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¿Coger no es amor?

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Amor y sexo no son lo mismo, pero suelen ir de la mano. Karina Ocampo se cuestiona acerca de la libertad, el orden social y los pormenores en el mundo del amor libre. Un recorrido por territorio swinger para comprender la silenciosa rebelión que está poniendo en jaque el pilar de la monogamia.

Por Karina Ocampo
Ilustración: Daniel «Pito» Campos

Hablemos de amor libre. Hablemos de lo que se entiende por amor. Lo pienso primero desde el punto de vista científico, como una reacción biológica que tiene por objetivo la continuación de la especie, una fuerza instintiva que garantiza nuestra reproducción. La causa de todas las películas románticas como una cuestión de hormonas más que un sentimiento etéreo que nos acerca a los dioses. Aquel famoso beso con el que Richard Gere le dice a Julia Roberts: “soy tu príncipe azul y vine a liberarte” no contiene otra cosa más que una buena dosis de dopamina y endorfinas.

“Según Engels la monogamia tiene origen en la sociedad patriarcal, una forma de esclavitud para asegurar que la herencia continúe dentro de la familia”
La pareja, como construcción social, es una manera bastante efectiva de transformar esas reacciones cerebrales en una pareja que luego cuidará a su cría desprotegida, sobre todo durante los primeros meses en los que somos adorables pero poco propensos a la autoconservación.

Según ciertas teorías evolucionistas que se refieren a la selección natural, nos conviene buscar el mejor ejemplar, el que nos brinde esperma de mejor calidad, los óvulos más sanos, los niños más resistentes que garanticen la supervivencia de los genes.  Y para ello, los sentimientos de enamoramiento primero, y apego después, siguen siendo necesarios pero no imprescindibles, la tecnología permite crear niños sin contacto físico y una persona sola puede ocuparse de satisfacer sus necesidades básicas durante los primeros años. La pareja es una construcción cultural funcional en nuestra sociedad capitalista pero en la constitución biológica ser monógamos no constituye una virtud. Según el filósofo alemán Friedrich Engels su práctica tiene origen en la sociedad patriarcal, una forma de esclavitud para asegurar que la herencia continúe dentro de la familia. No hace falta ir muy lejos en la historia para encontrar otro tipo de orden que admite la poligamia como una cuestión natural. El libro sagrado musulmán, el Corán, acepta hasta cuatro esposas por cada hombre, aunque en la actualidad ese tipo de casamientos no sean tan frecuentes dentro del Islam.

Bronisław Kasper Malinowski, el polaco para los amigos, se tomó en serio la investigación de campo y convivió con diferentes tribus en las islas de Oceanía para escribir libros como “La vida sexual de los salvajes del noroeste de la Melanesia”. En 1929 publicó este análisis antropológico sobre la relatividad de las tradiciones y las costumbres de los salvajes. Le causó curiosidad la libertad sexual de los juegos entre niños, la naturalidad con la que vivían el sexo con otras personas mientras estaban en pareja: “He aquí realizada, en la práctica, la compatibilidad, que tantas veces siente como posible el hombre civilizado, entre la supremacía de un afecto y de una atracción física monogámicos y la posibilidad de una relación fugaz y sin trascendencia con individuos que estén fuera, o casi fuera, del círculo de la pasión”. Pero así como para la mujer occidental, satisfacer los deseos con otros hombres era (¿es?) visto como libertinaje, en los novios melanesios la traición ocurría cuando su chica se sentaba a comer con ellos.

Infidelidad y traición no siempre van de la mano. Pero la mayoría de nosotros, occidentales del siglo XXI que seguimos idealizando el amor para toda la vida, nos chocamos la cabeza contra la pared dentro la estructura que una vez funcionó pero ahora parece tambalear. Y ensamblamos familias como piezas de un rompecabezas mientras que la rutina amenaza la pasión y los cuernos se vuelven una tentación probable que cuesta reprimir. Bueno, no siempre.

1A compartir que se acaba el mundo

-Me engañaste, me mentiste, me dijiste que desde aquel día ya no la veías… cantaba Lucía Galán, del dúo Pimpinela, en los lejanos 80, y sufría porque en el papel de amante tenía que aguantar las mentiras de su hombre (que en la vida real era su hermano, pero esa es otra historia), un indeciso que se daba cuenta en el preciso momento en que iba a dejar a su mujer que todavía la amaba.

Tal vez a Lucía le hubiera convenido pensar en otras opciones.  Hoy las variaciones a los vínculos de pareja se multiplican y aunque no son nuevos, están pidiendo salir de la clandestinidad. Swingers, relaciones abiertas y poliamor, son sólo ejemplos de prácticas sexuales más abiertas.

“La mayoría de nosotros, occidentales del siglo XXI que seguimos idealizando el amor para toda la vida, nos chocamos la cabeza contra la pared dentro la estructura que una vez funcionó pero ahora parece tambalear”
Desde que comencé a investigar el tema, descubrí algunas cuestiones que nunca había tenido en cuenta. Hay que saber dónde buscar los indicios, las pistas existen pero no se ven a plena luz del día. Aquello que se denomina “fenómeno swinger” es un movimiento que se puede buscar en bares y boliches especializados que ofrecen un espacio para que las parejas vayan a conocerse, intercambiar números y fluidos. Pero no se trata de un tema que aparezca con frecuencia en la agenda de los medios, no hay un boom. Y si lo hubo, implotó hace tiempo. Pocos se animan a dar la cara, o el nombre y apellido. Sólo quien quiere encontrarlo puede verlo.

El sexo compartido es todavía tabú para quienes consideran demasiado morboso el hecho de mirar a su pareja con otra persona. En la ciudad de Buenos Aires hay cerca de ocho lugares que ofrecen las comodidades necesarias para desarrollar un estilo de vida swinger o al menos probarlo como una anécdota curiosa. También se pueden encontrar en las principales ciudades del país, pero en las menos pobladas se complica: no están preparadas para que sus miembros pierdan el anonimato.

Las incursiones a boliches swingers aparecen en blogs y revistas online. El tema provoca curiosidad. Una periodista que contó esa experiencia fue la peruana Gabriela Wiener, conocida por sus crónicas en primera persona. En el libro “Sexografía” describe diversos aspectos de sociedades a través de su sexualidad y pone en juego la suya sin ningún tipo de pudor. En 2004 la revista Etiqueta Negra publicó una práctica magistral de periodismo gonzo de la que es imposible no salir transformado: una noche de infidelidad con permiso y compañía del marido. “Dame el tuyo, tomá el mío” relata una noche de jueves en un club swinger de Barcelona. Ahí, entre la oscuridad y los cuerpos semidesnudos de los que miran, bailan, se tocan y exhiben sus orgasmos, ellos conocieron  las reglas y los códigos que se manejan en ese mundo hasta entonces misterioso.

¿Y cuáles son las razones para practicar el swingerismo, se pregunta Wiener? En un principio, la respuesta de la North American Swing Clubs Association (Nasca) es que sirve para evitar el sexo extramarital y el engaño, al permitir lo que muchos hacen en secreto y por lo general está prohibido. Se trata de una cuestión de aceptación de nuestra naturaleza poligámica, un sinceramiento. ¿Significa que se encontró la fórmula de la felicidad para no caer en el adulterio o el aburrimiento? La respuesta no es tan lineal, ojalá lo fuera. Ser liberales con los genitales, excitarse al ver a la pareja con otro no implica que los sentimientos puedan permanecer intactos a través de los años. Sin embargo para algunas parejas, constituye una solución.

Beatriz Musachio y Daniel Bracamonte, precursores del movimiento swinger en Argentina comenzaron a publicar la revista Entre Nosotros en 1996 y se dedicaron a difundir lo que ellos consideran una filosofía y un estilo de vida. A su vez crearon la Asociación Swinger Argentina, convencidos de que las fantasías de intercambio de parejas pueden hacerse realidad y que constituyen un tema para tomarse en serio. Por eso se abrieron –quién si no ellos- a dar su testimonio en todos los medios que quisieran entrevistarlos. Tienen su propio programa de radio y Daniel escribió un libro, “La rebelión de los cuerpos”.

En uno de los textos disponibles en la web de entrenos.com, cuentan que los swingers aparecieron durante la post guerra con los cambios sociales que se produjeron en la década del cincuenta y como una opción diferente al matrimonio tradicional, una opción más entre el sexo grupal de las comunidades hippies, las parejas abiertas y liberales, y la ampliación del concepto de sexualidad, más cerca del disfrute que del objetivo único de procreación y familia.

Cuando leo esos contenidos me surgen dudas: ¿Existe algo así como un código internacional del Swinger? ¿Un manual de estilo y buenas costumbres? Daniel Bracamonte me contesta: “Los códigos del swinger son comunes en cuento a la protección, la discreción, respetar el no del otro, y participar en común acuerdo con tu pareja. Con respecto a las formas de aceptar o rechazar una pareja, eso depende de cada comunidad, si estás en una disco swinger por ejemplo y una pareja bailando se te acerca, eludís el encuentro. Si es en una cita en un café y la pareja no les va a algunos de los presentes, se dice: nos vemos otro día, o simplemente se aclara que no es lo que buscaban”.

En la relación no debe haber mediación de dinero, se aspira a lograr satisfacción al compartir la excitación y el placer de la pareja, aunque la encargada de generarla sea otra persona, o por esa misma razón. Y un dato importante: para que el intercambio sea equitativo tienen que haber siempre dos parejas. Un trío no es swinger, enamorarse tampoco, eso entraría en otra categoría. “Somos la respuesta a la sofocada sexualidad de la pareja clásica” asegura Daniel.

¿Y un Mundial Swinger? Bueno, lo más parecido a eso pasó en Argentina: la Convención Swinger lleva siete encuentros internacionales. Trescientas cincuenta parejas en un hotel cerrado para el evento durante tres días y fiestas nocturnas, shows, charlas, y más sexo del que un productor de películas porno podría soñar en su vida.

Además de saber dónde están las mejores fiestas, en la revista y previa suscripción, se puede buscar las personas que se correspondan con el perfil que uno quiere y ponerse en contacto con ellas. Más de 60.000 registros de parejas en Capital Federal, más de 100.000 en todo el país. La posibilidad de conocer gente con la misma idea es bastante accesible para el bolsillo de la dama o la cartera del caballero.

Los relatos de experiencias swingers también aparecen en ámbitos cercanos. Una amiga de una amiga -digamos, Julieta-, cuenta que tenía ganas de probar algo diferente. Había visto un programa en la tele sobre el tema, le dio curiosidad y empezó a averiguar hasta que se topó con Anchorena, uno de los boliches más conocidos de Buenos Aires. Le atrajo lo que leyó en los blogs: la promesa de una atmósfera de oscuridad, música, franeleo y habitaciones disponibles. Con su pareja ocasional acordaron ir pero no realizar ningún intercambio, practicar voyeurismo como turistas del sexo.

“La Iglesia y el Estado han sido por siglos reguladores de los deseos naturales. Desterrando al ámbito de lo privado la sexualidad, tildaron de perversión aquello que se saliera de la norma, aunque las prácticas bisexuales y las orgías tuvieran registro desde el nacimiento de la cultura occidental”
Apenas llegaron un coordinador les explicó con qué se podrían encontrar en cada piso, que las insinuaciones se hacen tocando el pelo, el brazo o la pierna. También les dijo los permitidos y los prohibidos, por ejemplo, que se podía hacer tríos sin problemas pero que no se podía insistir ante un no. En Anchorena los cargosos no son bienvenidos y hasta pueden ser invitados a retirarse por los encargados de seguridad. Fue un impacto encontrarse con esos cuartos con camas y sillones dispuestos para tener sexo, un verdadero “cogedero” silencioso, más allá de la música, algunos susurros y muchos gemidos: tampoco se debe gritar o reírse fuerte.

Julieta se sorprendió por la cantidad de gente joven, un promedio de 30 años cuando esperaba ver personas de 40 o 50 años.  “Daba toda la impresión de que eran parejitas o incluso grupos de amigos que iban a curiosear, más que auténticos swingers”. Un ambiente  excitante, en donde el contacto visual sostenido podía tener consecuencias instantáneas, que ellos trataron de evitar.

¿Si recibieron propuestas? Algunas.

-Tuvimos dos acercamientos de ese tipo mientras teníamos sexo, de parejas grandes. A mí una señora grande me tocó la pierna y la sacudí tipo reflejo. Se fue ahí nomás. Más tarde, de nuevo, en pleno sexo, se acercó otra pareja. La mujer se nos quedó mirando y de repente se levantó la remera y le puso las tetas casi en la cara a mi pareja, e inmediatamente el hombre lanzó una mano hacia mi culo, que mi pareja atajó en el camino diciéndole: “No, no va a querer”. Y se fueron sin decir nada. Después nos acordábamos y nos reíamos.

La escena, multiplicada por la cantidad de gente y por todas las opciones y gustos sexuales posibles, alcanza para dar una idea de lo que sucede en una noche swinger. Para los tímidos basta con mirar, los que se animen a más y acaricien una espalda tal vez sean bienvenidos a una fiesta que no olvidarán.

2Relaciones y mentes abiertas

Existen razas de monos que se caracterizan por ser monógamos sociales. Monos monógamos, suena gracioso. Viven en pequeños grupos y mantienen una pareja estable durante toda su vida. Así como los monos tití y los saki, los mirikiná de Chaco y Formosa eligen una pareja para toda la vida. El biólogo Eduardo Fernández-Duque desde la Fundación ECO estudia su comportamiento para entender de manera simplificada, las similitudes y diferencias con los humanos.

En sus observaciones plantea que la monogamia social tiene que ver con la distribución de la comida en la selva, y que el macho participa en el cuidado de la cría porque tiene garantía de que es suya y que va a continuar con su descendencia. Para eso antes tuvo que ocuparse de alejar cualquier posible candidato con demostración de celos y terribles luchas que pueden terminar en la muerte del contendiente.

¿Son las razones sociales las que determinan las biológicas, o es al revés? Fernandez-Duque plantea que el amor surge en nuestros ancestros por factores ecológicos que probablemente determinen nuestro comportamiento actual. Pero la monogamia es rara en los mamíferos porque las hembras están limitadas en la concepción de los hijos pero los machos no, ellos tienen más posibilidades de diseminar sus genes. Ellas una vez que tienen sus crías se preparan para disfrutar de un nuevo amor, suelen ser más selectivas. La mayoría de los animales polígamos no sufren ni se lo plantean como problema. Entender a los mirikiná y el aspecto biológico que los vuelve fieles tal vez algún día sirva para comprender mejor la complejidad de las relaciones entre los hombres.

Para Verónica la cuestión fue simple: le planteó a su pareja desde el primer día una relación abierta. La idea era tener libertad para acostarse con otra gente y poder contarlo o no, pero sin mentir si el otro preguntaba. Aunque él nunca había probado una relación así, lo aceptó. “La mayoría de las veces nos lo hemos contado y casi siempre nos hemos reído y luego nos hemos tomado el pelo”.

Verónica es española y asegura que nada celosa, que él un poco pero se le pasa cuando ve que ella sigue siendo tan cariñosa como siempre,  pero opina que es una cuestión muy personal.

-De verdad creo que la otra persona no es mía y puede hacer con su vida lo que quiera. Entonces, si se acuesta una noche con otra persona (siempre q se ponga preservativo, esa es otra de las reglas) me alegro mucho por él, porque el sexo sienta muy bien al cuerpo y a la cabeza.

Antes vivían en Madrid y compartían departamento con otra pareja, a veces se acostaban cruzados, otras veces con amigas que iban a visitarlos y cada tanto las cenas acababan en una suerte de orgía de la que participaba quien quería. De ellas tiene buenos recuerdos, aunque el porro y el alcohol borren algunos detalles. Lo que no se olvida es que los polvos en pareja del día siguiente eran espectaculares.

La Iglesia y el Estado han sido por siglos reguladores de los deseos naturales. Desterrando al ámbito de lo privado la sexualidad, tildaron de perversión aquello que se saliera de la norma, aunque las prácticas bisexuales y las orgías tuvieran registro desde el nacimiento de la cultura occidental, entre griegos y romanos.

“Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él”. Desde el Génesis, en el Antiguo Testamento, la mujer vino al mundo para complementar al hombre y por caer en el pecado de morder la fruta prohibida Jehová Dios la castigó: “con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti”. El castigo por cometer un pecado fue el de limitarse a servir al hombre, a un hombre.

