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“Macri es la nada, loco”

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En tiempos como estos, nada mejor que charlar un par de horas con el tipo que rompió el molde del humor en Argentina. Con ustedes, Diego Capusotto.

Por Federico Acosta Rainis
Fotos: Ariel Vicchiarino

Hay apenas unos pocos parroquianos zampándose una milanesa con ensalada mixta o tomando un café con leche mientras leen el diario, y abundan las mesas vacías en El Progreso, uno de los bares notables de la ciudad. Es un lunes algo gris, hace rato quedó atrás el mediodía, y todo —Barracas, la esquina, el bolichito, la barra, los mozos, los comensales, las medialunas— transpira tanto Buenos Aires que enseguida me viene a la cabeza lo más porteño que conocí en la vida: mi viejo.

Y entonces también pienso que el lugar que propuso Diego Capusotto para la entrevista resulta muy adecuado. Porque los diferentes personajes que encarna en Peter Capusotto y sus videos —10ª temporada, Canal 7, lunes a las 23:00 hs— son bien argentinos y, sobre todo, bien porteños. Será porque el programa comenzó como un homenaje crítico al rock, y el rock es un fenómeno urbano; será porque el cómico de 54 años recién cumplidos vivió entre Castelar, Villa Luro y Barracas; será porque en los sketches se cuelan trozos de veredas y de taxis y de viejas casas chorizo que uno no puede dejar de asociar a la capital.

Como sea, en eso de pegotear pedazos distintos y hacer que funcionen como un conjunto coherente, Capusotto y su compañero, productor y guionista, Pedro Saborido, son buenos. En cada situación juegan a armar, desarmar y combinar decenas de elementos de nuestra cultura cotidiana, construyendo un pequeño y rico universo cargado de sentido —absurdo, puede ser; exagerado, también— que desde el primer instante inevitablemente nos interpela por lo familiar.

“Uno es una especie de duende maldito que se quiere poner en el lugar de cómo sería lo que no es correcto”.
Los collages son tan inesperados como inagotables: hay un cantante pop nazi muy ingenioso a la hora de crear técnicas para mantener a raya cabecitas negras e inmigrantes; hay un cubano enamorado del capitalismo que llegó en balsa a la Argentina y es fanático de las pastillas de menta; hay un padre de familia que parece acoger a pura sonrisa una casa muy liberal, pero que en soledad descarga un camión de estereotipos mientras experimenta ocurrentes maneras de mutilar sus genitales. Todo eso salpicado de una escenografía que parece agarrada con alambre, en consonancia con el relato que solemos contarnos sobre nuestro país.

En Peter Capusotto y sus videos lo surrealista es en realidad hiperrealista. Es esa, quizás, una de las claves de su éxito: la capacidad de satisfacer la tremenda sed de autorreferencialidad que tenemos los argentinos. Los personajes gritan a viva voz y sin ningún pudor lo que alguna vez dijimos —o pensamos y no dijimos, o escuchamos, o criticamos, o fantaseamos— de una manera u otra cada uno de los televidentes. Y aunque a veces los puteamos, también los entendemos, porque como confesará dentro de un rato el comediante, tienen “un convencimiento más orgánico y honesto que los que nos movemos en el mundo de lo habitual”. El humor aparece así como el camino posible para un sinceramiento tanto individual como colectivo.

Me parece verlo doblar la esquina de avenida Montes de Oca, y sí, ese pelo marca registrada es inconfundible. Nuestro entrevistado entra al bar, saluda a dueño y mozos que lo llaman por su nombre de pila y viene a sentarse con nosotros en una mesita junto a la ventana. Capusotto tiene cara de cansado —está en temporada de grabación— pero enseguida se engancha con la charla.

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UR: Varias veces dijiste que una de las razones por las que trabajan en Canal 7 es la libertad que habilita: no hay una negociación y pueden hacer lo que ustedes quieren. ¿Eso sigue siendo así después de tantos años?
DC: Nosotros no decidimos trabajar en el canal. El canal nos llamó —teníamos algunos conocidos de la época de cuando hacíamos Todo por dos pesos—, y nos pareció interesante pasar a un canal de aire para que sea más visto lo que estábamos empezando a hacer en cable. El canal de aire permitió también que el programa se pueda hacer más con la voluntad nuestra; siempre hay negociaciones, pero no nos han afectado en la parte artística.

El humor que hacen resulta multidireccional: ustedes largan algo y después cada uno interpreta lo que quiere. ¿Es esa la búsqueda?
Es que no hay otra, salvo que decidas que el espectador entienda todo el tiempo lo que vos querés decir, como una bajada de línea. Para mí ese no es el rumbo correcto, sino hacer desde la propia contradicción, los propios fantasmas, la propia convicción. Después el espectador hace lo que le parece a él, aprueba o rechaza. Tal vez en su lectura ve algo posible que nosotros no vemos, que siempre es más interesante. La mirada del otro termina conformando el programa en su totalidad; hay un momento en el que casi empezamos a perder autoría.

“El liderazgo es de Cristina, no de Scioli. Scioli es alguien que no se sabe si es parte del asunto o si va a ser presidente para hacer un quilombo ahí adentro. Porque después cuando sos presidente, se te para un poquito la pija…”.
La dupla creativa con Saborido parece funcionar tan bien que uno se pregunta: ¿No se mandan a la mierda a veces?
No. Hemos tenido algún tipo de conflicto, pero siempre cuando están puestos un poco lo físico y la tensión de lo que es una grabación. Algún tipo de diferencia que podamos tener se soluciona con charla y con el propio trabajo creativo que es acción, reacción, rechazo, conjunción, aceptación: no necesariamente lo que a él se le ocurre me va a causar gracia a mí de movida, y viceversa. Pero no hemos tenido grandes choques. Hay un proyecto que es absolutamente en común, que nos trasciende.

En más de una entrevista nombrás lo trascendental. ¿A qué te referís con eso?
A que uno no esté tan seguro de lo que hace, que lo desborde y pueda ser más interesante que uno mismo, en la medida en que abarca un montón de voluntades y de miradas que vienen cooperando. Una circulación que pueda conectar, ya sea el placer puro de ver algo que hace reír, en donde la vida toma importancia en ese momento de disfrute, o las posibles lecturas que cuando son disparadas dejan de pertenecerte.

¿Qué rol juega el humor ahí?
Lo que hacemos es una respuesta a lo que nos toca vivir con la parodia, con la ironía, con el mofarse de un montón de cosas que nos molestan. Y la única arma que tenemos para manifestarnos es el humor. Es una manera de burlarse no solamente de nuestras propias convicciones sino también de un escenario que está como impuesto, como para atrapar la estafa del discurso y de ciertas normas conductuales. Uno es una especie de duende maldito que se quiere poner en el lugar de cómo sería lo que no es correcto.

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Ni bien empezó la entrevista me di cuenta que Capusotto no es joda. Al contrario, es cosa seria. No tanto porque no ofrece payasadas ni intenta ser gracioso —definitivamente no es uno de esos actores que viven en personaje— sino más bien porque despliega un pensamiento que se reconoce inacabado y cargado de dudas y búsquedas. En él parecen coexistir una valorización de lo lúdico, una sensibilidad sobre lo social y lo colectivo, y la sencillez de un tipo cualunque que el miércoles a la noche se clava un asado con amigos en la parrillita del barrio.

El laburo que hacen es inherentemente político. ¿El arte que te interesa siempre es crítico, o creés en la potencia de lo poético y de lo estético en sí mismos?
Creo en la potencia de lo poético, del propio juego. No hay una postura de ojo rector que todo critica, que anuncia lo que está mal y lo que está bien. Nosotros tenemos más dudas que certezas. La idea que alguna vez escuché de presentar la vida en vez de representarla, termina siendo para nosotros más interesante.

En los meses que no están grabando, ¿qué hacés además de producir ideas?
Hago otras cosas en las que soy mucho menos protagonista, lo cual me encanta. Por otro lado, aún sin grabar siempre estamos conectados al programa, pensando pequeños escenarios de la vida mundana, que después los hacemos más importantes cuando los ponemos en el programa.

Una recolección de situaciones.
Una recolección de datos y de sucesos, con respecto a cosas que escuchamos o imaginamos. A mí me impacta dedicarme al programa y hacer la cantidad de programas que hacemos. Como casi todo en la vida es como un placer y una condena, que están siempre concatenados.

“El kirchnerismo ha hecho un derrame en sectores de la intelectualidad que ven algo interesante, y también en algunos sectores de la política más concreta. Me refiero a eso que está ahí, que nunca se irá. Todo lo que Macri y todos esos no tienen, porque son empleados del poder real que les dice lo que tienen que decir. No tienen vocación de política sino vocación empresarial para insertarse en la política y hacer negocios desde ahí, como si fuera todo una gran empresa”.
¿Es una contradicción?
No, pero en algún momento pasamos por el estadio del desencanto y después, inmediatamente, hay algo que nos revitaliza y nos vuelve a dar sentido. Eso es… no sé si decir la condena de lo sensible. No es una condena estética en el sentido de que podríamos probar con otra cosa, y no sabemos si no nos animamos o es el miedo a fracasar. Pero el programa termina, lo empezamos a extrañar, y nos dan ganas de volver a conectarnos. Hay algo del orden de lo táctico: catorce programas pasan rápido y al terminar no tenés ese agotamiento que hemos tenido en otras ocasiones. Es más falopa. Es como que te guste el escabio y estés dos o tres días sin tomar y después tengas una fiesta. Te tomaste dos o tres días de no tomar para disfrutar de volver hacerlo en la fiesta que tenés. Para nosotros es como un ritual porque lo estamos esperando. Sabemos que no hay nada más importante que ese encuentro con el propio disfrute. Y que te pasa cuando lo abandonás, nunca cuando lo hacés.

Dentro del lenguaje televisivo ustedes son marginales: no se rigen por las reglas que ordenan al medio, como el rating. A pesar de todo, están trabajando en la tele. ¿Hay algo que te haga ruido de eso?
No, a mí no me hace ruido nada en la medida en que estemos haciendo lo que estamos haciendo. Es aprovechar el medio para informar algo que puede generar disfrute. Es como estar en una feria donde hay un montón de stands para descubrir e interesarse, por sobre otro montón de lugares que con un megáfono dicen «vengan acá que está la posta».

Es lo que decías del humor, como ese duende que se revela contra lo establecido.
También es escuchar, vivir y sacar conclusiones. Porque en definitiva en lo que nosotros volcamos con un lenguaje ilógico en esa galería de personajes también está ese criterio más crítico sobre cosas que se escuchan permanentemente y sobre las que tenemos una posición tomada. Disputamos desde ahí porque creemos que con el humor, la ironía, la burla, todo se contamina menos y se dinamita eso que para uno es una estafa.

¿Cómo funciona eso a la hora de crear los personajes?
Lo que uno hace es darle a un personaje que pareciera que no tiene importancia, una importancia vital en esa escena en la que se está moviendo. Los personajes tienen una vida muy limitada, aparecen y desaparecen en tres o cuatro minutos, y tienen ese tiempo para ser la gloria o la condena. Y la libertad que tienen es que aunque sean unos estúpidos y procedan mal, a veces poseen un convencimiento más orgánico y honesto que los que nos movemos en el mundo de lo habitual. La ficción tiene un mundo en el que vos te podés permitir otras cosas. Es también ese escape de la propia debilidad, un ámbito que permite hacer lo que no se puede en otro. Entonces es como una gran mescolanza. El arte es promiscuo, tiene que ser siempre confuso, una mezcla de intenciones.

El arte es como una ensalada.
Y sí, porque es nuestra propia necesidad puesta ahí, un lenguaje interesante, que nos ayude, que nos justifique la vida. Lo que uno hace es una manera de justificar la existencia, porque a veces también se pregunta si la existencia tiene algún sentido.

Junto a lo trascendente también aparece lo épico…
La épica es una construcción absolutamente personal siempre, desde la propia desolación. Y ahí está el devenir de los aliados y los enemigos, en ese escenario que uno arma desde la convicción. La construcción de la libertad de la que hablaba Sartre: el hombre tiene la obligación de construirse libre aún con las sujeciones que tiene en el ámbito de lo social. Si no tenés convicción no podés confrontar eso que se te opone, que tiene más fuerza porque está contenido por leyes, instituciones, cosas que no hay manera que no atraviesen tu vida. En mi caso fueron el colegio, la conscripción… lugares donde uno cede ante algo que está de alguna manera ordenado.
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Capusotto es un bicho político. Se reconoce parte del peronismo, “que por momentos te convierte en una especie de gordo sindicalista que canta la marcha como si fueras parte del ejército espartano, y otras veces también te da ciertas certezas”. El humorista opina que es el movimiento que permitió a los postergados ganar derechos, pero va un poco más allá y apuesta a invertir la fórmula tradicional: el problema de la Argentina no fue el peronismo, sino el antiperonismo más rancio.

¿Te parece que el reconocimiento que fue teniendo el programa se debe, por lo menos en parte, a la reinstauración de la política en la vida cotidiana?
Creo que se lo ganó solo. Es un programa que nació haciendo referencia a cierta desmitificación de la cultura rock, a cierto amor a esa cultura con la que nosotros crecimos. Y después abrió el juego y empezaron a aparecer personajes vinculados al mundo de lo político, como el caso de Bombita. Estamos en un momento en que hay una discusión política mucho más ardua, y hay escenarios donde esta discusión se derrama. Inclusive en lo cotidiano, en los hogares, hay una especie de confrontación. Y está muy bien.

La política de todos los días.
Sí. En algunos casos son discusiones que tienen una convicción independientemente de que difieran. En otros, la convicción no es tuya sino de quien te informó: la palabra “grieta” hoy está asumida por todos y la dijo Lanata, alguien que en el 2009 puteaba a Clarín y estaba a favor de la Ley de Medios. ¿Quién instala la palabra grieta? ¿Alguien que es víctima o alguien que forma parte? El escenario real es mucho más complejo y lo conocen algunos pocos. Todo lo demás uno de buena voluntad lo intuye.

