todo solucionado. Nosotros entramos y Santillana no, me parece genial.

¿Primero lo llamaste vos a Moreno?

No, yo escribí un tuit y Moreno se comunicó conmigo por teléfono. Y eso me pareció alucinante, porque la respuesta fue rapidísima. Me dijo (pone la voz como Moreno): “hola, ¿Orsai?” (Risas) ¡En serio boludo! Yo estaba en Río de Janeiro con mi mujer y mi hija, dos días después de lo que había pasado, me sonó el teléfono y era Moreno (vuelve a imitar la voz del exsecretario): “Hola Orsai, vos que estás diciendo cosas por ahí, ya está todo solucionado”, y me cortó.

Nos reímos bastante con la anécdota de Moreno porque Casciari es un tipo muy gracioso, la cuenta muy bien y la verdad es que la voz del exsecretario de comercio le sale muy parecida. No obstante, al momento se pone serio y aclara: “Ahora, te digo que en lo personal, la inflación y el cambio del dólar nos hizo garcha. Pero incluso es mejor si te pasa eso para seguir diciendo: igual lo banco. A veces hay que bancar, incluso si te va mal, porque el global va hacia algo que a mí me parece muy interesante”.

¿Se puede hacer Orsai sin ser Casciari?

No es una cuestión de ser Casciari. Cualquier persona que durante un tiempo importante ha construido una comunidad, le puede pedir ayuda para proyectos culturales que son onerosos. Pero nadie puede abrir internet por primera vez y decir necesito quinientos mil dólares para hacer una revista. Esa comunidad de personas que leen lo que escribo fue construida durante siete años, fue una inversión de, en vez de guita, tiempo.

Hace poco estuviste en un simposio del libro en México donde tu postura generó cierta polémica.

Sí, porque me encontré con un auditorio muy específico de editores, escritores, libreros, críticos literarios y el primer día me dio la impresión de que todos tenían el mismo problema que yo y no lo estaban diciendo, que les estaba chupando un huevo leer, que estaban todos en internet, en otra cosa, paveando. Y dije, ¿por qué no charlamos de esto? Escribí sobre eso, haciéndome cargo. Yo no me puedo concentrar más, no puedo leer como antes, pero tampoco voy a andar en los simposios diciendo que sí puedo.

Cuando te das cuenta que no podés enfocarte ¿te enojás, cómo te pega?

Ya no. En la transición me preocupó pero ahora ya sé que es así. No tiene solución. Nuestro cerebro está yendo para un lugar y las cosas son así. El problema tiene que ver más con la nostalgia de un sistema anterior, al que no podemos regresar. Es imposible regresar a la concentración como la que teníamos en las décadas de los ochenta o noventa. Leer a Nietzsche durante tres horas… ¡ni en pedo, pero ni en pedo!

Sin ese tipo de lectores ¿el terreno es menos propicio para el surgimiento de grandes escritores?

Los hay, pero desde hace diez o quince años están escribiendo para series de televisión. Te digo: David Simon, Steven Moffat, David Chase son los Shakespeare de hoy, y no están escribiendo un libro. Si en el siglo XIX todo el mundo como máxima aspiración de ocio tenía un libro, hoy no. ¿Qué sentido tiene que una gran obra esté en un libro o en cinco dvd en HD? Es lo mismo, no me parece que sea un mal escritor, al contrario. Es un error santificar los formatos, suponer que si no escribiste en un libro pero sí para una serie de televisión entonces no sos tan bueno. Es un error. Si vas a hacer reflexionar, pensar, sentir, no te podes quedar en el formato.

Sin embargo Bonsai saldrá en papel y con la intención de que los padres la lean con sus pibes.

Sí, está absolutamente estructurada con ese objetivo. Dentro de mi cabeza hay una especie de eslogan que es: Bonsai es la única cosa que un chico de diez años de hoy va a tener para sentir nostalgia del papel cuando sea grande, porque después las cosas van a ser en tableta. Y esa comunicación con el padre va a ser importante, va a bajar traumas futuros.

CASCIARI4Casciari arrancó escribiendo en un blog y luego pasó a los grandes diarios y editoriales. Pero, harto de que le roben y lo controlen, los mandó a todos al carajo y se puso a hacer su propio proyecto editorial: Orsai, el mismo nombre que utilizó para su blog y para la revista que dirigió hasta 2013. Sin embargo, la aventura requirió otras habilidades. “En los últimos años —dice— abrí más archivos Excel que archivos doc”, y agrega, “tuve que aprender de logística y distribución, mi tiempo se fue sobre todo en crear un sistema de venta que ahora ya está armado”.

¿Extrañabas escribir?

Sí, claro. Pero en algún punto, si bien todo aquello fue muy cansador y muy poco artístico, yo aprendí a que el Excel me calentara, me excitara, como escribir un cuento. Pero a la vez tenía muchas ganas de levantarme a la mañana y decir: hoy lo que tengo que hacer son chistes. Y hoy estoy haciendo eso pero sabiendo lo otro, lo de la logística, la distribución, las aduanas, etcétera. Me encanta ser un escritor que no precisa ese tipo de ayudas.

Y en cuanto a lo económico ¿cómo encararon este proyecto? ¿Similar a Orsai?

No, Orsai fue muy caprichoso, hicimos lo que se nos antojó, incluso a pérdida. En Bonsai estamos siendo sumamente cuidadosos, con necesidad absoluta de rentabilidad, porque a mí ya no me queda pa’ poner. Estamos yendo a riesgo, por eso lo hacemos con mucho cuidado, con prudencia. Somos poquitos y tiene que dar lo necesario para seguir existiendo.

María —que además de ser la diseñadora gráfica de Orsai y Bonsai es también la esposa de Chiri y amiga de Hernán Casciari— abandona la Mac en la que estaba trabajando hasta hace un momento. Sale a la galería y se suma a la charla: “También influye la falta de publicidad —dice— eso  tiene un nivel de exigencia muy alto, porque la rentabilidad está dada solamente por la compra de la revista”.

¿No piensan la opción de ingresar publicidad en la revista?

Casciari: No. No sería Orsai.

Sí nos replanteamos otras cuestiones —dice María.

CASCIARI ULTIMA copia¿Por ejemplo? —pregunto.

Por ejemplo —dice Casciari— Orsai se distribuía sin intermediarios entre el lector y el autor, y en cambio con Bonsai no tenemos problemas en dejar libros a consignación en una librería. Con Orsai teníamos el pdf (la versión digitalizada) gratuito el mismo día que salía la revista impresa. Con Bonsai no va a pasar eso. Necesitamos rentabilidad, necesitamos que se venda un número de ejemplares para seguir haciéndola.

Y a la vez piensan hacerla con menos gente. ¿Cómo resultó eso a la hora de la producción?

Bonsai es mucho más orgánica —dice María—, es más discutida, se conversa el texto, desde dónde se aborda, es divertidísimo, más rico. No hay uno que mira todo, todos miramos todo.  ¡Bah, qué se yo! Yo me estoy metiendo y te están entrevistando a vos.

CASCIARI5—¡María, sos Guido Suller! —dice Chiri.

Otra vez las risas, nos distendemos un poco y de paso nos servimos otro Cynar. Justo llega Agustina y el Chiri va a abrirle la puerta. Casciari retoma la conversación, dice que con Bonsai es más fácil prever el resultado final. “Haciendo Orsai dependíamos de veinticuatro personas y a veces decías: ¡Uy, mirá lo que nos mandaron!”. La sensación de compartir la cocina de este proyecto da un poco de vértigo; les pregunto cuántos números adelantados van y me responden que ninguno: Bonsai se hace número por número, en tiempo real. Pienso que de alguna manera esto es algo que caracteriza al equipo, pero sobre todo a este extraño binomio llamado Casciari-Chiri. “Se conocen desde chiquitos —dice María—,  ahora hacen lo mismo que de chicos hacían jugando. Antes hacían una revista para el colegio y ahora la hacen para todo el mundo”. No parece real, pero lo es. Lo miro a Casciari esperando que agregue algo, que me cuente algún mito fundacional o me dé la pócima secreta de esta historia que no termino de comprender. Y Casciari no me defrauda: “Con el Chiri —dice— nunca nos volvimos adultos”.

Ahora María vuelve a su laburo en la Mac y el Chiri se refugia en la parrilla. Está en ese punto donde un poco más o menos de brasas puede hacer la diferencia. Por alguna razón, la pregunta que voy a hacerle a Hernán me recuerda una entrevista que le hicieron para Orsai a Mario Pergolini. El título, muy elocuente, era un textual del entrevistado en alusión al avance de las nuevas tecnologías: “Es un buen momento para hacer lo que se te cante el culo”. Sin dudas. Pero ¿hasta qué punto las múltiples voces no acabarán absorbidas por el mercado? Casciari dice que el asunto es muy complicado: “El mercado tiene su lugar, y una chica de California, que se hizo conocida porque subió un video en YouTube tocando la guitarra, no le va sacar la comida de la boca a Enrique Iglesias. Pero también es cierto que cada vez hay más personas buscando contenidos alternativos, y ahora podés acceder a ellos mediante la tecnología”.

Más allá de la cuestión tecnológica en pos de contenidos alternativos y a favor de una mayor democratización, ¿hay algún movimiento social o político con el que te identifiques?

Beppe Grillo, en Italia, me parece buenísimo y está como tercera fuerza detrás de los partidos tradicionales. Es un cómico de stand up que está haciendo muchísima grieta, que está con otro discurso, otra comunicación. Es el primer político moderno y los libros de Historia posiblemente lo marquen, porque lo está haciendo muy bien. Creó un partido político y en su página le propuso a la gente que mande un video con sus propuestas y después que se voten los mejores videos para que los primeros cinco sean los candidatos a diputados. Y funcionó a las mil maravillas. Por eso la izquierda y la derecha italiana le tienen tanta bronca, no lo pueden ni ver.

Hay un debate importante en cuanto a la “militancia virtual”.

Sí, hay que tener mucho cuidado, porque no significa que todas las personas aprieten un botón y listo. Tenés el dato de que el video más visto de YouTube es la pelotudez más grande del mundo, entonces no es eso. Es empezar a crecer con esas opciones, como los plebiscitos no vinculantes. Pero para eso tenés que tener internet en todos lados, no se puede hacer en Nigeria o en Jujuy. No obstante, así como cambió la música y el modo de consumirla también van a cambiar la banca y la política. Esas son las dos últimas cosas que van a cambiar.

¿Cómo creés que va a darse ese camino?

Imaginate lo mismo que pasó con los lobbies de la discográficas o el cine. Hay gente de mucho dinero que se queda con el 15% de un montón de cosas que cuando vea que su ganancia se está escapando por la brecha de la comunicación van a hacer lobby con los Gobiernos para que eso deje de ocurrir.

Esta entrevista finalizó tres veces. Decíamos “bueno, muchas gracias”, pero seguíamos hablando: del caretaje intelectual y del porro, del aborto y de las drogas duras, de la religiosidad y el autopsicoanálisis casciárico, y hasta de los tiempos en que los tres trabajaban para una revista llamada “Énfasis para la transformación empresaria”. Les digo que no me los puedo imaginar. ¿Qué escribías? —le pregunto a Casciari—. “Y, mirá… —me responde con María y Chiri riéndose de fondo— artículos tipo: ‘Cómo hacer para exportar zapatillas a Medio Oriente’”.  Nos reímos, por enésima vez, pero estas risas ya no se escucharán en la grabación.

Aprieto stop y pienso que me va costar editar esta entrevista; no voy a saber qué dejar afuera. Pero sé, no obstante, cómo quiero que termine: cuando Casciari habla de la tecnología a favor de la democratización y los proyectos alternativos, habla a su vez de un tiempo que aún no existe, de un tiempo que está por venir. Sin embargo, no se nombra.

