El pueblo vasco es mucho más que “el conflicto vasco”. Es un idioma, un paisaje y una cultura. Una forma de ser y relacionarse. Una historia y un presente que existen y persisten más allá de la ETA.
Por Fabricio Lombardo
Paradojas si las hay, los dos equipos que más han ganado la Copa del Rey son el Barça y el Athletic de Bilbao, aquellos que pertenecen a las naciones que históricamente luchan por ser independientes de España: el País Vasco y Catalunya. En los últimos años, especialmente, pareciera que todo está armado para el bochorno: es como si el poder del Estado y de la realeza se fusionaran para quedar como una manga de boludos en medio del espectáculo quizás más popular y masivo que existe en la tierra del Quijote.
Para los simpatizantes de ambos equipos, la ocasión es inmejorable: los vascos despliegan enormes ikurriñas (bandera que representa al pueblo vasco) y los catalanes aprovechan para lucir la estelada, la bandera con la estrella independentista. Y enseguida el éxtasis, cuando en el estadio comienza a sonar el himno español y ambas hinchadas se fusionan en un silbido ensordecedor y denigrante.
Entonces todos ponen cara de póker: los organizadores, las autoridades, los jugadores y también ese karma medieval que son el rey y la reina. La televisión baja el volumen de los silbidos y eleva el del himno, que ya de por sí suena muy alto dentro del estadio. Pero nada, no hay caso: es como intentar rejuvenecer a Mirtha Legrand con un poco de maquillaje y otro poco de Photoshop.
Porque por más que se quieran acomodar los libros de historia, las Españas siguen siendo muchas. Y de esa noticia parece que se enteran todos, antes que nadie la derecha nacionalista y el mismísimo rey, en la final de su propia copa: una final en la que ambos equipos, extrañamente, suelen estar del mismo lado.
Lampião, María Bonita y la leyenda cangaceira del bandolerismo rural en el nordeste de Brasil.
Por Marina Filippa
Si decimos Brasil en voz alta, se nos aparecen imágenes como la del el Cristo Redentor, el carnaval, las favelas, o el siete a uno de la semifinal contra Alemania.
Difícilmente imaginamos su historia tan particular o la diversidad de orígenes de las capas de población que lo componen. Y menos que menos se nos viene a la mente el anaranjado rojizo «como una brasa» del interior del árbol al que alude el nombre mismo del país. Los portugueses lo bautizaron Pau-brasil (madera de brasa), por su tinte colorado. Óptimo para los textiles de la época, este árbol de dura madera —que hoy forma parte de la lista de especies amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN)— permitió a la Corona portuguesa establecer un próspero monopolio durante mucho tiempo.
“Armados, a caballo o a pie, saqueaban las haciendas de los potentados o eran empleados por ellos para mantener vivas las eternas disputas o «pleitos de sangre», tan frecuentes entre familias tradicionales.”
Imaginemos otra vez y tratemos de hacer coincidir el mapa de América del Sur y el del continente africano como en un rompecabezas. Ubiquemos el África subsahariana o Sahel hasta ver como se extiende hacia la izquierda convirtiéndose en el nordeste de Brasil. El Sertón —o Sertão— es un inmenso paisaje agreste de mesetas semiáridas y ocupa casi un tercio de la superficie total del país. Las cíclicas sequías y la explotación ejercida por los colonos portugueses primero, y por los terratenientes —o “coroneles”— después, hicieron de este Sahel sudamericano un lugar de condiciones socioeconómicas muy poco favorables para sus habitantes. Tal imaginario de desolación floreció, más adelante, en parte fundamental de las leyendas, mitos y la literatura brasileras.
Pero también en ese nordeste desamparado, hace un siglo, entre los intersticios de la población que quedó afuera de las grandes bonanzas provenientes del comercio del caucho o del oro, tuvo origen una movilización rebelde de proscritos nómadas dedicados principalmente al saqueo. Se daban maña para conseguir refugio en aquella geografía y se ganaban el día con el bandidaje. Si bien el fenómeno de bandoleros trashumantes fue común a varios sitios de América Latina, quizá el más legendario nació en esa zona de Brasil y fue conocido como los Cangaceiros.
Eran personajes vanidosos, de sombreros en forma de medialuna atiborrados de monedas, con el pecho cruzado con tiras de municiones, asemejándose al cangazo del que empujan los bueyes. Armados, a caballo o a pie, saqueaban las haciendas de los potentados o eran empleados por ellos para mantener vivas las eternas disputas o «pleitos de sangre», tan frencuentes entre familias tradicionales.
En una de estas vueltas fueron contratados para detener a la Columna Prestes, otro célebre grupo sublevado pero de un carácter claramente político. Al encontrarlos, descubrieron que el espíritu de aquella causa no se diferenciaba mucho del fuego rebelde que los movía a ellos mismos y abandonaron la cacería.
“En el último país del mundo en abolir la esclavitud -en el año 1888-, fue durante el gobierno de Getúlio Vargas que la modernidad por fin estalló en el gigante del sur.”
Sin hogar. Orgullosos. Sin ley más que la suya propia, andaban siempre huyendo. A veces de los campesinos, a veces de los fazendeiros, siempre de la policía. A veces héroes y a veces criminales. Se dice que alteraban sus zapatos colocando el taco adelante para despistar a sus captores. Aunque cuando era así, estos rastreaban el aroma del viento, ya que traía pistas de los perseguidos quienes tenían una gran debilidad por el perfume.
Virgulino Ferreira da Silva era «Lampião», el líder, el capitán, el «rey de los Cangaceiros», y no se puede hablar de él sin su compañera Maria Gomes de Oliveira. Él la llamaba cariñosamente La Santiña, pero la historia la conoce como María Bonita, y fue la primer mujer en formar parte de esta banda de forajidos.
Antes de conocerlo, María Bonita estaba casada y vivía en un pueblo. Una vez, mientras hacía sus tareas, vio pasar a pie a Lampião con su banda; y parece ser que, apenas se miraron, los dos fueron presos de una fuerza de atracción muy superior a la que podían controlar. Entonces ella, sin más, abandonó todo, empacó y se unió a él. Y así anduvieron, inseparables hasta la muerte, que los encontró juntos ocho años después.
Persiguiendo huellas y aromas, llegan los rastreadores al escondrijo del jefe Lampiao; y tras ellos la tropa. Tanto se arriman los soldados, que escuchan a Lampiao discutiendo con su mujer. María Bonita lo maldice, mientras fuma un cigarro tras otro, sentada en una piedra a la entrada de la cueva, y él contesta tristezas desde adentro. Los soldados montan las ametralladoras y esperan la orden de disparar.
Cae una garúa, leve.
Eduardo Galeano
El grupo bandolero trashumante más representativo, más poético y más pintoresco de la historia de Brasil fue detenido definitivamente el 28 de julio de 1938 en Sergipe. Tanto Cangaceiros como Columna Prestes habían sido declarados peligrosos grupos «causantes de desorden social» y ambos fueron ultimados. Ocurrió bajo el primer gobierno del controversial presidente Getúlio Vargas (1940-1945).
“En un mundo inflamado de ideologías, en unos años treinta de Estados corporativos con mezcla de derecha fascista de contenido social alto, los movimientos que osaran organizarse en contra de la autoridad central, como los comunistas de la Columna Prestes, fueron perseguidos y disueltos por una feroz fuerza policíaca. ”
Si los Estados nacionales se forman sobre una serie de ideas y culturas colectivas, Vargas fue uno de los hombres que más contribuyó a forjar la identidad de Brasil. En el último país del mundo en abolir la esclavitud -en el año 1888-, fue durante el gobierno de Getúlio Vargas que la modernidad por fin estalló en el gigante del sur. Tomó el nombre de Estado Novo y se hizo bien a la latinoamericana, modificando la Constitución y con reformas generales que le permitieron mantenerse en el poder, primero como gobierno provisorio, luego como gobierno constitucional, y al fin como presidente elegido por voto directo. Vargas inició las primeras políticas sociales y, tal como hizo el PRI en México, consintió a los intelectuales y a los artistas, mientras suprimía la presencia de otros partidos políticos. Algunas de las leyes de seguridad nacional que impulsó luego fundamentaron, sin querer, el estado de excepción que lleva a las dictaduras.
En un mundo inflamado de ideologías, en unos años treinta de Estados corporativos con mezcla de derecha fascista de contenido social alto, los movimientos que osaran organizarse en contra de la autoridad central, como los comunistas de la Columna Prestes, fueron perseguidos y disueltos por una feroz fuerza policíaca. Los rebeldes Cangaceiros también: Lampião, su mujer y su gente fueron fusilados y decapitados. Las cabezas, momificadas, estuvieron expuestas durante varios años en el Museo Nina Rodrigues en San Salvador de Bahía, para amedrentar a posibles simpatizantes. De los cuatro hijos que nacieron de la legendaria pareja, sobrevivió solamente Expedita. Nació en 1932 y quedó huérfana a los cinco. Hoy, su hija Vera Ferreira, nieta de Lampião y María Bonita, reivindica la memoria de sus abuelos en el sitio www.infonet.com.br/lampiao.
Hubo algunos cangaceiros que, aparentemente, lograron escapar de los enfrentamientos breves y fulminantes con las tropas, y mantenerse en el anonimato hasta hace poco tiempo. «Los últimos cangaceiros» es el título del documental (Wolney Oliveira, 2011) que narra la historia de un matrimonio que decidió confesar, ya en la ancianidad, haber formado parte de la banda de Lampião.
En el folclore brasilero los Cangaceiros del Sertão son el símbolo de la lucha contra la injusticia. El testimonio vivo de una época ruda que contrasta con el imaginario de una nación próspera y fértil. El destino trágico de «los sin tierra». El desarraigo que hay en el corazón de los pueblos excluidos de los órdenes históricos, en las bolsas de población sin oportunidades, con otros nombres y características, que también habitan hoy el suelo del Brasil.
Hace algunos días, tuvo lugar la movilización más grande de lo que va del 2015 en Argentina. Su carácter pacífico y su masividad en espacios físicos y virtuales, dejó en evidencia que podemos cambiar muchas de las formas de ver y de construir la realidad. En este artículo, la experiencia sensorial no se separa del análisis del fenómeno, y nos presenta el camino hacia el modo en el que cada uno puede ser «una» y ser «uno» dentro de la consigna #NiUnaMenos.
por Cocó Muro. Fotografías: Analía Ávalos
El diario Página/12 describió la marcha del 3 de junio como “una movilización de masividad inesperada, producto de una conciencia construida durante años”. Es que la concentración que convocó unas 200 mil personas frente al Congreso —un verdadero ‘super miércoles mujer’, como diría la publicidad de un banco— no fue solo un reclamo desesperado para que dejen de matarnos, sino también un llamado de atención en pos de demoler simbolismos en torno al ser mujer a los que casi nos acostumbramos. Pero no.
La consigna #NiUnaMenos se publicó en la tapa de todos los diarios del país, se comentó en escuelas primarias, en universidades, en mesas de café, en las rondas de mate de las oficinas. El viernes, dos días después de la movilización, con mi hermana seguíamos argumentando sobre cómo sobrevivir siendo mujer en un país como Argentina, en el que hablar de la esposa de uno como “la bruja” y decir que algo es “típico de mina” es moneda corriente.
“Lo personal es político” fue el grito feminista de fines de los sesenta para despertar la conciencia de tantas mujeres a lo largo de la historia que asumieron los roles asignados por la sociedad sin cuestionárselos. El método fue usar la propia experiencia como puntapié inicial para compartir problemas y reflexiones comunes con otras mujeres y así unirse en esa lucha simbólica. El objetivo no era solamente abrir espacios profesionales o conseguir el sufragio femenino, sino también rediseñar el papel de la mujer en la sociedad y preguntarse quién soy fuera de los marcos sociales de referencia, o bien quién quiero ser y no ya quién puedo ser.
Fotos: Analía Ávalos
De chica no sentí la diferencia entre hombre y mujer más allá de lo físico. Mi papá era presidente de una empresa, director de un colegio, miembro del Consejo Superior de Ciencias Económicas de la Universidad, pero puertas adentro la casa estaba comandada por mamá y por la Oti, que nos cuidó como si fuéramos sus hijos. Con mi hermana nos gusta decir que fuimos educadas por un matrimonio homosexual.
Mi papá nunca ridiculizó a mi mamá en reuniones sociales, ni la trató de inepta, ni pretendió que estuviera el santo día en casa cocinando y lavando la ropa de sus seis hijos. Mamá se recibió de la facultad con el mejor promedio en la carrera de traductología, ejerció como profesora en la Universidad de Córdoba y en la de La Rioja, y creó una página web en HTML a principios de los noventa. Ninguno de los dos nos señaló qué cosas eran de chica y cuáles de chico, ni nos obligó a tenderle la cama a mis hermanos. A ellos les insistían con que tenían que cuidarnos por ser más altos y más fuertes.
Yo jugaba al fútbol, prefería los playmobils, iba a la cancha a ver a Talleres y quería ser paleontóloga. Eso sí: mamá nos avisaba si algún vestido nos marcaba mucho algo, nos pedía que nos cuidáramos con los gestos cuando comíamos chupetines y helados, y alguna vez nos confesó que prefería que no fuéramos muy lindas porque íbamos a sufrir. Ella es quizás la mujer más hermosa que conocí en mi vida, así que sabía bien de lo que estaba hablando.