Con respecto a los medios, ¿te parece que se cayó un poco el velo de supuesta imparcialidad que los cubría, o simplemente se polarizó el discurso?
Se polarizó, porque hubo intereses que quizás en la negociación no debieron ser tocados y se tocaron. Hoy lo que se generan son espacios ficcionales para direccionar la opinión pública. Es una batalla táctica territorial donde de acuerdo a tus propias convicciones vos sabés quién es más enemigo. Hay un poder, que no es el poder real, que está en el gobierno y disputa la agenda con el poder real. Y a partir de eso se forma una propia agenda que posibilita otro tipo de discusiones. A mi me parece bárbaro.

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¿Qué opinás de Scioli?
Que es una candidatura hecha para que el kirchnerismo mantenga lo que ha generado en estos doce años. Habrán decidido que lo más factible es que alguien como Scioli pueda contener y hacer continuar el proceso. Pensar que es una figura conservadora hoy ya es ingenuo. El liderazgo es de Cristina, no de Scioli. Scioli es alguien que no se sabe si es parte del asunto o si va a ser presidente para hacer un quilombo ahí adentro. Porque después cuando sos presidente, se te para un poquito la pija…

Sos el que manda.
El poder lo tenés vos. Uno desde el lugar romántico puede pensar que Scioli no es la figura que debe continuar el proceso. Pero, ¿alguien sabe si es Randazzo en vez de Scioli? ¿Cuánto más a la izquierda está que Scioli? A Scioli lo llevó Kirchner ahí y siempre estuvo. Entonces, ¿por qué nos sorprendemos de que fuera candidato? Yo no me sorprendo. En el mundo de la táctica-estratégica de la política, un proyecto requiere de un montón de voluntades. El kirchnerismo ha hecho un derrame en sectores de la intelectualidad que ven algo interesante, y también en algunos sectores de la política más concreta. Me refiero a eso que está ahí, que nunca se irá. Todo lo que Macri y todos esos no tienen, porque son empleados del poder real que les dice lo que tienen que decir. No tienen vocación de política sino vocación empresarial para insertarse en la política y hacer negocios desde ahí, como si fuera todo una gran empresa. Y tienen a los lumpen ahí abajo que vienen a buscarlos cuando bajan del ascensor y llegan a los coches. Seguridad, mucha seguridad, ¿entendés?

¿Y el kirchnerismo?
El kirchnerismo tiene sus grandes contradicciones, que no hay manera de no tenerlas si construís espacios de discusión. Doce años de gobierno y no se van en helicóptero. Hoy ganan, después de doce años, en la Argentina. Eso es ya como para hacer una lectura. El kirchnerismo tuvo ochocientas cincuenta y cinco mil denuncias de corrupción, al PRO le sale una de Niembro y se despaturra. Porque son impunes, brutos, empleados del poder real. Al kirchnerismo lo podés discutir porque tiene una ética, ya desde el discurso presidencial, donde está la idea del otro, la idea de la patria, la idea de nación, la idea de lo colectivo. Eso puede ser una certeza o una estafa, se puede discutir. Pero Macri es la nada, loco. ¿Massa qué es? Todos los sectores más encarnizadamente antikirchneristas son los sectores reaccionarios de la Argentina. Los que odian, el cacerolero que dice «estamos en una dictadura». Eso de decir lo que uno sabe que no es, pero que te coloca en un lugar de la rebelión patética del ciudadano que quiere formar parte de una resistencia, que se encripta nada más que en el odio de piel, no en la certeza de lo político ni en la desmitificación de la estafa.

“El peronismo ha generado ese sello donde es lo que fue y lo que pudo ser también. Es una construcción literaria inclusive. Es como dice Rep: doscientos años de peronismo, ya no doscientos años de la patria. Como si todos fuéramos tomados aún odiando el peronismo. Es una especie de actor que se ha podido convertir en varios personajes”.
¿Cuáles son las críticas que le hacés al kirchnerismo?
Lo que nunca me termina de cerrar es que hay gente que la pasa mal todavía, mucha gente que la pasa mal. Nunca me termina de cerrar una política mientras esos sectores más desprotegidos no estén en otra situación. Me parece que estamos un poco sujetos al historicismo de lo que pasó en el 2001, donde realmente era “el desierto crece», como diría Nietzsche. Hubo una decisión tomada que generó oposiciones y conflictos y que a mí me puso en un lugar también de enervadura política. Después uno puede tener siempre una cierta mirada desconfiada de las estructuras políticas: que me digan que hay corrupción en el kirchnerismo me parece una obviedad. No conozco ninguna estructura política en donde no haya corruptela, en donde no haya alguien que ponga los dedos en “V” y esté haciendo alguna por teléfono con otro.

¿Es parte del juego del poder?
No, es parte de algo a lo que hay que estar muy atento siempre y es que la manera de construir política es saber con quién arás: no terminar de confiar del todo en todos. Uno desde afuera se pone casi como en poeta maldito y dice que todas las estructuras políticas no son de fiar, porque son dogmáticas y se sigue un liderazgo. Esa idea de la magia del liderazgo.

¿Del personalismo?
De la magia, de eso que te hace creer que algo es de una manera que no es. Este es un país típico que respeta siempre al liderazgo: aún el que no vota a Cristina Kirchner sabe que la mina es líder. Y hay un gran porcentaje de la sociedad al que le encanta eso también. Yo soy como un Durán Barba pero del kirchnerismo (risas).

El programa tiene muchas referencias al peronismo. Cuando junto humor y peronismo lo primero que se me viene a la cabeza es el famoso chiste de Perón diciendo que el treinta por ciento de los argentinos son radicales, el treinta por ciento conservadores y el resto socialistas, pero que peronistas son todos. ¿Somos todos peronistas?
El peronismo ha generado ese sello donde es lo que fue y lo que pudo ser también. Es una construcción literaria inclusive. Es como dice Rep: doscientos años de peronismo, ya no doscientos años de la patria. Como si todos fuéramos tomados aún odiando el peronismo. Es una especie de actor que se ha podido convertir en varios personajes. A mí me llama mucho la atención los tipos que todavía siguen diciendo: «Estos no son peronistas, yo soy peronista de Perón». Y vos les decís: «Flaco, hace cuarenta años que se murió Perón, ¿vos de qué Perón me hablas?». ¿Qué es Perón? ¿El del 46 al 52? Claro, pero me estás hablando de hace sesenta años. Entonces es: «Lo que dejó Perón». ¿Qué dejo Perón? Menem y el kirchnerismo. “Ah, no, pero estos no son peronistas, hicieron centrismo, vienen de la izquierda nacional en realidad”. ¡Andá a la concha de tu madre! Yo te lo digo como peronista, a ver si me entendés.

¿Tenés una mirada pesimista sobre el futuro del mundo? ¿Se va todo a la mierda o es una paranoia colectiva que ya ha ocurrido innumerables veces a lo largo de la historia?
Soy fatalista con respecto a que todo el mundo una sus deseos y empiece a pensar en el otro. No creo en la ayuda definitiva ni en paliar los males. Creo que hay algunos que intentan modificar el estado de las cosas y otros que no. Y los que no lo intentan no lo van a intentar tampoco.

¿Y van a ser cada vez más?
Creo que la gente dice: “Esta es la única vida que hay, es lo que me tocó, yo tengo que dedicarme a un territorio muy personal”. Los que manejan el poder económico no tienen tiempo ni ganas de preocuparse por la fragilidad del mundo. A lo sumo son cínicos —deben creer que es un acto de bondad—: cada tanto van a una fiesta y reparten sesenta mil dólares. Es un estado irracional pensar que el mundo puede ser feliz en la igualdad de todos. No creo que tanta gente se pueda poner de acuerdo para eso.

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Además de todo lo otro, Capusotto también es futbolero. Parece que andaba más o menos bien y de pibe se probó en varios equipos porque convertirse en jugador profesional era su sueño, pero la cosa no prosperó. Fanático de Racing aunque ya no va a la cancha, cada tanto un partidito se lo juega, y es inevitable preguntarle algo relacionado con la redonda. Cuando termine la entrevista, de hecho, nos vamos a quedar charlando un rato más sobre el ascenso y sobre algunos clubes que quedaron en el recuerdo.

“Hay algo del orden de lo táctico: catorce programas pasan rápido y al terminar no tenés ese agotamiento que hemos tenido en otras ocasiones. Es más falopa. Es como que te guste el escabio y estés dos o tres días sin tomar y después tengas una fiesta”.
Se rompió Messi: ¿Estamos al horno para las eliminatorias?
No, la posibilidad de que Argentina clasifique con o sin Messi están dadas. El tema es el Mundial, cuando jugás a otra cosa y tenés que tener no solo un ordenamiento táctico y jugadores que desequilibren, sino también un ordenamiento psicológico porque son nada más que siete partidos. Imaginate que le pasó a Argentina con Alemania: era el rival más difícil y podría haberlo ganado, pero quedamos afuera.

Hace un tiempo salió un video de un lindo gol tuyo en papi. Lo festejaste y al toque saliste. ¿Compañerismo o no te daba más el cuero? (risas).
Estábamos en una cancha techada, era en diciembre y estaba cagado de calor. Cuando hice el gol me vino lo típico de la vejez y dije “acá cierro”. Yo jugaba al fútbol muy seguido, pero desde los cuarenta empecé a jugar mucho menos, por el programa, porque no quería romperme. Juego cada dos o tres años. Cuando jugás de esa manera te empezás a olvidar que alguna vez jugaste y empezás a desconfiar si alguna vez fuiste bueno. Yo jugaba bien, no era un crack, pero jugaba bien. Entonces por una cuestión absolutamente narcisista, y como había gente de la hinchada de Racing que estaba atrás que cada vez que tocaba la pelota me puteaba, cuando hice el gol les hice así (gesto de índice penetrando un círculo formado por índice y pulgar), como diciendo «tomá, puteen ahora». Y me fui.

Te fuiste por la puerta grande.
Me fui por la puerta grande. Estás por salir campeón, faltan seis minutos, ya sos veterano, hacés así (índices girando, signo de pedir el cambio, más risas), te cambia el técnico para que te ovacionen todos y te vas.

Está bien, estuvo bueno el gol.
Era un ámbito mucho más humilde porque no estamos hablando de un jugador profesional. Se mezcló lo narcisista y la derrota física.

Te vi, te fuiste caminando.
Chau, hasta acá llegue. Y después como naturalmente uno debe hacer, terminé comiendo un choripán y tomando un vino.

Marta Dillon: vivas nos queremos

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La lucha contra los genocidas, la defensa de la libertad sexual y el combate por la igualdad de género, la han visto siempre en primera línea. Entrevistamos a Marta Dillon, una periodista y militante imprescindible.

Ella

Un breve currículum de su trabajo en estos últimos treinta años diría que es editora del suplemento Las12 del diario Página/12, autora de los libros Santa Lilita. Biografía de una mujer ingobernable (2002), Vivir con virus (2002), Relatos de la vida cotidiana (2004) y Aparecida (2015), y que junto a la cineasta Albertina Carri fundó Torta, productora del documental La Bella Tarea —sobre los derechos de las mujeres en el parto—, el programa periodístico cultural Visibles —acerca de la diversidad sexual—, y la miniserie 23 pares que, según su descripción, “transcurría en un laboratorio de análisis genético y […] contaba una historia de una familia para pensar las cosas que nos cruzan: la identidad, lo que la sangre dice y lo que calla, los vínculos filiales”.

En 2003, la agencia de noticias Prensa Latina otorgó a Dillon la primera mención del premio José Martí y dos años después la Unión de Mujeres de la Argentina galardonó su labor periodística. En la página de UNESCO, en el apartado que responde quién es elegible para un premio José Martí se lee: “Los candidatos deberán haber contribuido de modo significativo, en cualquier lugar del mundo, a la unidad e integración de los países de América Latina y el Caribe y a la preservación de su identidad, sus tradiciones culturales y sus valores históricos”. Marta va un poco más allá y apela a develar, a promover el pensamiento crítico, a desnaturalizar y provocar extrañamiento sobre las costumbres instaladas: transitar una re-evolución.

886x553 164kbEl periodismo

Dillon tiende a existir de manera emocional y su currículum no estaría completo sin consignar que, además de periodista y activista, ella es madre, abuela, esposa, hermana, hija, amiga y compañera. Su madre, Marta Taboada, fue desaparecida en la última dictadura militar y esa experiencia provocó que se convirtiera en referente de la agrupación HIJOS desde su fundación, a principios de los noventa. En el imaginario colectivo la instancia de lucha supone una actitud de puño cerrado, pero en Marta pervive una confianza en los cambios que se transmite en su sonrisa permanente.

Se inició en el periodismo desde muy chica y casi sin saberlo. A los dieciséis años empezó en Mendoza con un programa sobre temas generales y entrevistas en horario de trasnoche por Radio Nacional, y en octubre de 1995, a los veintiocho, arrancó la columna Convivir con Virus en el matutino Página/12. Por esos años, en el prime time televisivo proliferaban las campañas oficiales sobre cómo evitar contagiarse esa peligrosa, mortal y extraña enfermedad llamada sida. Lo que pretendían las columnas de Dillon era mostrar la otra cara de esas campañas, es decir, poner el cuerpo y darle entidad al tan temido fantasma del virus. En la primera de sus publicaciones escribió lo siguiente:

“No es que me pase la vida pensando que tengo HIV. No. Tampoco puedo olvidarme, es cierto. Pero de pronto esa certeza de que por mis venas corre algo más que sangre me conmueve. Caminando por la calle, sin aviso, me asalta la idea: soy portadora. No puedo evitar sentirme como uno de esos barcos de desechos tóxicos que no encuentran dónde abandonar su carga de muerte. Yo no soy la muerte. Es premisa fundamental para los que convivimos con el HIV tener muy claro que no somos HIV, solamente convivimos con él, lo portamos. Sin embargo, mientras sigo caminando por la calle Entre Ríos, un rato después de dejar a mi hija en el colegio y buscando entre los edificios un pedazo de cielo que me reconcilie con la maravillosa posibilidad de estar viva, encuentro un mensaje que evidentemente no es para mí. El cartel pide a la población ser humano con quienes padecen el sida. Me pregunto qué le pasaría al señor de la camioneta que acaba de anunciar todo lo que me chuparía, si yo le dijera que sea humano conmigo. Creo que en todo caso sería bueno ser humano con todos, ser un humano de tiempo completo. Sí, ya sé que es difícil elaborar campañas contra la discriminación y que es mejor que exista ésta a ninguna —de hecho muchos compañeros del grupo de autoayuda se sintieron aliviados cuando la vieron—, pero como humilde depositaria de este estigma que se intenta combatir preferiría que no sean distintos conmigo sólo porque convivo con el HIV”.

