Blog Página 5

El dolor fantasma

0

Un relato para los amantes gatunos.

Es curioso. Hoy puedo ya abrir las ventanas en casa, y sin embargo tengo menos luz. No deja de tener su ironía que sea curioso, porque también tengo menos curiosidad en casa. Falta una pequeña bola de pelo curiosa, que me obligaba a cerrar ventanas, temeroso yo de que pudiera ocurrir lo que al final ocurrió.

Llevo algunos días reflexionando sobre la necesidad de plasmar en un papel lo que llevo meses, años, vidas enteras masticando en el cerebro hasta que me duele el estómago. Ese conjunto de ideas contradictorias, cambiantes, informes, que configuran lo que soy en base a lo que he sido. He cambiado, mucho, y no siempre a mejor, y lo que me ha traído hasta aquí es inmutable, salvo que alguien me regale un DeLorean y un condensador de flujo. Qué cosas hice bien, qué cosas hice mal, dónde dije Diego cuando debí decir digo. Supongo que ahora me falta una excusa de esas que fabricas para dejarlo todo para después, porque ahora mismo estoy solo en casa, y hacía mucho tiempo que no lo estaba. Supongo que la tristeza ha sido siempre el catalizador principal de mis escritos. Y eso es algo sobre lo que, en algún momento, debería reflexionar también.

“No tiene sentido llorar a un gato, pero tiene todo el sentido llorar a un amigo. Seguramente no lo comprende quien no ha tenido gato, o quien no ha tenido amigos. A mi ahora me faltan ambas cosas…”
Los que me conocen saben que soy un poco robot. Mucho por encima del cuello, poco dentro del pecho, más racional que instintivo, más máquina que animal. Yo era de los que hacían chistes sobre esas viejecitas que hablan a sus animales como si entendieran su idioma, como si un pastor alemán hablase castellano, o inglés o ruso, en lugar de alemán, o perruno, o nada. Era, y soy, de los que no considera a los animales por encima de los hombres, ni siquiera a su lado. Como carne, visto cuero, y uso medicamentos probados en animales, sin que me produzca ni la más mínima sensación de culpa. Y sin embargo, hoy tengo dolor fantasma. Como esos amputados a los que les hace cosquillas la mano que no tienen, hoy me siento aquí, y me duele el gato que ya no tengo. No tiene ningún sentido, pero es que ese es el secreto: no tiene por qué tenerlo. Los sentimientos no los tienen, son por definición irracionales. Si la razón es lo que nos separa de las bestias, los sentimientos es lo que nos separa de las computadoras. Lloras, y no sabes por qué. No tiene ningún sentido llorar porque has perdido la Champions, y ahí tienes, hombres maduros, millonarios, famosos, tirados en el suelo desconsolados como si el equipo contrario les hubiera matado al padre al marcar un penalti en el 92. Y lloras, porque un pequeño incordio negro que te llenaba de pelos la cama, de agujeros el pantalón y se cagaba en el sofá, ya no va a hacerlo nunca más. No tiene sentido llorar a un gato, pero tiene todo el sentido llorar a un amigo. Seguramente no lo comprende quien no ha tenido gato, o quien no ha tenido amigos. A mi ahora me faltan ambas cosas, pero hasta ayer tuve, y porque tuve, ahora puedo decir que comprendo.

Creo que no me entiendo. Quizás nadie me entienda. No les culpo, porque soy objetivamente extraño. Supongo que todos tenemos esa sensación, en algún momento, aunque sea de forma subjetiva. Pero creo que, subjetividad al margen, sí que soy raro. Nadie me ha confundido jamás con alguien normal, muchos me miran como si fuera extraterrestre por hacer lo que hago, decir lo que digo, pensar lo que pienso. No me comporto de forma normal, no siento de forma normal, no llego a conclusiones de forma normal. Y quizás por eso mi gato me quería, porque él era demasiado simple para perderse en complicaciones, demasiado sincero para que su cariño no fuera honesto. Sabía que daba y recibía, pero no daba para recibir. A diferencia de nosotros, los humanos, no creía en un sistema moral, en una complicada suerte de ética divina que determina los pecados y las virtudes y en la que uno es bueno por las razones equivocadas. Él no se echaba a dormir sobre mí para que yo le diera caricias, o jamón. No me daba consuelo cuando estaba triste porque pensase que así le debería una, o que se la debería algún dios que le compensase con puntos en el cielo. Quería, porque no tenía ninguna razón para no hacerlo. Era feliz, porque tiene más sentido que no serlo. Nosotros necesitamos estar en paz para poder dormir, él solo necesitaba dormir para estar en paz.

Cuando cayó, corrí escaleras abajo. Estaba allí, acurrucado, sangrando por la nariz. Maulló al verme. Me llamaba. Me miró al llegar, y me gusta pensar que le reconfortó el verme. Juraría por cualquier cosa que, encogido, me sonrió con la mirada. Le cogí, y me lloraba. Pensé, por un momento, que se iba a salvar. Pensé en todas esas historias de las siete vidas del gato, y que la fortuna me iba a sonreír, por una vez. Allí estaba, llevándolo en brazos. Se quejaba cuando lo puse boca arriba, en el instinto de cogerlo como a un bebé. Lo puse boca abajo, y me sangraba en las manos. Pero maullaba. Llamaba. Le dolía. Y pensé, «se va a salvar, le duele, pero se va a salvar». Tenía algunas marcas en la cara, rasponazos, y recuerdo que pensé «el pobre, va a quedar feo. Pero se va a salvar». Cuando me moví para llevarlo al coche, le dolió, e intentó saltar de mis brazos. Y pensé «se va a salvar. Puede mover las patas, no tiene la columna rota, se va a salvar». Pero no, no era la Fortuna la que me sonreía. Era el Sarcasmo, cabrón, como siempre.

“…él era demasiado simple para perderse en complicaciones, demasiado sincero para que su cariño no fuera honesto. Sabía que daba y recibía, pero no daba para recibir”.
Esto no va de mi gato. O sí. O no. Va de mí, y de estos últimos años, de ese pozo y esa cueva en la que uno se esconde para ocultar las aristas de la armadura, porque sabe que sin ella es frágil y con ella quebradizo. Va de por qué ya no soy ingenuo, ni amable, ni bueno. Por qué ya no lloro viendo ¡Grita Libertad!, como cuando tenía 13 años. Va de por qué somos insensibles a unas cosas y vulnerables a otras, y va, sobre todo, de darle forma a las cosas que tengo en el pecho para quitármelas de encima, porque uno no puede agarrar las cosas informes y no puede arrojar lo que no puede agarrar. Va de por qué no sé querer a las personas, ni hacer que me quieran, pero sí logro conectar con un bicho peludo y tonto, que me esperaba a la puerta de la nevera chantajeándome jamón.

El mundo está mal diseñado. Hace poco recordaba, en dos conversaciones distintas, aquella frase que me dijeron una vez, y que mi razón entendió pero mi corazón no admite. Mi problema, me dijeron, es que espero que el mundo sea justo. No lo es. Me enseñaron que lo era, que uno recibe lo que da, que el que siembra vientos recoge tempestades, que quien es bueno recibe bondad. Es mentira todo. Seguramente mis padres, mis maestros, la catequista de la época en la que pensaba que la voz en mi cabeza era de un señor invisible con poderes, no me querían engañar. Es probable que estuvieran simple y sinceramente equivocados. Pero es mentira. No es cierto. Uno no recibe bondad por ser bueno, uno no recibe castigos por ser malo. Como trates tú a la vida es independiente de como te trate la vida a ti. No hay karma, no hay justicia, no hay equilibrio. Las cosas simplemente son, la naturaleza simplemente es. Querer que la vida te trate bien, porque tú eres bueno, es como querer que un león no te coma porque tú eres ecologista. El león te comerá, o no, dependiendo de si tiene hambre. Y tú tienes que ser ecologista, o no, dependiendo de si crees que hay que proteger la naturaleza. No son hechos conectados, a pesar de que nuestro sesgo cognitivo busca atajos heurísticos que unan ambas cosas para facilitarnos una visión del mundo más comprensible para nuestro limitado cerebro. O si no más comprensible, al menos más reconfortante. Pero no funciona así. El niño que se ahoga en una playa griega no hizo nada malo para recibir ese castigo. Ocurre, porque la vida es injusta. Ese es el verdadero Secreto, y no el que venden bien envuelto en marketing de autoayuda.

Si Dios existe, más le vale tener preparadas hojas de reclamaciones cuando llegue a verle, porque voy a rellenarle unos cuantos folios.

Y sin embargo, valió la pena. Para ambos. Ese gato fue recogido en la calle, tenía por delante una vida quizás más larga, pero seguro que menos feliz. Y como uno cambia, quiera o no, cuando la vida le moldea la arcilla de la que se compone, pues también me cambió a mi. Quizás no mucho, quizás no suficiente, quizás de manera insignificante. Pero no puedo negar que existió, que me dio cariño, que yo le quise, y que las cosas no son iguales, ni después de verle vivir, ni después de verle morir. Así que la esperanza, para todo lo demás, es que quizás uno descubra después que también valió la pena. Quizás en algún momento me llegue el instante en el que me pare, y haga balance, y diga que sí, que efectivamente no he tenido la mayor de las suertes. Pero que todo lo que ocurrió, me ayudó a moldear mi arcilla. Quizás el mareo que sientes en el torno del alfarero, donde todo da vueltas, donde los ciclos se repiten atrapado en un bucle sin sentido dentro de una vida sin razón, sirva al final para dar forma a algo, o a alguien. Quizás para otros sea yo su gato, quizás cuando ya no esté, alguien reflexione y diga, «era un incordio, pero conocerlo es parte de lo que me moldeó, y valió la pena el incordio».

Lo dejo por hoy, voy a lavar el coche. Creo que hay unas manchas de sangre.

Esto termina mal

2
eduardo aliverti revista ultimoround

Eduardo Aliverti analiza los errores del kirchnerismo y advierte que la fiesta financiera de Macri “en algún momento se paga”.

Fotos: Ariel Vicchiarino

—¿Cuántos vocablos diferentes usaron hoy? ¿Quinientos? ¿Mil?—pregunta Eduardo Aliverti. Silencio; caras que se miran. Responde: —Es la foto del laburo que tienen, la pareja que tienen, la vida que tienen. Jodido, ¿no?

Aliverti no está en su casa. Pero se siente como si lo estuviera, porque habla desde el escritorio de alguna de las aulas del segundo piso de Acevedo 262, barrio porteño de Villa Crespo. En esa dirección funciona ETER, la escuela de radio que fundó en los noventa y devino, luego, en gimnasio de periodismos múltiples. En el aula escuchan atentos cincuenta estudiantes de primer año.

“El kirchnerismo fue lo suficientemente audaz como para salir del 2001 y a la hora de tener que profundizar se aguachentó, desde 2013 en adelante (…) En el último tramo el kirchnerismo se habla a sí mismo”.

Aliverti habla como escribe, porque hace seis décadas que escribe para hablar. Obsesión crónica por las palabras dichas, por el modo en que copulan sonidos y significados: la forma debe seducir tanto como la idea. Su secreto no es la voz musculosa, macha: son las combinaciones sintácticas que maquina para sacarla a pasear. Las cadencias calculadas, los silencios ácidos: la treta del seductor. Lo barroco está desprestigiado pero a Aliverti le sale tan bien que es penoso desgrabarlo.

Además de locutor de radio multipremiado y rector de una escuela, Aliverti es kirchnerista furibundo y gramsciano convencido. “A la izquierda del kirchnerismo está la pared”, repite y asegura que en ese espacio está todavía la llave para construir hegemonía política en la Argentina. Se reserva cierto derecho a crítica: dice que la Ley de Medios fue una oportunidad histórica desperdiciada y que el kirchnerismo se entibió y terminó mordiéndose su propia cola.

02 eduardo aliverti revista ultimoround

El Gobierno de Macri está llevando a cabo transformaciones muy rápidas sobre áreas sensibles como trabajo, salud, educación y derechos humanos. ¿Era esperable?

Creo que la prontitud y violencia de los cambios no es tal. Y era esperable, más allá de las promesas de campaña de Macri: pobreza cero, las PyMES como prioridad, exención del impuesto a las ganancias para los trabajadores, etc. Cualquiera que tuviera una mínima inquietud intelectual y política sabía que venía un gobierno de derecha y que un gobierno de derecha de ninguna manera cumpliría promesas que tuvieran que ver con la justicia social.

¿Pero ninguno de esos cambios te sorprendió?

El avance sobre la Ley de Medios: el modo de descabezarla y la forma en que se lo hizo, entrando patoteramente a la sede de AFSCA. Lo ligado a la política de medios se prestaba a algún grado de incertidumbre, porque pensé que iban a ser más cínicamente inteligentes. En todo lo que tuviera que ver con la programación de Radio Nacional, de la TV Pública —más allá de tener claro que los medios públicos al macrismo directamente no le interesan. Pensé que iban a dejar algunas figuras del kirchnerismo y no que iban a proceder con una Blitzkrieg de esa naturaleza.

¿La velocidad de los cambios no es prueba de que las transformaciones supuestamente estructurales del kirchnerismo no fueron tales?

Estoy de acuerdo con que revelan deficiencias del kirchnerismo, sobre todo en cuanto a los aspectos centrales de la estructura productiva del país. A la primera de cambio —con la burbuja financiera de 2008 y con la crisis de las materias primas y la restricción externa—, Argentina vuelve a tener la ausencia de dólares clásica que ocurre cada vez que empieza a crecer y necesita satisfacer la demanda poblacional. Yo creo que fue lo suficientemente audaz como para salir del 2001 y a la hora de tener que profundizar se aguachentó, desde 2013 en adelante. El kirchnerismo termina queriendo parecerse a una estructura de pensamiento conservador para captar votos de clase media. El discurso sí lo acentuó, pero solo para hablarles a los convencidos: en el último tramo el kirchnerismo se habla a sí mismo.

“El proyecto era con dos, no con uno. Cristina tiene una enorme capacidad de liderazgo político pero no de construcción política; eso era lo que cubría Kirchner y es decisivo para entender por qué ciertos cambios no se profundizaron”.

¿Por qué se aguachentó?

El tema es que esto es dialéctico, como todo. ¿De cuánto tiempo dispuso para? Tuvo deficiencias de modificación de la estructura productiva de la Argentina, pero le cabe el beneficio de inventario de que el tiempo fue corto: en términos de análisis histórico, 12 años es menos que una pestaña. Y además creo que hubo causas políticas: el proyecto era con dos, no con uno. Cristina tiene una enorme capacidad de liderazgo político pero no de construcción política; eso era lo que cubría Kirchner y resulta decisivo a la hora de entender por qué ciertos cambios no se profundizaron.

