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Trabajadores del mundo

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La recreación libre de Andrés Delgado desempolva una de las leyendas urbanas más estremecedoras de la Guerra Civil Española.

Fotografía: Película “El espinazo del diablo”

En 1937, como parte de la ayuda que le brindó Hitler a Franco para vencer al bando de los republicanos, socialistas y anarquistas durante la Guerra Civil Española, la temible aviación alemana denominada “Luftwaffe” bombardeó varias ciudades españolas.

Cuenta la leyenda urbana que en un pueblo de el País Vasco hubo una bomba que llegó a tierra pero nunca estalló. La bomba quedó incrustada en el medio de la plaza central del pequeño poblado. Los pobladores sorprendidos y asustados no se animaron a moverla, y mucho menos desarmarla. Allí permaneció años durante el gobierno de Franco como un símbolo aleccionador. Representaba la muerte, el poder del régimen y el castigo a quien se rebelara.
Una día de primavera, por la mañana, Julen se cansó del detalle del paisaje que arruinaba la plaza. Buscó herramientas, pidió ayuda que no encontró, y se decidió a desarmar y quitar el artefacto. Las primeras horas trabajó solo, ante la mirada lejana de sus coterráneos. Para el mediodía ya contaba con la ayuda de sus amigos, pues si de algo hay que morir, que sea junto a los amigos. Para la media tarde todo el pueblo estaba en la plaza, expectante y colaborando como pudiera.

Antes del anochecer la habían desarmado, subido a una carreta, y decidido que la iban a llevar al pueblo vecino, donde se encontraba la sede municipal de la región. Pero lo interesante de la historia fue lo que encontraron dentro de la ojiva, es decir, la punta o cabeza de la bomba; la parte que viaja del lado de abajo cuando una bomba es lanzada y posee el detonador. Allí, junto a cables y piezas de metal, hallaron un papel manuscrito que contenía solo unas pocas palabras. Pensaron que tal vez indicara el lugar donde fue hecha, sus componentes, o algunas instrucciones de uso, pero de todos modos despertó la curiosidad del pueblo.

Claramente no era en vasco, en castellano, ni en ingles. Era aparentemente alemán. En el pueblo, había una sola persona que podía llegar a descifrar la escritura: Mirentxu, quien de pequeña, por el trabajo de su padre había estado algunos años en Hamburgo. Mirentxu naturalmente estaba en la plaza. Fue solicitada y tomó el papel. Se tomó algunos segundos, que no fueron más de medio minuto. Ordenó en su mente las palabras, la gramática, y para cortar con el suspenso dijo mirando a todos sus vecinos (que al mismo tiempo la miraban en silencio): “Salud. De un obrero alemán que no mata trabajadores.”
Nadie se movió de la plaza las siguientes horas. Discutieron, hicieron conjeturas, e interpretaron de mil maneras el manuscrito.

Finalmente, antes de la media noche, por unanimidad el pueblo decidió que la bomba no se iría, incluso, volvería a su lugar. A partir de ese momento la bomba en la plaza comenzó a simbolizar la resistencia, el fin del miedo, y el poder de un pueblo con conciencia de clase. Todo ello como regalo de un obrero alemán que, en medio de la dictadura nazi, se jugó la piel, y dejó claro que ni el miedo, ni el régimen lo iban a poder hacer matar trabajadores.

¿Comenzó la tercera ola de violencia? Crónica desde La Candelaria

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En Venezuela la violencia no para. Desde allí, Marco Teruggi narra una nueva avanzada de la oposición armada.

Estamos ante los primeros movimientos de la tercera fase de violencia. La primera tuvo lugar desde inicios de abril al 20 de ese mes. Hasta esa fecha se trataba del cuadro clásico de guarimbas, similares al 2014: concentradas en el este de Caracas, con una poderosa arquitectura mediática, y un abanico de metodologías ya trágicamente conocido: bombas molotov, guayas, piedras, barricadas, armas cortas ocasionales.

“Del 20 de abril hasta la semana pasada el escenario cambió, ingresó a la segunda fase. El punto de quiebre fue el ataque en El Valle, que marcó la primera incursión violenta en las barriadas, encabezada por grupos armados”.

Del 20 de abril hasta la semana pasada el escenario cambió, ingresó a la segunda fase. El punto de quiebre fue el ataque en El Valle, que marcó la primera incursión violenta en las barriadas, encabezada por grupos armados. En los días posteriores comenzaron a darse controles temporales de territorios -de un día a una semana- y asaltos a cuarteles del ejército y estaciones de policía -en el estado Barinas fueron atacadas ocho estaciones en un día. Algunos puntos emblemáticos donde se desplegó esa táctica fueron Valencia, Barinas, Socopó, La Grita, San Antonio de los Altos, Los Teques, San Cristóbal. Esas semanas tuvieron como signo distintivo no solamente el despliegue del terror sobre el territorio -con el movimiento de los grupos de un punto a otro- y el despliegue paramilitar, sino también el aumento de muertos diarios. Se trató de una fase de prueba de las fuerzas propias, la capacidad de respuesta del gobierno, las fuerzas de seguridad, el chavismo. De eso sacaron balances, conclusiones, lecciones.

Esta semana comenzó la tercera fase. Su punto distintivo: el desplazamiento del frente de guerra hacia el oeste de Caracas, para acercarse y rodear Miraflores. El punto clave elegido fue La Candelaria, a unas diez cuadras del Palacio Presidencial, con un doble propósito. En primer lugar, simbólico: mostrar la cercanía al objetivo final, el asedio al poder central, para buscar un efecto moralizador luego de semanas de desgaste y de dificultad para masificar las movilizaciones. Desde las redes sociales se posicionó La Candelaria como ejemplo a multiplicar, como lo habían sido semanas antes las acciones en Táchira. En segundo lugar, militar, con el despliegue de grupos de combate cerca de Miraflores, a través de los cuales podrían intentarse acciones de mayor envergadura.

“Esta semana comenzó la tercera fase. Su punto distintivo: el desplazamiento del frente de guerra hacia el oeste de Caracas, para acercarse y rodear Miraflores”.

El sábado por la tarde/noche fue la tercera jornada consecutiva de avanzada: guarimbas en varios puntos entre la Plaza de La Candelaria y la Avenida Universidad, sobre un largo de unas tres cuadras. En cada foco un grupo de unas diez o más personas encapuchadas, con objetos/basura prendidos fuego, armas, un esquema para resistir, apoyo de una parte de los vecinos tanto como base movilizada en la calle -espectadores y a veces partícipes directos sumándose a las barricadas- como atacantes directos desde los edificios.

El sábado por la noche tuvo a su vez un elemento distintivo: al otro lado de las guarimbas, sobre la Avenida Universidad, se reunió un grupo numeroso de chavistas, compuesto por doñas, jóvenes, adultos, que fueron denominados en las redes y en las calles como “los de la Misión Vivienda”. El mensaje de quienes se reunieron era claro: no pasarán/con Maduro me resteo, y el objetivo era mostrar apoyo público, disposición a no dejar que La Candelaria se transforme en territorio guarimbero, frente de batalla en la avanzada de la derecha hacia Miraflores. Las respuestas desde los edificios fueron inmediatas: les lanzaron botellas, hielo, disparos. Las calles se transformaron en escenario de explosiones, humo, barricadas, detonaciones de armas de fuego.

Con el pasar de las horas y el despliegue de las fuerzas de seguridad del Estado, las barricadas fueron moviéndose de lugar, trasladándose al otro lado de la Avenida Urdaneta, siempre con apoyo activo de los edificios y tendencia en el Twitter.

¿Cómo deben enfrentar las fuerzas de seguridad del Estado a grupos armados irregulares?

“El sábado por la noche tuvo a su vez un elemento distintivo: al otro lado de las guarimbas, sobre la Avenida Universidad, se reunió un grupo numeroso de chavistas”.

La tercera fase de violencia, que busca generar varios focos como La Candelaria, cuenta además con otros elementos. Uno de ellos es la agudización del control de la información. El acceso a las movilizaciones de la derecha ha sido cerrado para los periodistas que no respondan a su estrategia. Lo han hecho saber de manera indirecta -con linchamientos a quienes sean sospechados de chavistas dentro de sus movilizaciones- como de manera directa, con el ataque con armas de fuego a periodistas el pasado lunes en la madrugada -donde resultó herida la reportera de Telesur. Quien cubra las actividades de la derecha y no sea afín a su política corre riesgo de muerte. Esto no solamente les permite manejar la totalidad de la matriz para las redes sociales y los medios internacionales, sino también construir escenarios políticos/mediáticos, como lo fue el de la muerte de Neomar Lander. El caso es paradigmático: transformaron en mártir a un joven de 17 años que murió por culpa de un mortero mal manipulado. Según la derecha fue asesinado por la Guardia Nacional. Su base social está convencida que así lo fue -como cree que cada muerte desde inicios de abril fue obra del gobierno.

Neomar cumple, como La Candelaria, un rol también simbólico: inocula más odio, rencor, deseo de muerte a todo chavista, al gobierno. Con el joven -acompañado de una campaña mediática que pareciera preparada de antemano- se profundiza la idea de que todo es válido, incluso necesario, para derrocar la “dictadura”.