“Contar anécdotas es fácil, el desafío es quedarse con alguna esencia o perfume de esas anécdotas”.
¿Cómo definirías al buen periodismo?
Para mí, el buen periodismo es mantener los sentidos atentos para poder transmitir la experiencia del otro o de la otra, lo cual se puede traducir en que tenés que exponer el ágora política o la crónica social, pero siempre tiene que haber esa posibilidad de ponerse en el lugar del otro o de la otra.

¿Y cuando ese otro u otra es uno mismo?
En ese sentido te apropiás del propio lugar para poder transmitir una experiencia; no estás transmitiendo una segunda experiencia, pero sí tratando de generar empatía con los lectores. Se trata de pensar qué de universal hay en tu propia experiencia para que sirva ponerlo en el papel y que no sea solo “yo pienso que”, sino apuntar hacia eso que sobrevive más allá de la anécdota. Porque contar anécdotas es fácil, el desafío es quedarse con alguna esencia o perfume de esas anécdotas.

El cuerpo

El tesoro que busca Marta Dillon entre las piedras del sistema parte de un objetivo ambicioso: enriquecer el relato para alcanzar una libertad que la acerque a la verdad, o al menos a una versión de la misma. Las herramientas con las que cuenta son el mapa del cuerpo, la brújula del instinto y las redes que se tejen a través de los afectos y la coincidencia en las búsquedas. Sus hojas de ruta están compuestas por su historia, su experiencia y los valores que defiende con acciones. “Las mujeres ponemos el cuerpo todo el tiempo, está atravesado por disputas políticas, sociales, por la sangre: somos sujetos anclados a un mapa de heridas comunes”, explica. “Aunque no te reconozcas como mujer, hay una experiencia del cuerpo que te hace recordar eso visceral que tiene contacto con el dolor. Poner el cuerpo en primer plano está bueno porque es donde se siente, donde se realizan las transformaciones, y son las herramientas que tenemos para encontrarnos con otros y otras”.

¿El cuerpo femenino?
Yo no puedo pensar en el cuerpo masculino porque la verdad que no lo sé, te hablo desde el cuerpo que lo entendemos como mujer y la dificultad que tenemos para apropiarnos de nuestros goces. Hasta el día de hoy creo que sabemos bastante poco sobre cómo funciona incluso nuestro propio cuerpo: hablás de la eyaculación femenina y el noventa por ciento de las minas no saben de qué estás hablando; te hago un dibujo de un clítoris y no lo reconocen. Falta un reconocimiento de esa potencialidad e inventar nuevas posibilidades de poner el cuerpo en circulación porque, más allá de las disidencias y las orientaciones sexuales, seguimos funcionando en los parámetros heterosexuales de la familia y de la casa de cuatro paredes. El amor romántico sigue circulando en esta idea de que hay alguien para vos que te espera en algún lado y eso es lo más difícil de desarmar. En cuanto a la violencia, hay una erótica asociada a ese goce. Parece que en las peleas viene atada la posibilidad de la descarga, de la catarsis, como si no hubiera otra manera de poner en circulación el cuerpo y el goce sino es desde la apropiación.

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Foto: Sebastián Freire

Ni una menos

El 3 de junio pasado, bajo la consigna “Ni Una Menos”, se organizó en Argentina una multitudinaria marcha para reclamar por los derechos de las mujeres, en la que Marta fue participante activa. La concentración frente al Congreso convocó a unas doscientas mil personas y al otro día fue tapa de todos los diarios. Dillon explica que hay múltiples tipos de violencia que no se resumen solo en el femicidio, sino que son sintomáticas y dependen de cambios culturales que muchas veces no van al mismo ritmo que la Justicia o las leyes que se dictan para promoverlos. Hace dieciocho años ininterrumpidos se publica el suplemento Las12 —al que siguió el suplemento SOY, editado actualmente por Liliana Viola— y todavía hay contenidos y artículos de corte feminista que no son del todo asimilados por los lectores: hay un delay entre la producción y la recepción que lleva un tiempo, que Marta ya demostró tener la paciencia para sobrellevar y mantener.

“Hay temas que se van resignificando. Para nosotras este año con esa eclosión que hubo el 3 de junio fue sentir que en un momento pasaste al centro de la escena después de estar con pico y pala desde el margen. Aunque fue efímero”, aclara. “Uno de los discursos que circulan es ‘no pegarle a una mujer porque puede ser tu hermana’: siempre hay una relación de posesión con relación a las mujeres y atado al discurso victimizante. Es como cuando dicen ‘nos están matando’: no es ‘no maten más’, es ‘vivas nos queremos’. Nosotras queremos escuchar nuestras voces y que sean escuchadas, que nuestras experiencias valgan, y no en relación a otros sino en relación a esta organización heteropatriarcal que todo lo domina como si fuera la atmósfera”.

¿Cómo creés que se sintió esa experiencia masiva?
Mirá, el “Ni Una Menos”, cuando lo evaluamos y hacemos balance, nos remite a estar en la calle, desde la vulnerabilidad pero hacia esa fortaleza de estar con otras, cosa que sin el cuerpo no existe. Por un lado, la experiencia parecía un duelo colectivo por todas aquellas que ya no tienen voz, pero a la vez significaba la fiesta de estar en ese lugar presentes con voces claras y experiencias que se entrelazaban unas con otras. Estaba el duelo y estaba la fiesta, y me parece que es porque las dos experiencias atraviesan el cuerpo.

“Siempre hay una relación de posesión con relación a las mujeres y atado al discurso victimizante. Es como cuando dicen ‘nos están matando’: no es ‘no maten más’, es ‘vivas nos queremos’”.
¿Cuáles fueron las conclusiones? Porque pareciera que nada cambió: sigue habiendo femicidios y el acceso de las víctimas a la Justicia todavía es relativo.
Nadie pensaba que iban a dejar de matar mujeres porque se hiciera esa marcha, pero yo creo que sí hay cosas que cambiaron: desde las campañas de bien público hasta la necesidad del gobierno de poner en discusión las políticas de inclusión hacia las mujeres. Ahora hay una publicidad oficial en la que juntan todas las políticas de inclusión y hacen una genealogía desde la estatua de Juana Arzurduy para abajo. Me parece interesante porque antes, la Asignación Universal por Hijo, la moratoria de jubilaciones —que la aprovecharon varias mujeres— o la ley de empleo doméstico eran cosas que parecían aisladas, y al ponerlas en conjunto le estás aplicando cierta perspectiva de género que no estaba en la agenda. Lo del 3 de junio fue una demanda popular y, aún cuando a los dos días ya se estaba ninguneando y se pasó a otro tema, hay algo que se incorporó al lenguaje cotidiano y se volvió una necesidad decir: “Esto se hizo para la inclusión de las mujeres”.

Encuentro Nacional de Mujeres y después

Del 10 al 12 de octubre se desarrolló el XXX Encuentro Nacional de Mujeres (ENM) en Mar del Plata, con una masiva marcha que, a diferencia del “Ni Una Menos”, fue reprimida con balas de goma en la puerta de la Catedral. Al día siguiente, Página/12 publicó un texto de Dillon que decía: “Contra la irritación que se sintió en la ciudad frente a la cantidad de mujeres que llegaron sin permiso y que anoche se exhibió en gestos de patrones de vereda que salían a patotear a las manifestantes por sus pintadas, la creatividad de los cantos, el sonido de los tambores, la evidencia de la organización de las mujeres, su persistencia. Anoche sí que fue imposible ignorarlas a las sesenta mil que confluyeron desde todo el país para pensarse y pensar de qué manera es posible construir alternativas para asegurar sus derechos y su autonomía […] El ENM salió igual fortalecido, nunca como antes hubo tantas mujeres que llegaron por primera vez a encontrarse con otras”.

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Foto: Sebastián Freire

¿Qué sigue ahora?
Estamos preparando un foro que se va a realizar del 25 de noviembre al 1 de diciembre y va a consistir en quince días de activismo en contra de la violencia. La idea será poner en diálogo experiencias de diversos trabajos concretos con algunas aproximaciones teóricas, y poder pensar qué alternativas hay a la demanda punitiva permanente en relación a la violencia contra las mujeres que ya sabemos que no da buenos resultados. Porque si bien las leyes imponen cambios culturales muy acelerados que la mayor parte de la gente ve con desconcierto, lo cierto es que no son un fin en sí mismo, y lo que estaba en pugna antes de la identidad de género, está en pugna ahora y eso lo ves, por ejemplo, en Lanata hablando de Flor de la V.

“Yo creo que sí hay cosas que cambiaron después de la marcha del 3 de junio: desde las campañas de bien público hasta la necesidad del gobierno de poner en discusión las políticas de inclusión hacia las mujeres”.
Marta Dillon está convencida de que es fácil armar proyectos cuando uno genera complicidades afectivas, que lo importante es el camino, que aquel que no asume riesgos no gana nada. En lo que va del año, publicó su último libro Aparecida, una memoria en la que —ficción mediante— recrea el personaje de su madre, logró —junto a Carri y Ros— obtener la partida de nacimiento con triple filiación para su hijo Furio, se calzó al hombro la organización de la marcha “Ni Una Menos”, y cada viernes en Las12 nos sigue presentando la agenda del movimiento de mujeres y otras identidades disidentes del mundo heteropatriarcal. “El lenguaje del amor no se habla, se inscribe”, consigna en uno de los pasajes de su último libro. Su yo es expansivo, se anima a mostrar sus heridas, a compartirlas para sanarlas, a poner el cuerpo y arriesgarse, porque siempre hay algo que se gana.

¿Tudu Bein?

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04/02/2014 El Gobernador Scioli, mantuvo huy una reunión de trabajo con el economista Miguel Bein. Prensa Gobernación

Miguel Bein es el economista más escuchado por Daniel Scioli. De origen radical, durante el mandato de la Alianza trabajó con José Luis Machinea y fue Secretario de Programación Económica y Viceministro al mismo tiempo, puestos desde los que impuso el recorte fiscal a las provincias, defendió las leyes de ajuste y recibió a los enviados del FMI. ¿Por qué el proyecto nacional y popular necesita de un tipo como Bein?  

Por Javier Campos

Era el 24 de noviembre del año 1999 y en el Hotel Intercontinental, Fernando de la Rúa presentaba a los integrantes de su gabinete. El equipo económico de aquellos años estaba encabezado por José Luis Machinea y contaba con nombres como Mario Vicens, hasta hace algunos años presidente de la Asociación de Bancos de Argentina, y Daniel Marx, uno de los actuales consejeros de Mauricio Macri y el PRO. En aquel entonces solo un mes había pasado desde la victoria del gobierno aliancista y todavía faltaban un par de semanas para la asunción oficial o, si se quiere, el principio del fin. Desde aquella presentación y hasta febrero del fatídico 2001, hubo otro personaje que también pisó firme en el ranking de apariciones, opiniones y ocupaciones económicas importantes del último gobierno no peronista: el consultor económico y financiero Miguel Bein.

Hoy, con sesenta y cinco años, Bein es el gurú mercantil al que siguen Daniel Scioli y el resto de su equipo. En estos últimos meses se lo pudo ver y oír muy explicativo, en un raid mediático más contundente que espectacular, dando cuenta de la Agenda Económica Naranja. La misma tiene dos ejes generales: primero, el desarrollo productivo, expresado en “las tres I” que repite constantemente el gobernador: inversión, innovación e igualdad; en segundo lugar, la aplicación de estrategias focalizadas para solucionar algunos problemas como el control de cambio —mejor conocido como cepo—, el litigio con los holdouts, la inflación o la “insostenible cantidad de subsidios”. Todo eso forma parte de la propuesta sciolista. ¿Por qué Miguel Bein es el elegido para llevarla a cabo?

“Bein creía tener la solución, y lo decía con tono paternal: “Generar una gestión eficaz podría hacer llegar más profundamente a donde más se necesitan las políticas de asistencia social”. Parece que algunas ideas nunca pasan de moda.”
Subirse al barco

Aunque en los inicios del gobierno de De la Rúa, el equipo económico imaginó a Bein como Secretario de Industria, finalmente comenzó su camino como Secretario de Programación Macroeconómica y Regional, siempre detrás de aquel con quien había fundado una consultora en los años noventa: el ministro de Economía José Luis Machinea.

El flamante secretario asumió su cargo con la teoría de que los conflictos eran el corolario de una ineficiencia en la asignación del gasto y en la administración de las políticas públicas. Si ese era el principal problema, Bein creía tener la solución, y lo decía con tono paternal: “Generar una gestión eficaz podría hacer llegar más profundamente a donde más se necesitan las políticas de asistencia social”. Parece que algunas ideas nunca pasan de moda: redireccionar los subsidios, por no decir un “recortar” que no queda bien en tiempos electorales, es una cuestión central que declara a viva voz todo el equipo de Scioli.

Apenas comenzaron a manejar la economía argentina, Machinea y su troupe tuvieron que pedir una manito. Que lo aguanten un poco, digamos. Miguel Bein tomó la responsabilidad de recibir a los enviados del Fondo Monetario Internacional (FMI) para solicitar un waiver, un permiso especial que frenara cualquier acción preacordada en años de Menem —el último día de mandato el ex presidente había firmado más de cien decretos—, porque había surgido un desvío en las metas fiscales a cumplir. Dicho en otras palabras: en tan pocos días no habían tenido tiempo de ajustar. “El mayor déficit que se va a verificar este año no tiene nada que ver con la gestión nueva, que empezó hace una semana”, se defendía Bein junto a un Daniel Marx que lo secundaba.