Siempre fuiste muy claro con tu posicionamiento político. ¿No creés que entre los intelectuales que apoyaron al kirchnerismo faltó una autocrítica?

Hay dos etapas respecto de la intelectualidad K. Una etapa que tiene que ver con el surgimiento de Carta Abierta, como respuesta a la crisis “del campo”, en 2008-2009. Y una segunda etapa, durante el segundo mandato de Cristina, cuando es probable que haya faltado espíritu de crítica, más que de autocrítica. Creo entenderlo: de alguna manera todos los que adherimos a ese proyecto tuvimos el temor de hacerle el juego al enemigo. Y fuimos conscientes de lo que se estaba jugando.

La candidatura de Scioli fue difícil de digerir.

Hay un punto de quiebre con la candidatura de Scioli, porque claramente se visualizó como la variante por derecha del kirchnerismo. Los últimos documentos de Carta Abierta lo revelan muy bien. La verdad es que eso es lo que parecía. Scioli kirchneriza su discurso recién frente a la segunda vuelta. Con el diario del lunes, hoy te encontrás con un Scioli que permanece firme a las convicciones de ese segundo Scioli. Ahora: ¿era visualizable eso con el otro candidato Scioli, con el que quiso parecerse a aquello que los sectores medios supuestamente demandaban? Este fue un debate interno dentro del kirchnerismo que no salió a la luz.

¿Cómo fue ese debate?

Hubo quienes plantearon que no solo había que profundizar el modelo sino que además había que decir que se iba a profundizar. Porque para hacer una fotocopia ya estaba el original. La historia les dio la razón a tipos como Artemio López, que plantearon que Scioli no era de ninguna manera el candidato conveniente. Con el diario del lunes eso se reveló cierto y el conjunto de la llamada intelectualidad K no lo percibió. Este es un aspecto. Y otro aspecto fue la manía de hablarse a sí mismos, la no construcción. Una burocratización marcada de los cuadros del kirchnerismo —esto incluye a La Cámpora— y una política de comunicación, sobre todo en el último momento, muy pobre.

03 eduardo aliverti revista ultimoround

¿Qué cuentas pendientes dejó el kirchnerismo?

Hay varias. Reforma de un sistema tributario claramente regresivo; en eso no se avanzó en absoluto. Y en la aplicación de la Ley de Medios, que no es un dato menor, porque a la hora de construir hegemonía los medios juegan un papel clave. El kirchnerismo tomó la sanción de la ley como un punto de llegada y no como un punto de partida. Las baterías se agotaron en la batalla contra Clarín y no se avanzó ni un paso en la capacitación de los nuevos actores y en el otorgamiento de licencias: el tercer sector quedó en un limbo. La batalla cultural ganada contra Clarín, en el sentido de disputar la hegemonía del periodismo independiente, no se condijo con una victoria política porque no se avanzó en ese sentido. A mí eso me dio una bronca terrible.

¿Por qué no se avanzó?

Estuve en Casa Rosada e insistí con el tema de la capacitación, preparamos programas de capacitación… Pero nunca la vieron, nunca la entendieron. El kirchnerismo nunca tuvo cuadros comunicacionales propios. No me refiero a cuadros académicos sino a cuadros que entendieran qué significaba la disputa por la hegemonía. Como toda ley, la Ley de Medios es una herramienta. Y después de lograda la herramienta, tenés que tener buenos locutores, buenos periodistas, buenos movileros, buenos camarógrafos, buenos maquilladores. No se hizo nada. Lamento decirlo lanatísticamente, pero si creés que la historia se terminó con ganarle una ley a Clarín, y luego entregarle alguna radio a los wichis, tenés un concepto bastante equivocado de lo que es la construcción de hegemonía comunicacional. Esa fue una cuenta pendiente de proporción histórica, una enorme oportunidad que se perdió.

¿Cómo ves el mapa político del país hoy?

Yo creo que para cualquier tipo de avance necesitás tres estructuras: proyecto, territorio y liderazgo. Hoy el kirchnerismo es un proyecto que quedó aguachentado en sus posibilidades de retorno al poder, pero que claramente tiene el único liderazgo sectorial fuerte de la Argentina. Cambiemos es una derecha que no tiene líder, más allá de lo nominal que pueda representar Macri. Pero tiene un proyecto, aunque contradictorio respecto de la propia estructura del establishment: no es lo mismo Techint que el palo agropecuario. Y también tiene un territorio, que fue prestado por las estructuras radicales y sobre todo por la corriente nacional anti-K. En tercer lugar, hay un PJ que tiene territorio pero no tiene liderazgo ni proyecto. Imaginar en el corto o mediano plazo que puede redundar de todo eso es altamente improbable. Te juntás con los colegas del palo y no, con intelectuales del palo y no, y todos tienen la misma incertidumbre.

“El ajuste estaría siendo mucho peor de no haber sido por la resistencia que hubo y que hay. Se plantea un campo abierto. Y creo que es cierto lo del dichoso tercio fluctuante que va a terminar definiendo según la marcha de la economía”.

¿Por dónde puede empezar a definirse el tablero?

Quizás habría que mirar hacia las estructuras de las intendencias del conurbano, en tanto madre de todas las batallas, para pensar si de allí pudiere surgir algún tipo de alternativa que ensamble con el kirchnerismo. Y digo ensamble porque hay algo claro: con el kirchnerismo no alcanza y sin el kirchnerismo no se puede. Es una situación muy inestable desde el punto de vista analítico. Uno puede pensar en grandes estructuras de cálculo, por ejemplo que Massa es la opción de la derecha en caso de que el macrismo se revele como fusible y el establishment entienda que no tiene probabilidades de seguir avanzando sin una pata peronista consolidada. Pero también es cierto que Massa pintaba para comerse a los chicos crudos y después del 2013 no supo construir políticamente.

¿Cómo ves el futuro del Gobierno?

Es muy particular de Argentina el hecho de que hay retroceso pero también hay mucha resistencia. Suena hasta irrespetuoso con tanta gente que está sufriendo, pero el ajuste estaría siendo mucho peor de no haber sido por la resistencia que hubo y que hay. Es un campo absolutamente abierto el que se plantea. Y creo que es cierto lo del dichoso tercio fluctuante que va a terminar definiendo según la marcha de la economía. Personalmente no tengo dudas de que estos tipos finalmente chocan. No hay duda posible de que esto termina muy mal porque es una orgía de endeudamiento con un ritmo inédito en el mundo: Argentina se endeuda a razón de cientos de miles de dólares diarios. Esa fiesta en algún momento se paga.

¿Chocan antes del 2019?

No lo sé. Yo creo que pueden tripularla porque el año que viene es electoral, porque va a entrar alguna plata y porque el núcleo duro «no queremos más a Cristina» sigue siendo muy fuerte. Pero es solamente una creencia. Y tampoco querría decir que si ganan en 2017 tienen asegurado el 2019. Habrá que ver también las circunstancias internacionales: cuánto más se cierra el mundo, cuánto más se abre.

04 eduardo aliverti revista ultimoround

Recién decías que sin el kirchnerismo “no se puede”. Cristina Kirchner tiene un piso de alrededor del 25% en las encuestas pero también mantiene una fuerte imagen negativa para gran parte del electorado. ¿Te parece que en estas condiciones puede, como candidata, traccionar una mayoría?

Primero hay que preguntarse si Cristina quiere.

¿Alguien tiene esa respuesta hoy?

Supongo que no. Lo saben ella, Máximo y no creo que nadie más. Hasta donde me consta está bastante encerrada y pensando qué hacer. Si la respuesta fuere afirmativa, creo que todavía está en condiciones de traccionar a un núcleo duro. No es una figura que despierte temperaturas medias. Si habláramos de lo representativo, hoy Cristina concita más rechazo que adhesión. Pero si habláramos de lo significativo, no hay una figura que concite la adhesión que despierta ella. Y eso va a depender de la marcha de la economía. Yo coincido con Hugo Haime, que me parece uno de los consultores más respetables, en que estamos en la instancia en la que el núcleo fluctuante —no el anti-K, porque al igual que el K es permanente— tiene la esperanza de que el macrismo pueda revertir la situación. Yo no lo comparto, pero no puedo negar que esa mirada existe.

¿Un sentir social?

Sí, y ese es el crédito que empieza agotarse para el macrismo. No sé si lo va a poder renovar el año que viene por vía de la obra pública y de ciertos planes sociales que ha mantenido, porque si no le hubiera estallado el conurbano. Pero yo diría que hoy está en cuenta regresiva, no en cuenta progresiva. La base de la cuenta regresiva es que se agota el discurso de la herencia recibida. Y la gente empieza a comparar.

“¿Qué organizaciones sociales y estructuras de base perdió el kirchnerismo? Yo no creo que esté ahí el problema, el problema está en el voto individual que perdió el kirchnerismo; no en el voto organizacional que perdió”.

Cristina Kirchner habla de construir un Frente Ciudadano, algo más grande que el FPV. ¿A quiénes te parece que quiere incluir?

Es muy difícil responder a esa pregunta sin pasar por los sectores que tienen una mirada muy cambiante respecto de la situación social. No me imagino a nadie del núcleo anti-K, ni a gente del establishment. Hay algún tipo de voto que el kirchnerismo perdió, nucleado en las clases medias de comerciantes, de algún sector profesional, que puede recuperarse. Macri también ganó con el voto de las clases populares, pero ese es un voto prestado: yo creo que el voto que nuclea al kirchnerismo en las clases populares es un voto firme. ¿Qué organizaciones sociales, estructuras de base, el kirchnerismo perdió y debe recuperar? Yo no creo que esté ahí el problema, el problema está en el voto individual que perdió el kirchnerismo; no en el voto organizacional que perdió.

El coqueteo del peronismo de derecha con Cambiemos, ¿es acomodaticio o puede llegar a nutrirlos de cuadros como para quedarse?

El peronismo no tiene cuadros. Las estructuras que tenía el peronismo durante el menemato —gobernadores como Gusti o Marín—, ¿dónde están ahora? ¿Quién habla? ¿Urtubey? Es muy pobre eso. Creo que no hay probabilidad de que el peronismo surta de cuadros. He tenido contacto con algunos gobernadores del PJ y los tipos te dicen: “A mí me gustaría tener un discurso más a la izquierda pero, ¿querés que me paren toda la obra pública y no reciba más un mango?». Me parece una absoluta situación de acomodamiento a la necesidad de fondos; no creo que tenga que ver con lo ideológico.

Pero más allá de la versatilidad ideológica del peronismo y de la derrota, algo pasó para que se fueran tan rápido…

Acá hay un punto en el que no está de más reparar desde una autocrítica, y es el destrato que muchos perucas sufrieron de parte de Cristina en particular y del kirchnerismo en general. El barro de la relación con el peronismo tradicional lo manejaba Kirchner: exactamente aquello que Cristina siempre despreció. No lo supo hacer, no lo quiso hacer; confiaba para eso en algunas gentes muy puntales, como Zannini. Y esa no relación le está pasando hoy la factura.

La psicología está en otra parte

0

Porque no todo es política. O sí. Pero no importa.

Pulsión

Sigmund Freud escribió su obra en alemán, así que algunos de los malos entendidos empezaron con la traducción. Por ejemplo con la palabra “pulsión”, que se la debemos a un argentino: fue José Luis Etcheverry quien la propuso para significar “Trieb”, y si no fuera por él todavía estaríamos hablando de “instinto”, algo más relacionado con el comportamiento animal que con el psicoanálisis.

En el marco de una conversación entre amigos puede que, en el afán de aconsejar, alguien pretenda citar grandes ideas y grandes pensadores y caer en meras interpretaciones y/o adaptaciones personales. La audacia de ampararse en la ciencia o la filosofía para darle cuerpo a nuestras ideas habla de nuestra buena intención, pero no está de más hacerse de algunas nociones básicas para no patinar en el diván.

“La audacia de ampararse en la ciencia o la filosofía para darle cuerpo a nuestras ideas habla de nuestra buena intención, pero no está de más hacerse de algunas nociones básicas”.
Catarsis

Hace poco, durante un viaje, me enojé por una pavada y para revolear algo que no se rompiera, resolví lanzar una libreta de 5×5 cm por el aire y patalear sobre la alfombra del hotel. A esta manifestación dimos en llamarla “danza desaforánea”, algo así como una coreografía desaforada que combinaba pasos de danza contemporánea en un contexto foráneo. Más fácil es decir que fue una catarsis.

La catarsis es una descarga emocional. Freud usaba el método catártico, que a veces incluía la hipnosis, para que a partir del recuerdo de una emoción se desbloqueara un trauma.

En la Grecia antigua se creía que mediante las emociones se purificaban las pasiones del ánimo. Así lo explica Aristóteles en “Poética” o “Sobre la poética” cuando se refiere a la catarsis – κάθαρσις o kátharsis– como esa “cláusula adicional” de la tragedia: “La tragedia [es] imitación de una acción esforzada y completa, de cierta amplitud, en lenguaje sazonado, separada cada una de las especies en las distintas partes, actuando los personajes y no mediante relato, y que mediante temor y compasión lleva a cabo la purgación de tales afecciones”.

Complejo de Edipo y Electra

Que no le caigas bien a tu suegra no siempre tiene que ver con un complejo de Edipo no resuelto, y que padezcas del complejo de Electra no significa necesariamente que quieras casarte con tu viejo.

El complejo de Edipo, según Freud, es la “representación inconsciente del deseo amoroso del niño”. No es algo por lo que uno pasa y sale: tiene que ver con la construcción de la propia identidad sexual para lo cual es necesario superar el vínculo con la madre. Jung desarrolló más tarde el complejo de Electra y lo describió como la atracción sexual inconsciente que una niña siente hacia su padre, pero Freud no aceptó esta teoría planteando que el complejo de Edipo femenino, entre otras cosas, no es simétrico al masculino.

Empatía

Cada vez que escucho a alguien hablar de empatía sigue la frase “ponerse en el lugar del otro”. Pero la empatía es otra cosa: implica conectarse con lo que el otro siente y no con lo que uno sentiría si fuera esa persona y llevara puestos sus zapatos. La empatía es una habilidad cognitiva relacionada con la inteligencia, que permite interpretar el universo emocional de otra persona y percibir su estado de ánimo, aunque no lo comprendamos. No es un don ni un superpoder; se puede desarrollar si uno intenta registrar al otro desde su perspectiva y no desde la propia, porque esto ya no sería ponerse en sus zapatos sino lustrar los propios para verse reflejado.