¿Y vos cómo te ves en ese futuro? —le pregunto.

No creo que yo esté en ese futuro. Nuestra generación está viendo que es algo posible y algunos ya están trabajando para hacerlo real,  porque —aclara—  tenés dos opciones: te quejás o hacés algo desde lo posible.

Es la primera vez en toda la noche que no le creo. Pienso, de hecho, que para Hernán Casciari el futuro llegó hace rato.

Messi es un perro

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por Hernán Casciari

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Ilustración: Doel Rangkuti

La respuesta rápida es por mi hija, por mi esposa, porque tengo una familia catalana. Pero si me preguntan en serio por qué sigo acá, en Barcelona, en estas épocas horribles y aburridas, es porque estoy a cuarenta minutos en tren del mejor fútbol de la historia. Quiero decir: si mi esposa y mi hija decidieran irse a vivir a Argentina ahora mismo, yo me divorciaría y me quedaría acá por lo menos hasta la final de la Champions. Y es que nunca se vio algo parecido adentro de una cancha de fútbol, en ninguna época, y es muy posible que no ocurra más.

Es verdad, estoy escribiendo en caliente. Redacto esto la misma semana en que Messi hizo tres para Argentina, cinco para el Barça en Champions y dos para el Barça en Liga. Diez goles en tres partidos de tres competiciones diferentes. La prensa catalana no habla de otra cosa. Durante un rato, la crisis económica no es el tema de inicio en los noticieros. Internet explota. Y en medio de todo esto a mí me acaba de pasar por la cabeza una teoría extraña, muy difícil de explicar. Justamente por eso intentaré escribirla, a ver si termino de darle vuelo.

Todo empezó esta mañana: estoy mirando sin parar goles de Messi en Youtube, lo hago con culpa porque estoy en mitad del cierre de la revista número seis. No debería estar haciendo esto.

De casualidad hago clic en una compilación de fragmentos que no había visto antes. Pienso que es un video más de miles, pero enseguida veo que no. No son goles de Messi, ni sus mejores jugadas, ni sus asistencias. Es un compilado extraño: el video muestra cientos de imágenes —de dos a tres segundos cada una— en las que Messi recibe faltas muy fuertes y no se cae. No se tira ni se queja. No busca con astucia el tiro libre directo ni el penal. En cada fotograma, él sigue con los ojos en la pelota mientras encuentra equilibrio. Hace esfuerzos inhumanos para que aquello que le hicieron no sea falta, ni sea tampoco amarilla para el defensor contrario. Son muchísimos pedacitos de patadas feroces, de obstrucciones, de pisotones y trampas, de zancadillas y agarrones traicioneros; nunca las había visto a todas juntas. Él va con la pelota y recibe un guadañazo en la tibia, pero sigue. Le pegan en los talones: trastabilla y sigue. Lo agarran de la camiseta: se revuelve, zafa, y sigue.

Me quedé, de repente, atónito, porque algo me resultaba familiar en esas imágenes. Puse cada fragmento en cámara lenta y entendí que los ojos de Messi están siempre concentrados en la pelota, pero no en el fútbol ni en el contexto. El fútbol actual tiene una reglamentación muy clara por la que, muchas veces, caer al suelo es asegurar un penal, o conseguir que se amoneste al zaguero contrario es propicio para futuros contragolpes. En estos fragmentos, Messi parece no entender nada sobre el fútbol ni sobre la oportunidad. Se lo ve como en trance, hipnotizado; solamente desea la pelota dentro del arco contrario, no le importa el deporte ni el resultado ni la legislación. Hay que mirarle bien los ojos para comprender esto: los pone estrábicos, como si le costara leer un subtítulo; enfoca el balón y no lo pierde de vista ni aunque lo apuñalen.

¿Dónde había visto yo esa mirada antes? ¿En quién? Me resultaba conocido ese gesto de introspección desmedida. Dejé el video en pausa. Hice zoom en sus ojos. Y entonces lo recordé: eran los ojos de Totín cuando perdía la razón por la esponja. Yo tenía un perro en la infancia que se llamaba Totín. Nada lo conmovía. No era un perro inteligente. Entraban ladrones y él los miraba llevarse el televisor. Sonaba el timbre y no parecía oírlo. Yo vomitaba y él no venía a lamer. Sin embargo, cuando alguien (mi madre, mi hermana, yo mismo) agarraba una esponja —una determinada esponja amarilla de lavar los platos— Totín enloquecía. Quería esa esponja más que nada en el mundo, moría por llevarse ese rectángulo amarillo a la cucha. Yo se la mostraba en mi mano derecha y él la enfocaba. Yo la movía de un lado a otro y él nunca dejaba de mirarla. No podía dejar de mirarla. No importaba a qué velocidad moviera yo la esponja: el cogote de Totín se trasladaba idéntico por el aire. Sus ojos se volvían japoneses, atentos, intelectuales. Como los ojos de Messi, que dejan de ser los de un preadolescente atolondrado y, por una fracción de segundo, se convierten en la mirada escrutadora de Sherlock Holmes.

Descubrí esta tarde, mirando ese video, que Messi es un perro. O un hombre perro. Esa es mi teoría, lamento que hayan llegado hasta acá con mejores expectativas. Messi es el primer perro que juega al fútbol. Tiene mucho sentido que no comprenda las reglas. Los perros no fingen zancadillas cuando ven venir un Citroën, no se quejan con el árbitro cuando se les escapa un gato por la medianera, no buscan que le saquen doble amarilla al sodero. En los inicios del fútbol los humanos también eran así. Iban detrás de la pelota y nada más: no existían las tarjetas de colores, ni la posición adelantada, ni la suspensión después de cinco amarillas, ni los goles de visitante valían doble. Antes se jugaba como juegan Messi y Totín. Después el fútbol se volvió muy raro.

Ahora mismo, en este tiempo, a todo el mundo parece interesarle más la burocracia del deporte, sus leyes. Después de un partido importante, se habla una semana entera de legislación. ¿Se hizo amonestar Juan exprofeso para saltarse el siguiente partido y jugar el clásico? ¿Fingió realmente Pedro la falta dentro del área? ¿Dejarán jugar a Pancho acogiéndose a la cláusula 208 que indica que Ernesto está jugando el Sub-17? ¿El técnico local mandó a regar demasiado el césped para que los visitantes patinen y se rompan el cráneo? ¿Desaparecieron los recogepelotas cuando el partido se puso dos a uno, y volvieron a aparecer cuando se puso dos a dos? ¿Apelará el club la doble amarilla de Paco en el Tribunal Deportivo? ¿Descontó correctamente el árbitro los minutos que perdió Ricardo por protestar la sanción que recibió Ignacio a causa de la pérdida de tiempo de Luis al hacer el lateral?

No señor. Los perros no escuchan la radio, no leen la prensa deportiva, no entienden si un partido es amistoso e intrascendente o una final de copa. Los perros quieren llevarse siempre la esponja a la cucha, aunque estén muertos de sueño o los estén matando las garrapatas. Messi es un perro. Bate records de otras épocas porque solo hasta los años cincuenta jugaron al fútbol los hombres perro. Después la FIFA nos invitó a todos a hablar de leyes y de artículos, y nos olvidamos que lo importante era la esponja. Y entonces un día aparece un chico enfermo. Como en su día un mono enfermo se mantuvo erguido y empezó la historia del hombre. Esta vez ha sido un chico rosarino con capacidades diferentes. Inhabilitado para decir dos frases seguidas, visiblemente antisocial, incapaz de casi todo lo relacionado con la picaresca humana. Pero con un talento asombroso para mantener en su poder algo redondo e inflado y llevarlo hasta un tejido de red al final de una llanura verde. Si lo dejaran, no haría otra cosa. Llevar esa esfera blanca a los tres palos todo el tiempo, como Sísifo. Una y otra vez. Guardiola dijo, después de los cinco goles en un solo partido:

—El día que él quiera hará seis.

No fue un elogio, fue la expresión objetiva del síntoma. Lionel Messi es un enfermo. Es una enfermedad rara que me emociona, porque yo amaba a Totín y ahora él es el último hombre perro. Y es por constatar en detalle esa enfermedad, por verla evolucionar cada sábado, que sigo en Barcelona aunque prefiera vivir en otra parte. Cada vez que subo las escaleras internas del Camp Nou y de pronto veo el fulgor del pasto iluminado, en ese momento que siempre nos recuerda a la infancia, digo lo mismo para mis adentros: hay que tener mucha suerte, Jorge, para que te guste mucho un deporte y te toque ser contemporáneo de su mejor versión, y, trascartón, que la cancha te quede tan cerca. Disfruto esta doble fortuna. La atesoro, tengo nostalgia del presente cada vez que juega Messi. Soy hincha fanático de este lugar en el mundo y de este tiempo histórico. Porque, me parece a mí, en el Juicio Final estaremos todos los humanos que han sido y seremos, y se formará un corro para hablar de fútbol, y uno dirá: yo estudié en Amsterdam en el 73, otro dirá: yo era arquitecto en São Paulo en el 62, y otro: yo ya era adolescente en Nápoles en el 87, y mi padre dirá: yo viajé a Montevideo en el 67, y uno más atrás: yo escuché el silencio del Maracaná en el 50.

Todos contarán sus batallas con orgullo hasta altas horas. Y cuando ya no quede nadie por hablar, me pondré de pie y diré despacio: yo vivía en Barcelona en los tiempos del hombre perro. Y no volará una mosca. Se hará silencio. Todos los demás bajarán la cabeza. Y aparecerá Dios, vestido de Juicio Final, y señalándome dirá: tú, el gordito, estás salvado. Todos los demás, a las duchas.

De todas las formas de amarse

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por Daniela Chueke

De todas las formas posibles de amarse a Pablo y Laura la que más les gusta es pelear.

Los que se pelean se aman, se dice, y ella como es psicóloga lo entiende más que nadie.

Lo que proyectamos en el otro y vemos como defectos no son más que nuestros propios vicios ocultos. El otro está para reflejarnos aquellas partes de nuestra sombra que no queremos ver. Los dos coinciden en esa creencia. Ella es junguiana, él lee mucho a Osho.

De todas las maneras de pelear, a Laura la que más le gusta es la argumentativa. Es capaz de trenzarse horas en discusiones inagotables. Tiene siempre un reproche más, una crítica sutil, a veces directa y descalificadora con que acorralar a su adversario. Es que a ella le gusta hablar sin eufemismos. Laura es dueña de una envidiable maestría en el arte de la controversia.

De todos los atractivos de Laura, su blancura, sus huesos marcados, los cachetes lozanos, la boca delineada, los ojos negros, despiertos, fulminantes, el pelo largo, salvaje, lo que más le gusta a Pablo es su forma de pelear. La argumentativa. Aunque pierde por nocaut, cada discusión lo hace desearla. Es que siempre después de un combate verbal se juega el empate en la cama.

De todos los defectos de Pablo, lento, desordenado, alegre en exceso, conformista, banal, panzón, pelado y patadura el que más odia Laura es su templanza. No sabría vivir sin esa tranquilidad que la exaspera. Sus músculos marcados, sus abrazos fuertes, que siempre la vencen. El tiene una forma especial de rodearle los hombros y ofrecerle el pecho, donde ella apoya su cabeza y su mente se acalla. Pero sólo la abraza así después de una discusión. Es la costumbre.

De todas las excusas para empezar una pelea la preferida es la de los celos. Arranca por el silencio, las respuestas monosilábicas y el desprecio en la mirada. Hasta que él cae en la trampa.

–         ¿Qué te pasa?