La pareja de EE.UU. que llegó para pedir ajustes e imponer condiciones estaba compuesta por Teresa Ter-Minassian y Tomás Raichman. Entre las muchas exigencias, una era fundamental para que avance la negociación: poner en orden las economías provinciales, que tendían a una preocupante profundización de sus pasivos. Miguel Bein tenía algo preparado para tranquilizarlos: un acuerdo con cada distrito para tratar caso por caso el endeudamiento. “El duro trabajo fiscal que hará el país en el 2000 será, sin ninguna duda, acompañado por una disminución de las tasas de interés y una vuelta al acceso al mercado del sector privado”, avisaba el economista al público general. Para cumplir con todas esas promesas, se presentó para ese año un presupuesto donde el gasto no solo se congelaba; se reducía.

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“En definitiva, de las principales exigencias del FMI, el equipo económico que integraba Bein acató la mayoría, aunque en forma gradual para evitar un estallido social. Con las tareas cumplidas, a fines de enero de 2000, la plata finalmente llegó.”
Bein y Normandía

El nuevo milenio entró en escena con un halo apocalíptico, místico y misterioso que presagiaba cosas como el fin del mundo o la venida de algún ñato endiosado. En Argentina, empezaba a ponerse en marcha en serio el plan de austeridad con el que la Alianza supuestamente se ganaría los dólares de los organismos internacionales, pagaría las deudas y reactivaría el aparato productivo. La tarea de Miguel Bein pasaba a primer plano y usar la tijera era ya una cuestión de rutina.

En contexto, es importante recordar que el FMI imponía condiciones al gobierno y, una vez cumplidas algunas de ellas, liberaba partidas de dinero que sólo podían tocarse en caso de una crisis internacional, porque estaban destinadas a “proteger al país”. Con ese respaldo se podían pedir nuevos préstamos que luego se usaban para pagar nuevos compromisos y permitían mostrar a la nación como “confiable”, con otro tipo de deuda, pero seria al fin. Una zanahoria por siempre inalcanzable.

La Alianza comenzó a aplicar las propuestas de los organismos internacionales de crédito sin chistar: reforma previsional, racionalización de la administración pública, reducción del gasto público, reestructuración de la seguridad social (ANSES) y de la obra social de los jubilados (PAMI), firma por parte de todas las provincias de un Compromiso Federal para el Crecimiento y la Disciplina Fiscal (Ley Nº 25.400), entre otras. Para la entrada en escena de Cavallo aún faltaba, pero seguro que el futuro ministro ya se relamía.

Con los calores de enero, los gobernadores salían de sus provincias en comitivas compuestas por sus respectivos ministros de Economía y otros funcionarios de primer nivel para llegar hasta el Palacio de Hacienda, más precisamente al noveno piso, donde estaba la oficina del secretario de Programación Económica y Regional. El despacho 921 era el escenario central donde se desarrollaba la puja entre un Bein persuasivo y unos gobernantes ariscos al ajuste.

Bein ofrecía ayuda financiera y, a cambio, pedía reducción en el gasto público. Río Negro, Tucumán, La Rioja, Entre Ríos, Catamarca y Formosa fueron los primeros distritos en pactar lo que se conoció como Acuerdo Federal, otro nombre con el que se conoció a la Ley nº 25.400. Aunque al inicio Miguel Bein consideraba esta exigencia imposible de aceptar, argumentando que “desde el punto de vista institucional, en un régimen federal, las provincias tienen autonomía para decidir su presupuesto y sus cuentas, y tomar financiamiento”, luego termino por acatarla: “Hay un grupo de provincias que tienen dificultades y que se han endeudado mucho en los últimos años y hoy tienen una carga financiera que no pueden atender. Ahora van a tener que ajustar”, decía sin temor a las críticas.

En el Ministerio de Economía se hizo una poda del 25% en los gastos en personal contratado, mientras que en el Ministerio de Trabajo ese recorte alcanzó el 40%. Todos recuerdan las nefastas acciones de Patricia Bullrich y Domingo Cavallo cercenando sueldos y jubilaciones, pero este capítulo parece haber quedado extraviado en la historia. Bein planteaba: “Podría haber tanto una reducción de los salarios fijados en los contratos como una no renovación de los mismos. Va a haber bajas en la cantidad de gente en el primer trimestre. También estamos haciendo una autocrítica respecto de cómo se comunican algunas cuestiones de la reforma fiscal. Especialmente, no se transmitió correctamente el esfuerzo de reducción de gastos que habrá este año”. Había que avisar, pero hacerlo bien: el que avisa no traiciona.

Bein manejaba también el Fondo Fiduciario para el Desarrollo Regional y ponía la cara para explicar que al recorte de sueldos públicos se iba a sumar «la reducción importante de gastos en el presupuesto, donde la reducción del gasto primario será del 3% por ciento, en un país que viene aumentando el gasto en un 80% en la década pasada».

En definitiva, de las principales exigencias del FMI, el equipo económico que integraba Bein acató la mayoría, aunque en forma gradual para evitar un estallido social. Con las tareas cumplidas, a fines de enero de 2000, la plata finalmente llegó: 7.400 millones de confianzas. Carlos “Chacho” Álvarez encabezó el acto en el que se dio a conocer la noticia, secundado por Mario Vicens y, por supuesto, Miguel Bein. «Ya llegamos a la playa», dijo entonces a un diario liberal, comparando la gesta con el famoso desembarco en Normandía en tiempos de la Segunda Guerra Mundial.

Miguel Bein es el economista en Página 12 año 2000

“Todo quedaba corto: el secretario miraba con ganas a Canal 7, el PAMI y la Comisión Nacional de Energía Atómica (CONEA). Alguna vez contó, sin espanto, que Machinea planificó en ese tiempo privatizar también la Lotería Nacional.”
Ajuste efecto sándwich

Los primeros racionamientos conformaban la base del sándwich, y la millonaria suma que entregaba el FMI suponía el relleno. Solo restaba colocarle la tapa y servírselo a todos los argentinos. El deber se hizo entonces acción. En lo que respecta a Miguel Bein, su obligación de lograr el cumplimiento de las provincias lo encontró en dedicación plena, sobre todo para sumar al acuerdo a los distritos más grandes. Las provincias tendrían que reducir su gasto conjunto en 1.500 millones de pesos y lograr que su déficit baje a 2.200 millones. Solo así el gobierno nacional iba a entregar el dinero para que en el interior paguen sus deudas.

Pero el economista no se limitaba a esas funciones. También estuvo ligado a aquella herramienta tan polémica que muchos recordarán y que lleva el nombre de su creador principal: la Tablita de Machinea. Ese mecanismo de impuesto al salario formaba parte de  una serie de medidas, como los incrementos en gravámenes internos y bienes personales y la eliminación de excepciones en el IVA. Así lo expuso el actual ministro de Economía, Axel Kicillof, en una de sus presentaciones sobre el impuesto a las ganancias vigente hoy, en la que, Power Point mediante, mostró un artículo del diario Página/12 y una aclaración que ponía a Bein junto a Machinea, como responsables de afectar salarios.

A principios de junio de 2000, el organismo crediticio internacional por excelencia llegaba otra vez a la Argentina. Un par de días antes, De la Rúa y la cúpula de la Alianza habían establecido un nuevo recorte del 12% a todos los estatales que ganaban más de 1.000 pesos y del 15% a quienes ganaran más de 6.500. Además, desregularon las obras sociales mediante decreto y redujeron las futuras jubilaciones. Bein recibía al FMI para contarle de la firma de convenios con algunas provincias, del Acuerdo Federal inminente y del cumplimiento de lo establecido en materia fiscal.

A pesar del enorme ajuste, las metas no habían sido del todo alcanzadas. Pero el sometimiento del gobierno al FMI era tal, que el organismo toleraba algunos desvíos y entregaba mínimas señales de reconocimiento. Y Bein, orgulloso, las contaba: «El FMI acepta ese desvío y mucho más. Nuestra relación con ellos pasa por el mejor momento. Tengamos en cuenta que el déficit actual es la mitad del que teníamos el año pasado. Y la economía está creciendo un 3%. El FMI no es ningún obstáculo; el obstáculo es la falta de optimismo. Este desvío se podría haber resuelto con varias alternativas”.

La recta final del 2000 ya estaba a la vista, y había negociaciones y conflictos que ocupaban la agenda más allá de las exigencias internacionales. Temas como Aerolíneas Argentinas —donde Bein fue el negociador responsable para acordar problemas de deuda—, las estadísticas sobre empleo, producción industrial y consumo, los lanzamientos de planes de infraestructura y obra pública, y otros varios asuntos pesados tuvieron el aporte de Bein, quien parecía afianzarse como una cabeza principal del ministro Machinea.

Los indicadores económicos subían y bajaban cada mes, mostrando fluctuaciones que exigían la búsqueda de nuevos mecanismos que proporcionaran seguridad y seriedad. Otra fase de recortes ya empezaba a asomarse, pero ¿dónde y cómo seguir talando gastos sin provocar mayores conflictos sociales, como los tres paros generales que ya habían ocurrido durante ese año? La opción fue entonces fusionar algunos organismos estatales. La estrategia, según el viceministro Bein, no era “eliminar las funciones de esos organismos, sino los directorios; 44 entes, con directorios que gastan un total de 50 millones de pesos al año entre sueldos, viáticos, pasajes, etc., le está(n) costando muy caro al Estado”. Todo quedaba corto: el secretario miraba con ganas a Canal 7, el PAMI y la Comisión Nacional de Energía Atómica (CONEA). Alguna vez contó, sin espanto, que Machinea planificó en ese tiempo privatizar también la Lotería Nacional.

Miguel Bein es el economista más escuchado por Daniel Scioli

“Así se constituyó el llamado “blindaje”, con una inyección de casi 40.000 millones de dólares. Años más tarde Cristina opinó que, junto al Megacanje, el blindaje resultó “la estafa financiera más grande de la historia argentina”
El ocaso de los Machinea Boy’s

El lobby de los diferentes organismos internacionales de crédito era fuerte y logró que muchas de las medidas anunciadas fuesen finalmente reglamentadas poco tiempo después. En lo concreto, había que apurar las negociaciones con los gobernadores del Partido Justicialista (PJ) que lideraban las provincias y cerrar de una vez por todas el Pacto Fiscal, una operación en la que Bein participó y, aunque no tuvo gran protagonismo, cumplió su rol de conseguir los primeros compromisos que luego ultimarían José Luís Machinea y Chrystian Colombo. El acuerdo tuvo final feliz, tanto para la Alianza que había logrado satisfacer una de las principales demandas del FMI, como para los peronistas —excepto Néstor Kirchner, quien no firmó— ya que no se entregaban a ciegas: una cláusula habilitaba a las provincias a no respetar el congelamiento de gastos en situaciones de emergencia. Algo era mejor que nada y sobre todo en aquel año electoral.

Gracias a este pacto y a la aprobación del presupuesto 2001, apareció en Argentina una nueva partida de dinero enviada ahora no solo por el FMI, sino también por España, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Banco Mundial (BM), algunos bancos locales y las Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones (AFJP). Así se constituyó el llamado “blindaje”, con una inyección de casi 40.000 millones de dólares en las reservas y la posibilidad de utilizar ese dinero para pagar los próximos vencimientos de la deuda externa, a fin de poder volver a los mercados, atraer inversiones y conseguir tasas de interés más bajas. Aunque parezca increíble, el FMI había aceptado mayores gastos en el presupuesto porque el país blindado por EE.UU daba la confianza necesaria; era como tener un boleto de oro. Sin embargo, la Argentina no perfilaba un escenario más sereno ni reducía su fragilidad financiera; por el contrario, se encaminaba hacia un final triste y dependiente. Junto al Megacanje, el blindaje resultó “la estafa financiera más grande de la historia argentina”, opinó Cristina Fernández de Kirchner muchos años más tarde.

Mientras tanto, los datos económicos no mejoraban —la desocupación, por ejemplo, se sentía cada vez más— y la apuesta que había hecho todo el equipo de Machinea se quedaba sin aire. Más allá de los papeles, el plan pedía seguir recortando y ajustando gastos, bajando salarios y subiendo tarifas. Esta última medida, que iba a afectar trenes, subtes y colectivos, fue una de las que trajo más roces al interior del Ejecutivo, sobre todo por la forma de comunicar la información. Los aumentos, según el presidente, “eran menos de lo que querían los privados en contratos previamente fijados, pero se presentan como que el gobierno aumenta y no es así”. De la Rúa estaba enojado con muchos funcionarios, principalmente con Kogan, el secretario de Transporte, quien había negado que el incremento de tarifas fuese a afectar a los más necesitados con su famosa frase: “Los pobres no viajan”.

Pero la bronca llegaba también a Miguel Bein, con quien el jefe de Estado no parecía tener buena química por sus comunicados políticamente erróneos. Bein, firme, opinaba sobre los servicios de colectivos retocados: “Si no autorizábamos el aumento de diez centavos para las primeras tres secciones, seguramente íbamos a ver una disminución abrupta del servicio, porque muchas empresas no iban a poder seguir operando”. De los subtes, el economista decía: “Lo que la gente tiene que saber es que los diez centavos que aumenta el cospel van íntegramente a obras”. Y para los trenes, explicaba: “Obtuvimos mejoras sumamente importantes. No es un consuelo para la gente, pero siempre estuvo planteado un aumento importante en la tarifa desde valores muy bajos para asumir un plan de obras de 4.500 millones”.

Un año y un poquito más había pasado desde que Miguel Bein se había sumado a la Alianza y el 2001 hacía su entrada. Eran tiempos en los que Mauricio Macri sondeaba con encuestas la posibilidad de postularse como jefe de Gobierno porteño y Jorge Bergoglio era nombrado cardenal por el papa Juan Pablo II. Y también entraban en vigencia más medidas gubernamentales, como la Ley de Emergencia Económica, la Ley Antievasión y el nuevo presupuesto. Se efectivizaba además la desregulación de las obras sociales, la reforma previsional, el régimen para el negocio de las telecomunicaciones, y los aumentos en peajes, servicios de agua y telefonía celular. El salario real había caído un 12% para los empleados en negro y un 6% para los registrados, la cifra de desocupados rondaba al 15%, la pobreza golpeaba a un triste 30% de la población y la indigencia al 14%, según datos analizados por la Consultora Equis, en base a los números del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC).

