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Haroldo Conti: Celebración de lo cotidiano

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“¿Qué es una persona sin sus ritos, sin esos actos simbólicos que representan el camino hacia su identidad?”  Patricia Morante, profesora de literatura y autora de El derecho a los pájaros, nos sumerge en la extrañeza de Haroldo Conti frente al quehacer cotidiano y sus elementos precisos.
Por Patricia Morante

¿Qué es una persona sin sus ritos cotidianos, sin esos actos simbólicos que representan el camino hacia su identidad, que trazan el plano íntimo de su geografía emocional, que nutren el tiempo Kairos (al decir de los griegos, el «momento supremo»), bien distinto del tiempo Cronos?
A menudo creemos que una vida plena debiera estar cargada de acontecimientos destacados, de situaciones que sobrepasan los límites de lo rutinario u ordinario, cuando en realidad es a la rutina a la que le debemos la vida. Casi nada sería posible sin la repetición de lo ordinario. Pero para comprender el valor de la rutina (del francés routine, de raíz latina «route»: ruta, camino trillado) y superar el miedo a lo invariable hay que percibir el diseño mágico y constantemente renovador de la vida.

– ¿Qué es un rito? -dijo el Principito.
– Es también algo demasiado olvidado –dijo el zorro. Es lo que hace que un día sea diferente de los otros días, una hora de las otras horas. (1)

Es tan sencillo como lo que responde el zorro y fundamental como considerar la vida cotidiana en el centro del acaecer histórico y no fuera de él. Aunque muchas veces exista un sistema que acosa con innumerables reglas que se deben cumplir obligándonos a disminuir nuestra capacidad de asombro y de renovación.
En el «ejercicio» de uno de mis ritos cotidianos de resistencia al ataque de burócratas y biblioclastas, es decir, el rito de la lectura (principalmente de libros), descubrí la celebración de otros ritos en los personajes de la narrativa de Haroldo Conti, personajes que no pierden su capacidad creativa.

Voy a darles a conocer solo algunos ejemplos con la intención de que ustedes visiten los relatos de este gran escritor y hagan sus propias revelaciones.

conti1Ritos de encuentro

Quiero decir que muchas de las cosas en las que se detenía Haroldo son pequeñas e insignificantes para la cultura dominante, pero no para lo que debe ser una cultura para la liberación nacional. Y ubico aquí también esa lectura de la cultura que Haroldo propone en zonas de MASCARÓ, esa salida de los textos consagrados para perderse en textos marginales, manuales de correspondencia del siglo XIX, viejas recetas de cocina, afiches y técnicas circenses, historias de faros y técnicas marítimas, crónicas de pueblos… en fin, todo aquello donde a veces se puede explorar nuestra identidad con mayor profundidad que en los textos consagrados por lo que se llama nuestra «cultura»(2)

En la cita, que pertenece a Aníbal Ford, jefe de redacción de la revista Crisis entre 1974 y 1976 y amigo del escritor, se sintetiza, efectivamente, la propuesta de lectura que hace Haroldo Conti de la cultura popular en su última obra.
Hay infinidad de ejemplos que justifican la afirmación de Ford a lo largo de las 284 páginas de la novela pero bastará citar algunos párrafos del principio, testimonios del rescate que el escritor hace de la cultura en el quehacer de un grupo de músicos, por ejemplo.
La novela empieza así: Cafuné sopla y sopla la flautilla de hueso. Es un chorrito de aire, un raspón de metal, un alma finita de viento que se enrosca en el aire. El día aquí es esta música que anda por todas partes, gota, bolita, tiempo desnudo, sin recortes. Cada tanto agita un sonajero de uñas para acompañar la música o espantarse las moscas. (3)
Cafuné es sólo uno de los protagonistas de esta historia, la cual se desarrolla al ritmo de la música que va gestando «La Trova de Arenales» .
La cuadrilla tiene fama de letrero. Se transporta. Hoy aquí, mañana allí. La leve vida del camino. (…) Hay un violín, un acordeón, un redoblante, una flauta dulce, una guitarra y el arpa. El guitarrero es un negro de motas blancas. Toca de sentado, con las piernas cruzadas. El violinista es un viejo legañoso, Miranda, con un sombrero aludo, grasiento, los ojos mellados, un saco blanco, un pañuelo negro, pantalones a rayas, alpargatas. (…) El violín está hecho con madera de embalar y suena a cascajos. (…) Comenzaron a tocar a la caída del sol que es cuando se anima el pueblo, cría bultos, echan a andar a las sombras (4)
Los músicos se reúnen todas las tardes en la barraca de Lucho que… había preparado comida de olla. Postas de corvina, almejas, camarones, algunas lonjas de tocino, rodajas de papas, cebolla, ají, laurel, unos puños de mostacholes, una cuchara de conserva y un golpe de vino. Cazuela de raspa. Media horma de pan casero y un jarro de vino para acompañamiento (5)

A medida que pasa el tiempo, transcurre la charla y El Lucho habla con el arpero ciego de la Tintura de Ajo (…) hace desaparecer las angustias y palpitaciones del corazón, cura las várices y hemorroides, corrige el estreñimiento y el catarro intestinal (…). Miranda toca. El arpero informa sobre la preparación de la tintura. (…) El Lucho promueve discusión sobre la cantidad de ajos. (…) Miranda toca… (6)

Ritos del trabajo

Conti rescata lo cotidiano, desde lo laborioso, desde su especial preocupación por un aspecto marginado de nuestra historia social: el de las tecnologías, las invenciones, en fin, el de la historia del trabajo. Pocas veces analizado en su obra se corresponde, sin embargo, con la importante problemática de la frustración de muchos inventores y de la Argentina industrial.
En el cuento “Ad Astra”, Argimón, el protagonista, luego de haber estado ausente de su casa por un accidente de vuelo, vuelve a la buhardilla en donde están todos sus cosas, aquellas con las que trabaja en el diseño de las alas. La escena comienza así: Argimón paseó una mirada cansada pero cariñosa sobre cada uno de los mudos objetos que habían esperado por él todo ese largo mes. La gran mesa de bordes gastados y roídos, la lámpara Miller con la pantalla de opalina que parecía flotar en la penumbra como un globo, los rollos de planos, la caja de compases, el banco de carpintero, la prensa, el barómetro de cubeta, el dirigible Giffard que había construído en escala reducida y que colgaba de un travesaño del techo, los múltiples y complicados armazones de alas que crujían al menor soplo de viento, el esqueleto de paloma montado con alambres, el brasero, el caballete, los libros, el higrómetro con el fraile en el antepecho de la ventana, la calandria, el zorzal y el benteveo embalsamados, la mecedora que había heredado de su madre y en la cual leía o pensaba y por último dormitaba cuando el ángel del sueño le daba alcance en la madrugada. Lo que sigue es el encuentro con un mirlo macho para culminar diciendo: Luego tomó una gran hoja de papel y la fijó en la pared, sobre el plano, extrajo un lápiz del cacharro de lápices y lapiceros que tenía sobre la mesa, ejecutó unos trazos en el aire, acarició la hoja y, después de meditar un instante, comenzó a trazar el afilado perfil de una enorme ala.(7)