Verónica piensa que la religión ha hecho un daño terrible al sacralizar la monogamia. Para ella lo antinatural  es  limitarse a una persona cuando lo normal es desear acostarse con más de una persona. De adolescente sufría los celos de los novios y siempre los dejaba cuando sentía que la habían tomado por un objeto de su propiedad.

“En la ciudad de Buenos Aires hay cerca de ocho lugares que ofrecen las comodidades necesarias para desarrollar un estilo de vida swinger o al menos probarlo como una anécdota curiosa.”
Hasta ahora nunca tuvo una relación más larga con otra persona y no sabe qué pasaría. Si la pareja que lleva siete años juntos, podría sobrevivir. Los intercambios que más disfrutó fueron con amigos y no con desconocidos en donde lo importante era la parte de “meteysaca”.

-La conclusión es que a mí me divierte follar sobre todo con mi pareja o con mis amigos porque la mayoría de los demás son muy aburridos. Nosotros no entramos en el mundo swinger por aburrimiento o ganas de probar otras cosas, sino por pura curiosidad en nuestro afán por buscar experiencias divertidas.

El principio del poliamor

Silvina Valente es sexóloga y especialista en temas de pareja. Explica que el poliamor es un movimiento que surgió en los años 70 y propone que una persona se pueda enamorar de varias personas sin dejar de querer a otra. Promueve la aceptación de  tener una relación desde noviazgo hasta convivencia y que estén todos enterados.  La otra persona es libre y por amarse no se la posee.

La sexóloga lo ve como una filosofía de vida más que un movimiento, una tendencia del ser humano que deja de ser natural cuando se ponen reglas. Las emociones deberían fluir, la biología no entiende que haya un código civil.

-Sentimientos y sexos se cruzan. No sé si se pueden dar en forma correlativa entre todas las personas de la relación. El poliamor no se elige, se da. No se puede elegir enamorarse de todos o convivir con todos.

Muchas parejas van a consultarla por infidelidades o enfermedades sexuales en donde un nuevo vinculo amoroso es un recurso que podría colaborar en darle un cauce distinto. Pero en la mayoría de los casos llegan tarde, el vínculo está roto. El planteo del poliamor debería ser previo a la apertura de la pareja. Silvina Valente pone como ejemplo la película de Woody Allen, “Vicky Cristina Barcelona” donde, además de una escena lésbica en la que el director se da el gusto de juntar a dos de sus musas inspiradoras,  se da una relación poliamorosa cuando reaparece la ex mujer del personaje que interpreta Javier Bardem, en la piel de Penélope Cruz y se suma al romance que mantenía con Scarlett Johansson. El vínculo entre los tres funciona mejor, la rubia neoyorkina ayuda por un tiempo a equilibrar el fuego explosivo que destilan los españoles. El amor, dicen, toma formas misteriosas.

La pareja base a la que se suma un tercero y se acopla, como en la película, es una de las múltiples opciones que existen. Pero podría pasar que sólo uno de ellos quisiera tener un vínculo con una de los integrantes y que el otro aceptara, que abrieran el juego a otras dos, que fuera una comunidad poliamorosa, que hubiera convivencia o no. La clave para no marearse es que las relaciones sean claras, que el sexo sea consensuado, aun cuando dentro de él incluyeran el pacto de no enterarse.

La idea de anarquía está presente en los textos que hablan sobre una concepción diferente y una reinvención de la palabra amor. Rechazan el matrimonio y la intervención del Estado, actúan bajo lo que dicta la libre voluntad. En el libro “Ética promiscua”, Dossie Easton y Janet Hardy escriben una “guía práctica para el poliamor, las relaciones abiertas y otras aventuras”. Hablan de ser “ethical sluts”, algo así como putones éticos, en la traducción al español. Y aseguran que es posible tener intimidad y sexo con muchas personas, y a la vez ser honestos consigo mismos y con los demás. Para ello habrá que modificar las ideas aprendidas sobre el bien y el mal en torno al sexo y el amor.

3A los bifes

Ivanna es cantante. Desde chica se sintió diferente a sus compañeras de la escuela, ella era la rebelde, la que se teñía el pelo de muchos colores, la que cuestionaba todo. También se percibía como rara en las relaciones, o tal vez los raros eran los otros. En su casa el ejemplo de los padres le había demostrado que una pareja podía estar junta durante cincuenta años sin darse besos y apenas demostrarse afecto.  Entendió al matrimonio como una decisión económica alejada del amor que veía en las películas. Y mientras crecía y tenía sentimientos confusos hacia chicos y chicas, supo que nunca se casaría pero que se enamoraría sin atarse a una sola persona.

Hubo amigos con los que se generaban situaciones sexuales, algunas duraban más que otras pero no dejaban de ser amigos. Hasta que un día un chico le propuso una relación formal. La pasó mal, tenía que mentir, le parecía extraño no estar con otra persona por una simple promesa. En la adolescencia fue infiel, a veces se enteraron, a veces no. Cuando creció fue lo más libre y explícita que pudo.

El amor, para Ivanna, tiene que ver con lo cotidiano, compartir la vida y la cama. No podía prometer fidelidad a una persona que no veía tan seguido y tampoco mantenerse demasiado tiempo sin sexo porque la otra persona no podía o no quería, o lo terminaba haciendo por cumplir. Con su última pareja tradicional tuvo una relación tortuosa.

-Me parece muy hipócrita pensar que porque estás con alguien es la única persona que te interesa en el mundo. Al menos a mí me parece que hay un montón de personas hermosas e inteligentes que nos pueden enseñar cosas y ayudar a crecer como pareja y como individuos. Yo lo decía claro pero él no quería saber ni escuchar. No me quería cómo soy yo, porque soy así.

“Dossie Easton y Janet Hardy hablan de ser “ethical sluts”, algo así como putones éticos, en la traducción al español. Y aseguran que es posible tener intimidad y sexo con muchas personas, y a la vez ser honestos consigo mismos y con los demás”
Ivanna se convirtió en una especie de activista del amor libre. Expresa sus ideas en poesías y canciones. Con su pareja crearon BIFE y cantan temas a veces con ritmo de cumbia y tango, alejados de los clásicos, desde un ángulo en donde el humor siempre aparece porque es un reflejo de lo que son y de cómo se divierten cuando están juntos. Hablan sobre amores no convencionales, sobre cuestiones de género. Ella se masculiniza y se pone bigote, él se pinta los ojos y los labios, a veces se viste con ropa femenina. Su familia recién está entendiendo su rechazo al casamiento, sus gustos estéticos y elecciones sexuales.

-Estoy a favor de que cada uno vista como quiera y tenga el pelo como quiera. Que no tenga que llamarse varón y mujer. No quiero ser mamá para definirme como mujer. Me gustaría que mi pareja y yo podamos usar la misma ropa. Es lo que hablamos en BIFE y tratamos de cambiar: la libertad de hacer lo que quieras, que nadie pueda juzgarte.

BIFE le canta al poliamor:

“Me decís que estuviste con tu amigo, que tomaron unos vinos y charlaron, que dormiste en su casa, que era tarde, pero que nada pasó. Y no me entra mi amor en la cabeza, cómo así dos personas que se quieren pasan juntos la noche y no se besan, no se hacen el amor. (…) No lo entiendo de ninguna manera, el amor no se gasta por amar, por favor hacé siempre lo que quieras, yo te quiero de verdad”.

Ivanna y Diego escriben sobre relaciones modernas y fuera de lo común, o tal vez futuristas. Lo que me hace reflexionar acerca de las próximas generaciones. ¿Serán más abiertas? ¿Se acabarán las parejas tal como las conocíamos? ¿Daremos rienda suelta a nuestra poligamia? ¿Cómo serán los hijos del poliamor?

Termino esta nota como empecé: sin ninguna certeza. Pero a partir de las lecturas, charlas y entrevistas surgieron nuevas inquietudes. Vivo en una sociedad que tiende a sobrevalorar el sexo como termómetro de las relaciones, hay tantas estructuras y convenciones que perdemos lo esencial del encuentro y el placer.  Años de patriarcado dejan paso a otro orden en donde el vínculo es de pares, aunque nos falta evolucionar para llegar a la igualdad entre los sexos. En Argentina todavía hay casos de mujeres sometidas por sus maridos por una situación económica o por la fuerza.  Por otra parte, la monogamia es un Windows que requiere una versión mejorada, una actualización con menos hipocresía. No sé si existe un camino más feliz que otro, supongo que se trata de una búsqueda demasiado personal como para que sirvan las estadísticas. Tal vez se trate de empezar a relajar las expectativas sobre el otro y no querer controlarlo en nombre del amor, o de un anillo, o de un contrato social. Que nos atraviese mientras dure. Que sea una manera de afrontar que estamos de paso, que nada nos pertenece.

Pueblo mapuche: “El asunto no se soluciona con bajar un par de estatuas”

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Para los mapuche, la conquista genocida no comenzó con la llegada del imperio español sino con la implantación de los estados argentino y chileno. En esta entrevista, el investigador Adrián Moyano analiza el pasado y el presente de este pueblo en lucha y propone una ruptura con la historia tradicional que fue creada para justificar el saqueo.

Por Mara R. Cuestas

A comienzos de siglo XXI, el despojo y atropello a comunidades mapuche sigue tan vigente como en épocas remotas. En días pasados se hicieron públicas algunas situaciones que violan acuerdos provinciales y nacionales con plena impunidad, y nosotros nos comunicamos con el investigador Adrián Moyano para charlar un poco sobre la situación.

Adrián es periodista y licenciado en Ciencias Politicas, vive en Bariloche desde hace más de veinte años, y escribe en varios periódicos de la zona. No solo acompaña y abraza las reivindicaciones del pueblo mapuche, sino que escribe junto a él una historia propia, discutiendo con las versiones oficiales circulantes en libros escolares y museos.

Tenés editados dos libros: “Crónica de la resistencia Mapuche” y “Komütuam. Descolonizar la historia mapuche en Patagonia”. ¿Por qué escribís sobre historia mapuche?

Cuando empecé, fue para canalizar la indignación. Si bien el primero de los libros salió de imprenta en 2007, tuve la idea de escribirlo mucho tiempo antes. Vivo en Bariloche desde 1991 y al año siguiente hizo eclosión la idea del contrafestejo cuando los gobiernos pretendieron celebrar los 500 años de la llegada de Colón a América. En todo el continente los pueblos indígenas enfrentaron esa intención y el mapuche no fue la excepción. Yo soy periodista y empecé a tomar contacto con las organizaciones y comunidades en aquella época.

¿Con qué panorama te encontraste?

Cuando quise profundizar las lecturas sobre historia mapuche vi que no había nada fuera de las versiones oficiales, es decir, de los conquistadores. Veía que los mapuche tenían miradas muy distintas sobre su propia historia y, ante la bronca que experimentaba al leer tantas mentiras o tergiversaciones, me largué a escribir yo, más o menos en 1997. De los primeros ensayos y polémicas surgió “Crónicas de la resistencia mapuche”, con la intención de poner de relieve precisamente el hecho de resistir. Y hoy sigo escribiendo porque hay mucho andamiaje colonial que desmontar y porque, además, experimenté que la escritura es inseparable de mi vida. Es la forma de militar que mejor me sale.

“No porque uno brame contra la colonización se recibe de descolonizado. Yo también soy un colonizado, entonces la pelea intelectual y política que planteo debe ir necesariamente de la mano de una descolonización interior, tanto psicológica como cultural”
¿Que significa “Komütuam”?

La palabra puede entenderse de dos maneras y las dos me parecieron pertinentes con el resto del título: “Descolonizar la historia mapuche en Patagonia”. Puede significar “mirar para adentro para” o “mirar con agrado para”, según el kümeltuchefe (profesor) Pablo Cañumil, con quien charlé el asunto antes de decidirme. “Mirar para adentro para” me resulta válido dado que no porque uno brame contra la colonización se recibe de descolonizado. Yo también soy un colonizado, entonces la pelea intelectual y política que planteo debe ir necesariamente de la mano de una descolonización interior, tanto psicológica como cultural, entre otras facetas. Y también puede ser válido “mirar con agrado para” porque siempre que uno se sacude un yugo o se libera de determina opresión, la sensación hasta puede ser placentera.

¿A qué te réferis con la idea de “descolonizar la historia mapuche”?

A grandes rasgos, en “Komütuam” afirmo que, respecto de la Argentina y de Chile, el pueblo mapuche sufre una sujeción de características coloniales. Esa opresión se estableció a fines del siglo XIX, con la Campaña al Desierto y la Pacificación de la Araucanía. Pero persiste hasta hoy, porque 130 años después de la rendición de los últimos longko (jefes de las comunidades), el pueblo mapuche no pudo recuperar su libertad y su autodeterminación. Para justificar ideológicamente la usurpación que ideó la elite que comenzó a gobernar la Argentina después de la batalla de Pavón, se escribió y todavía se escribe una historia.

Mitos fundadores…

Claro. Entre muchas otras aseveraciones coloniales se destaca la invención de Patagonia, que no es —o al menos no era— una realidad en sí misma, sino más bien una configuración de los conquistadores. Los mapuche no denominaban ni pensaban a estos territorios como los pensamos hoy.

¿Qué otras ideas coloniales discutís?

La que dice, por ejemplo, que los mapuche vinieron de Chile o que exterminaron a los tehuelches, entre otras afirmaciones. Donde no hubo estados —aquí no los hubo hasta después de 1885— no pudo haber fronteras, entonces la idea de la extranjería mapuche no es más que una justificación de la invasión. Por otro lado, mapuche y gününa kuna (el nombre correcto de los tehuelches) convivieron en formaciones políticas muy originales. Si es verdad que los tehuelches fueron exterminados —que no lo es—, hay que buscar a los responsable en el Estado argentino y en los primeros latifundistas, no en el pueblo mapuche.

¿Esto está vinculado con el proceso de araucanización? ¿Qué esconde en realidad este término?

En realidad discuto con la hipótesis de la araucanización de Pampa y Patagonia, según la cual el pueblo mapuche es originario de zonas actualmente bajo control chileno y migró hacia las pampas argentinas a partir del siglo XVIII, pero con énfasis en el XIX. Entre otras cosas esconde una realidad: las regiones que hoy llamamos Pampa y Patagonia no estuvieron bajo soberanía argentina hasta fines del siglo XIX porque tampoco habían estado bajo soberanía española. Yo sostengo, junto con otros investigadores, que el pueblo mapuche se desarrolló simultáneamente a uno y otro lado de los Andes bastante antes de que en Madrid se enteraran de que existía otro continente al otro lado del mar.

En este sentido, la idea de que los mapuche absorbieron a otros pueblos indígenas “argentinos” también resulta absurda.

Claro. ¿Por qué se dejarían absorber tales pueblos? El mapuzungun (lengua mapuche) ya se habla a los dos lados de la cordillera en fechas tan tempranas como 1620. ¿De qué araucanización me hablan? Además, arqueólogos encontraron cerámica Pitrén (mapuche) en el oeste de La Pampa y en el este de Neuquén, a la que dataron alrededor del 800 después de Cristo. Los que llegaron de otros lados no fueron los mapuche, sino más bien los españoles primero, y los chilenos y argentinos después.

Adrian Moyano 1

“Las regiones que hoy llamamos Pampa y Patagonia no estuvieron bajo soberanía argentina hasta fines del siglo XIX porque tampoco habían estado bajo soberanía española. Yo sostengo, junto con otros investigadores, que el pueblo mapuche se desarrolló simultáneamente a uno y otro lado de los Andes bastante antes de que en Madrid se enteraran de que existía otro continente.”
El cacique Leftraru o Lautaro no es reivindicado en la historia oficial de la Patagonia y poco se conoce sobre él. ¿Quién fue? ¿Por qué reivindicarlo?

En el ideario mapuche, Leftraru fue el primer toki (líder guerrero) que pudo doblegar a los españoles. No aparece en la historia de Patagonia por las razones que mencionaba antes: su actuación se desarrolló en el Ngulumapu, el espacio territorial que quedó bajo la jurisdicción chilena después de la invasión. Se lo reivindica porque, después de una serie de tremendos reveses militares que provocaron mucha mortandad, fue el primero que pudo reorganizar al pueblo y vencer al enemigo español en la batalla de Tucapel, a mediados del siglo XVI. Consideró que la única manera de terminar con los winka era cayendo sobre Santiago, y hacia allí se dirigía cuando fue objeto de traición y encontró la muerte al norte del Bío Bío.