Fotos: Analía Ávalos
Porque resulta que el mundo afuera de casa era distinto y todavía no nos habíamos dado cuenta. Puedo afirmar con seguridad que, antes de cumplir la mayoría de edad, ocho de cada diez mujeres que conozco vimos al menos un exhibicionista en las calles de mi barrio. Yo vi dos, mi amiga Susi vio tres. Cuando empecé a juntarme con varones me halagaba que me dijeran que era “uno más” y no me molestaba que hicieran pis en frente mío y en cualquier lado. Al contrario: los envidiaba. En los baños de la escuela comentábamos que tal o cual era “re trola” porque se había besado con varios chicos en una fiesta y no nos escandalizaba que los rugbiers debutaran con putas o se juntaran a hacerse la paja en la casa de alguno. En las fiestas del colegio Taborin, a las que íbamos el primer viernes de cada mes, nos poníamos el buzo en la cintura, porque cuando caminábamos hasta la barra para buscar un vaso de Coca los chicos nos tocaban el culo. A veces nos organizábamos en filas para cubrirnos una a la otra y entonces nadie quería ir última porque esa ligaba todos los manotazos. Lo peor de todo era que nos molestaba pero nos reíamos, nos parecía parte del ritual, como si salir a bailar a los 14 años consistiera en eso: esquivar las muchas manos que te quieren tocar el culo. Mi jefe en la oficina, supongo que con buenas intenciones, destaca lo bien que me queda el tajo de algún vestido o el color de mi lápiz labial, aunque estemos hablando sobre estrategias de comunicación para un organismo que trabaja en derechos humanos. En el mercadito del barrio de Constitución un tipo que tomaba cerveza me dijo en la cara las cosas que le gustaría hacerme; cuando mi novio se frenó a preguntarle si necesitaba algo, le pidió perdón por insultar a su mujer. A mí no me ofreció disculpas porque, según su criterio, no me hizo nada malo. No, le faltó el respeto a otro hombre y es eso lo que está equivocado.
Algunos se habrán preguntado por qué no hay Padres o Abuelos de Plaza de Mayo. Una vez escuché a Estela de Carlotto decir que sus maridos también querían salir a las calles a preguntar dónde estaban sus hijos y nietos, pero los militares se violentaban con ellos porque los consideraban una amenaza y por eso les pidieron que no salieran más: no querían perder también a sus parejas. Mientras tanto ellas, gracias al machismo generalizado en la Argentina, eran desestimadas y consideradas solo una manga de locas amas de casa. Así fue como ‘las locas’ llegaron hasta Naciones Unidas con sus reclamos.
También escuché a Eva Giberti contar que en los juzgados se apilaban carpetas con detalles sobre cómo se vestía, cómo se llevaba con su entorno y cómo se comportaba Wanda Taddei, quemada viva por su pareja, pero poco se sabía y se investigaba sobre Eduardo Vazquez, su asesino.
En 2006, cuando mataron a Nora Dalmasso en Río Cuarto, los vecinos se la pasaron especulando acerca de sus romances y las reuniones que organizaba en su casa; incluso circuló una estampita apócrifa con su cara y la leyenda “Gauchita y Gila”. La gente de Río Cuarto casi no salió a la calle a pedir por el esclarecimiento del crimen y hubo sólo algunos reclamos al inicio de la investigación, cuando detuvieron a Gastón Zárate, el albañil que usaron de perejil. El lunes siguiente a la marcha de #NiUnaMenos, los riocuartenses pidieron justicia por ella y otras tantas mujeres muertas.
Fotos: Analía Ávalos
En Argentina una vez por semana hay movilizaciones, cortes de calle, reclamos y piquetes. En lo que va de 2015 ya hubo tres paros de transporte extensivos a subtes, colectivos, taxis y aviones. Cuando los periodistas reclaman por las paritarias no se publica el diario, si los maestros piden aumento de haberes no dan clases, y los jubilados hacen lo que pueden para quejarse por las mensualidades que les corresponden. En Plaza de Mayo desde hace años se montó una carpa de veteranos de Malvinas, y en Avenida de Mayo y Lima están instalados representantes de los pueblos indígenas. Anualmente se organizan también marchas del orgullo y manifestaciones por la despenalización de la marihuana. Es decir: estamos algo acostumbrados, en Argentina se reclama todo lo reclamable. Pero la movilización de #NiUnaMenos tocó una fibra tan sensible como para que ni un automovilista varado entre las multitudes tocara bocina por no poder avanzar. Quizás fue por tolerancia, quizás por adhesión, también puede haber sido por temor: cada uno de estos sentimientos, usado a conciencia, puede ser transformador.
“No había visto una cosa así desde la marcha contra la Ley de Obediencia Debida en el 87”, decía uno. “A mí me recuerda diciembre del 2001, cuando la gente en la Plaza salió a pedir que se fueran todos”, comentaban. Sin embargo, ese miércoles en ninguna de las manifestaciones que se sucedieron en todo el país hubo policías a caballo con palos, ni gases lacrimógenos, ni manifestantes tirando piedras contra los negocios. Ese miércoles no teníamos miedo, sino todo lo contrario.
Cuando una se da cuenta de lo que significa ser mujer en una sociedad patriarcal, cuando desnaturalizás frases familiares y descubrís que son insultantes, cuando prendés el radar para detectar rasgos machistas incluso en personas que querés, entonces ya no hay vuelta atrás: te convertís en una persona consciente del lugar que ocupás en el mundo y de los estereotipos que tendrás que demoler, hacés auditorías mentales en las oficinas para contar cuántas mujeres ves trabajando y en qué puestos, te cuesta ver televisión sin asquearte de las publicidades y de los conductores de programas de entretenimiento (porque parece que cosificar y reírse de la mujer es, precisamente, entretenido) y esperás —en silencio o militando— que llegue ese día en que no sea necesario salir a la calle a reclamar para poder seguir viviendo.
“La mujer se libera junto al hombre y no contra él”, dijo una vez Alicia Moreau de Justo, quien en 1902 creó en Argentina el Centro Socialista Feminista y la Unión Gremial Femenina para luchar por el voto fenemino y el reconocimiento de los derechos de la mujer. «Siempre creí que este país merecía ser distinto. Que un día íbamos a unirnos todos y el destino cambiaría», agregó más tarde. Moureau de Justo murió hace 29 años, sin llegar a ver que quizás ese día finalmente ha llegado.
¿Qué se reclama con #NiUnaMenos?
* La declaración de emergencia en todo el país. La creación de refugios y centros gratuitos de contención psicológica, jurídica y social.
* La reglamentación, adhesión y aplicación real de los artículos de la Ley N° 26.845 de Protección Integral de las Mujeres, con asignación de presupuesto acorde y el posterior control de ese presupuesto para su correcta aplicación.
* La creación de un registro único oficial de femicidios y de violencia de género para toda la Argentina.
* La libertad para elegir; la legalización del aborto es una de esas libertades.
* Garantizar y profundizar la educación sexual en todos los niveles educativos, para formar en la igualdad y para una vida libre de discriminación y violencia sexista.
* Garantizar el acceso a la Justicia y la atención integral de las víctimas.
* Capacitación en perspectiva de género en todos los estamentos donde haya funcionarios públicos.
Fundador del portal electrónico Rebelion.org, periodista, militante, autor de más de una docena de libros sobre medios de comunicación y política internacional, Pascual Serrano habla de todo: la censura, Podemos, América Latina, los nuevos medios alternativos y una primicia sacada de la galera: su nuevo libro.
Por Fabricio Lombardo
No es fácil hallarlo. Todavía anda recorriendo España y América Latina presentando “La prensa ha muerto, ¡Viva la prensa!”, su último libro que salió a la calle a finales de 2014. “Esta semana estoy en Cuba, la próxima en Canarias y la siguiente en Cataluña”. Imposible. Con todo, el tipo se hace un lugar y accedemos a la entrevista. Se presenta risueño, cordial. Habla apresuradamente, pero es preciso y claro a la hora de las definiciones. No hay mucho que editar cuando se entrevista a Pascual Serrano.
Le vetaron un libro (“Traficantes de información”) y lo echaron de un periódico cuando criticó a un alto cargo de BBVA. ¿Qué otras formas de censura ha sufrido?
Bueno, al final las formas de censura no son tan evidentes. A mí me hace gracia cuando algún periodista dice “a mí nunca me censuraron”. Claro, es que probablemente lo contrataron porque sabían que no haría falta censurarle nada. Por dos razones: primero porque al seleccionar el periodista las empresas saben que se adecua al perfil editorial que se necesita; y segundo —y esto es lo más importante— porque el nivel de autocensura que tenemos los periodistas es tremendo.
La autocensura opera de diferentes maneras según el momento. ¿Cómo se expresa hoy principalmente?
A través del trabajo. La autocensura existe en la medida de que no hay trabajo y si se pierde el que se tiene luego no se tiene chances de trabajar. El despido libre que existe en el capitalismo, es decir, el derecho de dejarte en la calle cuando escribes algo que no les gusta, esa es la principal forma de censura.
Hace unas semanas Serrano tuiteó: “el PP, el más votado, PSOE se recupera, irrumpe Ciudadanos, Podemos desciende e Izquierda Unida cae. Este país no espabila, ahora sí me voy a Cuba”. En ese momento las encuestas venían en baja porque la intención de voto hacia la izquierda había alcanzado su pico máximo allá por enero-febrero, cuando Iglesias y los suyos llenaron la Plaza del Sol. Sin embargo, luego de aquel tuit lapidario vinieron las elecciones del 24 de mayo, leídas con bastante entusiasmo por el progresismo de España, dado que Podemos irrumpió definitivamente como tercera fuerza en prácticamente todo el territorio y sus coaliciones fueron muy bien recibidas en Madrid y Barcelona.
“La cúpula de Podemos me merece bastante confianza personal, pero eso no quiere decir que al final lo que acaben pariendo también me lo merezca.”
¿España está perdida o está saliendo de la amnesia colectiva?
A España le pasa un poco lo mismo que a toda Europa. Hay un nivel de resignación muy grande, existe una pérdida de valores de la izquierda. Yo creo que en este momento la izquierda tiene perdida la batalla ideológica. La gente no es de izquierda por mucho que algunos lo piensen. La ideología individualista del sálvese quien pueda es la predominante, y en este escepticismo político y falta de formación los nuevos partidos se presentan con unos programas anodinos, simplemente diciendo “somos lo nuevo” o “somos jóvenes”. Esas consignas demuestran el analfabetismo de una sociedad que ha perdido su madurez política.
¿Lee de esa manera el proceso que encabeza Podemos?
En los votantes, en las bases. El problema es que nadie sabe quiénes son los dirigentes de Podemos porque todos acaban de llegar. Uno encuentra un espectro muy amplio donde, en mi opinión, los arribistas ocupan un gran porcentaje entre aquellos que quieren situarse en línea de salida ante sus bases. Luego están los cuatro o cinco tipos que han pensado en el invento desde arriba, que creo que lo único que han hecho es ajustar el radar técnico a lo que la sociedad demandaba: jóvenes, cualificados y con un discurso no muy pronunciado.
¿Qué opina de esos “cuatro o cinco”?
A mí esa cúpula de Podemos me merece bastante confianza personal, pero eso no quiere decir que al final lo que acaben pariendo también me lo merezca. No lo sé, porque probablemente ni ellos sepan lo que van a parir.
¿Usted milita en algún partido actualmente?
Sí, yo soy militante de base de Izquierda Unida (PC). No ejerzo de nada, más allá de que tengo una columna en “Mundo Obrero”. Curiosamente, fui candidato simbólico —último en la lista— en Paiporta, un pueblecito de mi juventud en Valencia, en una lista de coalición entre Izquierda Unida y Podemos.
¿El optimismo de “La prensa ha muerto ¡viva la prensa!”, su último libro, es la contracara de “La comunicación jibarizada”?
Yo diría que es la contracara de “Traficantes de información”. Intento sacar un libro optimista y uno pesimista. Evidentemente la situación me tira más libros pesimistas… Pero alguien dijo que los de izquierda no podemos permitirnos el lujo de ser pesimistas, así que tengo que hacer el esfuerzo. Este libro intenta ver la cara positiva de la crisis del periodismo.
Foto: Toni Julia (archivo) – www.pascualserrano.net
La cara optimista de la que habla Serrano es la del surgimiento de medios libres a partir de la crisis económica y periodística de los últimos años. En “La prensa ha muerto…” Pascual analiza una buena cantidad de experiencias de medios que han podido sobrevivir haciendo periodismo de buena calidad, sin las extorsiones y mentiras que abundan en los medios tradicionales y que él mismo desnuda todos los meses en sus “perlas” informativas.
“Creo que hay hueco para crear otro tipo de medios en el que además los periodistas sobrevivan. ¡Tenemos que hacerlo viable, necesitamos que ese periodista coma!.”
Usted describe: hay medios públicos, medios militantes y medios libres que pueden pagar a periodistas. En estos últimos se enfoca su último libro, ¿por qué?