–         ¿Cómo qué me pasa? Estaba mirando tu inbox en facebook y vi que le hablaste a tu ex

–         ¿A quién, a qué ex?

–         A Lila, no te hagas el boludo.

–         Pero sólo le hablé para pedirle vidas de candy crush.

–         Pero por qué le pediste a ella, podías haber contactado a cualquiera.

–         Es que le pedí a casi todos. Necesitaba vidas en candy crush.

–         ¿Y justo ella tenía que ser? Además, me importa un carajo tus vidas de candy crush. Ya sabés que me jode que te sigas viendo con tu ex y si lo hacés es sólo para joderme a mí.

–         No la vi y además le hablé a todos, no solamente a ella.

–         No me boludees, si querés ponerme celosa por lo menos buscáte una más linda.

–         Pero no quiero ponerte celosa.

–         Ah, no, y entonces para qué te pones a chatear con tu ex.

–         Ya te lo dije, no chatié con mi ex, sólo quería más vidas.

–         Más vida, exactamente eso es lo que necesitás. Vivir un poco más, cortarla con ese jueguito pelotudo.

–         Es mi forma de relajar un rato, che, no es tan grave.

–         ¿Qué no es tan grave? ¿No leés las noticias vos? ¿No te enteraste de la cantidad de gente que está quedando pelotuda por culpa del candy crush?… Consideráte feliz, ya tenés la pe que te faltaba, pelado, panzón, patadura y además pelotudo por candy crush.

–         Pará, boluda, no me agredas.

–         Porque todo bien con tu entretenimiento para bobos. Pero que además lo uses como oportunidad para cuernearme, ya es demasiado, ¿no te parece? Lindo lugar el que me dejás parada. Cornuda por candy crush. Y con un bagarto.

–         Lau, te estás yendo a la mierda, todo porque no te di bola por unos…cuántos… veinte minutos.

–         No me estoy yendo a ninguna parte, estoy aquí delante tuyo. Lo que pasa es que vos no me ves. No querés verme. Sos feliz haciendo de cuenta que siempre está todo igual. Lo que finalmente termina convirtiéndote en un pelotudo. Un pelotudo importante.

–         Ya dijiste pelotudo como cinco veces, lo entendí, no querés que chatee más con mis ex. No lo hago más. Las borro a todas del facebook, si querés, pero vos podrías hacer lo mismo, ¿no?

–         ¿No ves que no entendes nada? No se trata de los ex, se trata de otra cosa. Estás tan absorto en tu propio mundo que no te enterás de lo que pasa a tu alrededor. Es eso lo que me jode.

–         ¿De qué me tengo que enterar? ¿Pasó algo? Contame.

–         Que vos no te das cuenta, eso pasa. ¿Por qué no me mirás un poco? ¿Nada raro notás?

–         Sí, estás más…

–         Más nada…

–         Te cort…

–         Mm, mm…

–         Te qued…

–         Nnnnn –mientras mueve la cabeza de un lado a otro.

–         Entonces es algo importante.

–         Va queriendo.

–         ¿Estás?

–         Sí, estoy…

–         ¿Lo que buscábamos?

–         ¿Qué buscábamos? No sé si estamos hablando de lo mismo. Vos andabas buscando vidas del candy

–         No sólo vidas del candy estaba buscando, sabés.

–         ¿Tonces?

–         ¿Estás… quedaste?

–         ¿No querías más vidas? Tomá, mirá las dos rayitas.

Laura es así. Pablo también. De todas las formas posibles de saber que uno va a ser padre, la que más les gusta es pelear un poco.

Nekro

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por Cocó Muro

Nekro apuesta por un mundo diferente porque, básicamente, no le gusta el mundo en el que vivimos ahora. Antes al frente de Fun People y ahora con Boom Boom Kid, Carlos Damián Rodríguez siempre se las arregló para hacer lo que se le da la gana y aún hoy es el músico insigne para toda una generación que sonríe escuchando sus sinfonías metaleras.

nekro-1Nekro postea en su Facebook: “Hola chica/chico, Boom Boom Kid quiere ir a Tierra del Fuego a tocar, ¿alguna banda o productor, centro cultural que quiera ayudarnos a llegar ahí?”. En menos de una hora, su consulta tiene treinta y tres respuestas con propuestas de shows que incluyen a casi toda la Patagonia.

¿Pero quién es Nekro? Carlos Damián Rodríguez se dio a conocer con ese nombre —inspirado en un tema de Slayercuando lideraba Fun People, la banda “hardcore gay antifascista” que en su crossover de géneros se animaba a sintetizar V8 y Virus con algo de Judy Garland, Elvis Presley, Beach Boys, Sandro y William Burroughs. A principios de 2000, se decidió a matar a Nekro en un recital y le adjudicó el asesinato a un tal Boom Boom Kid. Paralelamente, también fue Miss Muerte, luego fue Voon (o Boom) Vän Kinder —para un proyecto karaoke hecho para fiestas— y cada tanto se convierte en Il Carlo, el crooner que canta boleros.

En pocas palabras, la respuesta a la pregunta anterior es: Nekro es uno de los motores más entusiastas, sonrientes y creativos del rock made in Argentina. Su espíritu inquieto y su lucha contra el estancamiento mental —amén de su talento para hacer canciones— lo llevaron a editar ocho discos con la extinta Fun People, más de seis con Boom Boom Kid, cientos de fanzines (compilados en el libro Mi pequeña colección de funzinez) y en la Galería Bond Street pueden encontrarse varios compilados, EPs y rarezas que él adora y que —por obra y gracia de su espíritu contagioso — provoca que el resto también lo haga. A fines del año pasado se divirtió confeccionando sus dos nuevos sencillos —2013 EEUU Tour Souvenir en formato flexidisc transparente y 2013 European Tour Souvenir— y editó dos compilados en vinilo: en Estados Unidos fue Música sin la intervención de Cristo y en Europa, Ex Cordevita que incluye treinta canciones. Ah, porque Nekro sale de gira cada vez que puede y las pruebas están en YouTube a donde pueden rastrearse shows explosivos en Tokio, Lima, New York, el DF, Berlín, París, San Pablo, Chicago. En 2013 estuvieron en Texas y la Costa Oeste de Estados Unidos, y también pasaron por Río de Janeiro, pero fue un viaje tan corto y a las apuradas que Nekro lamenta no haber podido pisar la playa.

***

El 13 de enero Nekro cumple años y cada vez que puede lo festeja con un show. Según Wikipedia, Carlos Damián Rodríguez estaría cumpliendo los cuarenta y dos años. Según el saber popular, él será por siempre un niño: el Principito punk de Campana.

Este año el 13 de enero cayó lunes y sin embargo Niceto explotaba de pibes que ajustaban los cordones para lanzarse al pogo. Adentro casi no se podía respirar por el calor y la energía acumulada, Nekro arriba del escenario saltando y revoleando los dreadlocks. Los carteles avisaban que para comprar cerveza era necesario mostrar el documento que acreditara la mayoría de edad.

Boom Boom Kid prefiere hacer sus shows en lugares sin vallas, donde el público tenga acceso a los músicos, donde no se los trate como ganado camino al matadero y donde se pueda cobrar las entradas lo más barato posible. El año pasado los tickets costaron 15 pesos; esta vez, 30 o 35: el equivalente a  diez viajes en subte o dos porciones de pizza en Las Cuartetas, de parado.

Para explicar lo que sucede cada vez que tocan en vivo Nekro dio con el término “benjui jambouree”. En 2009, cuando sacó un disco con el mismo nombre, le dijo al NO de Página 12: «El jambouree es como el llamado a las tribus. Los americanos tomaron eso para referirse a una jam (improvisación). Es una palabra africana que alguna gente usaba para traer a los espíritus a través del canto. Benjui es una palabra hindú que refiere a una esencia que rompe los malos augurios, la mala vibra. Es un llamado a romper todos los maleficios y yo voy a eso. Entonces, cuando vas a sacarte el problema que tenés con vos mismo, listo. Sucede que sin querer hay recepción y está buenísimo. A mí la música me trae paz, por más que escuche Morbid Angel o Napal Death. Yo tengo una misión y la voy a cumplir. A veces la logro y a veces no, pero no pregunto a las personas si les gustó el show. Les digo: `¡Qué bien que nos hicimos, man! Gracias por venir’. Porque sin ellos tampoco se podría generar esa energía».

La mejor manera de disfrutar en vivo de ese benjui jambouree es alternar entre mirar a Nekro pasearse exultante por todo el escenario y mirar al público convertido en un mar de brazos, cabezas y zapatillas moviéndose en un oleaje frenético. Después de mucho bracear, algunos logran salir a flote: se trepan al escenario, levantan los brazos festejando la hazaña , persiguen a Nekro para abrazarlo y vuelven a zambullirse. Nekro es una especie de Moisés que no divide las aguas sino que las surfea. Todos quieren tocarlo y él se deja abrazar, incluso les pasa el micrófono y los habilita para que se expresen. Público y banda conviven en ese caos hermoso donde el límite es el respeto. Nekro arenga desde el escenario, reparte botellas de agua, pide que le devuelvan el sombrero y el pañuelo que pierde cada vez que —sin soltar el micrófono y sin parar de cantar— hace mosh sobre el público. Le dedica un tema a Chabán: “Gracias Omar por dejarnos hacer lo que queríamos en los noventa”. Los chicos aplauden enérgicos, aunque quizás ninguno de los presentes haya pisado Cemento.

***

nekro-2El amor que siente Nekro por el género humano —una suerte de filantropía— es directamente proporcional al desprecio que siente a veces por el mundo en el que vivimos: la intolerancia, la costumbre de matar animales para vivir, el sexismo, la homofobia, las guerras, los demagogos, el fatalismo de los medios, la violencia. Para enterrar todas esas cosas de una y para siempre inventó Chappanoland, un cementerio a donde el ego, la envidia y las fronteras también tienen sus lápidas.

A esa constante disconformidad la resuelve con acciones concretas: saca un disco con canciones de amor, publica un fanzine promoviendo la libertad y denunciando lo que no le gusta, sale a patinar en skate, dibuja, pasea en su Vespa esquivando el tránsito porteño o practica lo que él llama “gritoterapia” que es cantar arriba de los discos a todo lo que da. Siempre que puede aclara: “La música me salvó la vida”. La música como forma de expresión, no solo de diversión porque Nekro cree en el poder que tiene la música para cambiar el mundo.

Nekro no come carne desde los diecisiete años y es, tal vez, el ejemplo más concreto de activismo vegetariano en el rock. Su lucha pasa por la liberación animal y desde sus canciones, videos y shows reivindica esa protesta. Sin embargo no le gusta cómo suena la palabra “militancia”, le sugiere algo militar que le da escalofríos. Tampoco le gustan las organizaciones como Greenpeace por su tibieza y su burocracia: cuando vivía en Campana se juntaba con los amigos e iban directamente a las peleterías y armerías a poner pegamento en las cerraduras o tirar baldes con mierda en la puerta. Cada atentado se documentaba en un fanzine que imprimían con un mimeógrafo y firmaban bajo el nombre de Green Violence.

Con respecto a lo que comés y usás para vestirte, ¿a veces te privás de cosas que te gustan por cumplir con tus principios?

—Privarme no, al contrario: me libero de cosas que algo me las saca del camino para poder seguir. Hay ciertos productos que me gustan, algunas galletitas que son ricas y todo pero cuando veo que dice “grasa vacuna refinada”, no las voy a comer. Hay zapatillas que son resistentes, que duran toda la vida, pero ¿de qué son? De cuero, y no las voy a usar. Aunque venga una vaca y me diga “comeme”, tampoco la voy a comer. Si en una pizzería veo que usan un queso que tiene cuajo de vaca y bueno, no voy a ir ahí. ¿Seré una hinchapelotas? Y sí, pero no le rompo las bolas a nadie. Matar para comer no es lo mío; para vestirme y para embellecerme, tampoco.