¿Qué cambia a partir de 1810 en la convivencia entre los pueblos originarios en la Patagonia, más precisamente el mapuche, y el efímero Estado argentino?

Cuando las Provincias Unidas del Sud o del Río de la Plata comienzan su proceso revolucionario, no había ninguna parcialidad mapuche en el territorio que heredaban de España. La frontera pasaba por el río Salado en Buenos Aires, el sur de Santa Fe, el sur de Córdoba, el centro de San Luis y el centro de Mendoza. Ese “lindero” no obedecía solamente a una cuestión de equilibrio militar sino también a unos cuantos tratados que las autoridades virreinales habían firmado con distintos longko (jefes de comunidades). Cuando, en septiembre de 1810, Pedro García expediciona hacia Salinas Grandes por orden de la Junta, queda en evidencia que en Buenos Aires no tenían conocimiento alguno de esos campos. Si no entraban con baqueanos se perdían. En términos concretos, para los mapuche la Revolución de Mayo no cambia puntualmente nada. Las autoridades de Buenos Aires, entre ellas la Asamblea del Año XIII, abolieron la encomienda, el yanaconazgo y el tributo que sufrían los pueblos indígenas del norte. Pero en ese momento, en Puelmapu no había ningún mapuche que sufriera en las encomiendas ni que pagara tributos, porque mantenían su independencia y libertad.

[¿Cuál es la diferencia con 1880?

En esa fecha ya estaba maduro el proceso político según el cual los Mitre, los Sarmiento y especialmente los Roca, construirían un orden estatal que concebía a la Pampa y a la Patagonia como parte de la Argentina. Para cumplir ese objetivo pusieron en marcha mecanismos genocidas y buscaron, sin dudas, el exterminio del pueblo mapuche. No lo lograron, claro.

Se habla mucho de derrocar a Julio Argentino Roca, pero hay otra figura que es venerada como Dios por algunos en el sur: Francisco Perito Moreno.

Un espía, un racista y mentiroso. Precisamente, se lo venera en el marco de la historia de la potencia colonial, que en este caso es la Argentina. Desde la perspectiva de la oligarquía de Buenos Aires –de la que formaba parte– fue un héroe cívico, porque tuvo un papel importante en la fijación de los límites con Chile. Desde la perspectiva mapuche fue un wezache, una persona perjudicial, por decirlo suavemente.

En tu primer libro hablas de “pueblo mapuche” en contraposición a un conglomerado de tribus. ¿A qué te réferis precisamente?

Los pueblos tienen derecho a la autodeterminación. En leyes y tratados internacionales se reconocen con claridad los derechos de los pueblos indígenas o “primeras naciones”, como se autodenominan en Estados Unidos y Canadá. El mapuche no es una minoría étnica o un sector social o un grupo de comunidades; es un pueblo. Por razones históricas, culturales y políticas. Entonces tiene derecho a su territorio y a su autodeterminación. A veces inocentemente y otras no tanto, la gente deja de ver ese aspecto. Pero es central: el conjunto de los argentinos tiene que entender que en la misma jurisdicción estatal que habita, y por razones muy tremendas, habitan otros pueblos distintos. Por mucho tiempo pensamos que a un Estado correspondía un pueblo y eso ni siquiera en Europa es así.

“El conjunto de los argentinos tiene que entender que en la misma jurisdicción estatal que habita, y por razones muy tremendas, habitan otros pueblos distintos.”
¿Los mapuche aún se consideran una nación? ¿Por qué?

La idea de nación remite a la voluntad política de continuar proyectándose como pueblo hacia el futuro. Los mapuche no sólo se reconocen como mapuche hoy; también quieren seguir siendo mapuche en las generaciones por venir.

¿Que proponen con respecto a esto?

En la Argentina, algunas organizaciones hablan de construir plurinacionalidad en el marco del Estado o, mejor dicho, superando de manera drástica ese marco. Otras alzan de manera insistente el reclamo de la autonomía. Históricamente, el pueblo mapuche nunca conoció la centralidad política porque no constituyeron formaciones estatales. Por ejemplo, frente al avance de los winka, no fue idéntica la respuesta de Namunkura que la de Sayweke. Hoy tampoco hay una visión unívoca sobre cómo arribar a la autodeterminación. En Chile, ante el avance del neoliberalismo de fines de los 90, surgieron organizaciones que reivindicaron la violencia política como manera de respuesta, mientras que otras prefirieron presionar al Estado dentro de las reglas de juego institucionales. Más tarde incluso intentó conformarse un partido político. Estamos frente a un pueblo que, como todo pueblo, se manifiesta de manera plural. Por eso no hay una sola propuesta.

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“En la Argentina, algunas organizaciones hablan de construir plurinacionalidad en el marco del Estado o, mejor dicho, superando de manera drástica ese marco. Otras alzan de manera insistente el reclamo de la autonomía. Estamos frente a un pueblo que, como todo pueblo, se manifiesta de manera plural. Por eso no hay una sola propuesta.”
En  tu primer libro dice: “Donde se practica opresión, la consecuencia lógica es la resistencia.” ¿Cómo resiste el pueblo Mapuche?

De muchas maneras. En la Argentina, la Ley 26.160 puso un freno a la interminable sucesión de desalojos que debieron enfrentar las comunidades. Sin embargo, el conjunto de los jueces interpreta de manera muy distinta la normativa, y entonces hubo desalojos con posterioridad a 2006. La contrapartida perniciosa de esa norma es que frenó los procesos de recuperación territorial, que detonaron a mediados de los noventa. Pero el pueblo mapuche del Puelmapu no solo resiste enfrentando desalojos o recuperando espacios territoriales; también lo hace a través de la recuperación y continuidad de los kamarukos (fiestas religiosas), el wiñoy tripantü (celebración del año nuevo en el solsticio de invierno) y otras ceremonias ancestrales. También con la enseñanza del mapuzugun y otras iniciativas. Aquí en Bariloche, por ejemplo, desde el Espacio de Articulación Mapuche presentamos un proyecto de ordenanza para que la municipalidad se reconozca intercultural e impulse políticas públicas en ese sentido. Claro que para todo hace falta movilización.

¿Cuáles son las principales luchas y reivindicaciones de los mapuche en pleno siglo XXI, en un estado capitalista?

Para una proporción importante del pueblo mapuche está claro que la modalidad extractiva del capitalismo implica una suerte de tercera invasión sobre sus espacios territoriales. En la última década y media, el enemigo adquirió el ropaje de las mega-mineras y petroleras. Del otro lado de la cordillera se confronta también con las grandes forestales y los proyectos de centrales hidroeléctricas. Es emblemático el caso de la comunidad Campo Maripe, cuyo espacio territorial está en la zona de Vaca Muerta, el emprendimiento estrella de hidrocarburos no convencionales de YPF y su socia Chevron. En este caso se manifestó con toda crudeza el orden colonial que te mencionaba: fueron el estado provincial neuquino y el nacional argentino junto con el mercado, los que decidieron iniciar una explotación, que además es contaminante, en territorio mapuche. Cuando los mapuche hablan de autodeterminación, se refieren precisamente a la posibilidad de decidir de qué manera quieren proyectarse económicamente, sin injerencia de nadie.

¿Cuál es la situación hoy día sobre la demanda de tierras y los conflictos más importantes en este sentido?

La Ley 26.160 cumplió el objetivo, no esperado por las organizaciones y comunidades, de congelar las demandas territoriales. Al menos por aquí (Río Negro), las demandas son las mismas que hace veinte años: revisión de todos y cada uno de los títulos de propiedad que ostentan privados sobre espacios territoriales que reivindican las comunidades. Y otorgamiento de títulos de propiedad comunitarios. Conflictos hay varios, no me atrevería a diseñar un orden de importancia, pero creo que los más significativos son los que mantienen varias comunidades de Neuquén con diversas petroleras, entre ellas YPF.

¿Cuál es la relación con el gobierno provincial?

En Río Negro se dio una situación particular, ya que el gobernador llegó al gobierno de la mano del Frente para la Victoria y hace poco se pasó a las filas de Sergio Massa. Más allá de un pedido de disculpas público en una restitución de restos que hubo dos o tres años atrás, no veo que haya políticas concretas de reparación hacia el pueblo mapuche. Hubo un avance —hasta el momento en la letra— cuando se reformó la Ley Orgánica de Educación, que introdujo el concepto de interculturalidad en varios de sus artículos. Pero en la práctica aún no se implementa. Aquí funciona el Consejo de Desarrollo de Comunidades Indígenas (CODECI), un organismo del gobierno rionegrino que se integra con delegados mapuche. Yo soy crítico de su funcionamiento porque apenas si genera alguna cuestión de índole asistencial. De hecho, buena parte de las comunidades y organizaciones son indiferentes o críticas hacia su trabajo.

«El asunto no se resuelve con bajar un par de estatuas; ese genocidio requiere de reparación y no sólo de una simbólica. Para mí, el asunto pasa por una suerte de refundación del Estado en la que éste admita que los pueblos indígenas tienen derecho a ejercer una soberanía distinta.»
¿Y el nacional?

Hay sectores mapuche que están dentro del Encuentro de Organizaciones Territoriales de Pueblos Originarios (ENOTPO), la organización indígena nacional afín al kirchnerismo. Hay otros que están dentro del Consejo Plurinacional Indígena, crítico del gobierno. Y hay otras comunidades y organizaciones que no están ni en uno ni en otro ámbito, que mantienen distancia respecto de Nación y privilegian su propia construcción.

¿Qué  hace el gobierno nacional por las problemáticas y demandas concretas de este pueblo?

Para el gobierno nacional los pueblos indígenas son un sector más a considerar en su modelo de “crecimiento con inclusión”. Como los jóvenes, los desocupados, la gente que vive su sexualidad de una manera distinta a la hegemónica, o los discapacitados. En ese sentido, ¿a quién le puede caer mal que una joven madre mapuche de un barrio empobrecido reciba la Asignación Universal por Hijo, o que un abuelo mapuche, que trabajó toda su vida como peón en negro de una estancia, pueda acceder a una jubilación?

Pero no va más allá…

No, el gobierno no llegó todavía al debate por la autodeterminación de los pueblos originarios. De hecho, la Argentina no adhiere aún a la Declaración de Naciones Unidas sobre Derechos de los Pueblos Indígenas, que pone el tema de la autodeterminación en el centro de la escena. Ni el gobierno, ni cualquiera de los grupos que tienen chances de acceder al poder político. Por otro lado, en estos diez años quedó claro que cuando está en juego el modelo extractivo en sus distintas variantes —el monocultivo de la soja o forestal, la mega-minería o los hidrocarburos no convencionales— los derechos de los pueblos indígenas quedan en segundo o tercer plano. Inclusive, con represión.

En los últimos años se observa un cierto interés por parte de la sociedad respecto de los pueblos originarios. ¿Cómo analizas esto?

Me parece positivo, claro. Pero como dice Chacho Liempe en la película “Tierra adentro”, está todo bien hasta que hablamos de territorio. Me gustaría que se supere la visión que tiende a folklorizar o la que se compadece. En mi segundo libro digo que el Estado argentino, tal como lo conocemos, es producto de un genocidio. Entonces el asunto no se resuelve con bajar un par de estatuas; ese genocidio requiere de reparación y no sólo de una simbólica. Para mí, el asunto pasa por una suerte de refundación del Estado en la que éste admita que los pueblos indígenas tienen derecho a ejercer una soberanía distinta. Y nadie habla de constituir otro Estado o de secesiones. A fines del año pasado, el Poder Judicial de Neuquén admitió que, de ahora en más, determinados delitos van a ser juzgados por los órganos de administración de justicia de las propias comunidades. Es un paso mínimo pero importante. De cuestiones así trata la autodeterminación, la plurinacionalidad.

Hábleme de Gaitán

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Hace 67 años fue asesinado Jorge Eliécer Gaitán, el político más arrollador de Colombia y uno de los líderes populares más importantes de América Latina. Sin embargo, para buena parte del latinoamericanismo, su historia sigue oculta. En Bogotá entrevistamos a Gloria, su hija, que además de escribir y militar durante toda su vida, fue asesora de Salvador Allende durante los años setenta.

Por Javier Campos

Son las nueve de la mañana en Bogotá y, al salir del ascensor, la puerta del departamento se abre lentamente. Entrar en el mundo de Jorge Eliecer Gaitán es bucear no solo en la convulsionada historia de Colombia, sino además en ese periodo de América Latina, allá por los años cuarenta, en el que los populismos marcaban el ritmo de los debates ideológicos. Analizar al gaitanismo, como fenómeno de masas, conlleva una complejidad que se profundiza en el pensamiento de la hija del fundador del movimiento: Gloria Gaitán. Ella no solo porta un apellido importante y ha sabido hacer sus propias contribuciones políticas, históricas, económicas y filosóficas: fue asesora, ni más ni menos, que del gobierno de Salvador Allende.

Pero primero lo primero; ya sentados y con un tinto caliente de por medio, comenzamos.

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¿Quién fue Gaitán para la historia de Colombia?

Primero debo decir que en Colombia, fuera de mi hija, Julio —nuestro compañero de investigación— y yo, además de otros gaitanistas doctrinarios, nadie ha explorado a Gaitán, nadie se ha preocupado por saber quién era Gaitán. Porque no es una figura fácil de comprender, no la puedes catalogar dentro de ningún esquema clásico. Planteó una fórmula política y construyó un cuerpo de doctrina orgánico totalmente novedoso, que tomará cuerpo y fuerza en el siglo XXI. Pero para comprenderlo hay que saber de dónde provenía.

¿Cuáles eran sus orígenes?

Mi padre fue un hombre de mucha suerte: nació en una familia culta pero empobrecida. Conoció la miseria y la pobreza, y eso hay que vivirlo para poderlo entender. Una de las claves fue el trabajo de mi abuelo, el papá de Gaitán, quién tenía una librería de viejos frecuentada por mucha gente que discutía política, filosofía, artes. Mi abuelo era un hombre liberal en la época de la hegemonía conservadora: había que tener coraje y carácter para serlo porque eso significaba que ibas a ser perseguido, no sólo por el gobierno, sino también por la Iglesia católica, que cumplió un papel criminal. Criminal literal, asesinando a mucha gente. Entonces, mi abuelo era liberal radical pero no revolucionario. Y mi abuela sí era liberal revolucionaria, seguidora del general (Rafael) Uribe Uribe, el primero en plantear la necesidad de que “el Partido Liberal bebiera en las fuentes del socialismo”.

¿Fue clave entonces el rol de la madre y su influencia?

Sí, porque además estoy convencida que mi abuela llevaba de la mano a Gaitán a las reuniones de Uribe Uribe. Lo pienso porque

“Mi padre fue un hombre de mucha suerte: nació en una familia culta pero empobrecida. Conoció la miseria y la pobreza, y eso hay que vivirlo para poderlo entender.”
hay una anécdota interesante: cuando mi padre tenía once años, hubo una noche en la que le pusieron los pantalones largos —algo que era importante para la época— y él no se podía dormir. Su madre le pregunta: “Jorgito, ¿por qué no puedes dormir?”. Y él contesta: “los hombres que vamos a cambiar la historia de este país tenemos mucho en qué pensar”, por lo que creo que mi abuela lo influenció sobremanera. Ya en esa frase habla en plural, y eso lo marcará para toda la vida. Su pensamiento era una acción colectiva que trataba no de cambiar nombres y gobernantes, sino de cambiar la historia, los sistemas.

¿Cuándo empezó con el activismo?

Desde muy jovencito comienza a actuar políticamente: va a las cárceles a organizar bibliotecas para los presos, arma cirulos de estudios y muchas otras actividades, de las que mi abuela era la principal impulsora. Mi abuelo, en cambio, le apagaba la luz para que no estudie y le decía que no quería doctores en la casa, sino gente que trajera plata. Fueron dos padres que, cada uno a su manera, le aportaron mucho y lo influyeron política e intelectualmente, al igual que la militancia pragmática y empírica.

¿Cómo se fue formando su pensamiento político?

Mi papá debió encontrar en la librería de mi abuelo algún libro sobre Enrico Ferri, porque cuando se gradúa como abogado, en sus tesis plantea muchas ideas que tienen que ver con él. Durante aquellos años mi padre había visitado Roma y se había relacionó con Ferri, que entonces era abogado y director del periódico del Partido Socialista Italiano.