El rito comienza cuando el protagonista pasea «una mirada cansada pero cariñosa» por los objetos. En esa enumeración, el narrador nos «pasea» también a nosotros, lectores, aunque algunos elementos no los hayamos visto nunca ni conozcamos del todo su función. El acto de acariciar la hoja, implica algo más que el simple hecho de limpiarla del polvo acumulado pero se basa en ese y no en otro gesto cotidiano. Acaricia la hoja en donde va a plasmar sus técnicas perfeccionadas para volar, para cumplir su sueño, ese que lo hacía sentir el verdadero Basilio Argimón. Acaricia la hoja en donde va a dibujar el nuevo modelo de alas, el que estuvo pensando mientras caía en picada ante la mirada azorada de un viejo. Agreguemos que, además, antes de ir a la buhardilla, Basilio Argimón se sirve un té y sube con la taza en una mano y unas revistas en la otra, detalle no menor si hablamos de cómo se prepara el personaje para seguir trabajando. Un rito que antecede y acompaña a otro rito.
En “Las 12 a Bragado” (escrito diez años después que “Ad Astra”, es decir, en 1974) el narrador, que se presenta como sobrino de Agustín posa su mirada (como Argimón, de manera contemplativa) sobre los objetos de la carpintería en la que trabaja su tío, en un rito que le hace pensar que el día vale nada más que por eso. Se detiene especialmente en una sierra de ingletes o de falsa escuadra, (como se detendrá en la cocina Carelli de tres hornallas y en la continua n°2 de la Papelera del Norte, el narrador de “Mi madre andaba en la luz”) sierra de la que hablará años más tarde, luego del secuestro y desaparición del escritor, su tía Haydeé Lombardi, diciendo que el tío Agustín le había regalado esa sierra a Haroldo y que éste siempre se interesaba por los objetos y «cosas de otros tiempos».
Sintetizando este punto, vemos los objetos de trabajo y los inventos con un especial «protagonismo» en la narrativa del escritor; fundamentales, vitales en el ejercicio del rito cotidiano ligado a lo laborioso-creativo.

El rito de la memoria

También en «Las 12 a Bragado», el tío Agustín es descrito en sus gestos con tanto detalle como Basilio Argimón en “Ad Astra”. El cuento comienza situándonos en la nostalgia del narrador: Bien, ahora mismo, desde este invierno que empapa el pavimento y las paredes y las ropas y el alma, si tenemos, lo que sea, esa finita tristeza que se enrosca por dentro como una madreselva y en días así, justo, asoma sus floridas puntas por las orejas y la nariz y los ojos, en días así, digo, cierro los ojos y veo ese largo camino polvoriento del verano que se extiende hasta el horizonte como un río seco bajo el sol.(8) El narrador se refiere, y lo aclara luego, al camino que va de Chacabuco a Bragado, las 12 leguas que corre su tío Agustín; cierra los ojos y aún sin cerrarlos «ve» al tío, trotar a las zancadas por el medio de Corrientes o trasponer de un salto Alem. El narrador se suspende y piensa, casi grita: ¡Ahí va mi tío, hijos de puta! ¡Miren qué lindo loco! (9)
A veces no piensa en su tío sino en un objeto: El día crece lentamente alrededor de ese objeto, lo rodea como la pulpa de un fruto y el día en todo caso vale nada más que por eso (10)
En la celebración de la memoria, en la evocación aparece el gesto de «cerrar los ojos», quizás para prescindir de las imágenes «actuales» que intervienen en el momento mágico de la nostalgia. Este gesto aparecerá varias veces a lo largo del relato y muchas más en otros relatos.
Encuentro diario de un grupo de artistas que comparten música, comida, discusiones, literatura oral; la soledad y la fiebre de un inventor; la melancolía de un hombre por el lugar y los objetos de trabajo de su tío; son sólo algunas de las circunstancias en la narrativa de Haroldo Conti en la que se muestra la vida cotidiana como centro del acaecer histórico.
Lean a Haroldo Conti, rescaten y celebren gestos, ritos, arquetipos, símbolos y palabras de nuestra cultra.

Notas

1. El principito. Antoine de Saint Exupéry. Emecé. Buenos Aires, 1996, p. 71
2. Haroldo Conti. Una épica del río y la llanura. Néstor Restivo y Camilo Sánchez. Ediciones del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos. Buenos Aires, 2005, p. 98
3. Mascaró. El cazador americano. Haroldo Conti. Crisis. Buenos Aires, 1975, p. 11
4. Ídem, p. 12
5. Ídem, p. 17
6. Ídem, p. 19
7. Narradores argentinos de hoy. Selección de Eduardo Romano. Editorial Kapelusz. GOLU. Buenos Aires 1971. p. 73
8. Cuentos completos. Haroldo Conti. Emecé. Cruz del Sur. Buenos Aires, 2011. p.254
9. Ídem, p. 257
10. Ídem, p. 258

 conti2Un escritor bonaerense

Haroldo Pedro Conti nació en los suburbios del pueblo de Chacabuco el 25 de mayo de 1925. A los 12 años ingresó al Colegio Don Bosco de Ramos Mejía y a los 14 al Seminario de los padres salesianos del cual se fue y reingresó dos veces. En 1944 pasó al Seminario Metropolitano Conciliar. Se formó en Filosofía y terminó sus estudios en la UBA en 1954.
Fue novelista, maestro rural, director teatral aficionado, guionista, profesor de latín, empresario de transportes, empleado de banco, piloto civil, nadador y navegante.
En 1955 se casó con Dora Campos y tuvieron dos hijos: Alejandra y Marcelo.
En 1956 publicó su primera obra, la pieza de teatro Examinado. Cuatro años más tarde recibIó un premio de la revista Life por su relato “La causa”. En 1962 ganó el premio Fabril con su primera novela, Sudeste, y se convirtió en una de las figuras de la llamada «generación de Contorno».
Publicó después las novelas Alrededor de la jaula (Premio Universidad de Veracruz, México, luego llevada al cine por Sergio Renán como Crecer de golpe) y En vida (Premio Barral, España, cuyo jurado lo integraban Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez) y los libros de cuentos Todos los veranos (Premio Municipal de Buenos Aires), Con otra gente y La balada del álamo carolina. Colaboró con la revista Crisis.

En 1975 publicó la novela Mascaró, que ganó el Premio Casa de las Américas (Cuba). Adoraba el Delta del Paraná, por eso pasaba mucho tiempo en la casa que allí tenía. Este paisaje tuvo gran influencia en novelas como Sudeste y Mascaró y en el cuento «Todos los veranos». Asimismo, en otros relatos mencionó frecuentemente lugares del partido de Chacabuco, y a su vez, describió con mucha exactitud personajes reales reconocidos en la ciudad, como a Bimbo Marsiletti, y a su tío Agustín Conti a quien le dedicó «Las 12 a Bragado», cuento que aún hoy tiene mucha repercusión en Chacabuco.

Militó en el Partido Revolucionario de los Trabajadores por lo que fue perseguido y secuestrado en la madrugada del 5 de mayo de 1976 por una brigada del Batallón 601 de Inteligencia del Ejército Argentino en su domicilio de la calle Fitz Roy, en presencia de su segunda esposa Martha Scavac y su pequeño hijo, Ernesto. Todo esto pasó a 100 metros de la Comisaría 29ª de la Policía Federal Argentina en la Ciudad de Buenos Aires. Su nombre figura entre los desaparecidos. En su honor, en esa fecha, cada año se conmemora el Día del Escritor Bonaerense. Su última novela, Mascaró había sido sometida a análisis y censurada por la asesoría literaria del Departamento de coordinación de antecedentes cuya «apreciación» dictaba: «… propicia la difusión de ideologías, doctrinas o sistemas políticos, económicos o sociales marxistas tendientes a derogar los principios sustentados por nuestra Constitución Nacional…»

El informe completo de la SIDE para el Legajo N° 2516 L se puede leer en: http://conti.derhuman.jus.gov.ar/areas/institucional/mascaro-censurado.shtml

En la actualidad, su casa del Delta, situada a orillas del arroyo Gambado, es un museo.

La autoorganización al gobierno, el pueblo al poder

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Se formó en la escuela trotskista, pero la crisis de los partidos de izquierda lo llevó a revisar la idea de vanguardia y dirección. Referente indiscutido del 2001, hoy apuesta a impulsar la autoorganización asamblearia. En esta charla lo hicimos rosquear y habló de todo: la izquierda y el peronismo, los soviéticos y los setenta, el Che y el “que se vayan todos”.  Bienvenidos a Luís Zamora.