Esas son algunas de las señales del despliegue de la fase tres. Se da luego de dos meses de ensayo de movimientos armados, fogueo contra las fuerzas de seguridad, preparación de los diferentes niveles de enfrentamiento callejero. Los indicios señalan que el cuadro irá en ascenso con un objetivo político: impedir la realización de la Asamblea Nacional Constituyente. Para eso cuentan con la dimensión legítima/jurídica, encabezada por la Fiscal General de la República, y con la violencia. Podría darse, dentro de ese plan, una espiral creciente a medida que pasen las semanas, para desembocar en una expansión y combinación de las formas de la violencia/terror en el país que impida -ese será el objetivo- la realización de las votaciones. O afecte directamente la votación, llevando a una baja participación que agravaría el cuadro de empate.

«El acceso a las movilizaciones de la derecha ha sido cerrado para los periodistas que no respondan a su estrategia”.

No es de sorprenderse entonces que en los próximos días se profundice el intento simbólico y militar de acercarse al Palacio de Miraflores, de desplazar los grupos de choque a los barrios populares de Caracas -como ya está pasando- junto con una reedición con más fuerza de las jornadas de violencia en el interior del país. Se trataría de una combinación de todas sus formas de lucha en una misma fase.

Las preguntas son: ¿de cuántos hombres y mujeres armados y entrenados disponen para llevar adelante las acciones? ¿qué capacidad de ataque conjunto tienen? Existe una dimensión clave de lo invisible, del rumor, de la especulación. Es una guerra que trabaja sobre lo psicológico y emotivo. Por eso la presencia de chavistas autoconvocados en la noche del sábado puede ser una buena señal: es la respuesta activa ante el intento de despliegue en el oeste caraqueño de sus grupos de choque. La derecha por su parte, aun con todo el arsenal comunicacional, no ha logrado el objetivo clave de sumar a los sectores populares a sus llamados políticos -ha conseguido, sí, su participación en algunas jornadas de saqueos, como en Barinas.

El cuadro es complejo. Estamos inmersos en una guerra de contornos borrosos, de fronteras que se deshacen. Comprenderla es una necesidad. Viene de frente.

El perro confía en su camino

El director Raúl Perrone habla de los caminos que lo convirtieron en uno de los grandes íconos del cine argentino independiente, y de Cínicos, su último estreno.

Foto de portada: marienbad.com.ar

A diferencia de los rodajes que venias haciendo, hay una vuelta de tuerca en Cínicos, tu última película. ¿En qué te inspiraste?

Venía haciendo un cine bastante experimental y me pareció interesante recuperar la palabra de una manera más coloquial que en los trabajos anteriores, que tenían un lenguaje cotidiano: quería que la gente creyera lo que estaba viendo. Es un regreso a la literatura, a Shakespeare y Pasolini, los autores que me gustan.

Para los que aún no vieron Cínicos, ¿con qué historia se van a encontrar?

Yo no puedo contar mis películas, no puedo escribir ni siquiera una sinopsis, porque son sensoriales, de climas, de situaciones, muy difíciles de explicar. Podría hablar de las pelis de otro tipo, pero no de las mías. Mejor que la gente vaya al cine y la descubra por sí misma.

¿Cuándo te vinculaste por primera vez con la idea de hacer cine?

Mis inicios fueron a los 16 años, acá en Ituzaingó, en la provincia de Buenos Aires. A la vuelta de este bar hay una casa de fotos; un día fui, entré y le dije al tipo: “Quiero hacer una película”.

¿Contabas con aliados en ese nuevo rol de director?

Éramos un grupo de pibes. Yo tenía muchas ideas y también esa cosa de líder, de juntarme con la gente y llevarlos a donde quería. Hicimos un corto que se llamó El cumpleaños de Juan. Había que esperar cuatro o cinco meses porque se mandaba el material a revelar afuera y el sonido se hacía con un grabador aparte. Era una cosa infernal. Después me enteré de un lugar llamado Uncipar, todavía existe, donde se juntaban cineastas de espacios reducidos. La presenté ahí y la película ganó.

“Cínicos” es un regreso a la literatura, a Shakespeare y Pasolini, los autores que me gustan».
Con el tiempo se encontraron tus dos pasiones, el cine y el dibujo. ¿Cómo decidiste el camino a seguir?

Filmar era algo que hacía cada tanto, me gustaba mucho; luego me dediqué de lleno al dibujo. Tuve familia cuando era muy joven y volví a rodar en el 88, cuando salió el VHS. Entonces alternaba mi laburo de dibujante con el de cineasta. Hice varias cosas y empezaron a seguirme muchos pibes —treinta, cuarenta, cien— hasta que filmé Labios de Churrasco (1994) y ahí explotó. La pasamos en el cine Lorca, alquilé el lugar y fueron 700 personas que no sé cómo se enteraron. Tuvieron que repetirla dos veces. A partir de ese momento, salieron notas diciendo que existía un cine posible, un cine en VHS.

¿Cómo ibas al cine cuando eras chico?

Andaba con un amigo y nos pasábamos de un cine a otro. Ir a la capital era un programa de todo el día. Me gustaban Fellini, Pasolini, me atraía más lo raro. En esa época estaba Terremoto, que era algo como El señor de los Anillos, pero a mí no me llamaba la atención. Buscaba películas de autores que había leído y me parecían más interesantes, aunque no tenía la posibilidad de volver a verlas. Eran los años setenta.

¿Qué sucedía con el cine tradicional? ¿Cómo era trabajar en un circulo distinto al establecido?

El cine tradicional me producía rechazo. Siempre tuve una cierta rebeldía, la de ser políticamente incorrecto. No me gusta nada que tenga que ver con lo comercial, en cualquier nivel: en ese momento estaban de moda los vaqueros Wrangler, entonces yo usaba Far West. No me gusta seguir la manada sino más bien tener mis propias cosas y sacar mis propias conclusiones de acuerdo a lo que veo. Eso te va formando, aparte de leer y mirar muchas películas. Los pibes de ahora están en una época gloriosa, pero creo que no se dan cuenta; sí se dan cuenta los tipos como yo, a los que les costó mucho y que no tenían la posibilidad de andar con un celular. Había que bancar cinco meses un rollo de cuatro minutos; lo esperábamos y esperábamos y había toda una emoción en esa espera. Ahora todo es mucho más fácil.

¿Te parece que es cada vez es más grande la diferencia entre aquellos que hacen películas con dinero y aquellos que cuentan solo con ideas?

La diferencia está en que hagas algo bueno o algo malo. No tiene que ver con la guita. Por supuesto que va a ser más fácil hacer una buena película con dinero, porque tenés más elementos y si te equivocas la volvés a hacer. Pero lo que marca la diferencia es el talento. Hoy en día se puede hacer un material muy bueno a bajo costo, que puede recorrer el mundo; lo confirmo desde mi experiencia personal. Luego, hay que ver que tenés en la cabeza y cómo lo contás, pero no tiene que ver con la guita.

“El cine tradicional me producía rechazo. Siempre tuve una cierta rebeldía, la de ser políticamente incorrecto. No me gusta nada que tenga que ver con lo comercial, en cualquier nivel”.
¿Cuál es la diferencia entre una buena película y otra que no lo es?

Una película te tiene que gustar. Es como una mujer: uno no sabe por qué le gusta. Tampoco hay que buscarle una explicación: te pegó o no te pegó, después vas a pensar en todo lo que viene.

¿Cómo es ser anti-comercial, independiente o autogestivo y a su vez vender tu trabajo?

Lo que hice en este tiempo fue tener mucha paciencia, pasión y no buscar crédito por mi laburo, por más que todo el mundo te diga: “¡Sí, hay que ganar!”. Son versos de chantas que más que hacer cosas buscan plata. Hoy tengo un prestigio que me permite vivir, sino no podría tener un taller gratis en la municipalidad. Y a pesar de las muchas oportunidades, elijo quedarme en Buenos Aires. Es una filosofía de vida: me permite hacer cosas a la manera que las vengo haciendo. Nadie me va a cambiar, no hay plata que pueda comprarme; no tengo ni me interesa la guita.

elcactus.com.ar

Pusiste a actuar a varios músicos. ¿Te parece que dan más como actores?

Me interesaba verlos actuar, por distintas razones. Por ejemplo, Dárgelos, de Babasónicos, me parecía que tenía una buena cara. Cuando laburé con Piero, le peiné los rulos y le puse una barba. Él me decía: “¿Para qué me llamaste?”. Justamente para que no haga de Piero. Lo mismo con Iván Noble de Los Caballeros de la Quema, que hizo un personaje alucinante en Peluca y Marisita (2001). He trabajado con Andrés Calamaro, Charly García, el querido Adrián Otero, Stuka, Los Violadores, con un montón de gente que no tenía espacio en el cine durante los años noventa y que después fue absorbida por la TV. Aunque eran músicos, no me sentí condicionado a usar sus canciones. Sobre todo me interesaba verlos en la faceta de actor, sacarlos un poco de su categoría de estrellas del rock.

¿Te hubiese gustado ser músico?

Si hubiese sido artista, hubiera hecho música de garaje, no grabaría en un estudio. No soy un melómano pero escucho bastante música, últimamente un poco menos porque me distrae. Tampoco veo mucha TV. Todo el día edito y pienso en las cosas que hago, pero me gusta Tom Waits, Patti Smith, John Waite. Son gente que me inspira y me hubiera gustado tener diez minutos sentada en una mesa para filmarla.