¿Allí se da una primera ruptura con el marxismo tradicional en Gaitán?

Sí; Gaitán se declara socialista, pero dice que el socialismo no podrá desarrollarse en un partido socialista en Colombia. Mi papá piensa que, por su tradición revolucionaria, es el Partido Liberal el que hay que tomar, para hacer desde allí una Revolución Socialista. Pero no un socialismo a la europea, porque en aquel momento no comparte muchas cosas: para él, por ejemplo, la tierra era para quien la trabajara y no una propiedad comunal. Recuerdo que eso generó un debate muy fuerte con los marxistas colombianos. Además planteaba la nacionalización de los recursos naturales —con un gran énfasis en el petróleo— y la nacionalización de los servicios públicos, pero también le daba importancia a la iniciativa individual, que no significa privada.

¿Qué otros puntos debatía con los marxistas?

Tampoco compartía aquello de la “dictadura del proletariado”. Porque su clasificación en clases no era horizontal, de explotadores y explotados, de capitalistas y proletarios; él clasificaba en dos categorías: como país nacional y como país político. El primero es el que trabaja para sí y para la economía del país. El segundo es igual a oligarquía: acumula dinero para tener el poder político y esto lo utiliza a su vez para seguir acumulando dinero y riquezas.

Entonces, ¿tenía una visión clasista o no?

Sí pensaba que había una lucha de clases, pero analizaba también que la falta de conciencia impedía que se desarrolle esa la lucha, y entonces creía que había que impulsarla. Eso es lo que trata de hacer, estimulando el enfrentamiento entre pueblo y oligarquía dentro del Partido Liberal.

jorge eliecerLos límites a la participación de Jorge Eliécer Gaitán en el Partido Liberal, por el que fue presidente de la Cámara de Representantes y de la Dirección Nacional Liberal, llegaron pronto. El detonante ocurrió durante la gira que efectuó en 1932, en el marco del conflicto entre Colombia y Perú por el territorio de Leticia. Un día se enteró por telegrama que Carlos Lleras Restrepo había quitado las listas conformadas por consulta popular, reemplazándolas por otras en las que figuraban candidatos puestos a dedo. Gaitán entendió que en esa maniobra primaban los intereses de unos pocos dirigentes del liberalismo por sobre la voluntad del pueblo y estableció una nueva táctica: en 1933 rompió con el Partido Liberal y pasó a formar parte de la UNIR, la Unión Nacional Izquierdista Revolucionaria. Pero allí tampoco se sintió cómodo y se fue a los dos años.

“Mi padre no se hallaba en la UNIR porque creía que eran dogmáticos, pretensiosos y con deseo de figuración. Todo lo contrario al gaitanismo, que él plantea en su famosa frase: ‘Yo no soy yo personalmente, yo soy un pueblo que se sigue a sí mismo cuando me sigue a mí, que lo he interpretado’. Eso es lo que Gaitán quiere de un líder, y por eso no congenia con los dirigentes de la UNIR y vuelve al Partido Liberal donde ve que hay más posibilidades de algo popular”, explica Gloria.

“Mi padre decía que cuando un sistema está en proceso de decadencia lo primero que aparece es la degradación moral, y por eso el capitalismo —que está en proceso de decadencia— está produciendo inmoralidad. Cuando Gaitán habla de restauración, habla de lucha contra el capitalismo.”
Para Gaitán, los procedimientos y principios científicos eran clave. Esto se observa sobre todo en sus estudios sobre el subconsciente —que aplicó al derecho penal y también a su vida política—, en los que planteó que el subconsciente es quien gobierna en el terreno de las emociones. Así, resulta fundamental unir emoción y razón para lograr la pasión, el único motor que trasforma a los pueblos. En palabras de su hija: “Un pueblo sin pasión es un pueblo sin capacidad de lucha. De ahí que su obsesión, su objetivo de vida, era el poder popular”.

Un año después de regresar al liberalismo, en 1936, afrontó el desafío de ser alcalde de Bogotá con la intención de crear “una administración de acciones colectivas”, pero su gestión duró apenas ocho meses: tras un conflicto con los choferes de taxis debió dar un paso al costado.

¿Cómo fue ese acontecimiento que terminó con su destitución?

Eso ocurrió a partir de una marcha de los choferes de taxis, a quienes mi padre quería uniformar por cuestiones higiénicas, culturales y sociales. Los sindicatos —manejados por comunistas— junto a los dueños del transporte y el presidente de Colombia, Alfonso López Pumarejo, lo terminaron sacando.

¿Cómo era su relación con el Partido Comunista?

El Partido Comunista detestaba a Gaitán porque no era marxista y sobre todo porque Moscú, planteando la ley del materialismo histórico que se extendió a todos los partidos comunistas,  afirmaba que para llegar al comunismo era indispensable partir del feudalismo y pasar por el capitalismo y luego por el socialismo. Ellos decían: “Colombia es feudal”, y como la revolución iba a ser a partir de la dictadura del proletariado, se necesitaban muchos. Por eso apoyaban a Alfonso López Pumarejo, al que calificaban como burgués progresista. Mi padre pensaba que se podía pasar al socialismo directamente, sin conformar el capitalismo.

Esta destitución sucede en 1936. Luego, en menos de diez años, Gaitán es un líder de masas.

Es que ya era un líder; su liderazgo comienza con su trabajo en las ligas agrarias. Algunas personas dicen que su figura se establece cuando da el debate antiimperialista frente al problema de las bananeras, pero en ese entonces él ya era parlamentario, y eso no se lograba sin una base electoral fuerte. Aunque en aquel momento fue nombrado por los senadores del departamento de Nariño, ya tenía un prestigio adquirido a partir de su papel como dirigente estudiantil y por su participación en las huelgas, donde se imponía para hablar; incluso lo bajaban y él se volvía a subir.

En ese tiempo también recibe el Premio Ferri.

Claro, que era como recibir hoy en día un Nobel. Los periódicos lo alaban mucho y comienza a tener una importancia muy fuerte como penalista. Entonces, el periplo para convertirse en la figura política más importante de Colombia, en 1947, comienza desde que es estudiante. Con aquella destitución no fue desprestigiado, e incluso hubo manifestaciones a su favor cuando lo sacaron de la alcaldía.

primerplano-11Dice que el debate de la “Masacre de las Bananeras” no establece su figura política, pero sin dudas fue algo muy importante. ¿Cómo jugó esa intervención en su carrera?

Él era un penalista y se moviliza a La Ciénaga como tal, a defender a unos presos. Mientras en el parlamento los comunistas discutían contra el imperialismo teóricamente, mi padre va a comprobar si hay fosas comunes, a ver cómo se produjo la masacre. Es una investigación netamente penal en la cual sindica al ejército colombiano de tener una rodilla ante el oro yanqui. El no discute las formas de explotación, sino que hace una defensa penal para poder sacar a los obreros presos: pide una indemnización para ellos y entrega su dinero de parlamentario a las viudas de la masacre.

Volviendo a su etapa de líder establecido, por esos años lanza la frase: “Esta avalancha humana vencerá a la oligarquía liberal y aplastará a la oligarquía conservadora”. ¿Cómo era esa relación con la cúpula del Partido Liberal?

“Comúnmente se sitúa el inicio del período llamado “la violencia” en 1948, con el asesinato de mi padre, pero en los primeros años el pueblo liberal ya sufre la violencia oficial. Al principio resiste, pero no se arma. Luego sí se arma y se va para el monte, como autodefensa y porque se ven obligados. Allí se forman las primeras guerrillas liberales, a inicios de 1950.”
Mala, porque su propósito es convertir el Partido Liberal en el partido del pueblo. Un año fundamental es 1944, en el que a Alfonso López Pumarejo se le descubre una corrupción tremenda, que hace tambalear al gobierno. Es allí que mi padre comienza su campaña “Por la restauración moral de la república”: dice que cuando un sistema está en proceso de decadencia lo primero que aparece es la degradación moral, y por eso el capitalismo —que está en proceso de decadencia— está produciendo inmoralidad. Cuando habla de restauración, habla de lucha contra el capitalismo.

¿Cree que después de aquel año, con Lleras Camargo en la presidencia, se inicia la persecución del gaitanismo?

Sí, pero para retomar y que sea más claro es necesario explicar que Gaitán venía teniendo una presencia importante a nivel país, en defensa de lo que él llamó “el país nacional”. En 1944, a mitad de su mandato, el presidente Alfonso López, por contratos espurios, toma la decisión de retirarse, pero no de forma permanente. Cuando toma el cargo de la presidencia Darío Chandía, Gaitán es Ministro de Trabajo.

¿Y qué papel cumple allí?

Es clave: realiza un recorrido nacional para fortalecer los sindicatos, entre muchas otras cosas. En ese momento existe la posibilidad de que, si el presidente no regresa y según el tiempo de mandato que reste, se llame a elecciones o asuma un designado. Al ver que la candidatura de Gaitán toma mucha fuerza, Alfonso López Pumarejo vuelve a la presidencia para estar en el cargo el tiempo suficiente y poder colocar a un designado suyo: ni más ni menos que Alberto Lleras Camargo, a quien le decían “Mister Lleras” por su papel pro norteamericano. En ese momento, cuando asume Lleras, se ve claramente una persecución al movimiento gaitanista, primero en Cali y luego en los diferentes municipios.

¿A qué se refiere concretamente con “persecución”?

Comienzan los primeros asesinatos, pero antes de los genocidios se realiza una estigmatización. El contexto es el siguiente: en 1945 Gaitán hace una gran reunión en la plaza de toros, en la que lo proclaman candidato a la presidencia. ¿Y cómo surge eso? Bueno, imagine que estamos a un año de las elecciones y hay que nombrar los candidatos. Están aquí en Colombia los llamados jefes naturales de los partidos, tanto en el Conservador como en el Liberal, quienes tradicionalmente son puestos a dedo o en círculos cerrados. Y así pasó aquel año: nombraron a Gabriel Turbay como candidato natural del Partido Liberal, violando los estatutos del partido. Gaitán lo denuncia y dice que “frente a esa decisión amañada, nosotros vamos a hacer una convención popular”; allí es postulado a la presidencia para las elecciones de 1946.

¿Era un escenario de todos contra todos, de liberales contra conservadores y de liberales contra liberales?

¡No, fueron las autoridades que planificaron esto! Primero se estigmatizó al gaitanismo. Luego hubo unas elecciones donde Alberto Lleras Camargo —un presidente aparentemente liberal—, favoreció al candidato conservador (Ospina Pérez) y se desarrollaron ataques contra liberales y turbayistas. Después subió Ospina Pérez al poder y se conformaron los grupos de sicarios, que eran de la policía, para perseguir exclusivamente a los gaitanistas, no ya al resto de los liberales. Ospina Perez creó un gobierno de unidad que se llamó la Unión Nacional, en el que el oficialismo liberal y lo que había sido el turbayismo se unieron al gobierno conservador para garantizar la gobernabilidad. Es decir: allí, en 1946, comenzó sistemática y premeditadamente el genocidio contra el movimiento gaitanista, como lo ha confesado quien era el jefe de la policía.

Su padre no logra la victoria en las presidenciales de 1946, pero un año después es el actor principal y gana las legislativas ampliamente. ¿Qué pasó?

Después de perder convoca a una Constituyente Popular, para conformar un programa donde la lucha se basa en la psicolingüística: toma al partido liberal a través del lenguaje, proponiendo nombrar directorios liberales departamentales y directorio liberal nacional. Ahí ya se habla del jefe único del Partido Liberal; es una toma virtual. Paralelamente, la violencia que se va viendo, en vez de disminuir al gaitanismo lo hace resurgir y lo sitúa como la fuerza política más importante del país. Se dio un proceso masivo en esa constituyente, donde se convocó a todos los liberales, incluso a los seguidores de Turbay, que eran los rivales dentro del partido.

Gaitán jefe único.

Sí, surge el nuevo partido, el Partido Liberal gaitanista, que incluso gana votos en los barrios conservadores. En los pueblos obtiene mayorías, pero es importante marcar que a partir de 1947 el Partido Liberal es uno nuevo: funciona con la orientación y con nuevos estatutos salidos de la constituyente en la que se convoca a liberales y conservadores. Tanto que el primer artículo dice: “El partido liberal, es el partido del pueblo”.

¿Y qué pasa con los ex jefes del Partido Liberal?

«Como había una corriente progresista en Latinoamérica que no quería que se formara la OEA, lo mejor era que mataran a Gaitán, se armara una insurrección y se les echara la culpa a los comunistas.»
Quienes eran los jefes naturales de los partidos abandonan el país: Alberto Lleras se va a vivir a Washington, Eduardo Santos huye a París, López Pumarejo a Londres… todos diciendo que volverán en mejores momentos. Y vuelven después del 9 de abril de 1948, cuando asesinan a mi padre.

¿Y en la sociedad, cómo se vivía ese inicio del periodo de “la violencia”?

Terrible. En los pueblos conservadores fue donde más se sintió la violencia, porque el pueblo conservador, al votar al liberal Gaitanista, sufrió una reacción por parte de la oligarquía conservadora debida a la perdida de la fuerza política. Eso generaba una apariencia de liberales contra conservadores, pero no era así. Comúnmente se sitúa el inicio del período llamado “la violencia” en 1948, con el asesinato de mi padre, pero en los primeros años el pueblo liberal ya sufre la violencia oficial. Al principio resiste, pero no se arma. Luego sí se arma y se va para el monte, como autodefensa y porque se ven obligados. Allí se forman las primeras guerrillas liberales, a inicios de 1950. Pero a partir de 1945 se empieza a sentir la violencia estatal; es el Estado mismo el que la determina.

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El 9 de abril de 1948 se aproxima a cada respuesta.

Aquel día pasó a la historia como “el Bogotazo”, pero Gloria tiene una definición que le cabe mejor a la verdad histórica: “Fue la insurrección del 9 de abril, se dio en toda Colombia”. En el contexto de la IX Conferencia Panamericana —que dará paso a la Organización de los Estados Americanos (OEA)—, y el día anterior a su asesinato, Gaitán había defendido con éxito al teniente Cortés en un juicio que había tomado una gran repercusión pública.

“Salió en hombros, llevado por los militares”, cuenta su hija. Llegó a su casa y a la mañana siguiente partió hacia su oficina ubicada en pleno centro de Bogotá, donde hoy se encuentran unas cuantas placas recordatorias que luchan por hacerse visibles a pesar de la dejadez evidente. A las 13:05 de la tarde, Gaitán bajó de su despacho acompañado por gente de su entorno. Allí lo esperaba la muerte: lo balearon y falleció apenas unos momentos más tarde.

Lo que sigue son miles de versiones, declaraciones y cuentos, que finalmente encuentran la verdad en la llamada operación Pantomima, repleta de artífices necesarios.

“El magnicidio de mi padre fue organizado por la CIA, conjuntamente con el gobierno colombiano. Hubo un agente clave, que fue John Mepples Spirito, un entregador concreto que fue Plinio Mendoza y el ejecutor, Roa Sierra.”
¿Por qué mataron a su padre?

Son muchos factores. Entre ellos, Marshall dijo: “Esto es lo que yo necesito”. Como había una corriente progresista en Latinoamérica que no quería que se formara la OEA, lo mejor era que mataran a Gaitán, se armara una insurrección y se les echara la culpa a los comunistas. Calcularon entonces que el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán tendría como resultado una gigantesca explosión popular. Así impactarían emocionalmente a los renuentes a crear la OEA. Era lo que necesitaban para convencer a los delegados de la Conferencia Panamericana de las bondades de la creación de la OEA.

¿Cuál fue el papel de la CIA?

La CIA intentó sobornar a mí padre para que dejara la política a cambio de una cátedra de derecho penal en la Universidad Sorbona de París o en la Universidad de Roma. De acuerdo al lugar que eligiera, le ofrecían un apartamento lujoso en esa ciudad y dos fincas, una en la Sabana de Bogotá y otra en los Llanos Orientales, y la financiación necesaria para que sus hijos pudieran estudiar por el resto de sus vidas en cualquier universidad o colegio de Europa. Yo le decía que acepte y él se reía. Por supuesto no aceptó, y eso desencadenó el siguiente plan.

Su padre también estaba haciendo una investigación sobre el petróleo.