Por Diego Motto / Fotografía: Agustina Maggiotto

Luis Zamora es conocido cerca de su oficina, los que atienden los kioscos y el Cyber asumen charlar seguido con él, saberle el pulso semanal incluso. La oficina de Autodeterminación y Libertad, la organización de la que es referente en la actualidad, es chica, pero muy luminosa; las ventanas dejan ver el enjambre amontonado de la zona céntrica de la Ciudad de Buenos Aires.
Aceptó gustoso unos mates, y no opuso rodeos para responder preguntas que intentaron tejer la historia de un sector de la izquierda argentina; podría decirse que asumió gratamente la máxima de Rodolfo Walsh, que indica que es tarea fundamental de la militancia que pugna por transformar la sociedad, saberse parte de una historia de luchas, costumbres y tradiciones políticas.

¿Cómo se inició tu militancia en la izquierda?

El golpe de Videla me produjo mucho rechazo y fue lo que hizo que empezara a plantearme la idea de la militancia. Si bien en mi casa había discusiones políticas, no fue por ahí que surgió la cosa. El golpe fue una indignación y un llamado a meterme en algo. Después empecé a ligarme a los organismos de derechos humanos. En la lucha conocí el Partido Comunista, el PST, Política Obrera, el PCR, en fin, a agrupaciones que la dictadura había perseguido y suspendido su actividad. También a las organizaciones armadas, que tenían muchas dificultades. Las posiciones del PST eran las que más me gustaban, y cuando cayó la dictadura se formó el MAS, y me propusieron formar parte de la junta promotora. Más tarde, en un congreso, se dieron discusiones y se hizo una votación en la que salí presidente. Eso para mi fue un honor, una gran experiencia y estuve casi 10 años, hasta el 92.

Por aquellos años, sucedió tu repudio a Bush, algo que ahora puede parecer común pero, ¿cómo lo viviste en su momento? ¿Fue planificado con el MAS?

Cuando supimos que venía Bush empezamos a preparar una serie de actividades para repudiar su presencia. No prestamos especial atención en el Congreso, porque no se sabíamos que iba a ir allí y no nos preocupaba puntualmente. Pero a los pocos días se anunció que se iba a hacer una sesión protocolar de homenaje, una asamblea legislativa, que se hace excepcionalmente. Presentamos un proyecto de repudio a su presencia por lo que tenía que ver con la guerra de Irak, las Malvinas, la deuda externa, etc. No lo pudimos tratar ni en comisión, imaginate… En las discusiones con la dirección, la propuesta tuvo sus complicaciones porque la idea era hacer todo lo posible para que la sesión no se llevara a cabo, pero finalmente hubo acuerdo en que nos manifestáramos dentro del Congreso y en que se hiciera lo que nos pareciera.

¿Recibiste críticas por parte de la gente? ¿Cómo cayó?

Tuvo un fuerte rechazo en las fábricas. Los trabajadores venían de apoyar a Menem, que en ese momento ellos lo veían como el tipo del interior que “va a patear para nuestro lado”. Y no cayó bien en el sector mayoritario de la población. Muchos de los compañeros nos contaban, porque el MAS tenía una presencia importantísima en las fábricas, que la opinión en cuanto a ese hecho de protesta estaba dividida. Con el tiempo, el desprestigio tanto de Menem como de los Bush, el 2001, la crisis, las guerras y el nuevo contexto latinoamericano antiimperialista, la opinión fue cambiando.

Y hoy, con esos hechos y tu participación, ¿te reconocés como un referente de la izquierda?

Me hacen sentir mucho respeto. Pero ni yo ni nuestro grupo nos ponemos como referencia; no hablamos en nombre de la izquierda. Sí somos parte de ella con mucho orgullo. Noto mucho respeto en la población en general. Ya dentro de la militancia de izquierda hay una mirada más de microclima y la cosa es polémica. Pero en los lugares del país que voy o en la calle, en las luchas o manifestaciones, me siento respetado. Soy un privilegiado; incluso muchos me dicen que no comparten, pero respetan. ¡Siempre pienso: alguna vez me dirán que también comparten, quiero que compartan y respeten! (risas).

Fue el golpe cívico-militar lo que despertó tu militancia; después de haber vivido el proceso y los juicios, ¿cómo ves el balance que se hace desde la izquierda de lo que significaron los años setenta?

Efectivamente tenemos que hacer un balance que está pendiente. Como pueblo tenemos que volver a la lucha política de los setenta, para reconstruir la historia compartida. Porque se ha hecho una evaluación desde del poder, pero no desde las organizaciones del pueblo. Ahora, ¿por qué no se hizo? Creo que por varios factores: las fuerzas armadas estaban en juego, el tema de las Malvinas, el genocidio, el impacto económico, para nombrar algunos.

Además hubo una política del poder para no querer empujar el debate, sino para obturarlo. El kirchnerismo, para construir poder político, advirtió que en 2001 uno de los reclamos era el rechazo a que quedasen impunes los crímenes de la dictadura y llevó a cabo esa política de devolver el prestigio a las fuerzas armadas, cosa que nadie había logrado, ni Menem. Pero recordemos que Milani sigue siendo jefe del ejército. Entonces, habiendo todavía cómplices del genocidio dentro del propio gobierno, va a ser muy complicado que se dé un análisis, porque hay cosas que reparar.

Pero desde el campo popular tampoco se construyó un balance…

Creo que un elemento clave que explica eso, desde mi experiencia vivida, es el hecho de que hubo un genocidio, y eso es un obstáculo. Porque preguntarse cuáles fueron los caminos o las estrategias y cuestionarlas, se complica a partir de que se evalúa a personas que fueron asesinadas y desaparecidas, a grandes luchadores que fueron masacrados. Y además todavía no se ha cerrado la etapa de los esperando justicia, ya que no todos están juzgados y hay organizaciones que fueron desmanteladas. Yo estando en los juicios todavía tengo la cabeza en cómo juzgar victimarios: todavía estamos defendiendo, no es fácil criticar o analizar en este contexto. Faltan condiciones quizá. Además la historia no la escriben los estados y los gobiernos. Hoy hay muchas organizaciones sociales que tienen cerrado el tema, pero la idea es que los balances construyan una historia colectiva cuyo debate, por otro lado, resulta enriquecedor.

Yendo un poco más atrás, tampoco abundan los balances de lo que significó el Che y su legado para la actualidad. ¿Hay elementos de él que puedan hoy marcar un camino?

No sé. Personalmente lo que más me impacta de gente cómo el Che, es que uno puede reexaminar sus formas, porque las llevó adelante. Se enfrentó a poderes económicos y políticos enormes y quizá fue menor su lucha contra la dictadura de Batista, en términos relativos y variados, que otras luchas que él dio. Porque creo que cuando tomó la decisión, distanciado de la política de Castro y de la Unión Soviética, de tomar adelante un camino alternativo, tomó una decisión heroica; heroica en términos humanos y no imprescindibles, pero sí en términos de decisión de involucrarse en una tensión histórica, de acercar lo imposible a lo posible. Porque la tomaba con el peso de salvar la revolución cubana y con la posibilidad de hacer muchas Cubas, pero no era fácil adaptarse al tablero mundial. Y empezó de nuevo, porque arrancó de cero: eso significó construir equipos, colectivos humanos, estrategias… pero en la práctica y estando ya en el poder de forma institucional. Esto tiene mucho vínculo con “desde donde vienen los procesos”, que es desde abajo. También su internacionalismo, así como su postulado de acción política colectiva, son muy valiosos. Decir la frase de “muchas Vietnam” y llevarla a la práctica, al Congo, a Angola, a Bolivia…. Es muy impactante.

¿Se puede seguir pregonando con la palabra “socialismo”, después de lo que significó la caída del muro y las enseñanzas del socialismo real?