¿Te podes abstraer del lugar de director cuando ves una película?

No, jamás, ya no puedo. No puedo ver películas solo porque me distraigo. A veces prendo el proyector, me pongo a pensar en lo que estoy haciendo, lo apago y empiezo a editar. La manera de verlas es con gente: llamo a un grupito y como anfitrión no puedo rajar.

“…a pesar de las muchas oportunidades, elijo quedarme en Buenos Aires. Es una filosofía de vida: me permite hacer cosas a la manera que las vengo haciendo”.
¿Qué opinión tenés del cine nacional?

No lo considero porque no lo veo. Quizás leo alguna cosa, pero no me interesa demasiado lo que se está haciendo. Estoy más preocupado por hacer lo mío en vez de mirar lo que hacen los demás. Por ahí miro algo de los años veinte o treinta. El cine nuevo me aburre profundamente: no hay ideas, hay repetición de imágenes. Es como la música; son todos iguales.

¿Falta creatividad?

Exacto. Creen que está muy bien registrar el sonido ambiente, pero también estaría bueno cambiar un poco. Poca gente pone en práctica el pensar, porque lleva tiempo. Si la gente pensara más las cosas que hace y dice, habría menos quilombos. Cuando la película es de arte, la gente se aburre: no quiere terminar de verla porque la lleva a un lugar donde no quiere estar, porque no quiere pensar. No digo que estén en extinción, pero tanto el pensamiento como las ideas cada vez se aplican menos.

¿Cómo es una jornada de trabajo?

No tengo jornadas agotadoras de 14 horas. Llevo mucho oficio aprendido así que no hago cuatro tomas; me aburro, no tiene sentido, después no sabes cuál elegir. Hay mucha gente que lo hace por insegura. Yo hago una toma y no la repito, salvo que haya un problema técnico. Cuando alguien me dice: “Mira, Perro, vamos de nuevo, no estuve bien”, hago que prendo la cámara pero no filmo y después de cuatro meses se lo muestro. Nunca están seguros los actores, ni los cámara, entonces piden más. Pero cuando vos tenés tranquilidad, no tienen que ser buenos ni malos: está en tu seguridad.

“Lo mejor que pasa en mis rodajes es que ninguno sabe lo que está haciendo. Es maravilloso: nunca saben lo que van a filmar. No le doy un guion, les digo: “Tienen que hacer esto”.
Entonces, ¿la improvisación es tu técnica principal?

Siempre creí que filmar era como usar una polaroid: no había manera de repetir, si te equivocabas en el encuadre te perdías la foto. Yo no quiero perder mi tiempo ni el del otro. En el taller cada uno tiene que respetar el rol del otro: vos escribís, vos filmas, vos actúas. Hay algo que está muy aceitado que me permite ser así. Llega un momento en que ya filmé dos horas y me quiero ir a mi casa para ver lo que filmé. Entonces veo que hicimos 50 minutos de los cuales quedan 40, y me doy cuenta que tengo una película en dos días. Obviamente son horas en las que soy exigente y rápido. Ya no me enojo porque estoy grande; antes me enojaba y me iba. Ahora tengo una cierta calma y más paciencia.

¿Y cómo guías a los actores?

Lo mejor que pasa en mis rodajes es que ninguno sabe lo que está haciendo. Es maravilloso: nunca saben lo que van a filmar. No le doy un guion, les digo: “Tienen que hacer esto”. Quizás preguntan y se entregan, pero nunca tienen una idea entera, es un confiar plenamente. Con el tiempo, aprendí que la gente viene a laburar sin saber lo que está haciendo. Yo si sé lo que estoy haciendo.

¿Habrá un día en qué digas: “Ya me canse”?

No creo. Yo soy como un adolescente: para mí hacer cine, es como respirar, como vivir. El día que me aburra, que sea repetitivo o ya no me divierta, ese día dejaré de filmar. Pero me parece muy lejano. Es una mujer a la cual hay que enamorar todo el tiempo y a la que no quiero traicionar: la banco y le sigo haciendo cosas para no hacer otras. Para mí, las imágenes pueden mucho.

Lesbiana, pobre, presa

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El 17 de mayo se realizó una manifestación por Analía “Higui” De Jesús. Juan Fontana estuvo ahí y escribió esta crónica.

Foto de portada: Agustina Zeballos

“¡Oíd patriarcas el grito lanzado!”, exclamaron cuatro muchachas dando un paso al frente, con los ojos grandes y toda la fuerza que sus gargantas y pulmones les permitían. Habían desarticulado la formación en línea para sorprender a las sesenta personas que aguantaban el acto hasta el final. Era el punto cúlmine de una manifestación en contra de un sistema machista, que encarceló a Analía “Higui” De Jesús por ser “una lesbiana pobre que se resistió a una violación”. Ese miércoles 17 de mayo fueron las mujeres quienes le dieron la espalda a un Congreso de la Nación que las ignoraba.

“¡Libertad, libertad, libertad!”, las chicas del Teatro Popular Miguelitos continuaron con fiereza y los puños levantados la entonación de su propia versión del himno. Ese grito de guerra había nacido en el último Encuentro Nacional de Mujeres, celebrado en Rosario en octubre del año pasado. Apenas unos días más tarde, el 16 del mismo mes, Higui era detenida. Ensangrentada, llena de moretones y con la ropa desgarrada, fue acusada de homicidio.

“Higui sigue en prisión preventiva a la espera del juicio. Según informó su hermana, Azucena Diaz, le negaron la excarcelación en varias oportunidades. Mientras tanto, los agresores están libres”.
Aquel día de la madre, Analía fue a visitar a su familia al barrio Mariló, en San Miguel, pleno conurbano bonaerense. Por seguridad, llevaba consigo un cuchillo apretado al pecho. Conocía demasiado esas calles y sabía que no era bien recibida. Un tiempo antes, había tenido que vender su terreno en la zona y mudarse debido a la violencia constante que sufría: le gritaban cosas, la apedreaban y hasta le quemaron la casa solo por ser lesbiana, por no encajar en actitud y vestimenta con los parámetros heteronormativos que rigen la sociedad.

Tras pasar por la casa de una pareja amiga, fue abordada y golpeada por varios hombres. Uno se le abalanzó e intentó violarla; ella lo apuñaló en el tórax, causando su muerte. Siete meses después, Analía sigue en prisión preventiva a la espera del juicio. Según informó su hermana, Azucena Diaz, le negaron la excarcelación en varias oportunidades. Mientras tanto, los agresores están libres.

“¡Las mujeres unidas del sur, ni juramos ni con gloria morir, insistimos la lucha seguir, insistimos la lucha seguir!”, terminó la presentación. Entonces la primera actriz pasó al frente y comenzó un monólogo: organizarse y luchar para no morir; no caer presas por abrazarse a la supervivencia. El mensaje fue claro y la obra recibió un animado aplauso. El reloj marcaba más de las nueve; la poca gente que quedaba, el aire tranquilo y cansado, y la oscuridad taciturna de una noche de semana en la ciudad contrastaban con la algarabía, el ruido y los colores que habían protagonizado la tarde.

La concentración comenzó a eso de las cinco. Se instalaron dos parlantes, una consola y un micrófono delante de la parada de colectivos, frente al Congreso. Poco a poco, la gente se fue acercando. Puestos de artesanos, vendedores de pan relleno, parrillas y hombres con hieleras ofrecían bebidas. Se podía sentir el clima de protesta que los transeúntes habituales acostumbran a pasar de largo con apuro.

A medida que las distintas organizaciones fueron llegando, sin embargo, quedó claro que esta era una ocasión distinta. Los peatones, no familiarizados con lo que veían, ralentizaban apenas la marcha y miraban curiosos el escenario. Por un lado, el Congreso majestuoso, gris, serio, enrejado, solemne y viril, rodeado de edificios igual de claros y señoriales. Por el otro, carteles arcoíris, pelucas brillantes, crestas de todos los colores, mujeres de ropa deportiva holgada, hombres con vestido. Y mucha, mucha alegría.

Entre tantas otras, Damarys, de 26 años, colgaba su bandera. Es militante del Frente de Organizaciones en Lucha y forma parte de “Tortas de Barrio”, un espacio que se encarga de denunciar no solo la violencia de género que sufren las mujeres, sino también las agresiones y problemáticas de las que son víctimas las lesbianas de las clases populares.

“Ser lesbiana y pobre parece ser una especie de osadía: además de sufrir bullying puertas afuera, también son expulsadas de sus hogares por el que dirán y les cuesta muchísimo acceder al mercado laboral o a una educación de calidad”.
“En los barrios precarios es muy común que los machos dominen el territorio. Ellos se juntan en la esquina, piropean a las mujeres, les dicen groserías. Cuando aparecés, y más si sos una torta visible, una torta chonga, no les cae bien y se sienten amenazados”, explicó. Ser lesbiana y pobre parece ser una especie de osadía: además de sufrir bullying puertas afuera, también son expulsadas de sus hogares por el que dirán y les cuesta muchísimo acceder al mercado laboral o a una educación de calidad.