Sí, mi padre estaba analizando y debatiendo sobre una explotación petrolera dolosa que se estaba realizando en Colombia. Mi madre, Amparo Jaramillo de Gaitán, contaba que mi padre estaba adelantando una exhaustiva investigación sobre el tema del petróleo. Ella le insistía en que no dejara en su oficina el material probatorio porque “de tu oficina te los van a robar”. El 9 de abril, cuando mamá reconoció que mi padre había muerto, lo primero que hizo fue irse a la oficina para recoger el material. La puerta de la oficina no estaba forzada y allí estaba solo la secretaria, llamada Cecilia. Los cajones del escritorio donde guardaba los documentos de la investigación estaban vacíos. El magnicidio de mi padre fue organizado por la CIA, conjuntamente con el gobierno colombiano. Hubo un agente clave, que fue John Mepples Spirito, un entregador concreto que fue Plinio Mendoza y el ejecutor, Roa Sierra.

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«Como había una corriente progresista en Latinoamérica que no quería que se formara la OEA, lo mejor era que mataran a Gaitán, se armara una insurrección y se les echara la culpa a los comunistas.»

¿Qué pasó después de ese día en la vida de Colombia?

Creo que hubo años de una confusión generalizada y una persecución que hizo que los liberales se fueran a la guerrilla; distintos liberales, gaitanistas y no gaitanistas. Comienzan entonces esas guerrillas a tener una ideología marcada por la burguesía y, ahí, cuando el Partido Liberal es mayoría y el conservador Laureano Gómez quiere llegar al poder, sí empieza algo de liberales contra conservadores, donde la guerrilla es netamente liberal. En el pueblo de Nazaret comienza a hablarse de los liberales limpios y los sucios. A estos últimos los penetra el partido comunista y se forman las guerrillas comunistas.

Pasaron casi setenta años del asesinato de su padre. ¿Qué queda del gaitanismo hoy?

Voy a decir una cosa espantosa, quizás: solo queda una organización. El ELN es lo que queda del gaitanismo. Fui invitada por los “elenos” a su campamento cuando el cura (Manuel Pérez Martínez, “El cura Pérez”) era el comandante mayor. Coincidimos en todo menos en secuestrar a un ser humano; sea quien sea, no es revolucionario. Y no solamente eso: la voladura de oleoductos que polucionan los ríos también me parece inaudita. Me lo explicaron muchas veces y muchas veces no lo entendí. En aquella visita, recuerdo que una mañana nos despertamos con el himno nacional, como siempre. Cuando empezó a iluminarse el día y yo me estaba bañando en el rio, comencé a escuchar la voz de mi padre: habían puesto los discursos de Gaitán. Su voz recorría esas montañas…

fue una de las sensaciones más hermosas que tuve en mi vida.

La Paz, desde Satori

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Satori Gigie es comunicador social, vive “entre La Paz y El Alto” y su cámara lo acompaña todo el tiempo. Hace poco tiempo una foto suya se hizo famosa al mostrar a su madre cargando la inmensidad del Illimani en una carretilla. La imagen fue reproducida y plagiada una infinidad de veces, pero el revuelo dio lugar a que muchos podamos conocer su particular sensibilidad fotográfica, una invitación constante a mirar el altiplano de otra manera.

 Textos y fotos: Gigie Satori

 

Pablo Iglesias, el tipo que puede cambiar España

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La Marcha por el Cambio convocada por PODEMOS reventó Madrid a fines de enero y encuestas realizadas semanas después le dieron hasta un 40% de intención de voto en algunas comunidades autónomas. Sin embargo, en las elecciones andaluzas del domingo pasado, PODEMOS logró apenas un 15% de los votos.  ¿Quién es Pablo Iglesias y por qué un sector cambiante de España deposita sus esperanzas en él?

Por Federico Acosta Rainis
Ilustración: César Deferrari

¡Es la política, estúpido!

España es hoy un país arrasado. Entiéndase: con todo lo arrasado que puede estar una nación que en el sistema-mundo de Wallerstein forma parte de los países centrales y que además pertenece a la Unión Europea, uno de los bloques político-económicos más poderosos del mundo que concentra cantidades brutales de capital. Así y todo, Europa y primer mundo y todo, los números españoles no dejan de ser impresionantes: en 2013 se contabilizaron cuatro años casi ininterrumpidos de recesión y el desempleo alcanzó el record histórico de más del 27% de la población activa, cifra que en las regiones menos industrializadas del sur y del oeste trepó hasta el 35% y el 40%.

“La tormenta llegó con furia y se acabó el cuento de la buena pipa: la crisis financiera global reventó la burbuja inmobiliaria que había sido avalada pasivamente por el estado y por Europa”
Lejos quedó la primavera del modelo liberal privatizador que trazó Aznar a mediados de los noventa, con sus principales  motores en la construcción y el turismo. En el 2006, cuando las grúas cubrían por decenas los cielos de las ciudades hispanas y con un sueldo básico y sin demasiadas preguntas los bancos prestaban plata para piso, auto, electrodomésticos y vacaciones, nadie imaginaba la debacle venidera. Dos años más tarde la tormenta llegó con furia y se acabó el cuento de la buena pipa: la crisis financiera global reventó la burbuja inmobiliaria que había sido avalada pasivamente por el estado y por Europa y como un dominó se cargó al resto de la economía española. El invierno se hizo largo y no encontró paliativos en dos gobiernos de corte distinto. A pesar de que según el presidente Rajoy ciertos indicadores estarían experimentando este trimestre una minúscula mejoría—ese crónico y doloroso modo condicional—, las cosas siguen igual o peor. Igual porque el trabajo escasea y está muy mal pago, y peor porque el colapso económico, a fuerza de prolongarse, devino en colapso político. Los españoles hoy no se sienten representados y lo que prima es un escepticismo que recuerda demasiado al “que se vayan todos” del Argentinazo.

Los jugadores tradicionales del actual panorama político español salieron a la cancha durante la transición a la democracia que sobrevino a la muerte de Franco en 1975, y disputaron su primera contienda en las elecciones generales de 1982. En esos comicios el PSOE (Partido Socialista Obrero Español) de Felipe González se impuso por mayoría absoluta y el AP, luego devenido en PP (Partido Popular), se constituyó como principal fuerza opositora. Poco cambió desde aquel entonces: ambos partidos se fueron alternando en el poder y, en las ocho elecciones generales realizadas hasta la fecha, la suma de sus votos siempre estuvo por encima del 75%. Un dato termina de confirmar lo enraizado del bipartidismo hispano: la tercera fuerza en disputa apenas superó alguna vez los diez puntos.

Pero ahora los tantos ya no están tan claros. El hartazgo de la ciudadanía con los partidos tradicionales no se nutre solo de su total ineficacia para lograr un repunte de la economía; hay también una fuerte sensación de pérdida de soberanía, de arrodillamiento ante Europa, que ni el PP ni el PSOE lograron revertir. Con el ingreso del país a la UE el manejo de la política fiscal y monetaria nacional quedó en manos de Bruselas y desde que arreció la crisis el parlamento europeo —donde pisan fuerte los pesos pesados como Alemania—sugiere la misma monocorde receta para las economías castigadas del sur: ajuste, austeridad, reducción del gasto público. Lo que resulta más insoportable es que ese mismo parlamento no dudó en aprobar dos millonarios paquetes de rescate para sanear las cuentas de la banca privada española que, sumados, superan un quinto del PBI nacional. Es decir, se premia con ayuda a los especuladores que provocaron el colapso a costa de los ciudadanos desprotegidos que más lo sufren: es el mundo del revés, mejor llamado capitalismo financiero.

La dócil conformidad de los políticos españoles con el mandato europeo y la presteza para apretar el cinturón fue vergonzosa: las moderadas conquistas sociales obtenidas durante el primer gobierno de Zapatero —aumento del salario mínimo, regularización de inmigrantes, matrimonio homosexual—, quedaron del todo desdibujadas en su segundo mandato por el brutal ajuste que el gobierno de Rajoy continuó. Esta transferencia enorme de ingresos desde los sectores menos favorecidos hacia los que concentran el capital se dio a través de variados mecanismos: aumento de impuestos generales, recortes en educación, salarios, salud, flexibilización laboral, facilitación de los despidos. Pero aún hay más: con la misma velocidad con que se multiplicaron los desalojos de aquellos ciudadanos imposibilitados de afrontar las hipotecas, salieron a la luz decenas y decenas de casos de enriquecimiento ilícito que involucraban a funcionarios del PSOE y del PP en todos los niveles de la administración pública.

Ilustración: César Deferrari
Ilustración: César Deferrari

En un país de tradición combativa como España, semejante caldo de cultivo debía generar algún tipo de fractura. Y así ocurrió.

El 15 de mayo de 2011, luego de una manifestación contra el ajuste, unas cuarenta personas decidieron quedarse a pernoctar en la Plaza del Sol, la del oso, la más tradicional de Madrid. Eran grupos dispersos de distintos colectivos que no tenían ningún programa concreto pero sí la voluntad común de originar una protesta permanente, que trascienda la marcha ocasional. Esa noche encendieron la mecha de una historia que es harto conocida: en los días sucesivos el número de plazas repletas de “indignados” —la mayoría de ellos autoconvocados a través de las redes sociales—se multiplicó de forma exponencial y dio origen al Movimiento 15M. Las olas de las agitadas aguas ibéricas enseguida arribaron a costas lejanas: buenos ejemplos son el movimiento Occupy Wall Steet en Estados Unidos y la marcha mundial de protesta organizada desde España para el 15 de octubre de 2011, con réplicas en casi mil ciudades y más de ochenta países alrededor del globo. Este cúmulo de experiencias fue el bautismo de fuego que posibilitó la repolitización de una parte importante de la juventud española, adormilada hasta hacía poco tiempo atrás entre las vacas gordas del consumo y la comodidad previos a la crisis.

Podemos, el flamante partido que bate récords de crecimiento en las encuestas, es el heredero de este redescubrimiento de la política. Formalmente fue constituido en enero de 2014, pero es la fusión de distintas agrupaciones de izquierda, asambleas barriales y movimientos articulados a partir del 15M que llevan años en la militancia. Su idea matriz fue canalizar el descontento social a través de una opción electoral plausible para las elecciones europeas de mayo de ese mismo año, con propuestas alternativas al ajuste para sacar al país de la crisis. La estrategia dio sus frutos porque tan solo cuatro meses después obtuvieron más de 1.200.000 votos, un 8% del electorado, equivalente a cinco eurodiputados. Y eso fue apenas el comienzo: las últimas encuestas les dan un 25% de intención de voto para las generales de este año y buenas posibilidades de acceder al poder. Detrás de este boom hay una lectura acertada de un momento político clave, una estrategia comunicacional muy inteligente y el aprovechamiento de nuevas herramientas que poco a poco empiezan a mostrar su peso en la política.

Podemos: de las barricadas a los ordenadores

“El desarrollo exponencial de Podemos es impensable sin la existencia de las redes de computadoras, sin la bronca masticada en las calles y luego clickeada, likeada, forwardeada y twitteada millones de veces.”
El desarrollo exponencial de Podemos es impensable sin la existencia de las redes de computadoras, sin la bronca masticada en las calles y luego clickeada, likeada, forwardeada y twitteada millones de veces. Podemos es un partido informático no solo porque utiliza la tecnología para masificarse; su estructura organizativa y su modo de funcionamiento tienen una notable simetría con las redes. La organización se apoya en una multiplicidad de nodos denominados “círculos”, espacios de participación ciudadana autoconvocados basados en un territorio o en un tema de discusión común. Los círculos operan como asambleas abiertas a todo aquel que quiera participar, elaborando propuestas que luego se comparten al resto de la red para su posterior debate y mejora. Así ha tomado forma gran parte de su programa político. En la página web del partido hay un repositorio de archivos de acceso público que documenta hasta el detalle los debates que generaron más de ciento sesenta equipos de trabajo. Este proceso de discusión colectivo, que entraña la distribución, votación y corrección masiva de una serie de borradores hasta el desarrollo de una versión final y superadora, remite inmediatamente a la filosofía de perfeccionamiento por etapas que se utiliza en la creación de software libre. Pero la analogía con la informática va más allá: Podemos es también un virus. Algo que el bipartidismo español no planeaba y que, tras colarse por sus agujeros de seguridad, se replicó de forma exponencial contagiando a su paso a una marea de nuevos electores hasta poner en peligro las bases mismas del sistema fundacional.

La fortaleza más grande del partido, sin embargo, es su origen popular. En esto se diferencia del que muchos han querido considerar su hermano mayor italiano: el Movimento Cinque Stelle. Como Podemos, pero unos años antes, fue novedad y niño mimado de analistas al acaparar el voto de millones de ciudadanos hartos de la política sucia y el inexorable avance de la crisis. Pero al M5S no lo fundaron multitudes movilizadas sino un cómico de televisión que de golpe decidió desembarcar en la política y un empresario de la rica Italia del norte. Falto de todo asidero material, su festejado apartidismo se diluyó en un apolitismo carente de contenido. Podemos es, hasta ahora, todo lo contrario. Sus referentes principales son activistas, profesores universitarios, comunicadores, jóvenes intelectuales que aportan renovación a un aparato político que ya tiene más de treinta años. Su origen está en las barricadas, en los barrios, en las asambleas populares. El movimiento retoma la tradición militante aplastada durante la guerra civil española, y la actualiza y la empodera con las herramientas del siglo XXI.

Podemos tiene también algo más. Ese plus se llama Pablo Iglesias.

Iglesias 3El loco de la coleta contra la casta

Tanto por sus capacidades excepcionales como orador como por su repercusión mediática, y a pesar de no estar entre sus fundadores originales, Pablo Iglesias Turrión se convirtió rápidamente en el principal portavoz del movimiento; en noviembre de 2014 fue electo también secretario general con casi un noventa por ciento de los votos. Profesor de la Universidad Complutense de Madrid, licenciado en Derecho y doctor en Ciencias Políticas, con treinta y seis años, dos másters internacionales, un currículum interminable en su haber y un pasado en la militancia antiglobalización, Iglesias saltó a la fama tras participar en tertulias políticas televisivas de alcance nacional como La Sexta Noche. Con un estilo combativo, irónico y a veces un poco arrogante, aunque apoyado siempre en cifras y argumentos concretos, no se cansa de enfurecer y dejar en orsai a oponentes políticos y entrevistadores.

Pablo suma rating porque tiene una pregunta incómoda y una respuesta lúcida que cachetean y desenmascaran. El look de profe universitario joven y desenfadado, el pelo largo recogido en colita —o coleta como le dicen por aquellos pagos—, su discurso sencillo y la capacidad de no perder las riendas ni la serenidad frente a las provocaciones, son un soplo de aire fresco en los debates. Sin embargo, no hay nada librado al azar en ese perfil casual y décontracté: Iglesias se reapropia con gran pericia del vapuleado sentido común —favorito de la derecha para rellenar prédicas que se autodenominan desideologizadas—y lo impregna de confrontación y conflicto, leitmotiv de la política. No hace concesiones, no reniega de sus orígenes ni de su pensamiento de izquierda —lo repite hasta el hartazgo si es necesario—, pero tampoco se empantana agitando las banderitas rojas de la liturgia tradicional para no ahuyentar a un electorado que hoy por hoy está harto de izquierdas, derechas y de la clase política en general. Pablo cumple su papel comunicacional al detalle y entonces consigue efecto y masividad. Porque sabe que para cambiar las cosas lo primero es hacerse con el poder.

“Si el signo es la arena de la lucha de clases, la capacidad de Iglesias de recuperar el concepto centenario de casta y meterlo en boca de todos, da cuenta de su poderosa fortaleza comunicativa“
El secretario general de Podemos pertenece a una tradición intelectual de izquierda actualizada, que recupera con originalidad a Gramsci para plantear que la construcción de contrahegemonía es una guerra cultural de posiciones. Esta mirada entiende que hoy las trincheras son los medios porque el poder anida y se condensa alrededor de ellos. Todo lo que dice —todo lo que no dice— ese Pablo filmado, reproducido, multiplicado una y mil veces por la TV, convertido en estrella mediática, es parte de una estrategia comunicativa que aprovecha con gran inteligencia las fisuras abiertas por la crisis en la hasta hace poco compacta arena política española. Cuando lo entrevistan no lo niega: “estamos en una fase de posibilidad de acceso al poder político” y “aspiramos a todo, no queremos ser solo una voz crítica más”. Porque también sabe que la grieta en el bipartidismo no va a durar para siempre y hay que dar el zarpazo ahora o nunca.