La palabra socialismo ha sido ensuciada y banalizada. Es una palabra hermosa, que la sigo sintiendo así, pero es una palabra equívoca no sólo por la caricatura de socialismo que resultó del horror de la Unión Soviética, sino además porque el capitalismo ensució el término. Acá, socialismo es Binner: algo hay ahí que la palabra no sirve. Entonces cuando decís “soy socialista”, no decís nada. Hay una necesidad de llenarla de contenido. Yo la palabra la sigo usando, pero siempre hay que aclarar muchas cosas. La experiencia de la revolución rusa deja una gran enseñanza, deja lecciones de construcción de un camino anticapitalista, que sigo creyendo que es el Socialismo a pesar de los robos que han hecho otros de esa palabra, una palabra que tiene que ver con la construcción de una hegemonía desde abajo, una contracultura, un contrapoder.

¿El Socialismo del Siglo XXI también es una mancha a la palabra en sí?

El socialismo del siglo XXI para mí no es anticapitalismo, aunque uno tampoco es quien para definir qué es anticapitalismo y que no. Pero lo que se llevó adelante en Venezuela, por ejemplo, no es una búsqueda de caminos alternativos al capitalismo. Puede desembocar en eso porque hay un movimiento desde abajo, abierto, donde hay organizaciones sociales, territoriales, de base. Pero por ahora viene muy dirigida por arriba y, siendo un poco esquemático, digo que desde arriba no se construye el Socialismo.

¿Pero no puede ese tipo de procesos generar las “condiciones para”?

Mmm… es polémico, porque puede volver a desnaturalizarse y hacerte retroceder de nuevo. Me parece que los procesos en la región, en el sur, son apasionantes, pero por lo que está pasando abajo, no por lo que va arriba y sus direcciones. No veo nada muy novedoso, aunque hay aristas, por supuesto: por ejemplo los discursos antiimperialistas de Chávez no se escuchaban desde hace mucho tiempo, pero son… no quiero subestimar el proceso, sino contextualizarlo y ubicarlo.

Nombras seguido la posibilidad de la organización desde abajo y los problemas de las direcciones en los procesos políticos. ¿Cómo se explica desde esa mirada lo que pasó en el 2001?

El 2001 es una explosión desde abajo, desde allí vinieron los principales factores. Y el pueblo salió a hacer algo que nunca había hecho: las manifestaciones, antes, siempre habían sido con partidos, sindicatos, organizaciones guerrilleras. Y reconozco que no supimos responder a la pregunta del poder que fue: “¿Si nos vamos todos, qué?” No hubo respuesta a eso, nos desafiaron y no supimos responder. A veces se cantaba “qué se vayan todos, que este pueblo puede solo”. Pero no pasó de ahí, del grito. Y el desafío es una asignatura pendiente porque nosotros estábamos cuestionando toda una cultura de lo que viene de arriba, de los que nos guían y nos encontramos solos, pero se hicieron los intentos de organización. Me acuerdo de los encuentros interasamblearios en Parque Centenario, pero luchábamos contra los infiltrados de la SIDE, contra Ibarra que preguntaba para qué estábamos ahí. Lo más difícil era la confluencia del proceso asambleario y las corrientes políticas, sobre todo de izquierda. Pero siempre quisimos empujar lo asambleario. Y los errores de los que me hago cargo son, primero, de no hacer nuestro grupo, una organización que empujara y estimulase lo asambleario. Nosotros, más que nada, participábamos, éramos parte. Y el otro error político importante, en ese proceso que se abrió con las elecciones, es que nos quedamos diciendo “no a las elecciones” porque nos sentíamos parte del “que se vayan todos”, pero no nos dimos cuenta que el pueblo estaba girando y cuando el pueblo gira y empieza a ir a las elecciones, vos tenés que acompañarlo y no quedarte gritando solo sin que nadie te escuche.

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¿Qué quedó de aquel proceso?

Para mí abrió una etapa que todavía está abierta, no es algo que se cerró. Y puso en la superficie una crisis de representación muy grande y una angustia social por las condiciones de vida y la crisis económica. Lo angustia varió, retrocedió, se superó. Pero la fase política que se abrió, la brecha entre la dirigencia política y el pueblo está abierta, está en un impasse, en un intervalo. No es una etapa histórica en el sentido de que ya pasó, en término de impactos sí es un hecho histórico, pero si se quiere decir que pertenece a otra etapa de la historia, no. Porque no lograron cerrarlo con recuperación institucional, sí lograron reconstruir, mediante Néstor Kirchner, el poder ejecutivo y la autoridad política. Pero las instituciones del estado siguen desprestigiadas, los partidos se vaciaron. Empezó a existir cierto proceso de involucramiento político de la juventud, interesante y muy importante, de participación política y militancia, gran parte se ve detrás de las banderas que levanta el gobierno. Pero el Partido Justicialista no se reconstruyó, está vaciado y ni hablar de los demás partidos. En ese sentido, como todo análisis político para luchadores anticapitalistas, es un momento para actuar, para saber cómo nos subimos al ring, cómo está el ring.

De todos modos el kirchnerismo es quien más ha atraído a la juventud militante con sus consignas.

Sí, pero la participación no recompone al PJ, al revés, le es totalmente ajena. Una de las crisis que hubo fue la reaparición de Scioli. La foto de Massa e Insaurralde es otra cosa que repudian desde esa juventud. Pero no hay estructura sólida de ningún sector del PJ, por eso inventan a Massa, pero… ¡es Massa! La participación de la juventud me alegra. Y que salga a la calle, bajo las expectativas del gobierno, bueno… lamento esa confusión.

Entre las banderas que levantó el kirchnerismo hay una que te toca de cerca, que es la de los derechos humanos. ¿Hacía falta llevar a cabo esa política o puede ser un mérito a reconocer?

Entre las cosas que salen a flote en 2001 surgen el enjuiciamiento y la deuda externa. Pero lo vital era el “que se vayan todos”, que estaba compuesto de diversos ingredientes que aceptaban todos. No había asamblea en la que no se discutiera la deuda o la cuestión de los milicos impunes. Y una escena muy simbólica que desencadenó o acentuó eso, fue la policía pegándole a las Madres. Ya

les habían faltado el respeto pero nunca como ese día. Y las Madres eran respetadas. Ahí hay que tener lectura fina, y Kirchner la tuvo. Lo que se reivindica de Kirchner es la habilidad para desentramar de un proceso político los elementos importantes, incluso los que no salen a la superficie para la mayoría. Él y su grupo dejaron pasar el indulto en los noventa sin decir ni “a”. No hay nada que dé para pensar que aquello se hizo desde los ideales: se hizo desde la necesidad de construir poder.

Se avizora siempre compleja la relación entre el peronismo y la izquierda, principalmente desde fines de los sesenta y hasta hoy, ¿cómo ves ese proceso?

En general la izquierda clasista, trotskista, ha tomado distancia del peronismo a partir de un cuestionamiento teórico-político adecuado, de no mezclarlo con el camino al socialismo. De la corriente que vengo tuvo más vínculo, que se generó a partir de la resistencia peronista, pero el vínculo se perdió. La importancia de la clase obrera en los años de la resistencia, la pelea por la vuelta de Perón, es un ejemplo de respuesta con violencia obrera a la violencia de la dictadura y pasó por el movimiento obrero, por un peronismo combativo. Pero había dificultad en meterse en el peronismo, no era sectarismo. Una vez, charlando con Nahuel

Moreno, recuerdo que él dijo que sentía que en la política hacia Montoneros se debía haber tenido una política no sólo de denuncia, porque era una corriente masiva con miles de los mejores luchadores que dio la etapa. Me quedó eso porque es para aprender, para sacarle jugo ya que a fines de los sesenta y los setenta nos cruzó de manera muy profunda. Igual, Montoneros no era la expresión del movimiento obrero, pero el cordobazo dio lugar al peronismo de base. Los Villaflor… son tipos para sacarse el sombrero; si uno los tuviera acá delante aprendería mucho. Ahora, si la izquierda clasista o trotskista hubiera formado parte del peronismo, hoy no existiría como tal.

zamora3Muchas fuerzas de la izquierda más tradicional no pueden ni acercase a esas visiones.