Promediando la jornada, las 500 personas de la plaza se repartían en dos grandes grupos. De un lado, muchos jugaban al fútbol y acompañaban a una batucada de chicas que hacía sonar los tambores al ritmo de consignas como “¡Dale a tu cuerpo alegría tortillera!”. Del otro, en el acto principal, una maestra de ceremonias sabía perfectamente cómo levantar los ánimos del público.

Era la activista del movimiento trans Alma Fernández, que recién llegada de un congreso de Derechos Humanos en Perú decidió organizar la protesta junto a la familia de De Jesús para apoyar la lucha de sus compañeras por la vida y la igualdad. Fernández sabe muy bien lo que es luchar para no morir. A los 13 años llegó desde Tucumán para prostituirse: la única alternativa que un Estado patriarcal, discriminador y machista le dejó para sobrevivir.

“¡A Higui la sacamos entre todas!”, gritó Alma y los concurrentes se fundieron en un solo grito, levantando el puño por enésima vez.

Otro 17 de mayo, pero en 1990, la Organización Mundial de la Salud eliminó a la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales. La lucha llevó décadas, pero finalmente los organismos internacionales comenzaron a reconocer el derecho de sus ciudadanos a la diversidad sexual. Veintisiete años después, les manifestantes pelean para que la sociedad y los gobiernos reconozcan su legítimo derecho a vivir y defenderse. Esperemos que no se demoren veintisiete años más.

Porno Jones

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Política, estética y filosofía en una entrevista con el director porno César Jones.

Tetas, pijas, conchas y culos que se revuelcan, transpiran, gimen y luego acaban; a primera vista el porno pareciera ser solo eso. Pero es cine: hay puesta en escena, actores, cámaras, maquillaje, guión, pre y postproducción, y detrás —en las penumbras— alguien que craneó cómo ordenar todo ese despelote.

César Jones tiene 45 años y es uno de los directores fuertes del porno argentino.

Nos cita en su departamento de La Plata pero el calor de enero traslada la entrevista a la YPF de la esquina, bendecida con aire acondicionado. Jones usa toppers rojas, lentes de sol que no se quitará jamás y un buzo de puños deshilachados poco compatible con el clima atroz.

El platense es un bicho exótico. Víctor Maytland, patriarca del garche nacional frente a las cámaras, supo llamarlo con fina ironía “el Lars von Trier del porno argentino”. Pero el señalado es más humilde: dice ser un superviviente que filma contra viento y marea porque ama lo que hace. Son épocas duras si tu vocación es filmar gente cogiendo:

El porno me mantiene, pero si compro una caja más de arroz integral se me desequilibra el presupuesto del mes— dice Jones y toma un trago de sprite zero.

“En abril la rueda dará un nuevo fruto, Faktor Fellatio. Cuando Jones habla de su próximo retoño se pone infinitamente pegajoso: “Me está explotando la cabeza y es un cambio radical respecto a todo lo que hice hasta al momento”.

Con unas manos prolijas y adolescentes que no cesan de explicar, el director usa las mismas palabras que un profesor de filosofía de la estética: algunas hay que buscarlas en el diccionario. Cuando Jones libera su voz viscosa, apenas unos segundos separan a Nietzsche y a Foucault de un suculento par de tetas —y al nombrarlas dice “pechos”.

En Argentina, el cine triple equis se institucionalizó con la vuelta de la democracia y tuvo su primavera durante los primeros años del 2000, de la mano del DVD. Florecieron películas, actores y productores pero el cortoplacismo y la falta de calidad impidieron que esa protoindustria se adaptara al desafío Internet: tiempos en que la gente anhela tocarse gratis y rápido, tiempos en que las productoras no se animan a arriesgar demasiado. Entonces, para contar los realizadores argentinos activos sobran los dedos de una mano.

El porno del capitalismo actual es un territorio hiperclasificado: basta entrar a cualquier web cochina para encontrar al placer dividido en asiática, interracial, lésbico, amateur, gay, anal, sado, orgía, latina y loqueustedquiera. La abundancia de la escena suelta diluye por completo la noción de autor. Se filma al ritmo con el que un parrillero de la Costanera saca choripanes un domingo al mediodía: si el chori calma el hambre, ¿qué importa quién cocina?

Jones no condena el estado de la cuestión pero elige ir a contracorriente. Aunque asegura que su obra se nutre de una contemporaneidad rabiosa, reivindica la época clásica: allá, a comienzos de los setenta, cuando Gerard Damiano estrenaba El Diablo en la señorita Jones (“la mejor película porno que se haya filmado al día de hoy”) y los controvertidos hermanos Mitchell parían Detrás de la puerta verde. Una película le lleva más o menos un año de trabajo porque el platense es obsesivo y supervisa cada instancia al milímetro. Luego las distribuye en la red mediante pay per view: las 17 que tiene hoy en cartelera alcanzan para sobrevivir y para que “siga girando la rueda de la producción”.

En abril la rueda dará un nuevo fruto, Faktor Fellatio. Cuando Jones habla de su próximo retoño se pone infinitamente pegajoso: “Me está explotando la cabeza y es un cambio radical respecto a todo lo que hice hasta al momento”. Amaga detalles: treinta actores en pantalla —dos no humanos—, mucho sexo al aire libre y en lugares públicos, escenarios y actores internacionales. Y la frutilla:

Prácticas sexuales que no vi nunca antes en mi vida.

Una morocha camina por el bosque con la inocencia de Alicia en el País. Viste un impermeable rojo furioso, calzas y guantes negros, y una máscara de zorra le cubre la mitad superior del rostro. Curiosea: un bicho bolita, los árboles, el cielo. La música flota suave y se intersecta con el sonido de los insectos. De pronto, encuentra una tele vieja sobre un tronco caído: pasan un documental sobre la extinción. Se acerca y toca la pantalla.

Ahora la morocha está acostada de lado en la cama de un departamento mientras lee Las venas abiertas de América Latina. Sigue zorra, pero una pollerita rosa y la complicidad de la cámara muestran el lugar exacto donde terminan sus piernas. Suena el timbre: es un tipo de traje que viene a cobrar las expensas. Se observan un rato y la música vuelve a flotar. Ella se saca el chicle de la boca y se lo refriega a él por los labios. Dentro de un rato estará sentada en una silla con las piernas abiertas lamiendo una colorida paleta de chupetín mientras el agente inmobiliario, de pie, le lame a ella el cuerpo y sumerge la mano en las profundidades de su bombacha.

Pareciera la perogrullada escena del delivery, y sin embargo hay algo más. Es que Jones crea climas hiperdensos: en sus películas no solo se coge, no siempre se acaba; a veces solo se juega un rato mientras todo parece a punto de estallar. Hay algo de realismo mágico allí, que el director se apresura a clasificar de no costumbrista: una serie de ambigüedades, una angustia latente acerca del mundo jamás del todo aclarada. Una máscara misteriosa, una regla cultural que no es, una escena que el mainstream desecharía por dramática e innecesaria. Ese marco provoca incomodidad en el espectador; pero cómo calienta.

Las ideas para el guión vienen de cualquier lado. “El disparador de Zorra, al norte del placer fue un programa en Canal A que trataba sobre los mitos, conducido por el hoy denostado Alejandro Rozitchner. Una vez abordaron el tema de la máscara, desde el teatro griego hasta las representaciones paganas y demás. Ahí ocurrió la asociación: la máscara, el juego de acepciones de la palabra zorra, que puede ser insultante pero en la película tiene que ver con una complicidad concupiscente entre hombre y mujer”.

¿Los actores también se calientan o solo fingen?

Hay de todo: varía de producción a producción, de actor a actor, de actriz a actriz. Son distintas formas de encararlo: ni mejores ni peores. Me ha pasado que se terminó una escena y los actores decidieron seguir. Hay atracciones que continuaron allende el rodaje, en sus vidas privadas, y otras que empezaron afuera y se volcaron en un set, porque la fantasía los llevó a ese lugar.

“Me ha pasado que se terminó una escena y los actores decidieron seguir. Hay atracciones que continuaron allende el rodaje, en sus vidas privadas, y otras que empezaron afuera y se volcaron en un set, porque la fantasía los llevó a ese lugar”.

La clave, en cualquier caso, está en otro lado. “Poco importa que hurguemos en esos pliegues. En un hecho representacional el punto es que la representación sea eficaz”, jura el director.

Y sus películas son eficaces. El fetiche de mezclar profesionales y novatos suma eficacia y lo aleja de esos “mundos marginales a los que el porno está asociado”. En la lujuria conviven un pibe de veinte, un actriz de trayectoria, un tipo de sesenta, una periodista, un estudiante de antropología. Son personajes que se cruzan en el cotidiano: sin plástico, sin uñas talladas, sin abuso de duck face. Gente garchando con las mismas ganas con las que en este momento lo hace la buena hija del vecino. O al menos eso pareciera.

Jones selecciona margaritas como un gourmet sexual: “Las escenas surgen de la colisión feliz de mi imaginario con lo que me provocan los actores y las actrices de los que dispongo: ellos también disparan mis fantasías. A veces utilizo esa técnica de manera radical y me embarco en un casting sin saber qué voy a filmar. Las caras nuevas las vampirizo, me lleno de energía con ellas”.

Los curiosos lo contactan por su web, por las redes sociales o a través de algún colega, pero son pocos los que llegan al set. El casting es largo e incluye varios encuentros en los que el director explica detalladamente su método de trabajo y escucha fantasías, deseos y gustos. Los años de oficio le afinaron la puntería, dice, y en Faktor Fellatio no hubo “ni una performance fallida, porque todo se filmó con un nivel de libido muy alto”.