Uno de los conceptos más recurrentes en su discurso es el de “casta”, que refiere a esa clase parasitaria que se apropia del Estado para garantizar privilegios y beneficios económicos a los amigotes. La noción prendió como pólvora en la sociedad española y en pocos meses se convirtió en referencia obligada de toda discusión política; la emplean incluso quienes están lejos de compartir las ideas de Podemos. Para gran cantidad de los ciudadanos la casta hoy son el PP y el PSOE —ya los llaman PPSOE—y todo lo que ellos representan: corrupción, ajuste, desempleo, pérdida de la soberanía, crisis. Si el signo es la arena de la lucha de clases, la capacidad de Iglesias de recuperar el concepto centenario de casta, actualizarlo con contenido socialmente válido en el siglo XXI y meterlo en boca de todos, da cuenta de su poderosa fortaleza comunicativa y de que las trincheras de Podemos avanzan a paso firme. El miedo de los partidos tradicionales y su falta de reacción ante este avance son tan grandes que sus portavoces solo atinan a escupir encolerizados—porque indignados ya no pueden estar— una nube de conceptos genéricos que incluye a todas las variedades de istas de izquierda que se puedan imaginar: marxistas, comunistas, leninistas, castristas, estalinistas, chavistas, populistas. Hay que decir que el resultado es tan vaporoso y trasnochado que no logra atemorizar más que al selecto círculo de individuos que siempre estuvo sentado demasiado a la derecha y del que jamás se pueden esperar votos para encarar una renovación política. Para el ciudadano común, que no sabe cómo llegar a fin de mes y tiene la casa hipotecada —o ya no la tiene—, la casta encarna hoy la suma de cosas que hay que desterrar para siempre del país.

Cinco siglos después América conquista España

Un aspecto llamativo en el fenómeno Iglesias es que, a contramano de lo que sucedió durante gran parte de la historia, las experiencias latinoamericanas modernas sirven de inspiración a un político europeo. Su visión crítica del capitalismo no es la de la izquierda clásica y mira con atención los rumbos originales que han seguido durante la última década países como Venezuela, Ecuador y Bolivia y, en menor medida, Argentina y Brasil. Este interés no responde solo a una cercanía ideológica; es indiscutible el papel que —con aciertos y errores—han cumplido estos proyectos a la hora de salir de la debacle social en que el neoliberalismo desolador de los noventa había sumido al continente.

Entonces, un encendido Pablo se atreve a decir en el parlamento de Bruselas: “de América Latina aprendimos que la deuda externa está diseñada para ser impagable, y que los países que más han crecido lo hicieron con una quita sustancial y una auditoría pública de su deuda. Todos conocen en esta cámara la deuda perdonada hace no tanto tiempo a Alemania. No es sólo una cuestión de justicia, tiene que ver con la integración europea y con la democracia: la deuda es hoy un mecanismo de mando y saqueo de los pueblos del sur. Eso es lo que está sucediendo en esos países que, con marcado racismo, algunos denominan PIGS (Portugal, Italia, Grecia, España)”. Y acto seguido apela a todos los pueblos periféricos de Europa a posicionarse contra la miseria y la violencia que desencadenan las medidas de la Troika financiera —Comisión Europea, Banco Central Europeo y FMI— en una evocación enorme a los discursos de diferentes mandatarios sudamericanos en foros internacionales como la ONU.

—Es imposible salir de una crisis volviendo a la gente más pobre—repite hasta el hartazgo el secretario general de Podemos, y por eso la mayoría de sus propuestas económicas son de carácter heterodoxo o contracíclico. En las antípodas del neoliberalismo, intentan un crecimiento con inclusión apoyado en la banca pública, el apuntalamiento del empleo y del consumo. Esto implica devolver al estado un lugar importante en la organización y la redistribución económicas, porque fueron la falta de controles y el laissez faire indiscriminado los que posibilitaron el desarrollo de la burbuja especulativa del desastre. La idea del fortalecimiento de la demanda y la centralidad del sector público también trae reminiscencias latinoamericanas contemporáneas.

Otras iniciativas del programa económico de Podemos son la instauración de una renta básica que garantice una vida digna, el aumento del salario mínimo, la semana laboral de treinta y cinco horas, la guerra al fraude fiscal y una reforma tributaria que imponga mayores gravámenes a los sectores acomodados. La batería de medidas que sostiene el partido es la antítesis de todo lo que sucede actualmente en España: a los oscuros negociados de la casta, responde con un modelo de transparencia y democracia directa; frente a los ajustes criminales destinados a proteger a toda costa la mano invisible, plantea un fortalecimiento del estado como garante del crecimiento; a la pasividad de un gobierno que observa el exilio de miles de jóvenes desocupados, opone un apuntalamiento de los salarios para estimular el consumo, la producción y el empleo; frente a la sangría de divisas que acarrean los compromisos financieros, exige un proyecto de auditoría y restructuración de la deuda.

Por este acervo de ideas —que sus detractores consideran irrealizables y demagógicas— a Iglesias lo acusan de populista. Para los oídos de una vieja señora Europa que demasiadas veces aún se cree portadora de las verdades —y del origen y de los confines— de la civilización, la palabrita suena incluso más repulsiva que para las oligarquías de nuestras tierras—y eso es decir mucho. Populismo significa subdesarrollo y mal gusto, el mono con navaja que era el dictador Chávez y el desastre que hacen con su futuro los tercermundistas, un fascismo berreta que no merece espacio en su refinado continente. Pero a Pablo no lo enoja el mote; al contrario, lo estimula. Entonces recurre otra vez a Gramsci y suma a Laclau para desmembrar el sentido último de lo populista y recuperar su herencia positiva centrada en lo nacional popular: cuando, como consecuencia de una crisis social extraordinaria, el pueblo se moviliza en conjunto para exigir por sus necesidades insatisfechas, se abre una fractura en las estructuras de dominación del poder político tradicional y se habilita una opción original y renovadora. Según él, Podemos canaliza hoy esa idea de pueblo y entonces es indiscutiblemente un fenómeno popular. Las encuestas parecen darle la razón.

Iglesias 4De caudillos y del futuro

—¡Yo no soy un macho alfa, soy un militante!— grita exasperado Iglesias ante una multitud que se muere por aplaudirlo y enseguida es callada por el orador.

Una característica interesante de Podemos es que su núcleo duro de referentes excede por mucho al portavoz principal. Entre ellos hay buen número de militantes con amplia formación y experiencia política. Sin Pablo Iglesias Turrión, Podemos perdería muchísimo —imposible estimar lo que un predicador sobresaliente aporta a un movimiento—, pero sobreviviría igual. A la multiplicidad de dirigentes capacitados se suman la estructura cibernética que fomenta la democracia directa y la posibilidad de revocar decisiones mediante votación inmediata, como herramientas que permiten retener una buena parte del poder entre las bases. Aunque esta opinión debería ser contrastada en el futuro —si Podemos es gobierno o con el surgimiento de los primeros conflictos internos—, en principio parece disponer de alternativas para superar la peliaguda cuestión del caudillismo en los movimientos populares. Que no es un problema en sí mismo —los dirigentes brillantes son necesarios— pero se vuelve una seria complicación si la concentración de poder en el líder opaca o impide la formación de sucesores de su nivel, capaces de tomar el mando si el sillón queda vacío: el ejemplo más reciente es el de un Chávez que entendió quizás muy tarde que la cosa era “comunas o nada”.

“Si Pablo y el núcleo duro dirigente triunfan en los comicios y mantienen la convicción que han demostrado hasta ahora, algo interesante puede suceder en Europa.”
Los desafíos que hoy enfrenta Podemos no son pocos. Su origen reciente lo nutre de entusiasmo y expectativas, pero también puede inducirlo a errores debidos a la falta de pericia: no es lo mismo el trabajo y la militancia en ámbitos reducidos que la pelea en las grandes ligas que siempre han manejado otros, donde los códigos son diferentes. Mantener la transparencia y los principios de democracia directa que hasta ahora han caracterizado al movimiento requerirá de un importante esfuerzo extra si acceden al gobierno: la capacidad de sostener los criterios de horizontalidad y poder en las bases suele comenzar a disminuir a la vez que aumenta el peso político y electoral.

Por otro lado, las esperanzas que ha generado el partido entre quienes lo apoyan son enormes y será difícil cumplir con todas ellas: la posibilidad de realización de muchas de sus propuestas dependerá de la oposición parlamentaria. Hace unos meses y ante el terror del quiebre del bipartidismo, hubo rumores de una coalición entre PP y PSOE, que de realizarse sería completamente vergonzosa. Lo que es seguro es que si Podemos gana las elecciones no lo hará con mayoría absoluta y es bien sabido que las alianzas, aunque necesarias en política, suelen condicionar la libertad de acción. Lo que durante este año con el gobierno de Rajoy también repercutirá en Podemos —Iglesias ha reconocido en diversas ocasiones que el partido continua su crecimiento meteórico gracias a los errores en los que sigue incurriendo la casta—, aunque en principio todo seguiría igual: los niveles de desempleo sin merma y el gobierno no dispuesto a cambiar su política de ajustes.

Si Pablo y el núcleo duro dirigente triunfan en los comicios y mantienen la convicción que han demostrado hasta ahora, algo interesante puede suceder en Europa. Después de fracturar la hegemonía de un sistema político que tras siete años de oportunidades se mostró incapaz de garantizar un futuro al país, Podemos debe responder a su compromiso asumido con la sociedad española; los hombres y sus organizaciones no son recordados por lo que prometen, sino por lo que hacen. La crisis mundial prolongada y una inmigración creciente que puja por traspasar las fronteras de la UE para gozar de los jugosos beneficios económicos y sociales de quinientos años de abusos a lo largo y a lo ancho del planeta, están redefiniendo el mapa político del continente. En este contexto han resurgido agrupaciones de extrema derecha en países como Italia, Francia, Grecia, Holanda y Reino Unido, entre otros, que ponen en riesgo los principios rectores de democracia e igualdad y los derechos de las minorías y los sectores subalternos. Es primordial el desarrollo de alternativas de raigambre popular que puedan torcer ese camino; la historia latinoamericana contemporánea es prueba de que ello es posible, y su desembarco en las costas españolas muestra su potente vitalidad a pesar de las grandes tensiones que la atraviesan.

Reírse en Dictadura

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Aunque durante gobiernos no democráticos el humor es cosa seria, poco se ha estudiado este proceso de la risa en contextos dictatoriales. Con la especialista Mara Burkart, socióloga e investigadora del CONICET, intentamos analizar qué sucedió con las publicaciones de humor gráfico en aquellos años en los  que las botas militares pisaban las presidencias de nuestro continente.

Por Javier Campos

Desde los años sesenta hasta fines de los ochenta, con sus particularidades, diferentes países de América Latina estuvieron bajo el yugo de las dictaduras militares. Es dentro de los marcos sociales, políticos y de conducta que establecieron dichos regímenes, donde surgieron –y desaparecieron– publicaciones que pretendían jugar el rol de voces críticas a partir de la caricatura, la sátira y el humor político. “Publicaciones de humor gráfico que se caracterizaron por constituirse en espacios críticos y desafiantes de la censura, el terror, el olvido y de los proyectos de orden que los militares quisieron imponer; como asimismo, sobresalieron por defender la libertad, fomentar la modernización cultural y cada una a su modo aportó aire fresco en un clima político social marcado por la clausura del espacio público, la violencia política y el terrorismo de Estado. Interpelaron a una clase media culta, urbana, comprometida y ansiosa de libertad”, escribió nuestra entrevistada Mara Burkart en Guillotinas, horcas y verdugos. El terrorismo de Estado en la prensa de humor gráfico de Brasil y Argentina de los años setenta, uno de sus tantos trabajos dedicados a la relación entre aquello que produce risa y los tiempos de las dictaduras. Aquí haremos menciones a sus trabajos, pero a continuación le preguntamos a ella:

¿Por qué creés que se estudió tan poco o se le dio poca importancia a esto del humor gráfico y la dictadura?

Básicamente tiene que ver con necesidades políticas. En los años ochenta, cuando se da la transición democrática y el ámbito universitario se reactiva, desde los intelectuales y los académicos hay primero una preocupación por recuperar toda la trama destruida por la dictadura y ahí existe un mayor interés –en términos de preocupación– en pensar aquellas figuras vinculadas a la resistencia propiamente dicha.

Más hacia una investigación del periodismo militante…

Por ahí va me parece, con Rodolfo Walsh en relación al periodismo, además de otras figuras, casi marginales. Entonces se va generando una idea de que la resistencia a la dictadura se forjó en espacios más micros: la Revista Punto de Vista para el sector intelectual y otros tipos de expresiones más under.

¿Y eso qué provoca?

Se inspira que la cultura masiva fue complaciente con el régimen y se piensa en los grandes medios gráficos, como Clarín. Pero había otros diarios más militantemente pro dictadura. La lectura de Clarín es desde un hoy. Y en esa disyuntiva queda, por ejemplo, la Revista Humor, que es en realidad una excepción a esa idea de que la cultura masiva es complaciente. En esa mirada dicotómica donde lo micro o lo under son la resistencia y lo masivo es lo complaciente, Humor es como una anomalía.

14247824Humor Registrado, la mítica revista argentina  (continuadora de la tradición de Tía Vicenta, Satiricón y Hortensia, entre otras), apareció en 1978. Y en palabras de la investigadora del CONICET, “surgió en el momento de una primera y muy tibia distensión del régimen. Ahora bien, este aflojamiento tampoco significaba que estuviera dado el contexto para la existencia de una publicación de humor político independiente. Más si se toma en cuenta que entre 1974 y 1977 otros proyectos editoriales habían sido clausurados. Durante los años de la dictadura militar, Humor Registrado atravesó un proceso de transformación por el cual pasó de ser una revista de humor gráfico a convertirse, en aparente paradoja, en una revista satírica seria y políticamente comprometida”.

Entonces, si analizamos el contexto, aquel presente argentino… ¿Se puede considerar a estas publicaciones como de “resistencia” a los milicos?

En mi caso, no uso mucho ese término porque me genera un poco de ruido. Porque resistir, resistir, sí lo hizo Walsh. O Las Madres de Plaza de Mayo, poniendo el cuerpo de una forma… yendo los jueves a dar vueltas a la pirámide, o metiéndose en todos lados a preguntar por sus hijos. Yo uso la definición de espacio crítico para estas revistas, porque sí fue resistencia en cuanto a oposición, a no aceptación del estado de cosas imperantes.

También Humor y O Pasquim, por citar a dos, fueron bastante ácidas como para solo pensarlas críticas…

En el caso de la revista Humor no la considero una publicación que haya estado a la vanguardia de las críticas a la dictadura y eso marca algo importante: Clarín ya criticaba al modelo económico de Martínez de Hoz. Y la tapa número uno, donde aparece la caricatura “Menotti de Hoz” se suma a un coro de voces que ya estaba en contra de la política del ministro. Lo mismo con la denuncia a la censura, también se vuelve más fuerte a partir de que Clarín publica en el 79 la nota célebre “Desventuras en el País jardín de infantes”, de María Elena Walsh.

“La caricatura busca denigrar el poder, sacarle cierta aura impoluta, para lograr desenmascarar que detrás de ese halo de poder hay personas con bajezas y defectos graves. Eso es lo que al poderoso no le gusta.”
¿Era una estrategia, un instinto para sobrevivir editorialmente hablando?

Exactamente, porque a partir de esos diferentes hechos Humor encuentra una grieta posible y ahí profundiza. Esto es lo que caracteriza a la revista: estuvo muy atenta a las voces críticas que aparecían y las utilizó de forma muy coherente, pero solapada. Casi mostrándose incoherente.

Hay un elemento importante que nombrás en tu trabajo, y es cómo jugó Humor dentro de la interna militar. ¿Cuán determinante fue ese rol?

Resultó clave porque la revista se fue filtrando en la interna militar y fue lo que le permitió sobrevivir. Seguramente no resultó voluntario ni premeditado, pero sí comenzó a utilizarlo y supo cómo manejar los tiempos de la política y la caricatura: generalmente dibujaban y alternaban el sector del ejército al que pegarle: una vez al sector duro, otra vez al blando. Sin embargo, todo esto no evitó las amenazas, las citaciones, las persecuciones o el intento de clausura que sufrió por parte del general Harguindeguy en el 81, cuando se sintió ofendido por una caricatura.