Más allá de la música, ¿desde qué lugar creés que aportás con tu accionar?

—A mí me hace sentir bien levantarme a la mañana o irme a dormir sabiendo que no cargo con la culpa de haber tenido que matar un animal. Me copa a mí, no jodo a nadie. No creo en los partidos políticos ni en los movimientos porque se terminan desvirtuando: es muy difícil que todos vayan para el mismo lugar de la misma manera. Creo en los cambios, en lo que tiene que ver más que nada con lo individual. Soy una persona que, sin ser ácrata, no tiene mucho que ver con un dogma que no sé si es tan creíble hoy por hoy. Nunca, desde la corta vida que tengo, vi que algún partido hiciera algo para el pueblo. La política existe porque los dueños del planeta tienen que ver con el pueblo entonces los políticos son los que tienen que lidiar con nosotros y trabajar para esos tipos. La política es el intermediario, el que tiene que calmar y a mí no me gusta. Por eso simpatizo más con la idea de otra cosa.

¿Una idea más de empoderarse cada uno?

—Sí, total. Es una cosa que a mí en realidad me pone triste que todavía tengamos que ir a las urnas para elegir a alguien que maneje mi propia vida y no tiene nada que ver con el autoritarismo, sino con la liberación total de cualquier tipo que te diga lo que tenés que hacer. Si se quieren expresar así, que se expresen. Me parece totalitario aunque muchos piensen que no, pero es algo que te vienen enseñando desde la escuela.

¿Fuiste al colegio?

—Hice primario y secundario. Mi terciario fue Fun People.

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nekro-3Do it yourself para Nekro no solo significa hacer un disco, un fanzine o publicar un libro de manera independiente sino también hacer futuro, hacer las cosas a la manera de cada uno. Ya pasaron casi veinte años desde Anesthesia (1995), aquel primer disco que editó con Fun People que le partió la cabeza a los adolescentes que pululaban por las calles con su skate a mediados de los noventa. Era su grito de guerra y una fuente de inspiración: escuchando sus letras, leyendo sus fanzines y haciendo mosh en sus recitales muchos de ellos se animaron a tener sus propias bandas y expresarse a su manera, sabiendo que este duende inquieto de dreadlocks oxigenados y look californiano hacía algo que cualquier otro podía hacer. Fun People fue la banda sonora perfecta para subirse al trampolín, sortear el mundo de los adultos y generar un código propio.

“Mi primer disco como Boom Boom Kid tiene una frase de Simon Wilder que dice ‘Jamás aceptarás cosas solo porque otros las dicen. Escucharás a todas las partes y filtrarás la información tú solo’. Yo estoy avisando: ‘Man, lo que digo yo no es una cosa a seguir’. Lo mismo hice con El Libro Absurdo”, explica Nekro. El Libro Absurdo se presentó en mayo del 2012 en el marco de un happening en el que Boom Boom Kid prometía regalar el disco nuevo junto con un manifiesto personal. El libro en cuestión era un cuadernillo de tapas negras, con letras en dorado, encuadernación lomo cuadrado y todas las páginas en blanco. Solo contenía una nota suelta y escrita a mano aclarando: “Sí… hojas en blanco y el absurdo no es esto, el absurdo es que hayas esperado instrucciones a seguir por parte de mí. ¿Tan engreído y me quisiste aun así?”. Sus amigos filmaron la reacción de la gente: algunos estaban muy enojados y otros sorprendidos de buena manera. Su idea era poner en crisis incluso a su público, darles un ejemplo concreto de lo peligroso que es seguir ciegamente a Hamelin y su flauta. Y aun así lo quisieron y lo siguen haciendo.

En tus canciones decís muchas cosas que, sin buscar adoctrinar, son súper contagiosas para bien.

—Mi visión es: vos hacé lo que tengas que hacer, yo hago lo que tengo que hacer. ¿Te copa lo que hago yo? Genial, ahora hacé algo que me cope a mí. A veces me preguntan “¿por qué no te volvés a juntar con Fun People?” y es algo que ya hice, es el pasado. Yo te conmoví, ahora conmoveme vos. Si salgo yo ahora ¿es para robar la atención de qué? Hay un montón de bandas nuevas, mejor que la atención vaya por ahí y no por cuatro viejos que se juntan a tocar canciones que aún pueden estar muy actualizadas porque el mundo no cambió mucho. Cuando digo “cuatro viejos” serían viejos huesos duros de roer, en ese sentido.

En su momento, Fun People rechazó un contrato con MCA Records por 40 mil dólares que eran 40 mil pesos de la época. El sello presionaba, pero a Nekro no le interesó firmarlo: prefería no resignar el control sobre el arte, la distribución y la producción de sus discos y seguir editando a través de su sello Ugly Records. Eso le valió el respeto del público y lo convirtió en un ejemplo de lucha contra el establishment. Unos años después, cuando apareció su cara en una publicidad de zapatillas Vans, muchos de los que habían aplaudido su jugada con MCA lo bardearon y lo acusaron de transar con el sistema.

“Yo saqué mi primer disco por mi cuenta porque las personas que sacaban discos en Argentina no me buscaban nunca. Venía de renunciar a un trabajo y no me copaba firmar un contrato con una compañía”, aclara. “Además tengo un costado de artesano y me copa hacer las cosas yo mismo. Tengo mi manera de hacer las cosas, saco un disco y a los cinco días está para bajar gratis, así que ‘tomáaa, ¡a la distribución la hice igual!’. Hago cosas que las puedas agarrar, oler y que son lindas y el que lo quiera bajar, que lo baje”.

Frisbee (2009) es el sexto disco de Boom Boom Kid y su primera edición fue presentada en un verdadero frisbee amarillo flúo que hace las veces de caja de CD. Un frisbee es un plato volador con el que no podés jugar solo y sí o sí necesitás otra persona para usarlo. No es un boomerang que lo tirás y vuelve, el frisbee vuelve si hay otra persona que lo lance otra vez.

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“No estamos derrotados. Yo sigo haciendo canciones y dando mi punto de vista que no me lo puedo callar. A veces no estoy buscando que me entiendan, digo las cosas para mí. Hay algo de filantropía pero también ganas de curarme yo mismo. Muchas veces hacemos las mismas listas de temas que funcionan como mantras, la forma de entonar me hace descargar y a veces la letra no dice nada. Cada uno con su culo que haga lo que quiera, yo con el mío voy a seguir”.

Forster: un pie en la filosofía, otro en la política y los dos en el barro

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El kirchnerismo tiene variadas interpretaciones; acá Ricardo Forster expone la suya, inherente con su costado pragmático desde que saltó al campo impuro de la política. Parado dentro del modelo Nac&Pop, el filósofo analiza las rupturas y contradicciones del proyecto, y hasta ensaya ideas para rescatar el rol combativo de la juventud.

por Nicolás Capelli

No piensa mucho antes de dar una respuesta. No lo necesita, a lo mejor por la obviedad de la pregunta, por el ejercicio de la entrevista, o la claridad en la materia. Forster nos recibe en su casa, en el barrio en el cual alguna vez el Polaco Goyeneche dijo que siempre seríamos bienvenidos, donde hoy la mayoría de las paredes lo recuerdan en colores vivos, y en los otros, los de Platense.  Sobre la mesa del living descansa su último libro, el ensayo que invitó a esta tarde: La Anomalía Kirchnerista: La Política, El Conflicto y la Invención Democrática. Y no se podía empezar de otra manera, qué palabrita que eligió, para provocar, para dar explicaciones en el propio Movimiento o para, por lo menos, invitar al debate.

 ¿Anomalía?

Sí, primero porque siempre es una palabra que requiere algún tipo de explicación, como cuál sería esa diferencia que de algún modo caracteriza al kirchnerismo. Pero no demasiadas, ojalá hubiera habido más controversias, más debate. Empecemos por el título. En realidad la palabra anomalía tiene que ver primero con lo propio, lo original del kirchnerismo. Haber advenido en una circunstancia histórica muy especial de la Argentina, sin que esa llegada estuviera definida o escrita o que hubiera una determinación causal para que Néstor Kirchner llegara a la presidencia. Creo que allí se dieron una serie de condiciones fortuitas: el azar, la jugada de dados, la casualidad histórica, lo inesperado. Nicolás Casullo anticipa de alguna manera a Néstor. Lo define como aquel que venía del sur profundo pero también de los setenta profundos. Pero lo cierto es que llegó en un momento de crisis estructural de Argentina, crisis económica y social, pero también de representación. Crisis cultural, crisis ética. Entonces me parece que desde ese lugar vale la condición de anomalía, que interrumpe una sucesión trágica, una repetición que planteaba a la Argentina como un país sin destino, sin brújula y que no se podía reencontrar con lo mejor de sus tradiciones emancipadoras o igualitaristas o populares. Es decir, desde ese lugar creo que hay algo novedoso, disruptivo, incluso que subvierte la dinámica de la historia argentina en Kirchner.

FORSTER-1¿Cómo se puede explicar el rumbo tomado por el kirchnerismo en 2003, analizando desde dónde se venía política y económicamente?

Me parece que Néstor Kirchner es parte de una movida que empieza a darse en Sudamérica con la llegada de Hugo Chávez en el noventa y nueve y después se continúa con la de Lula y la de Kirchner, y toca a Bolivia, Ecuador, etcétera. Lo que tuvo que hacer Néstor Kirchner es ir contra el sentido común, es decir, revisar el rol del Estado, repensar la cuestión de la industrialización o de la extranjerización de la economía. Significaba ir a contracorriente de lo que había sido la gran construcción ideológica desde el plan austral. También ir en contra de una hegemonía que era global y que todavía lo sigue siendo que es la hegemonía del capital financiero. Me parece que esto es un punto clave porque por primera vez entre un discurso y una construcción práctica hay una vinculación inmediata. Quizás uno podía encontrarla en el primer plano del Gobierno de Alfonsín. Entre el discurso del Preámbulo de la Constitución y la promesa democrática había una relación fluida que comienza a tener crisis desde el ochenta y seis en adelante.

Cuando choca contra las corporaciones.

Cuando retrocede frente a la realidad económica, cuando renuncia Grinspun. En realidad, en términos políticos morales, es semanas antes de “Semana Santa”, pero en términos económicos es su discurso de la economía de guerra que es del ochenta y cinco, la renuncia de Grinspun, el plan austral, etcétera.

Sucede lo mismo con Frondizi: tiene un inicio esperanzador que de alguna manera es derribado por estos grupos económicos financieros.

Te diría que desde el cincuenta y cinco en adelante, desde el Gobierno cuasi-democrático de Frondizi hasta la llegada de Néstor Kirchner. Todos los Gobiernos de uno u otro modo fueron condicionados por las estructuras corporativas económicas. En los sesenta o setenta eso hubiera concluido en golpe de estado. A partir de la recuperación democrática con Alfonsín fue un golpe económico. Menem simplemente se adaptó a las exigencias y demandas del poder corporativo y construyó un Gobierno bajo las perspectivas de ese poder y la Alianza firmó una noria hasta que no sirvió más y  lo escupió como un carozo de aceituna.

En Anomalía llama la atención que hagas foco en la figura de Néstor, cuando las medidas más progresistas (como decís vos, desde una perspectiva bastante benjaminiana, en el sentido del “pasado como escombro del futuro”) se tomaron durante el Gobierno de Cristina.