José Luis Machinea, después de tres meses de malas noticias y con ninguno de sus objetivos en vías de cumplirse, dejó el cargo de ministro de Economía. Algunos días más tarde, Miguel Bein también presentó su renuncia.

“Sí es cierto que, si Scioli preside, Bein arribará para acomodar las cuentas en algunos puntos clave. En lo concreto: si en pos de un beneficio futuro para las condiciones macroeconómicas hay que retocar comodidades o facilidades que hoy ostente la población, lo hará sin miramientos.”
Primero como tragedia… ¿Y ahora?

En nada se parece aquel país a este que hoy nos toca vivir. Las condiciones económicas de la actualidad presentan —como siempre en la historia— problemas y contradicciones a solucionar o matizar, pero no es necesario un plan de austeridad como en el 2001. Mejor decirlo que darlo por sentado, por muy obvio que parezca.

Miguel Bein, desde el lugar que le toque, no llegará para ajustar de la misma forma ni con el mismo fin. Sí es cierto que, si Scioli preside, arribará para acomodar las cuentas en algunos puntos clave, y la experiencia deja claro su firme pragmatismo a la hora de tomar acciones que formen parte de una estrategia o plan a largo plazo. En lo concreto: si en pos de un beneficio futuro para las condiciones macroeconómicas hay que retocar comodidades o facilidades que hoy ostente la población, Bein lo hará sin miramientos.

Según Scioli, el presente argentino requiere de un territorio disponible para generar desarrollo; más y mejor capitalismo. Para eso se necesita una economía ordenada y direccionada. La obra que realizaría Bein, entonces, parece perfilarse como un ajuste paulatino, en un proceso que debe ser compensado con más trabajo y una inflación estable. Apuntalar el consumo interno es un ítem importante, pero lo fundamental es atraer inversiones extranjeras para que el crecimiento se apoye en la inversión y no solo en el consumo.

La idea se presenta como una panacea, pero como dijo Bein alguna vez: “En economía no hay magia”. Es cierto. No obstante, las estafas del gobierno de la Alianza y sus consecuencias todavía siguen siendo un truco difícil de olvidar.

España: Ni un país ni un idioma

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España es un Estado rico en diversidad histórica, idiomática y cultural. Sin embargo, esa diversidad no ha potenciado su desarrollo y hoy en día lo cuestiona más que nunca.

Iba a empezar este texto diciendo “España es un país al que le cuesta reconocerse a sí mismo”. Pero España no es un país, ni el español es un idioma. España es un Estado dentro del cual conviven –mejor o peor, según el momento– varias naciones. Varios pueblos con tradiciones, historias y lenguas propias. Algunos, de hecho, bastante diferentes entre sí. Para que se entienda, a riesgo de caer en una simplificación excesiva: hay más diferencia entre un catalán y un gallego o un vasco y un andaluz, que la que existe entre un mendocino y un santiaguino o un bonaerense y un uruguayo.

Sin embargo, dentro y fuera, se sigue pensando a España como si fuera un país. Un solo país. Los más osados ya han hablado –y ahora, al calor de la actual cuestión catalana y la vasca siempre presente, sus tesis toman fuerza– de un “país de países” o una “confederación de países”, pero la idea de España como un solo país sigue siendo fuerte. De hecho, los que están en contra de la independencia vasca o catalana critican a sus seguidores por ser “nacionalistas”, como si el españolismo no lo fuera. Mi vieja diría que el muerto se asusta del degollado.

Pero si el nacionalismo español se da por hecho mientras que el nacionalismo independentista es fuertemente criticado, las razones de fondo no suelen ser maliciosas. Si el españolismo caló hondo en la sociedad es porque los poderes monárquicos, franquistas y centralistas han sabido hacer bien su trabajo. Ese esfuerzo, como el de todo Estado que se ha intentado erigir en Nación, no sólo ha echado mano a la violencia física, sino también –y sobre todo– ha utilizado el consenso silencioso. Es decir, ha intentado internalizar en la población la idea de que las cosas “son como son” y de ninguna manera pueden ser de otro modo.

Y a la hora de inventar un “sentido común” esos poderes no se anduvieron con chiquitas. De hecho, algunos de sus inventos están tan bien arraigados que uno pasa por delante casi sin darse cuenta. El libro más importante de España –después de El Quijote– seguramente es el “Diccionario de la lengua española”. Pero si lo lees, curiosamente, no aprendés a hablar español. Aprendés a hablar castellano, por la sencilla razón de que el idioma español, como tal, no existe.

Vascos y Mapuches

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A simple vista, vascos y mapuches no se parecen en nada. Sin embargo, estos pueblos comparten dos particularidades históricas fundamentales.

Originariamente, el euskera es una lengua con siete dialectos que se diferencian bastante entre sí. Para entenderse, los vascos y vascas inventaron el Euskera Batua, es decir, el euskera estándar, que es el que ahora se habla generalizadamente y se enseña en todas las ikastolas, que son las escuelas que sólo enseñan en ese idioma. Estamos en España pero, en las ikastolas, el castellano y el inglés son simples materias a cursar dos o tres veces por semanas.

El caso del euskera como lengua viva y aislada, es particularísimo. Primero, porque en el mundo hay muy pocos casos de lenguas aisladas. Es decir, todas vienen de un idioma madre, salvo que ellas mismas sean un idioma madre. Existen algunos casos, es cierto, pero la amplia mayoría son lenguas que ya no se hablan. Como el sumerio, que se hablaba hace miles de años en sur de lo que hoy es Irak, hasta que algún otoño lo borró para siempre.

En cambio el euskera es una lengua madre y está viva, muy viva. Enterarme de esta particularidad me impactó, pero más aún me llamo la atención enterarme que toda mi vida había estado muy cerca de un caso parecido al euskera, sin darme cuenta: el mapuzungun –que es el idioma de los Mapuche– también es una lengua viva y aislada.

Pienso que mi desconocimiento –y el que supongo que la amplia mayoría de argentinos y chilenos tenemos sobre esta cuestión– es, justamente, el éxito genocida de nuestros estados sobre el pueblo mapuche. Digamos que somos, salvando las distancias, algo así como España y Francia para el Pueblo Vasco. Pero probablemente con mucha más sangre en nuestras banderas.

Babilonia en País Vasco

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Euskal Herria es un puerto de llegada para quienes huyen de la guerra, el hambre o el desempleo. Lenguas y culturas embellecen la organización de lo disímil.

Mis rastamigos se van a enojar, pero a mí me gusta Babilonia. Me gusta que la torre se caiga y los idiomas se mezclen, aunque haya que hacer enojar a Dios. Nadie llegó aquí de vacaciones, está claro. Todos vinieron detrás del euro, delante de las balas o apretándose las tripas para que el hambre duela un poco menos. No hablo de las circunstancias, sino de la belleza que las circunstancias pueden crear.

Digo que disfruto abrir la ventana y escuchar que la gente pasa hablando con alguna tonada latinoamericana o en urdú, como Ahmed, que también habla inglés porque se pasó un buen tiempo laburando en Londres. Me gusta que el tipo que recién me vendió la camisa sea rumano y que otro rumano me haya enseñado que su idioma también es de origen latino, como el mío.

Babilonia despierta la maravilla del encuentro aunque éste no haya sido del todo buscado. Ahora mismo, tres africanos pasan delante de mí riéndose presumiblemente en yoruba, hausa o alguna otra lengua que me resulta indescifrable, y supongo que en la verdulería de la china habrá algún marroquí o sirio recién llegado, obnubilado con todo lo que puede comprarse con cinco euros.

Mientras tanto, yo escribo en castellano y pienso en argentino: me acuerdo de la china que saca cuentas, repone mercaderías y habla por celular con una versatilidad increíble. Cuando se despide de sus clientes, les dice: “agul, agul” porque, como se sabe, a los chinos la historia les ha dado de todo, menos la erre. La china les quiere decir “agur”, que significa adiós, pero en euskera.

Lo que el posporno nos dejó

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En julio pasado el posporno tuvo sus cinco minutos de fama.  Una mujer le metió a otra un micrófono en la vagina en los pasillos de la Universidad de Buenos Aires y los medios se hicieron una fiesta. Lejos de la indagación y el debate, comieron y vomitaron lo que quisieron. ¿Qué es el posporno y qué hubo detrás de aquella performance? Entrevistamos a Rosario Castelli, antropóloga, feminista y organizadora del evento que dejó de la cara a todo el mundo.

Por Federico Acosta Rainis

Rosario Castelli es lesbiana y activista feminista. Antropóloga egresada de la Universidad de Buenos Aires (UBA), integra el colectivo de investigación Antroposex y la coordinadora Feminista Antirrepresiva, y participó en las distintas muestras de arte posporno que se vienen haciendo en el país desde 2012. Algunos temas sobre los que trabaja son las disidencias sexuales, la violencia de género y la lucha antirracista.

El miércoles 1 de julio formó parte de la performance posporno llevada a cabo en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, que generó revuelo en medios y redes sociales y motivó un amplio debate sobre sexualidad, libertades y espacios públicos. Cae una fría tarde en la ciudad y nos encontramos en un bolichito vegano a metros de avenida Corrientes, para que nos cuente un poco de qué se trata ese mundo hasta el momento poco conocido.

Con el cabello rapado a ambos costados, Rosario señala que cada dos por tres la viven echando del baño de mujeres porque piensan que es un tipo que se confundió de lugar. Habla rapidísimo: explica, opina, se emociona, se indigna, vuelve a explicar y todo eso, todo junto; es una pequeña locomotora que parece no detenerse jamás. Comenta, radiante, que ahora mismo está trabajando en la organización de la próxima edición del CineMigrante, que se realizará en Buenos Aires en septiembre y contará con la presencia, ni más ni menos, de la prestigiosa filósofa y activista feminista norteamericana, Judith Butler.

mic copia¿Cómo definirías el posporno?

Primero como un movimiento político, en el sentido que hay mucha gente que se identifica con el término como propuesta política. Es una respuesta a la construcción hegemónica de la pornografía, como forma de mirar los cuerpos, las prácticas sexuales, de construir objetos de deseo y de hablar del placer. El posporno no dice «vamos a prohibir la pornografía porque es una mierda». Eso sería dejarle el poder a ellos, porque la pornografía va a seguir existiendo. Tiene que ver con construir y deconstruir los deseos y los placeres y las formas de vincularse con los cuerpos. Y también con otros cuerpos posibles, esos que aparecen en el porno hegemónico como categorías exóticas: cuerpos gordos, cuerpos trans, etc. Que están todos ahí, pero el tema es cómo están, quién produce esos cuerpos y esos deseos. El porno educa, el porno es un imaginario social que dice cómo tienen que ser las prácticas.

Frente a esto ¿cuál es la propuesta del posporno?

La idea es generar otra pedagogía posible. Surge desde el feminismo, desde optar por ser protagonistas de nuestra propia producción, que nos genere placer, que posibilite otras formas posibles de existir y de vincularnos sexualmente. Y, sobre todo, desde una práctica colectiva y autogestiva. Lo que va a circular no es solo el producto final descontextualizado, porque siempre tiene detrás una historia, una localización: puede ser en un espacio okupa, o un grupo feminista al que se le ocurrió hacer un taller, etc. Cada producción tiene una genealogía, un colectivo que estuvo pensando algún tema: discapacidad, gordura, desnudez, intervención en el espacio público. Es una ocupación de espacios en los que la sexualidad pareciera que no está porque es la sexualidad normal, y lo que es normal nadie lo nombra ni lo devela.

“La idea es generar otra pedagogía posible. Surge desde el feminismo, desde optar por ser protagonistas de nuestra propia producción, que nos genere placer, que posibilite otras formas posibles de existir y de vincularnos sexualmente. Y, sobre todo, desde una práctica colectiva y autogestiva.”
¿Cuáles son sus orígenes?

Empieza con algunas actrices porno que se ponen a pensar estas cuestiones, y prende rápidamente en España hace más o menos quince años, como otra práctica posible de los movimientos para actuar contra la opresión y la desigualdad.

Desde lo teórico, ¿con qué autores principales o corrientes se identifican?

Creo que nadie a quien le preguntes te va a poder decir: «salimos de acá»; cada uno hace lo que puede desde donde le toca. Es muy distinto lo que pasa en España, donde estaban leyendo a Butler en los noventa, o lo que produjo Preciado y el transfeminismo después, a lo que sucede en América Latina, donde el posporno llega a algunos espacios universitarios o académicos, pero también sucede desde el arte: mucha de la gente que se identifica con el posporno viene del arte.

Es una fusión muy clara entre el arte y la política.

Sí, es arte-política. Eso es muy interesante porque se piensa al arte como forma de construir otros modos de existir en el mundo: el cuerpo como campo de batalla, una idea que viene del arte del performance y del arte feminista de los setenta y los ochenta. Otras líneas vienen desde las teorías del lenguaje, el posestructuralismo, y de la propuesta de deconstruir al sujeto binario. También está la cuestión de repensar a los sujetos de los movimientos sociales, tal como el feminismo tuvo que repensar una y otra vez a qué se refería con el sujeto «mujer», y cómo entra todo lo que no es «mujer» dentro de la lucha feminista, y todos los que no son esa «mujer» de la que hablaba el feminismo clásico. En América Latina se relaciona con las teorías poscoloniales y las teorías del feminismo descolonial que se preguntan por el rol de la raza y la clase.

¿Hay alguna identificación con el posmodernismo?

¿Quién se identifica con el posmodernismo? Muy poca gente. El “pos” es por ponerle un nombre. Cuando yo lo nombro la mitad de las veces no digo pos, digo porno. Es una forma de borrar esas categorías fijas. Las chicas de Post-Op (NdR: colectivo español de investigación sobre género y posporno) dicen «otro porno es posible”, porque sí creemos que otro porno es posible. El tema es que a veces decir “pornografía» te lleva a un lugar de sentido…

Que hay que disputar.