Hubo una coyuntura antes de la crisis de las grandes empresas del periodismo, hará unos quince años, cuando nace Rebelión, en la que el mercado no permitía crear un medio alternativo. Permitía crear un medio militante, pero no un medio alternativo que pudiera enviar un corresponsal a Ucrania o tener un periodista a jornada completa revisando el Boletín Oficial del Estado, etc. No había lugar para ello. Con la crisis del periodismo eso cambia y surge la posibilidad de crear medios colectivos, cooperativos, que son los que analizo en el caso español, y algunos que ya existían desde antes.
¿Qué ocurre ahora con los “medios militantes”?
Creo que ese periodismo ya no procede, porque se convierte en algo parásito: no envía corresponsales, no paga periodistas, no paga cronistas, se mueve por la voluntariedad, son ONG´s. Creo que hay hueco para crear otro tipo de medios en el que además los periodistas sobrevivan. ¡Tenemos que hacerlo viable, necesitamos que ese periodista coma! No podemos pretender que trabaje para la CNN y luego, cuando termina, le dedique dos horas al medio alternativo.
¿Cuál de las experiencias analizadas en su libro le ha llamado más la atención?
Todas tienen una estructura muy adaptada a su historia y su geografía. Uno ve en México que juntan a todos los pintores para subastar sus cuadros y poner en marcha el periódico (La Jornada). Claro, en aquel momento era una buena idea, pero yo no sé si ahora se podría poner en marcha algún periódico en México… O cuando te dicen que los estadounidenses hacen un crucero con las figuras de la izquierda y la gente paga un pastón por acompañarlos y con ello contribuir al periódico (The Nation)… Si tú haces eso en España (risas)… nadie va a pagar absolutamente nada. Esas cosas solo las pueden hacer los americanos.
No obstante, la experiencia de Eldiario.es resulta muy interesante.
Sí, ellos piden que seas socio “a cambio de nada”. Dicen algo que a mí me parece muy bonito: “usted es socio no para leer este reportaje sino para que este reportaje exista”. Con ese slogan van los tipos y consiguen diez mil socios, que quiere decir cincuenta o sesenta mil euros todos los meses, que ya dan para pagar sueldos. Infolibre, por su parte, busca que algunas noticias sean de pago. Mongolia, en cambio, no pone su contenido en internet y te dice que compres la revista en papel como toda la vida. Y le están saliendo las cuentas.
Justamente en su libro usted cita a Gonzalo Boye, de la revista Mongolia, que dice “nosotros no somos medios alternativos, somos los medios”.
Efectivamente, coincido con él. Las denominaciones tradicionales no me gustaban. La de “contrainformación”, porque eso suponía decir que los que informaban eran los otros. Lo mismo ocurre con la definición de “contracultura”, como si lo que está en el mercado fuera la cultura… Tampoco me gusta ya lo de “alternativo”, porque aunque somos alternativos “a ellos” nuestra vocación es que ellos sean los alternativos a nosotros, es decir, que nosotros seamos los hegemónicos; que CNN sea lo alternativo a teleSUR y no al revés.
Serrano ha criticado en varias ocasiones la idea generalizada de que mientras los medios hegemónicos se pagan sin chistar, los medios alternativos tienen que ser gratuitos. Para luchar contra esa noción apela al “compromiso y apoyo de los lectores”; sin embargo, el compromiso de los lectores con los medios hegemónicos ha estado siempre inducido por la publicidad legal y también por la subliminal: no ha sido fruto de la voluntad propia sino más bien un artilugio creado por el mercado y sus publicistas.
¿No hay un poco de idealismo en pedir el compromiso de los lectores para sustentar a los medios independientes?
Lo que a la gente hay que explicarle es que con los medios comerciales nunca va a estar informada, siempre va a estar engañada y la van a manipular. Si lo que usted lee va a depender de una publicidad de Repsol, el BBVA, Telefónica o el Banco de Santander, bueno, lo que usted va a leer es una mierda. De ahí no va a salir nada de decente; y ese es el modelo que se está derrumbando. Yo creo que lo que debemos pedir desde la izquierda es que el Estado, al igual que se compromete con la salud, la educación y las carreteras, también se comprometa con garantizar al ciudadano el derecho a la información veraz. El Estado tiene que dar esa garantía.
¿Pero el Estado puede ser una garantía?
Un Estado al que hay que vigilar muy de cerca, evidentemente, para que no se convierta esa garantía del derecho a la información en una vía de propaganda de dominio político y mediático. Por desgracia, en la historia eso ha ocurrido en demasiadas ocasiones.
Además los gobiernos también cambian su carácter. Hoy pueden ser progresistas y mañana conservadores y llevarse puesta esa garantía.
Es que los medios no van a ser conservadores si ganan los conservadores, simplemente se van a privatizar. Ocurre que la derecha no convierte a los medios públicos en medios de derechas, simplemente los privatiza, con lo cual se asegura que van a ser de derechas aunque luego gane la izquierda. En el golpe de Honduras lo primero que se hizo fue privatizar el medio estatal.
En el caso de los medios privados el peso del propietario es tanto mayor que el del gobernante sobre el medio público.
Claro, te pongo un ejemplo: cuando en Italia gobernaba Berlusconi, en todas las televisiones mandaba Berlusconi: las privadas porque eran suyas y las públicas porque era primer ministro. Al conocerse el escándalo de las prostitutas que iban a su mansión en Cerdeña, todas las televisiones querían entrevistar a alguna de ellas y Berlusconi intentaba evitarlo de todas las maneras posibles. La cuestión es que al cabo de seis meses un solo medio pudo superar esas presiones; ese medio fue la televisión pública. Con todo lo que podamos echar pestes del control gubernamental que pueda tener la derecha sobre los medios públicos, siempre van a ser más libres que las privadas. Además, en última instancia, al gobernante lo puedo cambiar en las elecciones mientras que al dueño del medio privado no lo voy a cambiar en la vida.
“Si lo que usted lee va a depender de una publicidad de Repsol, el BBVA, Telefónica o el Banco de Santander, bueno, lo que usted va a leer es una mierda. De ahí no va a salir nada de decente; y ese es el modelo que se está derrumbando.”
En ese sentido, ¿ha pensado en la posibilidad de que la comunicación pudiera convertirse en un cuarto poder independiente?
En el marco del mercado esa posibilidad es una tontería porque en esas condiciones sólo hay un poder que es el del dinero, el poder que manejan las compañías y corporaciones. Ellas son las que dictan las leyes a los ministros, las que hacen lobby para condicionar a los parlamentarios y las que pagan los mejores abogados y peritos para que les ganen los juicios. La única forma de frenar al mercado y al poder del capital es mediante más democracia.
El desarrollo de la democracia en el marco del capitalismo parece bastante limitado.
En el marco del capitalismo no puede estar garantizado el derecho a la información; hace falta un Estado con mucha más presencia y protagonismo en el interés público. La democracia solo se da con una sociedad organizada, y la sociedad organizada es el Estado, que es quien dicta las leyes, dice donde van los recursos públicos y establece los límites a la ambición privada. Si el Estado no garantiza el derecho a la información nunca se garantizará que los diferentes colectivos sociales tengan acceso a los medios de comunicación, porque al poder eso es lo que menos le interesa.
¿Sigue lo que está ocurriendo con la Ley de Medios de Argentina?
Mi próximo libro es sobre las iniciativas legislativas y los cambios políticos que se están dando en América Latina en relación a la comunicación. Lo que está ocurriendo allí es una experiencia tremenda, porque han conseguido poner en la agenda ciudadana el debate sobre la democratización de la comunicación. Para España y Europa en general eso es algo marciano… aquí nadie habla de eso.
Foto: Toni Julia (archivo) – www.pascualserrano.net
Sé que ya estoy robando más tiempo del que Pascual puede darme, pero el hombre sigue ahí, no me dice “mira, tengo poco tiempo” o “bueno, debo marcharme”. Y cuando entramos al terreno latinoamericano se entusiasma. Me sorprende no haber escuchado ni leído nada acerca de su próximo libro. Entonces lo interrumpo en un acto casi instintivo.
¿Ya tiene un título?
No, no hay título… el libro está muy avanzado, ¡le falta menos de un mes y no tenemos título! (Se ríe por lo bajo).
¿Se refiere a que falta menos de un mes para terminar el original?
No, no… ¡para enmaquetarlo! (Más risas).
No nos hemos enterado de nada…
No, claro, es que no lo he contado prácticamente. La editorial ayudará a ponerle un título, algo así como “La democratización de la Comunicación en América Latina”, pero vamos, es un nombre bastante pedante y muy feo. Te lo cuento para que sepas de qué va el libro.
“Los avances de América Latina son tremendos, inéditos y revolucionarios, y como tales están en un momento experimental y van a tener errores que Europa no tiene porque no está haciendo nada.”
Disculpe, lo interrumpí.
Decía que en Latinoamérica hay una sociedad sensibilizada sobre la necesidad de democratizar la comunicación, incluso en Brasil, donde no existe la ley pero está la discusión. En América Latina la sociedad está reivindicando el papel del Estado para que garantice la veracidad de los contenidos, el reparto equitativo de las frecuencias y licencias, el acceso de las minorías a los medios de comunicación, las sanciones contra la información xenofóbica o racista, etc. Todo eso aquí no existe. Por eso yo aplaudo y defiendo la Ley de Medios de Argentina, pero sobre todo el movimiento democratizador que hay en América Latina.
¿Le recuerda algo de esto al Informe Mc Bride?
Mmm… sí. Evidentemente, el Informe Mc Bride no dejaba en claro la presencia de los Estados. Decía que los países pobres no tenían presencia en los grandes medios. Ya, pero es que los pobres en los países ricos tampoco tienen presencia en los grandes medios. El informe se quedaba en una cuestión de geopolítica internacional.
A la ley de los tercios, que propone repartir equitativamente las licencias entre medios públicos, sociales y privados, ¿la ve como “un paso hacia” o como un fin en sí mismo?
Por el momento a mí no me preocupa que haya un tercio en manos privadas. Para que te des una idea, la ley en España dice que las televisiones comunitarias no pueden facturar más de cien mil euros al año, y las radios comunitarias no más de cincuenta mil. Es decir: ¡aquí están proscriptas! No solo no se dan licencias, sino que si —por casualidad— alguna tiene licencia autonómica, y si —por casualidad— resulta que no es pobre, por ley se la obliga a la pobreza y la indigencia. ¡Es una ley de prohibición de los medios sin ánimo de lucro!
En la comparación, el contraste es notorio.
Claro, cuando comparas esto con América Latina… y encima en Venezuela se les está dando recursos. Ojo, de todas maneras no todo es bonito; yo también tengo mis críticas sobre lo que está ocurriendo allí.
¿Por ejemplo?
Una cuestión central es la poca relevancia que le dan los medios públicos a la cuestión internacional. No puede ser que una radio nacional argentina o ecuatoriana, para saber lo que está ocurriendo en Madrid, nos llame a alguno de aquí para que les contemos algo. No están siendo auténticos medios de información internacional; se dedican a dar una imagen necesaria de veracidad de su país, están muy preocupados de que aquí sepamos la verdad de lo ocurre allí. De todas maneras los avances de América Latina son tremendos, inéditos y revolucionarios, y como tales están en un momento experimental y van a tener errores que Europa no tiene porque no está haciendo nada.
De todos estos procesos, ¿qué medida en particular le llamó más la atención?
La iniciativa de Ecuador de que las empresas financieras no puedan ser propietarias ni accionistas de los medios de comunicación me pareció muy valerosa e importante. Hasta el punto que después la copió Chávez. Y en el caso de Ecuador está en la Constitución, es tremendo: una Constitución que ha sido aprobada por referéndum y ya no la puede cambiar nadie. Vamos, que si eso se hiciera en España desaparecerían todos los medios de comunicación.
Miriam Coronel Armas se sumerge en el mundo de las subjetividades interpeladas, los rasgos estilísticos, el mito y la historia en la escritura del autor peruano. Esta es, según sus palabras, la historia de cómo una triste profesora se enamora de una obra de Manuel Scorza.
Por Miriam Coronel Armas
No es que una quiera juzgar… pero cómo se le puede perdonar a Carlos Fuentes que en su ensayo literario “La gran novela latinoamericana”, no haya incluido a Scorza. Una que es un humilde producto del ascenso social de ciertos sectores del campesinado norteño, o cabecitas negras, que pudo acceder a la Educación Superior gracias al estado, se enamora de él apenas lee las tres primeras páginas de su “Redoble por Rancas”[i] de 1970, primer libro de su pentalogía: “La Guerra Silenciosa”
“Y descubrís ahí, en esa estructura aparentemente caótica en un inicio, que no sólo te conmueve y te entretiene, sino que además estás llorando de risa y de belleza.”
Claro que los que nos matamos la adolescencia leyendo a Gabriel García Márquez, ya sabíamos qué era el realismo mágico y su galería de sinsentidos consentidos y protagonizados por el mestizaje. Un estilo capaz de interpelar nuestro proceso de colonización y entretenernos en el borde de la pileta del Timón…
Entonces a una le presentan a un tal Manuel Scorza, que en el primer capítulo te hace seguir el devenir anual de un sol peruano extraviado por un traje negro llamado Montenegro. Pero que en los restantes capítulos te cuenta, simultánea y enroscadamente, la historia de justicia y venganza de Héctor Chacón, el Nictálope y de un gusano de metal. Gusano que rodea arbitrariamente al pueblo campesino indígena ranqueño y sus alrededores. Ellos lo sufren y lo cuestionan, por que los hambrea, ya que les impide el pastoreo de sus animales.