Sí es cierto, el libro incluso tiene como una pátina de nostalgia con respecto a Néstor Kirchner. Pero yo creo que el lugar de la invención, diferencia y subversión de la historia argentina se expresa con esa mirada anómala de Néstor. Eso no le resta dimensión ni estatura a Cristina ni que, efectivamente, durante sus dos Gobiernos se haya dado el mayor nivel de enfrentamiento y disputa con las estructuras corporativas. Entre el 2003 y el 2007 podríamos decir que hubo una suerte de acuerdo o de no beligerancia entre el Gobierno y las estructuras corporativas. Obviamente que eso no impidió que Kirchner sentara las bases en esos años de lo que iba a ser el proyecto a lo largo de esta década. El momento de la ruptura fue la 125, que fue también en un punto el de la emergencia del kirchnerismo. Esto quiere decir que durante el Gobierno de Néstor no podría haber aparecido esto que después vamos a llamar “kirchnerismo”.

Ahora se plantea otro problema: el de la “paradoja del peronismo”. O sea: las clases bajas se acomodan y empiezan a tener otras necesidades porque ya están cubiertas las básicas; comienzan a tenerle miedo “a la  inseguridad” y a realizar otro tipo de reclamos.

Te doy un ejemplo: hace dos o tres semanas estuve en la UOM de Villa Constitución. Ahí hay una historia de lucha y memoria obrera impresionante, una historia de clasismo y resistencia, un sindicalismo ejemplar. Ahora, la media salarial de los obreros de ACINDAR es de $15.400. Un  estándar de clase obrera aristocrática, clase media diríamos. En las elecciones nacionales de octubre ganó Del Sel en Villa Constitución. Para que tengas una idea, Villa Constitución tiene cuarenta mil habitantes y la UOM cuatro mil cuatrocientos afiliados. O sea que la mitad de la población de Villa Constitución, esposas, hijos, padres, etcétera, gira alrededor del mundo metalúrgico. Uno diría: ciudad con tradición clasista y combativa, gana el kirchnerismo o gana una izquierda radicalizada. Ni siquiera Binner. No, lo peor: Del Sel. Una pregunta inquietante. No quiere decir que todos los obreros metalúrgicos de Villa Constitución votaron a Del Sel. Eso marca la complejidad de la escena contemporánea, la complejidad cultural, conformación de nuevas formas de sensibilidad, el papel de los medios de comunicación. El travestismo social, los deseos de ser clase media.

¿Cuál es la función del kirchnerismo en este momento como movimiento social? ¿Adaptarse a esa demanda o mantener las banderas?

Son dos cosas diferentes. Por un lado están las demandas genuinas que nacen de una sociedad que va mejorando sus condiciones de vida y pide cada vez más. Es decir, ya no sirve el recuerdo de las penurias pasadas, sino que ahora funciona la demanda de una sociedad que está atravesada por la lógica del consumo. Incluso uno podría decir que el reordenamiento de la vida económico-social que hizo el kirchnerismo tiene una pata puesta en el consumo, y es tremendamente contradictorio: por un lado regenera la vida económica, amplifica el mercado interno, genera condiciones de mayor demanda de trabajadores y baja exponencialmente la desocupación. Pero por otro lado, el consumo supone toda una historia, pone concepciones de vida, implica imaginarios que dominan la cotidianidad cuyo núcleo no es ni la solidaridad ni lo colectivo ni el proyecto sino la visión hedónico individualista de la vida. Esto es parte de las sociedades contemporáneas de consumo y es la atención y la contradicción de un proyecto que si se quiere es de matriz popular, pero al mismo tiempo necesita de la expansión del consumo interno para regenerar la vida económico social de la Argentina.

FORSTER-2Forster habla del travestismo del peronismo. De Massa, de Del Sel, del sindicalismo. Entonces le pregunto sobre una duda que decanta: ¿Cuál es la relación del kirchnerismo con el peronismo? Por primera vez se toma unos segundos. No pareciera dudar sobre qué responder, sino más bien estar buscando las palabras que planteen la profundidad del debate que se viene, que se nos viene por lo menos a aquellos que estamos del mismo lado. Esos a los que los militantes de izquierda vinculan con “el Régimen”. Esos a los que los detractores de derecha vinculan con “el Régimen”. Forster sabe que ese tema es casi más importante que el repaso de los diez años que generó esta charla. Tal vez porque, como buen seguidor de la Escuela de Frankfurt, entiende el pasado y el presente como “principio esperanza” del futuro. “A mí me parece que es el tema central de estos dos años —dice—  y de lo que se hable en el futuro en Argentina. Creo que el kirchnerismo viene por un lado a rescatar al peronismo, porque este estalla también en la crisis de 2001 travestido por el menemismo que había invertido su matriz histórica, que había deshecho su gran tradición igualitarista, estatista y había generado las condiciones de una etapa prostibularia, donde lo que se imponía de fondo era un peronismo conservador. En cambio, me parece que el kirchnerismo constituye un plus. Por un lado lo que te definía como la recuperación, el rescate, la reparación del propio peronismo. Pero también porque implica ensancharlo, ponerlo frente a otros desafíos. Implica incorporar otros lenguajes que no estaban en el peronismo. Los derechos humanos no son parte de la tradición del peronismo; hubo que esperar hasta Néstor Kirchner para que efectivamente alguien que viniera del peronismo pusiera en el lugar central de su política los derechos humanos. Esto implica una novedad, un plus. Yo creo que el kirchnerismo es una invención que tiene como matriz, como nutriente fundamental, al peronismo. Pero que a su vez incorpora una nueva perspectiva, como la latinoamericanista de Kirchner que, si bien tiene bases en Perón, ese pensamiento de las izquierdas, en el peronismo nunca pasaba de una retórica.”

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Si, está más en Cooke que en Perón.

Pero no pasaba de una retórica en el sentido en que no se vislumbraba la materialización de ese proyecto de unidad latinoamericano. Creo que con Kirchner y con Cristina, en consonancia con una etapa extraordinaria del continente, con la emergencia de líderes únicos como Lula, Evo, Correa, Chávez se habilita lo que hasta ese momento era solamente una ilusión o una utopía o una retórica. Entonces creo que ahí hay algo agregado, un plus, una anomalía. El kirchnerismo hace lo que el primer peronismo no hizo: disputa el relato de la historia. Porque en el primer peronismo, en realidad Perón no sale a discutir. Es más, cuando nacionaliza los ferrocarriles le pone a cada terminal los nombres emblemáticos de la “argentina oligárquica”: Mitre, Roca, Sarmiento, Urquiza. En cambio el kirchnerismo también viene a discutir la historia. Entonces todo eso termina de configurar algo que necesita los dos nombres: peronismo y kirchnerismo. Cuando Randazzo dice que se puede ser kirchnerista sin ser peronista, pero no se puede ser peronista sin ser kirchnerista, es interesante y real. Me pareció feliz una frase de alguien que, por su propio origen, yo no esperaba que la dijera de ese modo.

FORSTER-4Y en el futuro, ¿qué pasará? ¿Por qué el kirchnerismo se empieza a recostar en personajes más cercanos al PJ?

El kirchnerismo atraviesa un momento complejo, inquietante. Se enfrenta al gran desafío de cómo generar las condiciones, en estos dos años, de una candidatura que sin ser la de Cristina represente al núcleo de este proyecto histórico. Siempre es difícil transmitir liderazgo, legitimidad y carisma. Es difícil, los líderes no surgen de una probeta, no son de laboratorio, son producto de la historia, son mezclas muy complicadas. Me parece que ahí va a estar en prueba el propio liderazgo de Cristina. Hasta dónde ella tiene la capacidad de transferir liderazgo, carisma y legitimidad a un candidato que represente al kirchnerismo. Este es el gran desafío.

Pareciera que ese candidato no aparece…

Creo que hay tiempo. Lo principal, lo inmediato, pensando el escenario que se está abriendo, es seguir avanzando en lo económico y sobre todo salir a romper los núcleos más problemáticos a los que se enfrenta la economía argentina.

Haciendo honor al modelo keynesiano, a largo plazo, lo único que sé es que estamos todos muertos.

Lo que pasa es que la decisión de Cristina de haber unificado alrededor de la figura de Kicillof y su equipo un proyecto económico también es una definición, porque todos se quedan en Capitanich y dejan a un lado a Kicillof. Me parece que ahí Cristina está demostrando que está dispuesta a dar la batalla bajo la lógica del proyecto y su matriz ideológica, que es una suerte de reivindicación del rol del Estado como actor fundamental de la sociedad. Entonces esperamos que la economía de 2014 esté mejor que la de 2013. Me parece que hubo en este último mes muchos intentos de desestabilizar, de irritar, de degradar: de los policías, el llamado continuo y abrumador de los medios de comunicación corporativos al cacerolazo, a la rebelión por los cortes de luz. Y es llamativo que eso no haya sucedido porque estaban dadas “las condiciones para”.

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Fin de año, los recuerdos de diciembre…

Mal humor social, cortes de luz.

Calor.

¡Calor! Estaban dadas las condiciones para protestas masivas y sin embargo, pese al intento brutal, eso no sucedió. Cortes, protestas limitadas, muchas de ellas fogoneadas, etcétera, pero eso no sucedió. Sin embargo es una señal que el Gobierno nacional no puede desatender: hay una disputa que tiene que ver con mejorar las condiciones y la calidad de vida. Porque cuando se recupera lo esencial, lo que viene son demandas de calidad de vida. El transporte, la luz, son partes de esas demandas indispensables.

FORSTER-5¿Qué críticas hacés hacia el interior del proyecto kirchnerista?

Yo creo que hubo una equivocación en construir organizaciones juveniles que no asumieron el rol de plantear una mirada crítica, argumentar por izquierda. Yo me acuerdo que la primera vez que Néstor vino a Carta Abierta alguien preguntó por la juventud y Kirchner contestó: los jóvenes tienen que transgredir, tienen que traspasar los límites, tienen que molestarnos. Me parece que después de la muerte de Néstor y del triunfo del 54%, se marcó la idea de que la juventud “acompaña a Cristina”. Pero a un joven no le podés decir que su papel es simplemente “ser coro de”. La juventud tiene que poder decir; atreverse. Hablar del aborto, de la despenalización del consumo, de la distribución de la tierra. Hablar de cosas que por distintos motivos el Gobierno no quiere hablar o no puede encarar. Si esa juventud no puede ponerse a la izquierda —no puede demandar, exigir—, estamos en problemas. Hay que plantear una intervención de otro tipo, una modificación. Después de las elecciones de 2013 la idea de ir hacia las elecciones de 2015 bajo la lógica del dedazo ya no funciona. Cristina jugará un rol que ojalá no sea el de habilitar que todos vayan a la contienda, sino que en algún momento marque una opción dentro de esa contienda, porque ahí puede ir Scioli, Randazzo, Capitanich, Uribarri, pero no todos representan lo que es el kirchnerismo.

Hace un momento mencionábamos a Cooke; no es común que los filósofos tomen ese camino, pero vos sí: te metiste en el barro de la política y la historia. ¿Cómo fue esa decisión?

No sé si fue una decisión. Yo creo que a veces las propias circunstancias, las demandas de la realidad, te ponen en un lugar que seguramente no imaginabas. Si vos me preguntabas el veinticuatro de mayo de 2003 si yo hubiera imaginado el camino que siguió la Argentina y mi relación con esa historia, creo que no lo hubiera podido vislumbrar. Creo que tiene que ver con lo que sucedió, con el dramatismo que reaparece en la historia argentina sobre todo a partir de 2008. Probablemente también con algunas historias personales o remembranzas biográficas de los setenta. Pero a veces las cosas van sucediendo y uno no elige tanto, sino que la realidad te toca, te interpela, te conmueve. Nunca hubiera imaginado esta experiencia política, este nivel de exposición, de debate. La verdad que no. Por eso muchas veces digo que no es el filósofo el que se adelanta a las ideas todavía no planteadas en su tiempo, sino que le tiene que suceder algo a la materialidad de la historia para que luego el pensamiento se atreva a decir lo que no podías.