“Que padezcas del complejo de Electra no significa necesariamente que quieras casarte con tu viejo”.
Somatización

Hongos, herpes, ronchas, caída del pelo, bruxismo. Todos ellos se inscriben en el listado “síntomas de estrés” y también en “maneras de somatizar”. Porque el estrés es un estado de alteración provocado por una exigencia y suele traducirse en respuestas físicas. La somatización, por su parte, implica inscribir directamente en el cuerpo cuestiones emocionales o mentales que saltean lo simbólico para estrolarse en trastornos físicos.

A veces estos síntomas no tienen un origen físico y son meros signos; el peligro es que la somatización devenga en hipocondría y nos pasemos tocando la puerta a los médicos para que nos den el tratamiento que imaginamos necesitar.

Paranoia

Si no hay delirio, no es paranoia. Si no hay componente persecutorio contra uno mismo, lo que hay son suposiciones que con dos o tres pruebas se esfuman. El problema con la paranoia es que todo coincide: uno traslada la fantasía al mundo compartido con otras personas y las identifica con ella.

La paranoia es narcisista: “me persiguen, no me quieren, me engañan, quieren vender mis órganos”. Por eso el paranoico está a la defensiva y se siente inseguro aún encerrado en su casa y con gente de confianza.

Advertencia: automedicarse no ayuda. Fumar porro, tampoco.

Neurosis

Le pregunté a mi muy psicoanalizada madre qué era la neurosis y me respondió: “Es el sufrimiento que uno se crea para enmascarar el dolor original”. Pedí una segunda opinión a mi hermano psicólogo y me dijo: “Tu libro de listas, por ejemplo, es un tratado sobre la neurosis”.

Los que no sabemos y la practicamos, asociamos la neurosis con estar nervioso o ser obsesivo. Sin embargo, para la psicología, la neurosis es nuestra manera de protegernos del estrés y la angustia, convirtiéndonos en criaturas repetitivas o rebeldes. Es por eso que escribir una lista sobre “Conceptos que uno cree saber de psicología” vendría a ser una manera de transitar la neurosis de no saber acerca del tema y enmascararlo con algunas definiciones como esta.

“El paranoico está a la defensiva y se siente inseguro aún encerrado en su casa y con gente de confianza. Advertencia: automedicarse no ayuda. Fumar porro, tampoco”.
Ataque de pánico

Mi amiga Lucía sufría de eventuales ataques de pánico. Su hermana —médica— le dio una pastilla con esta advertencia: “La vas a tomar solo cuando estés segura de que estás por tener un episodio”. Lucía vivía aferrada a esa pastilla: en clases, en bici, en una fiesta de cumpleaños. Le pregunté a su hermana qué pastilla le había dado y me dijo: “Shhh… es una aspirina”.

El ataque de pánico es parecido a la sensación de estar en uno de esos sueños en los que querés escapar de un peligro y no podés porque se te doblan las piernas o corrés muy despacito. Es básicamente una fobia y se relaciona con la exposición; podés sentir que te falta el aire o tenés taquicardia. Los ataques de pánico pueden ocurrir en cualquier momento y en cualquier lugar sin previo aviso, y son tan intensos que quien los sufre siente que duraron una eternidad.

Mi amiga no usó la pastilla que le dio su hermana y ya pasaron varios años sin que tuviera otro episodio. No sé si alguna vez se enteró que lo que tenía entre manos era una aspirina, pero para eso están los placebos: para curarnos si estamos convencidos de que son un medicamento eficaz.

Histeria

Hasta fines del siglo XIX, la histeria estaba asociada a un malestar femenino vinculado a la sexualidad y se la trataba con orgasmos. Sí: los médicos masajeaban el clítoris de las mujeres “enfermas” y hasta usaban consoladores con el fin de contrarrestar ese “mal”. Cuando se comprobó que los síntomas histéricos también se manifiestan en hombres (y que no se curan con dildos), los nuevos datos aportaron todavía más confusión: se asoció la histeria con “estar nervioso” o con generar falsas expectativas (por ejemplo, prometer llamar a alguien y no hacerlo).

Para confirmar el equívoco hay que destacar el caso de Anna O., quien, luego de inspirar nada más y nada menos que “Estudios sobre la histeria” (publicado en 1895 por Freud y Breuer), fundó la liga de mujeres judías. De histérica sólo tuvo el pseudónimo que, dicho sea de paso, se lo pusieron Freud y Breuer. Su verdadero nombre fue Bertha Pappenheim y una vez escribió: “Estar al corriente de la injusticia y callarse, es ser cómplice”. Bertha fue una persona comprometida con la emancipación de la mujer; tanto que, en 1899, tradujo “Reivindicación del derecho de las mujeres”, escrito en 1792 por Mary Wellstonecraft, la madre de Mary Shelley, autora de Frankenstein.

El lugar de la luz y la sombra

1

Actor y militante de izquierda, Héctor Bidonde se mantiene intacto a la hora de reflexionar sobre el arte y la política.

La sala del Paternal Teatro no tiene butacas sino sillas de plástico que se ponen para recibir al público. A mitad de camino entre el escenario y la puerta de salida hay un hombre sentado en una de ellas. Delante tiene un pequeño y antiguo mostrador de madera en el que se amontonan apuntes, hojas sueltas y libros: ese tipo de desorden que evidencia un trabajo obsesivo. A su alrededor, otras tres sillas aguantan más pilas de papeles.

El tipo lee con mucha atención y cada tanto subraya una frase con lápiz. No está actuando pero se ubica justo debajo de una de las pocas luces de la sala. Entonces pareciera —como ocurre en un escenario— que un poco más allá no termina solo la claridad sino el universo entero. No importa que a cincuenta metros comience Buenos Aires ni que sea la una de la tarde de un sábado de sol pleno y la gente colapse las plazas.

“El kirchnerismo llegó a las puertas de la estación de servicio con medio litro de nafta; un mes más y se acababa solo”.
Quien lee y subraya es Héctor Bidonde.

El teatro, situado en la parte trasera de su propia casa, es un enorme galpón que compró y refaccionó allá cuando las vacas gordas de “Gasoleros” y “Hombre de Mar”, hacia finales de los noventa. Los últimos doce de sus 79 años largó la tele y los tablados para dedicarse casi por completo a la política: primero en Autodeterminación y Libertad, el espacio liderado por Luis Zamora, luego en Proyecto Sur y finalmente en el Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST).

Ahora está volviendo al ruedo. Los viernes a las 20:30 presenta un unipersonal de Samuel Beckett, La última cinta de Krapp, en el Camarín de las Musas, bajo dirección de Augusto Pérez. Es la historia de un anciano que se enfrenta al pasado, tras encontrar unas cintas con grabaciones de su propia voz durante la juventud, en las que da cuenta de amores y desamores.

Cuando responde la primera pregunta, Bidonde se ríe y protesta un poco. “Qué memoria de mierda”, dice su voz cavernosa. Pero a medida que avanza la conversación demuestra que no le faltan lucidez ni energía y que la sangre vasca le sigue corriendo bien guerrera por las venas.

1

En 2015 fuiste candidato a Jefe de Gobierno por el MST. ¿El año que viene vas a presentar alguna candidatura?

No. Yo trabajé en la Legislatura como asesor cultural hasta el 10 de diciembre del año pasado y antes estuve como legislador. No tuve que ver con el gobierno anterior ni con este. A casi un año estoy haciendo el balance y —aunque no me arrepiento— me di cuenta de que, hoy en la Argentina, cuando te ponés el sello de socialista te cuesta sacártelo. Te cuesta no ser estigmatizado, diría Kicillof. Yo lo pagué demasiado caro y cuando salí me encontré con las facturas: Macri, por ejemplo, me cerró el teatro ocho meses.

El FIT ha tenido un crecimiento interesante. Hay varios partidos de izquierda que podrían sumarle muchos votos y, sin embargo, van por afuera. ¿Qué falta para armar un frente más grande?

El FIT es… inviolable.

¿Muy dogmático?

Como en el arte, yo trato de no calificar demasiado, pero ellos no quieren y nunca invitaron a ninguna otra agrupación. Salvo en alguna elección que llamaron a Luis Zamora, cosa que me puso los pelos de punta. No me parece pertinente decir: «El tema de la dificultad es tal»; cada uno juega su juego y a ellos les ha ido bien con el suyo. Tienen una hipótesis de pureza casi química, y por lo tanto ideológica, de comportamiento y relaciones con respecto al manejo económico: pareciera ser que son muy colaborativos con el partido y su financiación. Yo creo hasta un punto en eso. En otro punto, lo dudo. Pero de todas maneras no me consta que sean tipos jodidos, como sí lo fue Luis en su momento, que metió la pata hasta el caracú. En este camino les va bien a pesar de que no han tenido un crecimiento exponencial. No son momentos muy saludables para la izquierda extrema y yo tengo mucho temor por ellos, así como me pasó a mí desde la cuna, porque desde el año 57 empecé a tomar contacto con la izquierda.

¿Te parece que la izquierda tiene oportunidades concretas de gobernar o siempre será oposición?

Son testimoniales y son una oposición rigurosa, pero yo creo que la profundidad de las desigualdades es ya muy grande como para pensar que alguna vez los pueblos puedan perder el miedo y enfrentarse al sistema, a la globalización y al capitalismo de una manera frontal. A menos, y tampoco estoy tan seguro, que haya grandes catástrofes —ambientales o humanas—, vamos a ser testimoniales.

“La izquierda quizás tenga que replantearse un poco su metodología y acompañar los procesos, el devenir de la historia. No resignando o negando, pero adecuándose, porque la situación de los pueblos es de un sumergimiento muy grande”.
¿Se está demorando el cambio que auguraba Marx?

Se está demorando. En el momento que tiene que meter dictaduras, el capitalismo las mete, y cuando tiene que aflojar la cincha, lo hace. Permite un paréntesis democrático. Verifica hasta qué punto mantiene las condiciones de libertad en términos más o menos pacíficos, o apela a métodos tanto o más graves que los de una dictadura. Ojalá que no lleguemos a ver otro Holocausto en paz. Porque hay millones de inmigrantes que casi no se hacen notar, pero andan por ahí y les hacen un muro, los conducen, los orientan y los desorientan. Y la mayoría no está en condiciones de defender a esta gente.

¿En qué falla entonces la izquierda?

Quizás tenga que replantearse un poco su metodología y acompañar los procesos, el devenir de la historia. No resignando o negando, pero adecuándose, porque la situación de los pueblos es de un sumergimiento muy grande. En la cultura y en el sistema de terrores que los golpes duros y las guerras han dejado en las democracias. Y la cosa va a ser complicada. Yo sigo tratando de estar cerca de los compañeros, pero ahora me doy un respiro para ver qué pasa al volver a los casi ochenta años a la profesión. Me costó un huevo; diez años sin hacer aire, sumado a la contra de no ser K ni tampoco macrista.

¿La política cultural del kirchnerismo fue poner mucha plata y nada más o hubo un intento por elevar el piso de derechos?

Creo que repartir dinero de una manera generosa —si uno lo toma en el mejor de los sentidos— en un país de clase media con un grado cultural importante, produce la aparición de gente muy talentosa y brillante: tipos que han hecho algunas cosas estupendas, aunque de manera muy selectiva y particular. Y una masa inmensa de gente —y ahí sí pongo las manos sobre el fuego—, que ha copiado el modelo de corrupción que venía de arriba.

¿En el ambiente artístico?

No me cabe ninguna duda. Conozco y me consta. Más allá de los juicios pendientes, de que nunca irán en cana ni Coscia ni las docenas de directores que hicieron uso y abuso de los subsidios, o de los créditos que no se van a terminar de pagar. Han copiado ese modelo diciendo: «Consigo tres palos y con un financiamiento desde afuera llego a cinco. Hago la película con tres y medio y con un palo y medio me quedo tranquilo”. Se han quedado con guita y con guita muy gorda.

Con la connivencia del gobierno.

Sí. Milagros Sala, los Schoklender, las Madres; han mandado una millonada de guita al arte. Hay un mosaico enorme de experiencias, todas basadas en sumas de dinero descomunales, tomadas de un modelo que viene de arriba.

¿Qué diferencias ves en la política cultural de la nueva gestión?

Estos tienen un desenmascaramiento de origen. Yo los vi nacer en la Legislatura. Los proyectos eran: «Los museos se tienen que dejar de romper las pelotas con ser esos sarcófagos. Tienen que ser chévere, tener merchandising, remeritas, producciones, música; tienen que ser rentables». La política de mercantilización donde todo tiene que ser espectáculo, con un nivel de narcisismo que no es marca registrada argentina: es algo que está en la desesperación y en la ansiedad de una cultura de la velocidad, del afán de los quince segundos de fama.

¿Qué pasó con el Teatro Colón?

La reconstrucción del Colón fue una estafa y un delirio imperdonable. Lo que hicieron fue poco y quedó sin terminar. Destruyeron la sala de escenografías y rompieron el pliego de bases y condiciones de la obra según el cual nada podía estar fuera del edificio. Ahora hay diez o doce secciones que están funcionando en “La Nube”, en Chacarita, en varios lados. Ellos quieren que el Colón sea lo que ya están empezando a ser el Centro Cultural San Martín o el Complejo Teatral: rentable, que dé guita y que el nivel de subsidios sea lo más bajo posible. ¡Son liberales! No tienen ningún secreto.

“Este nivel de pobreza es una cuestión estructural del capitalismo, y ahí sí me pongo dogmático: el capitalismo no tiene proyecto para 7300 millones de personas”.
¿Llegaron al poder por aciertos propios o por errores ajenos?  

Por las dos cosas. Tuvieron una política propagandística «cool», de buen tono, no autoritaria, no soberbia y aparentemente sin demagogia. Y por Telerman, que les sirvió en bandeja una Ley de Ministerios para que cuando llegasen no tuvieran que hacer grandes modificaciones. Cultura pasó a ser ministerio, y el macrismo lo primero que hizo fue pasar muchas de las reparticiones que funcionaban bien primero a Producción y después a Desarrollo Económico, como por ejemplo la ordenanza de Artesanos. Los disminuyó de categoría, les dijo: «Déjense de joder, tengan empleados, sean una PyME, no tengan prurito ni prejuicio”. Cuando puedan privatizar la educación también lo van a hacer: todos los cambios que están haciendo tienen que ver con políticas de los organismos internacionales y el Banco Mundial.

¿Y el kirchnerismo?

El kirchnerismo llegó a las puertas de la estación de servicio con medio litro de nafta; un mes más y se acababa solo. Yo he andado por el país muchas veces: las provincias se han mantenido como feudos familiares casi inmodificables y ahí no se metió nadie. Las instituciones están pervertidas desde la raíz: la Justicia, la Policía, todo el sistema de poderes. Desde 1930 los gobiernos concentraron el poder en reductos cada vez más pequeños y crearon un modelo de apropiación de la renta nacional para hacer negocios. Nunca soltaron a las grandes corporaciones y los sindicatos se convirtieron en lo peor de lo peor. Cuando viene la buena, como vino con la soja y algunas cosas más, se eleva un poco el nivel de vida.