Y descubrís ahí, en esa estructura aparentemente caótica en un inicio, que no sólo te conmueve y te entretiene, sino que además estás llorando de risa y de belleza.
Scorza comienza a relatar en esa su primera novela, una crónica a lo largo de treinta y cuatro capítulos, la lucha solitaria en los pueblos de los Andes Centrales en Perú que entre los 50´ y los 60´ vieron arrasados sus derechos por la instalación de la “Cerro Pasco Corporation”. El relato continúa en sus subsiguientes obras. Varios estudiosos señalan, lo que una no puede evitar sentir al leerlo, que no es una novela escrita, es una voz viva.
Su narrador es “representación de la oralidad en el texto”, un narrador que oscila entre los sueños del periodista que cubrió las revueltas y se vio obligado a exiliar por exponer dramáticamente las matanzas y las voces susurradas de los campesinos andinos. Una voz lírica entre el periodista limeño comprometido, y las voces ahogadas de los campesinos, que ya han olvidado los legados de quipus incaicos, pero que siguen sometidos a los espejos de colores de la hispanidad colonial.
Una voz que no cuenta racional y cíclicamente el conflicto, no sólo es cronista, sino que también se ha auto- erigido en la de constructor de la memoria. Al decir del autor, “los calendarios enloquecen” y el tiempo de la injusticia pasada es la del presente. Y la colonización, las guerras contra los realistas, los dolores de siempre de esta Latinoamérica están en esta pentalogía. Lo que Rulfo hace técnicamente para narrarnos la vida y la muerte de Juan Preciado y su padre Pedro Páramo, Scorza lo hace con la historia de la conquista del nuevo mundo, aunque no sea la centralidad del relato como sí lo es en la novela mexicana.
“Scorza comienza a relatar en esa su primera novela, una crónica a lo largo de treinta y cuatro capítulos, la lucha solitaria en los pueblos de los Andes Centrales en Perú que entre los 50´ y los 60´ vieron arrasados sus derechos por la instalación de la “Cerro Pasco Corporation”. El relato continúa en sus subsiguientes obras. Varios estudiosos señalan, lo que una no puede evitar sentir al leerlo, que no es una novela escrita, es una voz viva.”
El realismo mágico también irrumpe en la caracterización de los personajes. Así como el Macandal de Alejo Carpentier se convierte en miles de mosquitos para propagar la rebelión del pueblo esclavo en Haití, el protagonista de Redoble, Héctor Chacón, puede ver en la oscuridad, y todos darán cuenta de esa habilidad para conspirar contra su enemigo, el terrateniente y abusivo Juez Montenegro. “ Héctor Chacón, el Nictálope, comenzó a reírse: su carcajada construyó una especie de grito, una contraseña de animales conjurados, un secreto aprendido de búhos, espuma atropellada por los estampidos de una risotada seca como los disparos de los guardias civiles (..)”( Scorza: 73)
El despiadado juez, antagonista del Nictálope, es uno de los soportes donde el autor despliega descripciones más que satíricas, y donde homenajea en los epígrafes de los capítulos que protagoniza, a los autores del Siglo de Oro Español. El capítulo 5 “De las visitas que de las manos del Doctor Montenegro recibían ciertas mejillas” es un desopilante ejemplo. En esa misma línea quijotesca apela al “despreocupado lector” en varios capítulos donde deja en claro que él es un testigo, que el hecho fue real, que el conflicto y sus protagonistas existieron. La continuidad en la necesidad de verosimilitud que plantea la parodia literaria con orígenes en La Mancha empapa todo el paratexto desde el inicio.
Muchos han discutido si el capítulo donde los comuneros hablan desde sus tumbas tiene un correlato con el Comala de Juan Rulfo o si realmente constituye una lectura de la creencia quechua de que las almas de muertos siguen girando cinco días alrededor de los vivos. Se han preocupado incluso, por estas “construcciones libres elaboradas por el narrador”[ii]:
“_ ¿Moriste allí mismo?
_ No, estuve muriendo hasta la tarde.
_ ¿Y nadie te ayudó?
_ ¿Quién me iba ayudar? Rancas era un ascua. Incendio, gritos y balas, humo y llantos, eso era.
_ ¡Pobre doña Tufinita!
_ Vomité mi vida a las cinco. Lo último que vi fue el humo de las bombas lloradoras.”(Scorza: 291)
Ahora que pasaron unas cuantas décadas desde su publicación, se nota que cuando hicieron sus críticas no habían podido/ querido escuchar la voz del autor que reiteradas veces había declarado su postura sobre ellas. En 1979 le dice en una entrevista a José Julio Perlado, un catedrático de la Universidad Complutense de Madrid, “Lo que pasa es que usted mira las novelas con el deseo racional de encontrar una explicación racional, y estas novelas son viaje en el inconsciente, en lo onírico; y no tiene nada que ver con la realidad y la lógica. Anule todo el tiempo. O está parado. Son libros atemporales”
En su momento a muchos les gustó la novela, pero muchos no la leyeron en castellano. Ya que fue un suceso en Europa, montada sobre el lomo del “Boom latinoamericano”, se tradujo y editó en más de cuarenta idiomas. Esa repercusión editorial internacional puso al conflicto de Rancas y a la Cerro Pasco Corporation en una relevancia tal que ya no se podía invisibilizar. Esto es lo que a muchos no les gustó; que Scorza hablara desde el exilio de la realidad cotidiana de la población indígena campesina en pleno siglo XX.
No les gustó que los indios de la novela hasta discutan los emblemas nacionales y se rebelaran contra la injusticia de los que “actuaban” en nombre de la igualdad “(…) Nosotros no faltamos a nadie. Ni siquiera faltamos al uniforme.- Señaló el color caqui: “Ese no es el uniforme de la patria”. Se agarró la chaqueta: “Estas hilachas son el verdadero uniforme, estos trapos” (Scorza: 287). No es casual tampoco, que el jefe militar de las tropas se llame Guillermo El carnicero y sea quién conduce los grupos de asalto, especialista en desalojos de campesinos. Él mismo nos cuenta que: “Los campesinos se obstinaban (…) en agitar banderitas peruanas. Primer error: el uso del bicolor nacional, es prohibido a los civiles sin permiso, exasperaba los sentimientos de Guillermo El carnicero. El reglamento es categórico: el pendón nacional se reserva a instituciones y autoridades.” (Scorza:264)[iii]
Con una prosa épica, la pentalogía fue escrita como reivindicación y reflejo de esas luchas. No sigue la lógica de la denuncia, sino la de los mitos andinos. Y aunque muchos lo acusaron de “una renuncia del proyecto de lograr una literatura en consonancia con el complejo universo sociocultural de los países de gran población nativa”; y le hayan discutido al autor su interpretación de la mitología, acuerdo en su declaración cuando la define como onírica. No es un estado onírico como el del cubano Reinaldo Arenas en su alucinante reescritura de las memorias de Fray Servando Teresa de Mier. Donde el ensueño es el espacio de escritura para simbolizar la identificación subjetivísima que hace el narrador con el fraile patriota del siglo XIX.
La pentalogía toda, también conocida como La Balada, está compuesta por “Historia de Garabombo el Invisible” de 1972, “El Jinete Insomne” y “Cantar de Agapito Robles” ambas de 1976 y finalmente “La tumba del relámpago” de 1978. Esta voz poética sigue siendo original, aún hoy.
“Scorza no imagina un mundo posible, nuevo, sino que recrea cómo el mito sigue vivo en la subjetividad de la decodificación de las realidades latinoamericanas. Es un minucioso trabajo lingüístico y lírico que irrumpe en la construcción de la trama para mostrar esta dimensión mítica.”
No imagina un mundo posible, nuevo, sino que recrea cómo el mito sigue vivo en la subjetividad de la decodificación de las realidades latinoamericanas. Es un minucioso trabajo lingüístico y lírico que irrumpe en la construcción de la trama para mostrar esta dimensión mítica. No sólo están en los recursos poéticos que aplica a la prosa sino que más bien es parte constitutiva del juego onírico. Una prosa poética que hace homenaje al oro que nos dejaron los españoles y la matiza, la alimenta con una cantidad de nuevos ¿? giros lingüísticos que el autor define mejor: “(…) existe un afán revolucionario muy profundo en el idioma; este es un libro en el que la violencia del texto es tal, que él mismo ha alterado las palabras; el fuego ha cambiado el orden. Hay un origen quechua, no hay una forma quechua. Sobre mi español quechuizante, he instalado una estructura de escritor extremadamente revolucionaria; esta estructura en las palabras ha logrado crear una fórmula que es absolutamente detonante desde el punto de vista del idioma. Yo estoy haciendo uso de nuevas invenciones, estoy uniendo palabras nuevas.”[iv]
La denuncia queda desbordada por la belleza que tiene el mestizaje de recursos estilísticos y estructurales. Desde las voces que relatan, los tiempos que se alternan, las palabras quechuas y los neologismos que irrumpen. Pero lo que de verdad los críticos no le perdonaron nunca a su obra fue que a su posterior edición, produjo cambios significativos en los procesos judiciales y sociales del pueblo peruano durante los 70´. El mismo Scorza cuenta en una entrevista a la televisión española, cómo lo convocaron luego de la publicación de las dos primeras, a la liberación de uno de los protagonistas que aún seguía encarcelado y con veinticinco años de condena, por su participación en las revueltas.
Algunos de los “guardianes del discurso” de aquella época clasificaron finalmente su narrativa como Neo- indigenismo, apelando al carácter de denuncia y la utilización del Realismo Mágico. Colocándolo en paralelo con Miguel Ángel Asturias y sus “Hombres de Maíz” y “Los ríos profundos” de José María Arguedas. Consideraron que, junto a estas obras, rompió el estereotipo de la novela Regionalista, Indígena/Indigenista o de Realismo Social, como las del Boliviano Ciro Alegría o las del nicaragüense, Jorge Icaza. En la obra de Scorza el indio no es un ser exótico, marginado, un subhumano a los ojos de una voz omnisciente y occidental. En mi opinión, tampoco lo son para Alegría, pero así son de caprichosos los encasillamientos de los guardianes. [v]
La profesora de Lengua y Literatura en que elegí convertirme, que apenas si pasa de mera reproductora, intenta hacerle la gambeta al canon y como táctica, cuando da una clase de Realismo Mágico, prepara Scorza. Le deja García Márquez a la excelente difusión que el mercado consiguió darle hace décadas y presenta esta obra. Una de las dificultades con las que se encuentran quienes aceptan mi humilde recomendación es la adquisición del objeto libro. Tienen que caminar y preguntar en usados de calle Corrientes o hacer un sacrificio y adquirir las excelentes y carísimas ediciones españolas de Alianza. Para los que encuentran goce en la lectura en pantalla, aún les queda Internet.
Donde el lector, poco inocente y buscador de belleza, acepte reírse de lo que más nos duele, allí estará una obra del peruano Manuel Scorza.
[i] SCORZA, Manuel: Redoble por Rancas, Barcelona, Editorial Planeta, 1970. [ii] Ver artículo de Ohanna, Natalio de la Mc Gill University “Redoble por Rancas y la conceptualización del (neo) indigenismo: una tendencia a la homogeneidad. [iii] Ver el artículo de Adriana I. Churampi Ramírez de la Universidad de Leiden [iv] Ver la Entrevista con José Luis Perlado. [v] Ver el artículo de Escajadillo, Tomás: “Scorza : Nadie es profeta en su tierra”
Su juventud en el APRA, el exilio y su conocimiento de la historia y la mitología andina trazan una vida literaria y política comprometida con la experiencia concreta del campesinado peruano. Olvidado por clasificadores y latinoamericanistas en más de una ocasión, la poesía y novela de Manuel Scorza comienzan a revivir de a poco. Bienvenidos al creador de La guerra silenciosa.
No es sencillo trazar la biografía de Manuel Scorza. Como sugiere Juan González Soto, “probablemente se trata de un gran fabulador, un hombre desmesurado y no sólo con la palabra escrita, sino también en sus conversaciones y en sus actos. Abonó el campo para que alabasen su perfil mestizo, dejó rodar la fábula de una madre india, calló o disimuló su aprismo juvenil”. En algunas entrevistas se descubren fabulaciones como:“Nací, como mi madre, en los Andes centrales” o “fundé el Movimiento Comunal del Perú” o “un día lo escribí (Redoble por Rancas) de la primera a la última línea”.
“Con el golpe de Estado de Odría en 1948y el inicio de la dictadura, Scorza fue detenido y obligado a abandonar Perú. Recorrió varios países de Latinoamérica, entre ellos Argentina, hasta instalarse en México.”
Manuel Scorza Torres, desmesurado tanto en la vida como en la palabra escrita, donde se agiganta la voz poética que no abandonará en su obra narrativa, nació el 9 de septiembre de 1928 en Lima “en la Maternidad, ese hospital de gente pobre en donde […] las madres parturientas se hacen hacinar hasta el horror”. Sus padres, emigrantes serranos, se habían conocido en el psiquiátrico donde trabajaban: “un lugar atroz, el manicomio Larco Herrera». Allí pasó Manuel sus primeros años de vida.