El platense filmó su primera obra, Las fantasías de Sr… Vivace (2001), mientras aún cursaba Comunicación Audiovisual en la Facultad de Bellas Artes. Quiso suplir su falta de experiencia con sobreproducción y para una escena en la que participaban dos actores buscó cuatro reemplazos. El día del rodaje, titulares y suplentes se esfumaron de la faz de la tierra como por arte de magia. Jones se ocupó personalmente del imprevisto y ese día debutó dos veces: como director y como actor.

La anécdota alimenta la leyenda de que quien filma porno vive enfiestado. Jones jura que no, que fue su única actuación, que se la pasa recluido en su casa, que se divierte de un modo “mucho más convencional” y que pasan años sin que tenga relaciones. Quizás dice la verdad: entre su pasión por el té, el arroz integral y la clausura tibetana, si el tipo no fuese un director porno bien podría ser un monje zen.

En una vieja entrevista, César Jones juraba que la excitación era el medio para un fin mayor: generar ecos en otras instancias de la vida sexual. Ahora toma otro trago de sprite zero y se sonríe al recordar aquel pornógrafo novato: “Era un gesto culposo por no poder entregarme al placer, como si el placer fuera poca cosa. Hoy pienso exactamente al revés: el porno no es una búsqueda de deseo sino un concretador de placeres. Muchas veces me han dicho en forma despectiva: ‘Vos hacés películas para que la gente se pajee’. ¿Eso te parece poco? El mundo de las relaciones sexuales, ¿te parece poco para explorar?”.

Los límites para la exploración son precisos. “Uno básico es no dañar a un otro cuando se está filmando, siempre en un contexto de libertad de decisiones. Hoy, que tanto discurso afiebrado quiere homologar la representación pornográfica con la trata de personas. Otro, y no porque es ley sino por una visión ética del mundo, es que jamás trabajaría con menores de edad”. Luego vuelve a la filosofía: “La noción que me rige es la del cuidado del otro de Todorov, es decir el trabajo con pares en un ámbito de libertad y consentimiento mutuo. Tan sencillo como eso”.

Durante su paso por la universidad, el director filmó algunos cortos y medios no relacionados con el porno y también colaboró en la posproducción de algunos largometrajes. Pero asegura que no le interesa trabajar con otros géneros porque en el suyo encontró “un territorio vasto, de infinitas libertades, un lenguaje maleable y susceptible de mutaciones y descubrimientos”. Es decir: encontró arte.

En retrospectiva me di cuenta que en los últimos cortos que hice para la facultad, sin poner en escena tramas que tuvieran que ver con lo erótico, eso ya se respiraba. Estaba utilizando los recursos del cine a la manera porno: la forma de recorrer los cuerpos, la puesta de cámara, la forma de usar el sonido, el montaje. Estaba haciendo porno sin el porno. Hasta que finalmente los dos caminos bifurcados se unieron.

“Estuve en pareja durante dos años con una realizadora española de posporno y una de las cosas que me cautivó fue ver su material y notar que iba por otro lado: que nadie me quería hacer creer que meter una cabeza de cerdo por una vagina sangrante me iba a hacer políticamente más libre”.

¿Queda en el porno algún espacio para lo político?

En los setenta lo veías de un modo muy claro. Se han tratado temas como la institución de la familia, el matrimonio, las libertades sexuales, las sexualidades divergentes. En mi caso, la premisa para hacer cine es autenticidad sin concesiones: poner arriba de la mesa también aquello que me espanta de mí mismo. Eso incluye al mundo que me rodea y esa es una operación decididamente política. Pero no vas a encontrar una denuncia social, bajada de línea o postura político-partidaria.

Para muchos, el rol transgresor hoy lo cumple el posporno. Según Jones, ese género no se ocupa de lo político dentro de la obra sino que hace política con la obra. Y toma distancia: “El posporno concibe al cuerpo como herramienta y al campo representacional como una posibilidad de escucha política, pero me parece que entender al cuerpo como una herramienta desdoblada es alienante. Pensar al porno como una forma exclusivamente política, olvidando su condición de dispositivo de placer, lleva a la obturación de todo posible erotismo. El posporno fracasa como dispositivo erótico pero no le importa fracasar. A mí, como espectador, me desinteresa completamente”.

Pero hay una crítica a cierta reificación que abunda en el porno mainstream. El énfasis en la genitalidad y los estereotipos de género, por ejemplo.

No lo veo así. En el territorio del porno hay una franja de gente, de prácticas, de deseos, de efectos y de afectos que no están representados, un espacio vacante que el posporno se ocupó de tomar. Pero disiento de la jerga: el discurso heteronormatividad, sociedad patriarcal, capitalismo, etc. El porno tiene una mirada flagrantemente masculina porque el 99% de las personas que está detrás de cámara son hombres. Equiparar esa mirada masculina a una mirada misógina o machista y, mucho peor, enlazarla con desgracias como la violencia de género o la trata es tener la lente muy distorsionada.

¿No rescatás nada entonces del posporno?

He conocido realizadores que se apartan del dogmatismo y aprovechan al género como un campo de libertades. Estuve en pareja durante dos años con una realizadora española de posporno y una de las cosas que me cautivó fue ver su material y notar que iba por otro lado: que nadie me señalaba con el dedo ni me quería hacer creer que meter una cabeza de cerdo por una vagina sangrante me iba a hacer políticamente más libre. A contrario sensu de ese tipo de dislates aparece lo mejor del posporno.

En la tierra del Boca-River, el cine triple equis también tuvo su rivalidad: cuando Maytland (Las tortugas mutantes pinja, Los pinjapiedras, Secuestro Exxxpress, entre tantas otras) lo llamaba Lars von Trier, Jones le respondía con un Gerardo Sofovich. El platense ahora se ríe de sus épocas de mozalbete ácido: jura que era una disputa dialéctica con momentos picantes, pero que nunca jamás incluyó un agravio personal.

Por eso cuando nos conocimos en persona nos quedamos tomando tragos hasta las cuatro de la mañana en un bar, muriéndonos de la risa y contándonos anécdotas. Hoy en día lo considero un amigo y tengo una gran relación con él. No hay puntos de coincidencia en nuestras obras, pero nos une la perseverancia y el amor por el género. Y también la pasión por el cine.

“Subsidiar al porno es una forma de disciplinarlo”.

Para Jones, Maytland es el fundador del porno como práctica legal y autorizada en el país, “el primer tipo que, dando un paso atrás del otro, puso pies en el territorio”. Y hoy, más que nunca, es una época para unir esfuerzos:

A ambos se les escucha decir: “No sé si llego a cerrar esta película”.

Hubo pocos momentos de holgura económica. De distintas formas, los dos estamos comprometidos con el oficio. Si no ya nos hubiéramos marchado a hacer otra cosa.

Maytland decía algo gracioso: el porno no recibe subsidios. Todos los directores de cine reciben subsidios menos ustedes.

Eso lo hace más dificultoso, pero yo lo celebro. Y espero que el día de mañana ningún progresismo falopa quiera hacerlo. Subsidiar al porno es una forma de disciplinarlo. Es un género que por definición debe tensionar con las morales dominantes. Subsidiándolo lo deserotizás. No es como subsidiar una película de Lisandro Alonso, ¿viste? Es otra cosa.

Infierno encantador

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La misa ricotera en Olavarría terminó muy mal. Los grandes medios desinformaron y los responsables se desentendieron. Germán Batalla estuvo ahí y aporta su mirada para entender qué fue lo que pasó.

El sábado fui a ver al Indio. Por primera y última vez. Fui motivado por una curiosidad sociológica. Eso les respondía a quienes me preguntaban por qué iba. Yo no soy fan de Patricio Rey, mucho menos del Indio Solari, no conozco de memoria sus temas, ni siquiera sé el nombre de sus discos.

Fui porque me interesa la música, sobre todo la música en vivo y el mundo que la rodea. Lamentablemente, en este caso, la música dejó de ser lo más importante.

En primer lugar, causa vergüenza e impotencia la distancia abismal entre las coberturas informativas masivas y la realidad de lo sucedido. Todas las notas sobre el tema tienen algo falso o incompleto. El caso extremo fue el de la agencia oficial Télam (no mandó enviados a Olavarría porque no paga viáticos) que a la una de la mañana del domingo informó que había diez muertos, utilizando publicaciones de redes sociales como fuentes.

“…causa vergüenza e impotencia la distancia abismal entre las coberturas informativas masivas y la realidad de lo sucedido. Todas las notas sobre el tema tienen algo falso o incompleto”.

En segundo lugar, resulta inaceptable que una persona pueda morir por ir a un recital. Si esa posibilidad existe es porque existen también una serie de eventos previos que crean las condiciones. Esa serie de eventos previos ocasionó que la ciudad de Olavarría (a esta altura, cualquier ciudad donde se hubiera hecho el recital) estuviera desbordada. Y lo que es aún más grave: sin capacidad de respuesta ante cualquier emergencia o eventualidad.