Tu elección fue más a esa materialidad.

Producto de la conjunción. Sin dudas había un trabajo previo: escrituras, reflexiones que llevan a que ya desde el comienzo del Gobierno de Kirchner sintiésemos que algo importante estaba sucediendo. Estaba lo previo, pero tienen que desencadenarse ciertas fuerzas históricas para que el pensamiento no mida distantemente la historia sino que se sienta atraído por ella, y esto es lo que me parece que nos pasó a algunos. A otros les pasó todo lo contrario.

Este amor con que odio

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El escritor Juan Gelman, fallecido hace apenas un mes, dejó una de las historias de lucha y obra más importantes de nuestra época. Premiado con los máximos galardones de la lengua castellana, con su partida comienza, curiosamente, el tiempo de su relectura. Nosotros ya empezamos.

por Juan Gelman

Discurso al recibir el premio Cervantes (2007)

«Deseo, ante todo, expresar mi agradecimiento al jurado del Premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes, a la alta investidura que lo patrocina y a las instituciones que hacen posible esta honrosísima distinción, la más preciada de la lengua, que hoy se me otorga. Mi gratitud es profunda y desborda lo meramente personal. En el año 2006 se galardonó con este Premio al gran poeta español Antonio Gamoneda y en el 2007 lo recibe también un poeta, esta vez de Iberoamérica. Se premia a la poesía entonces, `que es como una doncella tierna y de poca edad y en todo extremo hermosa´ para don Quijote, doncella que, dice Cervantes en `Viaje del Parnaso´, `puede pintar en la mitad del día la noche, y en la noche más escura el alba bella que las perlas cría… Es de ingenio tan vivo y admirable que a veces toca en puntos que suspenden, por tener no se qué de inescrutable´.

A la poesía hoy se premia, como fuera premiada ayer y aún antes en este histórico Paraninfo donde voces muy altas resuenan todavía. Y es algo verdaderamente admirable en estos “Dürftiger Zeite”, estos tiempos mezquinos, estos tiempos de penuria, como los calificaba Hölderlin preguntándose “Wozu Dichter”, para qué poetas.

gelman-1¿Qué hubiera dicho hoy, en un mundo en el que cada tres segundos y medio un niño menor de cinco años muere de enfermedades curables, de hambre, de pobreza? Me pregunto cuántos habrán fallecido desde que comencé a decir estas palabras. Pero ahí está la poesía: de pie contra la muerte.
(…) Santa Teresa y San Juan de la Cruz tuvieron para mí un significado muy particular en el exilio al que me condenó la dictadura militar argentina. Su lectura desde otro lugar me reunió con lo que yo mismo sentía, es decir, la presencia ausente de lo amado, Dios para ellos, el país del que fui expulsado para mí. Y cuánta compañía de imposible me brindaron. Ese es un destino “que no es sino morir muchas veces”, comprobaba Teresa de Ávila. Y yo moría muchas veces y más con cada noticia de un amigo o compañero asesinado o desaparecido que agrandaba la pérdida de lo amado.

La dictadura militar argentina desapareció a treinta mil personas y cabe señalar que la palabra “desaparecido” es una sola, pero encierra cuatro conceptos: el secuestro de ciudadanas y ciudadanos inermes, su tortura, su asesinato y la desaparición de sus restos en el fuego, en el mar o en suelo ignoto. El Quijote me abría entonces manantiales de consuelo. Lo leí por primera vez en mi adolescencia y con placer extremo después de cruzar, no sin esfuerzo, la barrera de las imposiciones escolares. Me acuciaba una pregunta: ¿cómo habrá sido el hombre, don Miguel? Conocía su vida de pobreza y sufrimiento, sus cárceles, su cautiverio en Argel, su Lepanto, los intentos fallidos de mejorar su suerte.

gelman-2Pero él, ¿quién era? Releía el autorretrato que trazó en el prólogo de las Novelas Ejemplares: “Este que veis aquí, de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada”, que nada me decía, salvo la mención de sus “alegres ojos”. Comprendí entonces que él era en su escritura. Me interno en ella y aún hoy creo a veces escuchar sus carcajadas cuando acostaba al Caballero de la Triste Figura en el papel. Solo quien, desde el dolor, ha escrito con verdadero goce puede dar a sus lectores un gozo semejante. Cómico es el rostro de la tragedia cuando se mira a sí misma.

(…) Muchas plumas hondas y brillantes han explorado los rincones del gran libro. Por eso, parafraseando al autor, declaro sin ironía alguna que, con seguridad, este discurso carece de invención, es menguado de estilo, pobre de conceptos, falto de toda erudición y doctrina. Solo hablo como lector devoto de Cervantes, pero quién puede describir los territorios del asombro. Con mucha suerte y perspicacia, es posible apenas sentarse a la sombra de lo que siempre calla.

Cervantes se instala en un supuesto pasado de nobleza e hidalguía para criticar las injusticias de su época, que son las mismas de hoy: la pobreza, la opresión, la corrupción arriba y la impotencia abajo, la imposibilidad de mejorar los tiempos de penuria que Hölderlin nombró. Se burla de ese intento de cambio y se burla de esa burla porque sabe que jamás será posible terminar con la utopía, recortar la capacidad de sueño y de deseo de los seres humanos. Cervantes inventó la primera novela moderna, que contiene y es madre de todas las novedades posteriores, de Kafka a Joyce. Y cuando en pleno siglo XX Michel Foucault encuentra en Raymond Roussel las características de la novela moderna, estas: “el espacio, el vacío, la muerte, la transgresión, la distancia, el delirio, el doble, la locura, el simulacro, la fractura del sujeto”, uno se pregunta ¿qué? ¿No existe todo eso, y más, en la escritura de Cervantes?

Su modernidad no se limita a un singular universo literario. La más humana es un espejo en el que podemos aún mirarnos sin deformaciones en este siglo XXI. Dice Don Quijote: “Bien hayan aquellos benditos siglos que carecieron de la espantable furia de aquestos endemoniados instrumentos de la artillería a cuyo inventor tengo para mí que en el infierno se le está dando el premio de su diabólica invención, con la cual dio causa que un infame y cobarde brazo quite la vida a un valeroso caballero, y que sin saber cómo o por dónde, en la mitad del coraje y brío que enciende y anima a los valientes pechos, llega una desmandada bala (disparada de quien quizá huyó y se espantó del resplandor que hizo el fuego al disparar la maldita máquina) y corta y acaba en un instante los pensamientos y la vida de quien la merecía gozar luengos siglos”.

gelman-3Desde el lugar de presunto caballero andante quejoso de que las armas de fuego hayan sustituido a las espadas, y que una bala lejana torne inútil el combate cuerpo a cuerpo, Don Quijote destaca un hecho que ha modificado por completo la concepción de la muerte en Occidente: es la aparición de la muerte a distancia, cada vez más segura para el que mata, cada vez más terrible para el que muere. Pasaron al olvido las ceremonias públicas y organizadas que presidía el mismo agonizante en su lecho: la despedida de los familiares, los amigos, los vecinos, el dictado del testamento ante los deudos. La muerte hospitalizada llega hoy con un cortejo de silencios y mentiras. Y qué decir de los 200.000 civiles de Hiroshima que el coronel Paul Tobbets aniquiló desde la altura apretando un simple botón. Piloteaba un aparato que bautizó con el nombre de su madre, arrojó la bomba atómica y después durmió tranquilo todas las noches, dijo.

Pocos conocen el nombre de las víctimas cuya vida el coronel había segado. La muerte se ha vuelto anónima y hay algo peor: hoy mismo centenares de miles de seres humanos son privados de la muerte propia. Así se da en Irak.

Creo, sin embargo, como el historiador y filósofo Juan Carlos Rodríguez, que el Quijote es una gran novela de amor. Del amor imposible. En el amor se da lo que no se tiene y se recibe lo que no se da y ahí está la presencia del ser amado nunca visto, el amor a un mundo más humano nunca visto y torpemente entrevisto, el amor a una mujer que no es y a una justicia para todos que no es. Son amores diferentes pero se juntan en un haz de fuego. ¿Y acaso no quisimos hacer quijotadas en alguna ocasión, ayudar a los flacos y menesterosos? ¿Luchando contra molinos de aspas de acero, que ya no de madera? ¿Despanzurrando odres de vino en vez de enfrentar a los dueños del dolor ajeno? ¿“En este valle de lágrimas, en este mal mundo que tenemos –dice Sancho–, donde apenas se halla cosa que esté sin mezcla de maldad, embuste y bellaquería”?

gelman-4He celebrado hace dos años, con ocasión de la entrega del Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, mi llegada a una España que no acepta las aventuras bélicas y que rompe clausuras sociales que hieren la intimidad de las personas. Hoy celebro nuevamente a una España empeñada en rescatar su memoria histórica, único camino para construir una conciencia cívica sólida que abra las puertas al futuro. Ya no vivimos en la Grecia del siglo V antes de Cristo en que los ciudadanos eran obligados a olvidar por decreto. Esa clase de olvido es imposible. Bien lo sabemos en nuestro Cono Sur.

Para San Agustín, la memoria es un santuario vasto, sin límite, en el que se llama a los recuerdos que a uno se le antojan. Pero hay recuerdos que no necesitan ser llamados y siempre están ahí y muestran su rostro sin descanso. Es el rostro de los seres amados que las dictaduras militares desaparecieron. Pesan en el interior de cada familiar, de cada amigo, de cada compañero de trabajo, alimentan preguntas incesantes: ¿cómo murieron? ¿Quiénes lo mataron? ¿Por qué? ¿Dónde están sus restos para recuperarlos y darles un lugar de homenaje y de memoria? ¿Dónde está la verdad, su verdad? La nuestra es la verdad del sufrimiento. La de los asesinos, la cobardía del silencio. Así prolongan la impunidad de sus crímenes y la convierten en impunidad dos veces.

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Enterrar a sus muertos es una ley no escrita, dice Antígona, una ley fija siempre, inmutable, que no es una ley de hoy sino una ley eterna que nadie sabe cuándo comenzó a regir. “¡Iba yo a pisotear esas leyes venerables, impuestas por los dioses, ante la antojadiza voluntad de un hombre, fuera el que fuera!”, exclama. Así habla de y con los familiares de desaparecidos bajo las dictaduras militares que devastaron nuestros países.

Y los hombres no han logrado aún lo que Medea pedía: curar el infortunio con el canto.
Hay quienes vilipendian este esfuerzo de memoria. Dicen que no hay que remover el pasado, que no hay que tener ojos en la nuca, que hay que mirar hacia adelante y no encarnizarse en reabrir viejas heridas. Están perfectamente equivocados. Las heridas aún no están cerradas. Laten en el subsuelo de la sociedad como un cáncer sin sosiego.

Su único tratamiento es la verdad. Y luego, la justicia. Solo así es posible el olvido verdadero. La memoria es memoria si es presente y así como Don Quijote limpiaba sus armas, hay que limpiar el pasado para que entre en su pasado. Y sospecho que no pocos de quienes preconizan la destitución del pasado en general, en realidad quieren la destitución de su pasado en particular.

gelman-5Pero volviendo a algunos párrafos atrás: hay tanto que decir de Cervantes, de este hombre tan fuera del uso de los otros. De sus neologismos, por ejemplo. Salvo él, nadie vio a una persona caminar asnalmente. O llevar en la cabeza un baciyelmo. O bachillear. Don Quijote aprueba la creación de palabras nuevas, porque “esto es enriquecer la lengua, sobre quien tienen poder el vulgo y el uso”. Hace unos años ciertos poetas lanzaron una advertencia en tono casi legislativo: no hay que lastimar al lenguaje, como si este fuera río coagulado, como si los pueblos no vinieran “lastimándolo” desde que empezaron a nombrar. Cuando Lope dice “siempre mañana y nunca mañanamos” agranda el lenguaje y muestra que el castellano vive, porque sólo no cambian las lenguas que están muertas. La lengua expande el lenguaje para hablar mejor consigo misma.