Comenzó su militancia en los años cuarenta en el APRA, movimiento que al antiimperialismo incorporaba la reivindicación indigenista, un tema que la izquierda tradicional hasta el momento había omitido o relegado a un segundo plano. Sobre su militancia expresó: “Mi experiencia política, que la he mantenido siempre y que la mantendré hasta el final como preocupación esencial de vida, tiene su origen en las situaciones de abuso, de miseria que he visto, primero en mi propia familia y luego en los pueblos en los que me ha tocado vivir. Situaciones de extrema pobreza, de miseria extrema, de impotencia, de injusticia; todo esto me empujó a la decisión de hacer algo y de actuar políticamente”.
Con el golpe de Estado de Odría en 1948y el inicio de la dictadura, Scorza fue detenido y obligado a abandonar Perú. Recorrió varios países de Latinoamérica, entre ellos Argentina, hasta instalarse en México. Aseguró al respecto: “el exilio es una herida extremadamente grave y dolorosa; el exilio es casi una condena a muerte”. La amargura y el duro aprendizaje de estos años los transmuta en magnífica poesía en Las imprecaciones, su primer poemario. Un libro, según dice Tomás Escajadillo, muy violento, muy dolido, muy amargo:
Años que se comieron las araña
No tuve paz,
ni dónde reclinar la cabeza.
Era mi corazón un animal
que salía de los hornos tiritando,
los trenes me llevaban, cruzaba
las tinieblas con los ojos hirviendo.
[…]
Años como ratas echadas a morir.
El viento
salía ardiendo de mi vida.
Años que se comieron las arañas
Un impresor misterioso
pone la palabra Tristeza
en la primera plana de todos los periódicos.
Ay, un día caminando comprendemos
que estamos en una cárcel de muros que se alejan…
Y es imposible regresar.
El desterrado
En 1952 escribió el poema “Canto a los mineros de Bolivia”, intensos versos de compromiso social:
Hay que vivir ausente de uno mismo,
hay que envejecer en plena infancia,
hay que llorar de rodillas delante de un cadáver
para comprender qué noche
poblaba el corazón de los mineros.
Yo fui a Bolivia en el otoño del tiempo.
Pregunté por la Felicidad.
No respondió nadie.
Pregunté por la Alegría.
No respondió nadie.
Pregunté por el Amor.
Un ave
cayó sobre mi pecho con las alas incendiadas.
Ardía todo en el silencio.
En las punas hasta el silencio es de nieve.
Comprendí que el estaño
era
una
larga
lágrima
petrificada
sobre el rostro espantado de Bolivia.
¡Nada valía el hombre!
¡A nadie le importaba si bajo su camisa
existía un cuerpo, un túnel o la muerte!
En 1961 volvió a Lima. La agencia donde trabajaba como periodista lo envió a cubrir los levantamientos campesinos en los Andes Centrales; este hecho marcaría para siempre su vida y su literatura. Fue a la sierra por unos días y se quedó meses.Es allí cuando, en palabras de Hugo Neira, “va a nacer […] otro Scorza. Quizá el definitivo, el Scorza investigador, vuelto hacia los hechos sociales y su expresión narrativa”.
“Manuel Scorza presencia los levantamientos campesinos de los Andes Centrales, donde La Cerro de Pasco Corporation se está apoderando de las tierras de los comuneros con la anuencia del Gobierno.”
Para Anna Marie Aldaz, el poema épico Cantar de Túpac Amaru representa, en cierta medida, la transición del poeta al novelista. Ciertamente parece anunciar algunas claves de La guerra silenciosa. Dos serían los rasgos que preludian el ciclo novelesco: el punto de vista de la voz narrativa y el empeño con que se hace hincapié en el omnímodo poder de los opresores.
Derrotados los movimientos campesinos, en 1968 Scorza deja el país rumbo al exilio definitivo en París: “Asistí a las más terribles escenas: prisiones, fusilamientos, masacres, asaltos. La prensa no informaba nada y a los que queríamos denunciar la situación, nos reprimían. Yo fui enjuiciado junto a otros participantes, acusado de atacar la seguridad del Estado, con mayúscula. Yo era pasible de cinco años de cárcel, así que decidí salir del país”.
El 28 de noviembre de 1983, Manuel Scorza fallece en un accidente de aviación camino a Madrid. Sus restos fueron recibidos en Lima el 5 de diciembre por familiares, representantes del gobierno, militantes del FOCEP y también por grupos de campesinos de los Andes Centrales.
¿Scorza novelista? ¿Scorza personaje de su propia obra? ¿Scorza testigo e investigador, vuelto hacia los hechos sociales?
Manuel Scorza presencia los levantamientos campesinos de los Andes Centrales, donde La Cerro de Pasco Corporation se está apoderando de las tierras de los comuneros con la anuencia del Gobierno y, desde el recuerdo próximo, escribe las cinco novelas que constituyen el ciclo narrativo de La guerra silenciosa.
Si bien es una recreación ficcional de la rebelión campesina, Scorza se presenta al lector como el cronista de una realidad silenciada por la historia oficial: “Este libro es la crónica exasperantemente real de una lucha solitaria: la que en los Andes Centrales libraron, entre 1950 y 1962, los hombres y mujeres de algunas aldeas sólo visibles en las cartas militares de los destacamentos que las arrasaron. Los protagonistas, los crímenes, la traición y la grandeza, casi tienen aquí sus nombres verdaderos”.
En una entrevista difundida en Mester, expresa:
Un día fui a despedir a un amigo a la Estación de los Desamparados […] observé que había un tren en el cual cargaban soldados, ametralladoras, fusiles […] vi que también cargaban camillas. Pregunté: «¿Qué es esto?». «Son tropas que van a controlar invasiones de tierra en el centro». «Si van a controlar, ¿por qué llevan camillas? Estos van a matar de frente», pensé […] Pocos días después me encontré con un amigo, Véliz Lizárraga, que era uno de los fundadores de un Movimiento Comunal […] Sabiendo que yo tenía orígenes indios, que yo era un intelectual que había recibido el premio nacional de cultura y que tenía cierto prestigio, que podía tener alguna influencia en los periódicos, me solicitó que redactara los comunicados del Movimiento Comunal. Y redactando los comunicados me di cuenta de la extrema gravedad de los sucesos que estaban ocurriendo en Cerro de Pasco y me inscribí en el Movimiento Comunal del Perú, que después se transformó en un grupo político.
En los Andes Centrales observa y se compromete en la lucha, en Lima redacta y publica los manifiestos en los que denuncia los abusos de la compañía minera. Podemos leer sus escritos como secretario del Movimiento Comunal en páginas de La tumba del relámpago, el quinto cantar del ciclo narrativo. También en el diario limeño El Expreso, en diciembre de 1961, reproduce los siguientes comunicados:
La verdad es que los comuneros no son los invasores sino al revés: son los invadidos, son las víctimas de la voracidad de los grandes propietarios de tierra.Representamos a cientos de comunidades, somos la voz de miles de campesinos […] Nosotros no hemos creado los latifundios, jamás hemos hecho uso de la violencia […] Ni como intelectuales, ni como ciudadanos, ni como hombres podemos sentir estimación hacia nosotros mismos si guardamos silencio frente a este drama.
Ha llegado la hora de decir que si nuestras justas reclamaciones no fueran atendidas, se llevaría al país a la violencia y al caos.Ha llegado el momento de preguntarse si los millones de indígenas, que constituyen nuestras comunidades, tienen algún derecho o si para ellos existe solamente el hambre, la miseria y la violencia.
Es durante este período de actividad política que se gesta La guerra silenciosa. Scorza, en conversación con Antonio Núñez de Molina, dice:
En 1962 finaliza el movimiento de Pasco con la victoria de los campesinos, que se quedaron en las tierras, hecho que supondría el fin del feudalismo agrario en el centro del Perú. Durante los años 1963 y 1964 regreso a los pueblos y recorro la zona, recogiendo y grabando testimonios, operación extraordinariamente delicada, porque Cerro de Pasco continuaba en estado de sitio y se habían aumentado las guarniciones militares.
Anna-Marie Aldaz afirma que cuando uno de los principales organizadores—el abogado Genaro Ledesma [Izquieta]—, fue arrestado y llevado a la prisión de la jungla “El Sepa”, y otro dirigente—Fermín Espinoza [Borja]—fue asesinado, Scorza decidió hacer algunos reportajes. De las palabras de la estudiosa húngara se deduce que la gestación de las cinco novela simplicó un intenso proceso de investigación y documentación.
«En un admirable esfuerzo de comunicación consolidado por una escritura magistral, el escritor peruano logra que convivan en sutil equilibrio elementos temáticos y elementos estéticos.»
En un admirable esfuerzo de comunicación consolidado por una escritura magistral, el escritor peruano logra que convivan en sutil equilibrio elementos temáticos y elementos estéticos. En los cinco cantares se fusionan lo real y lo mágico en un lenguaje poético que se nutre de la mitología quechua presente en la cultura campesina. Al respecto, González Soto señala: “Aquí radica una de las mayores sorpresas del ciclo. El narrador incluye dentro del ámbito mágico todo lo fantástico. Magia y fantasía aparecen en la narración a cada paso. La magia, sin embargo, está enraizada en una colectividad de hombres y mujeres del campesinado quechua y forma parte de sus creencias. Quienes poseen tal mentalidad de índole mágica tienen conciencia de que tras lo aparente, tras lo visible, tras el hecho estrictamente mágico, existe lo trascendente. Desde el punto de vista occidental la magia es incompatible con el pensamiento racional y logra su plasmación más vehemente en el mito. La fantasía, por otro lado, nace de la imaginación del narrador, en una operación individual de creación en la que interviene la cultura del narrador. La fantasía, en oposición a la magia, sí es compatible con el mundo real, puesto que el narrador si bien remueve lo real, desquiciándolo, únicamente lo hace desde su imaginación y dentro de ella”.
Manuel Scorza recurre en tres momentos a entidades míticas del campesinado quechua. En el capítulo 35 de Garabombo, el invisible, habla de la creencia india sobre el desprendimiento del alma cuando el cuerpo fallece y de cómo la muerte se anuncia a través del sonido que emite una pequeña mosca azul, la chiririnka. La utilización que hace de este mito referiría, según Laura Lee de Pérez, tanto la pérdida del tiempo primordial del cosmos, como la pérdida de la inmortalidad humana. En El jinete insomne, Scorza transcribe la elegía “ApuInka Atawallpaman”, el canto de dolor que expresan las llamadas Madres de los Muertos. El poema es quizá, según el análisis de Ángel Rama, el texto poético quechua de más alto vuelo lírico y en la traducción de José María Arguedas es de una austera belleza. La tumba del relámpago, finalmente, se inicia con el mito de Incarrí, un mito posthispánico que utiliza algunos elementos de la mitología quechua. De acuerdo con Ángel Rama, manifiesta una actividad creadora de la cultura sojuzgada en la que va implícita una reivindicación social: el dios Incarrí considerado muerto posee los atributos del Inca decapitado pero es también un dios sufriente que ha de volver, un dios creador capaz de resurgir y fundar un nuevo estado de cosas.
«En el trabajo de memoria india que el autor realiza hay un esfuerzo de interpretación del imaginario, el espíritu y el esquema de pensamiento indígena .»
Estos tres elementos del ámbito mítico quechua conviven con otros esencialmente fantásticos que proceden de la brillante imaginación del autor peruano y de su cultura: Fermín Espinoza es invisible, Héctor Chacón puede ver en la oscuridad, el Abigeo es avisado a través del sueño de acontecimientos futuros o pasados de los cuales nadie fue testigo, Raymundo Herrera sufre un insomnio inacabable, el Niño Remigio transforma su apariencia externa. Pero, además, los vientos van y vienen hacia todos los horizontes, llueve de la tierra al cielo, el tiempo se detiene, los calendarios enloquecen, los relojes se pudren, algunos conflictos se anticipan en los colores y formas de los ponchos que teje una ciega. En la estrategia narrativa de Scorza se identifican como intertextos dominantes la novela indigenista desarrollada por autores como Arguedas, Alegría e Icaza entre otros, y la literatura latinoamericana de los años sesenta. Dentro de ese planteo se destaca la utilización de recursos vinculados con el realismo maravilloso de Alejo Carpentier y Gabriel García Márquez.
En cuanto a la temática de la alteridad, en Redoble por Rancas, primer cantar del ciclo, Scorza nos muestra el cosmos de una comunidad indígena de la sierra. Las relaciones humanas están dominadas por la colectividad. El indio vive en simbiosis con la naturaleza. No hay distancia otro/mismo. Prevalece el tiempo cíclico del mito. La vida de los campesinos está determinada por lo sagrado. El cerco que la sociedad minera norteamericana despliega para rodear las tierras comunales es simbolizado por un gusano que se arrastra a través del territorio andino, modificando el curso de la naturaleza.
Toda la semana se advirtieron signos. Don Teodoro Santiago descubrió que el agua de Yanamate se cribaba de agujeros. En Junín una vaca parió un chancho de nueve patas. En Villa de Pasco, al abrir un carnero saltó un ratón. Signos hubo pero nadie quiso verlos […] Alguien les comunicaría que se clausuraba el mundo. Huyan antes que sea tarde. Alguien les notificaría. Y los árboles también se asustaron.