IMG_0172edInteresante para pensar el caso Clarín y su sección de humor; vos exponés que es allí donde inicialmente se caricaturiza a los popes militares.

-Sí, concuerdo, y cito a Florencia Levín, que hizo un gran trabajo sobre humor gráfico en el diario Clarín y expresa que las páginas de humor mantuvieron autonomía respecto a la línea editorial. Yo sostengo que en el 78 se genera una primera y pequeña distensión en el aparato represivo de la dictadura, un aflojamiento muy leve –no hay que exagerarlo-, pero hay mayor permisividad producto del contexto del Campeonato Mundial de Fútbol.

¿Debido a la exposición internacional?

Claro, hay mucha presión sobre el país y los militares quieren dar cierta imagen, que muestre una nación con libertad de expresión, de derechos. En ese contexto, Clarín puede permitir que Sábat publique una caricatura de Videla. Esto tuvo un correlato interesante para la Revista Humor: significó el momento propicio para aparecer y no ser clausurada al número siguiente. Clarín era un diario sólido, afín al gobierno, a pesar que hay una época en la cual es crítico de la política económica.

En tus investigaciones relatás el caso de O Pasquim, una revista brasileña que se inscribe en esta corriente humorística, a la izquierda de Humor Registrado. ¿Qué era O Pasquim concretamente?

O Pasquim sí estaba marcadamente en esa cultura de izquierdas, a la vez que inmersa en un sector más marginal. Se organizó en torno a un espacio insolente o, mejor dicho, irreverente. Con chistes incluso machistas, por lo que era una revista polifónica y ambigua. Se la podría comparar con Satiricón. Desafiaba a la censura y a los propósitos de imponer ese tan mentando orden que querían los militares y así irrumpió como un espacio crítico que aportó un aire renovado, fresco, en un clima político y social signado por un espacio público incomunicado y una fuerte violencia política.

Que además los tocó muy de cerca; quizás acá sí se puede hablar de resistencia.

“Humor se fue filtrando en la interna militar y fue lo que le permitió sobrevivir. Seguramente no resultó voluntario ni premeditado, pero sí comenzó a utilizarlo y supo cómo manejar los tiempos de la política y la caricatura: generalmente dibujaban y alternaban el sector del ejército al que pegarle”
No lo sé, es complejo. Pero sí, muy de cerca. A los que conformaban O Pasquim los persiguieron, tuvieron censura previa durante casi cinco años y los amenazaron durante mucho tiempo hasta que finalmente pusieron una bomba para matarlos. Por suerte no explotó, pero igualmente a varios de los integrantes los llevaron a la cárcel por algunos meses.

Basta repasar algunas de las tapas y dibujos para ver la genialidad en contexto. En algunas de ellas, militares en patineta, ahogándose o en la cama con aliados y rivales de turno. En otras, un torturador haciendo su trabajo de represión y violencia en plena sala hogareña, y su esposa diciéndole “odio cuando traes tarea al hogar”, o también, un detenido leyéndole a otro: “No, no es el indulto, dice felices fiestas”. Son algunas de las formas diferentes de marcar realidades y de proponer espacios de distensión.

Pero ¿qué genera el humor, en algunos casos, cuando se dispone a atacar al poder en plena dictadura, cuando señala a aquellos que son los responsables de practicar el terror? En Caricatura política en el cono sur, entre la radicalización política y las dictaduras militares, Mara Burkart asevera: “Tanto la producción de placer como el sentimiento de superioridad, la complicidad o cohesión así como también la función educativa de la caricatura cobran ribetes particulares e interesantes bajo coyunturas autoritarias y dictatoriales en las cuales el espacio público se ve fuertemente restringido y controlado, donde el miedo es impuesto y genera autocensuras y retraimiento en la sociabilidad, y donde políticas represivas torturan, desaparecen y asesinan a personas así como también tradiciones, símbolos, discursos e imágenes. Bajo el imperio del miedo y del terror, la complicidad y el sentimiento de superioridad que genera entre las clases subalternas reírse de una misma que caricaturiza a quien detenta el poder de modo dictatorial tiene el plus de convertirse en acto político, micro y cotidiano pero acto político al fin. También es un gesto de rebeldía incluso de resistencia el placer que una imagen cómica genera ante regímenes que procurar controlar y limitar el placer de los individuos”.  Y a nosotros, nos responde lo siguiente:

Imagen 4(6)¿Qué provocan el humor satírico o la caricatura política en las víctimas, en quienes son atacados, que los impulsa a censurar una publicación o directamente matar a sus autores?

Hay muchas definiciones que podríamos enumerar, como la que propone Freud: “uno puede volver cómica a una persona para hacerla despreciable, para restarle títulos de dignidad y autoridad”, pero antes hay que establecer que el uso de lo cómico es como un arma contra un enemigo. La caricatura busca denigrar el poder, sacarle cierta aura impoluta, para lograr desenmascarar que detrás de ese halo de poder hay personas con bajezas y defectos graves. Eso es lo que al poderoso no le gusta.

Y a eso se le suma la crítica concretamente política, porque no es sólo un enojo debido a una caricatura que los muestra feos.

Sí, y también están aquellos que sí toleran y hacen que el humor sea menos efectivo. Isabel Perón, por ejemplo, no toleraba ninguna voz disidente, entonces surgía efecto. La caricatura es un arma política eficaz porque expresa un sentido crítico, opositor y se vuelve hasta moral. Otra buena definición es la que da Gombrich cuando dice que el secreto de una buena caricatura es “ofrecer una fisonomía, una interpretación que nunca podremos olvidar y que la víctima parecerá acarrear siempre, como un embrujado”’.

“O Pasquim sí estaba marcadamente en esa cultura de izquierdas, a la vez que inmersa en un sector más marginal. A los que conformaban O Pasquim los persiguieron, tuvieron censura previa durante casi cinco años y los amenazaron durante mucho tiempo hasta que finalmente pusieron una bomba para matarlos”
 ¿A quién iba dirigido, políticamente hablando, el tipo de humor que se encuentra en estas revistas que mencionamos, y cómo interpelaba a estos sectores?

Esto reúne a muchos, por un lado a gente que, como los que lo hacen, saben lo que pasa y encuentran en el humor alguien que expresa lo que están sintiendo en forma privada. Recordemos que la dictadura rompe los lazos sociales, destruye ámbitos de sociabilidad y eso es clave, todo se vuelve privado. Mucho malestar, debates o pensamientos se daban en esta última forma no pública.

Era consumir en público aquello que estaba prohibido decir.

Sí, porque las revistas de humor, con sus limitaciones y generalmente sin ser vanguardias, hicieron públicas las voces críticas, reuniendo básicamente a los que estaban convencidos de lo que estaba pasando y cooptando a muchos otros, quienes mediante el humor comenzaron a cuestionarse lo que sucedía. El humor tiene también una instancia pedagógica o de mostrar algo más, un poco más que lo se dibuja o se dice, y permite ser crítico.

Igualmente, en algunos chistes había que estar atento a ese otro mensaje que se intentaba dar…

Depende mucho del lector, de su capacidad. Por ejemplo, Humor parte desde ahí: del lector inteligente, activo, que lee entrelineas y cuestiona. Es la diferencia con otros productos de la cultura masiva complaciente: no iba a dar lo fácil, quería que pienses.

Y en definitiva lo logró.

Porque se volvió atractiva para cierto sector de la clase media que se identificó con la forma… Lo que después fue el progresismo cultural. Son los lectores que luego encontraron en Página/12 otro espacio. Hubo en dictadura otros lugares donde también se intentó, más intelectuales. Pero la revista Humor lo hizo desde un lugar más masivo y en un género más bien marginal, que es el humor gráfico.

¿En ese proceso se dio la “migración de la credibilidad” de la que hablás en tus trabajos y en la que fueron participes necesarias las revistas de humor?

Tuvieron una tarea de, más bien, cohesionar y fortalecer una identidad entre los ya convencidos. Apuntaban más a quienes no se sentían identificados por las versiones y representaciones oficiales y oficialistas del “combate de la subversión”. Y en este sentido, las figuras y representaciones sin duda empujaron para generar esa pérdida de adhesión, por parte de los sujetos que decíamos antes, para con aquellas instituciones que en el pasado les resultaban creíbles y con autoridad: sean las fuerzas armadas, los ministros civiles, las instituciones religiosas o las figuras del espectáculo o el deporte.

“Lo que sí marca aquel momento y aquellos elementos es que no hay desaparecidos, no existe en aquel momento esa figura. La denuncia era: están matando gente.”
 Hay un dato interesante que sobresale en tus trabajos y es la iconografía utilizada para mostrar la violencia con métodos de la Edad Media, la Inquisición y el terror de la Revolución Francesa.

Sí, estos elementos son parte del despliegue de un humor negro, que tiene una larga tradición en el humor gráfico argentino y ya a nivel occidental, te diría. En Brasil también se encuentran estos diseños. Y en el contexto que se eligen publicar, hay una idea clara de denunciar e interpretar la violencia del estado.

image¿Pero intenta mostrar algo también respecto de otras dictaduras anteriores?

Si uno mira una revista como Humor y la compara con las anteriores, se nota el sentido que se le quería dar a algo que no sucedía de tal forma en las dictaduras anteriores, mostrando que es el Estado que está matando. Por eso la guillotina y el verdugo, imágenes que son conocidas y entendibles. Señales con las que por otro lado se intenta decir algo que quizá no se puede poner en palabras o da miedo decirlo.

Sobresaliente tanto en O pasquim, como en Humor, el rol del verdugo…

Si pensamos en el verdugo, alguien encapuchado que es mandado, vemos que representa la jerarquización, las ordenes. Y las fuerzas militares tienen eso de cúpula y bajada de órdenes. Lo que sí marca aquel momento y aquellos elementos es que no hay desaparecidos, no existe en aquel momento esa figura. La denuncia era: están matando gente.

Parece que fue difícil, entonces, generar humor, denuncia, crítica, todo al mismo tiempo y en aquellos años…

Es que en esos contextos, las revistas de humor aportaron también espacios de distensión, de relajamiento. Poder reírse de uno mismo, pero uno mismo como sociedad. La revista satírica se ríe del otro y en la humorística, según Freud, uno se ríe de uno mismo, pero esto es analítico.

¿Y en la realidad, en lo cotidiano?

La sátira también es sobre uno, porque en aquel momento todos eran gobernados por esos tiranos y tenían responsabilidad social. Funcionó también como forma superadora y de alivio, como cuando se dice: “tomémoslo con humor”. Y en aquel momento era una especie de oasis, lo cual no significaba tener una mirada banal y frívola, porque la risa tiene una instancia crítica y de reflexión, de reírse para seguir adelante. A veces, tomar posturas serias y solemnes tampoco ayuda demasiado.

ARLT: Los impacientes

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En Octubre se cumplen 85 años de la edición de Los siete locos y quisimos hablar de Arlt. Pablo Nardi, Lucas Carrizo y Federico Frau Barros escriben acerca de este escritor de los márgenes, excluido de las buenas costumbres y las listas de grandes escritores.

Los impacientes

Por Pablo Nardi

Roberto Arlt es un escritor que, tanto en su momento como ahora, hace ruido. Escribe de y desde los márgenes, siempre rompiendo con los moldes y la fineza que exigen las elites letradas. En la primera mitad del siglo XX, su manera de ver el mundo se refleja en sus tramas y formas de narrar. Estamos hablando de alguien que se movía en las calles más sórdidas de Buenos Aires, con gente de “poca cultura” y lejos de tener la comodidad económica y el tiempo que tenían otros escritores consagrados como Borges, las hermanas Ocampo o, como Arlt mismo dice, Flaubert.

Los personajes de Arlt son callejeros, deambulantes, pobres, infelices, mafiosos, estafadores. Siempre quieren llegar a un estado mejor, buscan el progreso pero no de la forma convencional, como el capitalismo sugiere (american dream), trabajando a lo largo de toda una vida, sino haciéndole trampas al sistema, buscando el lado lateral. Da la sensación de que los personajes de Arlt desconfían o están cansados de intentar hacer las cosas según se supone que hay que hacerlas. O que son impacientes y no quieren ni pueden esperar.

arlt-1Uno de los elementos frecuentes en la obra de Arlt es el cambio brusco, rápido, violento. El dinero no se hace ahorrando ni invirtiendo, sino consiguiéndolo en grandes cantidades. De ahí vienen la estafa, el robo, el negocio exitoso, la búsqueda de oro y todas las posibles mezclas que de ellas puedan nacer. Todas formas que tratan de evadir lo convencional y llegar más rápido a donde se quiere estar. En Los Siete Locos hay muchos ejemplos. Por un lado tenemos a Erdosain, un frustrado sexual que le roba a la empresa donde trabaja porque sabe que, de ser por el sueldo que recibe, no le alcanzaría para comer. Por el otro, al Astrólogo, un personaje que quiere armar una sociedad secreta que imponga un nuevo orden social y hacer feliz a las personas creando una nueva religión. Otro es el buscador de oro, un personaje que se dedica a buscar dicho metal en todo el país, corriendo atrás de rumores sobre gente que encontró pepitas de oro y fue rica el resto de su vida. Podemos pensar que Erdosain quiso formar parte de la sociedad secreta a modo de ilusión de cambio, una forma rápida –brusca- de salir de esa vida rutinaria y triste.

Mientras Borges estaba publicando sus reseñas que escondían cuestiones metafísicas y perfiles de escritores en la revista el Hogar, Arlt publicaba, en la misma revista, un cuento que se llama Un argentino entre gángsters (1937). Se trata de un ingeniero, Lacava, que es secuestrado por tres mafiosos que lo obligan a diseñar una ruleta que pueda dirigir la suerte según los intereses de la banca. Creo que ese cuento representa muy bien la obra de Arlt, y ahí queda bien clara la impaciencia, esa ansiedad por ganar dinero de forma rápida. Pero también queda claro el segundo elemento característico de la obra de Arlt: el invento.

No sólo la distribución de las riquezas es desigual, sino también la de los saberes. Mientras los letrados contaban con el capital intelectual de los libros y el saber abstracto, los sectores no tan favorecidos tenían una gran tendencia a interesarse por los saberes técnicos, materiales. En un contexto donde la ciudad se moderniza y aparece la electrificación e incorporación de nuevos objetos cotidianos, muchos quedan sorprendidos y buscan ahí la solución. De alguna manera, son “los saberes del pobre”, que cumplen una doble función. Por un lado, compensar la falta de escolaridad y, por otro, alimentar el mito del rápido ascenso social. Tanto Erdosain –¿quién puede olvidarse de la Rosa de cobre?- como el Astrólogo son inventores, se consideran genios que nunca fueron escuchados y todavía están a la espera del reconocimiento que merecen. Una posible lectura de Los siete Locos es que por eso deciden armar la sociedad secreta: una venganza contra quienes no confiaron en ellos y su poderosa máquina inventiva. Silvio Astier, del juguete rabioso, también se presenta como inventor. De hecho, el mismo Arlt lo era.

El cambio rápido y el invento –que existe, tal vez, como resultado de la búsqueda del cambio- son, entonces, dos elementos que aparecen visiblemente en la obra de Arlt y que responden, sin lugar a dudas, a lo que él veía desde el lugar que ocupaba en la sociedad. En definitiva, personajes que quieren todo ya, al instante, y no pueden esperar. ¿Tendrá este fenómeno alguna semejanza con la sociedad contemporánea? ¿Tendrá algo que ver con la vigencia que hoy tiene Arlt?

ARLT: El fabricante de fantasmas

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El fabricante de fantasmas

Por Lucas Carrizo 

 Cada uno exige una mentira diferente

que es verdad en el momento que se pronuncia.

No hace mucho, asistí a un pretendido seminario sobre literatura argentina. “El escritor Argentino” era el lema de los encuentros; el título no me convencía de nada, aunque me daba certezas sobre la poca imaginación de sus mentores para intitular una serie de citas.