En su penúltima entrevista, el Indio dijo: “Mi público no acepta el sold out”. Eso significa que en sus recitales las entradas no se acaban, que todo aquel que concurriese podría entrar, con o sin ticket. Controlar quién tenía entrada y quién no fue impracticable: en una marcha sostenida durante las horas previas al inicio del show, dos columnas de gente colmaban de lado a lado cada una de las calles de acceso.

No es casual que al ritual se le llame misa: es lo más parecido a una de las procesiones que los lujanenses estamos muy acostumbrados a recibir en nuestra ciudad. La diferencia es que a la misa ricotera la mitad de los participantes (en esta ocasión cerca de cien mil personas) llegan al menos un día antes, se instalan donde pueden, escuchan música, bailan, hacen asado y toman cerveza y fernet sin límites.

Sorpresivamente para los prejuiciosos, el espíritu de comunión es tal que, aunque muchas personas se encuentran bajo los profundos efectos del alcohol, no ocurre ningún tipo de disturbio, ni peleas, ni destrozos, ni siquiera una discusión. El nivel de armonía entre los participantes es envidiable.

Con los hechos consumados y dos muertos más que se suman a la trágica historia de las presentaciones en vivo del Indio Solari y del rock argentino en general, queda claro que resulta muy difícil para una pequeña productora organizar cómo corresponde eventos de semejante magnitud.

Entre otras falencias graves: las instalaciones no eran las apropiadas, el personal de control y seguridad era escaso, el acceso al predio no era adecuado para el caudal de personas y no había indicaciones ni señalización suficientes.

“Es por este carácter popular que los medios se ensañan en instalar la idea de que no es posible encontrarnos a disfrutar masivamente. Intentan convencernos de que no sabemos cuidarnos entre nosotros”.

La misa ricotera es (o era) sin lugar a dudas el último evento masivo puramente popular que le queda (quedaba) al rock argentino. La desidia generalizada de la productora y del Estado no es casual. Como todo en este mundo, las condiciones adecuadas de bienestar, previsibilidad y seguridad solo están garantizadas para quienes puedan pagarlas.

Es por este carácter popular que los medios se ensañan en instalar la idea de que no es posible encontrarnos a disfrutar masivamente. Intentan convencernos de que no sabemos cuidarnos entre nosotros. No toleran que cientos de miles de jóvenes y laburantes, provenientes en general de las clases populares, convivamos en armonía. Y cuando pasa algo lamentable, se utiliza para demonizar todo lo sucedido.

Lo anterior no implica que no haya responsables. Todos los que estuvimos en decenas de recitales masivos de rock sabemos que hay que estar preparados para mantenerse adelante. Pero ninguno de nosotros estuvo jamás en esa situación junto a otras 300 mil personas. En esas condiciones es muy difícil que no ocurra lo que ya todos conocemos.

Supongo que esta fue la última presentación en vivo de Carlos Alberto Solari. Pero no porque él lo haya decidido sino porque otra vez nos obligaron a pisar el límite de lo tolerable para comprender que las cosas no pueden hacerse así sin que haya consecuencias trágicas. Llegar a esta conclusión es muy triste.

Escribo esto con lágrimas en los ojos. Las mismas lágrimas que tenía cuando decidí alejarme durante el recital, con una mezcla de miedo y bronca, porque intuí que algo trágico podría pasar. Son lágrimas que surgen de esta misma tristeza: una vez más mueren personas por solo ir a ver un recital de rock.

Algo mío en tu lugar

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De la provocación a la palabra: un viaje hacia la poesía de Moisés Elli.

Fotografías: Jianwei Yang – www.jianweiyang.com

Yo no se por qué
Pero siempre te vas
A una casa nueva
Y paso mucho tiempo
Sin saber nada

Cuando vuelvo
Quiero decir
Ni bien pongo un pie
En tu nuevo espacio
Me siento como
En casa
Yo no se por qué
No falta decir
Ni una palabra

Todos tus lugares
Me reconfortan

No se si son los cuadros
O la música
Los ventanales
O la íntima soledad
Que los perfuma

Yo no se si es el orden
De tu caos
O el desorden
De tus sentimientos
Pero cada vez que te vas
Y cada vez que vuelvo
Hay algo mío en tu lugar.

Es el único amor que tenemos.
No lo saben
-y qué paradoja-
Los príncipes y las princesas.
Por eso, compañera de amor
No se nos va la vida allá y distante
Ni se nos viene la muerte.

Qué suerte, compañera.

***

María Belén baila
El viento y el compás
Amarrados
A la falda.
Tiembla el pasto que pisa.
Al son de su carne,
Vibra mi naturaleza
Frágil

Poeta ¿quién soy?

¿El que mira mientras la vida pasa?
Sucede el relámpago
Y mi cuerpo late
Algo se escapa
En mi estómago,
Algo profundo y diáfano,
Sobre lo que no existe.
No soy el sol que pinta
Sus mejillas de colorete,
Ni la flora bondadosa,
Ni el frío apretado,
Allá, en el sur.

María Belén baila
Sobre la playa la espuma
Del mar
El frío del sur
La marca de sus pies
Ligeros
En la arena.

***

Esta es la aventura. Mirar siempre adelante.
Tener en la sangre un circo.
Aunque no sea posible transcribir
Y haya siempre que interpretarse luego.
Contar un sueño es inventarlo.

Lo difícil es mantenerse despierto.
Porque siempre se trata del pasado,
Y el pasado ya duerme para siempre.

Hacer justo el relato del momento
En el momento justo del relato parece
Incompatible.

Uno siempre está creciendo hacia la muerte.

Bajan las ideas
Una, dos, tres
Deidad de flores

A veces siento
Como abrir una puerta
En el techo
Y se caen cosas, y cosas,
Hasta formar
Una montaña de cosas

Esa es mi patria

Una montaña de cosas
-y yo en el medio-

***

Una vez
escribí una
pepoesía
que decía
algo sobre el amor
en los tiempos del
ácido
algo sobre
las pupilas de ojos
que sacaban la
lengua
al sol
de mariposas
incansables
volando sobrias
de paseos en bicicletas
-arrancadas
de a pedazos
de un cartón-.

Escribo
Como hace
El pan
El panadero
Como el albañil
Hace su obra
Me esfuerzo
Como
El operario
Que maneja
La envasadora
Y como rompe
La tierra
El productor
Rural

Mis versos
Son del trabajo
Se forjan
Al abrigo
De la clase
Que hace
Al mundo

¡Chusma, chusma, chusma!

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Meterse en la vida ajena está mal visto. Pero ¿por qué no debemos hacerlo? O más aún: ¿Por qué sí?

—¿Y la vieja esa que siempre pasaba hablando sola?

—¿La que decimos que va a visitar al novio al asilo?

—Sí, esa, la que era igualita a Woody Allen.

—Jaja, igualita. Hace rato que no la veo.

—¿Se habrá muerto?

—Shhh, pobre.

“el chusmerío ocupa dos tercios de nuestras conversaciones y —como el despreciable puterío— tiene una función vital para la especie humana”.

¿Qué sería de una tarde de mates en la vereda si no hubiera cotilleo —chusmerío, habladuría, murmuración, comadreo, conventilleo—? Ni siquiera los que intelectualizamos la cosa y nos resistimos a formar parte podemos negar el confortable calorcito interior que provoca el acto de hablar de los demás.

Y no se salva nadie, porque cuando ya no hay de quién hablar aparecen los auxiliares de dudosa etimología: fulano, mengano, zutano y perengano —híbrido entre “Pérez” y “mengano” —, para prolongar el placer culposo.

Aún no sabemos bien por qué la gente comparte información sobre la vida de otros a sus espaldas. Lo que sí sabemos es que el chusmerío ocupa dos tercios de nuestras conversaciones y —como el despreciable puterío— tiene una función vital para la especie humana. A partir de los estudios citados al pie de este artículo, hoy podríamos darle una palmadita en la espalda a nuestro diablillo interior.

La cooperación es fundamental para la vida en sociedad. Produce beneficios comunes e incrementa los sentimientos de cohesión y solidaridad. Dicho de otra forma: hace linda la experiencia de vivir donde viven otros, motor y sentido de nuestra especie a la hora de garantizar su supervivencia.

Los dilemas sociales, que van desde conservar el agua durante una sequía hasta organizar cruzadas 2D anti-Cristian Aldana, abundan en la cotidianeidad y plantean problemas críticos para los grupos humanos. La solución se centra en una antigua pregunta: “¿Cómo hace un individuo para motivar a los miembros del grupo a cooperar a pesar de la tentación de actuar de modo egoísta?”

Una posibilidad es interactuar selectivamente con aquellos que sean más confiables en cuanto a su capacidad de cooperar. Sin embargo, los juicios acertados sobre las tendencias cooperativas del otro son difíciles de conocer, sobre todo en los inicios de una relación. Para ello sería imprescindible conocer la reputación de cada persona. Pero, ¿qué sería esta “reputación”?

“El cotilleo, en fin, es útil para determinar quiénes son los que poseen una actitud parasitaria dentro de una organización”.

Según Randy Farmer, desarrollador de software social y coautor de estudios sobre sistemas de relaciones humanas en hábitats online, la reputación es la “información que se usa para hacer un juicio de valor sobre un objeto o sobre alguien”.