El cerco está personificado, humanizado, como todo el orden cósmico indígena; lo parió la noche, las regiones donde durmió, los cerros que devoró, los kilómetros de edad que cumplió en su inexorable evolución. Se trata de la irrupción del Otro representada y la consecuente modificación del orden cósmico. Scorza muestra así la vinculación privilegiada que, a diferencia del hombre blanco, el campesinado quechua ha sabido mantener con el mundo. En el trabajo de memoria india que el autor realiza hay un esfuerzo de interpretación del imaginario, el espíritu y el esquema de pensamiento indígena sostenidos todos ellos en la oralidad, como resguardo de identidad y continuidad frente a la inevitable transformación que el paso de la sociedad tradicional a la sociedad moderna implica.
En el segundo cantar, Garabombo el invisible, Scorza denuncia el no reconocimiento del indio por el blanco. Garabombo, Fermín Espinoza, es invisible porque el blanco no lo ve. Inútiles son sus esfuerzos frente a los funcionarios para comunicar los derechos de los comuneros sobre sus tierras.
—¿Qué es eso que me cuenta que usted es invisible? —¡Es cierto! Cruzando el puente Chiruac me volví transparente.
El Ladrón de Caballos acabó de abrir una lata de sardinas. —Bajando a Yanahuanca a presentar una queja me enfermé. —¿Y? —No me vieron. —¡Pero yo lo veo! —Es que usted es de nuestra sangre, pero los blancos no me ven. Siete días me pasé sentado en la puerta del despacho. Las autoridades iban y venían pero no me miraban.
En el último cantar, La tumba del relámpago, Scorza expone la visión de los diversos componentes de la sociedad peruana planteando el conflicto de la relación otro/mismo en un mundo intercultural que se debate entre tradición y modernidad. Lo habitan personajes exteriores al campesinado quechua como Genaro Ledesma, abogado defensor de las comunidades que terminará organizando la insurrección; el Seminarista, que escucha la voz de Cristo y decide luchar junto a los campesinos; el mismo Scorza que se compromete con la lucha. Todos ellos representan la conciencia histórica frente a la conciencia mítica de la comunidad y el trabajo de politización que llevan a cabo en el campesinado consolida la transición entre ambas. Lo sintetiza literariamente el personaje de Remigio Villena que quemará los ponchos donde la anciana ciega ha tejido el futuro de las comunidades en la Torre del Futuro.
—¡Por eso mismo los quemé! Porque no quiero el porvenir del pasado sino el porvenir del porvenir. El que yo escoja con mi dolor y mi error.
Si,como ha enunciado González Soto, consideramos otro elemento esencial vinculado con la estructura general del ciclo narrativo, observamos que los personajes desarrollan una historia colectiva y tienen una dimensión simbólica. Las cinco entregas del ciclo son denominadas por Scorza como sucesivos hitos de un único objetivo; así lo ha manifestado en una entrevista a Tomás Escajadillo:
“Redoble por Rancas es la revuelta individual; Garabombo, el invisible, la revuelta colectiva; El jinete Insomne, la reconstrucción del coraje, un retroceso táctico en la lucha[…] Cantar de Agapito Robles plantea nuevamente la empresa colectiva y refleja un triunfo provisorio. La tumba del relámpago es el libro de la lucidez, la adquisición de una conciencia colectiva”.
El ciclo novelesco posee un profundo sentido épico: toda una colectividad se esfuerza por obtener los derechos que le son negados, no sólo al intentar recuperar las tierras que les han quitado, sino también revitalizando la cultura ancestral que les pertenece. En la lectura individual de cada cantar se percibe la repetición de sucesivas derrotas a continuación de los respectivos períodos de resistencia y la lectura de todo el ciclo permite inferir un constante progreso, desde su inicio en un pequeño y solitario levantamiento en una pequeña aldea (Redoble por Rancas), hasta la bien planeada y organizada ocupación simultánea de varias haciendas (Cantar de Agapito Robles y La tumba del relámpago).
En el transcurso de La guerra silenciosa va operando en los personajes una gradual mestización cultural. Para alcanzar este objetivo es imprescindible reivindicarla historia del campesinado quechua, hasta ahora no escrita, como elemento de identidad en el proceso de transformación y continuidad de la cultura indígena en su integración política y económica a la sociedad peruana moderna.
Ledesma no pudo evitar recordar el amargo fin de las luchas campesinas. Para preparar su tesis consagrada a esas rebeldías –sobre las cuales los historiadores no decían prácticamente nada–había consultado las Actas del Patronato de la Raza Indígena. Según ellas, entre 1922 y 1930 estallaron en el Perú 697 rebeliones, ¡697 alzamientos en ocho años, es decir un promedio de setenta anuales! ¡Un alzamiento cada cinco días! ¡Miles de muertos! ¡Cientos de miles de muertos! Alzamientos sucedidos en silencio, combatidos en silencio, aplastados en silencio.
Se impone aquí la acción ética comprendida como una promesa, la de perdurar a través de un quehacer y un enfrentamiento permanentes. El tiempo cíclico del mito se rompe y da lugar al avance en el tiempo lineal de la historia. Sin embargo, Scorza no destruye la conciencia mítica sino que propone un nuevo planteo: en cada uno de los cantares opera el sincretismo mito/historia en la lucha de las comunidades, que evoluciona en un doble terreno mágico y político.
Manuel Scorza, como expresa González Soto, no sólo ha logrado una profunda reflexión sobre el Perú del siglo pasado a partir de una serie de rebeliones concretas, sino que también ha sido capaz de hacer llegar las justas reclamaciones del campesinado quechua al ámbito internacional. En una entrevista con Bensoussan, el autor peruano afirmó: “Yo creo que la lucha es un fin. Cualquiera que sea el resultado del combate, los indios de los Andes Centrales han vencido”.
Tiene veintiséis años, es español y llegó a Argentina a principios de 2014. Junto a otros comenzó a militar en el proyecto a 15000 km de distancia. ¿Cómo construyen el partido desde el exterior? ¿Cómo se proyectan y llevan adelante la democracia de base tan pregonada? ¿Qué rescatan de los procesos latinoamericanos de la última década? Conversamos con Pablo Estruga Tula para comprender uno de los fenómenos políticos más curiosos de la actualidad.
Por Federico Acosta Rainis
¿Cómo te sumaste a Podemos? ¿Qué te intereso?¿Qué te atrajo?
Mi militancia empezó en el movimiento 15M, el de los indignados. He evolucionado con ese movimiento: después del 15M y las plazas, quedaron las mareas y otras organizaciones paralelas. En enero vine para acá, pero los compañeros me contaron que iba a pasar algo. Entonces me enteré de la organización de Pablo Iglesias, y acá en Buenos Aires se organizó una manifestación espontánea para el 22 de marzo. Era la marcha de la dignidad e hicimos algo simbólico en la embajada. Fuimos ahí cuarenta personas que no nos conocíamos, y después de la movilización dijimos “che, mira, está pasando esto en España, ¿qué les parece si nos juntamos a charlar, a debatir?”. Por las redes movimos la cosa, empezó a sumarse gente y coincidió que un compañero de los fundadores de Podemos, Germán Cano, viajaba a la Argentina por razones personales. Lo enganchamos para que venga a charlar con nosotros y nos cuente de primera mano cómo es el proceso. Y nos gustó la idea… Estamos lejos, emigrados, pero vamos a darle para adelante.
¿Por qué forman parte de Podemos?
Primero porque tenemos la oportunidad de participar en la formación de un partido, que es algo súper novedoso, y segundo porque la propuesta que tiene es básicamente para que podamos volver a España: le quieren dar un futuro a la juventud. Por esos dos factores empezamos a militar. Cuando creamos los círculos faltaba un mes para las europeas. Entonces pensamos: “¿cómo podemos ayudarlos? Vamos a ir a los medios para que nos conozcan, vamos a dar apoyo desde acá en Argentina”. Y claro, al principio era: “¿quiénes son estos boludos de Podemos acá, que quieren?”. Llego el 25. Y el 26, después del resultado de las elecciones no pararon de llamarnos desde los medios. Eso nos dio a conocer.
“Nuestra militancia está centrada pura y exclusivamente en política española. Consideramos que no teníamos tiempo para más y que la lucha ahora está allá. Hay que gobernar España, hay que llegar al gobierno para cambiar las cosas.”
¿Cuál es la razón para militar en Argentina, tan lejos de España?
Argentina, después de Francia, es el país donde más españoles hay en el extranjero, no tanto por la inmigración nueva sino por las inmigraciones anteriores. El nuestro es un círculo especial porque el estar en el extranjero limita lo que podés hacer. Pero también te da muchas ventajas porque no tenés presiones mediáticas. Nuestras líneas son varias. Primero la difusión, que se conozca el movimiento, esto ya no hace tanta falta porque prácticamente todos los medios locales tienen alguna conexión con España. Después, llegar a los inmigrados y llevar nuestras demandas: una de nuestras primeras es el voto rogado, una de las dificultades que se ha creado desde el 2010, por la reforma del voto consular, que dificulta mucho el procedimiento para votar en el extranjero. Hay que seguir una serie de pasos para poder votar en las elecciones españolas. Es una labor bastante grande que tenemos porque nuestro objetivo además de dar a conocer es reclamar votos. Según el censo hay trescientas mil personas que pueden votar, entre españoles y descendientes de españoles, una cifra que queremos atacar. Y el tercer objetivo es contribuir a la formación del partido, mediante el programa, mediante documentos; estamos en la Argentina, que es la bandera mundial ahora mismo en derechos humanos, y queremos contribuir con eso al programa de Podemos.
¿Cuánta gente está trabajando en el círculo?
Hace poco se canceló un evento, el “Buenos Aires Celebra España” y decidimos hacer una reunión informal con la gente que quería venir. Ahí llegamos a la conclusión de que el círculo va de las treinta personas que militamos todos los días hasta las casi doscientas que aparecen de vez en cuando.
¿Por qué es tan amplia esa diferencia?
La militancia en el extranjero es muy complicada, todos tenemos horarios diferentes, todos vivimos en diferentes lugares de la ciudad o del país. Y después está el grado de compromiso: estamos conectados a Podemos mediante las redes y ya tenemos un trabajo en casa; si encima le pedimos al militante que venga a las reuniones y venga a los actos… es más complejo. Pero hay muchas herramientas que nos permiten participar a distancia.
Es un buen numerito…
Es un número, pensando que es algo muy nuevo, algo que requiere mucho trabajo. Pero tenemos toda la prensa interesada. Eso implica actualizarte un montón para poder responder y sobre todo para poder saber qué se está opinando en cada lugar. Tenemos una sección en las redes que denominamos “Gente Podemos” donde preguntamos a las personas: “¿qué es Podemos para vos?”. Es una pregunta muy discreta y sencilla y la gente te cuenta de todo. Es buenísimo, te cuentan su impresión: “yo he escuchado que son unos radicales pero veo su discurso y no son tan radicales, son una buena opción”. Está muy bueno eso, intentamos hacer ahí un panorama paralelo a las encuestas.
“¿Conectar con la gente es populismo? A mí no me importa que me llamen populista, si lo único que hago es hablar con gente como yo: tomo un discurso que es comprensible y lo pienso, lo interiorizo y lo replico. Si eso es populismo, entonces está bueno.”
En todo el mundo se está hablando de que Podemos es una propuesta interesante para replicar en otros países. ¿Ustedes tienen alguna idea de hacer algo así en Argentina o por ahora la idea es enfocarse en España?
Es una buena pregunta porque nos la hacemos diariamente. Nuestra asamblea del círculo decidió en un primer momento, y eso lo mantenemos hasta el día de hoy, que nuestra militancia está centrada pura y exclusivamente en política española. Consideramos que no teníamos tiempo para más y que la lucha ahora está allá. Hay que gobernar España, hay que llegar al gobierno para cambiar las cosas.
Pero, a la vez, la gente de aquí se interesa no sólo por sus propuestas para España.
Es verdad que la idea original llama mucho la atención. La gente tiene interés, se acerca y nos dice: “¿ustedes están acá en Argentina?”. Como nos llamamos Círculo Podemos Argentina alguna confusión se genera, pero lo explicamos rápidamente. Por suerte acá hay cientos de partidos y opciones para militar, entonces llamamos a los compañeros a que hagan su militancia local en otra organización y nosotros seguimos centrados en España. Eso no quita que se pueda aprender de nuestra experiencia, que estamos compartiendo con distintos colectivos. También consideramos que para que exista un Podemos Argentina tienen que cambiar muchas cosas y hay que adquirir mucho de la filosofía de Podemos: las primarias abiertas, la transparencia absoluta, la participación, todo eso no se consigue de un día para otro y aquí no se ha hecho. Entonces puede ser que se dé en el futuro: ni somos dueños del conocimiento ni somos el futuro, pero puede ser una opción. Un interés que yo personalmente tengo, es hacer política local pero en las instituciones españolas. Existe un consulado y una embajada, y de ese consulado y esa embajada dependen un montón de organismos: este año de militancia me he encontrado con mucha casta en la Argentina, muchos organismos que dependen del estado, que reciben subvenciones del estado y están como paseando. Esa va a ser mi propuesta para el año que viene: militemos política española pero pensando en estas instituciones. Te estoy dando la primicia (risas).