Claro, pero también el diálogo con el mundo porno es muy difícil. En el festival que hicimos en abril hubo una mesa debate entre una actriz porno y una de performance de posporno. Y entre otras cosas sirvió para borrar esa idea de las feministas de «todas las mujeres que hacen porno lo hacen obligadas”. Porque la actriz decía «hago algo que me encanta, me encanta coger, me encanta chupar pija, actuar, ir al gimnasio». Nosotros no decimos que el posporno supera al porno, sino que es una construcción que es política, que propone sexualizar la política. Lo importante es que es activista y busca otras cosas: generar un taller donde la gente experimente formas de sexualidad no genital, dejar de incluir a las otredades en la normalidad sexual.

foto 3 copiaEmpezar a entender que no hay algo que hay que incluir.

No hay algo que hay que incluir porque no hay un núcleo duro donde hay que estar incluido. Esa es la idea que atraviesa todo. El deseo también es una construcción y realmente se puede desarmar.

¿En qué se diferencia el posporno de otras pornografías como la que hace Érika Lust?

Erika Lust hace cine para mujeres, o lo que desde su imaginario cree que le gustaría a las mujeres. Y es muy parecido al porno tradicional. Yo no veo ningún corrimiento de sentido en cuanto a las prácticas sexuales y a la mirada sobre los cuerpos. Está la genitalización como única forma de sexualidad, las mismas historias, como la del que trae la pizza. No estoy impugnando cualquier porno; la pornografía está y existe. El tema es la forma en que la gente toma parte, la libertad con la que se decide, la manera en la que se relata, si se es protagonista o se es parte de una industria. Lo mismo que criticaría a Hollywood por industria, le critico a la pornografía. Lo que sí comparte Lust con el posporno es la idea de “hazlo tu mismo”, la lógica de «lo que hay no me gusta, entonces voy a producir lo que a mí me gusta».

En el posporno parece central la autogestión como práctica política del hacerse cargo.

Sí, el tema es que hay muchos posporno: hay uno que va a entrar al museo y va a ser endiosado, y hay otro que va a estar todo el tiempo corriéndose hacia los márgenes. Siempre va a haber disidencia de la disidencia, porque la disidencia es cooptada y se tiene que ir reinventando. La autogestión tiene que ver con una concepción de la práctica política, de la autonomía, de no depender de ningún estado, de no cristalizar en lugares que van a ser cooptados por la política.

“El diálogo con el mundo porno es muy difícil. En el festival que hicimos en abril hubo una mesa debate entre una actriz porno y una de performance de posporno. Y entre otras cosas sirvió para borrar esa idea de las feministas de «todas las mujeres que hacen porno lo hacen obligadas”. Porque la actriz decía «hago algo que me encanta, me encanta coger, me encanta chupar pija, actuar, ir al gimnasio». Nosotros no decimos que el posporno supera al porno, sino que es una construcción que es política, que propone sexualizar la política. ”
¿Pensás que una sexualidad disidente requiere necesariamente de una nueva estética sexual?

No se si la llamaría estética sexual. Lo importante no es la representatividad ni mostrar todos los cuerpos. La estética misma es la disidencia: las imágenes que se usan, las referencias que hay en las producciones. Que no son solo audiovisuales: hay videos, instalaciones, performances, imágenes, fotos. Los festivales que hicimos siempre tenían talleres: de eyaculación femenina, de shibari (NdR: arte japonés del encordamiento), de prácticas sadomaso, y un montón de otras cosas que son consideradas parafilias porque no entran en el sexo coital, genital. Se intenta mostrar algo que no esté cosificado, que no sea un producto, que haya alguna referencia más artística. Y como hay de todo, la estética también es muy cambiante. En México y en Perú, por ejemplo, pasan cosas muy interesantes usando los símbolos populares. Está muy bueno el trabajo de pensar la política local, la historia, la colonización de los cuerpos y subvertir las imágenes.

Ante estas expresiones sexuales disidentes pareciera que las relaciones heterosexuales quedan categorizadas como hegemónicas. ¿Es así? ¿Cuál es la línea divisora entre lo hegemónico y lo contrahegemónico?

Lo que plantea el feminismo desde los ochenta es que nuestra sexualidad es un régimen político. Uno de los grandes avances fue salir de la individualidad y entender que más allá de lo que yo elija para mi vida, la heterosexualidad y la heteronormatividad son sistemas que sostienen un orden económico, social y político que es el matrimonio y la familia. Hay instituciones enteras que funcionan solo porque la heterosexualidad es obligatoria. A vos cuando tenés tres años no te preguntan: “¿qué tenés? ¿novio, novia, novie?”. No, si sos varón tenés novia. Desde chiquito te machacan, no hay otra opción. La heterosexualidad es mayoritaria, sostiene al régimen como está. Y mata, es la causa de muerte más grande. Privatiza las relaciones sociales y sostiene la familia nuclear, que es la base de la sociedad capitalista. La crítica a la heterosexualidad obligatoria viene por ahí. Entonces, si es un régimen político, yo soy lesbiana, no soy mujer, para plantear la disidencia sexual como corrimiento de ese binario que ofrece posibilidades únicas. La heterosexualidad es hegemónica, pero también lo es una cierta forma de vivir la sexualidad. Porque hay un montón de formas de correrse: vos podés ser heterosexual pero hacer un trío, practicar BDSM (NdR: grupo de prácticas eróticas que incluye, entre otras, el encordamiento, la disciplina y el sadomasoquismo), jugar, que te la metan por el orto. El tema son las categorías fijas siempre, la reificación de las identidades.

Vamos a la performance. ¿Cómo se organizó?

Fue una actividad dentro de un ciclo que se hace en la facultad que ya lleva diez encuentros distintos, con actividades artísticas como teatro y danza, desde la sexualidad, el género y la comunicación. Había una propuesta de hacer una posporno y la fecha se puso porque estaban las chicas de Post-Op, con las que tenemos un vínculo. La idea fue hacer una intervención que sea pública en el pasillo, para no hacerla en el estudio de televisión del sótano, dado que ahí si no sabías que estaba no llegabas.

¿Y por qué se hizo en la facultad?

Quisimos visibilizar la problemática y lograr que se hable de esos temas para incluirlos en la carrera, en la formación docente, en los debates, en los seminarios; no puede ser que sigan saliendo profesores de la UBA sin haber tenido ni una materia de formación en género o sexualidad, que violen pibas adentro de la facultad y no haya ni un protocolo de violencia. Hablemos del tema grande: todos los partidos tienen su área de género y su área de diversidad sexual, pero cuando decís algo sale lo más ortodoxo. La propuesta fue sexualizar los pasillos de alguna forma más interesante que un mural o que decir «ni una menos». Mostrar un poco qué era el posporno.

“Hay instituciones enteras que funcionan solo porque la heterosexualidad es obligatoria. A vos cuando tenés tres años no te preguntan: “¿qué tenés? ¿novio, novia, novie?”. No, si sos varón tenés novia. Desde chiquito te machacan, no hay otra opción. La heterosexualidad es mayoritaria, sostiene al régimen como está. Y mata, es la causa de muerte más grande. Privatiza las relaciones sociales y sostiene la familia nuclear, que es la base de la sociedad capitalista. ”
¿En qué consistió la performance?

Fueron quince minutos de intervención. En hora pico, en el cambio de clases. No fue en la entrada, como se dijo, sino en un pasillo al fondo, donde el paso no es obligatorio. Hubo cuatro acciones a la vez. Había un pibe todo forrado en diarios y revistas porno hegemónicas sodomizando un televisor, colgado de un caño, con un látigo. Después estaba Laurita en el ascensor con un susurrador, que es un tubo de cartón. Iba de ascensorista, subiendo y bajando, y a la gente que lo deseaba le susurraba una poesía erótica. También estaba Milo, vestida medio monster y yo, que me dragueé (NdR: vestirse como de varón) en vivo, me vendé, me puse barba. Nosotras empezamos una circulación BDSM, jugando con la gente, nos acercábamos, ella era como un perro y yo la llevaba. Era una relación sexual pero no genital, yo tenía un dildo (NdR: consolador) en el codo. Visualmente era una imagen llamativa.


Y también la performance de las chicas Post-Op.

Sí, que consistió en hacer, con distintos tipos de micrófono, una amplificación sonora de tacto. El micrófono estaba conectado a un parlante inalámbrico —que era mío, no de la facultad, donde nadie nos pagó para hacerlo ni tampoco se cobró entradas, como circuló en los medios—, que permitía amplificar los ruidos internos del cuerpo. Una iba haciendo golpecitos en el cuerpo y le pasaba a la gente un auricular para que escuchara. Las chicas Post-Op trabajan con diversidad funcional, y en ese marco generaron muchas prótesis y aparatos para amplificar otros sentidos, que permiten acercar a gente que tiene distintas diversidades corporales. Gente que, por ejemplo, no puede mover ninguna parte del cuerpo, y entonces experimentan con el tacto, los sentidos, el sonido.

Son esos sujetos que aparecen en las categorías del porno tradicional como“raros”.

Claro, la acción fue apuntada a eso: experimentar. Lo del micrófono que trascendió fue un segundo, porque en realidad el micrófono estaba adentro y lo que sonaba era el cuerpo. Después fuimos todos para abajo a una charla de una hora y media.


“Lo que yo veo de bueno, más allá de si se entendió o no se entendió, es que se habló de sexo en las mesas del país durante por lo menos tres días.”
¿Qué se puede hacer para que este debate —interesante, necesario, revelador— no quede en «había dos minas cogiendo en sociales”, tal cual lo trataron los medios hegemónicos?

No se puede, no es posible. Nosotros no hablamos con ningún medio porque cualquier cosa que fuéramos a decir nos iban a pinchar. Varios académicos e investigadores salieron a decir cosas de la sexualidad y del uso del espacio público y la necesidad de hablar sobre educación sexual. Eso permitió salir un poco del discurso de los medios. Lo que yo veo de bueno, más allá de si se entendió o no se entendió, es que se habló de sexo en las mesas del país durante por lo menos tres días.

Le ganaron por una vez a Tinelli.

Es que no irrumpimos en un acto del Bicentenario frente a un millón de personas: había veinte, el resto de la gente que lo vio fue por la amplificación de los medios. El escándalo consistió en que lo vea quien no quería estar ahí. El principal problema fue el lugar: “todo bien que hagan esto, pero no acá”. Es el mismo argumento que se la da a una pareja de tortas besándose en el tren. No había menores ni personas atadas a la pared contra su voluntad. Los que estuvieron obligados a verlo fueron los que lo hicieron en la tapa de Clarín. Los medios obligaron a la gente a verlo. Entonces lo que critican es lo que ellos mismos hicieron, no lo que hicimos nosotros.

foto 4 copiabn¿Qué resultados positivos tuvo esa visibilización?

Hay una ley de educación sexual que dice que hay que hablar de sexualidad en la escuela. Si en los profesorados de una facultad de la UBA no hay materias de sexualidad, se está incumpliendo la ley, y nosotros intentamos mostrar eso en el pasillo. Nos llegaron también algunos mensajes de chicas de distintos lugares del país contando que se animaron a hablar con su familia de sexualidad, o a confesar que eran lesbianas. Está bien que salga a la luz la mierda moral de «sí, pero esto no», porque sino todos somos correctos, queremos que no haya ni una menos, que no haya femicidios…

Pero cuando corrés un poco el eje…

Pero cuando corrés un poquitito el eje es un escándalo, una chanchada. A los medios les encanta el escándalo, pero la verdad es que no había nada horroroso. Si hubieran sido un varón y una mujer no hubiese sido lo mismo. Ni siquiera lo pudieron codificar porque hasta dijeron que había semen en la mesa. No, semen no, porque eran dos mujeres. O que eran todos actores porno. Eso habla de la incapacidad de los medios para codificar otras experiencias.

La universidad es un espacio sexualizado y la facultad de Sociales se piensa como una especie de vanguardia. Sin embargo, una gran cantidad de estudiantes se horrorizó con la performance, ¿cómo puede ser?

Es que nada es tan progre como creemos y el trabajo más fuerte que hay que hacer es adentro de esa facultad. Eso le toca a las autoridades, porque hasta ahora lo están haciendo los estudiantes. Hay un montón de iniciativas para hablar de sexualidad, pero siempre son militantes. Tenés un área género y comunicación que no está consolidada, son diferentes personas que confluyen sin una estructura de funcionamiento.

No se le da lugar a la temática.

En la carrera de Antropología (NdR: en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA), por ejemplo, los textos son todos de antropólogos varones y no se habla de la sexualidad como dimensión; se da antropología económica, política y simbólica, pero de género no hay ni una materia básica aunque es una de las categorías fundamentales para pensar el mundo. Nuestro seminario, que es militante y no rentado, es un grupo que no tiene adscripción institucional. Y con muchísimo trabajo docente: el primer año tuvimos 180 alumnos. Eso habla de la demanda que hay.

“Todo bien con que en los barrios hay que trabajar el aspecto económico, el trabajo, la dignidad, la vivienda. Todo el mundo habla de eso. Pero yo también quiero disfrutar de mi cuerpo, que es la herramienta básica para trabajar, para luchar, para caminar. ”
Hubo gente que se manifestó a favor de la performance pero cuestionó el espacio elegido, tildándolo de academicista y elitista. ¿Llevan a cabo actividades en otros lugares?

Como no somos un colectivo, cada cual trabaja como puede. Milo, por ejemplo, es del conurbano. Da clases en dos escuelas casi rurales y va vestida casi igual que como hizo la perfo. Que esté ella ahí, torta, medio andrógina, ya es una práctica política en concreto. Porque lo que hacemos en un ámbito alimenta los demás. Yo laburo dando clases en una diplomatura con cooperativistas de Argentina Trabaja, mujeres que vienen de barrios de zona sur. Y ahí hablamos de todo. Lo más posporno que hice fue un taller de masturbación. No era práctico porque no teníamos cortina, pero sino… (risas). Estaban flasheadas. No les enseñamos solo la ley y el derecho, la idea es también habilitar un espacio para hablar lo que sucede en los barrios. La sexualidad es una dimensión fundamental para una mujer pobre del conurbano: de las treinta que concurren, veintinueve tuvieron historias de violencia terribles. Algunas solo las pudieron ver en esa red de contención cuando alguien les dijo «esto que te pasa hace muchos años, aunque no te pegue, es violencia». La militancia fundamental es romper con el silencio. Ese vínculo con la otra, te empodera. Hay un registro corporal del que no se vuelve: se puede borrar una ley, pero una tipa que se tocó y acabó… eso no se le borra más. Entonces: todo bien con que en los barrios hay que trabajar el aspecto económico, el trabajo, la dignidad, la vivienda. Todo el mundo habla de eso. Pero yo también quiero disfrutar de mi cuerpo, que es la herramienta básica para trabajar, para luchar, para caminar. La pobreza atraviesa mucho al cuerpo. Porque tenés hambre, tenés enfermedades que la gente que tiene plata no tiene, tenés menos recursos para curarte. Y los sistemas de salud son malísimos, el aborto es mucho más clandestino y mucho más prohibido.