Sin cambiar la estructura.

Claro, como lo de Lula: 40 millones de personas fueron a la clase media pero, ¿cuántos quedaron afuera? ¿Era una cuestión de tiempo? No, es una cuestión estructural del capitalismo el mantenimiento de ese nivel de pobreza, y ahí sí me pongo dogmático: el capitalismo no tiene proyecto para 7300 millones de personas.

No hay manera de incluir a tanta gente.

No. El capitalismo llevado a las últimas consecuencias propone barrer con el fondo de los mares, la megaminería, los transgénicos, las semillas, etc. Hay algo que se discute poco, que tiene que ver con la explosión demográfica. El maravilloso librito de Soledad Barruti «Malcomidos» es una investigación muy seria sobre cómo el precio de los alimentos tuvo una explosión en 2008, gracias al tándem que hicieron Lehman Brothers y Goldman Sachs. El despoblamiento es un mensaje que nos tira el capitalismo de manera rotunda: 2000 millones de personas el planeta se banca; más no.

3

Durante sus años de aventuras políticas, Bidonde guardó siempre un pedacito del mundo actoral: las clases que dicta los sábados por la tarde en su casa-teatro. Acaba de sonar el timbre y son los actores que llegan tres cuartos de hora antes para empezar con la entrada en calor. La charla se muda a uno de los camerinos que queda fuera de la sala. El espacio más claro y tanto más pequeño invita a arrancar unas capas de intimidad.

Bidonde se hizo operar del apéndice para que no lo revienten en el Ejército después de agarrarse a trompadas con un capitán; lo rajaron del trabajo durante la dictadura mediante aplicación de la Ley Antisubversiva; está en pareja con una mujer treinta y seis años más joven; su hija Laura, de un primer matrimonio, falleció a los dieciséis años. Y aún hoy, después de cientos de personajes, asegura que cuando se sube a un escenario siente que le está “robando trabajo a un actor”: junta la punta de los dedos de la mano izquierda en una montañita, se golpea repetidamente la sien y confiesa: “Es el mandato de mi viejo, que es como un pájaro carpintero”.

La Ley de Actores que los reconoce como trabajadores cumplió un año. ¿Trajo algún beneficio?

(Risa irónica). Solo un aparente beneficio y algún día va a haber que hacerla saltar en mil pedazos. Podés hacer un contrato, incluso podés hacer una paritaria, pero en el momento en que te ligás a un canal importante como TELEFE o El Trece cobrás un 20% o 25% menos. No le conviene al productor, no le conviene al actor y se va a achicar el mercado. Todo esto es parte de que la cultura le importa realmente un carajo a la política, incluso le importa muy poco a la izquierda.

¿A la izquierda?

Sí, porque no tenemos un proceso de elaboración teórica ni de creación de mecanismos de producción que permita a los actores con un ideal de transformación revolucionario hacer un trabajo de concertación entre sí. Para fomentar la autogestión, el crecimiento, para protegerse. Todo va camino a la comercialización y si la cultura no respeta las leyes de la mercancía va a tener vida en círculos muy reducidos, muy pequeños y tal vez poco estimulantes. Vamos hacia la política barrabrava de la ley del más fuerte, del más salvaje. Hay algo animal que vuelve a aparecer en términos de la subsistencia y la competencia por el puesto de trabajo o, como decía Chaplin, por el plato de sopa.

Siempre dijiste que eras un actor malo y tuviste que estudiar y trabajar mucho para pulirlo. ¿Cualquiera puede dedicar su vida a la actuación?

Hay tipos que son genios, pero son pocos: Briski, Casero, Posca, Urdapilleta, Tortonese. Tipos realmente descomunales de talento, y que estudien o no estudien no es importante. El resto, para dar un material rico, importante y entretenido, tenemos que hacer el laburo que hago yo de ir probando y equivocándome, pero permitiéndome aperturas raras, como por ejemplo un día, a los sesenta años, dedicarme a la política full time.

“Uno sabe que el arte es una materia prima que construye el imaginario poético; claro que el arte es necesario. Pero para eso también hace falta morfar todos los días”.
¿Dónde se cruzan el arte y la política?

 El arte seguirá siendo la sombra sobre la que se proyectan los grandes negocios; un poco como la caverna de Platón. Y a la burguesía eso le viene bien. Mirá a los genios del mundo esponsoreados, como Miguel Ángel laburando para Clemente VII. Uno sabe que el arte es una materia prima que construye el imaginario poético; claro que el arte es necesario. Pero para eso hace falta también morfar todos los días. Todo el arte que se hizo fue un arte para pocos. Produjo cosas maravillosas que van a quedar impresas mientras duren en el espíritu humano: ves el Palazzo Medici en Florencia y decís “qué lo parió, qué bello”. Pero adentro de ese castillo se producían también las cosas del poder.

En La última cinta de Krapp hay una reflexión sobre la vejez, como momento de deterioro físico y mental y, a la vez, como instancia que permite repensar el pasado desde la experiencia. Con casi ochenta años, ¿te atraviesa ese personaje?

Totalmente. El tema de la luz y la oscuridad y de qué es la luz y qué es la oscuridad en cada circunstancia. A los 39 años dice: «Adiós al amor, ahora tengo el camino seguro, ahora sé». Y a los 69 lo revisa y piensa: “Qué pedazo de pelotudo”. Se da cuenta que tal vez su tiempo haya pasado y no puede enmendar eso, pero va a tratar de proteger y reencontrarse con ese momento que fue sublime para él, ese encuentro con la muchacha.

¿Vos te encontrás haciendo una reflexión sobre tu pasado?

Desde ese lugar de la luz y la sombra. Ya ni hablar de la búsqueda de sentido: ¿para qué mierda vivo? El ser humano tiene pocas herramientas, poco desarrollo sensorial y sensitivo; tenemos una visión absolutamente parcial y limitadísima de lo que es lo real. Estamos todos en la penumbra y hay un estado de angustia muy grande.

¿Qué sentís que te queda por hacer?

Te cuento una anécdota. Para mis setenta, mi mujer Vicky y mi hija Agustina me regalaron un hermoso cuaderno. Empecé a pasar las páginas y encontré una foto mía de cuando tenía dos años tomando agüita bajo la canilla, y después otra en pelotas con dos años y medio, y otra de la Primera Comunión y así sucesivamente. Como mi mamá, a los 19 me enfermé de tuberculosis; ella murió a los 22 y yo a los 22 me operé y me curé. Hice la carrera eclesiástica, la carrera militar… En el cuaderno está toda mi historia, de mi viejo, de mi primera familia, hay fotos de Laura, mi primera hija que murió, de mi primera mujer. Y al final, un papel suelto de Agustina que dice: «Boludo, contá tu vida».


España, para Latinoamérica

0

Del cielo por asalto que prometía Podemos a un nuevo gobierno del PP. Una explicación contextual, para la lectura del otro lado del charco.

Mientras escribo este texto, Pablo Iglesias da uno de los mejores discursos políticos que se han escuchado en este país. Podemos —sin embargo— ha quedado lejos del gobierno. Los medios tradicionales en Latinoamérica informan sucintamente que se “desbloqueó la gobernabilidad” —así, como por arte de magia— pero la noticia no se entiende.

¿Qué carajo pasa en España?” —me wasapea un amigo del otro lado del Atlántico, y a mí la frase me gusta para un título.

Pienso que tengo dos opciones: contar la telenovela de este último año sin gobierno o recorrer algunos puntos de la historia española para que la telenovela se comprenda un poco mejor. Esto último implica una simplificación importante, que esperemos sea lo menos grave posible. El intento vale la pena en tanto que España no enfrenta sólo un problema coyuntural, sino también estructural.

Eso que llamamos España

España no es una nación, sino un Estado dentro del cual conviven varias naciones en regiones diferentes. Cada región —Galicia, Andalucía, Euskal Herria y Catalunya— tiene suficientes elementos históricos, culturales y políticos como para formar un Estado independiente si así lo decidiera. Incluso tienen un idioma propio y diferenciado.

“España no es una nación, sino un Estado dentro del cual conviven varias naciones en regiones diferentes. Cada región tiene suficientes elementos históricos, culturales y políticos como para formar un Estado independiente”.

Ahora bien, ¿es este un problema irresoluble a la hora de formar un solo Estado?

No, en principio. Pero podría serlo.

Los Estados modernos son inventos que se crearon al calor de las guerras del siglo XIX y luego se reforzaron con relatos nacionalistas. Las guerras y la discursividad sirvieron para unificar realidades regionales que eran diversas, creando —entre otras cosas— el contorno de la identidad nacional: la frontera.

Pero en algunos casos, como el de España, ya existían naciones (o “protonaciones” en palabras de Hobsbawm) bien asentadas dentro del Estado que se intentaba crear. Al igual que el resto del mundo, España intentó unificar esa diversidad con el desarrollo de la simbología, el avance del derecho, la invención de mitos fundadores y el paladar seco de las dictaduras.

Por las buenas y por las malas, España lo intentó. Pero no pudo.

Las razones del fracaso aún son debatidas por los historiadores. Pero lo cierto es que cuando uno se asoma a la historia de la península, tiene la sensación de estar frente a una sucesión de opciones políticas que nunca lograron imponerse completamente a sus opuestas.

Los “nacionalismos periféricos”, como el catalán y el vasco, no lograron convertirse en Estados-nación, pero tampoco se integraron completamente al Estado español. El republicanismo fue derrotado en la guerra, pero sus ideas antimonárquicas, federativas y de izquierda, no se apagaron dentro de España ni en el exilio, donde la militancia republicana se mantuvo activa tanto en Europa como en la Unión Soviética y Latinoamérica. El fascismo, al contrario, ganó la guerra, pero nunca logró que en toda España se abrazara la españolidad. Más aún, ser “nacionalista español”, hoy es sinónimo de “ser facha”.

España es presa de lo que García Linera definiría como un “empate catastrófico”. Pero con dos acotaciones. Primero: un empate que no es coyuntural —como el que el ex presidente de Bolivia describió para su propio país— sino estructural. Es decir, que cuestiona la estructura misma del Estado español. Y segundo: un empate en el que no hay dos fuerzas, sino varias: la España tradicional de derecha, monárquica y posfranquista (expresada en el Partido Popular); la España de izquierda y republicana, nunca derrotada pero ahora más clara y presente que nunca (cuya expresión es Podemos) y las Españas que no quieren ser España. Es decir, la de los “nacionalismos periféricos”, como Catalunya y Euskal Herria.

02 Revista ULTIMOROUND españa elecciones
Pedro Sánchez (Reuters)

Transición y desencanto

La Transición es el período que va desde la muerte de Franco, a fines de 1975, hasta las elecciones democráticas de 1982. En él se dieron una serie de pactos que intentaron solucionar los problemas pendientes que habían quedado taponados por las armas del franquismo. Lo curioso —y acá otra vez la idea de la España empatada— es que la Transición fue articulada por la propia monarquía.

“Para gobernar dentro de sus territorios, vascos y catalanes no apuestan fuerte por Podemos, pero sí lo hacen cuando tienen que votar para el Parlamento español”.

El rey Juan Carlos, sucesor elegido por Franco para seguir a la cabeza del país, funcionó como freno al franquismo más duro y, a la vez, como límite del nuevo período democrático que él mismo fogoneaba. El equilibrio de fuerzas y la monarquía como institución articuladora hicieron posible que España no siguiera el destino revolucionario de su vecino Portugal. La democracia española había elegido hacía cincuenta años no tener más rey y ahora un rey comandaba el proceso hacia la democracia.

La Transición —que ocurrió en el contexto de la crisis del petróleo, con el desempleo y la inflación altos— fue exitosa y permitió que España avanzara con una relativa estabilidad. Atendió el problema de los exiliados, la legalización de los partidos, la neutralización del sector duro de la dictadura, el rol de la Iglesia y la recuperación de las libertades sociales y sindicales.

Sin embargo, dejó suelto el histórico cabo de las “naciones periféricas” en el interior de España. Es decir, aquellas que existían desde hacía cientos de años y no habían cuajado plenamente en el intento de formar un solo Estado-nación. La Transición resolvió la cuestión como si se tratara solo de diversas “realidades regionales”, pactando diversos niveles de autonomía. Pero nunca consideró verdaderamente el problema como si fueran naciones dentro de un solo Estado.

Al calor del progresismo del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) —triunfante en las elecciones del 82, 86, 89 y 93—, el fortalecimiento del Estado de Bienestar y el consumismo adormecedor pos caída del muro de Berlín, España funcionó bien. Pero cuando reaparecieron el desempleo, la corrupción y la falta de perspectivas, los viejos dilemas de la plurinacionalidad —jamás resueltos— no tardaron en resurgir.

Las regiones y el voto

La Constitución de 1978, fruto de la Transición, dividió el país en distintas Comunidades Autónomas. Cada Comunidad está unida culturalmente al resto de España, pero también se diferencia de ella. Para simplificar y con perdón por el anacronismo: hay tanta distancia entre un andaluz, un vasco, un gallego y un catalán, como la que existía entre un brasilero, un boliviano, un chileno y un argentino de cualquier ciudad grande en los inicios del siglo XIX.

Exceptuando Galicia y Andalucía (donde se desarrollaron “nacionalismos periféricos” de baja intensidad) y Catalunya y Euskal Herria (que hasta el día de hoy son un “problema”), el resto de las regiones se integró bien dentro del Estado español. Sin embargo, las regiones existen y votan diferente, transformando al problema político en regional, y al problema regional en político.

Sintetizando, el sur andaluz y Extremadura, son históricamente del PSOE. Mientras que el centro y el norte de España son del PP, sobre todo en los últimos veinte años. No obstante, esta situación se modifica sustancialmente en las regiones independentistas.

03 Revista ULTIMOROUND españa elecciones
Pablo Iglesias (EFE)

El voto en las regiones independentistas

Las regiones independentistas viven una realidad muy diferente. Por un lado, hay que destacar que País Vasco, Navarra —que es la otra comunidad vasca— y Catalunya son zonas diferenciadas del resto de España en cuanto a su mayor grado de industrialización y comercialización, lo cual repercute en bajos índices de desempleo y en buenos niveles de sanidad y educación. Además, en el caso de Euskadi, esa situación se ve aceitada por el llamado “concierto económico”, un pacto que le brinda una mayor autonomía fiscal y política frente al Estado español.

Esa diferenciación histórica, pero hoy también política y económica, tiene su correlato en las urnas.