Desde las páginas de una revista dominical, pasando por la confección de algún peripatético ciclo televisivo, hasta el auditorio universitario, esta búsqueda estrafalaria para escudriñar un ápice, una pista, un destello que permita ver la verdadera naturaleza de alguna expresión de un país me parece extravagante. ¿Somos, los argentinos, el resumen austero del dulce de leche? ¿Somos el melancólico semblante de esa sonrisa atribulada de Gardel? ¿Somos las piernas de Maradona dilapidando rivales? ¿Somos la voz paternal del General? ¿La férrea imagen de San Martín? A fin de cuentas, a quién le importa…

Los escritores citados en los encuentros no llamaron mi atención, aunque si una ausencia. El primer orador, tomó la ineludible figura de Sarmiento; a qué negar la destreza literaria de Don Faustino Valentín, incluso a pesar de sus impugnables doctrinas. El segundo,  Hernández; era obvio, como contrapartida, la imagen del autor de Fierro era el contrapeso necesario a la figura Sarmientina. Una mujer de voz arrogante, que apareció en tercer lugar, quiso convencer a todo el auditorio, puntero láser en mano, de la jerarquía ineludible de Lugones; más tarde se dieron cita palabras alusivas a Borges, Alfonsina, Cortázar y a un tímido Armando Discépolo.

Las treinta y cinco horas restantes, esperé vanamente la presencia de Roberto Arlt en el auditorio. Pero Roberto Godofredo no vino. Nadie lo invitó a esa cumbre. Ninguno tuvo a bien considerarlo en ese Olimpo. Quizás, los disertantes tomaron a rajatabla aquella sentencia de Piglia según la cual, el autor de Los siete locos, fue un “cronista del mundo”. Por consiguiente, de ahorita en más, cuando algún cónclave de intelectuales realice una serie de encuentros para hallar “Al cronista más representativo de Argentina”, seguramente hablarán de Arlt; sólo me queda esperar que dichos encuentros se realicen.

Ahora bien. Cuando me convidaron a hilvanar estas precarias líneas, se me dio por pensar en esos encuentros y el lugar periférico que muchas veces ocupa en las artes nacionales el autor que hoy me convoca. Pensé, incluso, que Arlt vence asaltando el lugar que le hubiese gustado: sus biógrafos aseguran que tenía cierta predilección por las orillas. Y entonces me propuse ir incluso un poco más allá, radicalizar la visión que de él se tiene; ni Los Lanzallamas, ni El Juguete rabioso (indudablemente, La vida puerca era un título más atinado pese a la tiranía de las editores), ni Los siete Locos, ni sus Aguafuertes, no… pensé en moverme en ese espacio arrabalero que ocupan sus obras de teatro.

arlt-2A decir de Mirta Arlt, Roberto no iba al teatro; nunca fue habitué de un género al que solía mentar con gestos despectivos dada su ambición comercial (“Crea en el público, un reflejo vulgar con adobo sensiblero”, decía). Para Arlt, el teatro era un vehículo para bosquejarle dificultades personales a la humanidad. Ni la vanidad del escritor, ni la posteridad: “Cuando haya resuelto mi problema, mandaré al diablo al teatro […] ¡Qué me importa a mí el teatro! El teatro es un pretexto, o mejor dicho, un medio para llegar a un fin”.  Para él, el teatro equivalía a lo que los griegos llamaban Tekné, es decir, un medio para luchar contra la necesidad. Esa fusión misteriosa entre arte, técnica y pasión, fue la quimera perseguida pese a sus limitaciones para la construcción dramática. Él sabía perfectamente, dice Mirta Arlt, que un dramaturgo debe construir estructuras complejas, y que la máxima destreza del oficio sólo se consigue cuando es capaz de animar a la platea con una historia encarnada por caracteres definidos, vívidos, que reaccionan dentro de las circunstancias abrumados por ellas. Por eso, siempre corrió por el lado contrario al costumbrismo y el realismo melodramático.

Sin embargo, hubo un momento en que a Roberto lo movilizó la idea de salir del ostracismo y abandonar la escena independiente. Hacia 1936, a su vuelta de España, se pone en escena El fabricante de fantasmas. La obra, obviamente, no fue un éxito en las ventanillas: cuentan que el público salía espeluznado, y la crítica sentenció que aquella producción de Arlt era sólo un recurso despreciable del autor para escandalizar burgueses. La marquesina duró muy poco, y en un montoncito de días, la obra dejaba los escenarios y nunca más volvía a ser representada.

Tomando el modelo de Pirandello -con el que siempre se han rastreado indicios en su teatro-, él construye una obra dentro de otra obra.  Roberto Emilio Godofredo se sintió abatido; sus personajes no habían creado la ilusión esperada. Esta obra, quizás la más dostoievskiana, no había logrado instalarlo en ese lugar privilegiado que secretamente esperaba tener. En ella, se afirma implícitamente la idea de que cierta casta puede prescindir de normas y de moral (alguno más ambicioso, puede entrever quizás la idea nietszcheana del Súperhombre). Como Raskolnikov, el protagonista (Pedro) no acepta el remordimiento y sospecha que el crimen lo ayudará a realizarse en la vida “He matado a mi mujer, y bien… otro hombre se golpearía la cabeza […] Ella era la enemiga de mi futuro, nadie tiene que reprocharme nada”, y para confirmar definitivamente su posición, dictamina: “La vida sería infinitamente más divertida y emocionante si pudiéramos deshacernos de nuestros enemigos”. Tanto en Los siete locos como en Los lanzallamas, encontramos claves según las cuales un crimen puede modificar una vida. Sin embargo, así como Rodhian piensa que asesinar a esa mujer estaba bien porque ella era un ser pernicioso, termina cediendo a las recriminaciones de la conciencia. A Pedro, parece que poco le importa haber engañado a la justicia y conseguir la libertad, algo en él reclama castigo y expiación, y ese algo lo lleva a cometer varios actos (¿fallidos?) que lo condenan; valga el ejemplo del título que pone a su obra: Los jueces ciegos.

Aquellos talentos que tienen la sorprendente competitividad de transformar bellos textos lingüísticos en punzantes textos espectaculares, deberían reparar en el espesor de signos que se desprende de la obra dramática de Roberto Arlt. Tome nota, aspirante a Director teatral: si usted quiere incomodar al público, emplazarle una contrariedad espiritual, quitarle el semblante cansino a algún comedido espectador, puede pensar en alguna historia aparatosa. No sé, peinse quizás en una empleada doméstica que sueña con recibir una extravagante suma de dinero (Trescientos millones); en una Separación feroz; en la obsesiva presencia de la virginidad entre dos personas (Prueba de amor); en esa peligrosa turbación que habita entre la locura y el sentirse una cosa más entre las cosas (Saverio, el cruel); en esa angustia que vocefera “no hay una sola pulgada cúbica de mi cuerpo qure no padezca” (El desierto entra en la ciudad); en la rebelión y el destino del trabajador (La isla desierta); en Los humillados; en la oscura conciencia humana (La fiesta de hierro); o en lo exótico, la superstición y la venganza (África), siempre hay una bella y pavorosa creación Arltiana para poner en acción los resortes de la mente en algún espectador desprevenido.

En su teatro, Arlt exhibe al hombre como un objeto patético y grotesco (quizás el único elemento tomado del sainete), a su vez que también imprevisible y desconcertante; sus personajes son signos de una humanidad apestada. Su hija dice que son tragicómicos porque no son lo suficientemente brutales ni frívolos como para formar parte entre los más aptos seres anonadados que accionan el mecanismo de su ineficaz instinto de conservación dando manotazos a diestra y siniestra. Cada circunstancia abre en sus espíritus un ensueño, un absurdo, que no los libera sino que los esclaviza, buscando un sueño de libertad que desencadena una catástrofe. Sus personajes son meros sueños grotescos que imitan al creador soñando trayectorias hacia reinos de fantasía delirante.

Constante en sus novelas y heredada en su teatro, sus personajes siempre sueñan con un lugar que es otro lugar, un sitio donde puede empezarse de nuevo y “pasarse en limpio”. Aunque antiguo como recurso, esas entidades siempre se hallan en constante movimiento, viajando, trasladándose a otros sitios en procura de evasión. Pero ellos están condicionados por la muerte, por eso sueñan con que deben destruirse, y la muerte necesita de esa evasión para dejar de ser una idea en potencial.

Algunos críticos coinciden en que los personajes de Arlt representan una lucha de clases sociales; otros,  menos ambiciosos, malician  que el verdadero conflicto es el de HOMBRE – RELIGIOSIDAD. Lo social es el verdugo de una sentencia por el conflicto hombre – Dios. Como Augusto Pérez viajando a Salamanca para ejercitarse en el reproche frente a Don Miguel, como los personajes pirandellianos, los seres de Arlt encarnan la farsa trágica, propia del dramaturgo que transfiere el problema del hombre a los escenarios. Sus personajes (siguiendo con Pirandello), son rechazados por el creador, se mueven turbados con imperdonable libertad. Suicidas, rebeldes, para ellos la vida es una farsa y, como tal, decidieron ignorar la concepción del creador y vivir como si la vida pudiera, en algún recóndito espacio, adquirir algún sentido. Esas figuras dan a la obra un efecto perturbador.

Vale la pena plasmar que esa concepción pesimista del universo, también lo acerca a las ideas existencialistas:   siempre el mal perdura sobre el bien porque si, porque el hombre lo necesita, “el hombre naufraga en sí porque desde el comienzo ha sido un náufrago”. (Podemos entrever aquí, una influencia del teatro cruel que supo diseñar Albert Camus; en “Calígula”, su obra más punzante, enérgica, dolorosa,  el protagonista pretende explicar los motivos de su turbación a través de aquella memorable veredicto “Los hombres mueren, y no son felices”)

A qué negarlo, el verdadero fabricante de fantasmas es él… Silvio, el Astrólogo, Hussein, Pedro, el hombre que busca empleo y tantos otros, son los espectros que se mueven bajo formas atenuadas en sus obras, que le recriminan a gritos el haberlos creado; Arlt es el fabricante de fantasmas, de esos seres que descompone psíquicamente arrastrándolos a la locura y al suicidio.

Sospecho que Roberto Emilio Godofredo Arlt nunca terminó por resolver sus problemas personales, por eso insistió hasta sus últimos años con el teatro; no pudo darse el lujo de mandarlo al diablo.

Quizás, habría que enviar un e-mail para que retomen aquella búsqueda del “Escritor argentino”; o tal vez no valga la pena: Facundo, Fierro, la Maga, Stéfano, Funes, son plausibles de análisis artístico. Silvio, el Astrólogo, Hussein, Pedro, el hombre que busca empleo, están ahí, (¿Yo también?) doblando la esquina todo el tiempo, adelante nuestro en el tren, en la ventanilla, en el cotidiano caminar de nuestras vidas, son seres espectrales atenuados bajo formas reales; parafraseando a Galeano, están allí, en el exacto centro de este mundo.

¿Dónde está Roberto Arlt?

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¿Dónde está Roberto Arlt?

Por Federico Frau Barros

En el aguafuerte ¡Atenti, nena, que el tiempo pasa!, Roberto Arlt predijo el Golpe de Estado de 1930. «Vienen años de miseria, de bronca, de revolución, de dictadura, de quiebras y de concordatos. Vienen tiempos de encarecimientos. El que más, el que menos, galgueará en la rúa en busca del sustento cotidiano”, dijo el escritor, anticipando al gobierno de facto que derrocó a Yrigoyen.

Sobre Arlt y la política que lo rodeó se ha hablado y mucho. Un ejercicio nuevo es el de pensar donde estaría parado hoy en la sociedad argentina actual, este cronista de lo que nadie quería contar. Sería en vano intentar colocarlo en algún espacio de la clase política argentina actual, viendo si podría cuadrar en el amplio espectro del kirchnerismo o en el segmentado sector de movimientos y partidos de izquierda. Lo interesante sería imaginar en qué grietas se sumergiría aquel buscador de tesoros segregados por el sistema y desde donde podría contar.

Es difícil pensar quien es el periodista televisivo que más se asemeja a él en estos tiempos de un supuesto periodismo militante e independiente, donde en la mayoría de los casos, no son más que propagandistas. ¿Imaginan a Roberto Arlt leyendo monólogos escritos por otro frente a una cámara, defendiendo los intereses de un grupo económico, mientras una rubia escandinava baja las escaleras en minifalda acaparando la atención? ¿Sería posible verlo a Arlt en un programa que pregona el debate de ideas, sentado en una supuesta mesa redonda donde todos los integrantes casualmente tienen la misma visión de los distintos conflictos de la política actual?

Yendo al plano de la gráfica, ¿Tendría una columna en un gran diario que le pague sus gastos mensuales, desde donde hablaría de todo sin jugársela por nada? Si fuera así, ¿buscaría la alternativa del blog personal para decir lo que realmente pensara y sintiera, sin ningún tipo de condicionamiento? ¿Escribiría libros atacando a algún personaje actual, incitado y financiado por una gran editorial, como tanto hacen los periodistas hoy en día? ¿Hubiera ido a cubrir el mundial, aprovechando los viáticos y pasar un mes recorriendo Brasil contando su impresión del gigante sudamericano y las contradicciones de la Copa del Mundo? Probablemente no, ya nos mostró Rio de Janeiro, sin mundial de por medio, hace ochenta años en sus aguafuertes cariocas que fueron recientemente editadas como libro.

Si fuera un escritor del siglo XXI, ¿aceptaría ir al predio de La Rural, a una charla de presentación de una obra en la feria del libro, obligado por la editorial? ¿Cuáles serían los problemas que lo tendrían a maltraer? ¿El aumento del dólar paralelo? ¿Los cambios en la iglesia luego de la designación de un Papa sudamericano? ¿Los controles a las importaciones impuestos por la secretaría de comercio que no permitirían traer artículos que puedan ser necesarios para algún invento exótico o para la construcción de un arma de destrucción masiva que sirva para hacer la revolución?

arlt-3Arlt fue un escritor totalmente autoreferencial por más que esto no fuera explícito. Siempre dijo que sus personajes no eran otra cosa que la representación de sus deseos. Podríamos ir un poco más allá e intentar pensar dónde estarían situados algunos de los  personajes de sus novelas en la actualidad.

¿Podría el astrólogo, ese estrambótico personaje de los siete locos, aumentar el alcance de su proyecto hoy en día? Seguramente internet y sus redes sociales se lo permitirían. Respecto a la financiación de su secta ¿sería impensado que hoy en día pudiera financiarse con una red de prostíbulos como él proponía? Tal vez no lo sea viendo los inagotables vínculos de la clase política actual con las redes de trata. No sería algo delirante en los tiempos que corren.

Pensemos en Silvio Astier, el adolescente de El Juguete Rabioso. Hoy en día, donde se debate si los jóvenes de entre 16 y 18 años pueden votar, ¿dónde se ubicaría este muchacho que coqueteaba desde chico con el delito y que le sobraban capacidades para entrar en el colegio militar de donde lo rechazaron simplemente por su corta edad?

Un ejercicio para indagar en la condición política de Arlt es el siguiente. En este escenario político actual donde día a día surgen nuevas agrupaciones o movimientos sociales que llevan el nombre de algún personaje relevante de la historia argentina, si alguna de ellas se hiciera llamar “La Roberto Arlt”, ¿podríamos reconocer su posición?

Más loco aún es intentar encontrar qué político representa el crítico rol que cumplía Arlt en esta actualidad donde los políticos apuestan sus esfuerzos a intentar salir bien parados de cada causa de corrupción, masacre o tragedia. Arlt, quejoso y crítico como fue, posiblemente no sería parte de esa dinámica de la política minuto a minuto. Arlt no solo no sería político hoy en día, seguramente tampoco sería asesor político, un puesto tan de moda para los comunicadores y periodistas en los tiempos que corren.

Segunda imagenTal vez sea en vano intentar pensarlo a Roberto Arlt en el plano político actual. Arlt no llegó a ver al peronismo en el poder, por lo que posiblemente no podría entender cómo hoy la gran mayoría de los políticos, que se mata por diferenciarse, dice ser fiel a una misma corriente. No solo la fuerza política que está gobernando el país hace ya una década, sino que el mayor porcentaje de los que se oponen drásticamente sin ninguna propuesta definida distinta, también se jacta de ser abanderados del justicialismo de ese mismo líder.

Este escritor y cronista, que nació con el siglo XX y murió antes de que nazca el peronismo, logró anticiparse a muchas cuestiones de índole política. Como alguna vez dijo Osvaldo Soriano, hizo un trabajo que solía ser de adivinos y pitonisas. Más allá de la gran capacidad de lectura de Roberto Arlt, gracias a la incomprensible complejidad de la política argentina actual, cuesta imaginarlo prediciendo los grandes cambios políticos que depararan a nuestro país en un futuro cercano.