Compartir información negativa y en tono evaluativo acerca de otras personas tiene la función de regular y normalizar el comportamiento colectivo, desalentando potenciales acciones egoístas. Aquellos que evaden sus responsabilidades son blanco de comentarios negativos y se ven empujados a revertir sus acciones con el fin de no ser aquel de quien se habla mal. El cotilleo, en fin, es útil para determinar quiénes son los que poseen una actitud parasitaria dentro de una organización.

Eduard von Grutzner -Gossip in the Monastery (1887)

Si bien aquellos con una mayor orientación pro-social son quienes más hablan de los demás a sus espaldas, se podría diferenciar el “buen cotilleo” del malo. Descalificar a alguien o reforzar una falsa imagen suya a partir de sus acciones previas, es parte de la dinámica grupal que ocurre al competir por un determinado status. De ese modo, se van estableciendo los parámetros culturales avalados por el sistema que contiene a una equis comunidad y se margina a quienes no alcanzan a cumplir con los niveles de expectativa del conjunto.

Pero ojo; una permanente actitud descalificadora hacia los demás se vuelve contraproducente. A través del efecto conocido como «transferencia espontánea de rasgos», los que nos escuchan hablar mal de otros asocian inconscientemente a nuestra persona esas características que describimos, lo que al final hace que nos las transfieran.

¿Qué pasa entonces con las tardes de mate y debate acerca de si a Brad Pitt lo echaron de casa por ser mal padre?

“Hay investigaciones que destacan el papel de los Sistemas de reputación como pautadores sociales, en el sentido de que no sólo sirven como sistemas de apoyo a la decisión, sino también para promover comportamientos deseados”.

Más allá de si Brangelina es o no es una maqueta válida a partir de la cual nivelar la salud de la propia pareja, el deseo de conocer y chusmear sobre la vida privada de las celebridades no solo se explica por la alegría de ver cómo “los ricos también meten la pata” sino que parece que tiene que ver también con otro comportamiento ancestral: los rostros que vemos asiduamente son identificados por nuestro inconsciente como “parte de la manada”.

Tremendo.

Hay investigaciones que destacan el papel de los Sistemas de reputación como pautadores sociales (por ejemplo en las comunidades online), en el sentido de que no sólo sirven como sistemas de apoyo a la decisión, sino también para promover comportamientos deseados. O sea: pueden tener una función social y de aprendizaje porque el feedback reputacional que generan ayuda a aprender y a asimilar patrones de convivencia positivos.

Pero, ¿qué reputación tiene el “sistema de reputación”? ¿Sirve para que la sociedad prospere o nos llevará a un suicidio en masa? ¿Es acaso el Big Data el próximo encargado de regular un gran sistema de reputación a partir del cual deberemos normalizar nuestro comportamiento? Son debates a los que quizás podríamos hacer un lugarcito una que otra tarde en la vereda, durante el tercio restante de nuestras conversaciones.

(Axelrod & Hamilton, 1981; Kollock, 1998; Sober & Wilson, 1998)
(Dawes, 1980; Kollock, 1998; Weber, Kopelman, & Messick, 2004)
(Frank, 1988; Komorita and Parks, 1996; Willer, 2009)
(Brown, Palameta, & Moore, 2003; Dunbar, 1996; Frank, 1988)
(Barclay, 2004; Barclay & Willer, 2007; Hardy & van Vugt, 2006; Milinski, Semmann, & Krambeck, 2002; Willer, 2009)
(Sommerfeld, Krambeck, Semmann, & Milinski, 2007; Wilson, Wilczynski, Wells, & Weiser, 2000)
(Goodman & Ben-Ze’ev, 1994)

“El Movimiento 5 Estrellas no es Podemos”

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El periodista e investigador italiano, Giulio Rubino, habla sobre uno de los movimientos políticos más novedosos de Europa.

Las razones por las que en Italia surge el Movimiento 5 Estrellas (M5E) son las mismas que dan cuenta del surgimiento de otras experiencias europeas y latinoamericanas: el neoliberalismo no cierra por ningún lado y la política tradicional no sabe cómo responder. A la sociedad no le interesa votar políticos que aprovechan su cuota de poder para llenarse los bolsillos y que —además— no solucionan el caos.

“La verdadera izquierda ya no hace ni ruido y la centroizquierda se ha ido centrando cada vez más, buscando ese voto moderado que en realidad no se sabe muy bien a quién pertenece”.

Italia tuvo, durante los últimos cinco años, cuatro primeros ministros distintos. En ese lapso salieron a la luz denuncias e investigaciones por corrupción y sobornos políticos de todo tipo. Indignada, la gente anduvo en busca de algo diferente. Y en ese azar encontró a Beppe Grillo, un cómico de 68 años nacido en Génova que logró canalizar la bronca a partir del M5E.

Giulio Rubino es periodista de investigación y vive en Roma, una de las ciudades grandes en las que el gobierno de ese movimiento “no tiene ninguna diferencia con respecto al de los peores partidos tradicionales”. Pero Rubino prefiere hablar sobre Beppe Grillo y el M5E en general. Dice que para comprender el fenómeno es necesario saber que Italia “es un país muy corporativo”. Usa el concepto en un sentido prístino. No se refiere a los conglomerados de empresas multinacionales —que también— sino a los trabajadores organizados en cuerpos que poseen una cuota específica de poder.

“Mario Monti (Primer Ministro 2011-2012) llegó con fuerza al gobierno y casi cayó por el gremio de taxistas. Es un símbolo de lo difícil que resulta golpear a las corporaciones de Italia. Incluso a las pequeñas. Obviamente se entiende la lucha de los taxistas: ellos no tienen una vida privilegiada; al contrario. Pero como corporación tienen tanta fuerza que casi hicieron caer a Monti. Y lo mismo ocurre con el resto de las corporaciones: abogados, periodistas, etc.”.

¿Esta situación explica la debilidad de los gobiernos italianos?

En buena medida. En los sesenta años posteriores a la Segunda Guerra no tuvimos ni un solo gobierno fuerte. Y en esa ausencia siempre han gobernado las corporaciones. Los gobiernos han sido la representación de los intereses de unas en contra de otras. Como se sabe, una de las corporaciones más poderosas es el crimen organizado, que tenía contactos con todos los partidos. Otra son los servicios secretos.

“En los años del Vafanculo Day era fácil creer en el poder positivo de Internet. Nadie pensaba en el sentido oculto de esa herramienta. La historia demostró que no era tan libre como creíamos”.

Pero en Italia la falta de un mando político fuerte también se debe al sistema representativo. Y sobre ello se decidió en el referéndum del 4 de diciembre último, en el que se preguntó por la reforma del Senado, entre otros temas sensibles. Sin embargo, la consulta acabó convirtiéndose en un “Sí” o “No” al gobierno del Primer Ministro Matteo Renzi, sobre todo a partir de que éste defendiera la reforma y anunciara que de ganar el “No” renunciaría a su cargo.

La decisión —un suicidio político, según muchos periodistas— tenía una base real. “En Italia —dice Rubino— no importa a quién mandes al gobierno porque, debido a nuestro sistema representativo, las reformas son bloqueadas. Y eso ayuda a mantener el statu quo, porque paralizar las reformas es la mejor forma de que sigan mandando quienes ya mandan. Es decir: aquellos por quienes el sistema ya funciona. Por ejemplo: Obama ha tenido en contra al Parlamento, que era mayoritariamente republicano, pero aún así pudo hacer el “Obamacare” (la reforma en salud). Eso, en Italia, hubiera sido imposible”.

El hecho es que Renzi se jugó por el referéndum. Un amplio abanico de partidos y movimientos, de izquierda y derecha, llamaron a votar por el “No”. Y Renzi —representante de la socialdemocracia— perdió por mucho: el 60% de Italia votó en su contra, aun sin saber a ciencia cierta qué era lo que el referéndum intentaba modificar. Según Rubino, porque “cuando la socialdemocracia estuvo en el gobierno, no hizo política socialdemócrata. Y la gente entiende que, para eso, es mejor tener un enemigo claro”.

Giulio Rubino, periodista.

¿Y el resto de la izquierda?

También ha perdido credibilidad. Fue desapareciendo. Ahora tienen algo así como el 2%, con lo cual tampoco tiene más sentido votar por ellos. La verdadera izquierda ya no hace ni ruido y la centroizquierda se ha ido centrando cada vez más, buscando ese voto moderado que en realidad no se sabe muy bien a quién pertenece. Pero esto también ha ocurrido con la derecha, y ambos procesos se explican en el marco de la caída de las ideologías.

«Grillo y Casaleggio tienen un poder completo sobre el partido. El 5 Estrellas es una empresa más que un movimiento. Sus dueños tienen el copyright, son dueños legales del símbolo y de la plataforma».

La indefinición de los partidos y la intensa corruptela que sufre Italia se reflejan en el desencanto profundo de la población. En medio de una Europa caracterizada por el escepticismo, el marco es inmejorable para el surgimiento de un movimiento como el 5 Estrellas. De hecho, la primera manifestación de resonancia de Beppe Grillo fue el “Vafanculo Day”, en septiembre de 2007. Literalmente: “Día de vete a tomar por el culo”, un mensaje dirigido a la política y a los políticos tradicionales.