Ahora voy a sacar el titular en letra cincuenta (risas). Muchos analistas políticos caracterizan a Podemos como un movimiento populista. ¿Qué opinas sobre esta caracterización?
A nivel personal siempre me ha hecho mucha gracia el término. Si lo analizamos semánticamente a mí me gusta el populismo porque yo lo entiendo; yo entiendo a un técnico económico que me viene a contar qué medidas va a aplicar a la sociedad. Hablar de populismo no siempre es negativo. Nosotros no somos populistas en cuanto a que lo que hacemos es sentido común. No decimos “España va a estar libre de fraude fiscal”, decimos “tenemos fraude fiscal y tenemos unas medidas concretas para reducirlo al máximo”. No vendemos humo como hacen los demás partidos de diferentes formas. Tenemos un discurso muy común, muy entendible para la gente, y nos quedamos muchas horas hablando… ¿eso es populismo? ¿Conectar con la gente es populismo? A mí no me importa que me llamen populista, si lo único que hago es hablar con gente como yo: tomo un discurso que es comprensible y lo pienso, lo interiorizo y lo replico. Si eso es populismo, entonces está bueno.
“Está claro que a la hora de buscar aliados vamos a sentirnos mucho más afines a modelos como el argentino, el boliviano oel ecuatoriano, que a otros modelos como pueden ser el de Estados Unidos, México o Colombia.”
Uno de los aspecto más interesantes de Podemos es la participación horizontal. ¿Cómo garantizan este aspecto dentro de un partido que debe mantener una estructura jerárquica para participar en elecciones?
Desde el primer momento se planteó esa mezcla entre democracia participativa horizontal y audacia. Audacia quiere decir toma de decisiones muy rápida. Entonces es un número reducido de personas, el Consejo Ciudadano, conformado por setenta miembros, el que en último caso va a tomar decisiones. Pero si al tomar decisiones que involucran y representan a mucha gente lo hacés de una manera transparente, si publicás el acta de la reunión donde se han tomado esas decisiones y en el caso de que no gusten se pueden revocar fácilmente y no dentro de cuatro años en las próximas elecciones, sino dentro de un año en el congreso, o dentro de meses con una moción popular; si vos tenés todas esas herramientas, la combinación es factible.
Pablo Iglesias hizo varias veces menciones positivas sobre los procesos políticos latinoamericanos de la última década. Ustedes que viven acá ¿cómo ven el panorama latinoamericano y en particular qué evaluación hacen del kirchnerismo?
En el círculo tenemos todo tipo de pensamiento: gente a la que le gustan las políticas de este gobierno, gente a las que no le gusta tanto, gente que acaba de llegar y no las conoce, gente que solo las conoce por lo que lee en la prensa. Como es tan dispar hemos decidido no pronunciarnos. Ahora bien, hay una opinión mayoritaria. Muchas de las políticas de Ecuador, de Argentina, las defendemos: la redistribución, el tema de la regularización de la deuda que es importantísimo, la pelea que hay con los fondos buitre. Hay un montón de cosas que defendemos. Hay otras con las que no estamos de acuerdo o no nos gustan, sobre todo porque tenemos maneras diferentes. Está claro que a la hora de buscar aliados vamos a sentirnos mucho más afines a modelos como el argentino, el boliviano o el ecuatoriano, que a otros modelos como pueden ser el de Estados Unidos, México o Colombia. Esto está muy claro, es muy evidente y no hace falta que lo digamos. Nuestro objetivo, y el que no lo quiera leer que no lo lea, es defender lo popular como lo están defendiendo algunos modelos acá.
Luego del recorrido swinger de Karina Ocampo y la entrevista a Coral Herrera, finalizamos la saga de Amor Libre con Marina Filippa. ¿A qué le somos infieles cuando somos infieles? Sexo, amor, miedo y flirteo en busca de una honestidad muy particular.
‘¿Hubo erección? ¿Hay alguna posibilidad de que haya una antes de volver del break?’ es todo lo que se pregunta el cerebro femenino durante un almuerzo de trabajo con aquel compañero NO PERMITIDO. El cerebro de él hace lo mismo pero se limita a ‘Erección’.
Esto es inconsciente. Es sólo un intento de traducción del sonido que hace la sopa de hormonas al burbujear en nuestros circuitos neuronales. Nuestra manifestación humana o versión Tractatus logico-philosophicus sentada a la mesa, nada que ver: esa versión pone mirada vivaz y se escucha a sí misma mientras dice algo ingenioso. En fin. Polvo. Chistecitos. Pucho. Y a esperar los whatsapp que le darán algún significado a lo que pasó. Pero claro, estos son una extensión periférica de nuestro ya inútil idioma verbal en otro inútil intento de decodificación/codificación de lo que dice el del interlocutor. Las pantallas no van a contar que lo que pasó fue debido a que tenemos miedo. No van a decir que la fuerza centrípeta ejercida durante años por nuestros padres nos convirtió en narcisistas pusilánimes. No, en pantalla habrá una dialéctica alienígena entre dos celus malayos que conversan entre sí en idioma Emoji (los iconitos japoneses del whatsapp) y con final abierto.
“Pero ser swinger es cool hasta que te sale mal. Las esquirlas causan heridas para las que aún no hay cicatrizantes de venta libre.”
Y sí, así se van a explicar lo que en realidad pasó. ¡Y resulta que cada uno a su manera lo va a entender! ¿Por qué? porque lo único que busca el cerebro es sobrevivir.
Pero sí hay una palabra que decodifican los dos por igual y que nos está rebotando en la mente: infidelidad.
A ésta la usamos para darle nombre a lo que ocurre cuando, en una relación expresamente monogámica, aparece un tercero con el que una de las partes tiene un romance. ¿A qué le estamos siendo infieles? Al pacto tácito (o expreso) de tener contacto romántico solamente con nuestra pareja. Lo aclaro porque hay quienes piensan que si durante el coito evocás imágenes que no incluyen al otro en la foto porno mental, es infidelidad.
En argot psicoanalítico podemos usar algún mito griego para inventar los posibles orígenes del escozor desesperante que provoca estar celoso “con causa”, pero no es necesario. Duele. ¿Por qué? Porque significa, en último término, exclusión. Y la exclusión no le hace gracia a nadie.
La solución (petardo) de incorporar a otros al juego de seducción manifiestamente y no sin reglas, es una opción relativamente avalada. Pero ser swinger es cool hasta que te sale mal. Las esquirlas causan heridas para las que aún no hay cicatrizantes de venta libre.
¿Qué queda?
“Reconocerse muerto de miedo a quedarse solo es arruinar el look; el look es indispensable al bailar la danza del apareamiento para no quedarse solo.”
“Estamos saliendo”. “Nada, ahí”. “Estamos viendo”. “Y… en eso andamos”. “No sé, veremos”. Queda eso, los lánguidos graznidos del ego.
Aburre.
Reconocerse muerto de miedo a quedarse solo es arruinar el look; el look es indispensable al bailar la danza del apareamiento para no quedarse solo. ¿Entonces?
De los misterios del corazón humano -que desde Shakespeare, la Revolución Industrial y el nacimiento de las Ciencias Sociales intentamos clasificar incansablemente- , los celos son probablemente los más confusos. La confusión se incrementa en la contradicción: Ardemos debajo de la promesa y ardemos por encima de ella. Si no ponemos boca abajo el portarretratos se nos dificulta lograr el orgasmo así que me quedo solo (y con miedo) pero si no hay ninguna necesidad de ponerlo boca abajo porque ‘me porto bien’, estoy reprimiendo un impulso natural así que también se me dificulta el orgasmo, por lo que me quedo solo (y con miedo).
Se presenta entonces el dilema: si es inevitable estar expuestos eventualmente a la posibilidad de necesitar flirteo con o sin consecuente comunión física, haya este germinado o no a partir de una crisis de la pareja e implique o no una ruptura con la misma; y si el romance (poco o mucho) es componente esencial de una relación gratificante, con la idea de exclusividad como necesaria para concebir lo romántico como tal ¿Se podría preservar la relación si se hace un acuerdo diferente?
Sí. Pero la respuesta es incómoda.
Es un buen momento para abandonar la lectura. Pero si usted ya llegó hasta aquí es porque, al menos, no está del todo cómodo con la frase ‘Nosotros nos contamos todo’. Con algo de suerte, usted es de los que intenta entender al otro como un individuo diferente que atraviesa su propio camino. Un otro a quien le ofreceremos compañía incondicional -también cuando haya oscuridad, pero sólo para echar ahí un poco de luz y no para zambullirnos juntos en ella-.
Si me pongo pretenciosa, usted no duda en que es mercantilista la posición de ‘dar esperando algo a cambio’ o ‘me quitó’ algo que le di ‘por amor’. Y que está de acuerdo con que, en lo que a amores se refiere, no hay ‘tiempo perdido’ sino tiempo invertido en aprender algo importante. Es de los que cree inútil intentar moldear la realidad para que nuestro compañero sea la única persona con quien celebrar lo sexual, intelectual, espiritual y filosófico, en total plenitud y en idéntica proporción, siempre.
Y ya que estoy y lo voy conociendo, me atrevo a imaginar que usted es de los que se ha dado cuenta de que el amor es constructivo. Es dar. Darnos al otro. No desproveernos sino compartir lo que somos. Encontrar el goce en que el otro reciba lo que le hace construir.
Ahora que me he asegurado de quien es el tipo de lector al que me dirigiré, me atrevo a proponer el posible pacto. Pero tranquilo, no estoy inventando algo nuevo, ya muchos se manejan así. Es solo que quizá usted no ha tenido la suerte de conocerles porque hay actitudes tan osadas que requieren de sutileza y discreción.
En esta sociedad, un romance paralelo es tan o más nocivo que el deseo reprimido de vivirlo. El rasgo particular de la nueva propuesta es el siguiente: la ‘honestidad’ absoluta se debe evitar absolutamente.
“Si no ponemos boca abajo el portarretratos se nos dificulta lograr el orgasmo así que me quedo solo (y con miedo) pero si no hay ninguna necesidad de ponerlo boca abajo porque ‘me porto bien’, estoy reprimiendo un impulso natural así que también se me dificulta el orgasmo, por lo que me quedo solo (y con miedo)”
‘Yo confío en vos. Confío en que me cuidás y que cuidás a los demás. Si sintieras atracción hacia alguien más, serías consciente y responsable de todo lo que eligieras hacer. Por ello, confío en que vas a ser cuidadoso y no me vas a exponer a situaciones incómodas de ningún tipo. Confío también en que no vas a intentar saber si he estado con alguien más, como tampoco yo intentaré saber eso de vos. Nunca.’
Así, con todas las palabras. Una sola vez. Un solo pacto.
Paradójicamente, este pacto de la no honestidad total es quizá el más honesto: ninguna persona debería ser propiedad de otra y, en definitiva, nadie lo es. Aceptar esto por sobre la extraña ceguera colectiva que avala lo contrario es ponerse en acción contra un paradigma nocivo. Es mirar ahí donde no queremos y ver que hemos estado siendo parte de imposiciones culturales obsoletas que se basan en una realidad completamente falsa pero en plena vigencia.
Es celebrar el ideal del amor ese que sí nos hace bien. Es abandonar hábitos nauseabundos, como el de revisar el celu de la pareja de turno o el del estrés ridículo de someterse al juego del whatsapp clarificador; hábitos como el de asociar en todos los formatos, ‘amor’ con ‘dolor’. Es curar de una vez a esa palabra -amor- y darle a la unión el carácter dual que la lógica aristotélica occidental en la que está organizado TODO nuestro universo cercano, jamás podría reconocerle. Es un compromiso diferente, es nuestro. El drama, el juez y la Biblia quedan afuera.
La no honestidad total es ya no tener que mentir más.
El amor libre, la sinceridad y el erotismo están estrechamente ligados a la cuestión ideológica y política de la lucha de género. Conversamos con Coral Herrera Gómez, una referencia ineludible a la hora de pensar la dominación que se esconde detrás de nuestras relaciones tradicionales.
«Cuando hay crisis, los primeros que nos vamos somos los profesores de ciencias sociales”. Coral Herrera Gómez es madrileña, Doctora en Humanidades y Comunicación Audiovisual, especializada en Teoría de Género. Desde hace un par de años forma parte de esa larga lista de profesionales españoles que tuvieron que buscarse la vida en otro lado. Coral la encontró en Costa Rica; allí consiguió trabajo en la UNESCO, se enamoró y se quedó. Hoy brinda conferencias, coordina talleres y escribe habitualmente para periódicos y revistas españolas y latinoamericanas.
¿Qué es Campus Relatoras?
Relatoras es un proyecto autogestionado, una librería física que abrió en Sevilla hace diez años y luego creó un Campus virtual en el cual se dan cursos. Yo empecé dando un taller con ellas y ahora soy socia cooperativista. El proyecto se convirtió en algo más grande en el que ya estamos insertando formación online. Queremos crear una comunidad y vamos a abrir un Laboratorio del amor, que va a ser un espacio de formación permanente en torno a los estudios sobre el amor romántico, en el que participará gente de diferentes partes del mundo.
“Hemos luchado contra el patriarcado en muchos frentes, pero el bastión que queda es el patriarcado emocional”
Ahora vas a iniciar la séptima edición de tu taller “Señoras que dejan de sufrir por amor”.