En las elecciones autonómicas del País Vasco los que más votos sacan son el partido nacionalista de derechas (PNV) y el independentista de izquierda (EH Bildu), mientras que Podemos, PSOE y PP quedan bastante más atrás. Sin embargo, cuando se vota para el parlamento español, las cifras cambian muchísimo: la primera fuerza es Podemos (29%), el PNV se mantiene estable (25%) y EH Bildu cae (14%). A la zaga, al igual que en las votaciones autonómicas, quedan el PSOE (14%) y el PP (12,85%).

“El PSOE, en caída libre desde 2008, obtuvo el 22% en las últimas elecciones, ubicándose en un sitio que nunca había estado: en medio de una derecha inconmovible, la del PP, y una izquierda nueva y en alza, la de Podemos”.

En el caso de Catalunya, que no goza de la autonomía fiscal de País Vasco, la opresión económica del centralismo regenteado desde Madrid es uno de los caballitos de batalla —quizás el mejor— que tiene el catalanismo para luchar por la independencia.

Allí ha triunfado históricamente la derecha catalana, involucrada en casos graves de corrupción en los últimos años. La segunda fuerza ha sido siempre el PSC, versión catalana del PSOE, aunque independiente de este. Detrás, con un promedio del 10% de los votos, han quedado la Izquierda Republicana, los Verdes y el PP.

Sin embargo —como el Estado español no permite hacer un referéndum por la independencia—, las últimas elecciones autonómicas encontró unidas a la derecha y a la centroizquierda catalana (“Juntos por el Sí”), que convirtieron dicho sufragio en un referéndum de hecho: aseguraron que si junto a la CUP (nuevo partido de izquierda catalanista) superaban el 50% de los votos, comenzarían la desconexión de España inmediata y unilateralmente.

No lograron ese 50%, pero sí lograron tener más de la mitad (72 de 135) de los escaños en el Parlamento catalán. Situación que les permitió realizar importantes progresos en la lucha por la independencia, que a su vez se mezclaron con aguerridos debate internos, dado que estamos hablando de tres partidos unidos por el independentismo pero separados por la ideología, la mirada sobre lo social y la forma de hacer política.

Como sea, el presidente catalán, Carles Puigdemont, acaba de decir que en 2017 finalmente habrá —lo quiera o no España— un referéndum por la independencia de Catalunya.

Eso es lo que ocurre al interior de la Comunidad catalana. Pero en las elecciones generales, es otro el cantar. La primera fuerza —al igual que en el País Vasco— es Podemos (25%); luego siguen una conjunción de izquierdas, la ERC-CAT Sí (18%), el PSOE (16%), la derecha catalana CDC (14%), el PP (13%) y, por último, Ciudadanos (11%).

En síntesis: para gobernar dentro de sus territorios, vascos y catalanes no apuestan fuerte por Podemos, pero sí lo hacen cuando tienen que votar para el Parlamento español. El PP, por su parte, no es querido ni dentro de esas comunidades ni cuando ellas votan para el Parlamento español. El PSOE, por último, perdió muchísimo apoyo tanto a la hora de votar para el Parlamento catalán (pasó de un 40% en su mejor momento al 12% actual) como cuando los catalanes votan para el Parlamento de España (16%).

Crisis del bipartidismo, sangre en el PSOE

La crisis les pasó facturas al PP y al PSOE. Pero a éste último muchas más.

El PP perdió 3 millones de votos en toda España. Sin embargo, en esta coyuntura inestable le ayudó muchísimo tener un piso de votantes seguros. El estómago de la derecha española es a prueba de balas: no le importó en lo más mínimo la cantidad ni la calidad de la corrupción ni los recortes que llevó a cabo el Partido Popular. A pesar de perder 13 puntos porcentuales, el PP siguió siendo el partido más votado en las últimas elecciones generales, con un 33% de los votos.

El PSOE, en caída libre desde 2008, obtuvo el 22% en las últimas elecciones, ubicándose en un sitio que nunca había estado: en medio de una derecha inconmovible, la del PP, y una izquierda nueva y en alza, la de Podemos. Pedro Sánchez —Secretario General del PSOE— intentó en el último tiempo reubicar el partido en su lugar originario, la centroizquierda, y para ello utilizó un fuerte discurso anti PP y anti Rajoy.

“El estómago de la derecha española es a prueba de balas: no le importó en lo más mínimo la cantidad ni la calidad de la corrupción ni los recortes que llevó a cabo el Partido Popular”.

Pero ya era tarde. El PSOE estaba muy desacreditado y una porción enorme de su electorado había migrado. Sánchez se vio entonces entre la espada y la pared. No podía entregarle el voto a Rajoy en el Parlamento —o abstenerse, que era lo mismo— porque eso significaba traicionar todo su discurso antipepero. Y, a la vez, tampoco podía pactar con Podemos porque el comité de su partido le había prohibido esa opción (al igual que la de pactar con los nacionalistas catalanes).

Si ninguna alternativa era buena, el inmovilismo era aún peor, porque impedía formar gobierno y forzaba unas terceras elecciones. Y en ellas, según las encuestas, el PSOE seguiría cayendo. Esta situación duró un año. Finalmente, el sector más conservador del partido decidió poner fin a lo que su Secretario General no podía o no se animaba. Lo abandonaron: un buen día renunciaron 17 miembros de la Ejecutiva Federal y lo dejaron sin quórum.

Sánchez se atrincheró y bregó para que la decisión de investir presidente o no a Rajoy la tomara la militancia de base del PSOE, en un congreso extraordinario. Pero fue en vano. Comandado por la Presidenta de Andalucía, Susana Díaz, azuzado por el ex presidente Felipe González, y fogoneado por el diario El País, el Comité Federal hizo rodar la cabeza de Sánchez y dejó vía libre para convertir a Rajoy en presidente.

04 Revista ULTIMOROUND españa elecciones
Susana Díaz y Felipe González (EFE)

Lo que viene

Los problemas de siempre siguen ahí.

La cuestión catalana, en buena medida la “línea roja” que impidió unir a Podemos con el PSOE para armar un gobierno alternativo, sigue activa y tiene su propia hoja de ruta. Una hoja a la que, por cierto, le viene muy bien un enemigo de derecha e inflexiblemente españolista como el PP; máxime cuando a ese partido lo dirige un inútil como Mariano Rajoy. Contra él pareciera que cualquier lucha se vuelve digna.

El desempleo —hoy del 20%— baja de a poco mientras sube el empleo basura y temporal. Aceptar que el Estado benefactor se acabó, no es un desafío sencillo para un país de Europa occidental. Especialmente cuando los medios repiten, una y otra vez, las cifras siderales robadas por los políticos de los partidos tradicionales, sobre todo por el PP. Tampoco es fácil aceptar el poder cada vez más explícito de las grandes corporaciones (sintetizadas en el IBEX 35) y sus representantes elegidos en reuniones diminutas e invisibles, como Felipe González.

En cuanto al PSOE —versión peninsular de la crisis de la socialdemocracia europea— dicen que deberá ponerse muy rojo en lo discursivo, si no quiere perderlo todo. Dado el equilibrio de fuerzas que hay en el Parlamento, puede que salgan algunas buenas medidas si hace acuerdos con Podemos, pero también es probable que lo que salga rojo de la boca del PSOE se vuelva azul a la hora de pactar, en los hechos concretos, con el PP. Y quién sabe si de allí no nacerá una gran coalición de centroderecha.

Porque no hay que olvidarse que el PSOE es un partido que quedó fracturado a la vista de todo el mundo. Un partido que le hizo un golpe de Estado a su propio Secretario General y que a la hora de investir a Rajoy rompió la disciplina del voto. Pedro Sánchez, además, renunció a su bancada e inmediatamente se puso a militar para volver a la secretaría general y revivir al PSOE por su ala izquierda, pero esta vez, en abierta confrontación con los que lo derrocaron y tirando varios centros a Podemos.

“En un contexto de crisis e hipocresía, Podemos queda como un partido honesto con un piso de votos nada deleznable, con fuerza tanto en País Vasco y Cataluña como en Barcelona y Madrid”.

De Ciudadanos, el otro partido que rompió el bipartidismo español, hay poco que decir. Es una derecha joven y sonriente que logró, con un discurso centrista y renovado, neutralizar el avance de Podemos y el independentismo catalán. En la práctica funcionará de aquí en más como un apéndice del PP pero, sobre todo, del neoliberalismo en general. No obstante, su discurso fue muy engañoso —igual o más que el del PSOE— y las últimas elecciones le pasaron factura.

Podemos, en cambio, sale bien parado. Es un partido diverso y con mucha sangre nueva que tuvo que aprender —y sigue aprendiendo— a hacer política en medio de una tormenta que se extendió mucho más de lo que todos suponían. Tiene por delante debates internos interesantes, que se pueden simplificar en la disyuntiva “salir a la calle o avanzar en el parlamentarismo”. Pero en un contexto de crisis e hipocresía queda como un partido honesto con un piso de votos nada deleznable, con fuerza tanto en País Vasco y Cataluña como en Barcelona y Madrid. Comunidades y ciudades por las que cualquier partido de España estaría dispuesto a venderle el alma al diablo.

Resumiendo: España vive una verdadera crisis. Crisis de valores, en tanto que los poderes fácticos han quedado con el culo al aire, evidenciando el poder limitado de las urnas. Crisis de legitimidad política, cuya expresión más clara es el fin del bipartidismo. Crisis social estructural, con millones de ciudadanos en paro y sin perspectivas. Y crisis identitaria, resurgida de su plurinacionalidad nunca aceptada.

Veremos qué pasa.

Por ahora, lo cierto es que en España gobierna el PP. Es decir, la derecha católica postfranquista y monárquica. Pero que a nadie se le olvide: gobierna habiendo obtenido el 33% de los votos en unas elecciones en las que el 47% del electorado eligió con convicciones de izquierda y centroizquierda.

Hay que tomar las calles

0

Músico, actor, poeta y defensor de la contracultura, Luis Aranosky sabe el momento en que nos encontramos y lo que hay que hacer: agitarla.

Por: Carol Calcagno y Patricio Fernández Abregu
Fotos: Ignacio H. Salinas

Lo sabemos: Luis Aranosky se maneja con mucha soltura dentro y fuera del escenario. En su casa de San Cristóbal las palabras brotan como ráfagas de un arma mortal, con cierres determinantes y frases filosas. Acérrimo defensor de la contracultura —desde antes de sus inicios en el Parakultural—, Aranosky es un infatigable generador de proyectos independientes, un artista que se caracteriza por crear en cualquier momento y en cualquier lugar.

Cuando le preguntamos por su infancia, no duda en definirla como triste y desolada “pero creativa”. Tuvo la suerte de nacer en una familia acomodada en los oscuros tiempos de una Argentina controvertida. Su madre falleció cuando él tenía dos años. Su padre era un empresario que viajaba mucho a Europa y “traía valijas llenas de discos. En casa se escuchaba mucha música y se leía bastante, se comía y se chupaba” —dice sonriendo.

Según Luis, entre los Aranosky —de origen judío polaco, ruso y alemán— hubo varios que se inclinaron por el comunismo y diferentes ramas del judaísmo; él, sin embargo, es cristiano. Se crío pateando las calles de Villa Urquiza “entre pibes, bolitas y figus”, y desde muy pequeño supo andar dando vueltas hasta altas horas de la noche. Entonces se ganaba la vida juntando diarios y revistas para venderlas por kilo en el Parque Rivadavia. “Vendía sin tener necesidad económica —dice—: ganaba buen dinero y me compraba mis cosas para seguir comercializando”.

“Después de la tragedia de Cromañón la cultura fue afectada y pasó a tener ribetes de especulación por vía gubernamental y bolichera”.

¿En qué año empezaste tu carrera artística?

En 1980, pero profesionalmente en 1984. Ya trabajaba de performer en infinidad de boliches nocturnos, algo no registrado como movimiento cultural de la época. Muchos ganábamos bien en la mayoría de las discos, por ejemplo Palladium. Ahí me llevaron preso, por exhibiciones obscenas en lugares públicos. Otros espacios del momento fueron Cemento y New York City; te encontrabas con personajes míticos, como Batato y Alejandro Urdapilleta.

¿Y con la música?

Tenía una banda muy punk, noise y teatral, llamada Aranosky Flash. Una vez nos cortaron la luz y nos rajaron de un festival en un teatro conocido que era de los curas. Salimos de adentro de un ataúd con la cruz invertida, junto a varias amigas en pelotas. Estaban Adrián Bar, guitarrista de Orions y el batero Martín Ontiveros. Ellos, más adelante, formaron parte de la producción e interpretación musical en Los Triciclos Clos.

Los Triciclos Clos se creó en la escuela de Norman Brisky y fue un punto de inflexión en la carrera de Aranosky. Allí también formó parte del Frente de Cómicos Populares (FRECOPO). Hacedores de radio, performances y payasos, Los Triciclos Clos aparecían seguido en La TV Ataca y, en ese tiempo, conocieron a Claudio Villarruel, quien los llevó a América 2, donde trabajaron mucho en publicidad y en diversas fiestas como las del Condon Clú o las conocidas Fiestas Nómades. Luego, encontraron un lugar en las madrugadas de la Rock and Pop.

Era una buena época para la contracultura…

La ciudad de Buenos Aires era otra: ardía, había miles de lugares para tocar sin restricciones. La gente estaba más ávida de experimentar, ver, salir y buscar propuestas. Después de la tragedia de Cromañón la cultura fue afectada y pasó a tener ribetes de especulación por vía gubernamental y bolichera, a través de políticas de centralización y control. Como si todo sucediera, solamente, en Palermo, en espacios tipo Niceto. La movida de los 80 fue desapareciendo. Todo cambia y eso te propone nuevas metas.

En aquel momento pasaron de la TV a la radio. ¿Cómo fue la experiencia?

En los medios hay muchos lineamientos editoriales, hay cosas que no podés hacer y otras para las que no nos daba la cabeza por ser jóvenes y rebeldes —asegura mientras sonríe y mira de reojo—. No nos podíamos sostener. En los medios hay mucha gente chupaculo y es un ambiente muy de mierda. Yo no me sentía contenido. Estuve dos años en el elenco de Marcelo Tinelli: ahí te tocaba lo que te tocaba y había cosas que no me gustaban. En un momento armamos un buen grupo con humoristas como Hijitus, Usni y Toti Ciliberto. Con ellos hacíamos La novela gallega, un humor muy sano.

¿Qué ocurrió?

“Lo que está ocurriendo en la era Macri es un adormecimiento a pedido”.