El debate público que provocó la performance ¿es una instancia inicial? ¿Hay un plan o perspectiva a largo plazo?

Para mí el posporno es una herramienta más, una forma de poner el cuerpo. Va integrado en una práctica más integral, política, cotidiana, colectiva. Lo mismo que el tetazo en una marcha, una besada colectiva adelante de la catedral o en una pizzería donde echaron a unas pibas por besarse. Es el cuerpo como herramienta política, porque los distintos regímenes de opresión se inscriben en el cuerpo y lo marcan. Algunos son más evidentes, como el racismo. Y otros que lo son menos: cómo pararte, cómo vestirte, cómo portarte. Desde ahí el posporno es una herramienta más. En los festivales se puede experimentar o ver cosas distintas y, al ser espacios libres, siempre son lugares de disidencia y de encuentro. A mí me adelantó veinte mil pasos conocer gente que me dijo «leé primero esto». No hacía falta que lea toda la historia del feminismo, y podía empezar directamente a leer a mujeres lesbianas, pobres, latinoamericanas, que hablaban de la raza y la violencia. Eso te adelanta y sobre todo, compartir con otros, generar estrategias desde el arte, desde la resistencia, desde formas de contar, de decir, de hacer, de mostrar.

Bolívar, el viejo

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La cultura vasca se sumerge en Latinoamérica en los orígenes de la conquista pero también en el desenlace de la liberación. A veces un solo apellido puede contener a ambas.

Para mí que en buena parte de Latinoamérica tenemos tan incorporada la cultura vasca que ni siquiera nos damos cuenta. El origen de los apellidos –aún con sus debates– puede ser un buen dato. Por ejemplo, se ha dicho que Allende, Duarte, Guevara y Bolívar son apellidos de origen vasco. En la izquierda deberíamos saberlo; yo me acabo de enterar. Bolívar, de hecho, venía de una familia de Bizkaia, una de las tres provincias de País Vasco cuya capital es Bilbao.

De allí, de un pueblito que se llama Bolibar precisamente, parece que salió Simón Bolívar, el viejo –trastarabuelo del libertador– para llegar a América. Bolibar significa, en euskera, “vega del molino” y “Jauregui-Bolivar” significa “El palacio de Bolívar”. Presumiblemente, ambos apellidos implicaban tanto la propiedad de la vega como del palacio.

Pero parece que el viejo Bolívar no era dueño ni de una ni de otro: era herrero, y por eso su apellido era Rementería (de errementari, que significa herrero). No obstante, como se ve que eso no garpaba mucho en la América colonial, cuando pisó tierra firme decidió llamarse Bolívar, a secas.

Pienso que, de haber sabido que su nieto iba a liderar la liberación de buena parte de América, quizás hubiese preferido llamarse Rementería, para realzar en él a aquellos que, con sus golpes de fuego, habían forjado la humanidad durante milenios sin ser noticia para nadie.

Nunca hay garantía, ahora tampoco

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Claro y profundo, Edgardo Mocca habla del futuro de Cristina y del traje nuevo de Scioli, de la derecha compacta de Macri y del karma productivo en la Argentina. Asegura que si no aparece una nueva generación política no habrá transformación posible y llama a defender lo que a partir de diciembre no será necesariamente defendido desde arriba.

Por Federico Acosta Rainis
Fotos: Ariel Vicchiarino

Son casi las once de la mañana y con un paquete de masitas bajo el brazo llegamos al domicilio de Edgardo Mocca, en el barrio de Floresta. Vive allí desde hace más de quince años, en un callecita corta de casas construidas a mediados del siglo pasado. Originalmente eran todas iguales. Luego, el tiempo y los propietarios fueron cambiando el paisaje y ahora abundan los colores que le dan un no se qué bohemio a toda la cuadra.

Mocca tiene 63 años y es alto y grandote, mucho más de lo que parece en la tele. Aunque tiene una larga trayectoria como periodista, politólogo y profesor de la UBA, es más conocido por su frecuente participación como panelista en el programa 678. Nos invita a pasar. El living es cómodo y limpio, el piso de madera donde descansa su perra Agua está impecable, y las paredes, blancas, prácticamente vacías. Al fondo hay una biblioteca con muchos libros, algunas fotos y recuerdos, un equipo de música y una buena cantidad de CDs. Completan la escena un par de sillones, la infaltable tele, un mueblecito antiguo con una notebook prendida en GMail y la mesa en la que vamos a sentarnos frente a frente, como en un partido de ajedrez.


UR: Cristina bajó a Randazzo y eligió a Scioli. La estrategia se mostró exitosa para la disputa electoral pero provocó desilusión al interior del kirchnerismo.

EM: Es público que yo tenía una visión favorable a desarrollar la interna y producir un debate político en relación a cuál de las fórmulas respondía más a la idea de la profundización del proyecto. Yo tuve una posición más favorable a la candidatura de Randazzo, pero sobre todo a que las PASO fueran una oportunidad de discusión sobre definiciones que tienen que ver con esta etapa política de la Argentina. De todos modos, a la vista del carácter que iba tomando la interna entre Scioli y Randazzo, y sobre todo de lo que se puede caracterizar genéricamente como peronismo territorial —el peronismo con mando efectivo—, creo que hay que mirar al proceso con un poco más de largo alcance. Esto no tiene nada de peculiar ni de extraño, porque después de doce años de ejercicio del poder hay una situación de circulación de las elites, de necesidad de abrir espacios a personas que no estaban en el centro del escenario.

Pero ¿no había otra opción?

Scioli fue un gran aliado político del gobierno en un punto central: haber contribuido a aventar el plan A de la derecha, que era una combinación de desestabilización económica, descontrol de la calle y una descomposición del tejido de apoyos de Cristina Kirchner. Si uno sigue de cerca el editorialismo del sector más enfrentado con el gobierno, la apuesta fuerte es a quebrar el encuentro de dos vertientes sin las cuales no hubiera sido posible el proceso de transformación abierto en el 2003. Ese proceso es la juntura de una dinámica transformadora impulsada por un grupo político muy caracterizado, muy chico, fuertemente encarnado en la figura de Néstor y después de Cristina, y la estructura del Partido Justicialista (PJ). Cuando Néstor asume, para contrapesar el escenario interno del PJ, lanza la transversalidad y después la Concertación, pero siempre combinando la apertura de alternativas diferentes para sostener la gobernabilidad y ganar espacios dentro del propio PJ. Un proceso sorprendentemente exitoso, y cuyo éxito es solo explicable por las políticas desarrolladas de entrada por su gobierno y la simpatía popular que alcanzó, que le permitió obtener un espacio de poder que no había surgido del hecho electoral. Ahí está puesto el secreto de gran parte de lo que estamos viendo: sembrar y cultivar con mucho esmero en el espacio no peronista que se sumó al kirchnerismo la desconfianza sobre el PJ y sus tradiciones —desconfianza que en un sentido tiene razones históricas—, y de generar en el espacio más tradicional del PJ desconfianza ante los recién llegados, ante las izquierdas, y ante sectores que tradicionalmente no han compartido rutas con el peronismo. El punto más crítico de esta estrategia fue el lanzamiento de la candidatura de Massa en 2013. El desprendimiento del sciolismo convergía justito con el plan de la derecha porque era vaciar el territorio de gobernadores, intendentes y estructuras sindicales.

“La candidatura de Scioli marca una situación de síntesis, refleja una relación de fuerzas. El kirchnerismo, en tanto conglomerado reunido alrededor de la figura de Néstor y de Cristina y gran gestor de iniciativa política, nunca llegó a ser una fuerza mayoritaria. Su presencia en el interior del país todavía es embrional y muy dependiente para sus resultados electorales de la estructura del PJ.“
¿La fórmula Scioli-Zannini puede verse cómo la expresión de una dialéctica continuidad-cambio?

La candidatura de Scioli marca una situación de síntesis, refleja una relación de fuerzas. El kirchnerismo, en tanto conglomerado reunido alrededor de la figura de Néstor y de Cristina y gran gestor de iniciativa política, nunca llegó a ser una fuerza mayoritaria. Su presencia en el interior del país todavía es embrional y muy dependiente para sus resultados electorales de la estructura del PJ. Con respecto al tema de la continuidad, lo primero que hay que decir es que no hay posibilidades de pronóstico en la política: los pronósticos siempre son la forma que toma determinada apuesta política. Eso lo decía muy bien Gramsci: prever es actuar hacia el futuro con un programa propio. La fórmula Scioli-Zannini es el punto de confluencia entre mantener una dinámica de cambios y sostener la gobernabilidad y la capacidad de gestación de mayorías. Por otro lado, el que aparece en escena es un Scioli cada vez más involucrado en el conflicto central de la Argentina: si uno lo mira en los acontecimientos de la últimas horas, con una postura dura y confrontativa con Macri, no es el Scioli que conocemos todos.

Si gana, ¿cómo lo ves para enfrentar el escenario de fuerte disputa política que requiere de liderazgos firmes?

Yo siempre me guío por una filosofía política que para mí es crucial para pensar coyunturas: Maquiavelo decía que el liderazgo histórico es una combinación de virtud y fortuna. No hubiera habido Néstor Kirchner sin crisis del 2001, pero la crisis no implica que cualquier presidente hubiera hecho nada parecido a lo de Néstor Kirchner. Ahí hay un cruce de historias que transcurren independientemente las unas de las otras hasta que se encuentran: se encuentra el hombre con la oportunidad. Pensado así, Scioli no es Kirchner; Scioli no es el hombre del 2003.

El escenario actual es más complejo.

Sí, ahora es más complejo. Creo que esta es una etapa de ampliación y profundización, y de aislamiento sistemático de las voces que buscan la crisis y la desestabilización. Ahí hay una oportunidad para Scioli. Es una oportunidad compleja, porque depende de sostener la brújula que viene sosteniendo, pero no solo en términos de campaña electoral, sino de tomar decisiones y aportarle al proyecto político.

Eduardo Mocca - Revista ULTIMOROUND dos¿Cómo creés que va a jugar la relación con Cristina?

Es clave: Scioli puede ser el hombre de esta etapa siempre que reconozca su papel estratégico. Eso no es sencillo, pero tampoco es sencillo imaginarse a un Scioli en ruptura con el liderazgo de Cristina. Ahí hay una hermosa experiencia que vamos a hacer —siempre con la hipótesis de que gane Scioli—, una experiencia muy interesante y con pocos antecedentes. No de un doble comando sino de una división de funciones estratégica, donde no haya ninguna duda de que Scioli es el presidente que toma las decisiones —cualquier duda que aparezca ahí todos sabemos lo que significa con la larga historia que tiene en este punto el país y el peronismo—, pero siguiendo las líneas rectoras, la concepción del lugar de Argentina en el mundo en el núcleo de países que insinúan otro orden internacional y una alternativa que no es la del recorte y la del ajuste. Creo que un Scioli entramado con el cristinismo le puede dar a esta etapa una apertura mayor.

“Hay una expectativa innegable de que Cristina juegue un rol en términos regionales y mundiales —yo estaría a favor de algo así—, porque son espacios que permiten mucha presencia en cuanto a discursividad política, sin interferir en general con las cuestiones de la administración diaria. El retiro yo lo saco de la agenda, porque Cristina no se va a retirar de ningún lado.”
¿Dónde la ves a Cristina Kirchner ubicada a partir de diciembre?

Creo que va a haber un camino con distintos momentos. Me arriesgo a pensar que la primera temporada de Cristina posterior a una eventual asunción de Scioli va a ser de mucho perfil bajo y de mucho silencio, por lo menos en materias que tengan que ver con decisiones y definiciones. Con el tiempo irá apareciendo una Cristina que, entre otras cosas, va a desarrollar su futuro político. Lleva casi veinte años en la función pública, ahora va a estar afuera y es una oportunidad para trazar la estrategia de una nueva etapa de liderazgo. No estoy pensando en un cálculo personal; cuando hablo de Cristina me refiero a una trama muy difusa que hay en la Argentina, de políticos, sindicalistas, comunicadores, artistas, estudiantes, de muy variadas procedencias que se sienten tocados por un proceso nuevo y quieren seguir incidiendo en la realidad. Cristina es el eje orgánico de ese núcleo. Hay una expectativa innegable de que juegue un rol en términos regionales y mundiales —yo estaría a favor de algo así—, porque son espacios que permiten mucha presencia en cuanto a discursividad política, sin interferir en general con las cuestiones de la administración diaria. El retiro yo lo saco de la agenda, porque Cristina no se va a retirar de ningún lado.

Los primeros meses van a ser más tranquilos.

Sí, Magnetto le dijo en una entrevista a Martín Sivak que en diciembre terminaba todo. Yo no lo creo así, pero aparecen aquí y allá señales de que algo de eso se cocina, con la idea de describir estos años como la locura de gente muy desaforada, que termina una vez que se va del gobierno. Si ustedes leen a Leuco, dice: «el ciclo cambia porque esta gente se va». Si logran un nivel de apaciguamiento y colocar a Cristina y a Néstor como los grandes responsables de esta zozobra que hemos vivido los argentinos —así la presentan—, se van a permitir un nivel de influencia sobre el gobierno hasta que produzca definiciones fuertes. Lo que va a ocurrir de diciembre en adelante es completamente inédito. En esta hipótesis no cambia la fuerza política en el gobierno pero además no se llega en un estado de descomposición orgánica ni con un grado de locura colectiva, y eso nos da una oportunidad de maduración política. Para los que hemos apostado a este proyecto yo creo que es una experiencia rica para pensar con nuestra propia cabeza y defender aquellos espacios que se han conquistado, que no necesariamente van a ser defendidos desde arriba.