Esas invenciones laten en las entrañas de la lengua y traen balbuceos y brisas de la infancia como memoria de la palabra que de afuera vino, tocó al infante en su cuna y le abrió una herida que nunca ha de cerrar. Esas palabras nuevas, ¿no son acaso una victoria contra los límites del lenguaje? ¿Acaso el aire no nos sigue hablando? ¿Y el mar, la lluvia, no tienen muchas voces? ¿Cuántas palabras aún desconocidas guardan en sus silencios? Hay millones de espacios sin nombrar y la poesía trabaja y nombra lo que no tiene nombre todavía.

Esto exige que el poeta despeje en sí caminos que no recorrió antes, que desbroce las malezas de su subjetividad, que no escuche el estrépito de la palabra impuesta, que explore los mil rostros que la vivencia abre en la imaginación, que encuentre la expresión que les dé rostro en la escritura. El internarse en sí mismo del poeta es un atrevimiento que lo expone a la intemperie. Aunque bien decía Rilke: “[…] lo que finalmente nos resguarda/es nuestra desprotección”. Ese atrevimiento conduce al poeta a un más adentro de sí que lo trasciende como ser. Es un trascender hacia sí mismo que se dirige a la verdad del corazón y a la verdad del mundo. Marina Tsvetaeva, la gran poeta rusa aniquilada por el estalinismo, recordó alguna vez que el poeta no vive para escribir. Escribe para vivir».

Bolivia del multiculturalismo neoliberal a la construcción del Estado Plurinacional

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por  Patricio Grande / Fotografía: Fabricio Lombardo

Bolivia-1En la década de 1990 muchos países de América Latina, entre ellos Bolivia, realizaron enormes transformaciones institucionales que se cristalizaron en reformas constitucionales, un fenómeno difundido bajo el rótulo de “constitucionalismo multicultural” o “multiculturalismo formal”. Si bien este fenómeno fue variando en cada uno de los Estados, las nuevas constituciones incorporaron el reconocimiento de los pueblos indígenas a una educación intercultural, el acceso a la tierra y al autogobierno junto con otras reivindicaciones impulsadas por los propios movimientos indígenas y reconocidas por el derecho internacional a través del Convenio Nº 169 de la Organización Internacional del Trabajo en 1989.

Los Estados mostraban así un “nuevo perfil humanista” sustentado en el reconocimiento de un otro no occidental, elemento que formó parte integral de un rediseño estructural y global direccionado sobre la base de dos grandes líneas estratégicas: por un lado, profundizar la política económica de corte privatista y transnacional iniciada desde mediados de la década de 1980; y por otro lado, eliminar la movilización sociopolítica de las calles, un hecho que algunos especialistas en la problemática conceptualizan como “un verdadero intento de revolución pasiva” frente a las crecientes movilizaciones de los históricamente excluidos indígenas, procurando así garantizar, en el mediano y largo plazo, nuevas formas de gobernabilidad sustentables en el contexto de las políticas de ajuste estructural y de reducción del Estado prescritas por las agencias de financiamiento internacional, quienes se encargaron de promover el Consenso de Washington —Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, Banco Interamericano de Desarrollo, Asociación Internacional de Fomento, Agencia de los Estados Unidos de América para el Desarrollo Internacional, etcétera—.

Particularmente, Bolivia se transformó desde 1985 —a partir de la última presidencia del caudillo Víctor Paz Estenssoro— en un laboratorio social apto para el ensayo de políticas neoliberales, combinando así las prescripciones del Consenso de Washington con políticas multiculturales globalizadas. Esa combinación se tradujo en el cierre y/o desmantelamiento del aparato productivo estatal, diseñado por el proceso revolucionario nacionalista de 1952. En este contexto, ciertos sectores clave de la economía boliviana —como hidrocarburos, telecomunicaciones y energía eléctrica—  quedaron bajo el control del capital privado multinacional.

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En paralelo a estas reformas socioeconómicas caracterizadas por una radical desnacionalización de los recursos económicos se dio una desnacionalización de la ciudadanía, promoviendo un “multiculturalismo neoliberal” que propugnaba un resguardo de los derechos indígenas bajo la condición de no cuestionar la arraigada “colonialidad” racista y excluyente, rasgo distintivo desde la formación del proto-Estado boliviano en 1825.

Con la reforma constitucional de 1994, cuando corría el primero de los gobiernos de Gonzalo Sánchez de Lozada, Bolivia dejaba formalmente de ser una República monocultural para convertirse en una nación “multiétnica y pluricultural”. Sin embargo, este “constitucionalismo multicultural indigenista” no hizo más que profundizar lo que el investigador y periodista argentino Pablo Stefanoni denomina como una “inclusión abstracta y una exclusión concreta”. De ese modo, los más importantes ámbitos de decisión política siguieron estando monopolizados por los partidos tradicionales, hegemonizados por los sectores blanco/mestizos.

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Untitled-1Bolivia-2Empero, a partir del año 2000 ese escenario de hegemonía neoliberal comenzó a modificarse a través de diversas manifestaciones, levantamientos, rebeliones e insurrecciones en espacios tanto urbanos como rurales que tuvieron como protagonistas estelares a los grupos indígenas de la amazonía y la serranía. Entre estas manifestaciones colectivas adquirieron mayor relevancia social y política la llamada “Guerra del Agua”, los bloqueos de caminos en los departamentos de La Paz y Cochabamba, la denominada “Guerra del Gas” y las manifestaciones callejeras de 2005 en ciudades neurálgicas como El Alto.

Este ciclo insurreccional abrió una nueva etapa en el país profundizada con la llegada al gobierno nacional de Evo Morales Ayma y su Movimiento Al Socialismo —MAS—, quien en enero de 2006 se convirtió en el primer presidente indígena de Bolivia. El nuevo primer mandatario fue respaldado por diversos sectores de la sociedad boliviana, pero su principal capital político radicó en los movimientos sociales de campesinos e indígenas —CSUTCB, CIDOB, CONAMAQ, FNMCB “BS”, CSCB, etcétera—. Programáticamente estos colectivos sociales se propusieron impulsar una redistribución igualitaria del poder político y de las riquezas que contemple las necesidades y demandas reales de las treinta y seis naciones y/o pueblos indígenas existentes en el país. Necesariamente esto implicaba la transición de un “multiculturalismo formal” a otro realmente existente.

A pesar de los intensos debates que cuestionan hoy la verdadera participación de los movimientos sociales en el gobierno del MAS, se puede esbozar que estas organizaciones lograron imponer durante los sucesivos gobiernos de Evo Morales, al menos parcialmente, gran parte de sus demandas inmediatas, entre las que se destacan: la redistribución progresiva de las riquezas producidas socialmente; la renacionalización de la economía, mediante la reestatización de los recursos naturales; y un reparto igualitario del poder político.

Estas transformaciones se cristalizaron jurídicamente en una Nueva Constitución Política del Estado (NCPE) que entró en vigencia en 2009; cabe destacar que los movimientos sociales fueron actores centrales del proceso asambleario constituyente. A partir de la NCPE, Bolivia dejó de ser una República para constituirse “en un Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario” (Art. 1), en el cual la “diversidad cultural constituye la base esencial del Estado” (Art. 98).

En relación al reparto igualitario del poder político, el nuevo Estado “adopta para su gobierno la forma democrática participativa, representativa y comunitaria” (Art. 2), asegurando “la participación proporcional de las naciones y pueblos indígena originario campesino” en la elección de parlamentarios (Art. 147). Bajo la misma tónica, a nivel local se contempla la figura de “Autonomía indígena originaria campesina” que consiste “en el autogobierno como ejercicio de la libre determinación de las naciones y pueblos indígenas” (Art. 289). No obstante, el Estado central se reserva para sí una serie de competencias indelegables a fin de garantizar su rol presente y activo en tanto superación del neoliberalismo (Art. 298).

En el plano económico la NCPE estipula un modelo plural constituido “por las formas de organización económica comunitaria, estatal, privada y social cooperativa” (Art. 306); además, por primera vez en la historia de Bolivia, el latifundio encuentra límites fijos o concretos en su máxima extensión territorial (Art. 398) y a fin de superar la transnacionalización de la economía, los hidrocarburos como recursos estratégicos “son propiedad inalienable e imprescriptible del pueblo boliviano” (Art. 359).

Finalmente, a partir de este breve recorrido por la historia cercana boliviana, resulta pertinente considerar que esta reciente experiencia de trasformación integral encarada por el gobierno del MAS y distintos movimientos sociales —más allá de avances, retrocesos parciales y tensiones internas— se constituye en un significativo avance hacia la superación del “racismo negado”, pilar esencial del multiculturalismo neoliberal, para construir de manera colectiva y “desde abajo” una multiculturalidad verdaderamente transformadora de las históricas desigualdades sociales y culturales.

El arte de la libertad

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La nueva Ley de Salud Mental prohíbe la construcción de nuevos manicomios y plantea el cierre gradual de los ya existentes. Javier Pereyra, psicólogo  y  músico involucrado en el proceso de “desmanicomialización”, explica por qué es necesaria una nueva mirada de la sociedad sobre este “verdadero despelote que vale la pena”. La locura y la libertad en el centro del debate.

Por Javier Pereyra / Fotografía: Manu De Biasi

La tele nos enseño que “un loco” es un psicópata que nos va a atacar con una motosierra, y de ello se desprende, inmediatamente, una obviedad: hay que encerrarlos. Pero la cuestión no es tan sencilla. Los hospitales no están llenos de psicópatas asesinos sino de gente que sufre. Gente que puede padecer alguna enfermedad específica, pero que no está “esencialmente enferma”.

Si nos dedicamos a conversar con “los locos”, veremos que, en la mayoría de los casos, existe detrás de ellos toda una historia de sufrimiento, maltrato y hostigamiento. A veces, también tortura. Personas a las que, como si eso fuese poco, les espera como supuesta solución el hospital psiquiátrico.

Muchas de las características que creemos inherentes a la locura son, en realidad, cuadros clínicos producidos por la misma institucionalización y sobremedicación de los hospitales. No; no se nace loco; son los golpes de la vida los que lastiman, de tal modo, que muchas veces se necesitan años para cicatrizar heridas y llevar adelante una vida saludable.

Los psicópatas más peligrosos no están dentro de esos hospitales repletos de gente que sufre. En realidad, como dice Moffat, se mueven alrededor del poder y, en más de una ocasión, ocupan cargos públicos de vital importancia.

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¿Qué es la desmanicomialización?

En términos generales, bregar por la desmanicomialización significa pensar y actuar para que dejen de existir los manicomios. ¿Por qué? Porque son lugares de encierro, castigo y depósito de personas. Porque no curan, no promueven espacios saludables y, además, como si fuese poco, para conmover incluso a los más neoliberales, los manicomios salen muy caro.

Ningún trabajador de un neuropsiquiátrico público brindaría el tratamiento que usualmente se brinda en su lugar de trabajo a alguno de sus seres queridos. Ninguno sometería a su esposa e hijos a los tratos y maltratos que a veces ocurren allí. La “colonia” no cumple con ninguna de sus razones de ser: no promueve la salud, no rehabilita, no acompaña ni cura. Y todos saben que una persona internada allí hace 20 años, no está en la actualidad mejor que cuando ingresó.