Supongo que tiene que ver, pensando y preguntándome también, con un intento de réplica que quieren hacer las organizaciones de izquierda del partido bolchevique. O una deformación de aquel. Tiene que ver mucho con los dogmas, las verdades reveladas y la autoproclamación, que considera mal todo lo que pasa fuera, en una actitud casi religiosa. No es un problema psicológico, eh. Cuando uno se plantea que es el dueño de una verdad, y se aferra, porque la lucha contra el capitalismo obliga mucho a hacerse fuerte, si te lleva a un dogma, termina siendo terrible. Procesos como el peronista, el de Haya de la Torre en Perú y otros, para la izquierda son complejos. Lo más difícil es integrarse porque te pueden despedazar. Vos decidís nadar con la corriente tratando de que no te lleve, pero generalmente te lleva. Bueno, a contracorriente tampoco es fácil. El peronismo fue un fenómeno muy potente y lo que cuestionaría mucho para generar un aprendizaje, es que hay que abrir la cabeza y no debemos sacar evaluaciones al boleo, porque los procesos que se dieron en el contexto del peronismo, como el cordobazo, fueron muy heterogéneos. Y es cierto que la política de la izquierda hizo que hoy tengamos una izquierda, pero que también estemos como estamos.

Hay una parte de la izquierda a la que se le dice “catastrofista”, ¿cómo ves el panorama económico para los próximos años?

En principio el gobierno controla la situación económica, y no se ven en el horizonte elementos que lo enfrenten a situaciones ingobernables. Los grupos económicos necesitan al gobierno, no le van a provocar un gran daño; le van a pedir, lo van a presionar, seguramente incluso van a lograr un ajuste económico, pero mínimo, muy fino. Sin embargo, que haya pasado quizá la crisis más coyuntural en relación a 2001- 2002, deja a la vista que nos encontramos con un país no tan distinto al de los noventa. Desde el punto de vista de la matriz productiva, en los próximos años va a surgir la Argentina que nunca cambió, con deuda externa, con una economía extranjerizada, con concentración de la propiedad, con la soja transgénica, que está en el 68 % de tierra cultivable y está reventando la tierra. Si bien la tonelada bajó, parece que por las lluvias va a subir la producción, entonces vivimos así, dependiendo de la lluvia. Es el país que Menem inauguró con Felipe Solá, en el 96. A lo que si hay que estar atento es a la crisis mundial, que desde 2007 no logran atenuarla, sigue en la superficie y eso tiene cimbronazos, no hay que descartar que elementos de la crisis mundial peguen acá de manera significativa. Por ejemplo, si Estados Unidos confirma el aumento de la tasa de interés de la Reserva Federal, eso puede afectar, porque impactaría sobre Brasil. Y Argentina está muy brasildependiente en lo económico.

¿Y en lo político?

Este gobierno cumplió un rol, no puede cumplir todos los roles. El resto lo hará Scioli, Massa, Macri, aunque éste parece más lejano. Al mismo tiempo, es un hecho político importante el que un sector se haya volcado a votar a la izquierda, al FIT principalmente. Pero a la vez es un problema que cuando un sector del pueblo quiere optar por la izquierda, se encuentra con esa izquierda, que es formar parte de un acuerdo electoral de partidos que compiten entre ellos mismos, que se disputan cosas por necesidades de votos. Y nuestro gran desafío consiste en plantear una izquierda no sólo electoral, sino una izquierda que hace trabajos con organizaciones, con proyectos asamblearios y populares. Ahí está el desafío: articular las luchas que emprenden las organizaciones sociales y los movimientos. Vienen años muy ricos, para vivirlos, para estar ahí e involucrarse. Son desafíos bárbaros los que se nos presentan, porque hay un contexto mundial, latinoamericano, que empuja y estimula.

Los nenes bien

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«Es tan difícil ser sutil”
Gaby Bex

Los nenes bien fumamos acostados, nos tiramos pedos. Los nenes bien solemos comer con la mano, solemos reírnos de todo, tranzar con cualquiera, besar a cualquiera. Los nenes bien no tenemos problemas con las drogas, las probamos todas. Tampoco tenemos problemas con la policia ni con el pibe de la esquina que nos pide un peso para la birra. Los nenes bien somos arrabal, saudade, barrio y salón VIP de Pacha. Los nenes bien vamos a comprar puchos en chancletas porque sabemos que está bueno parecer un paraguayo. Los nenes bien no chupamos pijas en público pero adentro de nuestra casa las chupamos todas. Los nenes bien nos despeinamos, no usamos cremas, no nos depilamos, porque sabemos que lo bueno está cuando uno más croto es. Los nenes bien no tenemos problemas de sacarnos los mocos en público y de poner música a todo lo que da en el colectivo. Los nenes bien escuchamos todo tipo de música y bailamos con todo. Los nenes bien unimos el bachillerato popular del barrio más pobre con la sala de personas más distinguidas. No tenemos filtro y queremos ser como Paris Hilton pero nunca como Britney Spears. Los nenes bien nos hacemos los que tomamos mucho alcohol pero en verdad le hacemos tomar mucho alcohol al otro. Los nenes bien no nos drogamos, ya nos dimos con todo. Los nenes bien hacemos gimnasio para estar mejor y comemos de todo para devorarnos al mundo. Somos tan felices en las fiestas y tan angustiados en nuestra intimidad. Somos trágicos a más no poder y todo nos da impresión. Nuestro falo es todo nuestro cuerpo y buscamos a ese que nos pajee haciéndonos masajes. Así somos, egoístas, trágicos y sensibles, los nenes bien somos lo peor para cualquiera.

PAGINA 4 - Ian_Berraud (Copia en conflicto de Javi 2013-12-15)

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Autor: Mariano Massone
malververas.blogspot.com

Ilustración: Ian Pedro Berraud
www.flickr.com/photos/ian1988

Ellos conversan. Cada uno con el uno de uno mismo

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¿Cómo estás? Bien. ¿Cómo estás? Bien. ¿Cómo estás? Bien.
¿Querés que diga otra cosa? Entonces olvidemos. A la infancia, el bosque. A la víbora
cruzándose de brazos y mirándome con esos ojos histéricos de abuela que prefiere a
su nieto varón porque se parece a su hijo. La víbora es “la”. Femenino. Pero en forma
de falo. Hablemos de mi cansancio de yacer en la felicidad y recibir el escupitajo de
la dicha. Estoy parada frente a cada objeto que este mundo usa para conformarse y la
mudez me hace bien.

PAGINA 3 - Nataly Bonilla (Copia en conflicto de Javi 2013-12-15)

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Natalia Litvinova
www.casajena.blogspot.com.ar

Ilustracion
Nathalí Bonilla
www.facebook.com/nathalybonilla.arte

Dejaste

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“Pensar que ayer creí morir
  hoy parece que puedo seguir
  un capítulo me hizo sonreír.”
  Rosario Bléfari – Estaciones

Dejaste las ganas de llorar

ese precipicio inminente

esa fragancia que empuja

hacia el no retorno.

Me vas a llevar y traer

acá espero

en tus alas.

PAGINA 5 - Florencia Potenzo (Copia en conflicto de Javi 2013-12-15)

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Autor: Germán Batalla
www.dondeestasparado.com.ar

Ilustración: Florencia Potenzo
latiendadelaflorista.blogspot.com.ar

Amanece

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PAGINA 2 - Sueños - Silvia Adriana HapkoAmanece

Vamos a inventar un juego
de oscuridades y distancias
podría llamarse “de hacer presencias”
de zurcir abismos de cercanía

tiempo
todo es cuestión de
movimiento
de encontrar el ritmo justo

suficiente para olvidar
las proporciones, las herramientas,
el método, la práctica,
el abismo, la cercanía,
las complicidades

suficiente para soltar
a la inmensidad de la nada

un grito de alma que diga
ha llegado el día.