No sé si me echaron por una cuestión política. Me acuerdo que una vez me pusieron la cámara en frente y yo dije que iba a votar a Bordón y a Chacho Álvarez. En ese momento, cuando todos votaban a Menem, era como decir Quebracho. A la semana me mandaron un telegrama avisándome que me despedían. En realidad, me andaba quejando por todo el canal y estaba re podrido de ser hincha de San Lorenzo y de todo ese negocio de mierda que no aportaba nada más que economía a mi vida de padre primerizo. Hoy veo que fue una etapa de aprendizaje donde podría haber elegido ser más cuidadoso. “Inmolándome por un sueño” hubiese sido el título de esa historia.

Y vuelta a empezar. ¿Es una manera de ir encontrando tu lugar?

El lugar artístico lo vas encontrando de manera propia con proyectos, fracasos y experiencia vital, todo acorde a la capacidad de generar “eternamente” tus cosas. A veces desde la teatralidad, otras desde la comicidad, otros con el rock, la poesía, la radio.

¿Cuál es el costo de esa búsqueda?

Nunca me doy cuenta. Lo que cuesta es la Argentina: te ponen piedras en las ruedas para que no puedas crecer. En lo artístico necesitas un entrenamiento y en televisión, por ejemplo, no hay espacios permanentes de producción para formarte. Y eso perjudica, porque no estás preparado para entrar e inmediatamente hacer un bolo. El artista se hace con el fracaso permanente. Vivo fracasando pero no miro hacia atrás, no me gusta vivir de mi historia. Sigo generando producciones que tienen que ver con los 80 olvidados y venerados, pero con una visión del hoy.

02 luis aranosky revista ultimoround

Cuando habla del presente, Aranosky se refiere al Slam de poesías, donde recita desde hace años, a su libro Poesía Combativa Argentina y al colectivo La Tribu en el que estuvo hasta hace poco y trabajó junto a Ezequiel Ábalos. Pero también hay que mencionar que actuó en videoclips, escribió guiones y tuvo una profusa participación en cine (“desde un bolo con Liv Ullmann hasta ahora una película de Janine Miraphel”). Como si fuera poco, Aranosky también es productor de audio especializado en música clásica. “Produje ciclos artísticos de relevancia, hasta en el Banco de la Nación Argentina, donde también me fletaron por cambios de políticas culturales”. No obstante, cuando le preguntamos por la actuación Luis es determinante: “El trabajo del actor es buscar trabajo. El ambiente artístico es complicado; si dependés de lo mediático te deprimís y no producís más nada”.

Decías que en los 80 y 90 se veía una cocina de gente con talento. ¿Ahora hay un vacío?

Existen cosas en el ambiente under. Por ejemplo, están los espacios de arte como El Pacha, actual La casita de los Chasquidos. O la gente del Slam de poesía con el Gordo Sebakis a la cabeza, El Emergente y muchos ámbitos de cultura urbana informales. Los 80 murieron y se reivindicaron, para que venga lo nuevo. Pero lo nuevo no aparece del todo, no emerge, porque estamos mediáticamente dominados.

Sin pantalla no hay éxito.

Claro, parece que si no estás del lado mediático, no sos actor, o músico, o escritor, o periodista, o conductor radial. Y no es así, por eso uno tiene que seguir creando en cualquier lugar, sea un subte, una plaza o un bar. Y seguir perfeccionándose. Hay mucha gente que se queda ahí en un lugar de lumpenaje. Hay que seguir formándose.

Haciendo tantas cosas a la vez, ¿cómo te ves a vos mismo?

“El artista se hace con el fracaso permanente. Vivo fracasando pero no miro hacia atrás, no me gusta vivir de mi historia”.

¡Hecho mierda, pero llego! ¡Nah! Soy un tipo que donde planta una semilla, algo crece y toma forma. Hay que tener la avidez para buscar; la gente no busca, compra lo hecho, el producto envasado. El público se mueve menos, se queda con lo que hay y no va a ver lo nuevo. Les cuesta, ya tienen un chip puesto, quién sabe por quien, quizás por los reptilianos o los Illuminati.

¿Pensás que durante el kirchnerismo los artistas tenían un poco más de aire?

Sí. Los artistas del establishment y los que apuntamos a la contracultura. Desde el rock produjimos mucho en el Zaguán Sur, lugar donde tocaban muchas bandas indie, platenses, uruguayas, chilenas, como Perrosky, y un matiz de colores, muchas de la movida peronista. Hoy está clausurado. Existen ámbitos que la pelean como el Salón Pueyrredón, pero cada vez hay menos lugares alternativos para generar producciones.

De esta forma es difícil que despierte el arte.

Depende de la gente. Si el artista no realiza sus propios proyectos y se queda estancado en la mediocridad reinante, quedará ahí. Eso es para los tibios; yo soy adrenalina pura como disparador de metáforas y proyectos que linden con la escena. Lo que está ocurriendo en la era Macri es un adormecimiento a pedido. Pero los que tenemos rabia, rebeldía, sed por el otro y lo nuestro, proponemos canillas de arte y comenzaremos a mover, hacer, producir y crear desde la acción. La rebeldía no está en la clase adormecida, está más bien oculta. Hay que tomar las calles.

Suena bien, pero…

Mirá, el mes pasado formé parte de una movida ricotera con Sergio Dawi y Semilla Bucciarelli. Y les decía a los pibes, en un Niceto al palo, que hay que tomar las calles, porque lo único que se toman son los grandes estadios. La gente perdió conciencia con las grandes bandas y termina siendo captada y mediatizada por una remera como la de Callejeros. Veo que se suman a un mensaje pero no a un mensaje de contenido político de acción. Veo todo muy dividido, desarticulado, banalizado y mediocre. Y el mensaje es claramente adormecedor para las clases populares y alternativas. Una Argentina mediocre. ¡Hay que volver a José Ingenieros!

¿Cómo funcionan los espacios punkys que frecuentas?

Con mi banda actual Cachito tenemos que buscar lugares, por eso generamos nuestros propios espacios. La Feria Punk es uno de ellos, hoy más conocido como el bar Melonio. Suele ser boicoteada por los mismos concurrentes, como si la violencia de fuera no alcanzara. El otro día se armó tremenda goma al pedo: hay punkys que son peores que la policía. ¡Que se vayan a romper la Casa Rosada, no su propia casa!

11-luis-aranosky-revista-ultimoround

¿Cómo nació esta nueva banda?

Cachito nace como un proyecto performático. Tocaba con los pibes de fútbol, lo hacíamos en el Salón Pueyrredón, en el año 2008. Salía a escena casi en pelotas, meaba un vaso entero de birra y me lo tiraba en la cabeza sobre un casco, como metáfora de las ruinas y la basura que generamos en todos los aspectos argentinos y humanos. Comenzaba tocando unos sintetizadores con una lengua de vaca colgando, terminaba vomitando y tirando fideos con tuco a mi estilo. Y la gente me arrojaba latas de cerveza. Le puse Cachito Rock porque al rock lo habían matado y ahora lo renuevan desde la mediocridad: tener un celular es rock, salir de una limusina es rock, usar una remera de los Sex Pistols es rock. Y nada más alejado de la realidad. El punk rock tiene que ver con el combate, con la renovación permanente, social y artística.

En Cachito pareciera que plasmás también tu teatralidad.

Sí, la teatralidad es parte de mí: la estética del cómic, lo performático, la ropa; todo eso es parte del rock. El primer disco de Cachito salió con un fanzine bastante combativo. Lo habíamos hecho con la gente de La Ponzoña y tenía un mensaje estético contundente. Con Los Triciclos Clos, la impresión del primer CD sacado por EMI, tenía las cucarachas sobre su base y el librito interno. Era una novedad para esos primeros años 90, hecha por ese amigo y gran artista que es Willy Candia.

¿Cómo funciona Cachito con el público?

Cachito tiene que ver con la expresión escénica y las canciones, es una banda de rock duro formalizada, con música simple y muy buena pegada y letras. Pero hay que llegar a la gente y ese es el desafío de tocar música de manera personal, con influencias pero muy Cachito. Luchando contra lo banalmente muerto: las discográficas, los pocos lugares para tocar, la muerte del formato físico, la era de las redes sociales y lo digital.

¿El punk como género musical se abrió a otras disciplinas artísticas?

“El trabajo del actor es buscar trabajo. El ambiente artístico es complicado; si dependés de lo mediático te deprimís y no producís más nada”.

Sí, claro. Recuerdo que en los Festipunk de los 80 si salías a hacer poesía la gente te escupía, te tiraban con lo que tenían encima, te gritaban “puto, boludo” y te pedían que te bajes. Y claro, la gente estaba rabiosa, se la agarraba con los mismos protagonistas que combatíamos. Había algo medio cabeza. El punk nace también desde lo literario y las diferencias: Patti Smith, que era la poetisa del punk o Lou Reed, con su palo poético que iba más por el rock. Malcolm McLaren, uno de los creadores de esta estética, termina rescatando sonidos africanos y música francesa. Veo que los pibes se cierran y eso es producto del sistema; termina comiéndote.

¿Será que todo está muy rotulado?

Hay que abrir la mente. No se puede leer un solo diario, escuchar una sola radio, ver una sola serie y tener una sola vida mediocre para caer en el ganado banal de esta máquina de picar carne. El sistema busca encasillarte. No es necesario comer carne todos los días; si te clavas un sushi te tildan de puto pero, en realidad, la comida japonesa es una maravilla.

Se acerca el final de la entrevista; tendríamos que hacer otras tantas para cubrir la inabarcable carrera de Aranosky. Una carrera desestructurada y siempre cercana a la innovación. “Elegí el peor de los caminos —dice Luis—: el camino del rock. En esta ruta me siento absolutamente libre: siempre me tocó estar en espacios donde se propone la contracultura, por lo tanto, pasé por la experiencia de ver a miles de personas o a solo tres punkys mirando mi espectáculo, algo que me tiene sin cuidado. El tema es producir, crear, sostener, porque en la medida que hacés, sos. Y en la medida que sos, existís”.

¿Te queda algo pendiente?

¡Vivir! Sí, claro. Más cine, radio, televisión, pero cosas que tengan que ver con mi estilo. Y son difíciles de encontrar. Estamos en un país mediocre, culturalmente hablando: parece que el único actor es Ricardo Darín y el único gordo, el Gordo Casero. Dos narigones, un par de morochos. Sigue la lista: un solo diario, cuatro bandas; lo demás no existe.

¿El arte salva o el arte es salvarse?

El arte me salva del día a día, porque me saca de los lugares oscuros. Me pone en sitios de permanente movilización. Con el arte tengo algo que decir; mucho que decir. En fin, que la vida no haga de vos. Vos hacé tu vida. Nada más.

***

Carolina Mercedes Calcagno es Comunicadora Social, egresada de la Universidad de Buenos Aires. Formó parte de varios programas radiales en FM de Buenos Aires y sus cuentos fueron seleccionados y premiados en diversos concursos literarios. En 2015 publicó el libro Tanguito…allá a los lejos puedes escuchar (Nuevos Tiempos). Actualmente escribe para el diario La Tercera, el periódico juvenil Yo soy La Morsa y el portal en línea Buenos Aires Eye.

Viva la indiada

1

El 19 de octubre las mujeres de Argentina hicieron su primer paro nacional. Vejadas históricamente, sus cuerpos se convierten en organización y lucha.

Fotografía: M.A.F.I.A. (Movimiento Argentino de Fotógrafxs Independientes Autoconvocadxs). Intervención por O.R.G.I.A Teatro

Son las cinco de la tarde y llueve en Buenos Aires; llovió a baldazos todo el día y aún seguirá lloviendo. No importa: miles y miles de mujeres están concentradas alrededor del Obelisco para marchar hacia la Plaza de Mayo. Van todas vestidas de negro. Las reunió, otra vez, la muerte.

Días atrás, Lucía Pérez —una adolescente de 16 años— fue drogada, violada con un palo y asesinada en Mar del Plata. Los acusados son tres hombres, todos mayores de edad: Matías Farías (23), Juan Pablo Offidani (41) y Alejandro Maciel (61). Cuando Lucía cayó inconsciente, sus verdugos la lavaron y vistieron para ocultar la brutalidad. Después la dejaron abandonada en un hospital.

Hoy —miércoles 19 de octubre— las mujeres de Argentina parieron su primer paro nacional: la que trabajaba fuera de casa, se reunió con sus compañeras; la que trabajaba dentro, detuvo sus tareas, apagó las redes sociales y se sentó a reflexionar. La convocatoria, impulsada por el colectivo #NiUnaMenos, tuvo exitosas réplicas en ciudades de toda América Latina.

* * *

“Feminicidio: último eslabón de una larguísima cadena que comienza con el pequeño acto machista de cada día. “Alta trola”. “Le encanta la pija”. “Sabe, pero es mina”.

En el mundo, las Lucías se multiplican sin parar: mujeres asesinadas por ser mujeres, mujeres culpables de ser mujeres. Feminicidio: último eslabón de una larguísima cadena que comienza con el pequeño acto machista de cada día. “Alta trola”. “Le encanta la pija”. “Sabe, pero es mina”. Los más sutiles van por la negativa: “Y bueno; es el departamento de un tipo soltero”, “Para ser hombre cocina muy bien”, “Con la revolución se acaba el machismo”. Detrás: el patriarcado exprimiendo mujeres hasta volverlas —literalmente— desechos.

Su mayor sueño: quitarles toda potencia.

Hoy parece que no puede. Con o sin paraguas, las mujeres cantan, gritan y transpiran alrededor del Obelisco. Y empiezan a marchar. Hay decenas de columnas de organizaciones sociales y partidos, pero la mayoría de las participantes se acercó por su cuenta, por su cuerpo: enorme apuesta que redobla la firmeza del acto. Es difícil imaginar un movimiento más potente que aquel que arranca desde el cuerpo.

Un vendedor ambulante, parado a la salida de la estación Carlos Pellegrini del subte, no da abasto y vocifera: “Hay pilotos, chicas, hay pilotos”. Por vez primera se ve obligado a cambiar el lenguaje, niño mimado del machismo. Mañana, quizás, les hablará a los transeúntes de otro modo. Dirá: “Hay pilotos, chicos, hay pilotos”.

* * *

—Hoy ser mujer me da miedo —dice Sol Salvo, 23 años, estudiante de Comunicación de la UBA. Y señala a su hermana, cuatro años menor—: Tengo miedo por ella y me como la cabeza: cuándo sale, cuándo no. ¡Es una cagada estar todo el tiempo pensando que quizás no vuelve! Ella, tu amiga o tu vieja. ¡O quien sea! Esto se tiene que terminar.

¿Cómo? “Hay que empezar a cambiar desde las pequeñas cosas que están muy arraigadas en nuestra cultura: qué tiene que hacer la mujer, qué está mal que haga. Educar a las futuras generaciones con esos cambios. Y que sea una bola de nieve que se lleve todo puesto”, sostiene.