De los antecedentes de desmanicomialización, quizás el más importante sea el de Trieste, Italia, cuyo referente es Franco Basaglia, psiquiatra que en los setenta abriría un debate que acabaría plasmándose en la aprobación de una ley de reforma nacional en salud mental. Una reforma que avanzaba sobre el cierre y desmantelamiento gradual de los hospitales psiquiátricos en todo el país.

libertad3La ley

El de la salud es un campo problemático, y tanto más en la medida que hablamos de la salud mental. Un campo complejo, que abarca planos diferentes e interrelacionados: político, social, económico, cultural, científico y legal, entre otros. Ese amplio y complejo territorio, en Argentina entró en crisis en los últimos años y dio lugar a una reestructuración de las subjetividades y la institucionalidad. La Ley de Salud Mental Nº 26657 es fruto del nuevo momento de este campo en la historia de nuestro país.

La ley está basada fundamentalmente en cumplir con los derechos humanos. Prohíbe la construcción de nuevos manicomios y plantea el cierre gradual de los actuales. El criterio de internación debe definirse a través de una evaluación interdisciplinaria, y las internaciones deben ser lo más breves posibles, sólo en el caso que la persona sea peligrosa para sí misma o para terceros.

La ley fue una buena noticia para muchos trabajadores de la salud que veníamos trabajando desde hacía un buen tiempo en este sentido. Tiene vacíos y algunos elementos cuestionables, pero en términos generales hace que los hospitales monovalentes lentamente vayan abriéndose a una nueva comunicación. Deja entrar un poco de oxigeno a estas instituciones centenarias y abre la posibilidad de que comprendamos que estas personas deben vivir en la comunidad. Tres puntos estructurales pueden nombrarse en este sentido con respecto a la nueva ley. Por un lado, las personas con padecimiento mental dejan de ser “objetos del juez” para empezar a ser “sujetos de derecho”. O sea, dejan de ser un objeto y acceden, por tanto, a los derechos civiles que la Constitución establece.

Por otro lado, la ley refiere que “se debe partir de la presunción de la capacidad de todas las personas”. Es decir: antes se daba por hecho que quien tenía padecimientos psíquicos era un incapaz, y la concepción del problema tiene un peso central en este tipo de cuestiones: si pensamos que una persona, por definición “no puede”, es una cosa. Pero si creemos que alguien tiene algunas dificultades específicas, es otra.

Por último, la Ley propone una democratización del poder, que antes estaba sobre todo en mano de los médicos. El juego comienza a abrirse a otros actores de la salud provenientes de las áreas humanísticas como los psicólogos y los trabajadores sociales.

La transición

Estamos atravesando una transición, un cambio de paradigma, y eso genera desorden en varios sentidos. Por ejemplo, muchas personas que “simpatizan” con la Ley no saben cómo implementarla, porque lo cierto es que en conjunto tenemos una formación individualista y biologicista (¿o acaso en la escuela nos enseñaron que una asamblea era un órgano de decisión central e imprescindible?).

Y ni hablar de la ausencia de formación comunitaria, que es aún más especifica y representa un obstáculo conceptual considerable, ya que esta Ley tiene una propuesta colectiva y de inclusión

social: que las personas vivan en la comunidad, que se apueste por las redes con las salitas de salud, hospital y todas aquellas instituciones y personas que sean parte de la vida de estos muchachos y muchachas.

La realidad de esta nueva concepción en Salud Mental nos obliga a imaginar tridimensionalmente, a dejar de lado las respuestas simplistas y empezar a hacer jugar la complejidad del libre albedrío.

Es una necesidad imperiosa empezar a pensar de un modo que aporte o, al menos, proponga soluciones creativas y solidarias teniendo como eje el desarrollo de la subjetividad del sujeto en cuestión.

Hay que abandonar la idea voluntarista de personas con padecimientos que “están así porque hacen lo que quieren” o “porque no quieren estar bien”. Eso es como si alguien dijera: “¡Dale che, ponete las pilas y que te baje la fiebre, dale, si vos querés, podés!”. Enunciados de esa naturaleza, por un lado invisibilizan que se está trabajando en el campo de la salud, y por el otro abonan a un concepto del “otro” que lo único que hace es generar rechazo: Si “está así porque quiere”, entonces “que se joda”.

Los trabajadores de la salud no estamos en el hospital para hacer favores ni obras de caridad. Nos pagan para atender a personas; nos pagan para que nos rompamos la cabeza pensando

qué podemos hacer para acompañar a estas personas y lograr que vivan mejor. Y digo “personas”, “semejantes”, y no “paciente”, que es un vocablo que tiende a borrar y neutralizar la dimensión humana de la que estamos hablando.

El arte de la libertad

¿Cómo se están produciendo las subjetividades actualmente? ¿Cómo nos situamos frente a la vida, qué relación tenemos con los otros, con nosotros mismos, con nuestro cuerpo, con el mundo material? ¿Con qué herramientas contamos para llevar adelante una vida verdaderamente disfrutable? Cada sociedad produce también sus enferme dades. ¿Cómo se sitúa la nuestra respecto de “la locura”?

Ponerse a trabajar en la externación supone un trabajo previo y un posterior seguimiento. Actualmente existen equipos en los hospitales Cabred y Montes de Oca que trabajan en ese sentido. Tienen diferencias metodológicas, pero el objetivo es el mismo: que la persona vuelva a vivir en sociedad y recupere su dimensión humana. Que tome la palabra, que viva dignamente y goce de sus derechos civiles. Que deje, de una vez por todas, de cumplir una condena por un crimen que no cometió.

El proceso no es mágico; la conquista de la libertad lleva su tiempo y esfuerzo

Algunos muchachos tienen que volver a aprender a usar cuchillo y tenedor, porque en el hospital sólo usan cuchara. Tienen que aprender a cocinar y reconocer el valor del dinero; administrarlo. Tienen que hacerse cargo de la casa, la higiene personal, los mandados, las cuentas; tienen que adquirir hábitos tan sencillos para el resto de la sociedad como expresarse claramente o saber pedir ayuda.

Pero también deben establecer pautas de convivencia con sus compañeros y hacer alguna changa porque la pensión es muy ajustada y no alcanza. Muchas veces, “salir fuera” desequilibra porque es ahí donde se restablece la noción de tiempo socialmente establecido; entonces la persona cae en la cuenta de los años que ha pasado encerrada. El espejo le devuelve un rostro diferente al que tenía al ingresar al hospital.

libertad2Un desafío complejo

Entonces: el proceso de desmanicomialización se puede llevar adelante, pero no es fácil. Se necesitan ganas pero también una capacitación adecuada y redistribución de recursos. Un buen tratamiento para contrarrestar la paranoia de algunos trabajadores de la salud que se resisten al cambio. E imaginación, para ir haciendo lo que se pueda con lo que haya disponible, porque vivimos en Argentina y sabemos que no nos van a llover los recursos económicos necesarios para llevar adelante adecuadamente este proceso.

Hay que pensar estrategias de inclusión, fuentes de trabajo acordes con las capacidades de cada uno, centros de día, lugares de atención, equipos ambulatorios, lugares referenciales en la comunidad a los cuales los involucrados puedan acudir en caso de necesidad.

Existe, sí, un riesgo, y es necesario aclararlo: la desmanicomialización no es deshospitalización. No se trata de externar compulsivamente a las personas dejándolas sin recursos; el Estado debe proveer medicación, comida y todo lo necesario para que la persona pueda tener una vida digna. Que esté viviendo fuera del hospital no es garantía de que se libere del modelo manicomial; eso dependerá, en buena medida, del acceso a los recursos y de cómo trabaje el equipo que monitoree la casa.

En fin, La desmanicomialización es un verdadero despelote. Pero vale la pena. Un despelote que exige modificar el software humano, la subjetividad; esa capacidad tan despreciada por saberla relativa y de la que, sin embargo, emanan todas las decisiones que construyen nuestro mundo.

DESCOMPRIMIENDO LA DESMANICOMIALIZACIÓN

libertad5Por Karen Krenz (Técnica universitaria en Minoridad y familia (UNLu) y acompañante terapéutica)

Hoy día tenemos en Argentina 54 instituciones de internamiento crónico: una institución nacional, 11 colonias provinciales y 42 hospitales monovalentes provinciales. Dentro de ellas viven 21.000 internados: 14.000 en colonias y 7.000 en hospitales monovalentes. En principio, hay que decir algo claramente: sostener este nivel de encierro, es sostener la opresión que ejerce el monopolio médico sobre la salud mental y el negociado de los grandes laboratorios farmacéuticos.

Por eso en Argentina estamos atravesando lo que en Italia comenzó a fines de los setenta, de la mano de Franco Basaglia: la desmanicomialización. Pero ¿nunca existió ninguna experiencia local de este tipo? En este país contamos ocho provincias que no tienen manicomios, y Río Negro es un faro en el que la atención de la salud mental no está bajo el control monopólico de los médicos, sino que avanza en una apuesta comunitaria para prevenir las crisis y propiciar la atención integral de las personas que las estén atravesando. Esto es una diferencia notoria con otros espacios en los que la primera intervención que se realiza es la internación.

La desmanicomialización es pensar en un sujeto que tienen derecho a saber qué tipo de tratamiento se le está aplicando; sujeto que tiene derecho al trabajo y a vivir en comunidad: a ser un ser humano. Pero la problemática no implica sólo la cuestión institucional, sino que también para lograr la desmanicomialización se debe apuntar también, simultáneamente, a desmanicomializar la cultura del encierro que tenemos incorporada. A no todos les agrada la idea de que “un loco” pueda caminar libremente en las calles como si fuera “un cuerdo”. Tenemos naturali

zada la idea de que aquel que no produce no sirve, y entonces debe ser alejado de la sociedad; aislado, para que no se lo vea. Lo cual a su vez conlleva un nuevo problema;la invisibilización de personas con estos padecimientos acaba en el desligamiento de ellas por parte de la sociedad en su conjunto. La desmanicomialización requiere romper con esta cultura, y para ello necesitamos informarnos. Necesitamos saber, porque en materia de salud mental todos podemos y debemos saber, no sólo los médicos.

¿La desmanicomialización es cerrar los hospitales psiquiátricos? No. Es abrirlos a la atención generalizada con un sector especializado en salud mental. Implica que la persona que sufre una crisis sea atendida para propiciar su cura, y cuanto menos tiempo esté internada, mejor para su salud. Por lo tanto, se trata de una tarea ardua en la que lo que debemos procurar es la atención primaria de la salud, la prevención de las enfermedades en general y, por supuesto, aquellas que implican la salud mental.

La nueva Ley 26.657 considera que, en primer lugar, los pacientes tienen derecho a la protección y a la no perpetuación de su diagnóstico. Un régimen de reclusión, como el de los manicomios, lo único que consigue es todo lo contrario, porque el encierro y la lejanía que padecen estas personas respecto de la comunidad logran que su estado se profundice, haciendo aún más imposible el logro de mejorías.

La ley agrega que los sujetos tienen derecho a “recibir la alternativa terapéutica más conveniente, que menos restrinja sus derechos y libertades, que promueva la integración familiar, laboral y comunitaria”. Y por otro lado, quizás lo más importante: el derecho a la identidad; el “derecho a no ser identificado ni discriminado por un padecimiento mental actual o pasado”. Es decir: la certeza legal de que la identidad de un sujeto no es su diagnóstico, ni su padecimiento mental un “estado inmodificable”.

En resumen, la nueva ley de salud mental y el proceso de desmanicomialización llegan –enhorabuena– para combatir el encierro y la violación de los derechos humanos de estos sujetos, mal llamados “pacientes”.