Sueños – Silvia Adriana Hapko

 

 

 

 

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Autora: Raquel Rabinovich

Ilustración: Silvia Adriana Hapko
sahky.blogspot.com.ar

#18 Ar

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la certeza del árbol es su afuera

todo lo que mordemos / escarbamos

hastalcanzar la sabia

saboreo  lo de adentro apenas deja de ser

como el árbol no tengo interior

desconozco mi certeza

antü | hoy

VictoriaRuizDiaz

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Autor: Anuar Cichero
diezmilcosas.blogspot.com.ar

Ilustración: Victoria Ruiz Díaz
www.flickr.com/photos/victoriard

Adiós faso viajero

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Hasta hace unos años, encontrar marihuana en la ciudad durante el verano era una tarea casi imposible. Pero con la masificación del consumo y el desarrollo del cultivo propio, eso cambió. Memorias de entrecasa de un pasado careta que se va y un presente en flor que llegó para quedarse.

Por Moisés Elli / Fotografía: Manu De Biasi

Cuando seis amigos se juntan a comer un asado, la carne se cuece en la parrilla y se ha descorchado algo de vino, es como si los fantasmas del recuerdo se congregarán para asistir a un revivir del pasado en sus variaciones con el presente. Con esta idea llegué al barrio de quintas donde Julián está terminando su casa. En el medio de la mesa, sin tapa y lleno hasta la rosca, había un frasco de vidrio con flores de marihuana dispuestas a ser consumidas sin discreción.

Si alguien me hubiese preguntado hace unos años, jamás hubiese pronosticado esta abundancia, y mucho menos de flores naturales y secas, limpias y cuidaditas. Antes era imposible conseguir pucho en verano. Cuando llegaba diciembre y te empezabas a cagar de calor todo se iba a parar a la costa: la gente, el entretenimiento, y el porro.

Ahora el pucho está en todas partes, en todas las estaciones del año, y en flores cultivadas por nosotros mismos o compradas a otro productor. Claro que con esto no quiero decir que se terminó el prensado, pero de a poco vamos fumando lo que hay que fumar: florcitas.

faso2El primer diciembre inesperado y la “comida para el Tyson”

El año cerraba el último de sus meses prodigiosos, el calor establecido, la birrita fría, las bermudas de jeans cortados y las alpargatas. Julián, perseverante y obsesivo, fue el primero de nosotros en seguirle la pista al porro en verano. Investigó, hizo trabajo de campo con todos los humanos que pudo, y descubrió que la marihuana escaseaba porque iba a parar a la costa.

Un 20 de diciembre se encontró en una pequeña estación de servicio en San Clemente del Tuyú. Un viejo decrépito lo atendió y le convidó amablemente de un remís pirata para llegar a lo del “Tano” Gutiérrez. Las explicaciones fueron simples y cortas: “decile que te mandé yo, pibe, y pedile la comida para el Tyson”. “El Tano era un tipo común”, recuerda Julián, “de esos que encontras a puñados por todas partes”.

Acá pegabas un 25 por ciento 50 pesos y allá lo tuvo que garpar 600. Pero el Tano Gutiérrez era un crack, la sonrisa pintada en la jeta. “Me quedé cuatro horas charlando con el loco jeta. “Me quedé cuatro horas charlando con el loco ese: me contó alto rollo con la guerra de Malvinas y un hermano que desapareció. Cuando volví al barrio, me podría haber hecho rico. Pero no, me lo fumé todo”.

El viaje en moto a Sabaleta

Un verano, me acuerdo, Antonio había conocido una mina, María, bastante volada. No paraban de coger. Yo lo veía de vez en cuando, estaba flaco, hecho hilachas. Resulta que esta piba tenía un filo y el padre tenía alta moto en el garaje. Una semana los viejos se van de vacaciones y le pinta ir a Sabaleta a buscar porro, en la moto. Antonio se prende, la onda de la minita pero le dice que va él, porque es peligroso. Entonces la loca se encasca y le pone los puntos: “o voy yo también, o no hay moto ni noviazgo”. Ellos se habían conocido fumando en el patio de un bar, pero estaban hasta el cuello, la pateaban para todos lados juntos.

Veintitrés de diciembre a las once de la noche llegan a Sabaleta con una luca en el bolsillo, una luca de hace como siete años, era una moneda. En la plaza Herminio Masantonio pegan buena onda con un pendejo que se llamaba Andrés, con la cara cuarteada de tanto tomar. Hicieron la secuencia,

y siempre me acuerdo de Antonio contándome que se colgaron como dos horas a fumar y charlar, y el pendejo le decía que Charly era un careta, y Spinetta era lo más grande desde cantata. “Después de toda esa movida, fue acelerar a fondo hasta la 9 de julio, llegar a casa y pasar dos meses sin dejar de quemar”, cerraba siempre la anécdota.

El hippie, Esther y el CPA

Entre todas las historias, hay una mía también, en la costa, con el negro Adrián. Me acuerdo que llegamos como un 15 de Enero, la camisa pegada al cuerpo parecía otra capa de piel; 45 grados a las 11 de la mañana era una exageración. Cuando decidimos hacer el viaje, nos quedaban dos porros, así que nos fumamos uno y planeamos guardar el otro para cuando llegásemos. Ni bien bajo del bondí, le digo “pela el faso, negro” y el negrito me mira, con esa cara de perro bueno al que no te animas a retar, mete la mano en el bolsillo y mientras saca la tuca más diminuta que haya visto jamás, me dice “perdoname, no me pude aguantar tanto tu plan”. Negro cabeza loca. Me acuerdo que prendí esa tuca y me quemé hasta la uña de las ganas de fumar.

Perseguimos como cuatro horas a un grupito de hippies que no paraban de dar mecha, y a nosotros, con el corazón palpitante, nos calaba la nariz el humo de sus migajas. Adrián siempre fue un timidón, nunca te hace aguante en algo que fuese de pedir. Yo no soy un tímido convencional, pero tampoco un bocón, así que siempre me resultó cómoda una segunda para activar. Después de cuatro horas de caminar, por obra del cansancio, la manija y el calor, sumado a los ojos de vaca esperando el martillazo que se le ponían al negrito cuando no había para despegar, me decidí y encaré al que me parecía el más pillo de los hippies. Me presenté y lo saqué aparte para charlar. El loco era bastante amable y me tiró un par de direcciones y un número de teléfono. El negro no lo podía creer. “puta madre, por fin algo bajo este sol escandaloso”, dijo mirando el cielo.

La línea 115 nos dejó ahí nomás, tres cuadras, pero el lugar al que nos mandó el hippie resultó ser un centro de rehabilitación encubierto. La mina que hacía la movida se llamaba Esther y la tenía bastante clara con esto de hacerse pasar por tranza. Como al negro no le salía ni una crítica y lo único que hacía era tirarme caras raras, nos tuvimos que fumar el sermón. “Ya te voy a cruzar hippon hijo de puta”, pensaba yo, mientras Esther repetía incansablemente que nos estábamos quemando la cabeza.

Lo que abunda no daña

Por eso los veranos de ahora contrastan con los del pasado, los chaloncitos nuevos no se dan cuenta pero es así. Ahora salís del laburo recontra cagado de calor y ya de toque te comes el barandazo de la esquina, te sacas la chomba rasposa y rústica, te quedan 20 metros para entrar a tu casa, pero no, te patinás los billetes en una fresca en un kiosco o un almacén cualquiera.

Todo está ahí, dispuesto. ¿Lo que abunda no daña? Lo más gracioso de la situación, es que aparte de la fresca y la reflexión, cuando cruzaste la puerta, tenés a los pibes cocinando torta de chocolate y flores de porro, y además fumando, y además cogollos arriba de la mesa y además los frascos y frascos y frascos. Mejor aún, es febrero, pasando la mitad del mes, y en tu casa se cuece el bizcochuelo con cuarzo verde. A veces parece una manera de soñar un algo, y otras veces una forma de imaginar un cómo. El calor del vapor tiene olor, y la casa está perfumada. “Mañana podemos hacer unas carnes”, el negrito con la idea gourmet. Antes, hace años, el verano era un grano en el culo.