“Cada tanto se oye un grito que brota desde una garganta y con la velocidad del rayo se multiplica, se vuelve furioso y desgarrador. Es el sonido de una infinidad de manos vibrando sobre una infinidad de bocas que aúllan. Es el alarido de la indiada”.

Otras coinciden. Madorra Smith tiene 60 años. Es escritora y vino a manifestarse junto a su hija de veintipico. Caminan lentamente por Diagonal Norte. Madorra asegura que la única forma es resistir. “Resistencia y mucha educación: en la casa, en la escuela, en todos los ámbitos. El Estado tendría que tener un rol mucho más importante, empezando por el acompañamiento de las mujeres golpeadas y por la justicia”.

En lo que va de octubre, en Argentina hubo 19 feminicidios. En 2016, más de 200. Recién a partir del año pasado se empezaron a recolectar las estadísticas oficiales, pero La casa del encuentro —una de las pocas organizaciones que lucha contra el silencio estatal— registró entre 2008 y 2015 al menos 2094. Las cifras reales —escondidas detrás del miedo, la complicidad y las figuras legales ambiguas— son probablemente mucho más grandes.

Las cosas no están mejor si se mira al continente: de acuerdo con datos publicados en abril por la ONU Mujeres, 14 de los 25 países con las tasas más altas de feminicidios son latinoamericanos y el 98% de los crímenes sigue impune. Las mujeres y niñas, además, son víctimas del 70% de los casos de trata de personas. La mitad termina en explotación sexual.

“Los prostíbulos son centros clandestinos de violación” denuncia en rojo furioso el cartel de las Madres Víctimas de Trata. Ocupa un buen pedazo de la calle Bolívar, a metros de la Plaza de Mayo. Bajo un paraguas negro, Silvia González sostiene uno de los extremos. Sus dos hijas, Milagros y Ludmila, fueron secuestradas y prostituidas cuando tenían 14 y 16 años. Hoy están en un psiquiátrico.

—Nuestras hijas son desaparecidas por los poderes políticos. Hay mucho entongamiento desde lo judicial y lo policial. Nosotras creemos que el “Ni una menos” también significa ni una más en los prostíbulos.

A medida que los grupos llegan por la diagonal y se encuentran con esas madres, la energía estalla en fotos, besos y abrazos. Un cantito ratifica las palabras de Silvia: «Yo sabía /yo sabía /a los violadores /los cuida la Policía /y la Justicia”.

* * *

Como a las dos horas ininterrumpidas de agua hay quien dice pucha, qué mala suerte esta lluvia y hay quien comenta que otro día la convocatoria hubiera sido aún más grande. No importa. Al amparo de los paraguas reina todo un ecosistema cómplice: se ríe, se pisan charcos, se fuma, se cuentan historias terribles.

“Hay decenas de columnas de organizaciones sociales y partidos, pero la mayoría de las participantes se acercó por su cuenta, por su cuerpo: enorme apuesta que redobla la firmeza del acto”.

—Mi mamá fue víctima de violencia de género: el marido la mató. Y acá estoy —dice Claudia Méndez, 25, y sigue caminando en silencio junto a una amiga. No lleva ninguna pancarta, ningún cartel; no marcha con ninguna columna. ¿Cuántas otras Claudias hay entre las miles y miles de mujeres que avanzan?

Cada tanto se oye un grito que brota desde una garganta y con la velocidad del rayo se multiplica, se vuelve furioso y desgarrador. Es el sonido de una infinidad de manos vibrando sobre una infinidad de bocas que aúllan. Es el alarido de la indiada. No existe una palabra en idioma español para nombrarlo; tampoco una que atestigüe lo que le ocurre al cuerpo cuando ese grito de miles de cuerpos lo atraviesa.

* * *

En el medio de la plaza, junto a un puestito de choripán, está parado Gustavo Leonard. Es un médico porteño de 81 años.

—Yo estoy acá porque es una locura que los hombres se apropien de las mujeres. La mujer no es una lapicera; no es propiedad de nadie y tiene derecho a hacer de su cuerpo lo que quiera —dice—. Desde chiquititos hay que enseñarles a los varones que un nene es igual que una nena: el varoncito puede lavar los platos y el varoncito puede llorar.

* * *

Para cuando el colectivo #NiUnaMenos lee su documento de cierre en un escenario en el medio de la plaza, la postal desde un dron debe ser una multitud de botoncitos de colores; son los paraguas rojos, verdes, azules, marrones, amarillos que se apretujan. Diversidad por encima, unidad por debajo; la metáfora es clarísima aunque el pigmento de la marea subterránea sea el negro.

“Nosotras paramos” dice repetidas veces el escrito.

Ellas: “las amas de casa, las trabajadoras de la economía formal e informal, las maestras, las cooperativistas, las académicas, las obreras, las desocupadas, las periodistas, las militantes, las artistas, las madres y las hijas, las empleadas domésticas, las que te cruzás por la calle, las que salen de la casa, las que están en el barrio, las que fueron a una fiesta, las que tienen una reunión, las que andan solas o acompañadas, las que decidimos abortar, las que no, las que decidimos sobre cómo y con quien vivir nuestra sexualidad. Somos mujeres, trans, travestis, lesbianas. Somos muchas y del miedo que nos quieren imponer, y la furia que nos sacan a fuerza de violencias, hacemos sonido, movilización, grito común: ¡Ni una menos! ¡Vivas nos queremos!”.

Ellas: mujeres que se encontraron en la lucha y ya no se pueden desencontrar.

El poeta de las cosas claras

0

Roberto Santoro, desaparecido por la dictadura argentina, dejó una obra imprescindible. La revivimos con la lectura de Patricia Morante.

Texto y lecturas: Patricia Morante
Poesías: Roberto Santoro

verbo irregular/ yo amo/ tú escribes/

él sueña/ nosotros vivimos/

vosotros cantáis/ ellos matan.

Roberto Santoro

Encontrarse con la poesía de Roberto Santoro es entrar en una parte esperanzada y a la vez oscura de Buenos Aires, ciudad donde nació en 1939, donde vivió y donde también fue secuestrado por el terrorismo de Estado en 1977. Se lo llevaron de su lugar de trabajo: la Escuela Nacional de Educación Técnica Nº 25 “Teniente Primero de Artillería Fray Luis Beltrán”, en la calle Saavedra del barrio de Balvanera, donde el poeta prestaba servicios de preceptor con cargo de subjefe. Aún hoy permanece desaparecido.

Toda la obra de Santoro gira alrededor de la participación de su ser en Buenos Aires, produciendo y reproduciendo la realidad social al mismo tiempo que es producido y reproducido históricamente por ella.

*

Santoro saca a la luz la parte más sombría de esta inenarrable ciudad metida en el tercer mundo y lo hace con un maravilloso humor negro. Ahí radica la esperanza, en el poeta que ve y dice lo que algunos también ven pero pocos dicen; en su capacidad de hacer de un tema algo válido para otros seres de la tierra. La esperanza es Roberto Jorge Santoro cantándole a la esperanza.

«…resuelto no sólo a yevar la poesía a la caye sino a traer la caye a la poesía…», como dijera el poeta Luis Luchi y lo escribiera Poni Micharvegas (poeta, músico, pintor, médico, psicoanalista, quien pidió que se respetara la grafía de su texto “ya que es una lucha que yevo contra la hegemonía de los académicos de la lengua que también quieren serlo de la realidad”), Roberto Santoro fue un verdadero buscavidas, tanto desde lo laboral (además fue pintor de brocha gorda, puestero en un mercadito, tipógrafo y vendedor ambulante) como desde lo vital, a través de su vasto quehacer poético y militante.

*

Un pasaje del discurso para el acto de la Alianza Nacional de Intelectuales del 10 de abril de 1964, una semana antes de cumplir 26 años, lo muestra comprometido y con fuertes ideas sobre la vanidad de quienes se autoproclaman eruditos:

«…frente a la vacuidad de las palabras que nos invaden cada día, contestamos con obras. Si queremos cambiar los frutos, tendremos que cambiar el árbol. No manoseemos las palabras. No intelectualicemos. Digamos cosas simples, pero hondas. Si la cultura es privilegio de unos pocos, la culpa ha sido nuestra, que hemos pasado la vida batallándonos unos a otros. No polemicemos con un afán torpe y sin sentido. ¿De qué vale golpearnos, si en lo esencial, todos perseguimos una misma cosa? Oigamos lo que nos dicen, no lo que quisiéramos escuchar…».

*

Y en un reportaje de la revista Rescate se presenta desenfadado, dando cuenta del lenguaje sencillo, lúdico y profundo que le pertenece: «sangre grupo A, factor RH negativo, 34 años (en 1973), 12 horas diarias a la búsqueda castradora, inhumana, del sueldo que no alcanza. Dos empleos, escritor surrealista, es decir, realista del sur. Vivo en una pieza. Hijo de obreros, tengo conciencia de clase. Rechazo ser travesti del sistema, esa podrida máquina social que hace que un hombre deje de ser un hombre, obligándolo a tener un despertador en el culo, una boleta de Prode en la cabeza y un candado en la boca».

Con ustedes, Roberto Santoro.

*

02 Roberto Santoro Revista Ultimo Round

Willy Crook: “Con la polla tiesa”

Una vida por la que pasan Miguel Abuelo, Luca y Los Redondos, no puede ser una vida aburrida.

Fotografía: Carol Calcagno, Ignacio H Salinas  y www.willycrook.com.ar

Nos acercamos al barrio de Almagro para verlo, para que nos cuente algo de sus historias siempre curiosas, pero también de su presente, de su actualidad como músico activo y, a la vez, legendario. Todos los jueves a la noche, Willy brinda una especie de ensayo abierto con sus Funky Torinos en El imaginario Bar. Un ensayo digno de apreciar, en el que se lo puede ver cantando en inglés o castellano y tocando la viola o el saxo. Escucharlo tocar y cantar no tiene precio, pero Willy también es un gran conversador. No obstante, hay dos premisas que deben funcionar a la perfección a la hora de escucharlo. La primera, estar despegado de todos los prejuicios posibles, porque – hay que decirlo– Willy podría ser un personaje de cualquier novela de Kerouac. La otra es no tomarse al pie de la letra todas sus ocurrencias e ironías, es un personaje mágico y puede responder cada pregunta con un sinfín de anécdotas plagadas de ellas.

“Luca me dice de ir a tocar a Sumo, lo cual no era posible porque ya estaba Pettinato y no pensaba irse. Era un quilombo que estaba provocando Luca. ¡El Tano era un conventillero total! –se ríe–“.

¿Cómo y cuándo surge tu primer acercamiento con la música?

No recuerdo muy bien, pero creo que fue por medio de un familiar, vaya uno a saber. Los Pantanos y los Crook no somos una familia muy numerosa, sin embargo, lo tengo un poco borrado. Creo que fue por parte de mi tío, o quizá por un cuñado que me regaló una guitarra. Ahí comencé a tocar con una sola cuerda Satisfaction o Juegos Perdidos. Tendría siete u ocho años.

¿Qué recuerdos tenés de tu Gesell natal? ¿Qué banda de sonido se escuchaba en tu casa?

Gesell era un sitio muy hippie y representaba todo lo que era yo. No eran muy nutridos musicalmente los lugareños y en casa no había mucha música. Mi madre tenía un tocadiscos y, con una lógica indiscutible, me prohibía tocarlo por miedo a que se rompa. Era algo así como una camisa demasiado linda que no se podía usar en ninguna fiesta.

¿Cuándo aparece el saxo?

En Ibiza, gracias a una amigo sirio que aún continúa fabricando saxos con cañas de bambú de la India y de Israel. Eran unos instrumentos muy sofisticados. Recuerdo que siempre me prestaban uno, ahí fue cuando comencé a intentar sacarle el sonido que me gustaba, tomando como referencia los discos del Gato Barbieri. Estaba horas tocando.

Willy, pausadamente, toma un trago de fernet con rodajas finas de limón y dos hielos. Enciende un cigarrillo poco visto, Particulares 30, y habla. Sin apuro, como si fuese una charla entre viejos amigos.

¿Y tú primer caño de metal (saxo)?

Fue acá, la última droga que me faltaba probar en Ibiza fue la Argentina y me vine. Hice dinero trayéndome piedras de la India y me compré un saxo malísimo en la calle Cannig. Era lo más parecido a un gran metal, una cosa espantosa. Pero bueno, el dinero no me daba para más.

willy b y n con vaso editada 1Viviste la adolescencia en democracia. ¿Cuál fue tu impresión cuando volviste a Argentina?

Volví en el 82. Me tocaba la colimba y zafé haciendo un teatro importante. Había estado en un colegio militar, conocía las cosquillas y no me dejaba sobornar por nadie. Era un pelotudo insobornable, los sacaba de quicio. Por lo pronto, me dieron una patada en el culo, lo cual resultó maravilloso porque había hablado con Skay y la “negra” Poli y me habían dicho de tocar con ellos. A mí me pareció una cosa maravillosa. Yo había tocado con amigos o en la calle, donde había vivido tres años buscándome la vida como podía. Iba a la vendimia en Francia y también anduve por Marruecos.

¿Y cómo llegás a vincularte con el reggae?

Me había escapado de mi casa, estaba peleado con mis padres. Ellos se iban a trabajar a España porque la pasaban muy mal acá sin laburo. En invierno yo les copaba la casa pero en verano me tenía que buscar la vida como podía. Un buen día conozco a un tipo muy exótico que tocaba por un clisé de media botella de ginebra junto con un bajista que luego formó parte de Los argentinos, una banda de aquella época. Yo tocaba reggae, porque en Francia ya lo hacía. En esa época no tenía mucho acceso a escuchar música porque vivía en la calle. Me tiraba en una bolsa de dormir donde me agarrara la noche. Había escuchado bandas de reggae y Bob Marley ya estaba presente. Con el tiempo me di cuenta de que es una de las pocas excepciones en las que el más famoso es el mejor. No hubo una banda tan densa y siniestra como la de Marley. Me conmueve de verdad. En ese momento, tocando temas de Marley, se acerca este italiano tan particular. No sé qué dijo. Luego nos encontramos en otro bar. En una ocasión me salvó de una pelea y comenzamos a ser amigos. Claro, este italiano era Luca Prodan.

Luego de conocer a Prodan, ¿qué pasó con Sumo?

Luca me dice de ir a tocar a Sumo, lo cual no era posible porque ya estaba Pettinato y no pensaba irse. Era un quilombo que estaba provocando Luca. ¡El Tano era un conventillero total! –se ríe–. Mucho colegio con el Príncipe Carlos pero le gustaban los cuchicheos. A mí me decía que Pettinato se quería ir. A él, que yo le quería sacar el laburo.