No hay garantías de nada.

Nunca hay una garantía —y no la va a haber ahora— no solo de las conquistas sociales sino de los espacios político-culturales. No tenemos noción, especialmente la gente más joven —que no la puede tener porque no tiene una vivencia de lo que fue el país en los últimos cincuenta años— de lo que significa el despertar de iniciativas populares, literarias, artísticas, de derechos humanos, internacionales, técnico-científicas. Yo hablo de la centralidad de lo cultural no en el sentido de hacer muchas revistas o muchas exposiciones; lo cultural como el trazado comunicativo que hubo en estos años. Y creer que se puede seguir profundizando desarmando eso es un error profundo.

Edgardo Mocca.

Mocca resulta un tipo sencillo, uno de esos profes universitarios que caen bien. En las entrevistas “no me cuido mucho”, dice, porque sino “se empobrecen”. No se cuida y habla un montón: él es quien ceba el mate, pero está tan enganchado con la charla que se olvida por completo, y en poco más de una hora apenas nos tomando dos cada uno. Además de reivindicar una reconstitución del tejido político cultural, Mocca opina que el kirchnerismo permitió el desembarco en las instituciones de grupos que tradicionalmente quedaban fuera y les dio espacio para hacer cambios desde adentro. Esa es una posibilidad inédita, acota.

“Lo que va a ocurrir de diciembre en adelante es completamente inédito. En esta hipótesis no cambia la fuerza política en el gobierno pero además no se llega en un estado de descomposición orgánica ni con un grado de locura colectiva, y eso nos da una oportunidad de maduración política. Para los que hemos apostado a este proyecto yo creo que es una experiencia rica para pensar con nuestra propia cabeza y defender aquellos espacios que se han conquistado, que no necesariamente van a ser defendidos desde arriba.”
Sobre la fórmula del Frente Para la Victoria (FPV) en la provincia de Buenos Aires: Aníbal Fernández-Sabbatella: ¿qué te parece que expresa esa unión entre un ex duhaldista y un ex Partido Comunista (PC)?

Me parece que de todo lo que apareció a lo largo y ancho del país es lo que mejor reproduce la fórmula Scioli-Zannini. La señal de una continuidad de cruce de experiencias político-culturales, de procedencias, de ruptura de prejuicios. Creo que el triunfo en la interna frente a Domínguez-Espinoza es un triunfo muy fuerte. En esa interna había algo de lo que se está jugando para el futuro: si nos espera una progresiva «normalización» de la fuerza política en la dirección del Partido Justicialista, y lo demás serán anexos ocasionales, aperturas tácticas y demás. El kirchnerismo no fue una apertura táctica del peronismo. Yo tengo esta discusión con muchas personas que dicen que el kirchnerismo es una expresión del frentismo peronista. El frentismo peronista es una mezcla de mitología con algún episodio político, argumentado en que a Perón lo apoyó FORJA del radicalismo, o algunos sectores socialistas. Eso no es frentismo, porque el peronismo ató todo eso y con esos materiales construyó un nuevo movimiento político. O la experiencia del FREJULI: un demócrata cristiano por acá, un socialista por allá, un comunista que se había ido del partido, los juntamos a todos y hacemos un frente. Por supuesto que el FREJULI era el peronismo, ahí no hay ninguna duda. El kirchnerismo tiene elementos de frentismo: Sabatella es líder de un partido político, está FORJA de Gustavo López y la corriente de Moureau, pero el que cree que el kirchnerismo es un acuerdo entre estructuras políticas más o menos iguales que se funden en un programa… todo eso no existe.

Ya se hubiese roto.

Ya se hubiese roto y además no tiene andamiento, porque ese tipo de figuraciones presuponen la existencia de partidos orgánicos y de disciplinas políticas que, no solo en este país sino en el mundo, se han debilitado progresivamente. Lo que antes aparecía como una tara del sistema político argentino, el famoso movimientismo, no es tan así. Yo creo que los problemas del país fueron los golpes de Estado y la violencia de las clases privilegiadas. Pero además, hoy, en la escena política internacional, los grandes procesos políticos novedosos como el chavismo, Evo Morales, Podemos, o Syriza son fenómenos de movimientismo político. No son partidos con congresos, tradiciones y emblemas, sino que son emergencias de una crisis de representación y de la profunda crisis del capitalismo.

¿Cómo interpretás la caída de algunos de los históricos «barones del conurbano» como West y Othacehé, y el correlativo avance de La Cámpora?

Yo lo pondría en una medida modesta. No quisiera hacer con esto un festival de euforia, porque son episodios. Ya había ocurrido en el 2011 y en el 2007. Creo que hay ciertos problemas y procesos de renovación generacional que están enlazados con las transformaciones políticas. No hay transformación política si no aparece una nueva generación que irrumpe con peso distinto. Lo de La Cámpora y lo de Unidos y Organizados me parece una gran noticia porque ahí, además de mucha entrega y de mucha pasión, hay mucha inteligencia pragmática, en la que seguramente tienen mucho que ver Máximo y Cristina y también gente como Martín Sabbatella.

¿Lo hicieron sutilmente desde adentro?

Desde adentro de las estructuras del PJ —que no quiere decir desde adentro de los rincones secretos de Curto—y de otros espacios más amplios. Sabbatella, por ejemplo, no forma parte del PJ, pero el sabbatellismo en las provincias no está todo el día tirándole piedras a las gobernaciones y a las intendencias; está haciendo política, de apoyo, de discusión, de relación. Hace unos años, en el 2008, en el medio del conflicto del agro, a Néstor Kirchner en una reunión en la Biblioteca Nacional le preguntaron qué conclusión sacaba de su experiencia en la década del setenta, en relación a eso que estaba pasando: en ese momento La Cámpora recién había nacido, no se había constituido en forma orgánica. Y Néstor dijo: “hay que tomar la voluntad, la fuerza, las ganas, el entusiasmo, el heroísmo de esa generación que yo reivindico, pero hay que agregarle algo que nosotros no tuvimos, que fue la capacidad de actuar en las instituciones”. Cuando hablaba de las instituciones estaba diciendo los partidos políticos. Hay que dejar de tirarles piedras desde afuera y hay que meterse a discutir posiciones. Y si llega el momento de romper se rompe, pero las rupturas son siempre parte de un trabajo institucional de construcción, no una cosa sistemática de «no me gusta, me voy donde somos puros», porque eso no existe.

“El PRO hoy es el partido de la derecha que no existe desde que Yrigoyen le ganó al partido conservador, el Partido Autonomista Nacional (PAN) en 1916. Macri ha logrado construir la fuerza que le disputa al FPV el triunfo, y aunque eventualmente no triunfe va a quedar como una fuerza importante.”
De a poco, con muchas alianzas de futuro incierto y algunos pasos en falso, el macrismo empezó a solidificar un incipiente poder territorial. ¿Es la señal de la aglutinación bajo el PRO de una nueva derecha consolidada más a largo plazo?

Sí, el PRO hoy es el partido de la derecha que no existe desde que Yrigoyen le ganó al partido conservador, el Partido Autonomista Nacional (PAN) en 1916. Macri ha logrado construir la fuerza que le disputa al FPV el triunfo, y aunque eventualmente no triunfe va a quedar como una fuerza importante. El macrismo, por primera vez en estas décadas, logró una expresión de construcción de masas, construcción social, y formación de cuadros, muy centrada en la Capital Federal, y alguna parte del cordón del conurbano bonaerense. No tiene una fuerza importante, pero tiene voluntad y tiempo para construir. Y tiene una ventaja —que también entraña algunos problemas— y es que la dialéctica de la confrontación política deja de ser peronismo-radicalismo: el macrismo es otra cosa, es un cuestionamiento postural, posicional, del modo de hacer política popular. Es un modo que —lo explica bien Gabriel Vommaro en su libro sobre el PRO como un partido hecho para ganar— toma elementos de la tecnocracia y de la empresa, como ámbito donde se forman las calidades y las aptitudes individuales.

Desde el massismo dicen que no hay ninguna posibilidad, pero parecería que la única manera de ganarle a Scioli es con algún tipo de alianza.

Si es una alianza para el ballotage, entra en la racionalidad política. En la primera vuelta no es posible, salvo que Massa se quiera suicidar o quiera que los candidatos a gobernadores, diputados y senadores lo maten a él. Lo que propone alguna gente en el set televisivo funciona muy bien: bajás a uno, subís a otro, los votos que están acá los ponés allá, y ya solucionaste la complejidad terrible que tiene la política. Cuando terminás de hacer eso te podés quedar solo.

En el caso de que haya un ballotage entre Scioli y Macri, ¿dónde te parece que van a ir los votos de Massa?

Van a ir a los dos lados, la única cuestión son las proporciones. Todo el mundo especula que una mayoría va a ir para Macri, pero yo creo que incluso en la primera vuelta va a haber votos de Massa que van a ir a Scioli.

Edgardo Mocca.Estamos a poco de terminar y de golpe nos interrumpe otra invitada impensada: es Luna, una gatita blanquinegra muy curiosa. Se sube a la mesa, olfatea, pide mimos, quiere participar. Luego, salta al teclado de la notebook que tenemos detrás. Mocca se levanta y la baja cariñosamente. Nos cuenta que, a veces, cuando se sienta a trabajar, encuentra la pantalla con decenas de caracteres aleatorios que Luna ya escribió. “Si le das confianza te vuelve loco”, lanza con sonrisa de padre resignado.

Nuestro entrevistado se define como militante del kirchnerismo, pero en el pasado anduvo un buen tiempo por las filas del PC. Cuando le preguntamos por las críticas que se le pueden hacer por izquierda al movimiento que encabeza Cristina Fernández, tiene una opinión tajante:

Las críticas por izquierda no existen, porque al pensar la crítica desde la izquierda uno se coloca afuera. Yo prefiero hablar de problemas que son del conjunto de la experiencia, en los que yo me coloco como sujeto de la crítica, de la autocrítica. Desde lo más macro a lo más chiquito, creo que hay un problema de construcción de la Argentina industrializada, autónoma con recursos productivos y soberanía productiva —aunque se ha avanzado mucho: hoy se va el ARSAT para Guyana y ahí hay un símbolo de muchísimas cosas que se han hecho—, pero si uno piensa cuánto dependemos de la exportación de autos a Brasil, y qué significa esa exportación de autos sobre la base de un trabajo donde las autopartes y el valor agregado fundamental no lo pone el trabajo argentino sino que viene de las casas matrices, ahí hay un problema. Ahí está el ser o no ser de un desarrollo argentino, la capacidad de agregación de valor, diversificada en su naturaleza material y en su rumbo.

“Hay un problema que se repite cíclicamente en la Argentina y es la restricción externa: los procesos de desarrollo se interrumpen por los ciclos capitalistas mundiales y por la falta de recursos que brindan nuestras exportaciones para alimentar la recomposición de la industria. Eso ocurrió después del primer peronismo y ocurrió durante la época del desarrollismo; es una especie de fatalidad histórica que todavía no ha sido quebrada.”
La estructura productiva del país no cambió profundamente. La primarización de las exportaciones y la extranjerización de la economía se conservan.

Hay un problema que se repite cíclicamente en la Argentina y es la restricción externa: los procesos de desarrollo se interrumpen por los ciclos capitalistas mundiales y por la falta de recursos que brindan nuestras exportaciones para alimentar la recomposición de la industria. Eso ocurrió después del primer peronismo y ocurrió durante la época del desarrollismo; es una especie de fatalidad histórica que todavía no ha sido quebrada. Tampoco es que se puede quebrar por un acto de voluntad, pero hay que redistribuir esfuerzos estatales y profundizar la ruta de la promoción industrial y la determinación estratégica de los sitios donde la Argentina va a competir. Ese es el punto de lo macro más sensible: desarrollar un tejido industrial propio y no quedar a expensas de los precios mundiales de las commodities.

Y después, como deuda pendiente, hay un problema de construcción de movimiento social para profundizar y replantear. A mí me emociona ver a la juventud movilizada en términos territoriales, con acciones solidarias. Pero también me gustaría ver más peso y concentración en el movimiento estudiantil, en el movimiento obrero. El movimiento obrero tiene que ser puesto como uno de puntos claves del desarrollo político de una fuerza transformadora. Está bien que uno tenga que tener una dosis grande de realismo y poder conversar con lo que hoy es la CGT oficialista, pero eso tiene que ser paralelo a una apertura de fuerza generacional y políticamente distinta.

A nivel regional, la bajada del precio de las commodities, el desgaste de los oficialismos de más de una década en el poder, la reorganización de la derecha y la reaparición de Estados Unidos en la escena, crean un escenario más incierto que hace cinco años. ¿Qué cuestiones son claves para pensar este momento?

La primera cuestión es la defensa de los procesos democráticos de la región que están directamente amenazados por el imperio: yo no niego la existencia de dificultades y contradicciones en el proceso venezolano, como la dependencia del petróleo, pero no hay duda de que hay una mano intervencionista. También en Ecuador y en Bolivia, aunque ahí menos porque está más consolidado el proceso en la masa popular. La otra gran cuestión son los procesos de integración: hay un retraso muy fuerte. Es evidente que los méritos de la integración regional han tenido más que ver con la política, la pacificación, y la solidaridad entre países y demás —que valoro y no subestimo. Pero en algún momento se hablaba de avanzar en el proyecto de integración energética e infraestructura, en programas de ayuda a regiones más retrasadas tomando la región como conjunto, y me parece que ahí lo regional empalma con un proceso de tensiones en el orden mundial. Si bien es cierto que estamos en una etapa compleja en relación hace cinco años también hay que decir que la crisis del capitalismo puede dar novedades. En el terreno internacional hay que intensificar la regionalización y el trabajo con los BRICS. La batalla principal que tienen la Argentina y la región es no volver a ser el coto de caza de los capitales sobrantes, como sucedió en la restructuración capitalista de los setenta.