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El kirchnerismo que viene, si viene

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Nora Veiras trabaja en Radio Nacional y en la TV Pública. Sin embargo mantiene su postura crítica y declara abiertamente no ser peronista ni militante partidaria. ¿Qué es el kirchnerismo? ¿Qué se viene después de Cristina? Historia y actualidad política de una periodista que le pone los pelos de punta al gorilismo de izquierda y derecha.

Por Javier Campos / Fotografía: Beatriz Grafia

No hay luz roja de “aire”, pero ella sigue hablando como si estuviera en el estudio de la radio. Definitivamente no es a partir de los clichés del “periodismo militante”, la impronta peronista o la defensa del “modelo nacional y popular”, que se le debe entrar a la figura de Nora Veiras. La acompañante de “las líneas gruesas del kirchnerismo” no sería capaz, tampoco, de colocar sus dedos en V a pesar de la militancia justicialista de su padre y del contexto político actual. Su política, aclara, es el periodismo, y en ella su experiencia se filtra en cada anécdota: en la entrevista al intendente de facto de General Rodríguez cuando iba a la secundaria, en su tesis basada en el Informe Mc Bride y denostada por un “peronista de derecha”, y hasta en los primeros días con “esa redacción deslumbrante” de Página/12.

¿Cómo llegaste al periodismo?

Al principio tenía pensado estudiar arquitectura, pero después un profesor de mi colegio secundario, en los ochenta, nos convenció a una compañera y a mí de que buscásemos otra carrera. Así que, sin mucha idea, empecé a estudiar “publicidad”, que era una rama de la carrera “comunicación social”, en la Universidad de El Salvador. La otra rama de esa carrera era periodismo. El tema es que, al cabo de un año, me di cuenta de que la publicidad no era lo mío.
No parece que tenga mucho que ver con vos la publicidad.
Claro, porque es una carrera que se funda en falacias, en argumentos falsos pero persuasivos, y eso iba en contradicción con lo que yo pensaba de la vida: era un engaño. Entonces, al tercer año, me anoté para estudiar derecho en la UBA. Como ves, no tenía muy en claro qué quería hacer… Finalmente elegí terminar los dos años que me quedaban en El Salvador, pero de la rama periodística.

¿Y cuándo diste el salto a la profesión?

En cuarto año empecé a trabajar por medio de una profesora de la facultad que era productora ejecutiva de Sin anestesia, el programa de Eduardo Aliverti en Radio Belgrano, en los albores de la democracia, que trataron de estigmatizarla con “Radio Belgrado”, que fue como la expresión de lo que significó el estallido democrático en los medios en el primer alfonsinismo. Por otro lado, tenía de profesor a Raúl Burzaco, director de Tiempo Argentino, quien terminó siendo el secretario de medios de Menem, que otorgaba pasantías. Una amiga me avisó de que Lanata iba a sacar un diario, y me preguntó si quería trabajar ahí: al poco tiempo empecé a trabajar en los números iniciales de Página/12.

¿Cómo fueron aquellos años en un Página/12 dirigido por Lanata?

Página fue una experiencia… realmente todos éramos muy chicos, empezando por él (Lanata), que tenía 26 años cuando fundó el diario. Fue una experiencia muy enriquecedora, resultó como un descubrimiento del mundo. Más para mí, por mi formación católica en el secundario y en la universidad. Página era encontrarte con parte de la historia reciente. Un compañero, Camilo Sánchez siempre me decía: “¿Vos te das cuenta de la redacción en que estamos?”. Porque era una redacción en la que, en un escritorio con máquinas de escribir, estaba sentado Juan Gelman, en otro Tomás Eloy Martínez; Osvaldo Soriano iba y venía con su habano; también estaban Miguel Briante y, como secretario de redacción, Pasquini Durán. Horacio Vertbisky, no estaba en la redacción pero los viernes iba a entregar sus notas a Lanata… era un lujo.

Extraña la posición actual de Lanatta ¿no?

El vuelco de Lanata en una época me dolía; ahora ya me parece repudiable. Igualmente, Lanata dirigió siete años Página y siempre estuvo acompañado por Ernesto Tiffenberg, quien tiene un bajo perfil mediático pero que lo pensó junto con Lanata. La ventaja de él era que no había vivido los setenta y podía estar a la cabeza de un proyecto porque no estaba involucrado en las internas que venían de aquellos años. Si alguno de esos sectores hubiese querido manejar el diario, no hubiese podido.

¿Y ahora, ya afianzada en Página, establecida en Radio Nacional y en Canal 7, hubo algún acercamiento a la forma de ver la política del peronismo o el kirchnerismo, puntualmente?

Mirá, peronista no soy. Y la primera vez que voté al kirchnerismo fue en la última elección de Cristina. En sus primeras veces, no voté a Kirchner ni a Cristina. Lo que pasa es que tenía mucha desconfianza del menemismo porque eso era lo que yo había vivido del peronismo. Y Menem me parecía temible, pero porque tenía la temeridad de hacer lo que me resultaba inconcebible. Sin embargo avanzó debido a que hubo una sociedad que lo acompañó y lo reeligió.
Marcás dudas principalmente con el peronismo como movimiento, ¿pero qué te ocurrió con Néstor Kirchner?
Cuando lo escuché en su discurso de la asamblea legislativa, le deje un mensaje en el contestador a uno de sus colaboradores, diciéndole que me había conmovido su discurso porque sentí que hablaba genuinamente. En el 83, yo había votado a Alfonsín muy ilusionada y cuando sucedieron los levantamientos de semana santa me vine sola en el Sarmiento a la Plaza de Mayo, y la decepción que sentí con el “felices pascuas” fue como una inoculación de descreimiento hacia la política que me duró, te podría decir, hasta el discurso de Kirchner.

¿Ahí empezaste a formar parte del acompañamiento kirchnerista?

Siempre dije y sostengo que acompaño las líneas gruesas del kirchnerismo: cuando veo a Cristina decir lo que dice en los escenarios internacionales me siento reivindicada como argentina. Que vaya una presidente y le diga a Obama lo que le tiene que decir, me parece totalmente reivindicable, elogiable; me enorgullece. El último discurso en Naciones Unidas, por ejemplo, es excepcional, brillante. A Cristina, por trabajos en periodismo, la conocí como diputada y era deslumbrante en los modos de exponer sus ideas. La admiro como mujer en la política; es una mujer que desarrolla un pensamiento propio, con sus errores como todo mortal, pero en ella hay una diferencia abismal con los demás políticos.

¿Qué es para vos el kirchnerismo, cómo lo definís?

El kirchnerismo forma parte del peronismo, surge de éste pero en algunos aspectos lo trasciende. Yo creía en el concepto de transversalidad que proponía Néstor Kirchner en el principio. Después se refugió en el partido justicialista y viendo lo que eso significa… ahí no me siento representada, mi duda con el kirchnerismo es qué pasa con la sucesión de este modelo, quien es el dirigente que va a ser el responsable de la continuidad de proyecto kirchnerista; yo en este momento no lo veo, faltan dos años. Habrá que ver.

¿El kirchnerismo era Néstor, es Cristina y listo?

El kirchnerismo era Néstor, es Cristina y es el sector generacional que ellos representan, generación joven, pero que falta para el tiempo de ellos. Los que están en edad de ejercer el poder, por lo que ha sido tradicionalmente Argentina, y que están hoy alineados con el kirchnerismo, no me seducen demasiado, qué se yo… ¿Quién está en la generación de cincuenta y pico? Ahora un tipo de cincuenta y pico, que está alineado y posicionado para gobernar es Scioli y él no representa una continuidad de Cristina Kirchner, es la verdad. Sí lo veo como un leal de la primera hora en la lógica del poder y estuvo donde lo mandaron y se ha bancado cada una; yo creí que en cualquier momento iba a sacar un puñal.