Al llegar a Buenos Aires, entonces, la realidad era otra, ¿no?

Cuando llegué a Buenos Aires la cosa estaba fatal, muy mal. Era la última época de la dictadura y yo continuaba viviendo como en Ibiza, en la calle. Pero acá la gente era súper fascista. Una sociedad intolerante de todos lados y uno venía con tres aros en la oreja, con ropas muy exóticas. Era muy raro porque sabía que tenía que hacer mis cosas y ganarme la vida en ese entorno. Lo que me llamaba poderosamente la atención era cómo podía acceder a hacer música con una banda, cosa que jamás había hecho. Sí tocaba en la calle y sí había participado en zapadas, alguna noche memorable acompañado de David Lee y David Gilmour en la casa de Román Polanski.

“El de Los Redondos fue el primer romance que corté en el momento justo. En el amor, hice cosas hasta la imprudencia, la taradez profunda, pero acá fue justo”.

¿Cómo llegás a conectarte con Los Redondos?

En un momento contacté con Arnedo y Fargo. Recuerdo que Luca se había ido con su hermano, Andrea, a Túnez a laburar en un documental sobre Marco Polo, y la banda no sabía si regresaría. Luca era muy imprevisible. Entonces, al verme tan colgado viviendo en la calle, me cuentan que había una banda llamada Los Redonditos de Ricota que buscaba un saxofonista. Mi primera pregunta fue si era una banda infantil. Fui y me encontré con ellos. Me parecieron personas formidables. Recuerdo que bebían una cosa oscura que parecía un aperitivo pero te colocaba como la hostia. A todo esto, contaba con el saxofón pero me faltaba mucho aprendizaje. Lo fui adquiriendo con ellos.

¿Tu instrumento era la guitarra?

Claro. De hecho a los solos de guitarra los pasaba al saxofón. Nunca escuché muchos saxofonistas. Tenía un cassete de Grover Washington, un saxofonista fankero. También me gustaba el sonido del Gato Barbieri.

¿Qué dijeron Los Redondos cuando te escucharon tocar?

Patricio Rey dijo “tenés que quedarte”. A esa determinación no la tomó el Indio, sino Patricio Rey. Por otro lado me sentí muy cómodo. Muy pronto me di cuenta de que estaba con gente inteligente y culta, muy piola para mí. Siguen siendo como hermanos mayores hasta el día de hoy. Con Skay nos vemos; el Indio ha tomado otro camino pero he aprendido muchísimo de él también.

¿Llegar a un grupo de música establecido era algo así como “la oportunidad”?

Yo sabía que ese trencito no me iba a esperar, subía o no subía. Para mí, en ese momento, a los discos los grababan los astronautas. Era medio de la mitología. Y de repente me encontraba en esa movida y me fascinaba todo. Pero el tema puntual era tocar el saxofón.

Dicen que, tanto el Indio como Skay, eran sumamente rigurosos a la hora de los ensayos, ¿qué recuerdos te quedaron?

Los ensayos eran un dolor de huevos. Muy metódicos. Skay continúa siéndolo. No había novias ni amigos. Ensayábamos tres veces por semana. No se podía pelotudear, había que cumplir con los horarios, buscar ser cada vez más profesionales y evitar en lo posible los excesos. Al final hubo unas leyes estrictas, yo puteé mucho pero me sirvieron hasta el día de hoy y les agradezco muchísimo. Trabajo mejor bajo presión, y si no, directamente no lo hago. No hay que joder a nadie. Si el alcohol te va a cambiar la manera de comportarte o de tocar, perjudicás a los otros. Es bueno un poco de rigor, más si estas en una banda. Es como decía Miguelito Abuelo: Suicidate si querés, pero no salpiques.

¿Qué opinión tenés de la composición y la música de Los Redondos?

En su momento las letras no me gustaban mucho, me parecían un poco amontonadas. Yo había leído escritos del Indio y me parecían estupendos. Con la música no estaba del todo contento, pero sí me convencía el sonido de Skay, que continúa siendo un violero excelente. Se dedica al sonido y no a la prestidigitación de hacer atletismo de notas. Ellos tenían toda la onda. Quizá en lo que yo no estaba de acuerdo es en que el saxo estuviese en todos los temas.

willy b y n con cuadros editada 1

¿Te sentís más cómodo tocando la guitarra?

No soy un solista privilegiado. A mí me pasa por la cabeza la música completa. Espero estar a la altura de las circunstancias. Siempre trato de tomar clases con grosos que están en Internet. Ser violero es una cuestión armónica, tengo mayor conexión. A veces creemos que somos privilegiados. Imaginate la era de Mozart, Bach, Beethoven, esos tipos no podían escucharse, morían con lo que tenían en la cabeza. Pensaban para catorce mil instrumentos ¡Tomá, mierda, eso sí que rock and roll!

¿El saxo “en todo” fue uno motivos por los que te alejaste de la banda?

Es que era así y continúa siendo así. Reconozco ser buen soldado, había que hacer lo que te pedían. No creo en la democratización del arte, es imposible. Tu gente tiene que seguirte porque tenés un auto que tiene un volante y cinco asientos, no cinco volantes. Siempre hay que respetar una idea. Si te subís a ese tren, hay que darle bola. Aprendí muchas cosas en esos años y las utilizo hasta el día de hoy. Todo lo que soy, y toda la filosofía, las recibí de Los Redondos; a la libertad de estilos, de Melingo, sobre todo con el saxo. Ellos fueron mis mentores artísticos.

“En Córdoba soy casi como el Mono Giménez –sonríe. Toqué con La Mona, que tiene más rock and roll que varios palmolives que conozco”.

Cuando te fuiste de Los Redondos ¿qué ruta tomaste?

Me fui a Granada, de donde salió el Rey Boabdil, el último rey moro. Hay un lugar que se llama “Suspiro del moro”, donde lloró por la Granada perdida. Su madre le dijo “Llora como una mujer lo que no supiste cuidar como un hombre” comenta mientras enciende otro cigarrillo rubio. Llegué a ese maravilloso lugar dejando en Ezeiza todo mi prestigio con Los Redondos, y empecé a tocar en la calle. Un día me vio tocar la banda de Los Toreros Muertos, y me invitaron a sus presentaciones. Fue maravilloso. Lo contraproducente fue salir en los periódicos locales, la gente me empezó a reconocer y no me daban ni una moneda pensando que era famoso.

¿Te arrepentiste de irte?

Era una de las cosas que más me refregaba la gente. Y desde mi punto de vista, el de Los Redondos fue el primer romance que corté en el momento justo. En el amor, hice cosas hasta la imprudencia, la taradez profunda, pero acá fue justo. Ya no gozaba de la música. Iba sumando elementos. Escuchaba Soda Stereo y también me gustaba. Yo no veía esa pelotudez “Los redondos vs. Soda Stereo”. ¿Qué te pasa, tarado? no es un partido de tenis, es arte. Entiendo que cada cosa que pasa es porque tiene que pasar. No se contagia el talento que tienen los grandes, pero te acostumbrás a desempeñarte entre ellos. Y te pone en un estado mental que te dice «esto es posible», ¿entendés? Sucede.

willy canta b y n editada 1

¿En qué momento de tu camino “kerouaksiano” aparece The Lion in Love?

Los conocía de Buenos Aires y, como sabía que en Madrid estaban pasando cosas, fui a chuparles un poco las medias para que me involucren en sus proyectos de bandas. Logré tocar con ellos sin medir los riesgos económicos. Estaba acostumbrado a ganarme la vida como podía; pintaba casas, entre tantas cosas. En París trapeaba sin saberlo en la Morgue Judicial, ¡algo espantoso!

De regreso a Buenos Aires, ¿qué te esperaba?

Después de haber tocado en zapadas de blues en el Samovar de Rasputín, con Quique Weimar, Jorge Pinchevsky y el Negro Medina, conocí a Carlos Patán Vidal y Juan Valentino. Y pensé: con estos tipos voy a hacer algo. A los dos años, me armaron el disco.

¿Te vinculan mucho con Los Redondos?

Lo que se esperaba de mí era una feta de Patricio Rey, clara, lisa y llanamente. Tendría que haber sido el primer tipo en morir por una P. Pero, para mi reconfortante sorpresa, a aquellos que venían a buscar eso, pude decirles: «¡Están invitados a retirarse, pedazos de pelotudos! Eh? ¿Ñam fri fru fre fa ri fru? Noooo, te equivocaste, macho!” –afirma entre risas. En un momento dado, me llama uno de los músicos y me dice: vení a ver esto. Y leo en la pared del bar donde tocamos «¡Aguante los Redondos y el jazz!» Listo, misión cumplida. Logramos abrirle la mente a la gente.

“Muchos preguntan si con Miguel Abuelo éramos gays, y yo digo que sí. Porque me re cogió la cabeza sin sacarme la ropa. Gente fuera de serie. No se fabrican más esos hijos de puta, como Skay o Pischesky”.

A la hora de cantar en castellano, ¿puede que tengas una similitud con Javier Martínez?

Sí. Por eso no canto en castellano. Javier Martínez es un referente inevitable, ya no se canta como él.

¿Crees que el funk va mejor con el idioma inglés?

El inglés entra de pelos, queda a la perfección. Yo vivía en Europa y hablaba con franceses, belgas, italianos; también en inglés, por ende, escuchaba música en inglés. Eso no implica nada. Más que todo va por el lado de la libertad, la manera en que te sientas cómodo. Hay que hacer lo que el cuerpo te pide. Entiendo que el artista tiene que abrir tranqueras. A mí, por ejemplo, me resultó interesante saber que decían las letras de El lado oscuro de la luna, y eso me llevó a aprender por las mías. Tengo dos años del secundario pero tuve la curiosidad de saber idiomas. La gente escuchaba cómo pronunciaba el inglés. Y la verdad, como el orto afirma, mientras da una pitada a un cigarrillo rubio; pero te aseguro que en las cárceles del Estado y en las calles me arreglaba perfectamente.

¿Qué opinás de los músicos de antes y de hoy?

La gente que critica, me gustaría que salgan del placard y vayan con sus novias a ver a Javier Martínez, Alejandro Medina, Litto Nebbia. O, ni que hablar, a Charly García. Voy al show de Martínez y me dan ganas de morirme, van treinta personas. O Jorge Pinchevsky, que no saben quién es. Gente poderosísima que abrió el camino cuando no había nada. Pienso también en Queen, que no estaba en el clisé de Pomelo. Cuando el rock salió a la calle invadió el mundo de los caretas, ¿entendés? Me acuerdo que mi madre me tapaba los ojos cuando Elvis movía la pelvis. Y eran pilares, todavía suenan de puta madre.

¿Crees que se perdió el poder de innovar?

Desde luego hoy no puede tener el mismo power. Yo creo que hay una gran veta. Veo que todo el mundo hace música. Escucho mucha música electrónica. Ahora, no entremos en el debate de si es o no música, andá a tocar la criolla a la tumba del Che Guevara y no me rompas los huevos dice mientras sonríe. Es una evolución, hay que tomarlo como herramienta. Muchos pendejos muy piolas hacen cosas increíbles dentro de una gran gama de sonidos. Es brutal. Hay bandas con pibes de 26 años que la parten señala a sus músicos que están en la mesa de atrás. Sobre todo ese dice, apuntando al bajista de su banda Funky Torinos. Son unos irrespetuosos de la mediocridad.

willy toca b y n editada 1

¿Cuál es tu experiencia con Marcelo «Gillespie» Rodríguez?

Tenemos una operación conjunta. Con el grabé Ultra deforme, le presté a los Funky Torinos de esa época. Con Gillespie está todo más que bien, es un hermano del camino.

¿Cómo te trata la gente en el interior?

En Córdoba soy casi como el Mono Giménez –sonríe. Toqué con La Mona, que tiene más rock and roll que varios «palmolives» que conozco. Viajo seguido para allá, dicto clínicas y hago algunas fechas.

Miguel Abuelo tuvo una carretera similar a vos, pero anterior. ¿Qué opinas de él?

Muchos preguntan si éramos gays, y yo digo que sí. Porque me re cogió la cabeza sin sacarme la ropa. Gente fuera de serie. No se fabrican más esos hijos de puta, como Skay, Pischesky… Abría la boca y quedabas fascinado. Una vez Spinetta dijo que Miguel Abuelo vivía colocado. Era un artista de la noche a la mañana. De él aprendí ese humor profundo. La gente que no tolera el humor, no es gente con la que yo vaya a tratar. Me hiciste acordar de un texto que se llama Carta a mí mismo o frases como esta: «no me lloren, crezcan». Y es algo parecido a Himno de tu corazón: «la vida es un libro útil para aquel que puede comprender.» Estábamos pelotudeando, Miguelito tenía un espíritu hincha pelotas y, al final, quedó grabado.

“Muchas cosas las viví más estupefacto que contento. Soy un virginiano bastante frío, no llegué a pedir que me pellizquen. Quizás hice una mierda, pero estuve ahí”.

A la hora de encerrarte en un estudio, ¿cómo laburás?

Soy medio franela-dependiente. Sin amigos, no me divierto. Cuando tengo algo en la cabeza, trato de que se lleve adelante. Tiene que estar firmado por mí. Con esto quiero decir que a las ideas hay que respetarlas. Y claro, cada uno es una pieza fundamental en lo que estamos haciendo.

¿Te sorprendés de algo que hayas vivido?

Todo me pareció justo y necesario. Muchas cosas las viví más estupefacto que contento. Soy un virginiano bastante frío, no llegué a pedir que me pellizquen. Tengo la perspectiva y puedo decir que estuve ahí o allá. Quizás hice una mierda, pero estuve ahí. No cambio un fracaso mío por ningún gran éxito de Valeria (re)Lynch.

Luego de casi una hora de charla, Willy se tiene que ir a tocar. Nos abraza e invita a quedarnos en su show, merecedor de aplausos por mucha gente joven que está a la espera de una bocanada eterna de funk. Antes de irse, le hacemos una última pregunta.

¿Qué es lo que se viene?

Con 50 años, todo está por empezar. Tengo sexo a la antigua, con la polla tiesa. Y tengo músicos que son unos monstruos, unos buenos hombres que me acompañan.

***

Carolina Mercedes Calcagno es Comunicadora Social, egresada de la Universidad de Buenos Aires. Formó parte de varios programas radiales en FM de Buenos Aires y sus cuentos fueron seleccionados y premiados en diversos concursos literarios. En 2015 publicó el libro Tanguito…allá a los lejos puedes escuchar (Nuevos Tiempos). Actualmente escribe para el diario La Tercera, el periódico juvenil Yo soy La Morsa y el portal en línea Buenos Aires Eye.