Sí, cada un par de meses lo reabrimos, ya llevamos unas doscientas cincuenta alumnas. Allí trabajamos tanto lo político como lo personal. Hablamos de nuestras vivencias pero también llevamos a cabo una labor intelectual, debatimos, pensamos. El objetivo es, sobre todo, desmontar el patriarcado.
Haces una relación entre lo político y lo literario cuando hablas de la represión sexual y social de la mujer: hablas de “romantiquismo” y cuentos de princesas.
Cuando yo hice mi tesis doctoral me basé en el amor romántico para intentar entender por qué las mujeres que tienen un estudio e independencia económica siguen atadas a la dependencia emocional. Vivimos en un mundo donde ya se permite el divorcio y eres libre para estar con quien quieras. Hemos luchado contra el patriarcado en muchos frentes: el político-social, el legal y el económico, pero el bastión que queda es el patriarcado emocional basado en el “romantiquismo”.
¿Cómo opera esa forma de opresión?
Las mujeres seguimos sujetas a los cuentos que dicen que el amor es la solución o la salvación. En mis charlas siempre hablo de la Cenicienta. Ante la opresión, la tipa no busca un plan de acción para largarse y conseguir la autogestión; se sienta a esperar a que la salve un príncipe. La moraleja del cuento es que el príncipe te salva, te lleva a un palacio y te saca de la pobreza, etc. Con ese cuento hemos crecido y nos lo hemos creído, porque aunque ahora trabajamos y tenemos independencia económica aún seguimos creyendo que el amor es la solución a nuestros problemas.
Coral trabajó en la UNESCO, la AECID y las universidades de la Sorbona y Carlos III de Madrid, pero está lejos del academicismo; es más bien una militante que ha tenido la suerte de estudiar y utiliza esa herramienta para una lucha que sabe emergente y desigual, según la parte del mundo que se mire. Al conocer de cerca la realidad latinoamericana -luego de vivir durante décadas bajo el estado de bienestar español- perdió mucho de su optimismo sobre los avances en pos del amor libre y la liberación de la mujer. El patriarcado y el capitalismo, dice, son responsables directos de esa situación: “amamos de una manera egoísta, basada en la propiedad privada: en cuanto yo te amo ya eres mío o mía; cuando te deseo, te poseo”.
“Amamos de una manera egoísta, basada en la propiedad privada: en cuanto yo te amo ya eres mío o mía; cuando te deseo, te poseo».
¿Cómo juegan las necesidades en estas relaciones?
Existen unas relaciones interesadas entre nosotros y nosotras, nos relacionamos desde la necesidad y no desde la libertad. La necesidad, por ejemplo, de tener un novio porque si no todo el mundo te va señalar como lesbiana o por lo menos va a entender que tu comportamiento es anormal. Hay muchas presiones de tipo social y económico. En mi trabajo lo que quise hacer fue desmontar un poco la ideología patriarcal y capitalista que subyace al amor romántico, porque habitualmente se cree que es una cosa individual, como la gripe, que si te la coges, bueno, apáñatelas como tú puedas.
Y ante ella, medicamentos y terapias.
Claro, lo que he encontrado es que, ante las dificultades de las relaciones sentimentales que establecemos y el alto grado de sufrimiento que conllevan, lo que se nos ofrece son soluciones a posteriori: psicólogos, psiquiatras, antidepresivos, pastillas para olvidar, pastillas para dormir o para generar bienestar. Pienso que sería muy necesario tener educación sexual y emocional desde el principio, en el proceso de crianza y socialización. Habitualmente se nos enseña a reprimir nuestras emociones fuertes, como la ira o la alegría, pero no se nos enseña a gestionarlas. En mi trabajo intento desmontar el sustrato ideológico que hay detrás de este sufrimiento para poder tener relaciones más libres y más bonitas.
En tu blog dice, bien grande, “lo romántico es político”. ¿En qué sentido esto es así?
Es algo que se me ocurrió a partir del lema “lo personal es político”, de mayo del 68. Remite a la idea de que aprendemos a amar culturalmente, desde donde se nos ofrece el modelo de amor príncipe-princesa o Brad Pitt-Angelina Jolie, familia nuclear, matrimonio feliz, división de roles, ella lava los platos/él arregla el jardín, ella cría los niños/él lava el coche, etc. Por lo tanto es político en tanto y cuanto todo el patriarcado y el capitalismo están insertos en estas estructuras de relación. Esto significa que habría que articular mecanismos que nos permitan querernos mejor y tener relaciones libres.
En teoría, eso está políticamente garantizado.
Claro, a nivel legal el Estado te garantiza que puedas juntarte con quien quieras y separarte cuando quieras. Pero lo cierto es que seguimos llamando “crímenes pasionales” a la violencia de género, que también es un tema político porque no pertenece al ámbito individual. Por ejemplo, hoy se sabe que el terrorismo machista ha matado más gente que el terrorismo etarra, y sin embargo no se articulan unas medidas políticas para luchar del mismo modo contra uno que contra otro. El feminismo reclama que esa violencia sea asumida de modo político y no como un problema individual. El amor es un tema político porque nos afecta a todos y a todas, y la propuesta sería, en primer lugar, una educación emocional para sobrevivir a los tsunamis sentimentales, pero también una transformación cultural que nos permita querernos de otras formas, querernos mejor.
“la propuesta sería una educación emocional poliamory una transformación cultural que nos permita querernos de otras formas».
¿El amor romántico estaría en oposición al amor libre?
Bueno, yo creo que hay muchas formas de romanticismo, yo de hecho soy una persona muy romántica… (risas).
Qué paradójico…
¡Sí, sí, yo apuesto por el amor y por el romanticismo! El problema que existe es el esquema único de amor asociado al romantiquismo patriarcal y tradicional, que viene desde hace siglos.
¿Pensás que el amor libre es una solución o una vía para acabar con las relaciones opresivas?
Pues… yo creo que no. Yo apuesto por el amor libre en tanto que considero que es mucho más sano que el mito de la monogamia, que por otro lado afecta más a las mujeres porque parece que el hombre como tiene tantos millones de espermatozoides no puede evitar ser generoso… Pero la monogamia de la mujer también es un mito. Para mí, el amor libre es la solución a la hipocresía de nuestro sistema monógamo.
Evitar esa hipocresía no parece ser tan sencillo.
No, es muy difícil vivir el amor libre en una sociedad romántico patriarcal. Cuando vos intentás llevar a cabo alguna de las varias formas de amor libre, te das cuenta que es un reto bien complicado. Primero por el tema de los celos, que es el gran escollo al que nos enfrentamos, y segundo por el tema de la ética, sobre todo en lo relacionado con el cuidado de las parejas. También por las jerarquías: hay quienes dicen “bueno, esta es mi pareja oficial y estas mis secundarias”, con lo que tampoco estoy de acuerdo porque reproduce de alguna manera el sistema patriarcal monógamo.
¿En qué sociedad puede ser posible el amor libre?
No hay fórmulas mágicas. Sería posible en una sociedad sin intereses económicos, sin celos, sin egoísmos, sin estructuras jerárquicas, etc. Para mi puede ser un objetivo a alcanzar, pero para alcanzarlo y vivirlo con libertad y alegría hace falta una transformación política, social, cultural, emocional y sexual. Las dificultades que enfrentan las personas que apuestan por el poliamor son terribles en tanto que no vivimos en un mundo que lo propicie, pero creo que quienes deciden intentarlo son gente súper valiente. El amor libre es una utopía en el sentido que dice Galeano, en la medida que hay que ir caminando hacia ella aunque no lleguemos nunca.
“Las dificultades que enfrentan las personas que apuestan por el poliamor son terribles, pero creo que quienes deciden intentarlo son gente súper valiente”.
¿El amor libre es necesariamente opuesto a una elección monogámica?
Pues sí, en principio sí. Porque el problema de la monogamia es el adulterio, que conlleva mentiras, engaños y traiciones en los que la gente sufre muchísimo, porque cuando tú estás con una persona se supone que no quieres hacerle daño, pero ¿qué ocurre si te enamoras de otra persona? El sistema monógamo es hipócrita porque considera el adulterio como una excepción cuando en realidad es la norma. El amor libre es opuesto a la monogamia porque implicaría un mundo en el que ya no sería necesario engañar, mentir ni traicionar más. Un mundo en el que se trasciende el tema de la propiedad privada y la exclusividad.
El feminismo y la izquierda suelen asociar patriarcado y capitalismo, opresión de la mujer y propiedad privada. Sin embargo, el origen histórico de esos fenómenos es bien distinto, y difícilmente puede hallarse otro sistema en el que la mujer haya alcanzado el grado de igualdad que posee hoy. Las versiones europeas de La Cenicienta –arquetipo por excelencia del patriarcado– de los siglos dieciocho y diecinueve, fueron extraídas de unas tradiciones orales muy lejanas en el tiempo y muy diversas en su geografía. Parece que hubo una mujer llamada Mejillas Rosadas a quien Amenofis I buscó pueblo por pueblo siguiendo el curso del Nilo, luego de que Horus lanzara sobre su regazo el objeto fundamental para encontrarla: una sandalia. Del antiguo Egipto la historia pasó a Grecia, donde Mejillas Rosadas se convirtió en Ródope. Heródoto habló de ella unos cinco siglos antes de Cristo, probablemente sin saber que Amenofis la había perseguido del otro lado del Mediterráneo unos mil años antes.
–El patriarcado se adapta a todos los sistemas económicos –dice Coral–. El tema es que la liberación de la mujer en el capitalismo es perversa. Ahora las mujeres tienen la libertad de casarse y separarse, también la posibilidad de ganarse la vida de forma independiente, pero la libertad de la mujer en el capitalismo es un espejismo porque el patriarcado ahora se basa en las emociones, es decir que está invisibilizado por ese espejismo de libertad.
¿Esa libertad te parece en su totalidad un “espejismo”?
Hay un nivel real: yo no tengo que pedirle permiso a mi padre para casarme. Es un avance enorme y no te lo puedo negar. Pero es perverso en la medida que, por ejemplo, si tú estás en una dictadura tienes un enemigo contra el que luchar, pero si estás en una democracia, no: al enemigo lo eliges tú, lo votas. Ahora, en el capitalismo, el sometimiento de la mujer es como en la democracia: “voluntario”. Aún teniendo las herramientas para entablar relaciones libres con los hombres, el patriarcado sigue inserto en lo simbólico y cultural. Por ejemplo, en las bodas el padre sigue entregando la novia al novio, no hay un segundo en que la novia esté sola, y la novia va contenta, nadie la obliga.
“Mi idea como defensora del amor libre es que abarque más gente y que como concepto no se trate exclusivamente del erotismo».
Lo que sí nace con el capitalismo, curiosamente, es el concepto de “amor libre”. De hecho, nace en la etapa más individualista y despiadada del capitalismo. ¿En qué medida el amor libre es eso y no un síntoma del desinterés por el otro, propio de esta etapa?
Bueno, en principio yo me quedo con toda la filosofía hippie y libertaria que hay detrás del concepto, la idea de que el amor va más allá de la pareja tradicional. Mi idea como defensora del amor libre es que abarque más gente y que como concepto no se trate exclusivamente del erotismo. Yo no habló tanto de una cuestión sexual sino de despertar una conciencia mundial solidaria, que la izquierda internacional viene intentando llevar a cabo desde toda la vida. La idea es expandir el amor a toda la gente y que la gente se quiera tal cual es, porque otro efecto del romantiquismo patriarcal es que diviniza a las personas para que sean perfectas, y las personas no somos perfectas. Es un proceso en construcción, creo que nadie está escogiendo el concepto de amor libre que usaban los libertarios de principios del siglo XX porque ahora los tiempos son otros y tenemos otros problemas que resolver, como el individualismo, las relaciones interesadas y la doble moral, por ejemplo. Para las mujeres yo creo que es un gran avance, ya que para nosotras siempre ha sido más difícil el adulterio, pero también tenemos que ir construyéndolo porque si no vamos a sufrir mucho.
“Podemos puede promover otro tipo de cultura amorosa”
Coral simpatiza con Podemos y lo dice abiertamente. A principios de enero posteó una lista de deseos para el 2015: uno, que Podemos gane las elecciones; dos, que se vayan los machistas de Podemos; tres, que el triunfo de Podemos no acabe con los movimientos sociales, que siga vivo el espíritu del 15M.
¿Pensás que Podemos no es solo una opción política y social, sino también una forma de lucha a favor del amor libre?
Como cualquier partido de España, tiene una estructura machista. Pablo Iglesias ha hecho una lista paritaria de hombres y mujeres, pero luego para las elecciones municipales y autonómicas se está viendo esta cuestión de que a muchos hombres no les parece prioritaria la cuestión de género. No obstante hay que destacar la lucha de las mujeres que están ahí partiéndose el alma para intentar concienciar a las personas sobre los principios básicos del feminismo. Y sí, creo que Podemos puede promover otro tipo de cultura amorosa. Ya lo está haciendo, en tanto heredero del 15M, que fue el espacio en el que la gente aprendió a trabajar asambleariamente, algo fundamental. Y esa estructura horizontal para mí es amorosa en tanto que no hay o no debiera haber lucha de poder ni luchas internas a muerte. Podemos promueve la idea de que podemos decidir entre todos y todas, una nueva cultura en cuanto a la solidaridad, el amor al vecindario y la autogestión.