Scioli, entonces es un leal de los Kirchner, pero no es kirchnerismo.

Él apostó a cosechar desde su lugar, por la conveniencia de no romper. Ahí asume como propias las batallas del kirchnerismo que no son las de él, aunque es cierto que en contra no ha operado. De Scioli no se puede decir lo que sí se puede decir de Massa. Y los wikileaks son irrefutables en ese sentido. Massa fue a la embajada y dijo lo que pensaba realmente de Néstor Kirchner; a Scioli lo llamaron y no hizo ni una crítica de lo que era su relación con el kirchnerismo. Ahí tenés dos formas de proceder y conducirse. Por otro lado, Massa fue Jefe de Gabinete de Cristina… bueno, esas son cosas de la política que uno no puede entender: ¿cómo es que dirigentes de la experiencia de los Kirchner elijan una persona así para jefe de gabinete?

Analizando el tema generacional, ¿se puede decir que el kirchnerismo es el 30 por ciento de la sociedad?

Pensar que sea más es esperar demasiado, en una sociedad tan cuestionadora como lo es la argentina; y pensar que una fuerza política tenga ese porcentaje propio, es muchísimo. Si uno ve el resultado de las elecciones, si bien es evidente que perdió básicamente en provincia de Buenos Aires que es la madre de todas las batallas donde tenés casi un 40 por ciento del padrón ahí, igualmente el kirchnerismo mantiene una bancada de 132 diputados contra 13 de Massa y la segunda es el radicalismo y aliados… ¿dónde está el fenómeno Massa? Si miras los medios de comunicación hoy en Argentina, te das cuenta que es claramente la operación del establishment periodístico-político que quiere instalarlo como una alternativa porque sin un sector del peronismo no hay fuerza política que pueda ganar una elección.

Al revés que el kirchnerismo, que tuvo que reafirmar cierta identidad “no peronista”.

Porque tuvo que seducir a ese otro sector social que no es peronista duro, que es progre entre comillas y que le permitió hacer su base y su política de transversalidad en aquel momento. Eso hace más complejo y más rica la política. Y eso también es el kirchnerismo, que en ciertas decisiones se adelantó a su época en relación con lo que la sociedad está dispuesta a sostener. La sociedad no le estaba pidiendo la reapertura de los juicios y la anulación de las leyes de impunidad, no se puede decir eso. Era un reclamo sostenido con la militancia de los organismos de derechos humanos a lo largo del horror, la tragedia y las batallas perdidas. No eran ni marchas masivas ni que iban a conmover a la sociedad; entonces fue una decisión política y cuando se trata de avanzar, 30 años después sobre la complicidad civil, uno ve las reacciones que hay…

¿Pero había otras bases para apoyarse más que tomar esas decisiones en un contexto en el que estaba en discusión la dirigencia política?

¿Vos preguntás por qué apostó a eso? Porque Intentó armar su propia fuerza; recuerdo que le decían que era la Chirolita de Duhalde, además había más desocupados que votantes y tuvo que armar su fuerza, todo en una mirada progre. Podría haberse inclinado hacia el establishment y continuado la lógica del menemismo. Pero optó por otra cosa y su política es ir haciendo mientras van surgiendo los problemas o cuando las condiciones ya no dan para  negociar. El conflicto con las patronales y el campo fue un parteaguas y fue tal la confrontación que el kirchnerismo se abroqueló y avanzó más. Otro caso, el de YPF, se decidió expropiar porque Repsol no estaba dispuesta y sólo quería expoliar el país. Ahora, obviamente hay cosas que faltan. Por ejemplo el transporte es un déficit grave.

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¿Qué otros déficit reconoces como graves?

Una de las batallas que no ha dado el kircherismo es una reforma tributaria de verdad, que es una asignatura pendiente: el pan lo paga lo mismo el pobre que el rico. Pero hay que discutir impuestos coparticipables, lógicas de manejos provinciales que son muy difíciles porque hay poderes que no se mueven.

Algunos poderes provinciales tienen una relación bastante buena con Cristina, ¿son cuestiones de las relaciones políticas?

No puedo ponerme a hablar puntualmente porque no conozco en detalle las situaciones provinciales, pero por ejemplo no estoy de acuerdo en reelecciones indefinidas porque termina generando estructuras que se autonomizan y operan por sí misma, independientemente del proyecto nacional. En esto falta mucho.

¿Y con respecto al acto en el que Cristina felicita a Insfrán en un momento controvertido por la represión que se daba en su provincia?

No conozco la situación de Formosa; hay condiciones de marginalidad que se hacen perpetuas y vistas desde acá, desde Buenos Aires, es difícil entender cómo eso es lo mejor que sucede en esa provincia. Me cuesta hacer una condena absoluta porque yo no estuve allá, pero por supuesto que no es un personaje progresista en la política existente.

¿Tomás al kirchnerismo como lo más potable desde la izquierda? ¿O se puede ser de izquierda sin ser kirchnerista?

Pensar que sólo se puede ser kirchnerista es un problema. A su vez, esto no es un proceso revolucionario, es más una etapa de reconstrucción y de reparación de las atrocidades del neoliberalismo. Si uno revisa las líneas políticas que se mantuvieron desde la dictadura hasta hoy, vemos que hay muchas cosas que se deba desmontar. Yo veo planteos de izquierda en los que concuerdo, pero ¿cómo lo implementás? ¡Si tenés una ley de medios que de lo único que trata es poner límite al 35 por ciento del mercado de comunicación y hace cuatro años que es casi una batalla contra Goliat! Entonces ¿cómo haces para expropiarlos y socializarlos, entre comillas? Está bien la idea, pero no funciona.

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¿Y qué escenario creés que se va a dar a partir del fallo de la Corte Suprema sobre la Ley de Medios?

Empieza una etapa muy rica para ver cómo se distribuye la propiedad de los medios y cómo esto permite la multiplicación de las voces. Lo positivo es que el periodismo ha sido puesto en cuestión y se ha explicitado que los medios son factores de poder y que como tal juegan en el tablero del poder. Nadie es ingenuo en cómo se comunican las cosas. Lo otro importante es el replanteo general de los medios: si hay cosas que están mal, hay que decirlas, hay que cuestionar. Muchas veces el oficialismo ha caído en en el error de no exponerse o no explicar, que terminan siendo contraproducentes. En las dos entrevistas abiertas, quedó demostrado que Cristina puede defender todo lo que sostiene ante cualquiera. Ante cualquiera que no te esté operando; la entrevista puede ser más o menos incomoda, pero el poder político tiene que bancársela, tiene que explicar.

Se daría otro gran paso regulando la publicidad oficial: ¿es la próxima discusión o creés que en el tema medios hay otra?

No, es esa. La pauta de publicidad requiere un debate, pero el tema es con qué criterio beneficiás a tal o cual medio; es complejo. Porque si es por mayor tirada o audiencia, tenés el problema de darle siempre a los más grandes y se supone que el estado tiene una lógica redistributiva. También es verdad que no podés, desde el estado, dejar de lado un medio porque es opositor. Ahora, también, si repartís por audiencia es necesario decir que están en discusión los órganos que miden, que sabemos que hay intereses y manipulación. Por otro lado, desde el que pretende ser “periodismo independiente”, que hacen hincapié en la pauta oficial, resultan concesivos en la distribución de la pauta privada. La pauta oficial los cálculos más generosos es el 9 por ciento. Si ves cómo se concentra el 91 por ciento restante, de la pauta privada, ¿tendríamos que ir a denunciar que las grandes empresas no publicitan en los medios públicos? Hay que sincerarse. Los que se rasgan las vestiduras por la supuesta limitación de la pauta oficial, no dicen nada de la cantidad de anunciantes privados que tienen y condicionan la línea editorial. Pongamos todo sobre la mesa: todo, la pública y la privada. ¿Estarían dispuestas las empresas a que se regule la pauta privada? Lo privado tambien lo pagamos todos.