“El 5 Estrellas nace de una de las mejores maneras posibles —dice Rubino—. Yo fui al Vafanculo Day porque era un llamado interesante. Parecía que se podía empezar a construir algo de la nada. Las personas se juntaron sin representantes para buscar soluciones a los problemas comunes. En ese tiempo era fácil creer en el poder positivo de Internet. Nadie pensaba en el sentido oculto de esa herramienta. La historia demostró que no era tan libre como creíamos”.

Grillo se encuentra con sus seguidores en las plazas públicas pero dirige el Movimiento 5 Estrellas básicamente desde su blog. Allí encolumna sus propuestas en lo que intenta ser una democracia directa de nuevo orden. Sus ideas —desde la salida del euro hasta la acusación de deshonestidad intelectual a los grandes medios de comunicación— viajan veloz y eficazmente entre el público joven. No obstante, Beppe Grillo reconoce que Internet no es suficiente: el envejecimiento de la población no es un buen aliado para las nuevas ideas.

¿Cuál es el votante medio del M5E?

Una parte de ellos, hasta hace poco tiempo, no estaba interesada en la política o bien declaraba no saber nada acerca de ella. También hay votantes del M5E que simplemente no se dan cuenta de lo que hay detrás de los slogans y de verdad creen que este movimiento representa un cambio. Y, por último, hay otro votante: el que, con conciencia o no, es fascista. O ex fascista… No es una cosa que se diga abiertamente, pero existe.

¿Una clase media desencantada?

Completamente. Sus argumentos son muy diferentes de los de la antigua izquierda, porque parten desde lo individual. “Yo” estoy cansado de esos políticos de mierda, “yo” no tengo trabajo, “yo” no tengo futuro, “yo” gasto demasiado en impuestos. Pero no hay inquietudes políticas más generales ni un programa político claro. O, si lo tienen, no está abierto al público.

¿Qué características dirías que tienen estos nuevos dirigentes?

Bueno, no son todos nuevos. Hay algunos criminales con ropas nuevas que se subieron al carro de la novedad para que nada cambie realmente. Pero, además de ellos, creo que podría pensarse en tres tipos de dirigentes del M5E. El primero: joven, ignorante, incapaz de hacer algo. Sólo repiten slogans. Están allí de buena fe, quizás, pero son incapaces. Luego, están los que tendrían capacidad e ideas para hacer algo bueno pero se encuentran muy ligados a las decisiones centrales. Mucho más de lo que ellos mismos esperaban. Se encuentran atados. Y, por último, hay otros dirigentes que no me parecen malos. Son los que piensan que un trabajo en la política hecho por no profesionales puede ser mejor, más libre y honesto.

¿Esto es lo más interesante del 5 Estrellas?

Sí, quizás esto es lo mejor. Hay gente allí que de verdad intenta superar una política de grupos de poder que sólo tienen intereses privados.

Detrás del M5E no solo está Beppe Grillo. El empresario experto en redes, Gianroberto Casaleggio, fue cofundador del movimiento. Dicen que fue a ver un espectáculo en el que Grillo rompía computadoras a martillazos y lo convenció de que el futuro de la democracia pasaba por la red. Casaleggio falleció a comienzos de este año, pero su hijo ocupó su lugar en los negocios y la política.

La situación es llamativa en tanto que otros partidos de Europa nacidos contra la política tradicional también están utilizando las redes como herramienta básica para comunicarse de forma directa con su público. Partidos que también hablan de “casta” cuando se dirigen a sus enemigos y que a su vez son acusados de “populistas” por estos. Los grandes medios de comunicación —sin una pizca de ingenuidad, por cierto— se hacen eco de las similitudes.

Gianroberto Casaleggio y Beppe Grillo.

¿El M5E es parecido a Podemos?

No tienen nada que ver. El M5E no es un movimiento libre. Grillo y Casaleggio tienen un poder completo sobre el partido. El 5 Estrellas es una empresa más que un movimiento. Sus dueños tienen el copyright, son dueños legales del símbolo y de la plataforma. Por otra parte, la gente que participa de ese movimiento tiene una confianza en esas dos personas que en este tiempo ya no se puede tener. En este tiempo ya no puede haber culto al líder ni caudillismo político. Además, el M5E no tiene una base ideológica como Podemos; sin Beppe Grillo, no existe.

Si la izquierda no vota al M5E, ¿a quién vota hoy?

Pueden llegar a votar a Sinistra Ecologia e Libertà  (SEL). O se tapan la nariz y votan al Partido Democrático (el partido, en teoría, socialdemócrata de Matteo Renzi). O no votan. Pero la gente que era de izquierda antes de que el M5E apareciera hoy no vota al M5E. Entre otras cosas porque ese movimiento tiene un lado xenófobo que una persona de izquierda nunca podría aceptar.

¿Por ejemplo?

En la cuestión de los inmigrantes, muchas veces habla en sintonía con los fascistas. No tan abiertamente como ellos, claro, porque eso podría crearle problemas, dado que es un movimiento básicamente comercial y también tiene que buscar el centro. Pero no el centro de los moderados, sino más bien el centro de los indignados. Es un movimiento que siempre debe hablar “del problema”, no del programa.

“Los 5 Estrellas dicen: “El problema de Italia es que los políticos se robaron todo”. Está bien…, sí. Pero, ¿por qué ocurre eso y cuál es la solución? Porque si el problema se reduce a eso entonces es un problema de justicia, no de política”.

La indignación ha sido parte del motor de la izquierda, pero no exclusivamente.

Claro. El asunto es que los 5 Estrellas dicen: “El problema de Italia es que los políticos se robaron todo”. Está bien…, sí. Pero, ¿por qué ocurre eso y cuál es la solución? Porque si el problema se reduce a eso entonces es un problema de justicia, no de política. Y, si es así, deberían gobernar los fiscales, no los políticos. Es decir: siempre se habla “del problema” pero nunca con una caracterización bien definida ni con un plan político e ideológico claro para combatirlo.

Sin embargo, reducirse el sueldo tampoco es una medida típica de la derecha.

No, ni de derecha ni de izquierda. Solo es una medida fácil, efectista. ¿Quién va a estar en contra de bajarle el sueldo a los políticos? Es una forma inteligente de mentir. Porque todos sabemos que los verdaderos gastos de la política no están en los sueldos que cobran los políticos. Y de hecho esa es una forma de quitarle importancia a la labor política. Esos mensajes del M5E son los que meten miedo. Porque no hay que olvidarse que los fascistas también decían: “Estamos cansados de estos políticos de mierda”.

Otra medida muy publicitada del M5E fue la de no aceptar el reembolso electoral: unos cuarenta millones de euros. ¿Tiene el mismo sentido efectista y nada más?

Pienso que sí. Porque los reembolsos electorales suenan mal pero son un mecanismo de protección de la democracia. Si vos no tenés la plata de Berlusconi o de Casaleggio es muy difícil hacer un movimiento político. En teoría, los reembolsos son un mecanismo democrático, no en contra de la democracia. Claro que es bueno que, si no lo necesitas, lo devuelvas. Pero es más un símbolo que otra cosa, como bajar el sueldo de los políticos.

Lo que no parece un mero simbolismo es la política con respecto a la participación de las mujeres. El M5E tiene un 55% de mujeres candidatas y una política activa en este sentido.

Con lo de las mujeres estoy de acuerdo. Los otros partidos no hacen mucho sobre este tema y, de hecho, deberían hacer lo mismo que el 5 Estrellas.

Beppe Grillo asocia la idea de Soberanía Alimentaria con la de proteccionismo económico. ¿Cómo se comprende esto?

Ahí no hay chiste. España produce cuatro veces más que Italia, pero Italia vende tres veces más. ¿Cómo es posible? Bueno, Italia importa el aceite de España y luego lo industrializa y lo exporta. Italia es un gran exportador de alimentos y exporta mucho más de lo que produce. Pero el M5E solo se quejó cuando la Unión Europea permitió entrar 40 mil toneladas de aceite de Túnez… ¿Qué tipo de queja es esa?

Un argumento difícil en un mundo globalizado.

Exacto. Porque, por un lado, no se puede producir en Italia todo el aceite que se necesita. Y por otro lado, ¿de qué hablas cuando dices “Soberanía Alimentaria” en un mundo interconectado? ¡Hombre, hay un montón de empresas italianas que están en el extranjero! El problema de nuestra sociedad, al final, no es el aceite de Túnez ni el trigo de Ucrania. Es que bajaron los sueldos. En los años sesenta, el director de la Fiat ganaba entre 20 y 50 veces más que los obreros. Hoy, el señor Marchionne, actual director de esa empresa, ¡gana 400 veces más!

El Movimiento 5 Estrellas es quizás lo más novedoso dentro de una Europa difusamente escéptica. No es casualidad que la honestidad —una cualidad sin ideología per se— haya sido su estandarte desde un primer momento. Según dicen, esa palabra es la que gritaban los seguidores de Casaleggio en su funeral: “¡Honestidad, honestidad!”. Y el mismo Beppe Grillo pronunció una frase condenada al éxito: “Nuestra verdadera revolución es la de ser honestos en medio de un sistema corrupto”.

Giulio Rubino, sin embargo, insiste en su desconfianza. En Italia, el desencanto enardecido sin una clara definición ideológica detrás no ha dejado buenos recuerdos. “La política se ha vuelto muy pragmática —dice Giulio— y en ese terreno es fácil mentir. El M5E no tiene un plan. Sólo tiene unas medidas llamativas para un enorme público indignado”.